Notas de El arte de vivir. Arthur Schopenhauer

231      ¡Qué bisoño es quien imagina que mostrar espíritu e inteligencia es un medio para ganarse el aprecio en sociedad!

232      Entre hombres, como amigos, son los más tontos e ignorantes los más apreciados y buscados, y entre las mujeres, las más feas. … Cualquier tipo de superioridad espiritual tiene la propiedad de aislar.

234      Saber unir la cortesía con el orgullo es una obra de arte.  … Después de una meditación seria y de mucho reflexionar, cada cual tiene que obrar lo más conforme posible con su propio carácter.

236      Quien quiera que su juicio merezca crédito, tiene que expresarlo con frialdad y sin pasión.  … No debemos caer en la tentación de alabarnos a nosotros mismos.

237      tenemos que considerar secretos todos nuestros asuntos personales.  … Es más aconsejable mostrar cordura por lo que se calla que por lo que se dice. Lo primero es cosa de prudencia; lo segundo, de la vanidad.

238      La prudencia recomienda que entre nuestro pensamiento y nuestra palabra se abra siempre una sima suficientemente ancha.

239      La gente suele ser bastante indiferente con respecto a las verdades generales, pero no en lo que respecta a las individuales. … Algunos refranes árabes:

«Lo que no quieras que sepa tu enemigo no se lo digas a tu amigo»; Si callo mi secreto, él es mi prisionero; si lo revelo me convierto yo en el suyo»; «La tranquilidad es el fruto que pende del árbol del silencio».

240      Dejar entrever cólera u odio en gestos o palabras es inútil, es peligroso, es necio, es ridículo, es vulgar.  … Sólo los animales de sangre fría son venenosos.

241      Tres grandes poderes existen en el mundo: prudencia, fuerza y azar.

243      El destino baraja las cartas y nosotros jugamos.

PERROS Y NIÑOS

Circula por la red un breve lema que reza: «Tenga un perro en lugar de un hijo». Me resulta difícil no creer que no se trata tanto de llamar la atención —conseguir likes—como de expresar una opinión que hoy en día abunda. De hecho, si nos atenemos a los datos, hay más perros en España que niños, alrededor de seis millones y medio, así que el lema o consejo parece funcionar desde hace tiempo.

Ya expresé en varias entradas de este blog mi opinión absolutamente favorable a tener mascotas y ofrecerles las atenciones que fueren menester, pero, como defensor de la libertad y de la razón, no puedo ser favorable a que los animalistas impongan sus criterios para con los animales al resto de la sociedad, siendo esa imposición lesiva para mis intereses o para los intereses sociales o que, simplemente, porque atenten contra la libertad de los ciudadanos. Porque una cosa es querer a tus animales de compañía y otra muy distinta es querer imponer a los demás el acabar con la caza, con los circos, con los zoos, con las corridas de toros y con las granjas de animales. Incluso pretenden —y en esa pretensión cuentan con el apoyo y la dirección de ONGs, de la ONU y de unos cuantos millonarios que quieren llevar a cabo una gran operación de ingeniería social—que todos seamos vegetarianos. Ese carácter totalitario es el que espanta. Algunos van más allá y abogan por otorgar a los animales derechos propios y exclusivos de los humanos, sin entender el significado de la palabra «derecho».

Volviendo a la dicotomía de hijos o perros, la corriente a favor de las mascotas proclama el deseo de eludir la responsabilidad que conlleva el tener hijos, deseo que se circunscribe en otro deseo más general y que está muy en boga, que es el de eludir la responsabilidad por los propios actos. Y tal elusión no solo es individual sino también colectiva. Ahora recién se achaca a los conquistadores españoles de 500 años atrás la responsabilidad de la miseria en que se encuentra el pueblo de Venezuela, y éste es solo un ejemplo.

Ha sido el mayor empeño de psicólogos y pedagogos de los últimos cincuenta años el que se meta a los niños en burbujas impermeables a la maldad del mundo…, porque el único proyecto de todo niño ha de ser el encontrar la felicidad y el evitar todo sufrimiento. Como si la felicidad estuviera desperdigada por algún camino y todo cuanto se ha de hacer es irla recogiendo. Ahora bien, la burbuja la tenían que fabricar los educadores, pues los padres estaban demasiado ocupados buscando la felicidad. Así que, el dictamen de muchas parejas en edad de procrear es: fuera hijos, pues no aportan la felicidad que aporta un perro.

En busca de ese mundo feliz que describió el escritor Aldoux Huxley, lo siguiente que se ofrecerá  es el metaverso, un ocupar la conciencia en un mundo virtual que producirá experiencias multisensoriales mediante nuevos dispositivos tecnológicos en Internet. Pero ya se está trabajando en lograr la inmersión de la mente humana en un ordenador, es decir, trasladar  los recuerdos, la razón, los pensamientos, las emociones, los sentimientos, a software. El cuerpo dejará de tener función alguna y la especie humana desaparecerá, que también es el proyecto declarado de algunos locos. Solo los perros permanecerán ladrando.