Asuntos personales y asuntos mundanos

 

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*—Fíjate bien: aquel que odia la excelencia y el mérito es un mediocre carcomido por la envidia.

*—La nueva diosa que dirige el navegar moral de Occidente, “el sentimiento”. El sentir por encima de toda razón y de toda conveniencia. Existe una pléyade de sacerdotes totalitarios del sentir.

*—-Los medios infunden en las gentes creencias y sentimientos y secuestran la razón. Como nunca anteriormente, ésta es una época en que la razón está abducida. Los continuos mensajes lanzados por los medios, que tienen la misión de desinformar a la audiencia y obnubilar la razón, refuerzan cada día los grilletes con que ésta se encuentra maniatada.

*—Los humanos necesitamos un horizonte, necesitamos un proyecto de futuro que nos aporte esperanza e ilusión, que nos revitalice a diario. Quien no sea capaz de crearlo como individuo, pronto se verá sometido a la ilusión del rebaño, y concebirá el paraíso en hacer caer a los que están por encima de él y en tener el pesebre lleno.

*—El rebaño siempre da su sí a toda ocurrencia del maestro/rabadán que con voz grave sea anunciada como verdad.

*—De la ignorancia de la filosofía acerca de las pasiones humanas se deriva el que se ocupe en divagar sobre asuntos etéreos de todo género. Si se escruta en los grandes problemas que ocupan a los filósofos, no aparece por ningún lado el que debería ser el más importante de todos: ¿a qué complejas entidades obedece la conducta humana?

*—¿Qué es el rito?: un intento de penetrar mágicamente en las entrañas del Universo con el fin de participar de sus esencias.

*—En mucha gente el odio es el principal condimento de su personalidad, el que les da un más reconocible aroma y sabor.

*—Extrañamente, hay gentes a las que no les importa la vida en sí, sino una idea por la que son capaces de sacrificar esa vida.

*—Desde el momento en que el valor de una supuesta obra de arte depende casi con exclusividad de quien la firma, el arte que pueda contener es accesorio y el esnobismo social pasa a regir el asunto.

*—Meta a su enemigo en casa, mímelo, concédale todos los derechos del mundo, manténgalo a cuerpo de rey, y luego espere tranquilo a que le quite sus libertades y le clave su cuchillo.

*—Cuando mueren las personas que en el pasado formaron parte de tu rutina diaria, desaparecen las referencias que conformaban ese pasado añorado, es como si se fuera arrancando poco a poco de uno, es como si fueras perdiendo poco a poco la identidad que ese pasado te confería, por eso la añoranza es dolorosa. Es como si la identidad de uno fueran todos sus recuerdos y vivencias, y al desaparecer alguno de esos elementos perdiéramos algo nuestro, algo que nos conformaba, como si nos arrancaran parte de nosotros, sobre todo si el que muere nos fue querido y necesario.

*—Un deber puede constituirse en principio básico de la existencia, llegando a tener más fuerza que la propia felicidad o la propia vida. Así el deber con la esposa o esposo, con los hijos o con un dictado religioso.

*—Un escritor, un artista, un pensador, puede reconocerse por la obsesiva dedicación a su labor, que no es otra que mirarse a sí mismo para descubrir la belleza exterior o las razones que gobiernan el mundo

 

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*—Resulta curioso cómo se fanatiza a las masas; basta un eslogan o dos y el temor al qué dirán para que las masas, ciegas en su acción, se arremolinen en torno al rabadán y cometan todo tipo de atropellos. Lo que está pasando en Cataluña y lo que pasó en Yugoslavia nos hace pensar en la irracionalidad esencial del hombre.

*— Cataluña es el ejemplo de cómo una minoría, alegando derechos territoriales y con la vergonzante pasividad de los políticos españoles, puede amedrentar a una mayoría hasta hacerles renegar de su cultura y de sus raíces. En psicología llaman a este fenómeno Síndrome de Estocolmo.

*—Algunos alegan: son iguales el nacionalismo español y el catalán. ¿Cómo va a ser lo mismo el predicar la comunión que el predicar el enfrentamiento?, ¿cómo va a ser igual integrar y compartir que segregar?,  ¿cómo van a ser iguales los cauces democráticos y los cauces revolucionarios?, ¿cómo se pueden emparejar la mano tendida y el odio, el imperio de la ley y el imperio de la represión contra los que no piensan igual? ¿En qué país del mundo se prohíbe y persigue una lengua y se intenta erradicar aunque sea mayoritaria entre la población? Tal hecho solo ocurre en Cataluña, y es uno de sus muchos tics fascistas. La agitación social promovida para el día 1 de Octubre tiene el mismo significado que la marcha hacia Roma de Mussolini o la quema del Reichstag por los nazis. Esa exhibición agresiva de banderas y cánticos violentos, ¿no recuerda a la parafernalia nazi? ¿no recuerdan esas juventudes a las juventudes hitlerianas o a las bolcheviques? Todo ello se completa con los tontos-borregos y los atemorizados pusilánimes.

*—Los políticos españoles: Pablo Iglesias, que no es tonto, su propia cabeza le está destruyendo, le está comiendo por dentro. Se le ve constreñido, hinchado, sufriendo. No es extraño, el movimiento asambleario que ha levantado es un auténtico manicomio. En las asambleas siempre las propuestas más radicales, más salidas de las vísceras, son las que obtienen el aplauso por miedo a ser tildado uno de tibio. Sin embargo, Pedro Sánchez, de quien la luz de la inteligencia está ausente pero le brillan las luces del odio, de la ambición y la crueldad, es decir, aquello que arrastra a las masas descontentas, es una figura emergente. Tal vez sea el mejor candidato a rabadán para llevar al rebaño… ¿al precipicio? Rajoy el pusilánime sigue gobernando, eso sí, dando tumbos, pero los vientos económicos favorecen su rumbo. A Puigdemón, hombre medroso por naturaleza, aunque también creidillo y fofo, le sigue acojonando la CUP. Ribera sigue empeñado en seguir en medio, así que recibe bofetadas por todos lados y a todos estorba.

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*— Se ha de desconfiar de quienes, sin una realidad que se lo exija o sugiera y sin motivos objetivos de agravio, se lanzan con apariencia beatífica, con una rama de olivo en la mano, a clamar por la liberación nacional o por el derecho a decidir o por la libertad de los pueblos o por cualquier ocurrencia estrambótica que carece de razones objetivas. La tal rama de olivo se transforma pronto en espada flamígera que siembra la discordia y la violencia.

 

 

El Islam y Europa

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No ser conscientes del peligro del islamismo nos puede resultar caro. Si Europa mantiene su política social y cultural hacia la inmigración musulmana, pocas dudas caben de que de aquí en treinta años las libertades políticas y religiosas, así como los derechos que ahora disfrutamos estarán dando sus últimos coletazos en muchos países del viejo continente. No es de recibo negar que cualquier musulmán puede aparecer a nuestros ojos con todo el encanto del mundo, que puede ser respetuoso con los valores occidentales y ser un buen amante de la paz; es su pertenencia sumisa al islam y a los dictados de los imanes de sus mezquitas (construidas muchas de ellas con dinero saudí y catarí, dirigidas por imanes que suelen tener una tendencia religiosa extremista) lo que les convierte en una amenaza potencial.

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El peligro musulmán, presenta dos caras unidas: el desmesurado crecimiento demográfico de la población musulmana en Europa en relación al de la población autóctona, un 400% mayor en muchas regiones, y, sobre todo, el totalitarismo implícito en las leyes islámicas. El peligro señalado es grave e inminente, ¿por qué Europa rehúye hacer nada al respecto? Antes de tratar de responder a esta pregunta veamos si tal peligro es de la envergadura anunciada.

Intolerancia: En todo el ámbito del Islam la homosexualidad está prohibida y se castiga generalmente con la pena de muerte. La mujer está sometida legalmente al marido o al padre, y las violaciones son objeto de leves penas. En Siria, Iraq, Somalia, Pakistán, Afganistán, Sudán, Eritrea, Yemen, Nigeria, se persigue a las minorías cristianas, se cierran sus iglesias, se les impide hacer proselitismo, y han sido numerosos los casos de asesinatos de cristianos.

Terrorismo: El 90% de las guerras y atentados terroristas que se producen en el mundo tienen lugar en nombre del Islam. Iraq, Siria, Túnez, Kenia, Pakistán, Afganistán, Chechenia, Libia, Filipinas, China, Birmania, Egipto, Argelia, Mali, Mauritania…, han tenido en los últimos años focos de terrorismo islámico importantes.

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Totalitarismo: Islam significa sumisión. Todos los musulmanes se someten a Alá y a las leyes islámicas contenidas en el Corán y en los Hadits. La vida social, política y religiosa está regidas por esas leyes. Fuera de ellas no hay libertad ni derechos ni democracia. Así que sólo en unos pocos países del mundo con mayoría musulmana, situados en Asia principalmente, con la excepción de Túnez, poseen un régimen político que puede ser con muchos matices considerado democrático. Ese carácter totalitario se pone claramente de manifiesto en los barrios de ciudades francesas, belgas u holandesas habitados mayoritariamente por musulmanes: se impone la Sharía, la ley islámica, y ni la policía se atreve a entrar en ellos.

Integración social en los países de acogida: De todos es sabido que la integración de los musulmanes en las sociedades europeas es nula. Al contrario, forman una comunidad cerrada que evita el acercamiento al no musulmán y que se radicaliza en sus planteamientos morales y religiosos. Su lealtad religiosa, que anteponen a cualquier otra lealtad; y su prohibición de juntarse con cristianos o judíos, que prescribe el Corán, impiden su integración. Las propuestas de diálogo y de multiculturalidad han sido un sonoro y rotundo fracaso, tal como proclamó la canciller alemana Ángela Merkel no hace mucho.

Caldo de cultivo para el terrorismo: Aunque los radicalizados hasta el extremo de realizar actos terroristas sean pocos, la mayoría de musulmanes en Europa se muestra favorable a implantar la ley islámica en todos los territorios en que les sea posible, según muestran las encuestas. Una encuesta de 2016 en el Reino Unido decía que un 43% de los jóvenes musulmanes se mostraba partidario del ISIS y de la guerra santa. En Cataluña la gran mayoría de los imanes es salafista, partidario de las posiciones más extremistas del sunismo. El hecho de que en Cataluña haya más de medio millón de musulmanes se debe a la brillante idea del nacionalismo catalán de traer inmigrantes marroquíes para evitar la llegada de españoles o hispanoamericanos. Qatar y Arabia Saudí, los grandes financieros del terrorismo islámico, son quienes se encargan de pagar las mezquitas y las enseñanzas coránicas en Cataluña. Por otra parte, no vale decir que los terroristas son unos pocos y que la mayoría de musulmanes ama la paz. Como ya he dicho, no son pocos los que apoyan la radicalidad, el sometimiento de la población europea a las leyes islámicas e incluso apoyan el terrorismo. Aunque los amantes de la paz fueran mayoritarios, los que se han opuesto y atacado públicamente al terrorismo islámico se pueden contar con los dedos de la mano. En cualquier caso, al formar parte de un rebaño monolítico y someterse a una ley de manera absoluta, aceptan todo aquello que se hace en nombre de esa ley. También la mayoría de los nazis era amante de la paz, pero al someterse con entusiasmo a Hitler y a la idea de pertenencia a una raza superior, fueron cómplices de los crímenes del nazismo. Lo mismo se puede decir del Islam.

Derechos sociales, delincuencia y paro: En Francia un 60% de la población carcelaria es de origen árabe y religión musulmana, algunos de segunda o tercera generación en Europa. En cuanto al paro, los de ese mismo origen y religión representan un poco más del 60% del paro registrado en Francia. Sin embargo, tal como también ocurre en España, no hay un solo musulmán en el desamparo social porque tienen preferencia para cobrar subsidios, ayudas por hijos y ayudas para el alquiler de viviendas. Prácticamente todos los detenidos en España por reclutar jóvenes para ir a luchar a favor del ISIS tenía ayudas estatales superiores a los 800 euros. Desde luego, conociendo los derechos sociales que se les otorgan en nuestros países, siendo mayores y con prioridad a los que reciben los autóctonos, su esfuerzo por el trabajo disminuye, de ahí que tanto en Francia como en España llenen las listas de parados. Tal coste para las arcas del Estado está resultando inasumible, haciendo que la deuda de estos dos países sea de las más altas de Europa y que se estén contrayendo los derechos sociales de la población en general.

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¿Se tienen aún dudas de que dentro de 30 años estaremos sometidos en Europa a un régimen similar al del cristianismo durante la Edad Media?

Volvamos a la pregunta, ¿por qué Europa no hace nada al respecto[1]? Quien no se haya percatado de la nueva moral social que impera en Occidente no tiene ojos. Una moral promovida durante lustros por gran parte de la izquierda mundial; una moral que los medios de comunicación controlan y gestionan; una moral que tiene a la compasión como bandera y que en lo relativo a la inmigración promueve sin condiciones el diálogo con el Islam y el respeto absoluto a su religión y cultura sin exigir contrapartidas por su parte. Ni la derecha se atreve a contradecir los dictados de esa moral. Así que en una buena parte de la izquierda europea se produce una boba confianza en el diálogo con el Islam y se vuelve la cabeza hacia otro lado[2] ante el desprecio que se produce en el mundo islámico hacia los homosexuales, la mujer, la libertad, el respeto a las normas democráticas, y ante la amenaza para nuestro modo de vida en libertad que todo ello supone. Esa izquierda es el gran obstáculo para que Europa deje de inhibirse ante la amenaza que representa el crecimiento demográfico en su seno del islam.

La simpatía de esa izquierda, mayoritariamente comunista, hacia el Islam parece extraña pero no lo es tanto si se mira con atención. Unos y otros quieren acabar con el modelo liberal democrático europeo. Unos y otros odian los valores que aún destellan en Occidente, aunque cada uno de ellos los quiera sustituir por valores que resultan antagónicos entre sí. Unos y otros son partidarios de imponer el totalitarismo como forma de organización social. Tanto para el comunismo como para el islam la democracia es un medio que pretenden hacer desaparecer en cuanto logren alcanzar el poder. El ejemplo de Maduro en Venezuela, de alcanzar el poder democráticamente para acabar con la democracia, es el mismo que pretendía seguir la GIA en Argelia, los Hermanos Musulmanes en Egipto, y que está siguiendo Erdogán en Turquía. Y luego debemos contar con la ignorancia, la obsesión y la incapacidad de prever el futuro: de la misma manera que mucha gente sigue empeñada en instaurar el comunismo sin ser plenamente consciente de que en todo lugar donde se instaló produjo un régimen tenebroso en lo social y catastrófico en lo económico (aunque interesadamente aleguen que eso no era verdadero comunismo sino una deriva de él[3]), muchas gentes se empeñan en tender la mano de acogida a millones de musulmanes, sin percatarse de que la pretensión de esos inmigrantes es la de imponer en Europa un régimen islámico en cuanto su número supere al de los “infieles”.

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El peligro está ahí, a la vuelta de la esquina, y ante él no vale volver la cabeza hacia otro lado: o se le hace frente o claudica ante él. La ilusa idea de que Europa iba a culturizar y a integrar al inmigrante musulmán se ha revelado una quimera. Esa idea, que se quería agrandar permitiendo que Turquía se integrara en la Unión Europea, hubiera significado el derrumbe total de Europa. Hoy no hay más solución que enfrentar el problema. Elaborar una política de inmigración seria y clara, tal como tienen Canadá y Australia y empiezan a seguir algunos países europeos. Quitar los descarados privilegios que se les otorga a los inmigrantes musulmanes en relación a los autóctonos del país. Exigencia de cumplir las normas y leyes del país de acogida, así como exigencia de respetar sus instituciones y su cultura. Exigencia de que respeten los derechos de la mujer y los homosexuales. Establecimiento de un número de acogida que convenga al país europeo y con la capacitación que convenga. Examen concienzudo de la alegación de ser un perseguido político en su país de origen. Expulsión e incluso pérdida de la doble nacionalidad a todos aquellos que inculquen odio contra la cultura y las gentes del país de acogida etc. etc. Confiemos en que se agarre al toro por los cuernos.

 

 

 

[1] He de decir que está empezando a hacerlo, que se ha dado cuenta de que la política de brazos abiertos que instauraron algunos dirigentes, como Rodríguez Zapatero, podría dirigir a una tercera parte de  África hacia Europa, con la catástrofe monumental que ello significaría; por esa razón se está cortando el grifo de entrada.

 

[2] Ese volver la cabeza hacia otro lado y esa confianza ilusa en el diálogo como sistema de integración se han puesto de manifiesto en ese encadenamiento de errores policiales que han propiciado el atentado terrorista del este mes de agosto en las ramblas de Barcelona. En primer lugar, los mossos de escuadra, la policía catalana, desoye el aviso de los servicios de inteligencia norteamericanos acerca de un atentado inminente en las ramblas de la ciudad. En segundo lugar, tiene lugar una explosión en la pequeña ciudad de Alcanar, en Tarragona en donde esa misma policía no encuentra nada extraño en que aparecieran cien bombonas de butano en la casa en la que tuvo lugar la explosión; y no solo eso, sino que la jueza les avisa sobre la posible relación de la explosión con el terrorismo, y ellos hacen oídos sordos. En tercer lugar, el ministro del interior de España aconseja poner bolardos en las ramblas para impedir un atentado como el que tuvo lugar y la alcaldesa se niega a ponerlos. En cuarto lugar, el conductor del coche con el que se cometió el atropello múltiple sale de la furgoneta y escapa a pie sin que haya un solo policía que lo detenga, apareciendo unas horas después en el segundo atentado de Cambrils.Y después de todo ello, el gobierno catalán pretende  otorgar honores a ese cuerpo policial por el brillante desempeño de sus labores. ¡Ver para creer!

[3] Ni el hecho de que en todos los países del socialismo real haya ocurrido lo mismo, las mueve a cambiar un ápice su percepción.

¿Utopía o distopía?

Hoy hablo de aspectos de la naturaleza humana que propician en algunos individuos la aparición de una visión utópica de la sociedad, algo―hablar de la naturaleza humana―que nunca haría un psicólogo.

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Lo expondré sin matices ideológicos de ningún tipo: el débil de carácter envidia al fuerte, el obtuso al inteligente, el menesteroso siente resentimiento hacia el rico, el que a menudo fracasa dirige su malevolencia contra el que triunfa, en el mediocre palpita animadversión contra el excelente, el que carece de dones se carga de rencor contra quien los posee…, hacia el que posee o dones, o capacidades, riquezas, fama o gracias, siente el que carece de ellas una malquerencia que, de perdurar en el tiempo dicha carencia, se puede enconar y volverse odio. Es ésta una ley de nuestra Naturaleza que no entiende de ideologías ni de clases sociales.

Bueno, el Igualitarismo (la mayoría de las utopías en boga propugnan la igualdad) promulga una sociedad que acabe con toda esa panoplia de rencores, envidias, malquerencias, resentimientos…, acabando con el agravio comparativo causante de que se produzcan. Pero, que nadie se lleve a engaño, aunque cada cual ―según su conveniencia―entiende la igualdad social de distinta forma, con grados distintos de igualdad, los más extremistas, la vanguardia igualitarista, pretende rasar en cuanto a dones, capacidades y riquezas de todo tipo. Esta pretensión de rasar todo aquello que destaque (poner en el lecho de Procusto a todos los individuos de la sociedad) lo expresa Ortega y Gasset elegantemente:

«Vivimos rodeados de gentes que no se estiman a sí mismas y casi siempre con razón. Quisieran los tales que a toda prisa fuese decretada la igualdad entre los hombres; la igualdad ante la ley no les basta: ambicionan la declaración de que todos los hombres somos iguales en talento, sensibilidad, delicadeza y altura cordial. Se sienten condenadas a formar parte de la plebe moral e intelectual de nuestra especie. Cuando se quedan solas les llega de su propio corazón bocanadas de desdén para sí mismas. Lo que hoy llamamos opinión pública y democracia no es en gran parte sino la purulenta secreción de esas almas rencorosas.»

Escribiendo esto me llega a la memoria el lema empleado por los igualitaristas en los tiempos primeros de implantación del sistema educativo conocido como LOGSE. A modo de lema o de máxima, clamaban: «Que nadie sepa más que nadie». Lo que no pretendía otra cosa que igualar en el aula los conocimientos de todos los alumnos con los del más lerdo y obtuso. De manera similar proclamaban un lema semejante para la Universidad: «Que nadie se quede sin título universitario». Como se ve, para el Igualitarismo la excelencia es un mal a erradicar.

Vistas así las cosas, la utopía igualitaria nace del resentimiento, del rencor y de la falta de potencia individual para embarcarse uno en su propia utopía personal, en un proyecto de vida (también puede tomar parte en ese ansia de utopía la obsesión de cada cual y la ambición de estar a la cabeza de esa utópica sociedad). Pero con esa sociedad igualitaria no podrían estar de acuerdo los que tienen éxito en sus relaciones sociales, los capaces, los fuertes, los ricos, los famosos y todos aquellos que sienten esperanzas de ascenso. Así que, ¿qué hacer con estos que muestran desafección a la utopía igualitaria? Nunca ningún utópico se ha atrevido a decir nada al respecto, pero en cualquier cabeza cabe que la solución que se ha empleado siempre (en los sistemas comunistas o socialistas que en el mundo han sido) la misma, ha sido la de obligarles a ser iguales. Y, ¿cómo se les podía obligar ―en esos nuevos paraísos igualitarios, encarnación de la utopía liberadora―a ser iguales? Pues con represión, encarcelamientos, expropiaciones, traslados forzosos de residencia, y todo tipo de amenazas, privaciones y vejaciones, cuando no el paredón.

Claro, los utópicos no pueden declarar la necesaria represión que habría que llevar a cabo con los que padecen de desafección a la utopía, al fin  al cabo, desde siempre la utopía ha sido considerada, en teoría, la derrota de la opresión, la puerta de la liberación, la libertad para todos, la felicidad aquí en este mundo. Pero más que una teoría era un deseo salpicado de creencias mágicas, pues, ¿cómo, si no, suponer que la muda de una sociedad represiva, en la que reina el agravio comparativo entre las gentes, a una sociedad libre, igualitaria, feliz, se iba a producir sin quebranto ni opresión de los más favorecidos, cómo suponer que estos iban a dar su conformidad a esa muda de otro modo que no fuera por arte de magia?

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Marcuse, el teórico de Mayo del 68 y del movimiento Hippy, se percató de que una utopía presentada de tal guisa no era creíble, así que se esmeró en justificarla. Sin embargo, ateniéndonos a la lógica, el remedio fue mucho peor que la enfermedad, pues, recreando las artes alquímicas, Marcuse mezcló en su marmita esos oscuros y pegajosos materiales que son el metapsicoanálisis freudiano y la dialéctica de Hegel, y removiendo la mezcla con pasión nos quiso sugestionar con la creencia de que la liberación estaba cercana, pues las condiciones económicas en las sociedades industriales hacían posible el surgimiento de buen salvaje Rousseauniano que todos llevamos dentro dormido, una bondad natural del ser humano que haría posible sin duelo ni quebranto la muda de esta sociedad al territorio de la Utopía. Pero ya dije que en su análisis la lógica no aparece por ninguna parte.

Sin embargo, los dirigentes teóricos del Igualitarismo aprendieron bien la lección. Los integrantes de la Escuela de Frankfurt llegaron a la conclusión de que la liberación y el Igualitarismo vendrían luego de un avance pausado pero continuo en cambiar la moral reinante en las sociedades de Occidente. Para ello se tendría que formar una alianza moral del Igualitarismo con todos aquellos grupos que presentan un historial de agravios comparativos y de marginalidad frente a la liberal democracia capitalista. Igualitarismo, feminismo, animalismo, ecologismo, indigenismo, homosexuales, incluso el Islam, forman parte activa de ese proyecto moral.

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Tal alianza, con la beligerante fuerza de la marginalidad de sus integrantes, pretende subvertir todos los valores que definieron hasta mediados del siglo XX la cultura y la moral occidental. La fuerza, la disciplina, la familia, la religión, la patria, el matrimonio, el patriarcado, la heterosexualidad, han de voltearse y transformarse en protección absoluta de lo débil, protección de los animales, del medio ambiente, el matriarcado, la indefinición en la sexualidad, han de ser destruidos los conceptos patria, familia, religión, matrimonio…La nueva moral debe ser represora ―dictaminaron aquellos padres de la nueva moral―, pero mediante el control de los reprobadores medios de comunicación se podrá imponer sin respuestas incómodas. Y encontraron para ese fin el catálogo de Lo políticamente correcto y el amedrentamiento de la clase política.

Tal moral ya reina entre nosotros, eso lo sabemos todos; y el siguiente paso es el de conseguir el poder democráticamente. Después, una vez sometidos los discrepantes a la nueva moral y con el poder en la mano la utopía igualitarista aparecerá como agua de mayo en los corazones del pueblo.

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No obstante, existen aún problemas sin resolver para alcanzar tal propósito. El socialismo cubano y el venezolano los han puesto recientemente de manifiesto. Al condenar a la excelencia al ostracismo, la economía se contrae hasta grados de miseria, y el malestar crece hasta estallar. La respuesta del poder utópico es la de aumentar la represión hasta convertir el territorio utópico en una cárcel. Por otro lado, la Globalización económica exige una creciente competencia entre países e individuos para mantenerse a salvo de los vaivenes que se producen. Quienes no compiten con la suficiente eficacia pueden caer al abismo de la miseria en poco tiempo, tal como le pasó a Argentina y ahora le ocurre a Venezuela.

Así que la utopía igualitaria, como tantas veces ha ocurrido cuando se ha tratado de llevarlas a la realidad, encierra el gran peligro de convertirse en una distopía que nos empuje a todos al más profundo abismo. Como ocurre con mucha frecuencia, los extremos son los más expuestos a las graves consecuencias, y el centro resulta una zona protegida. Si la utopía deja de tener su carácter sectario y extremista, sin duda que su visión iluminadora podría producir beneficios sociales, en caso contrario no traerá sino distopía repugnante.

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Las fábulas clásicas y la política

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La gallina de los huevos de oro. Esopo. Samaniego. La Fontaine

Cuentan que un hombre tenía una gallina que ponía huevos de oro, pero el brillo de la riqueza le acrecentó su ambición hasta el extremo de imaginar que se haría rico matándola y extrayendo la gran cantidad de huevos que debía albergar en sus entrañas. Así lo hizo y perdió la riqueza que obtenía con cada huevo.

Como muy pocas fábulas logran, ésta muestra lo inquietante de la falta de cordura humana; muestra lo ilusorio de nuestras ideas; muestra lo trágico y descerebrado de nuestro proceder.

Conozco profesores universitarios, investigadores científicos con capacidad demostrada, conozco individuos que en sus labores emplean razonamientos apabullantes, conozco sujetos con una inteligencia fría como el hielo…, y, sin embargo, resulta fácil encontrar entre ellos a muchos ciegos de ambición y deseo que pretenden matar a la gallina de los huevos de oro. Incluso me atrevería a decir que son mayoritarios los que albergan dicho propósito.

En un blog de contrastada calidad intelectiva y literaria, no hace mucho apareció una propuesta que fue de forma entusiasta aceptada y alabada por los diversos comentaristas: “Si se repartieran las riquezas del país entre todos los españoles, todos seríamos ricos y dichosos”. Otro de los contertulios, no contento, propuso repartir la riqueza de Amancio Ortega (el dueño de Inditex, uno de los dos o tres hombres más ricos del mundo) entre los empleados.

Y lo dicho provenía de gente con capacidad intelectual demostrada ―aunque con experiencia escasa―pero, claramente, con una absoluta falta de previsión lógica para el futuro. Ignoran lo que es factible y colocan en su lugar lo deseable. Con desearlo ya vale, se cumplirá, piensan. De nada les sirve saber que las experiencias cooperativistas han fracasado en España una tras otra; de nada les sirve saber que en todo lugar en donde se implantó el igualitarismo o se estuvo en ciernes de ello, la cosa concluyó en desastre; de nada les sirve saber que Amancio Ortega salió de la nada y con sus capacidades y su esfuerzo ha conseguido crear decenas de miles de puestos de trabajo… De nada les vale saber todo eso porque el deseo de destripar a la gallina y repartirse sus huevos de oro les ciega. Cuando la maten y se la coman y encuentren que no tenía huevos de oro en sus entrañas y sobrevenga la miseria, se preguntarán ―tal como otros muchos hicieron en situaciones históricas parecidas―, y ahora qué hacemos.

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El alacrán y la rana. Esopo

Cuenta esta fábula que un alacrán le pide a una rana que le ayude a cruzar el río. La rana, ignorante, bondadosa –o  quizá con temor a negarse—, carga con el alacrán a sus espaldas. A mitad del trayecto el alacrán pica a la rana. ¿Por qué me picas y me matas a mí que te he ayudado?, dice la rana muriendo, a lo que el alacrán responde: no lo pude evitar, está en mi naturaleza.

¿Cuántas veces no ha picado el alacrán del nacionalismo catalán o vasco a las sucesivas ranas que han gobernado España?, ¡Y todavía no se han enterado éstas que picar está en su naturaleza! Desde la Transición democrática española los sucesivos gobiernos del PSOE y del PP han transigido con las constantes exigencias, insultos y desprecios que les han propinado los nacionalismos catalán y vasco, y han seguido inclinándose ante ellos. No saben, ignoran, son cortos de miras, o van a su simple interés inmediato, que en la naturaleza del nacionalismo está el hacerse la víctima y exigir siempre más de lo que se le ofrezca; que su esencia es, como la del alacrán, picar a quienes les ayudan a mantenerse a flote. En cuanto dejaran de picar, desaparecerían del mapa político, así que ninguna ayuda que se les ofrezca hará que dejen su aguijón tranquilo.

La respuesta nacionalista a las innumerables claudicaciones de los gobiernos centrales ha sido la de aumentar sus exigencias, su victimismo, su despilfarro, su saltarse las leyes del Estado, el aumento de sus mentiras y de su propaganda contra España. Ahora mismo, ante el envite separatista y su burla hacia las instituciones españolas, el gobierno del PP les regala cuatro mil millones de euros extras, les promete la construcción del Corredor Mediterráneo, y se hace garante de la inmensa deuda que han acumulado en robos y despilfarros. La próxima picadura será mortal, y la rana del gobierno central preguntará angustiada: ¿por qué me has picado si te he complacido en todo cuanto pides?

 

 

 

Los cuentos de siempre y las ideas políticas de ahora

Los antiguos cuentos de los hermanos Grimm o de Chistian Andersen o de Perrault que nos contaban de niños contenían todos ellos una sabia lección moral que enseñaba los valores por los que se deberían regir los comportamientos sociales. En nuestra sociedad globalizada, con la corrupción galopando entre los gobernantes, esos valores siguen siendo válidos, valga la redundancia, tan solo hay que darles el enfoque adecuado. Eso mismo pretendo al contar estos cuentos que espero sean de su agrado.

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Los tres cerditos. Anónimo.

Hubo una vez tres cerditos que decidieron hacerse una casa, pero como tenían distinto carácter no se pusieron de acuerdo y acabaron construyendo cada uno la suya. Uno de los cerditos era muy perezoso y no empleó mucho tiempo en hacerse una casa de paja. Otro cerdito –tampoco muy laborioso—la construyó con ramas. Solo el tercero, previsor, la construyó de ladrillo y cemento. No mucho después apareció un lobo hambriento que derribó de un soplido la casa de paja. El cerdito se refugió en la casa de ramas, pero el lobo sopló y sopló y acabó derribándola, así que los dos se refugiaron en la casa de ladrillo que había construido su laborioso hermano. Ésta no la pudo derribar el lobo, y los dos cerditos perezosos aprendieron la lección de que solo con el esfuerzo se consiguen la seguridad del mañana.

¿De qué tres cerditos hablamos? El cerdito que construyó su casa con la paja de la falta de laboriosidad y los engaños y estafas a Europa, fue Grecia, donde no resultaba extraño tener cincuenta chóferes para un solo coche oficial, todo con cargo a la Comunidad europea.

El cerdito que construyó su casa con ramas fue España. Las ramas de construir sin ton ni son edificios vacíos que propiciaban unas Cajas de Ahorros gobernadas por políticos, que regalaban a manos llenas y sin tino el dinero de todos los españoles.

Cuando el lobo de la crisis sopló, el cerdito Grecia fue derribado de un soplo y quedó en la miseria. En España también la casa se vino abajo. De las tres patas de la economía española, la construcción, el turismo y la fabricación de automóviles, la primera cayó y los españoles disminuimos nuestra riqueza en un tercio.

El cerdito que construyó su casa de ladrillo y cemento fue Alemania, que tuvo que sacrificarse durante muchos años para integrar a partir de 1990 a los alemanes de la antigua Alemania Democrática. Y no solo salió adelante sin la ayuda de Europa, sino que hoy es garante de su unidad y su riqueza. Pero no es muy seguro que los otros dos cerditos hayan aprendido la lección. La envidia hacia el laborioso es manifiesta en España y en Grecia, y en vez de aplicarse el cuento y tratar de edificar una casa más sólida, las voces que más se escuchan son las que piden que les regalen la casa.

los siete cabritos

El lobo y los siete cabritillos .Hermanos Grimm

¿Recordáis el cuento infantil? Un lobo hambriento se quiere comer a los siete cabritillos que una madre ha dejado en su casa al salir a hacer un recado. El lobo llama a la puerta y dice ser su madre, pero su voz ronca le delata, así que se la aclara con yemas de huevo y zumos de frutas e intenta de nuevo que le abran. El cabritillo más pequeño y más desconfiado le pide que enseñe la pata por debajo de la puerta para ver si se trata de su madre. La piel del lobo es negra y la de la madre de los cabritillos blanca, así que le vuelven a negar la entrada. Pero el lobo persiste, se tiñe con harina y ahora sí, entra y se come a los seis mayores.

La voz ronca le salía a Podemos a borbotones cuando alababa al régimen castrista y a Chávez y a Maduro, pero hizo gárgaras con promesas socialdemócratas y atacando la corrupción de los demás partidos y ofreciendo paraísos imposibles. Entonces volvió renovado aunque queriéndose comer de nuevo a la democracia y las libertades, pero le vieron su pata negra ―de hostigamiento a las libertades, de pretender acabar con la prensa privada, con la enseñanza privada, su pata negra de querer controlar las televisiones públicas y privadas, de nacionalizar los bancos, de apoyar a las dictaduras cubana y venezolana, de imponer un totalitarismo en España― por debajo de la puerta así que se retiró a remediarlo vistiéndose de demócratas y liberales y compasivos y buscadores del bien común, y ya con la pata blanca volvió… y le abrieron la puerta y se comió la democracia y las libertades y trajo a España la miseria de Venezuela y su régimen tiránico. ¿Seremos los españoles tan pasivos, indolentes e ignorantes que terminemos abriéndole la puerta?

En el cuento el cabrito más joven se esconde y así se libra de ser comido por el lobo. Junto a la madre raja la tripa del lobo y recobra a sus hermanos. El lobo muere al caer a un pozo por el peso de las piedras que han puesto en su estómago. Los hermanos Grimm acababan con bien los cuentos; en el cuento original todos los cabritillos eran engullidos. ¿Qué cuento nos tocará vivir a nosotros?

 el traje del emperador

El traje nuevo del emperador. Hans Chistian Andersen

Dos truhanes engañaron a un presuntuoso emperador diciéndole que podían fabricar un vestido que le haría invisible a los ojos de los necios. Fingieron ponerle una lujosa prenda, y de esa guisa, desnudo, se presentó el emperador a sus allegados. Estos, que estaban al tanto del asunto, aparentaron verlo ricamente vestido y lo alabaron sin cuento. Al poco, toda la ciudad había oído hablar de la burla del traje. El emperador queriendo lucir su prenda y descubrir los necios de su reino –aunque él mismo no veía el vestido y  no quiso reconocerlo porque le haría parecer un estúpido—, salió a desfilar ante el pueblo. Le alabaron sin cesar y le dieron vítores, hasta que la inocencia de un niño descubrió la farsa. Dijo el niño en voz alta: Pero si va desnudo. Y la gente perdió el recato y rió con ganas y burlas hasta decir basta.

El cuento, en esto que no hay discusión posible, le va como anillo al dedo al expresidente del gobierno de España Rodríguez Zapatero. Pero el mismo cuento se puede aplicar en muchas ramas del saber a muchos gentiles hombres en apariencia. En ningún ámbito se atreve la gente a decir las verdades. Se juegan con ello el condumio. Y también en cualquier ámbito se encuentran los necios que dedican su vida a tratar de ver el traje que no existe. En filosofía saben mucho de esto.

 

Lo Políticamente Correcto III: Implantación social.

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Anuncié en mi anterior publicación en este Blog que el tercer gran obstáculo al volteo de valores sociales pretendido por la Escuela de Frankfurt era: «cómo conseguir adeptos a la causa si, en palabras de Marcuse, “el proletariado ha perdido su negatividad”, ha dejado de ser revolucionario.» Las soluciones dadas a este impedimento son en esencia tres; tres estrategias de penetración en el cuerpo social.

La primera de ellas, la de infiltrarse en todas las Instituciones, sobre todo en las Educativas y en las Académicas. Antonio Gramsci, intelectual comunista italiano del primer tercio del siglo XX, lo había expresado crudamente: si tenemos la educación de los niños en nuestras manos, tendremos en el futuro sus conciencias. En Occidente la izquierda ha sabido seguir estos dictados al dedillo. (En las etapas de la Educación Secundaria y de la Universidad en que la naturaleza de los jóvenes es rebelde y su conciencia extremadamente moldeable)

El ejemplo de la infiltración en la Universidad española es ilustrativo al respecto. Por la oposición frontal que han hecho todos los rectores universitarios, sin excepción,  a la pretendida reforma educativa del PP y a cualquier intento de racionalizar y aumentar la competitividad en los estudios universitarios, no resulta descabellado señalar que las tendencias políticas de todos ellos son de izquierdas. La Ley Orgánica de Reforma Universitaria de 1983, con Felipe González en el gobierno, propició que la ideología política del aspirante cobrase importancia a la hora de ocupar puestos universitarios.

Las Facultades de Periodismo, Filosofía, Ciencias Políticas e Historia,  han sido los bocados más apetecidos. Bien aleccionados, sus alumnos ocuparán importantes púlpitos el día de mañana.  Desde ellos podrán lanzar anatemas contra quienes no acepten la introducción de los nuevos valores políticos y morales, y se convertirán en adalides de lo políticamente correcto y en sus vigilantes.

La segunda estrategia empleada consiste en buscar aliados, por aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Esos aliados se deben encontrar entre los enemigos del sistema liberal demócrata capitalista que se pretende destruir. El Feminismo, el Ecologismo, el Indigenismo, el Animalismo, el Islamismo, los nacionalismos periféricos, los grupos de homosexuales, todos aquellos grupos que alegan haber sufrido históricamente agravios infringidos por el sistema de poder dominante, van a aliarse con el Igualitarismo marxista en su labor destructora de valores. (Se llega a denigrar a Colón por haber descubierto América y a los Reyes Católicos por haber conquistado Granada). Esa alianza defiende con fervor pasional los nuevos valores impulsados desde la Escuela de Frankfurt: la matrifocalidad, la defensa del indigenismo, la imposición de leyes represoras a favor del ecologismo y del animalismo, la multiculturalidad, el reblandecimiento de los instintos, el acabar con todo rastro de fuerza, de violencia, de crueldad, la no discriminación durante la etapa escolar por ninguna razón, sea de inteligencia, capacidad, laboriosidad, la imposición de la absurda hipótesis señalar al género como constructo cultural…, y la imposición del lenguaje políticamente correcto, que en algún caso ha llegado a extremos esperpénticos, como el sonado “miembros y miembras” de aquella ministra de la paridad, o el hecho de que algunas Autonomías legislaran en una jerga aborrecible por cumplir con ese lenguaje.

Este conjunto de aliados (que se han sentido históricamente agraviados, débiles que han sentido en sus carnes la moral de los ‘fuertes’) han levantado la compasión como baluarte de la nueva moral: compasión con los débiles, con los delincuentes, con los inmigrantes, con los mediocres, con los animales, con el medio ambiente…, pero, resentimiento y odio contra los que triunfan socialmente, contra los fuertes, contra los emprendedores…(la doble faz). Y la alianza se vuelca a favor de las prohibiciones que impone lo políticamente correcto: contra el fumar o el beber, contra la prostitución, contra la caza, contra la pesca, contra las corridas de toros, contra los espectáculos con animales, contra la construcción de pantanos, contra la defensa de la masculinidad, contra los juegos violentos. Para ello han logrado imponer leyes de protección animal y del medio ambiente, y leyes de discriminación positiva de la mujer y los homosexuales.

Pero la estrategia de infiltración social que ha conseguido resultados más firmes y duraderos, tal vez sea la estrategia de generar clientelismo. Consiste en beneficiar a ciertos individuos o a ciertos grupos de individuos con cargos o dádivas que no podrían obtener por carecer de méritos para ello. El agradecimiento de tales individuos hacia quienes les han procurado la elevación de su estatus es seguro.

En España los casos de clientelismo por parte del PSOE, uno de los partidos que siguen los dictados sociales marcados por la Escuela de Frankfurt, se cuentan a centenares. Se ha tratado de derribar la barrera de los méritos y capacidades para que los mediocres la pasen y se muestren en lo sucesivo agradecidos. Las grandes hornadas de profesores interinos que se mostraban pertinazmente incapaces de superar una oposiciones libres a la Administración, han sido “colados” a través de las llamadas “oposiciones restringidas”; los nombramientos de jueces “a dedo”; los decenas de miles de trabajadores que convirtieron en funcionarios de la noche a la mañana sin aportar mérito alguno; las gigantescas subvenciones a la industria del cine y del espectáculo; las abundantes ayudas sociales a los miembros de etnia gitana; la imposición de pedagogos y psicólogos en Educación Primaria y Secundaria con el propósito de imponer una educación políticamente correcta; las grandes subvenciones, ayudas y leyes a favor del Ecologismo o el Animalismo; las ayudas a ONGs de eficacia más que dudable, etc. etc.

Como resultado de todo ello, la moral cifrada en lo que se conoce como políticamente correcto se ha impuesto en gran parte de Occidente y muy especialmente en España. No negaré que ha mostrado algunas virtudes, pero su capa represora es enorme, y la destrucción de valores arraigados en la población está motivando que la gente se rebele contra sus imposiciones. El Brexit, la llegada de Trump a la Casa Blanca, el auge de Marine Le Pen en Francia, no se pueden entender sino como reacción extrema frente a esa moral represora y asfixiante. Además, el camino que marcan los partidos políticos que actúan como sus adalides no parece que sea otro que el de Venezuela o Cuba, algo muy poco ilusionante. Pero se ha impuesto en Occidente, y me temo que al tiempo que va destruyendo valores irá destruyendo también el tejido social y la economía de nuestras sociedades sin ofrecer un recambio ilusionante.

Marcuse, desengañado del proletariado, vibrándole el odio que sentía hacia las sociedades basadas en la liberal democracia capitalista, señalaba al final de El hombre unidimensional que la oposición revolucionaria vendría de los proscritos, de los “extraños” de los explotados y perseguidos de otras razas y otros colores, de los parados y los que no pueden ser empleados. Quizás no le falte una pizca de razón en esto, y la verdadera revolución venga próximamente de la creciente población musulmana inmigrada, y de una abundante población que detesta la responsabilidad y el trabajo y solo busca derechos gratuitos. Pero quizás, también, esa revolución nos conduzca al totalitarismo y a la miseria.

Gramsci decía que había que extirpar por todos los medios la cultura cristiana occidental en un combate al que él denominaba la “larga marcha”. Esta marcha debía dirigirse a universidades, escuelas, periódicos, revistas, hoy también al cine, televisión e internet, y desde esos lugares propagar la anti-cultura que acabe con todas las convicciones anteriores e imponga los ideales del Igualitarismo. Buena parte de ese camino ya ha sido recorrido.

Pensar con las tripas

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Como dijo el viejo torero Rafael “El Gallo” cuando supo que el oficio de Ortega y Gasset era el de pensador: tiene que haber gente para todo (en realidad dijo ‘tié kaver gente pató’), hay gente que piensa con el cerebro y hay gente que piensa con las tripas. Voy a poner ejemplos de ello.

En anteriores Entradas de este Blog he hablado de la fuerte tendencia que mostramos a justificar nuestras acciones, aunque si la misma acción la cometiera otro individuo nos parecería horrenda. A justificarnos a nosotros mismos y a justificarnos delante de los demás. El ansia por aparecer sin culpa ante el ojo ajeno hace que validemos cualquier excusa e incluso que el argumento que empleamos para ello lo consideremos lógico. Nos la llegamos a creer, llegamos a tomar cualquier excusa como infalible verdad.

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Existe el pensamiento individual y el pensamiento grupal. Éste consiste en un esquema conceptual formado por ciertas creencias sobre el mundo y por ciertos juicios acerca de la realidad, que se repiten en las conciencias de todos los miembros del grupo de referencia. Ahora bien, cuando dichas creencias y juicios acerca de un asunto son idénticos en todos los miembros del grupo, cuando cobran su imperio en  todos ellos e impiden la posibilidad de que emerjan juicios distintos a los que manifiesta el grupo, con toda propiedad podemos hablar de reses bípedas en vez de individuos, y de rebaño en vez de grupo.

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Un rebaño es una asociación de ganado que un pastor dirige a su antojo mediante su gayata y mediante ciertas voces y silbidos. Así ocurre con un rebaño de ovejas y con un rebaño de hombres. El rebaño, como un todo, también busca la justificación de sus actos y el justificarse a los ojos de los demás, y también le resulta lícita y lógica cualquier excusa o cualquier juicio que emplee para esa justificación.

La res bípeda cree en la excusa como si ésta poseyera una lógica contundente, como di derivara de los principios más básicos del intelecto. Sin embargo, vista desde fuera del rebaño, un somero y desapasionado examen basta generalmente para percibir su fealdad, su carencia de lógica, su falta de razones, o, mejor dicho, no posee otras razones que las de la pasión, y esas razones no vienen de la conciencia sino del intestino, tal como si se hubieran fraguado en él.

Hoy presento tres excusas –que aparecen como juicios—del tipo señalado, tres excusas que son harto populares, que se emplean profusamente como acendrada verdad. Uno de estos juicios –extraordinariamente extendido en estos tiempos de crisis—asevera que el igualitarismo, el comunismo, es la esencia de la equidad y de lo puro y bueno, siendo el único suelo posible para la paz social y la felicidad humana.

Cuando una res tiene una creencia asentada es difícil que razón alguna en contra le haga mella. Actúa como una coraza colocada en la conciencia de cada miembro del rebaño que impide que allí se asienten nuevas ideas y juicios distintos a los que el pastor dictamina. De nada valen contra esa coraza las razones de la experiencia comunista en los países donde este sistema se implantó. De nada vale que todas esas experiencias condujeran a dictaduras despiadadas y a la miseria generalizada. De nada valen tampoco la experiencia de tantas sectas igualitaristas que destruyeron como personas a los individuos que las integraban, o que acabaron en suicidios colectivos. Ni valen las razones que aporta el filósofo Karl Popper (el filósofo más importante del siglo XX junto con Bertrand Russell) en La sociedad abierta y sus enemigos, de que el igualitarismo conduce irremediablemente al totalitarismo.

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Las excusas justificativas que forman la coraza o escudo en la conciencia de las reses de este rebaño (y que tratan de justificar el juicio acerca de la bondad del comunismo) son:

  1. En esos países no se instauró el verdadero comunismo porque sus dirigentes lo pervirtieron desde buen comienzo.
  2. USA es el verdadero culpable del fracaso de los sistemas comunistas, debido a que torpedeó esos procesos.
  3. Karl Popper era un facha (fin de la discusión)

Así que, según esas excusas, China, Rusia, todos los países del Este de Europa, Camboya, Laos, Cuba, Corea del Norte, se hundieron en la miseria y el totalitarismo debido a sus malos gobernantes. Nada tuvo que ver en ello la implantación del comunismo. Esta es la lógica de las tripas. Y, claro, EEUU es culpable de todo cuanto de malo ocurre en el mundo, es el chivo expiatorio que elimina nuestras responsabilidades. Y, claro, Karl Popper, un hombre exquisitamente culto, un amante de la verdad y la libertad por encima de todo, un hombre apenas comprometido en movimientos políticos, era un facha, ¡por qué dudarlo! Éstas son las razones del intestino.

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Pero existe en la actualidad un ejemplo aún más elocuente de excusa justificativa. Verán, por lo escuchado recientemente en varias tertulias televisivas (sería muy injusto denominarlos debates), los responsables de la deriva nacionalista catalana no son el Sr. Maragall (que implantó la semilla más fructífera del independentismo al inventarse la necesidad de un nuevo Estatuto Autonómico que nadie demandaba, por mero interés personal) ni es el antiguo presidente del gobierno de España, el señor Zapatero (que con su falta de previsión e inteligencia apoyó ese proceso y abrió la caja de los truenos) ni es tampoco el muy corrupto Honorable señor Pujol (que sustentó su poder y su latrocinio a través de la denigración constante de España, a quien hacía responsable de todos los males enraizados en Cataluña) ni siquiera culpan a Ezquerra Republicana (que odia todo cuanto recuerde a España) ni al señor Mas (que ha impulsado contra viento y marea el proceso independentista para ocultar sus miserias y corrupciones). No. Según estos adalides de las razones del intestino, los verdaderos culpables de la deriva nacionalista catalana son el Partido Popular y Ciudadanos, “por protestar contra el proceso y poner el grito en el cielo por ello” (sic) No sé si ustedes se habrán percatado del esplendor de la magnífica lógica empleada: no es responsable de una acción el valedor de ella ni el que la instigó ni el que la ejecutó, sino el que protesta de que dicha acción se lleve a cabo. No es el culpable el asesino, sino la víctima.

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Pero la palma de las excusas y de pensar con los intestinos se la lleva la que trata de exculpar al radicalismo islámico de toda su barbarie asesina. La excusa es ésta: Si ellos atentan ahora en Europa, los cristianos lo hicieron primero mediante las cruzadas. Excusa que se complementa con esta otra cuando se emiten juicios contra el fanatismo musulmán: Si ahora ellos son fanáticos, también los cristianos lo eran. Como se aprecia, la lógica de las frases es la siguiente: los musulmanes de ahora tienen derecho a la venganza por lo que hicieron los cristianos hace 900 años (es decir,  se trata de justificar la revancha de Oriente contra Occidente, las personas no importan ni el tiempo transcurrido tampoco); y si los cristianos eran fanáticos hace 900 años, los musulmanes tienen el mismo derecho a serlo ahora. El absurdo lógica o la lógica del absurdo.

En una conferencia escuché al señor Savater la siguiente pregunta –que él hacía a sus alumnos del curso de filosofía: un hombre sale del trabajo hacia su casa pero por no dar un rodeo se interna en un bosque donde es atracado y apaleado. ¿Quién es el culpable?

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Una buena cantidad de alumnos echó la culpa a la infancia penosa del atracador, causa de que se hiciese delincuente.  (Ni que decir tiene que estos alumnos eran freudianos). Otra cantidad aún mayor culpó del atraco al Sistema, que posibilitaba las desigualdades e impulsaba a delinquir. (Naturalmente estos alumnos eran anticapitalistas). Dos o tres alumnos echaron la culpa a la víctima por adentrarse en el bosque. (Estos, claro, eran de moralidad laxa). Pero nadie, ¡¡¡Nadie!!!, culpó al atracador. ¡Tomar el rábano por las hojas!

El mundo se ha vuelto tan disparatado, ha desaparecido el sentido común de forma tan radical, que tal vez debamos buscar la cordura en la selva.