TENER EN QUÉ PENSAR

pensando

De los sentimientos y las ideas

 

*El despecho en la mujer cambia amor por odio al momento.

*Sospecho que querer es querer querer y ser querido.

*Para muchos, las ideas son más fuertes que la vida; pero tengo el presentimiento de que la gente no muere por sus ideas sino por quedar aprisionados en los engranajes sentimentales que éstas han puesto en marcha

lo oscuro

De los escritores y la escritura

 

*El gran problema de aislarse y de no contrastar las opiniones propias con las ajenas es que a menudo le engaña a uno la ilusión de creer que ha encontrado la verdad absoluta;  una verdad perfecta e imposible de refutar.

*La expresión oscura en la escritura puede tener dos finalidades: engañarse a uno mismo y engañar a los demás. Algunos esconden detrás de un velo negro la falta de significado y lógica en sus escritos. Así crean la ilusión de profundidad en los amantes de lo oscuro.

*Para encontrar algo cierto hay que buscar siempre en la claridad, donde la mentira queda en evidencia.

*Desecha siempre las opiniones nacidas de la euforia y mucho más las que nacen del desánimo.

*Desconfía de tu opinión sobre un logro propio que te parezca excelso, y mucho más si te parezca nefasto.

*La jerigonza maloliente de Hegel, a algunos filósofos sin paladar ni nariz les parece plato suculento y exquisito.

 

De redentores y egoístas

 

*Rousseau enseñó la bondad hacia los niños pero, uno tras otro, metió a sus cinco hijos en la inclusa porque no quería saber nada de ellos. Karl Marx, dedicado a sus pensamientos, desatendió el bienestar de su esposa e hijos hasta el extremo de hacerles vivir en la miseria y de que tres de ellos murieran de enfermedades derivadas de ésta.

*Desconfía de quienes desatienden a sus allegados y sin embargo pretenden redimir el mundo; en realidad su bondad altruista es un máscara tras la que se oculta la ambición, la obsesión o la locura

*Algunos aman idealmente a la humanidad porque son incapaces de amar a los seres humanos

*Los mayores pecadores son quienes arremeten con mayor violencia contra el pecado.

 

Movimientos sociales

 

*América Latina tiene una grave enfermedad llamada izquierdismo. Como resultado de ella, Latinoamérica sigue siendo pobre, subdesarrollada y violenta.

*Mayo del 68 y 15 M son excrecencias y salpullidos que le surgen a la liberal democracia cuando la juventud se ha henchido hasta la hartura de derechos y no tiene un objeto claro contra el que dirigir su energía de guerrero joven, así que lanza su violencia reprimida contra quien le alimenta gratuitamente y le consiente.

*Lo característico de esos casos es que surgen eslóganes estúpidos que se glorifican. Recuerdo uno de “mayo del 68” que todavía se ensalza: “Prohibido prohibir”. Es decir, la selva, la ley del más fuerte, el instinto de crueldad, la venganza, la ausencia de moralidad y de normas.

 

La lealtad y el absurdo

 

*Yo desconfío de quienes muestran su lealtad y rinden pleitesía al comunismo, al nacionalismo o a los dioses antes que a la libertad y a la democracia.

*Cuando un sin sentido o un asunto insignificante se convierten en rectores de nuestras vidas, hemos contraído la enfermedad del absurdo. ¿Quién no se ha topado con un sinnúmero de estos enfermos?

 

Carácter y necesidades

 

* Los españoles jamás hemos tenido fama de sesudos ni de disciplinados ni sabios, pero son proverbiales nuestro temperamento y nuestra vehemencia. Me viene esto a la cabeza por la siguiente anécdota. Don Enrique de Olivares, padre del conde-duque Don Gaspar de Olivares, Valido del rey Felipe IV de España y Portugal, servía como embajador ante el Papa Sixto V, y hete aquí que Don Enrique llamaba a sus criados a toque de campana, cosa al parecer reservada a los cardenales, por lo que conocer la noticia enfureció a Su Santidad, que despachó letras apostólicas y censuras contra el conde Don Enrique. Enfurecido Olivares, después de tres audiencias con el Papa consintió en dejar de utilizar la campana e ideó llamar a sus criados a cañonazos. El temblor que causaba en Roma cada disparo obligó al pontífice a dar su consentimiento al uso de la campana, que desde entonces les fue permitido a los embajadores españoles.

*Al antiguo morador de Mesopotamia le interesó el cielo porque creyó que en éste se cifraba su destino; de ahí nació el estudio del movimiento. Le interesó recaudar dinero y de ahí nació la aritmética. Le interesó el reparto de los terrenos y la construcción de edificios y creó la geometría. Del interés y de la necesidad nace el conocimiento.

 

Animalismo

 

* No es animalista el que ama a los animales, sino el totalitario que pretende coartar la libertad y los derechos de los humanos con el argumento del amor a los animales.

* Que todos los seres vivos tienen derecho a la vida es un postulado sin sentido que solo se sostiene en el miedo a la crueldad, en las cosmovisiones místicas, en una sensibilidad enfermiza y en una mente totalitaria.

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Nacionalismo y Populismo

 

*Me produce carcajadas el que el Populismo achaque al gobernante partido de derechas la responsabilidad de la deriva independentista en Cataluña. Razonan que, al negar el Tribunal Constitucional el derecho de Cataluña a denominarse nación, nacieron las causas de este desafuero que estamos viviendo. Sin embargo, quienes opinan tal cosa ignoran de la A a la Z la intríngulis de la dinámica nacionalista. La perversión de ésta es que no aumenta su fuerza con lo que le niegan, sino con lo que le dan y consienten. Es de esta guisa, cuanto más recibe más exige. Lo cual es comprensible: si el Nacionalismo se conformara con lo recibido, es decir, si su carácter reivindicativo desapareciera, dejaría de tener sentido su existencia. Es lícito comparar ese proceso con un incendio: cuanto más ofreces, más leña echas al fuego y con más fuerza arde éste. La única solución factible para extinguirlo es negar la madera.

 

TEMORES

EL TEMOR

Tengo para mí que el temor no se encuentra bien tipificado en los diccionarios. El Diccionario de uso del español de  María Moliner lo define como «la creencia de que se puede recibir daño de otra persona o de una cosa», y se le encasilla vulgarmente como un miedo mo­derado. Pero en el temor existen gradaciones que abarcan desde el suave desasosiego al terror agónico o al pánico.

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Expongo un ejemplo histórico de temor desorbitado: En marzo de 1220 Gengis Khan tomó Samarcanda y masacró a su población. Igual suerte sufrió el Jorasán iraní y Afganistán. Las ciudades fueron reducidas a escombros y los cronistas musulmanes de la época narran que los cráneos apilados formaban montañas. Tal devastación provocó en el imperio musulmán un temor inmenso hacia los mongoles. Un temor que podemos apreciar por el relato del cronista Ibn al-Athir:

Me han contado cosas que apenas pueden creerse; tan grande era el es­panto que Alá había puesto en todos los corazones. Se cuenta, por ejem­plo, que un solo jinete tártaro entró en una ciudad muy poblada y se puso a matar a todos sus habitantes uno tras otro sin que nadie se atreviera a defenderse. He oído decir que un tártaro, no teniendo ningún arma y que­riendo matar a uno que había hecho prisionero, le ordenó que se acostara en tierra, fue a buscar un sable y después mató a ese desgraciado, que no se había movido.

Sacamos la conclusión que el temor nacido en la conciencia de los musulmanes por el hecho de imaginar la ferocidad de los mongoles, fue creciendo hasta convertirse en pánico paralizante. Como se ve, el temor es un miedo anticipado, es el miedo que la conciencia construye al imaginar peligros venideros.

Otros muchos ejemplos sobre el temor nos son cercanos: la del aprensivo, que siente un temor difuso al contacto o a la ingestión de una sustancia que tiene como tabú; la infinidad de temores que sentimos a diario y que según lo medroso de nuestro temperamento pueden encogerse al pensarlos o, por el contrario, hacerse gigantescos; el temor supersticioso que nos sobrecoge al cruzarse en nuestro camino u gato negro o si nuestro horóscopo nos lanza previsiones funestas…; incluso hay documentadas muertes por temor debido a la maldición lanzada por un hechicero o por haber violado un tabú.

Pero el temor presenta aún mayor vigor y presencia en nosotros porque aparece camuflado en la mayoría de los sentimientos. La vergüenza, la timidez, el pudor, el miedo al ridículo, no son otra cosa que temor a aparecer a los ojos ajenos disminuido, a que los demás nos perciban carentes de cualidades y méritos. La compasión representa el temor a encontrarse uno mismo en el lugar del compadecido en el futuro. Los mismos celos representan el temor que sentimos ante el peligro de perder la posesión afectiva que creemos nuestra.

El quid del asunto estriba en que en el pensamiento se produce un juego a tres bandas en el afán de prevenir los peligros: las creencias del individuo sobre el asunto que le preocupa, las razones que emplea para su análisis, y la emoción que el asunto le genera; de la mutua influencia entre ellas se genera el pensamiento del que se alimenta el temor. Recursiva y retroactivamente se influyen las tres[i], pudiendo llegar a imaginar situaciones imposibles en las que el peligro, la amenaza o el daño se agrandan hasta límites fuera de la realidad, produciendo un temor desproporcionado que puede hacerse terror.

Un temor de actualidad

Cuando desaparecen los valores sociales o son relativizados hasta perder su misma esencia, ocurren cosas como las ocurridas en Roma en el siglo III d. C., que la guardia pretoriana asesinaba a los emperadores a su antojo y vendía el cargo al mejor postor. Varias decenas de ellos se sucedieron en un solo siglo (algunos sólo duraron días), pues la soldadesca de las legiones copiaron a los guardias pretorianos y elegían un emperador hoy para asesinarlo mañana, dándose el caso de que varias legiones eligieran cada cual al suyo en distintos territorios y disputando guerras por imponerse a los demás.

El circo que organizan a diario Podemos y el nacionalismo catalán me recuerdan enormemente este asunto. Haciendo caso omiso de leyes, valores y símbolos, o despreciándolos,  no les preocupa otra cosa que salir cada día en el noticiario de televisión diciendo sandeces que lleguen fácilmente a los intestinos de la audiencia. Ya hemos tenido en un año tres votaciones para el Congreso y me temo que se producirán algunas más en un corto periodo de tiempo. También tenemos a nuestros  invasores bárbaros,  cuyo ánimo secreto es acabar con nuestro sistema democrático. Y tenemos nuestro senado romano, el Congreso de Diputados, que, como aquel, parece una chirigota.

Malos tiempos nos aguardan.

 

[i] Mediante las creencias categorizamos situaciones, hechos y personas y  esa categorización lleva aneja una etiqueta emocional que, a su vez, es germen de determinados pensamientos, que en la vía de doble dirección que señala Damasio, influye en las emociones, que influye a su vez en los pensamientos, que influye en las creencias, que…

Derechos, Igualitarismo, Feminismo, Animalismo

Desde el siglo XVI todo tipo de humanistas han considerado que los derechos de igualdad ante la justicia, de libertad de acción y conciencia, y el derecho del individuo a tener amparo social ante los infortunios, son los derechos sociales básicos a los que cada miembro de la comunidad –por  su mera pertenencia a ésta—es acreedor; junto con el derecho a la vida, son derechos derivados de su dignidad como miembro de la sociedad.

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En la exigencia de tales derechos  se produjo la Revolución Inglesa, la lucha de los calvinistas de los Países Bajos contra la monarquía española, la Revolución francesa y la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Frutos de esa exigencia fueron la Carta de los Derechos de los ingleses, la preponderancia del Parlamento inglés sobre el rey, la Declaración de Independencia de los EEUU, y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada por la Asamblea Nacional Constituyente de la Revolución francesa.

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En los derechos básicos señalados  y en las cartas y declaraciones mencionadas se establece un equilibrio entre el principio de igualdad de todos los hombres y sus libertades. Sin embargo, el fulcro en donde se asienta tal equilibrio se ha corrido en numerosas ocasiones hacia un lado o hacia el otro, hacia la Igualdad –a costa de la libertad—o  hacia las Libertades –a costa de la igualdad. En los regímenes comunistas tenemos un ejemplo claro del primer tipo de corrimiento;  el capitalismo inglés o norteamericano del siglo XIX son buenos ejemplos del segundo tipo de corrimiento. Una cosa resulta clara (aunque una gran parte de los intelectuales no parecen haberse enterado): todo aumento de la igualdad –económica o de rango—entre  los miembros de una comunidad es a costa de libertades.

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Generalmente, los más capaces, los más emprendedores, los mejor posicionados socialmente, se inclinan hacia las libertades, mientras que quienes carecen de tales dones, espoleados por el resentimiento que tales carencias producen, se manifiestan a favor de la igualdad en detrimento de la libertad. La liberal democracia y la socialdemocracia europeas constituyen un buen ejemplo de sistemas que se equilibran, que mueven escasamente el fulcro hacia un lado o hacia el otro, aumentando el amparo social o las libertades en los periodos de alternancia en los que gobiernan. Pero esta homeostasis que imperaba en Europa se está resquebrajando. Por un lado, la Globalización, los traslados de capitales y empresas y la destrucción de empleo; por el otro, el avance del viejo Igualitarismo constreñidor de libertades, ahora con nuevos rostros producto de diversas y novedosas mutaciones adaptadas a los tiempos modernos: Populismo, Buenismo, Ecologismo extremo, Feminismo radical, Animalismo. Hoy voy a hablar un poco de estas dos últimas, añadiendo previamente lo muy loable que resulta la defensa feminista de la igualdad de derechos de hombres y mujeres, así como el respeto que cada individuo merece de mantener el trato afectivo que mejor que parezca con los animales.

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El Feminismo radical pretende imponer la igualdad entre hombres y mujeres más allá de los patrones establecidos por la naturaleza de unos y otros: más allá de la igualdad de derechos, tal tipo de feminismo pretende igualar las naturalezas, amoldando la masculina a la femenina, “capando” al “macho”. Tal tipo de feminismo es el que ha introducido el llamado “concepto de género”.

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En contra de las incontables evidencias que la Biología, la Evolución, la Antropología y la Sociología aportan acerca de las diferencias sexuales y de los caracteres del hombre y de la mujer, el feminismo radical proclama que tales diferencias se deben a la educación, y afirman que el ‘género’ es una construcción sociocultural. Esto es, descreen  que la biología sea quien determine la condición masculina o femenina, así que, con la pertinente educación se formarían seres asexuados, al menos en el comportamiento y en la manera de pensar. De ahí que tal grupo propugne que ya en el ámbito familiar como en el escolar, se forme a niños y niñas con los mismos principios, valores, costumbres y modos de actuar, y que en los juegos se integren unos y otros[1].

En realidad, pretenden que el hombre y la mujer, en su naturaleza y en toda la geografía de su personalidad, sean ‘iguales’ por imperativo legal. Pretende también imponer esa igualdad en todas las esferas económicas y organizativas de la sociedad. Por decreto y mediante la coacción ejercida por la tiranía moral establecida por los medios de comunicación.

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La igualdad salarial entre hombres y mujeres, la paridad de unos y otros en los Consejos de Administración de las empresas y en los equipos directivos, etc., son un ataque en toda regla contra el valor del mérito, el carácter emprendedor y la productividad como elementos vertebradores de las diferencias salariales; es decir, son un ataque contra la libre empresa y las reglas de la concurrencia competitiva y contra la ley de la oferta y la demanda. Para conseguirlo se valen, también, de los reclamos propagandísticos, falseados, en los que se alegan diferencias salariales entre hombres y mujeres para un mismo trabajo, sin especificar qué trabajos son esos ni si unos y otros producen y rinden lo mismo.

Pero con la aparente pretensión de esa igualdad,  el feminismo radical ha conseguido que se impongan ventajas sociales y ventajas legales a favor de la mujer y en perjuicio o en detrimento del hombre: los permisos de maternidad o lactancia, la posibilidad de adoptar niños, la protección preferente de la mujer en casos de divorcio, la tutela de los hijos en tales casos, y, sobre todo, la ley de discriminación positiva a favor de la mujer, conocida como Ley integral contra la violencia de género; una ley que señala a los hombres como foco de violencia y que facilita que la mujer rencorosa saque clara ventaja en los casos de separación o divorcio. Otras acciones del feminismo radical, como la imposición del denominado “lenguaje no sexista”, no son sino sinsentidos producto de un ansia de revancha.

En cualquier caso, este tipo de feminismo va mucho más allá de otorgar los mismos derechos básicos a hombres y mujeres, y busca la igualdad forzada[2], una igualdad que basa en el absurdo principio de que lo femenino y lo masculino son construcciones culturales, o bien camufla como igualdad lo que es revancha. Como todo Igualitarismo, pretendiendo imponer sus postulados, se muestra con tintes totalitarios, enemigo de las ciertas libertades. De haber seguido la camarilla del ínclito Rodríguez Zapatero en el gobierno, ahora no resultaría extraño que los equipos de fútbol contaran con la mitad de hombres y la mitad de mujeres, y con un transexual de portero.

Pero quien propugna el mayor disparate en cuestiones igualitarias es el Animalismo. Proclaman sus huestes que todos los animales han de poder disfrutar de los derechos básicos mentados[3]. Esto no es ni más ni menos que una hiperextensión aberrante de los derechos que nuestra especie se otorga; no es ni más ni menos que un disparate evolutivo; no es ni más ni menos que un ultraje al egoísmo propio de nuestra especie[4]; no es ni más ni menos que abdicar  de la naturaleza humana instintiva y de sus satisfactorios frutos.

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No alegan para ello otra razón de peso que el supuesto sufrimiento de los animales[5], que su reblandecida sensibilidad pone en alto valor, sin atender para nada a la inteligencia de que estamos dotados, a la conveniencia de la especie, al interés, al egoísmo humano. Utilizan el sentimiento para obnubilar el pensamiento y maniatar la inteligencia.

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Postulo que en el animalista influyen de forma determinante tres factores que generalmente confluyen: la experiencia en cada uno de ellos de un largo camino de temor y huída del ‘otro’, lo que les provoca un repudio hacia su propia especie; el de un reblandecimiento instintivo –repudian las satisfacciones instintivas de fuerza—y un entregarse a lo afectivo como único modelo de satisfacción[6]; y el factor de la moda, el de alinearse acríticamente con las creencias y las sensibilidades que imperan en el rebaño.

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El animalista al que me refiero es cruzado de su fe y trata de imponer al resto de la sociedad su reblandecida sensibilidad con todos los medios a su alcance. Es un religioso que pretende imponer un absurdo y aberrante igualitarismo entre los humanos y los animales, y, consecuentemente, es un enemigo de la libertad humana. Sus constantes manifestaciones contra las libertades de otros grupos y de otros individuos dan certificado de su carácter totalitario.

 

 

 

 

[1] En la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero se lanzó con cierta tibieza la posible obligatoriedad de esa integración a todos los niveles.

[2] Ortega y Gasset expresa muy bien el ansia de algunos que pretenden ser iguales en todo porque la excelencia en los demás les duele: «Vivimos rodeados de gentes que no se estiman a sí mismas y casi siempre con razón. Quisieran los tales que a toda prisa fuese decretada la igualdad entre los hombres; la igualdad ante la ley no les basta: ambicionan la declaración de que todos los hombres somos iguales en talento, sensibilidad, delicadeza y altura cordial. Se sienten condenadas a formar parte de la plebe moral e intelectual de nuestra especie. Cuando se quedan solas les llega de su propio corazón bocanadas de desdén para sí mismas. Lo que hoy llamamos opinión pública y democracia no es en gran parte sino la purulenta secreción de esas almas rencorosas.»

 

[3] La proclama “Respeto a la vida de los animales” que contiene en su esencia el veganismo, o bien, “Respeto a todas las formas de vida”, tiene únicamente sentido con las connotaciones religiosas que conlleva. Lo sienten como un mandato divino y construyen un santuario a cualquier ser vivo. Cuanto más desaparece hoy en día la fe de las gentes en dioses y cielos, más crece el sentimiento religioso de comunión con la Tierra, los animales… Tal como ocurría en las religiones animistas, muchos necesitan sentirse conectados al cosmos de alguna manera. Bien es cierto que no saben en qué animales poner el límite en cuanto a otorgar esos derechos básicos mentados, aunque la mayoría lo ponen en los animales que poseen un sistema nervioso central, lo cual no aporta más razones que el dar derechos a todo ser vivo o a ninguno.

[4] Porque la razón profunda y el fundamento de las razones éticas se encuentra en el egoísmo humano: nos otorgamos razones y normas para obtener una convivencia que nos sea beneficiosa.

[5] Cosa más que dudosa, pues el sufrimiento es una propiedad de la conciencia, de la que carecen los animales.

[6] Gozando de la compañía de los animales de compañía –un sucedáneo afectivo exento de peligros—hacen de estos animales su refugio y el motivo de sus satisfacciones.

Saludo al otoño

En esta Entrada figuran dos propósitos; uno es el de saludar al otoño, con una suerte de oda barata que pone de manifiesto que esto no es lo mío; el otro propósito es el de cumplir con varios conocidos que me pidieron poner en este Blog el escrito que leí el viernes pasado en recuerdo de Manuel Benito Moliner  con el motivo de poner su nombre al Centro Cultural de Huesca.

Se trata, por lo tanto, de una Entrada atípica con la que espero no defraudar del todo.

 

Hacia su efímero ocaso,

Cual ave de plumaje cárdeno

En vuelo titubeante,

Aletea la tarde

 

Acuna hojas el viento

Que derrama la enramada

Como lágrimas tristes de amante

En el adiós a su amada

 

En la alberca cercana,

Entre juncos y hojarasca,

El aire suspira al agua

Y extiende  ondas irisadas

 

Tras  una ventana,

La joven sueña con amores

Mientras la arboleda brama

Y alfombra el suelo escarlata

 

 

Se enseñorea el otoño de la floresta

Y un hilo de luz dorada

Deposita su melancolía

en el corazón de la muchacha

 

Una brisa acariciante

Asciende por sus carnes

Fraguando deseos

Y ajetreos de cama

 

A mis cansados huesos acuden,

A raudales,

Enjambres de recuerdos

Y de angustiosos pesares

 

Cierra la joven los ojos y

De la puerta de su corazón

A las ventanas de su entendimiento

Un murmullo de mariposas viaja

 

Sueña ella una serenata

De entrelazados cuerpos desnudos

Y una roja y violenta luna

Esparciéndose en la almohada

 

También yo espero

Desde mi retiro sombrío

Un murmullo similar

De lunas rojas y anhelos

 

A MANOLO BENITO

 

Eugenio me ha pedido que hable de la relación de Manolo con la literatura. Y el empeño no me resulta fácil. No porque yo no estuviese al tanto de esa relación  o porque ésta no existiese, sino porque cuando tocábamos el tema literario lo hacíamos de manera festiva, siempre lo acompañábamos con unos tragos, así que, a decir verdad, los recuerdos aquellos los tengo un poco borrosos.

Lo festivo nos ocupó un buen número de años, durante los cuales  unos cuantos amigos nos  reuníamos, viernes o sábado noche,  para hablar de lo humano y lo divino, y, claro, de  libros.

Recuerdo que en esas reuniones los escritores hispanoamericanos estaban muy presentes. García Márquez y Borges, eran siempre temas de discusión y alabanza, pero sobre todo nos encandilaba el Pedro Páramo de Juan Rulfo.

Recuerdo un hecho que muestra el carácter de Manolo. Un día, al poco de conocernos y tras  hablar  de Cien Años de Soledad, se acercó a su casa y me trajo el libro Las lanzas coloradas, de Arturo Uslar Pietri, que trata de la descarnada contienda de realistas y patriotas por la independencia de Venezuela. Toma, me dijo, en este libro se prefigura el realismo mágico de la novela sudamericana.

Y me lo regaló tal como me regalaría más adelante otros varios, libros raros, como el Diario de Mircea Eliade, Historia de Mahoma, o la Moral a Nicómano, de Aristóteles, añadiendo: “Ya he encontrado otro bicho raro a quien interesan estos libros”.

Quiero  hablar un poco de la tertulia que manteníamos. Manolo, Eugenio, Víctor Pardo, Ramón Guirao, y yo como fijos, aunque varios ambulantes nos visitaban de vez en cuando. El Apolo,  el Ricocú  el Rugaca eran nuestras bases de operaciones. Comíamos, bebíamos, hablábamos de libros, pero, sobre todo, festejábamos lo literario.

Me explico con ejemplos. El libro La fuente de la edad, de Luis Mateo Díez, fue durante una  temporada  nuestro modelo festivo. En esa novela, una cofradía de personajes esotéricos aficionados al alcohol, que andan en procesión de taberna en taberna y que intentan encontrar la fuente que les devuelva la juventud, eran los personajes que  imitábamos. Cada semana traíamos leído un nuevo capítulo y nos regocijábamos comentando e incluso repitiendo algunos hechos entresacados de la lectura.

Y también festejábamos ocurrencias, como la de Mario Benedetti en un lupanar, desnudo ante varias meretrices,  en la celebración, creo recordar, de su 60 cumpleaños.

Teníamos, incluso, nuestra musa particular, una musa que en ocasiones nos acompañaba y que alguna vez nos deleitó la madrugada con extrañas y sugerentes danzas.

Pero había otro Manolo mucho más profundo. Un Manolo que no creía mucho en la ilusión de la felicidad y que ponía todo su rigor y vitalidad en ser auténtico. Creía él que la autenticidad es la virtud primera. Y creía –también—que  el hombre es educable, no tanto al modo rousseauniano, no tanto socialmente, sino más como individuo.

Para ello, jaleaba Manolo el desprendimiento de las máscaras sociales, el descreimiento de las grandes narraciones ideológicas, le gustaba caminar desnudo frente al mundo; y,  el ir siempre de la mano de la bondad y la fraternidad.

 

En coherencia con ese credo,  sus poetas preferidos eran los que dibujaban con mayor verdad esa forma de autenticidad suya: Luis Agustín Goytisolo era uno de los primeros, pero, sobre todo, a Manolo le encantaba José María Fonollosa, el poeta de vida solitaria que se negó a leer a sus contemporáneos para no dejarse influenciar por ellos y que publica en 1990, un año antes de su muerte, tras de 29 años de silencio. El poeta de Ciudad del hombre: Nueva York, y de Ciudad del hombre: Barcelona. El poeta al que encontraron muerto junto al poema que comienza:

 

No a la transmigración en otra especie.
No a la post vida, ni en cielo ni en infierno.
No a que me absorba cualquier divinidad.

 

Manolo escribió poesía y relato corto. Un buen día   me envió el cuento, Una Navidad de locos, del 2007. En el cuento hace ingresar al protagonista en un hospital psiquiátrico, en donde la locura y la cordura son indistinguibles, van  de la mano en todo momento.

En el cuento desmenuza el fariseísmo de la sociedad, pone lo humano en carne viva,  y poco a poco va destruyendo los cachivaches morales que envuelven a pacientes y a enfermeros. Un poema ocupa la parte final del relato. Concluyo, leyéndolo.

 

Envidio a los demás esa rara habilidad

que tienen para posponerlo todo.

Congelan un amor apasionado

(¡congelan el fuego!),

retrasan la lectura de un libro,

aplazan sine die declarar

que están hartos del mundo.

 

Y llegan a viejos hablando del tiempo,

como si quisieran disimular

todos los deseos incumplidos.

 

Yo, por contra, vivo entregado al amor,

casi siempre en solitario,

leo libros viscerales en cuanto

caen en mis manos.

No me canso de denunciar

la apatía, la modorra

de mi especie que ha convertido

este hábitat en la sala de espera

de un tanatorio.

 

Pero no llegare a viejo, para qué,

qué me importan las inclemencias climáticas

si tengo que vivir día a día,

minuto a minuto, soportando

la adversidad colectiva:

sus reglas estúpidas,

sus leyes tiránicas, su vacío vital.

 

Y, aunque estoy solo en esta reflexión,

mantengo que la vida es corta e intensa

y la muerte larga y fría.

No, afortunadamente, no llegaré a viejo.

CONDUCTA SOCIAL Y NATURALEZA HUMANA I

El hecho ha sido observado en multitud de ocasiones en muchas especies animales. Comprenderlo solo precisa de un ejemplo: Un rebaño ovino pastando apaciblemente a unas decenas de metros de un despeñadero; un pastor al que un fortuito menester aleja unos instantes del ganado; un oveja madura que por razones extrañas, obedeciendo a un mero instinto ocasional,  obedeciendo a una pulsión, echa a trotar y se desboca hacia el precipicio. Ahora viene el asunto principal: suele ocurrir que las demás ovejas, en fila, siguen los pasos de la primera y se despeñan también.

Los seres humanos no somos tan distintos a esas ovejas. Como ellas, somos gregarias, solemos tener pastores políticos y religiosos, y, los suicidios colectivos –siguiendo las indicaciones o doctrinas de un líder—han sido harto numerosos en nuestra especie. Desde sectas religiosas que se han inmolado a una orden de su líder, hasta la infinitud de guerras que no tuvieron otro propósito que el enfrentamiento entre líderes, ni otro resultado posible que la muerte de centenares, miles o millones de seres humanos.

Somos animales, somos gregarios y seguimos a un líder cual rebaño de ovejas o de lobos o de caribús. Nos creemos distintos porque, de manera singular, poseemos conciencia, pero, realmente, todas nuestras decisiones se toman en ese ámbito subterráneo que es el inconsciente.

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La conducta de los animales –deslindándonos ahora de ellos—resulta mucho menos complicada que la nuestra: es guiada y catapultada de manera casi exclusiva por los instintos. Sus instintos les indican la conveniencia que poseen las cosas para su supervivencia y bienestar, y les impulsan a conseguirlas. Los humanos disponemos, además, de otros mecanismos neuronales para percibir dicha conveniencia: poseemos la razón y los sentimientos, es decir, poseemos conciencia, poseemos la capacidad de obrar en el presente con vistas al futuro empleando el conocimiento del pasado. Esa amplitud de conveniencias (conveniencia instintiva, sentimental, racional) origina que la vida del hombre resulte un permanente conflicto: una  lucha interior entre conveniencias. El instinto nos suele decir una cosa, el sentimiento otra distinta y la razón otra más enrevesada aún.

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Hace poco comenté en un blog que nuestra civilización trata de reprimir nuestra naturaleza instintiva, nuestra naturaleza animal, y que en esa represión solapada se encuentra en gran medida la raíz de muchas de las enfermedades cuya etiología los médicos se encuentran incapaces de descubrir. Que tales enfermedades son harto frecuentes en quienes, por una causa u otra, han reprimido fuertemente su acción instintiva: quienes huyen de la relación social por temor a la alteridad del ‘otro’, quienes sofocan ilimitadamente su sexualidad, quienes llenos de temor a la experiencia social se refugian en  la soledad o en los animales, en los hipercompasivos, en aquellos que se horrorizan ante cualquier crueldad por insignificante que sea, en aquellos que temen todo lo que huela a competir, en quienes carecen de un itinerario de vida o no poseen un propósito vital. Abjurar de lo instintivo, querer matar la parte animal de uno mismo, lo entiende el organismo, de manera inconsciente, como un suicidio. Los impulsos instintivos se dirigen entonces, no a satisfacerse, sino a descompensan el funcionamiento de los diversos órganos del cuerpo, y, junto con el miedo, el gran represor del instinto, provocan la enfermedad.

En otros casos, una idea se apodera de nosotros, se asienta en la conciencia en forma de creencia (no siendo otra cosa que una ilusión), y obnubilando la razón y redireccionando la acción sentimental hacia el propósito que indica dicha idea, esto es, mostrándonos ciegamente una única e ilusa conveniencia, nos lanza a realizar grandes revoluciones y a producir grandes catástrofes en su nombre. El ejemplo de la Alemania de Hitler o del comunismo soviético, especialmente con Stalin, son bastante elocuentes al respecto. Pero no es preciso señalar casos extremos como los dichos, el ámbito social está lleno de comportamientos disparatados auspiciados por creencias que producen en las gentes una visión de la realidad alterada que puede llegar al fanatismo, esto es, a no ver más allá de sus narices, a pensar que todo el mundo está equivocado menos él, y a considerar su enemigo y declarar la guerra a todo aquel que discrepe de su verdad. El sectario, el revolucionario, el terrorista, son algunos tipos característicos de este tipo de gente. Es como si su cerebro estuviera cortocircuitado y solo la idea que le ronda produjera allí actividad. Los ejemplos son numerosos y no es preciso exponerlos.  Se está descubriendo que muchas enfermedades mentales son consecuencia de ese cortocircuitado y del miedo.

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Recojamos que somos gregarios, que solemos seguir a líderes y a fiar en su opinión, que poseemos mecanismos diversos y de diversa antigüedad evolutiva para percibir aquello que nos conviene para nuestro bienestar, que las ideas anidan en nuestro cerebro fabricando ilusiones que nos guían a comportamientos desastrosos, que renegar de manera notable de nuestra acción instintiva puede enfermar la mente y el cuerpo…

Nos falta hablar de la conveniencia sentimental y de la racional, y también somos capaces de producir tecnología y cultura y moral, pero estos temas serán tratados en próximas entradas de este Blog.

Pensamientos dispersos al calor del estío

  1. Los más pasionales, los más aguerridos, los que más odian, son siempre la vanguardia de cualquier movimiento. Primeramente arrastran a los indecisos; más tarde, a los pusilánimes.
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  2. ¿Qué pretenden los hombres de las mujeres y viceversa? Qué busca la mujer en el hombre: seguridad; qué busca el hombre en la mujer: belleza; qué admira la mujer en el hombre: la fuerza; qué admira el hombre en la mujer: la dulzura; qué busca la mujer fuera del matrimonio: pasión; qué busca el hombre fuera del matrimonio: sexo; qué reprocha la mujer al hombre en el matrimonio: no ser el ideal buscado; qué reprocha el hombre a la mujer en el matrimonio: que se pase el día reprochando; qué pretende la mujer del hombre: que se someta a su voluntad; qué pretende el hombre de la mujer: que sea el descanso del guerrero.audrey5
  3. Cuando la realidad es penosa la ilusión de otra realidad crece.
  4. La necesidad de esperanza nos hace receptivos a cualquier ilusión.
  5. Un ánimo emocionalmente alterado es un manantial de ilusiones.
  6. La oscuridad se ha convertido en la atmósfera lumínica de la filosofía; el éter es su escenario.
  7. Las creencias nos proporcionan: certezas, conveniencias, previsiones, sentimientos, prejuicios, criterios y perspectivas.
  8. Uno siempre busca justificarse a sí mismo, incluso negar la responsabilidad de sus propios actos; pero en épocas de zozobra, de futuro incierto, de inseguridad, uno busca un enemigo a quien hacer culpable de todo lo que a uno le pasa.
  9. El resentimiento es un flujo prolongado de impotencia.
  10. Rousseau amaba la idea de humanidad, pero odiaba a la humanidad.
  11. El sentimiento de injusticia que padecen algunas gentes es tan enorme que son capaces de poner sus vidas en peligro por una causa que creen que acabará con la injusticia.
  12. Cuanto más fuerte es el odio y el resentimiento que mueven al fanático, más se convence de estar en posesión de la verdad y de que su causa es justa.
  13. ¡Qué ingenuos somos los hombres! Dicen los biólogos que en casi todas las especies son las hembras las que eligen. Los machos se engalanan de colores y plumas, despiden aromas seductores o se presentan con todo tipo de cantos y espectáculos de danza.

El subconsciente pasional

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Presento a continuación El subconsciente pasional, el segundo ensayo del libro Animal moral.  El libro, ya saben, versa sobre la conducta individual y la organización social, en cuanto a sus bases biológicas y el papel que juegan las creencias que poseemos.

  1. Evolución de la mente.
  2. El subconsciente pasional.
  3. Creencias mágicas y religiosas.
  4. Las creencias en el grupo.
  5. La médula de las creencias.
  6. Moral, instinto y orden social.
  7. Moral, sociedad e historia.
  8. Hegel y Marx.
  9. El psicoanálisis,
  10. Marcuse
  11. El «buenismo».

 

Para comprar el libro puede dirigirse a http://www.eraseunavez.org o a www.agapea.com

En esta dirección puede echar un vistazo a los temas:

 

 

Ensayo 2º: EL SUBCONSCIENTE PASIONAL

 

Resumen

Los mecanismos instintivos y emocionales y otros muchas mecanismos reflejos, sin que seamos conscientes de ello, elaboran en el laberinto del subconsciente  nuestro modo de pensar, nuestras apetencias, la conveniencia o inconveniencia que sintamos hacia ciertas razones, doctrinas, objetos, hechos o conductas. Después se representa todo ello en el escenario de la conciencia, con lo cual nos percatamos de lo cosas que ocurren en el interior de nosotros mismos, como los deseos y los sentimientos. Además, esa representación nos produce el delirio de que es la razón la principal gestora de nuestra mente. Pero en el fondo todo resulta ser pura conveniencia del organismo.

Deseamos a una mujer o a un hombre  hermoso, o un rico pastel, o ser el más amado o el más listo…,  pero es el instinto quien nos lo sugiere y nos lanza a conseguirlo. La ira nos lanza a la violencia o a la malquerencia, la compasión nos empuja a ofrecer y ayudar, el temor nos impele a alejarnos, la culpa nos infringe castigo, los celos nos lanzar a aprisionar a la persona amada… Y son también esas razones del subconsciente las que nos inducen el pensamiento correspondiente. El organismo, desde el subterráneo de la conciencia nos seduce y nos dicta lo que le resulta conveniente y nos empuja para que lo logremos.

En muchos aspectos apenas nos hemos alejado unos pocos pasos de nuestros cercanos parientes primates. Nuestros instintos y nuestras emociones son muy semejantes. Es en el deseo y en el temor y en los instintos y en la conciencia en donde radica la diferencia.

En el surgimiento del deseo se interrelacionan la conciencia y el instinto. En la conciencia, mediante los mecanismos de la imaginación y del pensamiento, se focaliza y se mantiene en candelero el objeto que el instinto señala como conveniente para la vida del individuo, el objeto que debe ser “poseído” en la consumación del deseo.

Todos los deseos están guiados hacia tres grandes finalidades: la sexualidad, la alimentación y la prominencia del propio individuo sobre los demás.

El temor es al miedo lo que el deseo al instinto. Mediante la imaginación se representa y es la imaginación quien lo fortalece o lo desvanece. El temor es un miedo al por-venir concitado imaginativamente. Percibimos una posible amenaza  y la conciencia produce mediante la imaginación situaciones de futuro en la que lidiamos con ella. En ese acto de lidia se gesta el temor, es decir, se concita al miedo.

Los sentimientos contienen emociones, un modo alterado de pensar ―con pensamientos acordes a la emoción sentida―, y ciertos grados de placer o dolor. Nacieron con vocación de ser reguladores de la conducta social. En otras palabras, un sentimiento es la marejada mental que nos sobreviene cuando el organismo percibe la importancia que un hecho social tiene para nuestra supervivencia y nuestro éxito reproductivo.

Añado un último apunte a este esquemático resumen: casi todos los sentimientos están cargados de temor y de deseo. La vergüenza, la culpa, la envidia, el orgullo, la soberbia… tienen todos que ver con el deseo de éxito social y con el temor al fracaso.