PARECERES Y ANÉCDOTAS

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ENSOÑACIONES

La ensoñación consiste en liberar de ataduras a la imaginación para que ésta vuele en pos de ilusiones o de recuerdos gratificantes. De esa manera, imaginativamente, se enamora uno de una mujer, se pone en la piel de su héroe, o consuma una venganza. El proceso lo facilita la ausencia o el olvido de los problemas, la pereza y un cierto grado de modorra. Póngase en esa tesitura y enseguida comenzará la mente a emular satisfactorios procesos reales que activarán redes neuronales cargadas de neurotransmisores de placer. Lo malo del asunto es que la mente puede jugarnos la mala pasada de emular episodios terroríficos si los problemas de la vida real le acechan.

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LIBERTAD

Ahora agradecen muchos ex fumadores que esté prohibido fumar, aunque pusieron el grito en el cielo cuando se implantó la prohibición. De igual modo pasarían algunos, después de un tiempo,  a bendecir la prohibición de cosas que nos producen daño –incluso el enamorarse, siempre que se recalque con intensidad suficiente lo pernicioso que es el desengaño amoroso–, y a la larga siempre habrá gente que agradecerán cualquier prohibición. Hasta el extremo de que cuando todo lo que nos produce satisfacción esté prohibido, habrá quien se sienta satisfecho. La seguridad sobre todo, dirán esos adoradores de la prohibición. ¿Qué hay de la libertad? Me temo que no es un plato del gusto de muchos. En muchos casos, quizás solo haya servido de bandera o de símbolo para sacar la rabia de dentro, y lo que se pretendía de verdad era acabar con  ella.

A SALVO

En mayor o menor medida, uno se encuentra a salvo si no le denuncia una mujer por acoso o no le denuncia un homosexual  por vejaciones o un africano por racista, o si no contraviene las leyes de lo políticamente correcto. Muchas espadas de Damocles penden sobre la cabeza del hombre heterosexual blanco. El tribunal de la Inquisición de lo políticamente correcto tiene mil ojos.

TOLERANCIA

Nos dice el filósofo Karl Popper que “En nombre de la tolerancia, tendríamos que reivindicar el derecho a no tolerar a los intolerantes”

APOCALIPSIS

Nos recuerda Stefan Zweing: “Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea”.

FANÁTICOS Y LOCOS

Los locos, los fanáticos, los lunáticos, los mentalmente enfermos, se convierten fácilmente en vanguardia de la intelectualidad. Me pregunto si no ha ocurrido siempre así. Si los Marcuse, Moisés, Lenin, Hitler… no han sido lo que fueron porque eran unos fanáticos locos. Si no han sido siempre los locos quienes han conducido la sociedad y han sido los cuerdos los conducidos.

ANÉCDOTAS POSMODERNISTAS

Uno de los signos identificativos de la izquierda podemita, hijos naturales del posmodernismo, es la prohibirse criticar cualquier civilización excepto la nuestra. Al respecto, Jean-François Revel, nos propone una anécdota de Allan Bloom. Plantea éste a un estudiante el siguiente problema de moral práctica: “Usted es administrador civil británico en la India hacia 1850 y se entera de que van a quemar viva a una viuda junto al cadáver de su marido difunto. ¿Qué hace usted?” Después de varios segundos de intensa perplejidad, el estudiante contesta: “Para empezar, los ingleses no tienen nada que hacer en la India”. De esa manera se evita condenar un crimen no occidental. Pero me parece a mí más sustanciosa la anécdota del filósofo Fernando Sabater. Planteó a sus alumnos la siguiente cuestión ética: “Un individuo regresa del trabajo a su casa y toma para ello un atajo solitario. En el trayecto lo atraca otro individuo. ¿Quién es moralmente responsable?” Tras de un pronunciado silencio, algunos alumnos esbozaron estas respuestas: “La culpa es del atracado por tomar un atajo que comportaba peligro”, “la culpa es del sistema social existente”, “los padres del ladrón son los responsables por la educación dada a su hijo”, “la culpa es de los genes del segundo individuo”, dijeron otros. En resumen, el ladrón no era culpable para ninguno de ellos.

APRENDICES DE FILÓSOFO

A muchos de los que estudian en facultades de filosofía les deslumbra el brillo de la oscuridad. Esas escuelas tal vez introduzcan virus en el cerebro del alumno al extremo de que perciban excelsas formas en movimiento en el interior de la oscuridad más absoluta.

Borges

BORGES Y LA FILOSOFÍA

En el relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, contenido en la obra Ficciones, de Jorge Luis Borges, éste imagina una secta que, de generación en generación, se empeña en describir un planeta, Tlön, ficticio en sus más mínimos detalles. Tengo la impresión de que Borges inventó tal irreal mundo como un medio para decir a los filósofos al uso lo que pensaba de su filosofía sin ser repudiado por ellos. Nos dice: “En Tlön, los metafísicos no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro. Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica.  … Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo (Bertrand Russell supone que el planeta ha sido creado hace unos pocos minutos provisto de una humanidad que ‘recuerda’ un pasado ilusorio).  Y continúa despachándose con la filosofía, lanzando teorías supuestamente inverosímiles o ridículas pero que se parecen extraordinariamente a algunas propuestas filosóficas muy celebradas.

 

Literaturas celtas II

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Nos encontramos en el reino de Cornualles, situado frente a las costas del reino de Irlanda.  Los dos reinos se encuentran enfrentados. El mundo que se describe es celta, aunque adaptado a las modas de la Edad Media, que es la edad en que la historia se publica.

Tristán ha perdido a sus padres y es acogido por su tío Marcos, rey de Cornualles. Muere la mujer del rey y los nobles le urgen a tomar una esposa.

A partir de ese momento hace su aparición lo fabuloso.  Unas golondrinas que revoloteaban por el balcón de palacio donde se hallaba el rey, dejan caer en su mano un reluciente cabello rubio. Marcos, tal vez queriendo evitar un nuevo matrimonio, alega que sólo aquella a quien el cabello pertenece será su esposa. Tristán toma para sí el reto de encontrarla. Marcha a Irlanda y mata al dragón que atemorizaba el reino. Como recompensa, el rey de Irlanda le entrega a su hija Isolda (o Iseo), a quien, sorprendentemente, pertenece el dorado cabello. Tristán la conduce a Cornualles para desposarla con su tío, el rey Marcos. Pero, durante el marítimo viaje nace el drama.

Por error, la doncella de Isolda les da a beber de un odre que contiene un elixir de amor. El bebedizo, destinado a calmar su sed de agua, hace surgir en ellos una atracción que nada ni nadie puede calmar. Sin embargo, en Tristán, al amor por Isolda se superpone el cariño y el respeto por su tío el rey, a quien ella está destinada. Trata de sortear el dilema huyendo a Bretaña, pero ni la distancia ni el tiempo logran mitigar la fuerza amorosa del elixir.

Muy enfermo, organiza un complot para traer a Isolda con él. Entonces surge la tragedia. Estando a punto de reunirse de nuevo, un engaño le hace creer que no la han podido traer o no ha sido su deseo venir, y allí mismo muere de pena. Al poco, llega Isolda a su encuentro y lo ve muerto. Se abraza a él y muere de dolor.

Tal es la trágica historia de Tristán e Isolda. William Shakespeare, en su Romeo y Julieta, dispone un desenlace trágico similar. En España, Juan Eugenio de Hartzenbush, en su obra, Los amantes de Teruel, copia ese mismo final[1].  Un poeta de la corte inglesa compuso El Tristán e Isolda en 1170, y unos pocos años más tarde otro poeta francés, Robert de Borón, la reescribió, pero parece claro que la historia hunde sus raíces en la literatura galesa de Cornualles y que ambos escritores bebieron de la misma fuente celta. La obra se incluye en el Ciclo de Arturo.

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En el siglo XII, el bretón Geoffrey de Monmouth escribe la Historia de los reyes de la Gran Bretaña, con la que irrumpe en Europa el rey Arturo y sus hazañas. Arturo, de linaje celta, después de luchar contra los romanos vuelve a las Islas británicas para derrotar a Mordred (tal vez su hijo) y morir él mismo en la isla de Avalón[2] en el 542 d. C. También habla el autor de Merlín, y menciona que se basa en un manuscrito celta no encontrado.

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Pero no solo está Arturo, hay otras muchas figuras artúricas, como el caballero Lancelot del Lago, que tuvo amores adúlteros con la reina Ginebra, y que se puede rastrear también en la literatura gaélica irlandesa, pues muy parecido argumento al que entraña su figura, aparece en la literatura del Ciclo Ossiánico. Y sobre todos ellos pervive Merlín.

De la vida de Merlín, Monmouth nos dice que nació de medios maléficos sobre una joven virgen que lo bautizó en el momento de nacer para arrancarlo de las garras del diablo.  Merlín vive en el bosque aunque ronda los palacios de los reyes y nobles. El rey Uther de Pendragón le pide ayuda para seducir a Igerne de Tintagel, esposa del duque de Cornualles. Merlín confiere mágicamente al rey la figura del esposo de Igerne: yacen, se unen, y conciben a Arturo. Merlín toma a Arturo a su cuidado y le protege con su poderosa magia, llena de prodigios. No debemos de olvidar que Merlín es un druida.

Pero el poderoso mago es seducido por la bella Morgana, hermana de Arturo y maga como Merlín. La ambiciosa Morgana pretende arrebatarle su magia y poder. Merlín, anciano, seducido, enamorado, parece consentir, pues inocentemente realiza un conjuro que ella le ha sugerido y que convierte en prisionero a quien lo realiza. Así que, atrapado en una jaula de amor acaban sus días.

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Existen otros muchos personajes del Ciclo de Arturo –personajes celtas que cantaban los antiguos bardos—, cristianizados siglos después por la pluma de Godofrey de Monmouth o de Chretien de Troyes.  Tenemos a Sir Gawain, un caballero britano de la Tabla Redonda que a las órdenes de Arturo se enfrentan a los anglosajones que invadían el país. Una de las historias en que aparece es moralmente aleccionadora. Se hallan los caballeros reunidos en Camelot cuando aparece un caballero vestido de verde que lanza el reto de dejarse cortar la cabeza a cambio de hacer él lo mismo, un año después, con quien se la corte. Gawain acepta el reto. De un golpe seco de espada rueda la cabeza por el suelo. El caballero verde la recoge y marcha con ella bajo el brazo. En sus peripecias Gawain recibe cobijo en un castillo de una dama que durante tres días intenta seducirlo. Gawain vence la tentación. Al cabo del año debe ofrecer su cabeza al hacha del Caballero Verde. Pero éste le hace un mero rasguño en el cuello porque sabe que ha resistido a los encantos de la dama del castillo, que era su propia esposa.

También tenemos a otro de los pertenecientes a la Tabla Redonda, al caballero galés Persifal, que se lanza en la búsqueda del Santo Grial, la copa  que supuestamente utilizó Jesucristo durante la última cena. Pero el Santo Grial continuaría siendo objeto de leyendas que la sitúan en el Monasterio de San Juan de la Peña, en Huesca, y más tarde en la Catedral de Valencia, y finalmente es objeto de la película Indiana Jones y la última cruzada.

Una de mis historias de raíz celta preferidas se halla en Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer, que escribió al finalizar el siglo XIV, y es El cuento de la comadre (o viuda) de Bath. Describe cómo en tiempos de Arturo un caballero que volvía de la caza robó la virtud de una doncella, y tanta la fue la indignación que causó tal hecho que Arturo lo condenó a muerte. Pero debía ser apuesto, ya que la reina y sus damas rogaron por él hasta el extremo de que el rey dejó a merced de la reina el castigo. La esposa de Arturo le presentó una prueba que debía superar para librarse de la pena. Le encomendó averiguar qué cosa desean todas las mujeres casadas sin excepción, y le dio un año de plazo para ello.

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Da para mucho un año y las respuestas que encontró el caballero fueron muchas, que si la riqueza, que si la honra, que si los ricos vestidos y las joyas, que si el placer sexual, que si quedarse viudas… pero ninguna de ellas satisfacía al caballero por completo, y, desde luego, no ponían de acuerdo a las mujeres en que fuera la respuesta verdadera.

Cumplía el año y andaba de regreso hacia la Corte, cabizbajo y con pena porque sus pesquisas no habían resuelto la prueba. Encontró entonces una anciana, fea y arrugada, a la que en un gesto de desesperación lanzó la pregunta: “¿Qué es lo que desean las mujeres por encima de todas las cosas?” Y la vieja meditó un momento pero antes de contestar le exigió que en caso de dar la respuesta correcta el caballero habría de cumplir un deseo que ella le pidiera a su debido tiempo. El caballero aceptó.

Marcharon hacia la Corte y allí declaró ante todos los caballeros y todas las damas que “tener poder y mando sobre sus esposos es lo que más desean las mujeres de este mundo”. Y ni uno solo de los allí presentes encontró motivos para contradecir la afirmación. El caballero salvó su vida.

Pero hete aquí que la vieja exigió ante el tribunal que el caballero cumpliese la promesa que le había hecho, la promesa de que la otorgaría un deseo, y tal deseo no era otro que… el de que se casase con ella. El horror y la aflicción subieron al rostro del caballero, y, así que lo vio la fea vieja –que a lo que se aprecia era maga poderosa—le  propuso lo siguiente a modo de consuelo:  “podéis escoger en qué queréis que me transforme, o vieja y fea de por vida, y con ello conseguiréis mi lealtad, fidelidad y obediencia, o que me transforme en una hermosa joven, con lo que os exponéis a que vengan a buscarme de todos los rincones del reino y me vaya con cualquiera, quedando vos como un cornudo. Elegid.”

Temblaba el caballero solo de pensarlo. Tardó toda una mañana y al fin se decidió: “señora, decidid vos por mí”. Replicó la anciana: “así, ¿os entregáis a mi gobierno y dominio?”. Me entrego, dijo el caballero. La vieja le exigió un beso y fue recibirlo y transformarse en una bella joven de numerosos encantos.

La moraleja aparece ante nuestros ojos clara: sólo si te sometes a la mujer podrás obtener lo bueno que ella atesora.

Me falta sólo agregar algunos de los grandes escritores que han dado las tierras de Irlanda: Jonathan Swift; Geoffey Keating; Oliver Goldsmith; Thomas Moore; George Bernand Show; Oscar Wilde; James Joyce; Samuel Beckett y W. B. Yeats.

 

 

 

 

[1] He de señalar, con cierta sorna, que en Teruel ha cobrado esta historia tal renombre que es motivo de festejos y de atracción turística, en los que, pícaramente, se niega toda referencia al autor queriendo hacer creer que se trata de una leyenda local o que, incluso, los protagonistas existieron como tales alguna vez. Tienen sus estatuas, sus mausoleos y sus calles dedicadas, y las gentes que acuden al lugar tienen por seguro que existieron.

[2] Arturo no es un personaje de la Edad Media inventado; su nombre aparece ya en el poema Y Goddolin, escrito en galés alrededor del 600 por un bardo. En el siglo VI el historiador britano Gildas reconoce a Arturo como rey de los celtas britanos. En la obra Historia Brittonum, otro historiador habla de los enfrentamientos del rey Arturo con los invasores anglosajones. Aún otros manuscritos hablan de la batalla de Camlann, en la que murieron Arturo y Mordred, así que no cabe dudar de las raíces celtas del Ciclo de Arturo, aunque las historias vieran la luz a partir del siglo XII.

 

Literaturas celtas

Literaturas celtas

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Allá donde miremos, sobre todo si es cine o música o novela, es fácil que podamos descubrir lejanas o cercanas influencias celtas. El espíritu mágico del mundo celta es reconocible en Harry Potter; el espíritu guerrero que les animaba se trasluce en El Señor de los Anillos de Tolkien, y en Conan el Bárbaro; en Astérix y Obélix vislumbramos algunas de sus costumbres. Además, la música celta está de rabiosa actualidad: ahí se halla, destacando entre otros muchos autores, la figura de Enya. El oscuro mundo celta, con su atmósfera de magia y misterio, nos atrae con intensidad. De forma breve, de todo ello quiero hoy hablar, aunque en la literatura ponga el mayor énfasis.

El que, en contra de mis costumbres, me asome hoy al mundo de la literatura, y con mayor particularidad a la literatura de origen celta, se debe al flechazo que me ha producido un antiguo poema irlandés –en su versión inglesa—que luego expondré. Pero antes, para entrar en materia, hablaré de los celtas, de su idiosincrasia como pueblo y de sus vicisitudes.

Los llamados Celtas fueron pueblos de origen indoeuropeo que se extendieron hasta el siglo IV (a.C.) por un área de dos millones de kilómetros cuadrados que abarcaban el centro de Europa, oeste de la Península Ibérica, Francia, Reino Unido, Irlanda, y una buena parte de la actual Turquía, la interior.

Conocemos algunos rasgos característicos suyos. Por ejemplo, que eran amantes de practicar opíparos festines que duraban varios días. Que su gran pasión era la guerra y que los alardes guerreros estaban a la orden del día; que creían en una vida después de la muerte en la que seguirían guerreando (por tal razón, su desmedido valor, que los historiadores romanos tildaban de desprecio por sus vidas). Sabemos que creían fervorosamente en la magia de los conjuros, de los brebajes y de los hechizos, y en el fácil tránsito desde el Más Allá a esta vida. Que moraban en los bosques rodeados de empalizadas para protegerse de los enemigos. Que practicaban sacrificios humanos y que nunca construyeron ciudades ni imperios. Sabemos del poder de los druidas, del tipo de roble donde cada sexto día de la luna cortaba con hoz dorada el muérdago que utilizaba en rituales, conjuros, medicinas y antídotos de venenos. Sabemos de las periódicas ceremonias de los druidas en el claro de los bosques…pero…

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A mi entender, en el mundo celta se produce un hecho diferencial en relación a otros pueblos y a otras culturas; un hecho que será, por un lado,  el causante del escaso conocimiento que tenemos de su historia y de sus vidas, pero que, también, tendrá vital influencia en su rica literatura. Ese hecho es el no poseer escritura y el, consiguientemente,  haber tenido que depositar los acontecimientos y saberes de la tribu en la memoria de los bardos y los druidas. Los druidas eran los encargados de aprender y memorizar la historia, las leyes y los conocimientos de la tribu, de ahí el gran poder que poseyeron. Los bardos eran los poetas de las cortes celtas, sobre todo en Irlanda, y portaban con ellos todas las historias, mitos, leyendas y fantasías del mundo celta.

Los bardos tenían necesidad de deslumbrar a la noble audiencia de los palacios, y eso fomentó en los ellos una gran capacidad para transformar la narración en rica y cambiante fantasía mitológica. De esa necesidad de subyugar al oyente surge el embrión de la maravillosa literatura celta. Y entonces, cuando ya el mundo celta sólo pervivía en Irlanda, ocurre otro hecho crucial por el que conocemos la literatura celta irlandesa y por el que ha pervivido con gran vitalidad hasta nuestros días: es el hecho de que muchos bardos se convirtieron en monjes y habitaron los dispersos monasterios de Irlanda cuando el cristianismo, durante los siglos V y VI,  echó sus raíces allí.

Los grandes focos de la literatura que ha llegado hasta nuestros días: Gales, Escocia, pero, sobre todo, Irlanda y la Bretaña francesa. El porqué esas regiones sí y el porqué otras regiones no nos han trasmitido su saber, se entiende atendiendo a razones de conquista. Cuando en el 142 d.C. la muralla de Adriano terminó de construirse, lo que hoy es Inglaterra quedó sometida, aunque no así Escocia, al norte de la muralla. Durante los siglos V y VI los anglos, los jutos y los sajones, pueblos germánicos, conquistaron la Gran Bretaña pero se asentaron principalmente en su lado este, manteniéndose en Escocia, Cornualles y Gales la población celta y su cultura. Irlanda no sufrió la ocupación romana ni la anglosajona. Arribaron a sus costas los vikingos y posteriormente (1171) de los normandos (asentados ya en Inglaterra), pero apenas ejercieron poder cultural sobre la isla. Sin embargo, entre el siglo V y el VI Irlanda, con San Patricio a su cabeza, se cristianizó. Pero fue un cristianismo peculiar que se adaptó al mundo celta y plasmó su singularidad en monasterios que irradiaron a toda Europa, donde los monjes –muchos de ellos antiguos bardos—vertieron al latín las ancestrales narraciones y los conocimientos de los celtas irlandeses. Y no solo al latín, sino que, utilizando el alfabeto latino como vehículo, dieron forma escrita a la lengua gaélica de Irlanda.

El Ciclo del Ulster, puramente irlandés, y el Ciclo Ossiánico, donde irlandeses y escoceses son protagonistas, son dos de los grandes relatos del mundo celta clásico que fueron rescatados por la escritura gaélica. En el Ciclo del Ulster se relatan las aventuras guerreras de los héroes mitológicos irlandeses, sobresaliendo la figura de su campeón, Cúchulainn. El Ciclo Ossiánico está compuesto por poemas que relatan las hazañas del guerrero Finn, siendo el hijo de éste, Ossian, el narrador.

El porqué de otro foco en la Bretaña francesa requiere otra explicación. La romanización de la Galia por parte de Julio César llevó a muchos galos a refugiarse en las Islas Británicas. Una vez llegados los conquistadores romanos a estas islas, la cultura, las costumbres y las instituciones celtas se mantuvieron en buena medida inalteradas, entre ellas el druidismo. Pero con la retirada de los romanos y la llegada de los pueblos germánicos nombrados, el saqueo del mundo celta en la Britania se hace sistemático. Los britanos que pueden se refugian en las tierras altas de Escocia, en el escarpado Gales, o huyen hacia la antigua Armórica, la Bretaña francesa, cuna desde la que muchos de sus ancestros habían salido siglos atrás.

Los grandes y tardíos relatos que surgen de la Bretaña francesa reciben el nombre de Ciclo de Arturo: el rey Arturo, Merlín, Morgana, la Tabla Redonda, el Santo Grial, Percival, Lancerot… son figuras del paganismo celta embadurnadas de cristianismo, que significaron el nacimiento de la novela en Europa, y que constituyeron todo un fenómeno en la Europa Medieval.

Aquí pongo un punto en el escrito, por razones de longitud, para continuarlo en la siguiente entrada. Ahora quiero mostrar el hermosísimo poema,  Donal Og,  causante de mi ánimo para emprender esta narración

Torpe y pobremente he traducido,  de una traducción del gaélico al inglés realizada por Lady Augusta Gregory, lo que sigue:

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Donald Og- Anónimo irlandés del siglo VIII

 

Cercana a fenecer ayer la noche el perro hablaba de ti;

el ave agachadiza hablaba de ti desde lo hondo de su marisma.

Que eres tú el pájaro solitario que cruza los bosques,

y que estarás sin pareja hasta que llegues a mí.

 

Me hiciste una promesa y me mentiste,

que te hallaría donde el ganado se junta;

te lancé un silbido y trescientos gritos,

y allí sólo hallé un cordero que balaba.

 

Me prometiste algo que te era caro de dar,

un velero de oro bajo un mástil de plata;

doce ciudades con un mercado en cada cual,

y un hermoso patio blanco al lado del mar.

 

Me prometiste algo imposible,

que me darías unos guantes de piel de pez,

que me darías zapatos de piel de pájaro,

y un traje de la más apreciada seda de Irlanda.

 

¡Cuando llego al Pozo de la Soledad,

y sentada recorro lo que me turba;

cuando miro el mundo y no veo a mi amado,

el de cabellos con tonos de ámbar!

 

Fue aquel domingo en que te di mi querer;

el domingo anterior al de Pascua

yo arrodillada leyendo la Pasión;

y mis ojos lanzándote amor eterno.

 

Mi madre me dijo que no hable contigo hoy,

ni mañana ni el domingo;

escogió mal momento para decírmelo:

cerraba la puerta  después de que hubieran robado en la casa.

 

Está mi corazón tan negro como la negrura del endrino,

o como el negro carbón de la fragua del herrero,

o como la huella de una pisada en los salones blancos;

fuiste tú quien puso esa oscuridad en mi vida.

 

Me has arrebatado el Este y el Oeste;

te has llevado lo que estaba frente a mí y tras de mí;

te has llevado la Luna y me has arrebatado el Sol;

y mi gran temor es que me hayas quitado a Dios.

Donal Og
It is late last night the dog was speaking of you;
the snipe was speaking of you in her deep marsh.
It is you are the lonely bird through the woods;
and that you may be without a mate until you find me.

You promised me, and you said a lie to me,
that you would be before me where the sheep are flocked;
I gave a whistle and three hundred cries to you,
and I found nothing there but a bleating lamb.

You promised me a thing that was hard for you,
a ship of gold under a silver mast;
twelve towns with a market in all of them,
and a fine white court by the side of the sea.

You promised me a thing that is not possible,
that you would give me gloves of the skin of a fish;
that you would give me shoes of the skin of a bird;
and a suit of the dearest silk in Ireland.

When I go by myself to the Well of Loneliness,
I sit down and I go through my trouble;
when I see the world and do not see my boy,
he that has an amber shade in his hair.

It was on that Sunday I gave my love to you;
the Sunday that is last before Easter Sunday
and myself on my knees reading the Passion;
and my two eyes giving love to you for ever.

My mother has said to me not to be talking with you today,
or tomorrow, or on the Sunday;
it was a bad time she took for telling me that;
it was shutting the door after the house was robbed.

My heart is as black as the blackness of the sloe,
or as the black coal that is on the smith’s forge;
or as the sole of a shoe left in white halls;
it was you put that darkness over my life.

You have taken the east from me, you have taken the west from me;
you have taken what is before me and what is behind me;
you have taken the moon, you have taken the sun from me;
and my fear is great that you have taken God from me!

 

 

 

 

Reflejos de luz entre las sombras

Borges

El patriarca Abraham rogó al dios de los judíos, Yahvé, que perdonara a Sodoma si se encontraban en ella diez hombres justos. Sodoma pereció. A Jorge Luis Borges, uno de los pocos hombres de mérito por los que la humanidad debería salvarse, le negaron el Premio Nobel y fue atacado por jaurías de lobos babeando odio e ignorancia.

Los premios Nobel no son ajenos a la perversión política, singularmente en lo que se refiere a los de la Paz y la Literatura. Kessinger, Ho Chi Minh y Obama, tres de los galardonados, más se distinguieron por las guerras que desencadenaron que por la paz que supuestamente lograron. En lo literario, el que le dieran el premio a Bob Dylan en 2016 y que solo unos pocos de los grandes lo hayan recibido en el siglo XX, da idea de lo dicho.

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La verdadera realidad del mundo es que todo movimiento se rige por intereses: individuales, colectivos, económicos, ideológicos, sociales o territoriales. Todo son intereses. Esa sombra de nuestra animalidad básica que es el egoísmo, como antaño sucedía con la peste, se cobija en los rincones de cada casa. Las máscaras humanas nacieron con la pretensión de ocultar este hecho y mitigar su fuerza destructora. Pero las máscaras, como el anillo de Gollum, se incrusta en las carnes y sus sombras se introducen en el corazón de las gentes. La máscara de la paz que lució Obama ha incendiado Oriente Medio y he hecho germinar odios gigantescos y víctimas sin cuento. La máscara del altruismo la usan tanto las gentes de alto copete para tapar sus vergüenzas como el buscador de aventuras y sueldo como el compasivo. Luces y sombras.

En los mejores sentimientos anidan las víboras más venenosas. El amor a los animales, si franquea sus límites, suele convertirse en odio a la humanidad. Ha habido toda una orquestación mundial para erradicar la rudeza de los hombres, para sensibilizarlo hasta el extremo de hacerle sentir la muerte de una medusa. Se ha legislado, se han otorgado derechos, se han levantado altares al amor a los animales, y, como consecuencia, se sustituyen niños por mascotas y se evita la relación humana, incluso se detesta.

De manera paradójica, por supuesto amor a los animales se nos pide que mutilemos nuestra animalidad. Esa que reclama venganza y crueldad frente al enemigo. Pero la animalidad reprimida se vuelve contra uno mismo y contra lo humano en general. Que nadie se lleve a engaño, Caperucita y el lobo son la misma cosa, forman parte del mismo individuo, así que suele ser habitual que quienes más se visten de piadosos sean quienes más odian.

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La visión del mundo, las verdades, los valores, han seguido a lo largo de la historia un movimiento pendular, pero éste, hoy en día, se ha vuelto errático. Después de periodos de calma arrecian tempestades, después de periodos de razón, el absurdo reclama su imperio. A la lacra de la corrupción política le sigue ahora una moral populista que pretende acabar con las libertades políticas. El populismo se ha encarnado de nuevo.

Si las revueltas del 68 fueron ilusionantes, las secuelas que dejaron fueron espantosas. La incongruencia y el absurdo revolucionario fueron tan mayúsculos que, desde una Europa de libertades y riquezas, una buena parte de la juventud y de la intelectualidad, los autodenominados progresistas, reivindicaban la Unión Soviética y lucharan para imponer mediante el terror y la revolución ese modelo en sus países. Recordemos…, la Unión Soviética, mísera y abyecta prisión. Toda la ideología que les animaba eran simples mantras que repetían incansablemente: “Prohibido prohibir”, “el poder nace del cañón del fusil”, “no hay inocentes”, “toda propiedad es un robo”…, y con esas banderas se lanzaron al terrorismo. Hoy, con mantras similares, “Memoria histórica”, “violencia de género”, “derecha corrupta”, el nuevo progresismo reivindica Cuba y Venezuela, en donde la opresión y la miseria han establecido su territorio. Absurdos imitando a absurdos. Otros mantras, aun cargados con más odio, se repiten hasta la saciedad en Cataluña contra España. Sombras sobre sombras.

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 Nos aseguran estos adalides del resentimiento que cualquier conducta y actitud es válida –si no contradice a la que ellos proclaman. Hoy se proclama que el delincuente y el héroe valen lo mismo.

El ansia de notoriedad y la legión de descerebrados que creen valer en cualquier asunto lo mismo que vale el más excelso, dominan hoy el panorama social. La excelencia, el rango, el poseer criterio, la habilidad, la presteza, los méritos, son  perseguidos por las masas del resentimiento con la intención de erradicarlos. Hoy domina una moral de jóvenes, subversiva y banal.

Ser joven y ser contestatario, e incluso sentirse revolucionario, proporciona sensaciones agradables, una cierta experiencia he tenido al respecto, pero esas actitudes no deben de pasar del conato, pues a la gente joven le sobra vitalidad y le falta entendimiento. Tanto es así que entienden la democracia como el derecho a tener todo sin esforzarse en nada.

Así que el individuo de valía se evade de la masa y camina solo o en la mera compañía de los pocos que le son afines. Borges fue uno de esos hombres santos cuya mera existencia redime al mundo de su banalidad. Los masticadores de odio lo vilipendiaron con saña. El sayón por el que hoy los argentinos se embarcan aún en cruzadas, el que sacrificó todo por el poder, Perón, con el fin de producirle escarnio, le nombró inspector de aves. Pero el escarnio que quería infligir recayó sobre él mismo para toda la eternidad.

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Maculados por la política los prohombres de la Academia Sueca le negaron el Premio Nobel a Borges como hoy en día se lo niegan a Philip Roth y se lo entregan al díscolo Dylan (aunque confieso que su Knocking on Heaven’s door arranca notas de sublime emoción en mi espíritu). Ahora me viene a cuento, perdón por la interrupción, que dos de las más hermosas canciones que se han escrito en el siglo XX, la recién nombrada de Dylan y el Hallelujah de Leonard Cohen, pronuncian palabras sacras, como si en lo arquetípico cifráramos nuestras creaciones más excelsas. Más luces para disipar las sombras. Tal vez Borges y las dos canciones nombradas presenten valía suficiente para que un indefinido y omnipotente señor del Universo considere que la humanidad subsista. En cualquier caso, existen infinidad de otras luces que nos redimen de lo banal y perverso de nuestro existir y actuar. Ahí está la luz de la amistad, la de los bellos relatos, la del romanticismo, la del conocimiento, la de la alegría y del respeto, tratando de iluminar las sombras del odio y del absurdo.

 

EL SUR

jolgorio

Acabo de regresar del Sur, que no es solo una mera referencia geográfica, sino también un modo de vida en el que las celebraciones y los ritos contienen aún reminiscencias festivas de antiguas deidades agrícolas. Me propongo añadir unas palabras sobre ello.

Para nuestro gozo existen dos bellísimas obras ―literaria la una, cinematográfica la otra―tituladas El Sur. Un cuento de Borges recogido en Ficciones es una de ellas. El cuento es extraordinario por razones que solo esbozo, ya que no es tal ahora mi propósito, pero sí señalo que quien lo lee sin llegar a su meollo se sorprende de que Borges lo considerara su mejor relato («De El Sur, que es acaso mi mejor cuento, básteme prevenir que es posible leerlo como directa narración de hechos novelescos y también de otro modo», nos dice Borges en una posdata de 1956 al prólogo de 1944).

Si se recorren detenidamente los vericuetos de El Sur y se profundiza en Borges, la tal sorpresa abre paso al asombro y a la admiración. He aquí mi esbozo: En El Sur se halla cifrado Borges; todo Borges: su vida, sus anhelos…, y en la obra se encuentra también todo el museo de sus espejos, tigres y laberintos, eso sí, laberínticamente encriptados.

Pero me interesa aquí el significado del viaje que en el relato realiza Borges con destino al Sur. En el relato, Dahlmann, presunto de Borges, viaja al sur o, mejor dicho,  sueña que viaja al sur, y allí el asustadizo y culto bibliotecario participa en una pelea a cuchillo. Se trata precisamente de una odisea onírica en busca de satisfacer sus ansias de criollismo, las ansias guerreras de su otro linaje, no del culto; sus ansias de dar rienda suelta al yo de los anhelos de Borges,  sus ansias festivas, de gaucho, de instinto. El Sur es para Borges todo eso.

El otro El Sur es la película de Víctor Erice que lleva tal nombre. Tengo para mí que es el más bello film que se ha realizado jamás en España. Agustín Arenas, dedicado a la medicina, vive con su esposa y con su hija en una ciudad norteña añorando  del sur un antiguo amor. En la novela de Adelaida García Morales en que está basado el film aparece también el fruto de ese amor, un hijo cuya existencia él ignora que vive con su madre en el Sur. En fin, la tal añoranza lo mata. Agustín Arenas no se atreve a abandonar el frío norte de su familia y de sus relaciones matrimoniales; no se atreve a emprender la odisea hacia el sur, así que se suicida.

El Sur no es una mera referencia geográfica, sino también una llamada de lo instintivo, un grito del gozo fuera de formalismos; es el canto de las sirenas de la carne que incitan a la odisea. Borges y Agustín Arenas se hallan atrapados en el frío norte, en lo formal, en lo culto, en el sosiego del trabajo sin albricias, mientras que el espíritu de la carne les exige la algarada, les demanda el gozo del Sur. Borges quiere creer que satisface esa llamada empleando el ardid de un sueño; el protagonista de Víctor Erice evita los cantos de sirena del Sur mediante el suicidio. El Sur siempre nos grita contra la civilización tratando de hacernos retornar a lo primitivo. En la mente de cada cual palpita la elección: hacer oídos sordos a los cantos de sirena y aferrarse al frío mástil del navío que recorre los ámbitos del norte, o  sucumbir a la tentación y emprender el viaje hacia los templados territorios sureños.

Las fábulas clásicas y la política

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La gallina de los huevos de oro. Esopo. Samaniego. La Fontaine

Cuentan que un hombre tenía una gallina que ponía huevos de oro, pero el brillo de la riqueza le acrecentó su ambición hasta el extremo de imaginar que se haría rico matándola y extrayendo la gran cantidad de huevos que debía albergar en sus entrañas. Así lo hizo y perdió la riqueza que obtenía con cada huevo.

Como muy pocas fábulas logran, ésta muestra lo inquietante de la falta de cordura humana; muestra lo ilusorio de nuestras ideas; muestra lo trágico y descerebrado de nuestro proceder.

Conozco profesores universitarios, investigadores científicos con capacidad demostrada, conozco individuos que en sus labores emplean razonamientos apabullantes, conozco sujetos con una inteligencia fría como el hielo…, y, sin embargo, resulta fácil encontrar entre ellos a muchos ciegos de ambición y deseo que pretenden matar a la gallina de los huevos de oro. Incluso me atrevería a decir que son mayoritarios los que albergan dicho propósito.

En un blog de contrastada calidad intelectiva y literaria, no hace mucho apareció una propuesta que fue de forma entusiasta aceptada y alabada por los diversos comentaristas: “Si se repartieran las riquezas del país entre todos los españoles, todos seríamos ricos y dichosos”. Otro de los contertulios, no contento, propuso repartir la riqueza de Amancio Ortega (el dueño de Inditex, uno de los dos o tres hombres más ricos del mundo) entre los empleados.

Y lo dicho provenía de gente con capacidad intelectual demostrada ―aunque con experiencia escasa―pero, claramente, con una absoluta falta de previsión lógica para el futuro. Ignoran lo que es factible y colocan en su lugar lo deseable. Con desearlo ya vale, se cumplirá, piensan. De nada les sirve saber que las experiencias cooperativistas han fracasado en España una tras otra; de nada les sirve saber que en todo lugar en donde se implantó el igualitarismo o se estuvo en ciernes de ello, la cosa concluyó en desastre; de nada les sirve saber que Amancio Ortega salió de la nada y con sus capacidades y su esfuerzo ha conseguido crear decenas de miles de puestos de trabajo… De nada les vale saber todo eso porque el deseo de destripar a la gallina y repartirse sus huevos de oro les ciega. Cuando la maten y se la coman y encuentren que no tenía huevos de oro en sus entrañas y sobrevenga la miseria, se preguntarán ―tal como otros muchos hicieron en situaciones históricas parecidas―, y ahora qué hacemos.

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El alacrán y la rana. Esopo

Cuenta esta fábula que un alacrán le pide a una rana que le ayude a cruzar el río. La rana, ignorante, bondadosa –o  quizá con temor a negarse—, carga con el alacrán a sus espaldas. A mitad del trayecto el alacrán pica a la rana. ¿Por qué me picas y me matas a mí que te he ayudado?, dice la rana muriendo, a lo que el alacrán responde: no lo pude evitar, está en mi naturaleza.

¿Cuántas veces no ha picado el alacrán del nacionalismo catalán o vasco a las sucesivas ranas que han gobernado España?, ¡Y todavía no se han enterado éstas que picar está en su naturaleza! Desde la Transición democrática española los sucesivos gobiernos del PSOE y del PP han transigido con las constantes exigencias, insultos y desprecios que les han propinado los nacionalismos catalán y vasco, y han seguido inclinándose ante ellos. No saben, ignoran, son cortos de miras, o van a su simple interés inmediato, que en la naturaleza del nacionalismo está el hacerse la víctima y exigir siempre más de lo que se le ofrezca; que su esencia es, como la del alacrán, picar a quienes les ayudan a mantenerse a flote. En cuanto dejaran de picar, desaparecerían del mapa político, así que ninguna ayuda que se les ofrezca hará que dejen su aguijón tranquilo.

La respuesta nacionalista a las innumerables claudicaciones de los gobiernos centrales ha sido la de aumentar sus exigencias, su victimismo, su despilfarro, su saltarse las leyes del Estado, el aumento de sus mentiras y de su propaganda contra España. Ahora mismo, ante el envite separatista y su burla hacia las instituciones españolas, el gobierno del PP les regala cuatro mil millones de euros extras, les promete la construcción del Corredor Mediterráneo, y se hace garante de la inmensa deuda que han acumulado en robos y despilfarros. La próxima picadura será mortal, y la rana del gobierno central preguntará angustiada: ¿por qué me has picado si te he complacido en todo cuanto pides?

 

 

 

Los cuentos de siempre y las ideas políticas de ahora

Los antiguos cuentos de los hermanos Grimm o de Chistian Andersen o de Perrault que nos contaban de niños contenían todos ellos una sabia lección moral que enseñaba los valores por los que se deberían regir los comportamientos sociales. En nuestra sociedad globalizada, con la corrupción galopando entre los gobernantes, esos valores siguen siendo válidos, valga la redundancia, tan solo hay que darles el enfoque adecuado. Eso mismo pretendo al contar estos cuentos que espero sean de su agrado.

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Los tres cerditos. Anónimo.

Hubo una vez tres cerditos que decidieron hacerse una casa, pero como tenían distinto carácter no se pusieron de acuerdo y acabaron construyendo cada uno la suya. Uno de los cerditos era muy perezoso y no empleó mucho tiempo en hacerse una casa de paja. Otro cerdito –tampoco muy laborioso—la construyó con ramas. Solo el tercero, previsor, la construyó de ladrillo y cemento. No mucho después apareció un lobo hambriento que derribó de un soplido la casa de paja. El cerdito se refugió en la casa de ramas, pero el lobo sopló y sopló y acabó derribándola, así que los dos se refugiaron en la casa de ladrillo que había construido su laborioso hermano. Ésta no la pudo derribar el lobo, y los dos cerditos perezosos aprendieron la lección de que solo con el esfuerzo se consiguen la seguridad del mañana.

¿De qué tres cerditos hablamos? El cerdito que construyó su casa con la paja de la falta de laboriosidad y los engaños y estafas a Europa, fue Grecia, donde no resultaba extraño tener cincuenta chóferes para un solo coche oficial, todo con cargo a la Comunidad europea.

El cerdito que construyó su casa con ramas fue España. Las ramas de construir sin ton ni son edificios vacíos que propiciaban unas Cajas de Ahorros gobernadas por políticos, que regalaban a manos llenas y sin tino el dinero de todos los españoles.

Cuando el lobo de la crisis sopló, el cerdito Grecia fue derribado de un soplo y quedó en la miseria. En España también la casa se vino abajo. De las tres patas de la economía española, la construcción, el turismo y la fabricación de automóviles, la primera cayó y los españoles disminuimos nuestra riqueza en un tercio.

El cerdito que construyó su casa de ladrillo y cemento fue Alemania, que tuvo que sacrificarse durante muchos años para integrar a partir de 1990 a los alemanes de la antigua Alemania Democrática. Y no solo salió adelante sin la ayuda de Europa, sino que hoy es garante de su unidad y su riqueza. Pero no es muy seguro que los otros dos cerditos hayan aprendido la lección. La envidia hacia el laborioso es manifiesta en España y en Grecia, y en vez de aplicarse el cuento y tratar de edificar una casa más sólida, las voces que más se escuchan son las que piden que les regalen la casa.

los siete cabritos

El lobo y los siete cabritillos .Hermanos Grimm

¿Recordáis el cuento infantil? Un lobo hambriento se quiere comer a los siete cabritillos que una madre ha dejado en su casa al salir a hacer un recado. El lobo llama a la puerta y dice ser su madre, pero su voz ronca le delata, así que se la aclara con yemas de huevo y zumos de frutas e intenta de nuevo que le abran. El cabritillo más pequeño y más desconfiado le pide que enseñe la pata por debajo de la puerta para ver si se trata de su madre. La piel del lobo es negra y la de la madre de los cabritillos blanca, así que le vuelven a negar la entrada. Pero el lobo persiste, se tiñe con harina y ahora sí, entra y se come a los seis mayores.

La voz ronca le salía a Podemos a borbotones cuando alababa al régimen castrista y a Chávez y a Maduro, pero hizo gárgaras con promesas socialdemócratas y atacando la corrupción de los demás partidos y ofreciendo paraísos imposibles. Entonces volvió renovado aunque queriéndose comer de nuevo a la democracia y las libertades, pero le vieron su pata negra ―de hostigamiento a las libertades, de pretender acabar con la prensa privada, con la enseñanza privada, su pata negra de querer controlar las televisiones públicas y privadas, de nacionalizar los bancos, de apoyar a las dictaduras cubana y venezolana, de imponer un totalitarismo en España― por debajo de la puerta así que se retiró a remediarlo vistiéndose de demócratas y liberales y compasivos y buscadores del bien común, y ya con la pata blanca volvió… y le abrieron la puerta y se comió la democracia y las libertades y trajo a España la miseria de Venezuela y su régimen tiránico. ¿Seremos los españoles tan pasivos, indolentes e ignorantes que terminemos abriéndole la puerta?

En el cuento el cabrito más joven se esconde y así se libra de ser comido por el lobo. Junto a la madre raja la tripa del lobo y recobra a sus hermanos. El lobo muere al caer a un pozo por el peso de las piedras que han puesto en su estómago. Los hermanos Grimm acababan con bien los cuentos; en el cuento original todos los cabritillos eran engullidos. ¿Qué cuento nos tocará vivir a nosotros?

 el traje del emperador

El traje nuevo del emperador. Hans Chistian Andersen

Dos truhanes engañaron a un presuntuoso emperador diciéndole que podían fabricar un vestido que le haría invisible a los ojos de los necios. Fingieron ponerle una lujosa prenda, y de esa guisa, desnudo, se presentó el emperador a sus allegados. Estos, que estaban al tanto del asunto, aparentaron verlo ricamente vestido y lo alabaron sin cuento. Al poco, toda la ciudad había oído hablar de la burla del traje. El emperador queriendo lucir su prenda y descubrir los necios de su reino –aunque él mismo no veía el vestido y  no quiso reconocerlo porque le haría parecer un estúpido—, salió a desfilar ante el pueblo. Le alabaron sin cesar y le dieron vítores, hasta que la inocencia de un niño descubrió la farsa. Dijo el niño en voz alta: Pero si va desnudo. Y la gente perdió el recato y rió con ganas y burlas hasta decir basta.

El cuento, en esto que no hay discusión posible, le va como anillo al dedo al expresidente del gobierno de España Rodríguez Zapatero. Pero el mismo cuento se puede aplicar en muchas ramas del saber a muchos gentiles hombres en apariencia. En ningún ámbito se atreve la gente a decir las verdades. Se juegan con ello el condumio. Y también en cualquier ámbito se encuentran los necios que dedican su vida a tratar de ver el traje que no existe. En filosofía saben mucho de esto.