Borges nació hace 120 años

 

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A veces el destino juega a hacer carambolas. Tal deduzco de que en la fecha de hoy, 24 de agosto, sea el día de San Bartolomé, que es el patrón de tres poblaciones muy cercanas a mí: del pueblo donde nací, de otro pueblo donde pasé mi juventud, y del pueblo donde actualmente paso buena parte de mis horas. Además, el 24 de agosto es el aniversario del nacimiento de dos grandes amores míos: mi hija mayor, y Jorge Luis Borges. Otra carambola es más secreta. San Bartolomé fue un mártir cristiano al que desollaron vivo. En la Capilla Sixtina del Vaticano aparece pintado con la piel del brazo colgando; sobre la piel aparece el autorretrato de Miguel Ángel, el autor. También Borges trazó su autorretrato en El Sur. Miguel Ángel y Borges se autorretratan veladamente en su obra.

Para celebrar a Borges a los 120 años de su nacimiento, les dejo este enlace:

https://www.infobae.com/america/cultura-america/2019/08/23/el-coraje-de-borges-como-el-escritor-transformo-la-palabra-en-un-cuchillo/

 

Y también las siguientes entradas de este Blog, donde hablo de Borges, y a las que podrán acceder escribiendo el título sobre el botón “BUSCAR”, que podrá encontrar abajo a la derecha:

–Borges en el Sur

–Borges en su laberinto y otros relatos

–Borges y los sueños

–Lo psicológico en Borges. Emma Zunz

–La inmortalidad en busca y captura

–El Sur

BORGES EN EL SUR

 

Pretendo exponer  que Jorge Luis Borges –su simbología, sus miserias, sus anhelos—se halla encriptado en EL Sur, narración compilada en Ficciones. El argumento del relato parece simple por venir cifrado. Narra un accidente fortuito, un hombre atendido en un sanatorio y un sueño. El hombre es Borges aunque se llame Dahlmann, y el sueño delata quién es y qué anhela. Se sueña viajando al sur (El Sur), que es alegoría de su otra vida, la que  hubiera querido vivir.  En esa alegórica geografía deja de ser bibliotecario casi ciego para “empuñar con firmeza el cuchillo”.

Lo acompañan –encubiertos—sus ancestros, los fríos y cultos británicos y los apasionados y aguerridos latinos. Borges funde en ese abuelo de Dahlamann a sus abuelos. “Aquel Francisco Flores del 2 de infantería de línea, que murió en la frontera de Buenos Aires lanceado por los indios de Catriel…” es un compendio de su bisabuelo materno, Manuel Isidoro Suárez, que luchó a las órdenes de Simón Bolivar, de su abuelo Isidoro de Acevedo Laprida, que murió en 1829 a manos de gauchos federales, y de uno de sus abuelos paternos, el coronel Francisco Borges, que se lanzó a la muerte, desprotegido, en la batalla de La Verde. En su Ensayo autobiográfico, dice Borges que esa parte de su sangre podría explicar su anhelo de destino épico. Y por parte materna: “El hombre que desembarcó en 1871 en Buenos Aires se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de la iglesia evangélica”. Así empieza El Sur. Ese hombre no pretende ser otro que el padre de Fanny Haslam, la madre inglesa del padre de Borges, pastor metodista de Nortumbrianland.

También lo acompañan Las Mil y Una Noche, la casa Rosada, el gaucho, su Buenos Aires, el criollismo, los espejos, el juego con el tiempo y los lugares, “un enorme gato que se dejaba acariciar como una divinidad desdeñosa”, que hace las veces del tigre borgiano, y el laberinto.

El autor ofrece pistas con la intención de seguir el hilo de Ariadna en el laberinto argumental que ha construido. Dice: “De El Sur, que es acaso mi mejor cuento, básteme prevenir que es posible leerlo como directa narración de hechos novelescos y también de otro modo”. Considerar El Sur su mejor cuento requiere asumir que encierra otro propósito que le resulta a Borges muy preciado, requiere comprender que Borges nos invita a leerlo “de otro modo”. Para el futuro, señala también otros datos destinados a los posibles lectores de su autobiografía: el hombre que estuvo a punto de morir de septicemia en el sanatorio fue realmente Borges. Tal hecho ocurrió en febrero de 1939.  Y “En esos días, Dahlamann minuciosamente se odió; odió su identidad…”; Borges odió al bibliotecario municipal que él era. Entonces, queriendo escapar esa mísera realidad en que estaba sumido, quiere ser otro, sueña. Crea dos universos, el de la realidad de sus miserias y su falta de brío, y el atrayente universo de otra realidad inmersa en el sueño.

“Mañana me despertaré en la estancia, pensaba, y era como si a un tiempo fuera dos hombres: el que avanzaba por el día otoñal y por la geografía de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio… . Tal es el ancla que deja Borges para reconozcamos que comienza el sueño; un ancla coloreada con letras cursivas en el relato. El hombre real, el del sanatorio, y el hombre soñado, el que se dirige al sur. La estancia es su destino en El Sur. En tal sueño se producen los contrastes y amalgamas que caracterizan lo onírico: “las simetrías y los leves anacronismos”—como le gustaba señalar a Borges—, la carencia de lógica, la con-fusión de personajes, las figuras simbólicas, la manifestación de temores y de ocultos deseos… Dahlmann viaja en tren hasta una estación que le es desconocida; entra en una especie de taberna y cree reconocer al patrón; allí hay unos “muchachotes” que resultarán pendencieros; y hay un viejo gaucho que representa a todos los gauchos; y entonces hace aparecer con-fundidos el patrón de la taberna y el enfermero que lo cuida en el sanatorio. Claro es, ambos cumplen la misma función en el sueño la de velar por su seguridad. “Dahlmann, adentro, creyó reconocer al patrón, luego comprendió que lo había engañado su parecido con uno de los empleados del sanatorio”. Más adelante: “… ya estaba de pie cuando el patrón se le acercó y lo exhortó con voz alarmada: ―Señor Dahlmann, no les haga caso a estos mozos, que están medio alegres. Dahlmann no se extrañó de que el otro, ahora, lo conociera…”. Y poco después: “El patrón objetó con voz trémula que Dahlmann estaba desarmado”.  Entonces las circunstancias y el anhelo de ser “el otro Borges” desembocan en un duelo. Dahlamann-Borges sale a pelear a campo abierto con el pendenciero que le provocaba. Un suceso que tuvo lugar siendo  Borges  ya muy viejo y ciego evidencia ese anhelo suyo de destino épico. Daba una charla a estudiantes en la Universidad de Columbia cuando un muchacho portorriqueño le gritó hijo de puta. Borges golpeó el escritorio con su bastón y ―ya libre por los años del temor al oponente―desafió al estudiante a un duelo fuera del recinto.

El anhelo de destino épico, de usar “el acero”; ese anhelo  de criollismo, de gauchismo,  con tanto énfasis plasmó en El Martín Fierro y en Evaristo Carriego y en   Juan Muraña y  otros relatos; el anhelo que Borges atribuye a su linaje latino; se cumple en el sueño. El Borges bibliotecario, asustadizo, casi ciego, es soñado ahora cuchillero.

Si para Borges –siguiendo a Shakespeare—la materia de la realidad es la misma que la del sueño, el sueño es un desdoblamiento, es el reflejo onírico de otra realidad, aquella en que él es “el otro Borges”, una realidad ofuscada por su crianza inglesa: la realidad que pudo haber sido, que él tal vez hubiera querido.

Así que El Sur se halla cifrado en los reflejos del universo onírico y del universo del Borges real. De acuerdo con el pensamiento borgiano, se trata de dos sueños: uno es de un Hacedor que da vida a Borges soñándolo; el otro es del mismo Borges soñando a su “otro yo”. Pero tales sueños, tales reflejos, infieren dos espejos. Solo vemos los reflejos que producen, los dos Borges; por eso sabemos que están ahí. No podían faltar. Es uno de sus más conspicuos símbolos. El espejo imita la realidad.

Dios (he dado en pensar) pone un empeño
en toda esa inasible arquitectura
que edifica la luz con la tersura
del cristal y la sombra con el sueño.

Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso nos alarman.

Pero son dos espejos enfrentados: el que me trae quién soy y el que me dicta quién pude ser, mi doble. Sus antagónicos reflejos se hieren. Esas meras apariencias que propagan los espejos y los sueños no son distintas a la apariencia de la realidad. Como se nos dice en Las Ruinas Circulares, somos el producto de un sueño. Pero tales apariencias se ocultan tras la máscara del relato. Nos dice Borges: “Siempre sueño con laberintos o con espejos. …Mi otra pesadilla es la del espejo. No son distintas, ya que bastan dos espejos opuestos para construir un laberinto”. El Sur es una máscara; El Sur es un laberinto. Borges se retrata, enmascarado, en ese laberinto de reflejos de realidad y sueño.

Digámoslo ya:

 

El Sur es un laberinto formado por dos espejos enfrentados que cifran a Borges.

 

BELLEZA, MISERIA Y ADAGIOS

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Televisión

De la televisión nos seduce lo que tiene de social o gregario y que, no sintiendo la alteridad de quien allí aparece, no representa peligro. Pero, además, queda en suspenso el pensamiento propio –ese pensamiento que tanto malestar nos genera a veces— y el cerebro se pone en bypass. Entonces somos sugestionados, contaminados, abducidos, moldeados, convertidos en rebaño.

Música

Ciertos mecanismos mentales parecen resonar con el ritmo de la música, de tal manera que en ciertas situaciones y ante ciertos hechos, la música concita y pone el clima para que resuenen los apropiados sentimientos. La misma escritura no deja de ser un proceso musical.

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Creencias y grupo

Las convicciones personales acerca de un asunto social o político se niegan si no concuerdan con las del grupo que nos acoge y cobija. Nos adaptamos a las creencias grupales mediante la fuerza que ejercen sobre nosotros los afectos. El poder de convicción de un líder y el abrigo que recibimos de un grupo hace tambalear nuestras más sólidas verdades. Incluso, una idea sin argumentos puede fraguar en cimentada creencia por la simple verosimilitud que le proporciona el eco colectivo.

Belleza y evolución

La belleza es un ardid evolutivo para que el organismo reconozca lo que le es conveniente para un apareamiento productivo, esto es, para lograr eficacia biológica. Aunque bien es cierto que a ese ardid se superpone este otro: parte de nuestras preferencias en la materia sexual son correlativas a los primeros estímulos que recibimos.

Las Formas o Ideas de que hablaba Platón se corresponden con las diferentes categorías que mentalmente formamos de las cosas; pero estas categorías se establecen mediante la experiencia de lo real, a modo de promedio de lo que se experimenta. Así, la belleza ideal de un rostro coincide con el promedio de los rostros que hemos visto.

Si seguimos haciendo catas en los sustratos de lo bello, una mujer atractiva arrastra la mirada de los hombres como arrastra un torbellino la hojarasca.

Adagios

La vida es un asunto mortalmente serio.

La cuestión espinosa puede presentar tales arrecifes y tales ciénagas, que resulta muy fácil embarrancar argumentalmente en ellos.

El impulso sexual vertebra nuestra existencia tiránicamente.

Los resentimientos se agavillan mediante una creencia, y los símbolos se convierten en señas de identidad.

La aspiración por excelencia de los españoles de una gran parte de España es a tener cortijo, esto es, a actuar como un rentista, ¡o bien a ser funcionario!.

Profilaxis contra el deseo inalcanzable: ignóralo, evita que arraigue, desprécialo.

¡Qué impermeable resulta el oído para aquello que no se quiere escuchar!

¡Cuánto tiempo requirió la intelectualidad de Occidente para «sentir» la miseria que se escondía en el Este!

El clamor de la igualdad y el amor universal significa para el organismo: necesito que me amen y evitar que nadie se encuentre por encima de mí.

En cuanto al «amor universal», podemos añadir: basta que haya escasez, basta que dos deseen lo mismo, basta que surja disputa para que surja el odio y la crueldad y el enemigo. ¡Como si quisieran abolir la naturaleza humana por decreto!, ¡pronto encontrarán un chip para ello!

adagios

URSS

Violencia proletaria. Paraíso socialista. Tejido de opresión de media Europa urdido con el hilo del miedo y la aguja del comunismo. Miseria humana. Cárcel inmensa. Esclavitud ideológica. Oscurantismo, Gulags y ejecuciones en masa. El alcoholismo como remedio. La mentira como estandarte. Gran Hermano. La maldita y miserable intelectualidad francesa, española, italiana, portuguesa…, alabando con denuedo tal campo de concentración. Miserable Sartre, miserable Pasionaria, Carrillo, Foucault, Gramsci, Georg Lukács…El corazón de las tinieblas; la médula del terror: el comunismo en la URSS.

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BORGES en su laberinto y otros relatos

 

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Me he decidido a publicar el libro de relatos cortos a que alude la foto. Suelo escribir de temas  del Conocimiento pero a instancias de amigos, familiares y conocidos que alguna vez leyeron mis narraciones, he decidido publicarlas. Mi hija Mireia es la responsable de haberle dado  imagen y forma.

De morir y matar, de algunas formas de amar y de Borges, tratan los cuentos. Algo tienen estos de dos blogueros a quienes leo asiduamente: de Yack, que escribe  en el blog  http://tertuliafilosoficatoledo.blogspot.com/ , que los leyó y me presentó sabias sugerencias; y de Stella, que escribe en el blog https://apuntodecaramelo.com/ , de quien traté de imitar el preciosismo de su prosa –con escaso éxito—en uno de mis relatos, el más corto.

El primer relato, “Tánatos”, ya le estalla al lector en el ánimo. Algunos me aseguran que es muy profundo y hermoso, aunque terrible. “El Azacán y la Princesa”, está narrado al modo y en el mundo de Las Mil y Una Noches. El amor, la fabulosa Basora y el célebre Harún al-Rasid son algunos de sus protagonistas. Tengo para mí que el final resulta sumamente ingenioso. “Encuentro” es un corto relato que trata de añoranzas. En él sigo el bello hacer de Stella. “Compases de Tango” es una fábula de pendencia y malevaje. En una Argentina pretérita se ambienta. Fue mi primera narración. Quizás se precise un singular empeño para sacar todo su jugo a dos de los relatos del libro:  “La Daga y el Manuscrito”, que habla de lo esotérico y de los tiempos cíclicos, y que discurre en Toledo, que fue en tiempos un contubernio de culturas, razas y credos; y “Borges en su Laberinto”, que es a la vez un vertiginoso relato y un ensayo analítico sobre ese cuento de Borges, El Sur, del que dice “…que es acaso mi mejor cuento…” (No sé si existen ejemplos anteriores de esta argamasa literaria hecha de cuento y ensayo. Lo cierto es que he recibido muy agradables alabanzas por el resultado). “La Muerte y el Rito” habla de una anciana y de la muerte, y de todo un acompañamiento de figuras rurales castellanas. “La Valquiria” nos trae el aroma del amor carnal cuando se destapa su frasco. Mucho más tenebroso resulta “La Mirada del Asesino”, donde el temor, la soledad y la desesperanza hacen aflorar del alma su lado oscuro.

El título del libro: “Borges en su laberinto y otros relatos de amor y muerte”. Se vende en Amazon, tanto en formato Kindle para e-book como en formato papel. En España el precio no llega a 4 y a 8 euros respectivamente. Más adelante  aparecerá en algunas librerías.

https://amzn.to/2HSyDHu

No creo equivocarme si afirmo que los entendidos en Borges o sus simples lectores encontrarán gran deleite en el relato que da título a la obra.

Si algún lector tuviere la deferencia de comprarlo, me sería de agrado que,  bien en la tienda o en este blog, hiciera el pertinente comentario. En cualquier caso, si no está la compra en su propósito, les agradecería que lo divulgaran entre sus conocidos y allegados.

 

 LA INMORTALIDAD EN BUSCA Y CAPTURA

 

inmortalidad

Todo ser humano, si no se halla sometido a pertinaces penas y dolores que tuercen su voluntad, siente con vehemencia el deseo de vivir, de perdurar, de continuar existiendo por toda una eternidad, siente el deseo de ser inmortal. El deseo de inmortalidad es la mera manifestación en el plano de la conciencia de la labor que desarrolla cada célula de cada órgano de nuestro cuerpo por sobrevivir y reproducirse.

La primera gran obra literaria de que tenemos noticia se escribió sobre arcilla en Mesopotamia, la actual Irak, casi 5000 años atrás, se trata del poema de Gilgamesh. Gilgamesh es el rey de la ciudad-Estado de Uruk, y es mitad hombre y mitad Dios. Al morir su amigo Enkidu se siente aterrado por la idea de morir, así que, en adelante, su único afán consistirá en alcanzar la inmortalidad. En un heroico viaje iniciático hasta las tierras donde viven apartados Noé y su esposa, salvados por los dioses del diluvio, que les concedieron la inmortalidad, Gilgamesh supera pruebas increíbles, pero no la prueba a que le somete Noé. Se le niega la inmortalidad. Pero, no obstante, la mujer de Noé le indica el lugar donde se halla la planta de la juventud; y también en esta empresa falla, pues, en un descuido, una serpiente se la roba. Gilgamesh percibe entonces la inexorabilidad de la muerte

Otra gran obra de la época trata del fracaso de Inanna diosa del amor y la fecundidad en su intento de conquistar los infiernos, es decir, de abolir la muerte. En El descenso de Inanna a los infiernos, esta diosa de Erek, casada con el pastor Damuzi, decide descender a los infiernos para suplantar a su hermana y reinar también en el inframundo, pero es apresada antes de lograr su propósito, interrumpiéndose al momento la reproducción animal y vegetal en el mundo. Entonces los demás dioses liberan a Inanna, pero obligan a que su marido quede retenido en el averno seis meses de cada año. Durante ese periodo se detiene la reproducción; se trata de la dualidad cósmica vida/muerte esterilidad/fecundidad.

aquiles

Las religiones gestionan nuestra ansia de inmortalidad ofreciéndonos un salvoconducto para gozar de una vida eterna después de morir en esta vida en la Tierra. Lo ofrecen a cambio de cumplir con ciertas prescripciones que dicta su libro sagrado y que manejan en sus detalles los representantes respectivos de cada Dios en este mundo, los sacerdotes, hierofantes, ayatolas, imanes, o pastores de las distintos credos. En el cristianismo, islamismo, y en el mazdeísmo, existe un Cielo a dónde están destinados a pasar la eternidad los que en esta vida han seguido los preceptos religiosos. El más atrayente a los ojos es el Cielo musulmán, en donde  cada hombre recibe para su gozo 72 huríes de bello semblante, aunque también son muy deseables los oasis, las frutas y palmeras que regocijarán al elegido. Otras religiones premian o castigan el buen o mal comportamiento en esta vida con una reencarnación tras de la muerte; uno se puede reencarnar  en un prudente, sabio, rico, hombre o en un animal inmundo. O bien, otras aun, señalan un destino inmortal  en disgregarse en el polvo cósmico, pasando a formar parte del UNO. Especial  inmortalidad anhelaban los griegos: la gloria.  Aquiles era el héroe a imitar por aquel que anhelase gloria semejante. El Gran Alejandro dormía siempre con la Ilíada bajo la almohada pues era su afán emular a Aquiles en su gloria.

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Hoy en día la ciencia nos promete la inmortalidad en esta vida en un futuro no lejano. Se ensayan regeneraciones celulares de cada zona del cuerpo dañada o envejecida, reparaciones de órganos, sustitución de partes orgánicas por órganos biónicas, reparación de telómeros, trasplantes neuronales, implantación de chips en el cerebro con el fin de mejorar o reorganizar sistemas neuronales envejecidos; e incluso trasplantar nuestra conciencia y todos nuestros sistemas neuronales a un ordenador cuántico. En este caso, nuestro Yo y su ansia de inmortalidad –que sería, así, satisfecha—residirían  en esa máquina sapiente.

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Pienso que, tal como ocurre cuando se satisface un deseo, que aparece inmediatamente la desilusión, tras de conseguir ser inmortal aparecerían en el hombre penas y angustias incontables. Jorge Luis Borges, en el relato El Inmortal, hace llegar a un tribuno romano a la ciudad de los inmortales, aquellos hombres que ganaron gloria imperecedera; y allí descubre que la inmortalidad es una condena abominable, pues arrebata a la vida la pasión de cada acto. Los inmortales se dispersan por el mundo en busca de una pócima que les posibilite el morir.

Todo ello, todas estas epopeyas, todas estas religiones, todas esas investigaciones, todos los proyectos biónicos, robóticos, informáticos, que las gentes capaces llevan a cabo, se deben en última instancia a nuestro deseo de inmortalidad.

PARECERES Y ANÉCDOTAS

ensoñación

ENSOÑACIONES

La ensoñación consiste en liberar de ataduras a la imaginación para que ésta vuele en pos de ilusiones o de recuerdos gratificantes. De esa manera, imaginativamente, se enamora uno de una mujer, se pone en la piel de su héroe, o consuma una venganza. El proceso lo facilita la ausencia o el olvido de los problemas, la pereza y un cierto grado de modorra. Póngase en esa tesitura y enseguida comenzará la mente a emular satisfactorios procesos reales que activarán redes neuronales cargadas de neurotransmisores de placer. Lo malo del asunto es que la mente puede jugarnos la mala pasada de emular episodios terroríficos si los problemas de la vida real le acechan.

libertad

LIBERTAD

Ahora agradecen muchos ex fumadores que esté prohibido fumar, aunque pusieron el grito en el cielo cuando se implantó la prohibición. De igual modo pasarían algunos, después de un tiempo,  a bendecir la prohibición de cosas que nos producen daño –incluso el enamorarse, siempre que se recalque con intensidad suficiente lo pernicioso que es el desengaño amoroso–, y a la larga siempre habrá gente que agradecerán cualquier prohibición. Hasta el extremo de que cuando todo lo que nos produce satisfacción esté prohibido, habrá quien se sienta satisfecho. La seguridad sobre todo, dirán esos adoradores de la prohibición. ¿Qué hay de la libertad? Me temo que no es un plato del gusto de muchos. En muchos casos, quizás solo haya servido de bandera o de símbolo para sacar la rabia de dentro, y lo que se pretendía de verdad era acabar con  ella.

A SALVO

En mayor o menor medida, uno se encuentra a salvo si no le denuncia una mujer por acoso o no le denuncia un homosexual  por vejaciones o un africano por racista, o si no contraviene las leyes de lo políticamente correcto. Muchas espadas de Damocles penden sobre la cabeza del hombre heterosexual blanco. El tribunal de la Inquisición de lo políticamente correcto tiene mil ojos.

TOLERANCIA

Nos dice el filósofo Karl Popper que “En nombre de la tolerancia, tendríamos que reivindicar el derecho a no tolerar a los intolerantes”

APOCALIPSIS

Nos recuerda Stefan Zweing: “Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea”.

FANÁTICOS Y LOCOS

Los locos, los fanáticos, los lunáticos, los mentalmente enfermos, se convierten fácilmente en vanguardia de la intelectualidad. Me pregunto si no ha ocurrido siempre así. Si los Marcuse, Moisés, Lenin, Hitler… no han sido lo que fueron porque eran unos fanáticos locos. Si no han sido siempre los locos quienes han conducido la sociedad y han sido los cuerdos los conducidos.

ANÉCDOTAS POSMODERNISTAS

Uno de los signos identificativos de la izquierda podemita, hijos naturales del posmodernismo, es la prohibirse criticar cualquier civilización excepto la nuestra. Al respecto, Jean-François Revel, nos propone una anécdota de Allan Bloom. Plantea éste a un estudiante el siguiente problema de moral práctica: “Usted es administrador civil británico en la India hacia 1850 y se entera de que van a quemar viva a una viuda junto al cadáver de su marido difunto. ¿Qué hace usted?” Después de varios segundos de intensa perplejidad, el estudiante contesta: “Para empezar, los ingleses no tienen nada que hacer en la India”. De esa manera se evita condenar un crimen no occidental. Pero me parece a mí más sustanciosa la anécdota del filósofo Fernando Sabater. Planteó a sus alumnos la siguiente cuestión ética: “Un individuo regresa del trabajo a su casa y toma para ello un atajo solitario. En el trayecto lo atraca otro individuo. ¿Quién es moralmente responsable?” Tras de un pronunciado silencio, algunos alumnos esbozaron estas respuestas: “La culpa es del atracado por tomar un atajo que comportaba peligro”, “la culpa es del sistema social existente”, “los padres del ladrón son los responsables por la educación dada a su hijo”, “la culpa es de los genes del segundo individuo”, dijeron otros. En resumen, el ladrón no era culpable para ninguno de ellos.

APRENDICES DE FILÓSOFO

A muchos de los que estudian en facultades de filosofía les deslumbra el brillo de la oscuridad. Esas escuelas tal vez introduzcan virus en el cerebro del alumno al extremo de que perciban excelsas formas en movimiento en el interior de la oscuridad más absoluta.

Borges

BORGES Y LA FILOSOFÍA

En el relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, contenido en la obra Ficciones, de Jorge Luis Borges, éste imagina una secta que, de generación en generación, se empeña en describir un planeta, Tlön, ficticio en sus más mínimos detalles. Tengo la impresión de que Borges inventó tal irreal mundo como un medio para decir a los filósofos al uso lo que pensaba de su filosofía sin ser repudiado por ellos. Nos dice: “En Tlön, los metafísicos no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro. Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica.  … Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo (Bertrand Russell supone que el planeta ha sido creado hace unos pocos minutos provisto de una humanidad que ‘recuerda’ un pasado ilusorio).  Y continúa despachándose con la filosofía, lanzando teorías supuestamente inverosímiles o ridículas pero que se parecen extraordinariamente a algunas propuestas filosóficas muy celebradas.

 

Literaturas celtas II

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Nos encontramos en el reino de Cornualles, situado frente a las costas del reino de Irlanda.  Los dos reinos se encuentran enfrentados. El mundo que se describe es celta, aunque adaptado a las modas de la Edad Media, que es la edad en que la historia se publica.

Tristán ha perdido a sus padres y es acogido por su tío Marcos, rey de Cornualles. Muere la mujer del rey y los nobles le urgen a tomar una esposa.

A partir de ese momento hace su aparición lo fabuloso.  Unas golondrinas que revoloteaban por el balcón de palacio donde se hallaba el rey, dejan caer en su mano un reluciente cabello rubio. Marcos, tal vez queriendo evitar un nuevo matrimonio, alega que sólo aquella a quien el cabello pertenece será su esposa. Tristán toma para sí el reto de encontrarla. Marcha a Irlanda y mata al dragón que atemorizaba el reino. Como recompensa, el rey de Irlanda le entrega a su hija Isolda (o Iseo), a quien, sorprendentemente, pertenece el dorado cabello. Tristán la conduce a Cornualles para desposarla con su tío, el rey Marcos. Pero, durante el marítimo viaje nace el drama.

Por error, la doncella de Isolda les da a beber de un odre que contiene un elixir de amor. El bebedizo, destinado a calmar su sed de agua, hace surgir en ellos una atracción que nada ni nadie puede calmar. Sin embargo, en Tristán, al amor por Isolda se superpone el cariño y el respeto por su tío el rey, a quien ella está destinada. Trata de sortear el dilema huyendo a Bretaña, pero ni la distancia ni el tiempo logran mitigar la fuerza amorosa del elixir.

Muy enfermo, organiza un complot para traer a Isolda con él. Entonces surge la tragedia. Estando a punto de reunirse de nuevo, un engaño le hace creer que no la han podido traer o no ha sido su deseo venir, y allí mismo muere de pena. Al poco, llega Isolda a su encuentro y lo ve muerto. Se abraza a él y muere de dolor.

Tal es la trágica historia de Tristán e Isolda. William Shakespeare, en su Romeo y Julieta, dispone un desenlace trágico similar. En España, Juan Eugenio de Hartzenbush, en su obra, Los amantes de Teruel, copia ese mismo final[1].  Un poeta de la corte inglesa compuso El Tristán e Isolda en 1170, y unos pocos años más tarde otro poeta francés, Robert de Borón, la reescribió, pero parece claro que la historia hunde sus raíces en la literatura galesa de Cornualles y que ambos escritores bebieron de la misma fuente celta. La obra se incluye en el Ciclo de Arturo.

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En el siglo XII, el bretón Geoffrey de Monmouth escribe la Historia de los reyes de la Gran Bretaña, con la que irrumpe en Europa el rey Arturo y sus hazañas. Arturo, de linaje celta, después de luchar contra los romanos vuelve a las Islas británicas para derrotar a Mordred (tal vez su hijo) y morir él mismo en la isla de Avalón[2] en el 542 d. C. También habla el autor de Merlín, y menciona que se basa en un manuscrito celta no encontrado.

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Pero no solo está Arturo, hay otras muchas figuras artúricas, como el caballero Lancelot del Lago, que tuvo amores adúlteros con la reina Ginebra, y que se puede rastrear también en la literatura gaélica irlandesa, pues muy parecido argumento al que entraña su figura, aparece en la literatura del Ciclo Ossiánico. Y sobre todos ellos pervive Merlín.

De la vida de Merlín, Monmouth nos dice que nació de medios maléficos sobre una joven virgen que lo bautizó en el momento de nacer para arrancarlo de las garras del diablo.  Merlín vive en el bosque aunque ronda los palacios de los reyes y nobles. El rey Uther de Pendragón le pide ayuda para seducir a Igerne de Tintagel, esposa del duque de Cornualles. Merlín confiere mágicamente al rey la figura del esposo de Igerne: yacen, se unen, y conciben a Arturo. Merlín toma a Arturo a su cuidado y le protege con su poderosa magia, llena de prodigios. No debemos de olvidar que Merlín es un druida.

Pero el poderoso mago es seducido por la bella Morgana, hermana de Arturo y maga como Merlín. La ambiciosa Morgana pretende arrebatarle su magia y poder. Merlín, anciano, seducido, enamorado, parece consentir, pues inocentemente realiza un conjuro que ella le ha sugerido y que convierte en prisionero a quien lo realiza. Así que, atrapado en una jaula de amor acaban sus días.

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Existen otros muchos personajes del Ciclo de Arturo –personajes celtas que cantaban los antiguos bardos—, cristianizados siglos después por la pluma de Godofrey de Monmouth o de Chretien de Troyes.  Tenemos a Sir Gawain, un caballero britano de la Tabla Redonda que a las órdenes de Arturo se enfrentan a los anglosajones que invadían el país. Una de las historias en que aparece es moralmente aleccionadora. Se hallan los caballeros reunidos en Camelot cuando aparece un caballero vestido de verde que lanza el reto de dejarse cortar la cabeza a cambio de hacer él lo mismo, un año después, con quien se la corte. Gawain acepta el reto. De un golpe seco de espada rueda la cabeza por el suelo. El caballero verde la recoge y marcha con ella bajo el brazo. En sus peripecias Gawain recibe cobijo en un castillo de una dama que durante tres días intenta seducirlo. Gawain vence la tentación. Al cabo del año debe ofrecer su cabeza al hacha del Caballero Verde. Pero éste le hace un mero rasguño en el cuello porque sabe que ha resistido a los encantos de la dama del castillo, que era su propia esposa.

También tenemos a otro de los pertenecientes a la Tabla Redonda, al caballero galés Persifal, que se lanza en la búsqueda del Santo Grial, la copa  que supuestamente utilizó Jesucristo durante la última cena. Pero el Santo Grial continuaría siendo objeto de leyendas que la sitúan en el Monasterio de San Juan de la Peña, en Huesca, y más tarde en la Catedral de Valencia, y finalmente es objeto de la película Indiana Jones y la última cruzada.

Una de mis historias de raíz celta preferidas se halla en Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer, que escribió al finalizar el siglo XIV, y es El cuento de la comadre (o viuda) de Bath. Describe cómo en tiempos de Arturo un caballero que volvía de la caza robó la virtud de una doncella, y tanta la fue la indignación que causó tal hecho que Arturo lo condenó a muerte. Pero debía ser apuesto, ya que la reina y sus damas rogaron por él hasta el extremo de que el rey dejó a merced de la reina el castigo. La esposa de Arturo le presentó una prueba que debía superar para librarse de la pena. Le encomendó averiguar qué cosa desean todas las mujeres casadas sin excepción, y le dio un año de plazo para ello.

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Da para mucho un año y las respuestas que encontró el caballero fueron muchas, que si la riqueza, que si la honra, que si los ricos vestidos y las joyas, que si el placer sexual, que si quedarse viudas… pero ninguna de ellas satisfacía al caballero por completo, y, desde luego, no ponían de acuerdo a las mujeres en que fuera la respuesta verdadera.

Cumplía el año y andaba de regreso hacia la Corte, cabizbajo y con pena porque sus pesquisas no habían resuelto la prueba. Encontró entonces una anciana, fea y arrugada, a la que en un gesto de desesperación lanzó la pregunta: “¿Qué es lo que desean las mujeres por encima de todas las cosas?” Y la vieja meditó un momento pero antes de contestar le exigió que en caso de dar la respuesta correcta el caballero habría de cumplir un deseo que ella le pidiera a su debido tiempo. El caballero aceptó.

Marcharon hacia la Corte y allí declaró ante todos los caballeros y todas las damas que “tener poder y mando sobre sus esposos es lo que más desean las mujeres de este mundo”. Y ni uno solo de los allí presentes encontró motivos para contradecir la afirmación. El caballero salvó su vida.

Pero hete aquí que la vieja exigió ante el tribunal que el caballero cumpliese la promesa que le había hecho, la promesa de que la otorgaría un deseo, y tal deseo no era otro que… el de que se casase con ella. El horror y la aflicción subieron al rostro del caballero, y, así que lo vio la fea vieja –que a lo que se aprecia era maga poderosa—le  propuso lo siguiente a modo de consuelo:  “podéis escoger en qué queréis que me transforme, o vieja y fea de por vida, y con ello conseguiréis mi lealtad, fidelidad y obediencia, o que me transforme en una hermosa joven, con lo que os exponéis a que vengan a buscarme de todos los rincones del reino y me vaya con cualquiera, quedando vos como un cornudo. Elegid.”

Temblaba el caballero solo de pensarlo. Tardó toda una mañana y al fin se decidió: “señora, decidid vos por mí”. Replicó la anciana: “así, ¿os entregáis a mi gobierno y dominio?”. Me entrego, dijo el caballero. La vieja le exigió un beso y fue recibirlo y transformarse en una bella joven de numerosos encantos.

La moraleja aparece ante nuestros ojos clara: sólo si te sometes a la mujer podrás obtener lo bueno que ella atesora.

Me falta sólo agregar algunos de los grandes escritores que han dado las tierras de Irlanda: Jonathan Swift; Geoffey Keating; Oliver Goldsmith; Thomas Moore; George Bernand Show; Oscar Wilde; James Joyce; Samuel Beckett y W. B. Yeats.

 

 

 

 

[1] He de señalar, con cierta sorna, que en Teruel ha cobrado esta historia tal renombre que es motivo de festejos y de atracción turística, en los que, pícaramente, se niega toda referencia al autor queriendo hacer creer que se trata de una leyenda local o que, incluso, los protagonistas existieron como tales alguna vez. Tienen sus estatuas, sus mausoleos y sus calles dedicadas, y las gentes que acuden al lugar tienen por seguro que existieron.

[2] Arturo no es un personaje de la Edad Media inventado; su nombre aparece ya en el poema Y Goddolin, escrito en galés alrededor del 600 por un bardo. En el siglo VI el historiador britano Gildas reconoce a Arturo como rey de los celtas britanos. En la obra Historia Brittonum, otro historiador habla de los enfrentamientos del rey Arturo con los invasores anglosajones. Aún otros manuscritos hablan de la batalla de Camlann, en la que murieron Arturo y Mordred, así que no cabe dudar de las raíces celtas del Ciclo de Arturo, aunque las historias vieran la luz a partir del siglo XII.