La desinformación programada

 

pc5

Es archisabido que la información es la sangre que vivifica la democracia. Sin una información veraz y objetiva (no me detengo a analizar las condiciones y límites con que esos dos adjetivos pueden ser aplicados a una información), el peligro de la corrupción y del totalitarismo ronda amenazante sobre la sociedad. Es cierto que, como asevera Jean-François Revel en El conocimiento inútil, “La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira”. Pero si la mentira en la información puede ponerse al descubierto y, de manera consecuente, los así informados penalizan al medio informante (además de exigirle responsabilidades legales), la mentira tenderá a desaparecer de los medios. La mentira, sin embargo, tiende a institucionalizarse en los medios cuando los informados carecen de criterios y juicio para ponerla al descubierto. La pertenencia a un rebaño ideológico produce esa carencia dicha. Dice también Jean-François Revel que “La ideología funciona como una máquina para destruir la información”.

En nuestros días y aquí en España, estamos inmersos en un inmenso proceso de desinformación. No es sólo que recibamos una abrumadora cantidad de noticias que somos incapaces de digerir, sino que, deliberadamente, una parte de la información que recibimos, aquella de significado relevante para entender el mundo y los procesos que en él se dan, nos está siendo birlada, se está ocultando a nuestros ojos, se tergiversa, se mutila y se falsea hasta el extremo de que la sinceridad en la información se persigue hoy con saña tenebrosa. Hasta el extremo de que el proceso a Galileo los están sufriendo hoy en día todos aquellos que ocupando algún cargo oficial se atreven a pronunciar aquel Eppur si mueve, atribuido a Galileo, frente al poder del tribunal de Lo Políticamente Correcto.

pc2

Para quienes tienen ojos, resulta  una evidencia sangrante que esa parte dicha de la información que recibimos tan abundantemente tiene el claro propósito de que el ciudadano esté desinformado. Se trata, por lo tanto, de una desinformación programada.  ¿Qué intereses aparecen detrás de ese hecho? Uno de ellos es el político: cuanto menos sepa y entienda el ciudadano, en mayor medida se dejará guiar por los líderes políticos y delegará en ellos su criterio y su juicio. Al fin y al cabo, la información es poder sólo si la mayoría carecen de ella.

La desinformación se debe en buena medida al carácter sectario del periodismo. La prensa escrita tiene un seguimiento escaso de público en la actualidad, pero la televisión, que tiene legiones de seguidores, ha dejado de ser un medio de información para pasar a ser un medio de aleccionamiento ideológico. No es solo que se oculten las informaciones que no son del agrado político de un cierto canal, sino que las que se dan son de un solo color  ideológico, cuando no rotundas falsedades lanzadas con el ánimo de desorientar. Además, esas opiniones sectarias se presentan perversamente como si fuesen información objetiva.

Pero aún más grave  es emponzoñar la mente del televidente con noticias carentes de interés social pero que tras de su pregón continuado en los medios son asumidas por las gentes como asunto serio. Hace unos meses y durante casi dos semanas las imágenes de todos los canales de televisión a cualquier hora del día propagaban la noticia del vuelco de un camión que transportaba un elefante. La piedad, la compasión, la indignación de los televidentes fue explotada hasta la nausea. En las mismas fechas se produjeron elecciones en varios países del mundo; se firmaron acuerdos de comercio que afectan a muchos países, entre ellos el nuestro; prosiguió la guerra en Siria, de la cual ignoramos todo; una decena de refugiados argelinos secuestraron y violaron durante varios días a varias jóvenes, entre ellas una niña de catorce años… Ninguna de estas noticias apareció en canal alguno de la televisión.

La información televisiva se lanza para causar impacto emocional y no para despertar razones; para agarrar al televidente por los intestinos y secarle el cerebro. No se aportan razones de los hechos que se notifican, se mutilan sus causas y se hace reposar toda la información en imágenes impactantes que tergiversas o falsean el contenido informativo. La guerra en Siria puede  servir de ejemplo para recalcar todo lo dicho. En los noticiarios españoles no ha aparecido las causas que la originaron, ni los intereses que estaban en juego, ni explicación alguna de cómo de la nada y de la noche a la mañana apareció un gran ejército, bien armado, que se apoderó de extensos territorios de Siria e Iraq; ni tampoco del papel que han jugado Norteamérica, Reino Unido, Rusia, Arabia Saudí e Irán. En cambio, se emitieron muchos videos e imágenes falsas, pertenecientes a guerras habidas anteriormente, y muertos y heridos postizos, representando cinematográficamente una hecatombe que no había tenido lugar.

big brother2

Pero se está produciendo una desinformación programada con una intención mucho más perversa. Ha sido programada para imponer socialmente un modelo hegemónico de pensamiento, un sistema moral totalitario en provecho de unos cuantos grupos muy agresivos aunque miinoritarios. Dice Aldous Huxley en uno de sus prólogos a Un mundo feliz que “Los mayores triunfos de la propaganda se han logrado, no haciendo algo, sino impidiendo que algo se haga. Grande es la verdad, pero más grande todavía, desde el punto de vista práctico, es el silencio sobre la verdad”. Quien impone hoy el silencio sobre la verdad es ese imperio moral que constituye lo Políticamente Correcto, y al que todos los medios se subyugan y obedecen.

verdad

La efectividad de lo Políticamente Correcto se basa precisamente en ocultar la verdad; en tapar con un manto de bellos colores la verdad, en dejarla a oscuras. Con lo políticamente correcto se trata de conseguir gentes dóciles a unos dictados, y eso se consigue más y mejor impidiendo la libertad de palabra que aleccionando, aunque ambas estrategias se combinan muy productivamente al fin deseado. ¿Qué estrategias emplea para ello?: Una: impedir por todos los medios a su alcance (medios de comunicación, leyes, reprobación social…) que se contradiga o se cuestione su “verdad”; dos: revestir esa “verdad” de sentimentalidad y de valores de bondad, altruismo, compasión…, con la finalidad de que lo defendido por lo políticamente correcto sea elevado al rango de moral, de inobjetable, nueva y grandiosa moral que señala el Bien y el Mal, los buenos y los malos.

  • Está prohibido publicar ciertos datos estadísticos acerca de grupos como pueden ser los gitanos, musulmanes afincados en España, inmigrantes en general… (en cuanto a paro, en cuanto a qué proporción de ellos trabaja, en cuanto a la protección social que reciben, en cuanto a su participación en actos delictivos…)
  • Oculta que los supuestos destinatarios de la supuesta acción altruista de muchas ONGs apenas reciben migajas, y que, sin embargo, la gran mayoría de los fondos se emplean en salarios que reciben los supuestos altruistas, de forma que algunas ONGs se han convertido en lucrativo negocio de colocación.
  • Se discrimina positivamente en leyes y ayudas sociales a emigrantes, mujeres, homosexuales y etnias minoritarias.
  • Se legisla para educar a los niños en la moral que propugna la corrección política, en detrimento de la potestad de los padres al respecto.
  • Se falsean las conclusiones que presentan los datos estadísticos sobre riqueza de la población española: “un tercio de la población española en riesgo de exclusión social”…
  • Se tapa que muchos emigrantes musulmanes poseen varias mujeres.
  • Se oculta que la pretendida convivencia en la Multiculturalidad es un fiasco.
  • Se pone un tupido velo al hecho de la semiesclavitud en que se encuentra la mujer musulmana.
  • Se oculta que en el ADN del musulmán no está la democracia ni las libertades ni los derechos, sino la sumisión a Alá, y que tal es el propósito que anima a la gran mayoría de musulmanes, imponer la Sariath en España.
  • Sobre la inmigración, los animales, el feminismo, el medio ambiente, se presenta la información sesgada, lastimera, sentimentalizada…
  • Maniqueamente, se divide la sociedad en buenos y malos de acuerdo a si actúan o no de acuerdo a lo políticamente correcto. En el segundo caso se les persigue con saña.
  • Se oculta el número de asesinatos de pareja cometidos por mujeres.
  • No hay día que no se magnifique en los medios la violencia de género cometida por los hombres, ocultando que: más de 500 hombres se suicidan anualmente durante su proceso de divorcio; hasta 2005, en que se contabilizaban las denuncias falsas, se habían producido más de un millón de ellas, con el siguiente descalabro para los afectados; casi 4000 personas, la mayoría de ellas jóvenes, se suicidaron en el 2017; que la gran mayoría de los violadores y asesinos de su pareja son inmigrantes; que por poner en cuestión la llamada Ley de violencia de género muchos hombres y mujeres han sido obligados a abandonar sus cargos en la administración…

Los medios de comunicación social hacen de ojo del Gran Hermano que Orwell diseñó en su obra 1984, y son su “policía del pensamiento”. En esa novela, el Ministerio del Amor se encargaba de castigar y reeducar a los reticentes a admitir las grandes verdades del partido. Es la perversión del lenguaje, el neolenguaje, que decía Orwell. La Guerra es la Paz; la Libertad es la Esclavitud; La Ignorancia es la Fuerza. El imperio de lo políticamente correcto (dominado por el hembrismo y el igualitarismo radicales) también ha creado un ministerio similar que domina todos los medios de comunicación y que ataca con saña a todo discrepante, a la vez que entona bellas palabras de compasión, libertad e igualdad. La Paz es la Guerra: las leyes de igualdad de género son leyes de desigualdad en el acceso a cargos y en el trato de la ley. El mismo acto, si es ejercido por un hombre o es ejercido por una mujer, se penaliza o se alaba. El Ministerio de la Paz, que se encarga de atacar perseguir a la familia tradicional, a la religión católica, al hombre blanco heterosexual que no se incline y se someta a las exigencias y directrices del ministerio. Hoy en día en España, ajustarse a la biología para señalar que alguien es hombre o mujer, es un sacrilegio que puede acabar en juicio sumarísimo.

desinformacion2

Y recientemente se ha creado el Ministerio de la Verdad (la Comisión de la Verdad, la llama el PSOE oficialmente, encuadrada dentro de la Ley de Memoria Histórica), que se encarga de amoldar el pasado a la versión oficial dada por lo políticamente correcto. Ese Ministerio de la Verdad dictaminará la “verdad” sobre la Guerra Civil española, sobre la Segunda República y sobre el Franquismo, y se encargará de reprobar y penalizar todas las manifestaciones que no se ajusten a esa “verdad”.

Nada importa que la democracia se degrade con esta programada desinformación, ni que aparezca en lontananza el desastre de una sociedad desmembrada y en colapso –y tenemos el ejemplo de Cataluña para sopesar—; lo único que importa es el cortoplazo político; se comulga con ruedas de molino si con ello se consigue uno mantenerse en el sillón. Hay una indiferencia generalizada hacia el daño causado por los errores políticos y por su iniquidad y por la desinformación que consienten o promueven. Se hallan presos de sus ideologías y del temor a la incorrección política, y ello nos puede llevar al desastre. El caso de Cataluña es paradigmático al respecto.

Durante casi 40 años se ha estado ocultando sistemáticamente información sensible acerca de la violación de los derechos de los castellano-parlantes, que representan una gran mayoría de la población en Cataluña. Se les ha prohibido educar a sus hijos en español, se les ha vetado la entrada en la Administración catalana, se les ha marginado en relación al lugar y al puesto de trabajo a ocupar, se les ha acosado, se les ha prohibido rotular en su lengua, se les ha denigrado por proceder de otras regiones de España… y todo ello con el silencio cómplice e interesado de toda la clase política española y de todos los medios de comunicación. Y, gracias a esa infamia hoy estamos como estamos. Cada día estoy más convencido de que los políticos son el problema y no la solución.

 

 

 

 

 

 

SUECIA, ¿PARAÍSO DE SOLEDAD?

 

swedens-walk-of-shame-hi-red

Como buen país luterano, Suecia desarrolló hasta la obsesión la laboriosidad y el temor. La laboriosidad es la que era en siglos pasados, el temor ha cambiado de causa. Antes, en años  del luteranismo tenebroso, ese temor era a las penas del infierno que anunciaban sus predicadores, ahora es temor a sentirse desprotegidos. Los suecos han dejado de ser religiosos, ya no tienen un dios a quien temer, reverenciar o con quien conversar o en quien refugiarse, así que el Estado suple esas necesidades. El Estado envuelve a los suecos en una burbuja protectora desde que nacen; una burbuja que trata de evitarles todos los problemas que acarrea la vida. Sucede, sin embargo, que sin problemas a los que enfrentarse tampoco se producen satisfacciones. Superar los problemas, elaborar proyectos con riesgo, constituyen las principales fuentes de satisfacción personal. En otro caso la vida se vuelve anodina.

Presento unos datos. La mitad de la población sueca vive sola. La mitad de los nacimientos son de madres solteras que logran su embarazo mediante inseminación artificial. Una cuarta parte de las personas que mueren lo hacen en la más absoluta soledad, sin nadie cercano que les auxilie y conforte. Llegó un momento, allá en los comienzos de los años 70 del pasado siglo, en que la burbuja protectora empezó a producir extraños frutos. Las mujeres quisieron independizarse de los hombres; los hombres quisieron independizarse de las mujeres; los hijos quisieron independizarse de los padres; los padres quisieron independizarse de los hijos. Ahora están todos solos.

La burbuja con que el Estado protegía y enseñaba a comportarse a los ciudadanos siguió un proceso evolutivo de individualización muy razonable: como una planta mimada y protegida con plásticos de todas las perturbaciones y excesos atmosféricos, los ciudadanos suecos fueron haciéndose más y más sensibles a las alteraciones;  ante los simples roces que conlleva la convivencia marital o familiar se agarraban su burbuja y abandonaban el hogar (algo semejante estamos viendo en los matrimonios recientes en España, ¿verdad?).

Pero la burbuja individualizadora, de manera consecuente, ha extendido su ámbito de actuación a todo tipo de relación social. En el documental de 2016, La teoría sueca del amor, del director Erik Gandini,  una instructora que alecciona  a los nuevos refugiados musulmanes que acaban de recalar en el país, en referencia a los nativos, les dice: contestan escuetamente a los saludos; huyen de gritos y sentimentalidades; no les gusta entablar conversaciones con nadie; muchos de ellos, antes de compartir el ascensor con un extraño prefieren subir andando hasta su piso; son obsesos de la puntualidad y la laboriosidad; y una gran mayoría de ellos pasan directamente del trabajo a la televisión.

Se puede decir que todo comenzó o fue esbozado en 1972 por el socialdemócrata Olof Palme, que creyó que la “liberación” se encontraba en la individualización, y propuso leyes para conseguirla, y construyó la burbuja de los ciudadanos. Y tal experimento de ingeniería social parece haber dado como resultado una nueva especie humana: los suecos hablan con los árboles y, en mística relación, se comunican con la naturaleza, pero se alteran gravemente si tienen que establecer una relación social con sus iguales. Así que relacionarse con los demás empieza a ser cosa del pasado, al tiempo que desaparece la familia tradicional. Con estas condiciones, tengo mis dudas acerca de que exista el tan cacareado paraíso sueco, no creo que no pueda construirse ningún paraíso de soledad.

Complementemos, no obstante el cuadro. Para que la burbuja tenga consistencia, para que el Estado se haga cargo de todas las contingencias de los ciudadanos, los impuestos son muy elevados, de manera que queda poco para la suntuosidad y para las pensiones. Cualquiera que haya visitado Suecia sabe que los nuevos edificios de pisos que se construyen en las grandes ciudades son ramplones, feos y parejos, y los pisos son pequeños y nada ostentosos. Es el precio que hay que pagar por la individualidad y por mantener la burbuja en funcionamiento. Otras cuestiones son más preocupantes. Los datos sobre violencia sexual, suicidios, drogadicciones, son de los más altos de Europa. Pero con todo, ahora se les presenta un problema nuevo: una abundante cantidad de inmigrantes musulmanes. Suecia, con diez millones de habitantes, da cobijo a más de seiscientos mil musulmanes. En la ciudad de Malmö alcanzan a ser un  45% del total de la población.  La violencia se ha disparado en algunos suburbios (con mayoría de inmigrantes) de las más importantes ciudades, hasta el extremo de que médicos y bomberos tienen que entrar protegidos por la policía a esos lugares. Hace solo unos días, el 13 de agosto, cien coches fueron quemados en Gotemburgo. El estado de violencia ha hecho surgir patrullas vecinales para controlar los barrios colindantes a los de mayoría musulmana.

Acusan al partido socialdemócrata gobernante (primer gobierno feminista del mundo, gustan llamarse las de la foto, que sorprendentemente se vuelcan en atenciones hacia el Islam, donde es un hecho que la mujer está en condiciones de semiesclavitud) de no tomar otras medidas que no sean las de invertir grandes sumas de dinero para crear puestos de trabajo y para integrar a la reciente inmigración, impidiendo que se publique ningún dato referente a la violencia dicha. El caso es que lo candente del problema ha hecho crecer como la espuma la intención de voto hacia el Partido Demócrata sueco, de extrema derecha, hasta un 20 %. Veremos los resultados de las elecciones de este mes de septiembre que estamos a punto de abrir.

Así que el tan cacareado paraíso sueco no lo es tanto. La falta de comunicación y contacto social, la ruptura familiar, la soledad que, como una epidemia se ha extendido por Suecia, más creo que producen infelicidad que bienestar. Yo aconsejo que si leen por ahí estadísticas interesadas, que  han sido elaboradas teniendo en cuenta la asistencia sanitaria o la educación como sinónimos de bienestar, y que señalan que los habitantes de los países del norte de Europa se encuentran entre los más felices del mundo, póngalas en cuestión, no les hagan mucho caso, o, incluso, les invito a reírse de ellas.

 

 

 

IDEOLOGÍAS

 

ideologia

  1. Resultan muy preocupantes las ilusiones cegadoras que las ideologías pueden hacer germinar en la conciencia de las personas. A comienzos de los ochenta las élites de la cultura y de la intelectualidad española –y tras ellas muchos ciudadanos de a pie—no cesaban de alabar el comunismo soviético o el chino. Sartre y Foucault entonaban cánticos a Mao, “el Gran Timonel”, y a su “Revolución cultural”. Foucault también se enardecía de satisfacción con el Ayatolá Jomeini  y la revolución teocrática de Irán. Pablo Neruda dedicó unos encendidos versos a la figura de Stalin. Hoy sabemos que la Revolución cultural china y su “Gran Salto Adelante” dejaron 40 millones de muertos de hambre y cientos de miles de fusilados. Que Stalin dejó morir de hambre a seis millones de ucranianos e hizo desaparecer casi 50 millones de rusos, y ya sabemos lo que ha producido la revolución de los ayatolás en Irán.
  2. Ante cualquier publicación que pusiera en cuestión el comunismo en la URSS o en China, toda esa caterva de ideólogos se lanzaban al cuello del autor como lobos sedientos de sangre. Tal fue el caso con el Archipiélago Gulag, de Alexander Sochevisky. Un escritor, entonces afamado, llego a escribir que en caso de no existir tales campos de concentración deberían crearse para meter en ellos a toda esa “basura” que critica la URSS. Pero tal caterva iba en muchos casos más allá, y justificaban el terror de las matanzas dichas como actos necesarios para la revolución.
  3. Porque tal es otro aspecto de las ideologías: se santifican las revoluciones que se hacen en su nombre. La revolución ante todo y sobre todo. Cualquier sacrificio es poco para seguir adelante con la revolución. Millones de muertos, represión como nunca se había dado en la historia de la humanidad, naciones subyugadas y encadenadas a sus pies. Lo único importante era el dios Revolución. Una absoluta miseria física y moral se hallaba escondida tras el llamado Telón de Acero, el muro de espinos con que la URSS aprisionaba a Polonia, Rumanía, Alemania del Este, Checoeslovaquia. Todo eso era ocultado por la caterva cultural e intelectual europea. Se nos hacía creer que detrás del Telón se ocultaba el Paraíso Terrenal.
  4. Lo peligroso de las ideologías no es que quien se guía por ellas renuncie a tener su propio criterio o que abdique de su propio juicio para conocer la verdad y delegue éste en sus comunicadores ideológicos, lo cual nos resulta ciertamente nauseabundo, no; que uno se convierta un poco más que ganado al que se conduce mansamente por la senda de la vida no es lo más peligroso, no; lo más peligroso es que quien “es” de una ideología puede ser conducido a cometer las abominaciones más espantosas o a aceptar éstas con contento, o simplemente que no las vea porque la luz de la ideología deja la realidad entre sombras.
  5. Al adquirir una ideología se pone uno unos anteojos monocromáticos y unas grandes orejeras. Los anteojos impiden ver la realidad o hacen que se vea deformada y de un color especial; las orejeras, como aquellas que se les ponía antiguamente a los mulos y a las burras, sirven para impedir que el sujeto mire a sitio distinto de donde le indican. En nada se diferencia el fanatismo ideológico del religioso.
  6. mao

Problema matemático y manía de pensar

metafísica

Manía de pensar

Mientras me fumo el primer cigarrillo de la mañana me sobreviene la execrable costumbre de pensar. Esta misma mañana me ha dado por las definiciones. Aquí expongo algunas.

  • Metafísico: Es aquel que juega a creer que cualquier idea que se le ocurre es una inalterable verdad.
  • Intelectual con ideología: es el individuo que procura ocultar por todos los medios cualquier verdad que le incomode mientras intenta dar brillo a una mentira para que parezca verdad.
  • Feminismo radical: es el movimiento al que le importa un bledo la mujer y al que sólo le mueve el odio contra el hombre y las ansias de revancha. Dos ejemplos ilustran bien esta definición: Ninguna feminista radical ha abierto la boca ante el secuestro y las múltiples violaciones de varias jóvenes en Alicante a manos de refugiados argelinos (una de éstas jóvenes tenía tan solo 14 años), ni contra el estado de sometimiento de la mujer en el mundo musulmán. Recientemente, el partido del gobierno feminista sueco ha votado en el parlamento a favor de que no se prohíba el matrimonio de musulmanes con niñas de apenas unos años de edad.
  • Rebaño: conjunto de individuos sin criterios ni juicios ni pensamientos propios, sometidos a las voces del pastor, y que no levantan la vista del suelo ideológico por donde les hacen caminar.
  • Dialéctica: chistera de mago de donde éste saca a conveniencia e interés un conejo o un elefante.
  • Maniqueísmo: sagrada doctrina de la izquierda que sostiene que todo lo que ella proclama es el Bien y es verdad divina, y que quien rehúse compartirla representa al Mal.
  • Estadística social: triquiñuela con apariencia científica en la que se retuerce la verdad y que es utilizada por los maniqueos para inculcar mentiras a su conveniencia. Ahí está, por ejemplo, la proclama de los 33 % de pobres españoles en estado de exclusión social.
  • Políticamente correcto: Instrumento social que pone cadenas y grilletes a toda verdad. Es la re-edición de la antigua Inquisición.

Problema matemático

Ha llegado a mis oídos que existe una secta musulmana que permanece oculta a los ojos del mundo y que tiene una característica muy singular: todos los miembros varones de la secta son matemáticos. No obstante, mantienen que su líder es el califa elegido por Alá, así como un rigor extremo en asuntos teológicos y morales.

califa

Continuó mi informante narrando que el tal califa se enteró de la existencia de adúlteras en la comunidad y quiso acabar con esa práctica, inmunda a los ojos de Alá el Misericordioso, de la manera que resultase más apropiada a la secta. El primer día del Ramadán hizo saber que serían los maridos de las adúlteras quienes las debían ajusticiar de manera inmediata en cuanto supiesen que su mujer era una de ellas. Para que se cumpliera tal cometido operó de la siguiente manera: envió una carta a cada marido de la comunidad donde hacía constar el nombre de todas las adúlteras excepto el de la mujer del receptor de la misiva. Ningún marido podía enseñar a los demás la carta por él recibida ni transmitir a nadie nombre alguno de los que allí constaban so pena de ser lapidado públicamente.

Dos datos les ofreció para que la tarea pudiese llevarse a cabo:

1.-Al menos se sabía de la existencia de una adúltera

2.-Cada día la televisión publicaría el número de adúlteras ajusticiadas.

 

El mismo día en que se acabó el Ramadán todas las adúlteras habían sido ajusticiadas.

 

La pregunta es: ¿Cuántas adúlteras había?

 

 

adultera

 

COMPASIVOS

compasion2

Anteayer mismo, mi vecino del 5º, que no saluda ni a Dios si se cruza con él, y que no acude a las reuniones de la comunidad de vecinos porque –según sus palabras— todos somos unos fachas por vivir en pisos de un cierto nivel social (el propietario de su vivienda es su papá), saludaba alborotado la llegada de los migrantes del Aquarios (barco fletado por una ONG y el gobierno italiano no permitió que atracase en sus costas), que, según algunas malas lenguas, trae algunos soldados que han servido hasta hace poco en la organización terrorista islámica Boko Haram.

Yo sospecho que sus albricias por la llegada de la expedición no se deben a la piedad o al altruismo. Resulta difícil de creer que un sujeto que muestra animadversión con todos los que viven a su alrededor se muestre compasivo con gente que desconoce. Tal vez al ser musulmanes los del barco –que sabemos que no se distinguen por practicar una relación amigable con los nativos del país al que arriban—se identifique con ellos por aquello de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Más bien soy del pensar que con su apariencia bondadosa hacia esa gente foránea, simple y llanamente sigue las consignas del progresismo reinante, que de cuando en cuando pone cara piadosa y de bondad para que la ciudadanía no vea siempre la cara del odio y el insulto. Se ponen de vez en cuando la máscara de la compasión para que su verdadero rostro no se les desgaste. Y, claro, porque esa máscara les permite insultar –que es su deporte favorito—a todo aquel que ose  ponerles alguna objeción. Tienen el apoyo de los Medios, volcados en el asunto, una competición de canales por ver ¡quién escupe mayor sentimentalidad a la audiencia!

compasion

Lo cierto es que no entiendo muy bien esa exaltación de la fibra compasiva hacia aquellos que una ONG metió en el barco, y, en cambio, despreocuparse de otros cientos de millones que han quedado en África en peores condiciones que están estos que han llegado. Debe ser que en cuanto las televisiones ponen un reclamo de esta índole, todos los televidentes se tornan compasivos de profesión. A mí, la verdad, me da mala espina, porque estoy convencido de que si los canales pusieran a una rata moribunda en sus televisores y la acompañaran de comentarios propicios, en los hogares de media España se lloraría por su muerte. ¡Y no digamos si se tratara de un perro! Cosa semejante se ha visto ya en varias ocasiones. La televisión se ha convertido en la fuente de conducta y moralidad de la población. De la población que carece de criterio, claro está.

Ahora bien, muchos profesionales de la compasión abogan por ir más allá y eliminar las fronteras de los países. Voy a utilizar el término descerebrados para calificarlos, pues se calcula que más de la mitad de la población africana desea venirse para Europa. Digo yo que, en proporción, a España arribarían varios cientos de millones. ¿Alguien ha pensado en la catástrofe que ese hecho comportaría? No nos quedaría otra que comer piedras para que los recién llegados pudieran comer. ¡Y de la sanidad, la educación, la vivienda, la cultura, la convivencia, no digamos! Tal cosa solo se le podría ocurrir a aquel ministro de Zapatero que competía en estulticia con él. Sebastián se llamaba. Regaló una bombilla comprada en China a cada español, pero el paso de rosca de casi un millón de ellas no era el adecuado.

Además, llama la atención un extraño fenómeno: Venezuela. Un país del que han tenido que escapar casi cuatro millones de habitantes; un país donde –según datos de la Cruz Roja internacional—murieron casi 300.000 niños de miseria y desnutrición el año pasado; un país donde el número de asesinatos por  violencia callejera llega a los 30.000 cada año; un país donde los dirigentes políticos y los militares son los capos del mayor cártel de droga de las Américas; un país que soporta una dictadura brutal. Bueno, pues Venezuela no aparece en los Medios españoles a ninguna hora, ni aparece un solo lamento de la progresía española –que tan compasiva se muestra con el Aquarios—hacia esos millones de refugiados que lo han perdido todo. Así que tanto regocijo y jolgorio por la llegada del barco huele a humo y a engaño; huele a propaganda política y a estafa televisiva.

compasion3

Hay gente que ya reclama a esos profesionales de la compasión que se hagan cargo al menos de un refugiado y lo tengan en su casa y se responsabilicen de él. Eso sí sería verdadera compasión. Pero mucho me temo que la gran mayoría de los que hoy claman por la compasión no han hecho un acto compasivo real en su vida, ni tan siquiera pasarse por los comedores de la Cruz Roja española durante estos duros años de crisis con la finalidad de ayudar. Mucho me temo que muchos de estos compasivos de pacotilla son meros vividores del estipendio público, y que otros muchos son como marionetas que mueven los hilos de la televisión. En todo caso, insultar a quienes no muestran con suficiente vehemencia su sensiblería moral, tal como suele hacer la progresía, es una cosa infame.

 

CINE Y NATURALEZA HUMANA

cine1

Atisbar las razones más profundas de nuestro comportamiento (vislumbrar un puente lógico entre nuestra conducta y nuestra naturaleza) es un asunto complejo. Ni tan siquiera los sabios profesionales que se ocupan de ello –psiquiatras, psicólogos, filósofos, neurocientíficos, etólogos—han dado con verdades que resulten ser firmes, profundas e inequívocas. Sin embargo, quienes muestran un alto grado de conocimiento acerca de nuestra naturaleza son los directores de cine. Los buenos directores, claro, aquellos que logran que el espectador se identifique con el protagonista y participe de sus pasiones y de sus avatares. Aquellos directores que zarandean emocionalmente al espectador y lo abducen y lo angustian y dejan en él la grata ilusión de haber sido el protagonista de la ficción representada.

Si uno visiona una buena película y se muestra atento a las pasiones que le brotan, tal vez aprenda cosas nuevas acerca de su naturaleza íntima. Tal como ocurre cuando se mira uno los rasgos de la cara en un espejo, la atención a nuestras pasiones durante el  visionado de la película nos puede mostrar rasgos ocultos de nuestra naturaleza.

Pónganse delante de la pantalla y atienda a las situaciones cinematográficas y a sus propios sentimientos. Más de uno de ustedes se descubrirá gozoso ante el dolor que sufre el malvado de la película. A tal clase de gozo se le denomina crueldad y se considera hoy en día uno de los mayores pecados que existen, pero no se puede negar que forma parte de nuestra naturaleza más íntima.

Conozco un sinfín de películas que generan rabia e indignación en el espectador. Es fácil conseguirlo cuando la película muestra una lacerante injusticia social. Claro que, para ello, se tienen que infundir valores éticos apropiados en el espectador. ¿Cómo se hace? Generalmente, no con razones sino con imágenes que mueven a la compasión, que nos mueven a identificarnos con los compadecidos, presentando lastimosamente –como merecedora de lástima—una situación social. En este sentido, algunos filmes maravillosos son los de Novecento, de Bernardo Bertolucci, Octubre y El acorazado Potemkin, de Serguei M. Einsenstein, con los que propagó en Occidente una ola piadosa y justificadora hacia la Revolución soviética (así que el terror del Archipiélago Gulag nos pilló desprevenidos).

novecento

Nuestra naturaleza clama por reparar la injusticia, y clama por hacerlo de la manera que sentimos más justa, esto es, mediante la venganza. La venganza es la fórmula más universal y primitiva de justicia. Ojo por ojo y diente por diente, prescribe la ley del Talión. El espectador identificado con el protagonista siente suya la necesidad de tomar cumplida venganza, y la siente como si de un hecho justiciero se tratase. (Muchas de las acciones y propuestas  de los movimientos que a fecha actual dominan el clima moral existente, me refiero a feministas, islamistas, igualitaristas…, presentan a las claras el marchamo de la venganza en su intencionalidad). Conozco algunas películas decentes cuya temática es la venganza, como Les diaboliques, de Henri-Georges Clouzot, pero las más vistas han sido bodrios en las que su actor principal fue Charles Bronson. Éstas resultaron ser muy comerciales porque en ellas se satisfacía  una venganza contra los delincuentes que atemorizan muchos barrios norteamericanos. El filón de la venganza, la crueldad y la injusticia siempre da de sí; resultan extraordinariamente humanos. Hoy en día se intentan expulsar de nuestra naturaleza esas pasiones. ¡Ilusos!

No es preciso remarcar la clase de pasiones (y su intensidad) que surgen en los espectadores de un film de contenido sexual, lo que demuestra su importancia esencial. Cuando se abolió la censura en Europa, la película Emmanuelle barrió de la conciencia de los europeos la prevención hacia la sexualidad.

Las películas que exaltan el sentimiento de pertenencia a la tribu, o el impulso por competir, siempre han sido abundantes en el cine. Las hazañas –individuales o colectivas—de héroes valerosos y aguerridos han formado parte de la niñez de muchas generaciones. Ingleses y norteamericanos han sabido explotar perfectamente este filón. Cualquier película de tema bélico responde a este tipo. Nombraré dos que, además,  derrochan buen gusto y sensibilidad, a la par que abordan temas de honor, deber etc., me refiero a Las cuatro plumas (versión de 1939), de Zoltan Korda, y a la mucho más reciente Carros de Fuego, de Hugh Hudson, sobre los atletas británicos en las olimpiadas de París de 1924. Orgullo, honor, deber, deseos de victoria, patriotismo, son ingredientes de ellas y lo mismo sienten los espectadores porque esas pasiones forman parte esencial de nuestra naturaleza. Otra cosa es que ahora se intenten desvalorizar.

Otro tipo de pasiones que nos hacen sentir algunos filmes, las pasiones más reconocidas en la actualidad, surgieron en nosotros durante nuestra historia evolutiva debido a la necesidad de cooperar para sobrevivir. El afecto, la ternura, el amor, son algunas de ellas. Matar a un ruiseñor es toda una delicia cinematográfica que logra sacar de nosotros la ternura más sincera. Cierto es que a veces el afecto y la ternura desembocan en amor cuando se amalgaman con la sexualidad. Pero el amor no es catalogable: puede ser destructor, puede mover al odio, al sacrifico, a la venganza, al rencor, a los celos, a desear el dolor. Es una bocanada de pura irracionalidad. Ahí tenemos a Glenn Close en Atracción fatal. Pero también puede encender la llama que produce la más excelsa luz de nuestro ser. Vean aquel Love Story que hizo en su día llorar a la reina Isabel de Inglaterra.

atraccion fatallove story

Un tipo de cine, muy en boga en la actualidad, versa sobre distopías futuristas, o sobre tensiones psicológicas, o produce incesantes sobresaltos en el espectador, o  repugnancia o todo tipo de miedos; juegan a crear en el vidente la ilusión de peligros inminentes o sensaciones de malestar o aversión, pero aliviados por el control que tiene la conciencia de que aquello no es real. Esas series cinematográficas donde se da tanta abundancia de muertos vivientes, de asesinos de violencia extrema, de vampiros y licántropos, pero también de sociedades futuristas reprimidas y de mundos tenebrosos, responden a los esquemas dichos. Blade Runner, Los juegos del hambre y la serie televisiva Black Mirror, son algunos ejemplos. La angustia la sentimos como si estuviera bajo palio, pero eso no obsta para que el corazón se desboque por la afluencia de opiáceos y neurotransmisores diversos que nos hacen sentir “vivos”, que nos producen sensación de aventura con control. El espectador tiene su alma en vilo, y eso, para gente joven en edad de iniciación guerrera que sigue una vida bastante anodina, significa satisfacer una naturaleza que le pide riesgo (pero no en exceso), que le pide estar con el alma en vilo durante un par de horas.

Todas esas pasiones que sentimos en el cine forman parte de la naturaleza humana,  nos enardecen, son las progenitoras de nuestro comportamiento social. Sin embargo, habrá reparado el lector en que la inteligencia no ha aparecido por ningún lado. En realidad, casi nunca viene a ser la causa primera de nuestra conducta. Las películas con diálogos exquisitos, con tramas apasionantes, con análisis en profundidad, apenas cobran relevancia en el cine actual. Si antaño existió, iba dirigido a un público selecto para quien la inteligencia de los personajes y del diálogo era cuestión principal en el film. Bocatto di Cardinale. Hoy ha desaparecido.

TONTOS, VICTIMISMO Y REVANCHA

buenismo1

Hace unos meses escuché de tapadillo, por canales de escasa difusión –porque hoy en día las verdades se mantienen ocultas—, que un profesor de Jaén realizó en clase un comentario acerca de las buenas condiciones climáticas de la zona para el curado del jamón. A tal hecho es difícil encontrarle malignidad alguna, pero se encontró: el profesor fue denunciado por los padres de uno de los alumnos, musulmán él, y la denuncia llegó hasta el juez, que, con sentido común –rara avis—dictaminó que “no ha lugar a proceso alguno”.

Además de jamón, la cosa tiene su miga, pues en varios centros escolares de Cataluña (en donde la progresía y el nacionalismo se ensamblan) algunos profesores han pedido al alumnado no traer bocadillos de jamón para despachar en el recreo pues podría herir la sensibilidad de sus compañeros musulmanes. Ya saben ustedes que el cerdo es para estos un animal impuro.

Pero en la cuestión de “cuidadín, no vayamos a herir sensibilidades”, España no está a la cabeza, ni mucho menos. En la británica ciudad de Mánchester la directora de una galería de arte retiró de la exposición el cuadro de Hylas y las Ninfas para no agraviar a los visitantes de espíritu sensible. En EEUU no se quedaron atrás: se exigió retirar un cuadro del Museo Metropolitano de Nueva York porque en él aparece una niña a la que se le trasparenta la ropa interior.

buenismo2

Pero no se alarmen aún. Más morrocotuda es la noticia de que el sindicato de estudiantes de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres exigió que “desaparecieran del programa de estudios filósofos como Platón, Descartes y Kant, por ser racistas, colonialistas y blancos”. Y, de nuevo, en Norteamérica no se quedan atrás: en algunas escuelas estadounidenses “se pide la prohibición de clásicos como Matar a un ruiseñor y Huckleberry Finn, del Diario de Ana Frank , de Romeo y Julieta y de La Biblia.”

El escritor Javier Marías, autor de las noticias entrecomilladas, publicadas en El País Semanal, achacaba este esperpéntico gusto por la queja idiota y la exigencia sin sentido al empoderamiento por parte de los tontos de la vida pública en los países de Occidente. Yo no estoy muy seguro de que solo sea eso. Detrás de tanta tontería como se escenifica hay mucho odio canalizado y dirigido a propósitos bien definidos.

Sonreímos cuando la alcaldesa de Barcelona hace alarde de ser analfabeta en Historia al llamar fascista al almirante Cervera, que defendió en 1898 la posición española en Cuba contra Norteamérica. Sonreímos cuando algún diputado socialista pide otorgar derechos humanos a chimpancés y a perros, o que se indemnice a los musulmanes que fueron expulsados de España hace más de 500 años. Nos mueve a sonreír el que la ONU haya establecido 112 géneros diferenciados a los que puede acogerse la ciudadanía y con los que puede identificarse. Y también, ¡cómo no mostrar sonrisa!, cuando algunas paladines de la Ideología de Género exigen el reconocimiento de nuevos vocablos, tales como “miembra” y “portavoza”.

Pero la sonrisa se nos puede helar en la boca. Voces autorizadas atestiguan que a algunos miembros de la RAE les entra el tembleque cuando alguien les pide enderezar un entuerto lingüístico promocionado por el feminismo. Hoy nadie que ostente un cargo público se atreve a decir una sola palabra en contra de la ideología de género o del multiculturalismo. Sería despedido ipso facto. Existen múltiples casos de ello.

femibolche

El escritor Philip Roth, en La Mancha Humana, nos cuenta cómo se destruye la vida de un profesor universitario y la de su familia a causa de un comentario inocente, sin malicia ni intención alguna, pero que es aprovechado por adalides del victimismo racial. Como dice Javier Marías, hoy no es nadie quien no protesta, quien no es víctima, quien no se considera injuriado por cualquier cosa, quien no pertenece a una minoría o colectivo oprimidos. Hoy todo el mundo se declara víctima. El victimismo en Hollywood ha llegado a tal grado que algunas actrices, como Catherine Deneuve y Brigitte Bardon, se han preguntado si en muchos de esos pretendidos casos de acoso que ahora se han destapado no fueran “ellas” las que los alimentaron y llevaron a cabo”. Si hasta el actor Brendan Fraser, aquel de El regreso de la momia, alegando infinita sensibilidad (o tal vez mostrando infinita caradura) declara que el bajón de su carrera cinematográfica durante estos últimos años, en los que ha estado desaparecido, se debe a que un alto ejecutivo que se cruzó con él en una fiesta le tocó el culo. “Para víctima, yo”, parece decirnos.

LGTBI2

Pero, digo yo que todo esto se debe a algo más que a una colección de tontos y victimistas; que muchos de los tales, que se declaran acólitos de la LGTBI, igualitaristas, indigenistas, animalistas, ecologistas radicales, u otros que actúan subordinados al griterío de la progresía,  forman un amplio coro  que se presenta como históricamente agraviado y en busca de venganza. Claman contra la familia, contra el cristianismo, contra la libertad de prensa, contra la propiedad privada, contra la patria potestad de los padres, contra los derechos y libertades…

Por los excesos que pretenden aplicar, por las hirientes falsedades que pregonan, por la descarada manipulación mediática de que hacen gala, por el ánimo de venganza que fulge en la base de su razonamiento, por la tala de libertades que pretenden llevar a cabo, no parece que su propósito sea el de la reparación, la justicia o la equidad, sino el de la cruda revancha, la fría venganza y el odio calculado contra todos los valores, culturas y usos que han existido hasta ahora. Enarbolan banderas de liberación pero su utópico proyecto no es sino un cruce de distopías ya imaginadas; no es sino un mal ensamblado entrecruzamiento de la distopía que nos mostró Orwell en 1984 y la de Aldous Huxley en Un mundo feliz.