JESUCRISTO COMO HOMBRE

DOCTRINAS DE JESUCRISTO

Las doctrinas de Jesucristo, además de, en similitud con los esenios, proclamar votos de  humildad y pobreza, produjeron una gran revolución ética. Algunas de sus propuestas   recuerdan al Budismo, al Taoísmo, al Jainismo, y, como se ha dicho, coinciden en muchos aspectos con los esenios. Así, la vida en comunidad separada de creyentes[1],  el voto de pobreza[2], las referencias al amor entre los discípulos[3]…El credo cristiano resalta la pobreza, es decir, la igualdad entre los hombres. Pero no se puede servir a las riquezas y al amor. Jesucristo lo sabe. Su comunidad ideal solo puede basarse en la reciprocidad en el afecto y en la igualdad. Por tal razón no se dirige a los poderosos, sino a los necesitados, a los pobres, a los inocentes, a los agraviados, a los sumisos, a los débiles, a los humildes, a los resentidos de la sociedad. El Sermón de la Montaña[4]y el Sermón de la Llanura[5] Por esa misma razón pide a los que le sigan que se desprendan de todo[6]. Promulga el afecto en busca de reciprocidad, pero también la reciprocidad en las acciones y actitudes[7] de todos los miembros de la comunidad. Tales enseñanzas constituyen el principio rector de la comunidad que quiere formar Jesucristo. Una comunidad igualitaria basada en el ofrecimiento de afectos para conseguir –en  reciprocidad— comportamientos que faciliten la armonía y la hermandad.

Su credo ético resulta apropiado para el funcionamiento de una secta igualitaria, pero una secta circunscrita a los judíos, pues, desde la consideración de Jesucristo como hombre, nada en su doctrina nos hace pensar que pretendiera la revolución universal. Jesucristo llama a formar una secta basada en la igualdad[8], el afecto y la reciprocidad. En ese sentido está mostrando las reglas de convivencia necesarias para crear una ciudad-utopía como las que nacerían siglos más tarde en la imaginación de muchos igualitaristas.  Pero contrariamente a las ilusiones de los Campanella o Moro, Jesucristo quiere hacerla factible. Sabe que se dirige al pueblo judío, el elegido de Jehová, un pueblo por cuyas venas corre la religión, así que debe ofrecerles un Dios que presida su comunidad. No el Dios celoso y tirano de la Torá sino un Dios bondadoso, un Dios que les premie y un Dios adecuado a sus propósitos. Y también una promesa que pone alas a la esperanza de los que sufren, la de La Resurrección de la Carne[9]; la cual traerá consigo el castigo a los ricos y poderosos (lo cual satisface el ansia de venganza del menesteroso y les permitiría obtener su recompensa[10]).

DOCTRINA DEL APACIGUAMIENTO

También sabe Jesús que su comunidad tiene vecinos, que existen otras sectas religiosas judías, que ha de convivir con las instituciones religiosas y políticas de Palestina, y con los romanos. Así que, como el chimpancé que despioja al macho alfa de la manada, como el rosario de muestras de cortesía que la sociedad pone a nuestra disposición para lidiar con la otredad ajena, Jesucristo predica la estrategia del apaciguamiento del contrario[11];  una ética que impulsa un comportamiento destinado a aplacar o apaciguar los signos de alteridad ‘enemiga’ del ‘otro’, de aquel con quien nos relacionamos[12]. Las enseñanzas de Jesucristo proponen reblandecer la alteridad del oponente mediante el ofrecimiento gratuito de afecto[13]. El afecto, el amor al prójimo como moneda de cambio[14] en la relación con los demás. Tal es el basamento de las fórmulas éticas de Jesucristo[15]. Es una Ética para el apaciguamiento: atar corto el instinto de prominencia que nos empuja a preponderar sobre los otros, que nos empuja a competir, que nos mueve al enfrentamiento, y sustituirlo por el afecto en las relaciones que establecemos con los demás (esperando que se cumpla la reciprocidad en el trato). Tal es el gran mensaje del cristianismo, la gran estrategia, la del apaciguamiento del ‘otro’ por el intercambio de afecto[16].  El afecto, sentimiento familiar para la esposa o esposo, para los hijos, para los amigos allegados, extenderlo a toda relación social. Por esa misma razón pide a los que le sigan que se desprendan de todo[17]. Promulga el afecto en busca de reciprocidad, pero también la reciprocidad en las acciones y actitudes[18] de todos los miembros de la comunidad. La gran estrategia, el gran mensaje cifrado en la ética[19] cristiana.

El cristianismo primitivo quedó preñado de igualitarismo, en posesión de un dios-bondadoso para quienes sigan las doctrinas de Jesucristo, henchido de esperanza en la resurrección de los muertos y deseosos sus miembros de satisfacer su sed de venganza contra los poderosos, y, finalmente, recibió un sistema ético basado en el apaciguamiento del contrario[20] y de normas de comportamiento en la comunidad igualitaria .


[1] Mt. 16,14: Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame

[2] Mt. 6,24 Ninguno puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro, o estimará al uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.. Mt. 19-24 Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos.

[3] Juan. 13, 34 Un nuevo mandamiento os doy: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.

[4] Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión.  Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.  Dichosos los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos serán aquellos cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ellos toda clase de calumnias.

[5] Lucas 6, 20-23. Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

[6] Lu. 18,22. Cuando Jesús oyó esto, le dijo: Te falta todavía una cosa; vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme. Lu. 14,33. Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo.

[7] . Lc. 6, 27-38 No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad   y seréis perdonados, dad y se os dará… La medida que uséis la usarán con vosotros

[8] (Lucas 6:24)Jesús:  Pero,¡Ay de vosotros los ricos, que disfrutasteis  ya de la felicidad!. (Una comunidad en la que existiera la tentación de la riqueza y la envidia por la posición de los demás no podría convivir en armonía).

[9]La resurrección de los justos (Lucas 13:12-15). El fin del mundo y la resurrección de los muertos se encuentra entonces muy extendido en el pueblo judío. En (Escohotado, Los enemigos del comercio I, 2008, pág. 135) se dice que a juicio del Talmud de Palestina, florecen entonces hasta 24 sectas apóstatas, con proyectos de desquite contra quienes no preparen el fin.

[10] Mateo 25:31-32; Juan 5:28-29; Apocalipsis 20:12-13. Los ricos, los poderosos, los que no han obrado con la humildad que prescribe su doctrina, los que no le han seguido, aquellos que no aman, aquellos que están fuera de la comunidad, serían castigados. Doble satisfacción, también por la venganza que se cobrarán contra los poderosos al verles condenados.

[11] (Mateo 22:21, Marcos 12:17, Lucas 20:24) Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios

[12] Muy semejante es la visión propuesta por algunos socialismos utópicos. La estrategia del amor incondicionado es reemplazada por la idea rousseauniana del buen salvaje que todos llevamos dentro. En los escritos de Marcuse y de Habermas, el surgimiento de esa bondad innata del hombre apaciguará suficientemente los ánimos en la relación social para que todos vivamos cordialmente en la igualdad.

[13] Se ofrece al ‘otro’ la imagen de que no representamos un peligro para él, con lo que evitamos que nos perciba como enemigo. En reciprocidad, al recibir el regalo del afecto, el ‘otro’ se sentirá impulsado a devolverlo. En tal ceremonia de apaciguamiento se basan las normas de cortesía.

[14] Mc. 12, 29-31. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Mt. 5, 44 Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan.. Lc. 6,31. Mt. 7,12 Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.. Mt. 5, 39. Al que te abofetee en una mejilla, ofrécele también la otra. Palabras semejantes emplea Kant en la base de su sistema ético: «Obra de acuerdo con la máxima según la cual puedas al mismo tiempo esperar que se convierta en una ley universal». En realidad dicen lo mismo.

[15] Son éstas estrategias del organismo para la pacificación, estrategias con la finalidad de evitar luchas y enfrentamientos y mantener la paz social. Estrategias para aplacar la alteridad del otro.

[16] Pretendiera, o no, considerarse el Mesías prometido del pueblo judío, lo que resulta innegable es su disposición para formar una comunidad religiosa que conviviese en armonía y paz. Ahora bien, para conseguir tales propósitos, no debía existir la envidia que surge de las diferencias de riqueza, así que el pobrismo es la solución. Pero también se ha de vencer las pasiones que provoca la «alteridad del otro» en la relación social, y el modo propuesto por Jesús es la humildad y el apaciguamiento del «otro» mediante esa fórmula extraordinaria —que luego haría suya Kant—de actuar como el otro quisiera que tú actuases, es decir, la reciprocidad en el intercambio afectivo. Otras comunidades más recientes pero con un Dios terrible, como los puritanos y los amish, tratan de evitar la envidia y la alteridad mediante el temor divino, pero Jesucristo ha revestido a su Dios de bondad.

[17] Lu. 18,22 Cuando Jesús oyó esto, le dijo: Te falta todavía una cosa; vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme.. Lu. 14,33 Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo.

[18] Lc. 6, 27-38 No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad   y seréis perdonados, dad y se os dará… La medida que uséis la usarán con vosotros.

[19] Claramente, el poner la otra mejilla, el obrar con el “otro” como quisieres que este obrase contigo, el ofrecimiento a acatar el marco cultural del contrario en el diálogo, son muestras de sometimiento que pretenden apaciguar al oponente. Claramente manifiestan una estrategia animal tendente a resolver conflictos. Debajo de la apariencia de su apariencia bondadosa, las razones biológicas son quienes  propician en la conciencia la aparición de las propuestas morales señaladas. Son éstas estrategias del organismo para la pacificación, estrategias con la finalidad de evitar luchas y enfrentamientos y mantener la paz social. Estrategias para aplacar la alteridad del otro.

[20] Naturalmente, el apaciguar al poderoso produce réditos en el débil, tal como los chimpancés despiojan al macho alfa de su manada, pero al poderoso le sale más rentable apaciguar al débil exhibiendo sus poderes; así que en cuanto la Iglesia se subió al carro del poder, el garrote sustituyó a las buenas palabras

DE LA CULTURA Y LOS SUEÑOS

Es lo que pasa…, que en una mañana de desasosiego uno empieza a preguntarse cosas como “¿acaso no son nuestros sueños otras vidas que vivimos, otros yoes que poseemos?” y, gracias al cielo, se va pronto por los Cerros de Úbeda y rebaja sus pretensiones de profundidad, pero, gracias también al cielo, encuentra por esos cerros una extensa relación entre los sueños y la cultura a lo largo de la historia, lo cual no es moco de pavo. La expongo en estas líneas.

  Veamos: ¿a quién no se le ha presentado en sueños la figura de un familiar, de un amigo o de un conocido que pasó a mejor vida?, y ¿quién no ha sentido que esa presencia tenía existencia real, que había recobrado vida y que sentimentalmente lo reconocíamos? Excepto por ciertos detalles que nos resultan extraños, en tales casos, la relación con el finado durante el proceso del sueño resulta indistinguible de la relación que solíamos tener con él en vida. Lo reconocemos vivo en el sueño. Así que (situándonos en las primitivas sociedades homo sapiens), de ahí a considerar que los muertos se comunican con los vivos en el escenario de los sueños solo había un paso. Y de esas mismas razones surge la creencia en los espíritus de los muertos, que es universal en las sociedades primitivas. No ha habido civilización del pasado que no elevase altares a estos espíritus. Todavía hoy, en el sintoísmo japonés y en gran parte de China, el espíritu de los ancestros habita la casa familiar y es objeto de culto; por no hablar de las innumerables gentes que hablan en la soledad de su alcoba con sus consortes o padres muertos. Además, esa asunción espiritual de los muertos dio paso a creer en espíritus poderosos que guardaban la tribu y, más adelante, siguiendo el mismo proceso lógico-psicológico, fueron convertidos en dioses antropomórficos. Es decir, los espíritus y los primeros dioses tenían sus raíces en los sueños.

El no entender el argumento de la obra que se representa en el escenario de los sueños, el no encontrar razones claras para lo que sucede en ellos, motiva que se realcen sus interpretaciones. La adivinación mediante el examen de los sueños ha tenido una gran importancia a lo largo de la historia. Para no extendernos más de lo debido, señalaré tan solo dos casos que aparecen en la Biblia, el de Daniel y el de José. En el libro de Daniel se nos cuenta que el rey Nabucodonosor de Babilonia tuvo un sueño que le turbo, aunque no le dejó recuerdo alguno. Exigió a los adivinos que adivinasen el sueño y su significado. Daniel supo decirle que había soñado con una estatua hecha de diferentes materiales que representaban a los diferentes imperios que seguirían al babilónico. Más conocido nos resulta el sueño del Faraón que José ―hijo de Jacob― interpretó. Soñó el Faraón con siete vacas gordas que fueron devoradas por siete vacas flacas, y con siete espigas sin grano que siguieron a siete grandes espigas. Interpretó José que representaban siete años de buenas cosechas a las que seguirían siete años de escaseces, por lo que aconsejó al Faraón que reservase una quinta parte de los bienes durante los años buenos. Ese sabio consejo le valió ser nombrado visir por el Faraón. Pero el adivino más famoso desde hace siglo y medio es Freud. En su celebrada obra, La interpretación de los sueños, pretende hacernos creer que ha dado con las claves científicas para llevar a cabo esa labor. Sin embargo,  el rigor científico brilla por su ausencia en todas las páginas del libro. Nos habla de desplazamientos, trasferencias, oposición, condensación, regresión, inversión, simbolismo…pero no ofrece razón alguna para que dejemos de creer que no son sino meras intuiciones y amaños.

A pesar de los infructuosos intentos de descifrado, muchos sabios hicieron literatura de los sueños. Por ejemplo, las referencias a los sueños abundan en las páginas de Borges. En alguno de sus apuntes considera que el sueño es más vívido que la realidad, y en algunos de sus relatos el sueño es el marco donde se desarrolla el argumento de la obra o el tema central del cuento. Así, en Las ruinas circulares, un heresiarca sueña durante años y con todo detalle a un hombre con el fin de darle vida (dando al sueño poderes mágicos de creación). Finalmente lo consigue, señalando que el hombre creado solo es distinguible de un hombre real por el hecho de no verse afectado por el fuego. Tiene lugar entonces un incendio y, el heresiarca, siente que el fuego no le quema, que él mismo es el sueño de otro. En el cuento Los dos que soñaron, Borges imagina sorprendentes reciprocidades en los sueños de dos hombres. Un hombre de El Cairo sueña que en cierto lugar de Isfaján se encuentra un tesoro escondido. Ya en esa ciudad se ve atrapado en circunstancias que lo llevan a presidio. El jefe de policía lo interroga y se sorprende al escuchar la causa de su viaje. Se apiada de él y lo deja libre no sin antes recriminarle su credulidad. “Yo también sueño con un tesoro escondido en el jardín de una casa de El Cairo, junto a una higuera y un reloj de sol, debajo de un surtidor”, le dice con ánimo reprobador.  El hombre de El Cairo ha reconocido en las palabras del policía su propia casa. Regresa a su ciudad, excava bajo del surtidor señalado y encuentra el tesoro. En otro relato borgiano, El Sur, nos describe la lamentable realidad de su vida y, a la par y en forma de sueño, la vida que hubiera deseado vivir: el contraste entre el ratón de Biblioteca y el cuchillero de la pampa, entre su linaje materno y su linaje paterno.

Los humanos tenemos perturbadores y recurrentes sueños por causa de que hemos dejado cabos sueltos en nuestra navegación por la vida, por problemas no resueltos o promesas incumplidas, en fin,  porque una congoja ha hecho nido en nuestra conciencia. De amigos, conocidos y de mí mismo he recopilado algunos de ellos: el sueño del que se encuentra una y otra vez perdido en una estación de metro o en un tren, sin saber que dirección ni qué sentido tomar; o el sueño en el que uno se pierde repetidamente en cierto trayecto en una gran ciudad; y otros muchos de similar pelaje. En ocasiones llegan a ser sueños angustiosos: uno se encuentra en el interior de un túnel que se va estrechando paulatinamente hasta que le llega la asfixia y despierta. O el tan conocido, en el que el sujeto es perseguido por un toro bravo sin que sus piernas respondan; o el que sueña una y otra vez que vive en una pequeña casa, sucia y pobre, siempre la misma, aunque sus puertas se van achicando con el paso del tiempo, despertando con gran desasosiego. Y tenemos los sueños de situaciones o hechos imposibles: un perro que nos habla, una araña que nos engulle…

El yo del sueño lo percibimos tan real y animoso como el yo que sentimos al estar despierto. Tal vez esta percepción se encuentre en el origen de la creencia en la transmigración de las almas y en la reencarnación, en la que creyeron Orfeo, Pitágoras y Platón: el alma de cada hombre emigra tras su muerte a otro cuerpo. No recordamos vivencias de esas almas previas porque, así como solemos olvidar lo soñado, el alma olvida sus existencias anteriores.

Es muy cierto (y existen diversos estudios al respecto) que el contenido de nuestros sueños repercute en el estado de ánimo que tendemos al despertar, y ese bienestar o malestar se puede aferrar a nosotros durante varios días. También sucede en sentido contrario: parece haber una íntima relación entre lo satisfecho o insatisfecho que nos resulta nuestra vida, con la delicia o el pavor que sentimos en los sueños.

En ocasiones (tal vez las haya experimentado el lector de estas líneas), queda abierta una puerta que comunica brevemente el mundo onírico con el estado de vigilia. En el duermevela se puede producir una situación de éstas. Pero en algún caso raro, esa puerta queda abierta en la vigilia y tenemos plena consciencia del sueño. Una vez desperté con una imagen onírica que se quedó fija en mi mente consciente y allí permaneció durante varios minutos a pesar de que me preguntaba por la razón de que siguiera estando presente. Y ahora que lo pienso, tengo para mí que algunos escritores sufren esta rara permanencia onírica en el estado de vigilia, solo así se puede explicar el despliegue onírico que manifiesta la novela de Mircea Cartarescu, El solenoide.  En ese libro, muchos personajes parecen habitar en el mundo de los sueños, y el sueño no es más que el reflejo de la realidad en un espejo que distorsiona las imágenes.

Nos falta señalar que los neurocientíficos atribuyen ciertas aptitudes a los sueños: ayudan a fijar los recuerdos a medio y largo plazo, proporcionan descanso al cuerpo…Y los amantes de la ciencia ficción coinciden con Borges en que somos el sueño de alguien que nos sueña. En fin, Calderón de la Barca y Shakespeare afirmaron poéticamente lo indiscernible que resultan la realidad y el sueño. “La vida es sueño”, nos dijo el primero; “Estamos hechos de la misma materia de los sueños”, aseveró el segundo.

DEL AMOR Y DEL DESENGAÑO

Es bien sabido que el enamoramiento es un sentimiento extraño que predispone a la locura a quienes lo padecen. Se sabe también que produce felicidades inmensas y quebrantos calamitosos, y que en ocasiones se fija en un perdurable y gozoso embeleso. Lo curioso es que la actividad cerebral del enamorado sufre frecuentes altibajos: a veces se pone de fiesta y a veces, de duelo. Hormonas y neurotransmisores, como cohetes estallando en mil luces en el cielo, saltan las hendiduras sinápticas con euforia desatada, o bien dejan de transitar y en el cerebro y en el alma se hace noche oscura. Dicen los entendidos que ese fulgor dura dos años ―más o menos― en el enamorado, tras el cual viene un descenso que puede llegar hasta el infierno.

En el amor, los engaños y los desengaños están a la orden del día. Sufren engaño quienes han recibido falsas declaraciones o promesas de amor y las han tomado por verdaderas. ¡Cuántos matrimonios o amantes no se hallan en esta tesitura! Otro tipo de engaño es la infidelidad hacia la pareja, es decir, el salto de cama con alguien que no es el supuestamente amado. El desengaño es otra cosa. Es una percepción nueva de la persona amada, de quien desaparecen virtudes que antes se daban por seguras y en quien aparecen defectos que antes se ignoraban. El amante siente que su juicio previo sobre la persona objeto de su amor estaba equivocado. Los rasgos de carácter que se juzgaban hermosos, puros, ideales, se han desdibujado o han aparecido otros que se aprecian nefastos. Para el enamorado, a la persona amada se le cae la máscara. Siente que vivido engañado, de ahí el nombre desengaño. Aparece frecuentemente cuando la convivencia entre los enamorados se ha convertido en una rutina que apaga el festejo químico del cerebro. Afloran rasgos ocultos del “otro”, rasgos que habían permanecido entre sombras cobran ahora relieve y aparece la desconfianza.

Las parejas pelean a menudo y durante años con ese desengaño que produce tanta desconfianza y tanto conflicto entre los amantes. Para lidiar con ello, es preciso que acotemos el amor y el enamoramiento. El amor comprende muchos más tipos de relación que el enamoramiento. Suele perdurar en parejas que han estado juntos muchos años, aunque no se reconozcan como enamorados. Con mucha frecuencia, el amor se convierte en permanente toma y daca de reproches, ternuras, cercanías y discusiones. Tengo para mí que para mantener el rescoldo del amor vivo y la relación armoniosa resulta primordial rendir admiración al otro y respetarlo.

Existe otro término que, aunque relacionado con el desengaño, se produce en otro contexto amoroso. Es el desencanto. Como si el sujeto estuviese sometido a un encantamiento que por algún motivo se rompe abruptamente. Se da en el enamorado cuyo festival químico aún no ha caducado pero al que alguna circunstancia hace caer la máscara que había colocado en el rostro de su persona amada. El descubrimiento de un horrible secreto sobre ella, una tacha imperdonable, una mácula…pueden provocar esa caída. Para producirse el desencanto, como ya se ha dicho, es necesario que exista encantamiento, y el ámbito natural de éste es el del amor idealizado. Hablo de amores que se han construido a lo largo del tiempo con tímidas miradas, sin acercamientos ni otros contactos. El uno es para el otro ―del que cree llevar adherida su esencia en el pecho―una lejana luz que le regocija. El llamado Amor Cortés, que nos trae el eco de la Corte de Leonor de Aquitania, es un amor de este tipo. El amor de quienes disfrutaron un corto periodo de contactos y se encuentran separados, ese amor que se va edificando desde la distancia con idealizaciones de la persona amada es de este tipo. Y suele ocurrir ―todos lo sabemos― que un reencuentro puede desbaratarlo. Se encuentran, hablan, se esparcen en el lienzo del sexo y…, entonces puede ocurrir que la conjura de ilusiones, el amor eterno, hermoso, límpido, que había imaginado, se desfleca en un instante, se desbarata, el cuchillo de la realidad lo rasga.

Hay una circunstancia ―terrible―que pone freno al desencanto. Conocí una pareja que tras tres meses de noviazgo y cuando todo eran chispas brillantes entre ellos, sufrieron un accidente que le produjo a él la muerte. Luego, durante meses, años, lustros y decenios, el encantamiento se ha mantenido en ella como una firma roca. Ahora es el agridulce recuerdo quien le procura felicidad y pena mezcladas, ahora aquel enamoramiento se ha hecho eterno, se ha idealizado. Un amor esculpido en evocaciones, arquetípico, sin mácula porque no hay realidad que lo desgarre. No hay dudas, no hay rutina, no hay esquirla de desagrado que lo enturbie. Aquel estado festivo se ha anclado en el cerebro.

A PROPÓSITO DE ODISEO

Unos años atrás, cuando el movimiento Woke parecía haber alcanzado su punto álgido, en una escuela Massachusetts y con gran regocijo de los profesores, se prohibió a Homero. Seguramente ―debido a su propia ignorancia―, esos profesores que se regocijaron prohibiendo a Homero hubieran prohibido también esa otra obra cumbre de la literatura, el primer gran viaje iniciático escrito: El Poema de Gilgamesh. En esos años no solo se produjo ese criminal hecho contra Homero, en  un buen número de universidades angloamericanas los alumnos exigieron borrar de los estudios universitarios a Aristóteles, a Platón, a Rudyard Kipling, a Mark Twain…, e incluso que se erradicara la obra Matar a un ruiseñor o los cuentos infantiles de siempre… por ser racistas y fascistas. 

“Los héroes mitológicos sobran ―debieron pensar esos nuevos bárbaros, esos profesores y alumnos―, ya tenemos nuestro Capitán América, nuestro Iron Man, nuestro Hulk, nuestra Viuda Negra, nuestro Ojos de Halcón…”. De lo que se trataba ―y se trata―es de suplantar en el colectivo la profundidad de los relatos mitológicos con lo superficial de estos nuevos relatos, de reemplazar en la conciencia los dramas de la existencia con cuentos infantiles.

Con la maestría que le caracteriza, Nolan nos presenta una nueva Odisea cinematográfica con ciertos toques woke y algunos desajustes históricos. Pero no son estos toques ni esos desajustes lo que me resulta preocupante, sino el hecho de que una buena parte del público actual, por no haber leído a Homero ni conocer el mundo cultural griego y mesopotámico, esto es, por carecer de las claves de interpretación de las obras clásicas, vea a Odiseo y a la Odisea con los mismos ojos con que ve a los héroes de Marvel: mera fascinación por las formas, la animación y el colorido. Ese público no percibirá el animismo que aún restaba en aquel mundo griego; ni verá en la entrada de Ulises al Hades (y su encuentro con sus compañeros de armas en la guerra de Troya) un descenso a las profundidades de uno mismo; ni el seductor canto de las sirenas le suscitará razones acerca de la naturaleza humana; ni tampoco el gigante Polifemo en el país de los Cíclopes, o la conversión de sus compañeros en cerdos por encanto de Circe la hechicera, ni la cohabitación de Ulises con la ninfa Calipso, ni que sus hombres tomasen la fruta del olvido…suscitarán en ese público razones que vayan más allá del colorido y aventura con que se presentan. No verán el viaje al interior de uno mismo, ni la metamorfosis que causa en el alma los diez años de guerra y diez de pruebas a que el héroe se ve sometido. Tampoco se cuestionará este público el que Ulises descrea de los dioses y que sean estos quienes marquen su rumbo y su destino.

No, con el escaso bagaje cultural que el sello de los nuevos tiempos imprime en la conciencia de los jóvenes estudiantes, y con la superficial mirada con que las nuevas generaciones miran hoy el mundo, sin penetrar en el fondo del alma de las cosas y de uno mismo, Homero, la Ilíada y la Odisea quedan reducidos a meros artículos de consumo y entretenimiento. Meros “Capitán América”, meras formas Woke de la cultura. Lo woke triunfa.

UNA MISMA AMBICIÓN DE PODER

Algunos libros del pasado iluminan el más palpitante presente. El tema del doctor Fausto, quien vendió su alma al diablo a cambio de poder, gloria y conocimiento, es antiguo en el cristianismo, pero alcanzó renombre con la obra de Chistopher Marlow de 1592. La ambición de poder que movió al doctor Fausto a vender su alma es equiparable a la que muestra el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez. Éste, como aquel, se vale de artes oscuras, de engaños, de pactos infames, y se convierte, como Fausto, en un ser amoral e inmundo.

(A Fausto lo asesinan y le cortan la cabeza, pero tal es su maligno poder que cuando los asesinos están celebrando su muerte reaparece ante ellos con la cabeza en su sitio. Anoto este detalle para los optimistas que dan por muerto a Pedro Sánchez)

Pero si el Fausto de Marlow atiende en su trama a las aventuras y desventuras que le acaecen a un solo hombre, en otro libro más reciente, Animal Farm (Rebelión en la granja), escrito por Orwell en 1945, se va más allá, se atiende también a la suerte que sufre el colectivo a causa de la ambición de poder de un individuo. La obra relata cómo esa ambición convierte una sociedad libre y próspera en una tiránica dictadura. La fábula de Orwell es una alegoría del comunismo soviético bajo el poder de Stalin. Los actores que aparecen en las páginas Animal Farm son animales que han expulsado al dueño de la granja y que se organizan en base al diálogo asambleario. Pero tal modus operandi se desmorona cuando la ambición de poder hace mella en uno de sus líderes, el cerdo Napoleón. A partir de ese momento, todos los pasos conducen hacia la dictadura.

Llama la atención el que, a pesar de haber sido escrita en 1945, la obra presenta enormes similitudes y simetrías entre los métodos que emplea ese Napoleón y los métodos empleados por Pedro Sánchez para satisfacer la ambición de poder que les domina a ambos. El empleo de acólitos sometidos por el miedo a perder dádivas o ser penalizados. El tener siempre dispuesto un coro de aduladores que les alaben (“Napoleon is always right”, entona ese coro en la granja; “Pedro es el puto amo”, claman con fervor estos otros acólitos). La utilización de huestes de ‘cabezas huecas’ con el fin de acallar con palabras-martillo las voces discrepantes (“facha, extrema derecha, racista, fascista, machista, islamófobo”, emplean los adoradores de Pedro; “four legs Good, two legs bad”, balan las ovejas en la granja contra los discrepantes). El cambio a discreción de los pactos y acuerdos establecidos colectivamente, de los acuerdos que eran considerados principios del socialismo o del animalismo en la granja (“no pactaré nunca con Bildu”, aseveraba Sánchez; “nunca haremos trato con hombres”, repetía Napoleón). La falsificación de la historia que uno y otro llevan a cabo (en la granja, en cada ocasión en que se pretende tal falsificación, el cerdo Squaeler, mano derecha de Napoleón, lanza una nueva versión de los hechos a los animales de menor entendimiento. Es el mismo propósito que tiene la Memoria Democrática en el gobierno de Sánchez). El empleo continuado de mentiras, engaños, ‘cambios de opinión’, ‘donde dije digo, digo Diego’… son, en un caso y otro, semejantes.

Los métodos de Sánchez y de Napoleón son los mismos, y son un calco de los que empleó Stalin. ¿Caben dudas acerca de que seguimos el camino hacia una dictadura comunista? ¿Es ésta inevitable?

Recordemos a Ícaro, a quien su padre, Dédalos, construyó un par de alas unidas con cera de abeja. Recordemos que quiso volar tan alto que el sol fundió la cera y se precipitó al mar. Tal vez Pedro Sánchez ha intentado volar a demasiada altura y el sol de la justicia derrita su cera. Tal vez Mefistófeles le conduzca pronto a los infiernos. Tal vez

DOCTRINAS DEL SUFRIMIENTO

Tras siglos de guerras, imperios, jerarquías gobernantes, caudillos, dioses y credos religiosos que apuntalan el orden social impuesto, van apareciendo desde el siglo VIII , aquí y allá, en China, India, Grecia, Persia, comunidades que hacen gala de una especial sensibilidad, que rechazan el deseo de poseer bienes y de poder porque consideran que son las principales causas del sufrimiento. Budismo, jainismo, yoguis, taoísmo, zoroastrismo, pitagorismo, son las doctrinas que surgen de esa nueva sensibilidad hacia el mundo. Algunos de esos colectivos de ‘sensibles’ forman ‘comunidades de iguales en la pobreza’ que tratan de evitar los nefastos efectos que genera la envidia o bien el agravio que siente el perdedor, en fin, el sufrimiento que les produce la alteridad del otro. Pero no es su pretensión la igualdad social fuera de sus comunidades, pues no les guía el resentimiento que surge del grito “no seas menos…” No pretenden apoyar o imponer un orden social nuevo[1] ni acabar con las tragedias del mundo, sino salvarse ellos mismos del sufrimiento que causa el mundo, y lo intentan llevar a cabo mediante la convivencia con quienes tienen sus mismos planteamientos.

Como por encanto, aparecen en Persia, en India, en China, en Grecia en los alrededores del siglo VII a.C. una pléyade de pensadores que descreen de los dioses clásicos y vuelven la vista el interior de sí mismos. Sus propuestas éticas sorprenden por el contenido. Hay en ellas una sensibilidad nueva que rechaza el entramado del despotismo, de la opresión, de la violencia, la guerra y miseria con que sus sociedades se han construido. Los pensadores más reconocidos, Mahavira, Buda, Confucio, Lao Tzu, Zaratustra, Pitágoras, plantean el Jainismo, el Budismo, el Confucionismo, el Taoísmo, el Mazdeismo, el Pitagorismo[2].

Si se profundiza en la vida de esos ‘enemigos del sufrimiento’ percibimos que su rechazo a la violencia, a la fuerza y a la rudeza ―que su dulcificada sensibilidad― ha sido posible y ha surgido gracias a su crianza en un entorno de confort, educación y cultura solo accesible a las clases altas de las sociedades dichas. Se aprecian sus signos de distinción. Todos ellos provienen de la aristocracia o de la pudiente clase comercial. En todos ellos, la cruda realidad que han sentido la intentan dulcificar retirándose de ella y proclamando una nueva sensibilidad que rechace el sufrimiento y los horrores que pululan  por el mundo y que, a excepción de Zoroastro[3], rechazan también los dioses, así como las ceremonias y sacrificios con que se pretende agradarlos.

Dos datos resultan relevantes para entender el surgimiento de las propuestas éticas apuntadas: todas ellas nacen en sociedades que habían sufrido varios siglos de calamidades y guerras[4], y todas ellas son guías para evitar el padecimiento humano[5]. Los medios propuestos para evitar ese sufrimiento son variados: ascetismo (como los yoguis, los jainistas y los santones), anulación del pensamiento mediante la meditación y el desprendimiento de las pasiones (budistas, jainistas, taoístas), mediante la creación de una sociedad laboriosa, justa y ordenada (Confucio), sometiéndose a la figura de un dios (Ahura Mazda) que prescribe obrar bien y que castiga a los malvados; y, por último, la confraternidad, el simbolismo místico, el secretismo, el  vegetarianismo (Pitágoras) . Vuelven la vista hacia el interior de sí mismos buscando las grandes verdades y un camino para librarse del sufrimiento. Con pequeños matices y variaciones, las guías señaladas siguen estando en el candelero de muchas creencias sociales en la actualidad, lo cual da cuenta de lo permanente que es nuestra naturaleza.


[1] Si lo pretenden, 2.400 años después, sus herederos ideológicos, los animalistas y ecologistas del siglo XXI.

[2] Tales creencias no surgieron de manera espontánea ni  parece ser el siglo VII el de su nacimiento, pues algunas llevaban  cientos de años gestándose pero es en los alrededores del 600 a. C. cuando eclosionan y se concretan; es ya en el siglo VI cuando su prédica cobra especial pregón. Algunas de las doctrinas del Mazdeísmo y del Jainismo aparecen atestiguadas desde el siglo IX a.C., y algunos aspectos del Budismo figuran en las Upanisahs, así como en el retiro espiritual a la soledad de las selvas de muchos yoguis y santones de la India a partir del siglo VII a.C.

[3] De todas las nuevas doctrinas, solo el Mazdeísmo puede considerarse religión, si bien sus preceptos morales distan mucho de los que resaltan en el credo de otros dioses.

[4] (Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas II, 1978, pág. 36) nos dice que Confucio vivió en un periodo de gran anarquía e injusticia, afligido por la miseria y el dolor generales. En cuanto a la zona de Oriente Medio, el brutal Imperio Asirio se mantuvo desde el 883 a 627 a.C., y desde el 625 al 550 no cesaron las luchas de medios contra asirios y de persas contra medos. En cuanto a India, a partir del 600 a.C. queda fijado el sistema de castas por el que cada individuo –resultado de sus reencarnaciones—queda adscrito a un grupo. Las castas más bajas quedan condenadas así a la miseria y al repudio general. De otro lado, la Torah babilónica nace durante  el cautiverio de Israel.

[5] (Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas II, 1978, pág. 58) asegura que liberarse del dolor es el objetivo de todas las filosofías y de todas las técnicas meditativas indias. Esta es la meta clara del Budismo, pero también resalta el dolor en la sensibilidad de que hace gala el Jainismo, y tal misma es la meta del Taoísmo y del Confucionismo.

ACERCA DE LA IA

El meollo de la IA es el meollo de la denominada inteligencia colectiva. ¿Qué es la inteligencia colectiva? Unos ejemplos lo aclararán. Uno podría pensar que hormigas y termitas actúan de forma inteligente en su laboreo, y lo mismo podemos suponer de las abejas, pero no, unas y otras se mueven por instintos y reflejos condicionados. Sin embargo, sí que podemos decir que poseen una inteligencia colectiva, una inteligencia que emerge de la cooperación entre los miembros de un colectivo. Se puede entender con el claro ejemplo de las células de nuestro cuerpo. Cada una de ellas realiza la labor fisico-química que le corresponde de acuerdo con las condiciones químicas del entorno. No obstante, de su acción colectiva emerge en nosotros la inteligencia.

El secreto de la inteligencia colectiva se encuentra en la comunicación de nuevas informaciones.  Las células de nuestro cuerpo se comunican entre ellas, los humanos nos comunicamos entre nosotros y lo mismo hacen las hormigas. La comunicación entre éstas se realiza mediante la emisión y recepción de unas sustancias químicas denominadas feromonas[1]. Una hormiga sigue el rastro de feromonas que otras han dejado y secreta nuevas feromonas que refuerzan dicho rastro. Pero, además, la emisión y recepción de feromonas induce un determinado comportamiento en la hormiga receptora. Para darnos cuenta de que ese comportamiento puede ser muy variado, pensemos que las hormigas utilizan hasta veinte feromonas distintas, con los que pueden enviar hasta cincuenta mensajes diferentes.

Así que la comunicación de las informaciones en un grupo de humanos hace crecer su inteligencia colectiva, y cuando alguna circunstancia hace crecer dicha comunicación, la inteligencia colectiva se desarrolla en concordancia. Cuanto más grande sea la cantidad de información que se intercambia entre la mayor cantidad de población posible, mayor sera su inteligencia como colectivo. Por ejemplo, el nacimiento del habla (que posibilitó una mejora enorme de la comunicación) mejoró enormemente su eficacia cazadora y, consecuentemente, su eficacia biológica, es decir, su aptitud para la supervivencia y la reproducción sexual. La invención de la escritura, del alfabeto, de la imprenta, de la radio, de la televisión, de Internet, fueron otros tantos hitos en el crecimiento de la inteligencia colectiva, pues con ellos se producía un aumento desmesurado de la comunicación entre los humanos.

Dicho lo dicho, pasemos a la IA, cuya base es el reunir toda la información que circula por Internet (el estadio de la comunicación) para operar con ella. Es decir, la base de la IA es la inteligencia colectiva humana en su máxima potencia. Todo el saber humano reunido.

Pero toda esa información ha de ser seleccionada, refinada y dispuesta para ser operativa. De ello se encargan programas que actúan sobre los datos de esas informaciones (los descuartizan, los ordenan, los clasifican, los someten a pruebas, los desechan…). Para comprender la magnitud de este problema hemos de pensar que la macro instalación que Elon Mush ha mandado construir para llevar a cabo este proceso consume 1/20 parte de la energía eléctrica consumida en toda España.

Para lograr un proceso eficaz se implementan algoritmos (una suerte de rutinas de programación pero de una aplicación más extensa) cuyo quehacer es el de lograr eficacia en el tratamiento de los datos, sean estos fórmulas matemáticas, modelos químicos, procesos biológicos, textos, lenguajes, teorías científicas…, extrayendo de ellos su modelo operativo, su lógica interna, sintetizándolos, comparando la lógica de unos y otros, conectando razones, conocimientos, tratando de que emerjan razones ensambladas…Y esta gigantesca capacidad y rapidez en el tratamiento es lo que proporciona a la IA una mayor potencia que a la inteligencia colectiva.

Para que se perciba esa potencia en toda su magnitud: recientemente se ha hecho público que una IA específica ha resuelto en gran medida el problema del ADN basura. A ver, cuando se descifró el genoma humano, el 98% de su ADN parecía inservible, no tenía genes, no parecían aportar nada al funcionamiento de las células…, y por esa razón se le llamó ADN basura. Esa IA nombrada, diseñada específicamente para este estudio, ha mostrado que tal ADN basura es operativo, es decir, que tiene su función en la operatividad de la célula. Asimismo, ha “reconocido” la forma en que se pliegan las casi doscientas mil proteínas que tenemos (y con ello la función que ejerce cada una de ellas), por lo que, al menos teóricamente, “ya es posible” reparar malformaciones, sintetizar ADN en un laboratorio, escoger a la carta rasgos humanos…(véase el segundo link al final del escrito). Tales logros hubiesen tardado bastantes decenios en aparecer de no ser por la IA, con su velocidad y capacidad operativas, cientos de veces superiores a la de los mejores equipos de investigadores que trabajaran sin ella.

Esos algoritmos (y lo misterioso de ciertas emergencias imprevistas, como veremos), al operar sobre los datos recogidos y organizados, posibilitan/dotan de capacidad al sistema IA para APRENDER y CREAR.  Pero ¿qué cosa es aprender y qué cosa es crear? O sea, en primer lugar, daré mi opinión sobre ¿qué operaciones mentales realizamos al aprender? Naturalmente que es complicado, porque no solo utilizamos el sistema intelectivo para aprender, sino también el sistema de las emociones, los deseos, los instintos… pero si imaginamos un sistema IA que imite el proceso que realiza el sistema intelectivo la cosa se simplifica un poco. Aprendemos mediante la imitación, la búsqueda de analogías y el establecimiento de relaciones lógicas y de causa efecto. Mediante esos mecanismos, el sistema intelectivo realiza ensayos de prueba y error. Tal sistema de aprendizaje lo puede llevar a cabo la IA perfectamente, pero a una velocidad super rápida (¡imaginemos cuando al sistema IA se le pueda incorporar un ordenador cuántico!). Tan solo hay que pensar en la ya vieja computadora Deep Blue venciendo a Gary Kasparov.

Pero lo más sorprendente del aprendizaje que llevan a cabo las IA es que en ocasiones obtienen resultados que van mucho más allá de las previsiones de los programadores, que se percatan que la IA realiza con alta eficacia unas funciones que no figuraban en sus planes al implementar los algoritmos. Por ejemplo, Google enfrentó a dos sistemas IA ‘primitivos’ para que se comunicaran datos entre ellos. Al cabo de no mucho, los dos sistemas se comunicaban mediante un lenguaje que habían creado, hacía más fácil la comunicación y que no estaba en los planes de Google.

Es algo así como las complejidades que surgen en las teoría de números. Estos nacieron como recurso para contar objetos, pero cuando se opera con ellos aparecen complejidades y paradojas inconcebibles, como si emergieran de un mundo fantasmagórico. Por ejemplo, ¿por qué aparece el número pi en la naturaleza, en el área del círculo, en series infinitas de números, y algo semejante con el número ‘e’?, ¿por qué introduciendo el pequeño ‘fantasma’ “i=raíz de menos 1”, algo artificioso, se desvelan razones de la naturaleza que de otro modo resultarías irresolubles?… El caso es que tanto con la IA como con los números aparecen de pronto extrañas funcionalidades y razones que no habían sido previstas. Son como fantasmas que no estaban invitados a la fiesta pero que se han presentado sin avisar.

También hay quienes aseguran que la IA nunca podrá tener poder creativo, que nunca podrá inventar. Esta es una estupidez muy generalizada por que ¿qué es crear?, ¿no es acaso sintetizar lógicas y procesos, a la vez que realizar ciertas modificaciones en instrumentos de los que se sabe su uso y se conocen sus cualidades? ¿acaso no podrá replicar la IA la eficacia de las redes neuronales humanas y emplear una cantidad de datos infinitamente mayor que los que emplea el cerebro humano?, ¿acaso no hace la IA composiciones musicales novedosas, escritos dignos de un literato, genera nuevas fórmulas matemáticas…?

En fin, me dejo en el tintero si pueden generar una conciencia con una eficacia similar o mayor a la humana, me dejo si puede una máquina ser egoísta, me dejo si puede replicar sentimientos, deseos, emociones, instintos… A mí no me cabe duda de que sí, pero hablar ahora de ello, así como hablar de sus ventajas y de sus peligros, requiere de un tiempo del que carezco. Más adelante lo haré.

https://youtu.be/G_RqiMAmzvo?list=PL3zfU72KwQYICKG4PFucXlQYaKss_czvt https://www.youtube.com/watch?v=Tltn85hjIBo&pp=ugUHEgVlcy1FUw%3D%3D


[1] Los humanos también disponemos de feromonas que intervienen en la atracción sexual y en la sincronización del ciclo menstrual en mujeres que viven juntas

CABALLEROS, BRIBONES, INCERTIDUMBRES Y BULOS

Si se encuestase a la gente de este país sobre el asunto, no me caben dudas de que Sánchez y Tezanos resultarían elegidos los dos mayores propagadores de bulos. No creo que exista un consenso tan abultado sobre la figura política más comprometida con la verdad, aunque yo me inclinaría por nombrar para ese puesto a Cayetana Álvarez de Toledo. En cualquier caso, el problema que quiero resaltar es la dificultad que aparece en política para discernir al propagador de bulos del que se compromete con la verdad, ya que cada uno de ellos tiene su propio y aclamante público. La cosa se enmaraña si se tiene en cuenta que existen bulos de muchos tipos; así, están los bulos de la negación, de la justificación, de la exageración, de la acusación…, por lo que es necesario poner un poco de orden lógico en el asunto.

Raymond Smullyan (1919-2017) fue un matemático, mago, filósofo, lógico, pianista y humorista, creador de varios libros de pasatiempos lógicos. En uno de ellos, Juegos por siempre misteriosos, cuenta que una isla está habitada por dos tipos de personas, los Bribones y los Caballeros. Los bribones siempre mienten y los caballeros siempre dicen la verdad, por lo que ninguno de ellos declara que es un bribón: el caballero no puede mentir diciendo que es un bribón y el bribón, que siempre miente, se declarará un caballero. Ahora, me voy a permitir la licencia de identificar a los propagadores de bulos con los bribones, y con caballeros a quienes se comprometen con la verdad. Ya sé que tal identificación no es de lógica rigurosa, pero me puede servir para expresar una idea. Según esto, Sánchez y Tezanos serían bribones y Cayetana sería caballero.

Entonces, ¿cómo saber si cuando se comunica una idea o se refiere un hecho se está propalando un bulo o no?, o, ¿cómo saber si quien lo expresa es un bribón o un caballero?, lo cual viene a ser lo mismo. Porque resulta que el público que confía y aclama al bribón está convencido que éste es un caballero, y que el bulo por el que se le acusa es una verdad como un templo. Ni siquiera la presentación de evidencias que confirman el bulo sirve para aclarar la posible duda, pues el bribón alegará ante su público fiel que tales supuestas evidencias son falsas, que son bulos que lanzan los ‘bribones’ para desacreditar a un caballero como él (por ejemplo, alegará que los jueces, los periodistas, los testigos, los custodios de las pruebas, todos aquellos que evidencian el bulo son bribones, es decir, que todos ellos utilizan bulos para negar su verdad).

Los motivos de esa fidelidad de su público suelen ser ideológicos, de ignorancia y de sentimentalidad, motivos extraordinariamente ‘convincentes’. Así que no vale llevar un registro de los bulos de un bribón, pues, como ya se ha dicho, el público fiel al bribón las consideraría bulos y manipulaciones.

Los bribones suelen emplear un tipo de bulo que denomino de “inversión especular”: acusan a los caballeros de ser los autores de la fechoría que ellos mismos llevan o han llevado a cabo. Y la misma inversión se produce en el juicio que emite ese público que se muestra fiel a los bribones, percibiendo a los caballeros como bribones y a estos como caballeros, tal como la imagen de una casa reflejada en las aguas de un lago (vista desde el otro lado). De todo ello se infiere la dificultad de resolver quién es caballero y quién es bribón. Y, yendo más allá, es cierto que se han llevado a cabo propuestas de control de bulos, pero eso no resuelve el problema, pues… ¡Y si los controladores de bulos son bribones!

En este punto empieza de nuevo el círculo: si tales controladores son caballeros, serán acusados de ser bribones por estos; en caso de ser bribones también recibirán esa acusación, pero estos causarían un gran perjuicio a la verdad, ya que propalarían que las verdades son bulos y que los bulos son verdades. Es decir, los controladores bribones realizan una inversión especular de la realidad. Como resulta obvio, los bribones tienen ventaja sobre los caballeros pues, mientras que estos se atienen a la verdad (aunque no les convenga o incluso si les perjudica), los bribones siempre obtienen beneficios de mentir (para eso se diseña la mentira) e incluso pueden obtenerlos de algunas verdades, es decir, los bribones adaptan el relato a su conveniencia y beneficio.

Otro aspecto más de esta batalla favorece a los bribones: el hecho de que los ‘oportunistas’ se alían generalmente a ellos. Un oportunista sabe quiénes son caballeros y quiénes son bribones, sabe qué enunciado es un bulo y qué otro que no lo es,  pero también sabe que la mentira produce más réditos que la verdad, así que se aliará con los bribones (Pongamos por caso las grandes empresas del IBEX). Pero aún establece más alianzas con aquellos grupos que, agobiados por los pesares de la incertidumbre, han caído en el nihilismo moral de considerar la percepción de sí mismos como verdad esencial. También estos grupos apoyan a los bribones. ¿Se entiende que todo tipo de bribones haya impuesto su relato, su mentira, desde que el mundo es mundo? Por otro lado, ¿puede el rebaño digerir la verdad?