EL ABURRIMIENTO

Uno de los grandes males que acechan al individuo es el aburrimiento. Antiguamente se combatía con el sexo, la caza, la lucha, el juego, la guerra, el alcohol o las drogas. Los rituales mágicos de los sabios de la tribu trataban de mitigarlo imponiendo obligaciones en la conciencia de las gentes, es decir, descargándoles de parte del insoportable peso de la libertad individual. Algunas modas eran como juegos con la finalidad  de combatir el aburrimiento, así, el siglo II tuvo la moda de la discusión filosófica, y otros siglos fueron de acendrada religiosidad; en Francia los salones de los nobles y ricos eran los únicos lugares donde combatir el aburrimiento (quien haya leído a Marcel Proust sabrá de lo que hablo), bien es verdad es que los pobres apenas se aburrían pues apenas tenían tiempo para ello. Las danzas, la música, el contar cuentos, las lecturas cuando se aprendió a leer, han sido grandes remedios contra el aburrimiento. Ahora gozamos de la televisión y de Internet.

aburrimiento2

El aburrimiento es un estado de inquietud y de falta de atención. Ningún pensamiento, ninguna acción, resultan gratos de llevar a cabo o carecen de sentido. La droga y el alcoholismo penetran en el sujeto a través del aburrimiento. Los cuadernos de pasatiempos han nacido para hacerle frente. La rutina y la desilusión son dos de sus más importantes gérmenes. Pero también el aburrimiento se adquiere por la forma de vida que llevamos. El pastor que estaba en la majada varias semanas sin otra compañía que su rebaño no se aburría, pero un joven acostumbrado a la estimulación constante de la televisión, los videojuegos o internet, se sentirá mortalmente aburrido en cuanto carezca de esos elementos de diversión.

aburrimiento1.png

De ahí que se hayan multiplicado los comportamientos de hiperactividad en los colegios: son consecuencia del aburrimiento. Cuando se cumplen años, el aburrimiento tiene otras connotaciones. Hay varios remedios contra el aburrimiento de los jóvenes. Uno de ellos es el de tener un proyecto personal de vida. En este caso, el joven sabe a qué atener su comportamiento en cada momento: presta atención al propósito que se ha creado. El estudiante que quiere ser un buen médico o un buen ingeniero, el que quiere montar su propia empresa, el que quiere ser un deportista de élite, etc. mantienen al sujeto atento, prevenido, dispuesto, ocupado. También lo es el propósito grupal: pertenecer a un equipo de fútbol, a una ONG, participar en actividades políticas etc., le permiten a uno luchar contra el aburrimiento. Lo malo es el no tener un propósito a cumplir. En ese caso, el alcohol, las drogas, el comportamiento violento, el odio contra la sociedad, son soluciones rápidas contra el aburrimiento.

Sobremanera si se da un aburrimiento acompañado de incertidumbre y desasosiego como el de la crisis moral-social-económico-política que ahora se da. En estas condiciones las gentes buscan su remedio en odio y violencia  contra lo establecido. Se inculca odio, indignación, resentimiento y se obtienen los mayores efectos y la máxima eficacia cuando se hace desde la época escolar. De esa raíz surge el Nacionalismo, el Populismo que quieren destruir todo lo que existe sin saber qué construir después. El sometimiento al grupo le saca a uno del aburrimiento.  El aburrimiento que produce el no tener un proyecto personal propio le puede hacer a uno borrego y fanático.

Claro, ahora estamos desasistidos de los remedios tradicionales contra el aburrimiento. Ahora el aburrimiento de los que carecen de un proyecto que les cautive se combate con las tablees, los ordenadores, los móviles, con el mundo virtual. La nueva versión de Pokemon surgida es un remedio contra el tedio que, además, se adapta a nuestra naturaleza de cazador en busca de presa.

IMG_3461

Pero la solución más eficaz contra el aburrimiento es el proyecto personal: uno tiene una meta, una disciplina y una acción planificada que mantienen su atención en candelero.  Por esa razón me sorprenden esas pretensiones por las que hoy abogan algunas escuelas de sicología de Vivir en el presente a todas horas, que no es otra cosa que carecer de perspectivas y de miradas a la lejanía. El ser humano ha sido pergeñado para laborar en el presente con vistas al futuro. Actuar sin mirar a la lejanía, al foco atractor lejano, es como carecer de luz, es vivir desorientado, sin proyecto. Los que pomposa e ingenuamente abogan por la exclusividad del aquí y ahora, suelen caer en desorientación, aburrimiento, melancolía, y finalmente depresión, a menos que se vuelvan hiperactivos, a menos que salgan de sí mismos y se dejen llevar sin rumbo por la corriente de la vida, sin ser ellos mismos.

ANIMAL MORAL

LIBRO DE ENSAYOS ACERCA DEL COMPORTAMIENTO HUMANO

Para comprar el libro puede dirigirse a http://www.eraseunavez.org o a www.agapea.com

En esta dirección puede echar un vistazo a los temas:

Destrucción, Populismo y Brexit

  1. populismo2
  2. Hoy, el impulso a destruir impera en muchos jóvenes. Acostumbrados al buen vivir y a los derechos gratuitos, sin responsabilidades de algún tipo, no saben qué hacer con una libertad que les pesa como una losa; pocos buscan, la mayoría esperan que se les dé sin la molestia de tener que buscar; muchos de ellos carecen de propósitos y esperanzas; lo desean todo sin esfuerzo y todo les parece insuficiente; así que la vieja y fracasada fórmula del igualitarismo, de esquilmar a los ricos, de envidia y resentimiento contra los que destacan socialmente, resuena en sus oídos con fuerza, sintoniza sus conciencias y encauza sus pasiones a la destrucción del orden social existente. Esta clase destructora que hoy surge no es una clase económica, sino que la integran los que poseen niveles semejantes de resentimiento social, de falta de esperanza, de incapacidad para elaborar proyectos, y la integran también aquellos que presentan contra la cultura en la que viven niveles de odio parecido. Hoy estas gentes, jóvenes principalmente, como en mayo del 68, en época de iniciación guerrera, se rebelan contra la generación anterior, rechazan la cultura y los valores en que se han criado, rechazan el esfuerzo y la responsabilidad individual, y esperan el prodigio del maná caído del cielo y la apertura de un paraíso que maravillosamente aparecerá y les traerá la buenaventura eterna. Hoy, muchos de ellos forman parte del Populismo, un rebaño ciego que espera un aprisco cálido y un pesebre bien lleno sin necesidad de realizar esfuerzo alguno para lograrlo.
  3. populismo1
  4. Hay quienes se extrañan de la sintonía que muestra el Populismo español con una buena parte del mundo islámico. Aquellos y estos manifiestan intenciones de destruir libertades, de destruir la democracia representativa, de destruir los tradicionales valores de Occidente, de destruir a Israel, y unos y otros se aparejan en odio. No resulta extraña tal sintonía. De ahí surge ese silencio alarmante del feminismo radical populista ante la ausencia de derechos de la mujer o de los homosexuales en el mundo musulmán; de ahí los esfuerzos que realiza el Populismo para justificar el terrorismo palestino; de ahí la amistad que une al Populismo de Podemos con  el régimen teocrático de Irán; de ahí la política de acogida que dirige el Populismo a todos los musulmanes que recalan en España. Están unidos por el ansia de destrucción. De su alianza solo se puede esperar la miseria y una vuelta a las cavernas de la civilización. ¡Y se llaman a sí mismos progresistas! Mayor dislate no cabe. Barbarie=progresismo. Esa es la nueva fórmula.
  5. Cuando la socialdemocracia alemana consiguió llegar al poder tras de la Primera Guerra Mundial, sus dirigentes, impregnados hasta la médula de ideas revolucionarias y de alcanzar una pretendida justicia social pero sin una sola idea de qué construir ni de cómo construir, se hicieron esta rotunda pregunta: ¿Y ahora qué? El que no encontraran una respuesta adecuada, motivo la llegada del nazismo. El triunfo del Brexit ha conmocionado Europa, aunque nos ha salvado del avance del populismo español, travestido como un camaleón de ropajes engañosos, que conmociona a España. ¿Y ahora qué?, nos preguntamos todos.
  6. populismo4
  7. El Brexit es entendible. Los británicos son un pueblo con gran apego a sus tradiciones y libertades. En el siglo XVII el parlamento inglés se levantó en armas contra su monarca y le cortó la cabeza. En Londres se proclamó la carta de derechos y libertades de los ingleses, The Bill of Rights, de la que tan orgullosos se han mostrado siempre. En 1801 se celebró el primer censo de población en el Reino Unido y muchos de sus ciudadanos se rasgaron las vestiduras por considerarlo un atentado a sus libertades. Un pueblo tan amante de sus tradiciones, su democracia y sus libertades, no puede dejar de sentirse preocupado por las amenazas que se ciernen sobre estos valores. Por el hecho de que Londres haya dejado de ser inglesa; por el hecho de que el crecimiento de la población islámica en Inglaterra sea imparable; por el hecho de que un 45% de los jóvenes musulmanes que viven en el Reino Unido muestren simpatías por el terrorismo islámico; por el hecho de que Europa ejerza un fuerte control sobre sus libertades. Se separan porque Europa se ha rendido a un relativismo cultural y de valores que equipara, sin sonrojo alguno por su parte, la Shariah con la Carta de los Derechos Humanos. Se separan porque el clima moral reinante en Europa, un clima de buenismo institucionalizado y de populismo igualitarista en el Sur, conduce a medio plazo al desastre cultural y económico y a la destrucción de los valores tradicionales. Los ingleses huyen de Europa porque temen hundirse con ella. Pero tal hecho no tiene porqué ser una catástrofe. Por su cercanía y supeditación a EEUU (a sus antiguas colonias), el reino Unido ha sido siempre una china en el zapato de Europa. Podemos salir reforzados de su separación. Para ello hacen falta ajustes de laboriosidad y gasto en el Sur y una defensa de lo propio contra las huestes que amenazan nuestros valores, derechos, democracia y libertades.
  8. He de reconocer que en los anteriores puntos solo aparece una parte de verdad, aquella que me parece más preocupante; y que es posible mirar las cosas –también con sensatez—desde otro punto de vista no tan negativo, pero España y Europa no están para medias tintas, y, a mi entender, es preferible resaltar los peligros que esconderlos bajo la sucia alfombra de lo políticamente correcto.

Me tomo unas vacaciones de verano y cierro este Blog, provisionalmente, a entradas nuevas. Un saludo a todos.

 

 

Pensamientos pecaminosos

 

  • El gran problema de la psicología y de la psiquiatría no se encuentra en la dificultad de penetrar en lo intrincado de la mente humana, sino en verse atrapadas en teorías sin aval científico alguno, en teorías que no pasan de ser meras ocurrencias, en teorías en las que los investigadores se enredan y se pierden y no encuentran el camino de salida.
  • Condición necesaria para saber: tener amplitud de miras.
  • Todas las grandes culturas tienen su origen en fenómenos religiosos.
  • Tradicionalmente, para imponer una religión nueva a un pueblo, se ha hecho saber los beneficios que tal religión traería a los gobernantes.
  • Cuando los dioses se expulsan de la esfera humana los modelos de jerarquización social existentes se resienten y el Igualitarismo avanza. De ahí el empeño de los igualitaristas por alejarlos.
  • Cuando mueren los dioses no deja de actuar el mecanismo mental que nos hacía creer en ellos, sino que actúa inventando y adorando otras ilusiones: utopías socialistas, los mundos soñados, las conexiones místicas, las justicias universales, y los diversos tipos de pensamientos mágicos; además, claro está, de las alucinaciones artificiales que las drogas generan. Me asola la terrible sospecha de que la muerte de los dioses no es una bendición para la humanidad.
  • En los dioses se plasman muchos de los temores y deseos de los creyentes, y en los dioses se aquietan.
  • El clima de compasión que impera hoy en día lo hemos heredado del cristianismo.
  • Si se mira con detenimiento, la razón ha sido históricamente de poca importancia en los movimientos sociales. La rabia, el odio, el resentimiento, la indignación por una pretendida injusticia, han sido las fuerzas imperantes en las grandes revoluciones.
  • Todo el siglo XIX fue un hervidero de revoluciones ―alentadas por la revolución francesa ―que condujeron a la revolución soviética. También surgieron en ese siglo los nacionalismos. En todos esos movimientos resultan de primordial importancia las creencias justificadoras que emplee cada grupo en busca y defensa de su propósito, es decir, los argumentos. Pero también resulta esencial la fuerza de la pasión en cada grupo. Quienes poseen pasión suelen imponer su credo.
  • En ocasiones una falsedad manifiesta –o incluso una estupidez grandiosa—se establecen como grandes verdades históricas o monumentos al conocimiento. El psicoanálisis, la homeopatía, el materialismo dialéctico…, son algunos ejemplos.
  • Primeramente, uno debe adquirir un buen haz de conocimientos. A continuación debe aprender a desprenderse de los inútiles y erróneos, de todas las falsas teorías que pululan en la sociedad y dañan el entendimiento. Mediante dicha poda se alcanza la virtud.
  • En nuestra naturaleza está el pertenecer al rebaño.
  • Las bandadas de estorninos crean verdaderas y artísticas filigranas en el aire. El parámetro principal que rige la dirección de su vuelo es ‘la distancia al compañero más próximo’.
  • El parámetro principal que rige el comportamiento humano en sociedad es el de seguir la actitud del vecino más próximo y mirar los movimientos de la cabeza del grupo.
  • Soy partidario de que cada cual encuentre su propio camino hacia la cima o hacia el abismo. Las prohibiciones que pretenden proteger a uno de sí mismo me parecen innecesarias y peligrosas.
  • Hoy todo el mundo se encapsula: detrás de un ordenador, detrás de los animales de compañía, detrás de la escritura, detrás de la Naturaleza… La Seguridad nos ha hecho cobardes y tememos mirar al ‘otro’ de frente.

Ideas que cambiaron el mundo

ideas
Las ideas que han ido cambiando el mundo de las relaciones sociales con más ímpetu no han sido ideas profundas y ni siquiera son las que nos cuentan. De manera típica han sido ideas simples conducidas por deseos, obsesiones e intereses, y a las que el predicamento social alcanzado hizo grandes. Mediante esas pequeñas ideas se encauzaron las pasiones de las gentes –y en eso reside su virtud—a propósitos que parecían ilusionantes y liberadores.

comunismo1

La idea de Karl Marx de que el tren de la historia traería de manera inexorable el paraíso comunista (idea sustentada en la fe en esa chistera de prestidigitador llamada Materialismo dialéctico, de la que el marxismo saca indistintamente un conejo o un elefante), agavilló el resentimiento de los más menesterosos, germinó ilusiones en sus conciencias, y les señaló el norte de derribar el orden social establecido.

capitalismo2
Otra idea aún más exitosa fue la idea que condujo al Capitalismo. Fue formulada por Adam Smith, que estaba imbuido de la idea calvinista de la Predestinación y de la Soberanía de Dios, y viene a decir que los hombres son egoístas por naturaleza, así que conviene dejar que se comporten egoístamente en lo económico, pues la mano de Dios, que todo lo gobierna, les impulsará a conseguir de forma inconsciente el mayor bien posible para la comunidad. La mano de Dios viene representada por el mercado. Si a tal idea le añadimos otra idea calvinista, la que argumenta que el éxito en la vida es signo de estar poseído por la Gracia divina, nos explicamos la carrera hacia el éxito que se produjo en el comercio, en las finanzas, o en cualquier otra actividad social en el Reino Unido durante los siglos XVIII y XIX. Y nos explicamos también, en términos comparativos, la miseria y la opulencia que genera la idea del capitalismo.

Rousseau buen salvaje

Una idea mucho más simple que éstas se halla actualmente en la cresta de la ola. Fue Rousseau –cuya vida e ideas presentan grandes incoherencias—el padre de la criatura. En esencia dice que ‘el hombre es bueno por naturaleza’, cosa que no resiste el más ligero análisis pero que empapó las utopías liberadoras hasta Habermas y Marcuse, que se quiso plasmar en lo que se denominó ‘el nuevo hombre soviético’, y que boga viento en popa en el ‘buenismo’ social.

pablo

En muchas ocasiones ‘la idea’ ha sido presentada con el apoyo de ‘la voz de Dios’. La alucinación de Pablo de Tarso en su viaje a Damasco, viendo el resplandor de Dios y oyendo su voz (se conjetura que San Pablo era epiléptico), fue la causante de que el cristianismo –hasta entonces una religión exclusivamente judía—se extendiese a todo el Imperio Romano, pues Pablo era ciudadano romano. La prédica cristiana, amoldada a las ideas del de Tarso, percutió a partir de entonces en el corazón de los más míseros del imperio. Nada menos que ofrecía el inmediato fin de los tiempos y aparecer, resucitado, a la derecha del Padre.

juana de arco

Juana de Arco también escuchó la voz de Dios, y dando, con su vigor y su fe, el ánimo y el orgullo a la nobleza y al pueblo francés, a los 17 años encabezó el ejército que expulsó a los odiados ingleses de Francia.

hitler

En un maniaco cabo austriaco la voz de Dios se transformó en la voz de la raza. Apenas había en Hitler otra cosa que la presunción de la superioridad racial del pueblo alemán, pero una larga tradición germana en ese sentido –en la cual destacaba Prusia—, unida a la humillante derrota sufrida en la Gran Guerra y al cataclismo de la República de Weimar, hizo posible que sus ideas raciales calaran en la población. Aportaban orgullo, señalaban a los judíos como culpables de su desgracia, y prometían grandeza imperial. Pero sus ramplonas ideas condujeron a Alemania y a Europa al descarrilamiento. Valga como ejemplo de que las ideas más simples o más peregrinas pueden enseñorearse de la conciencia y del corazón de las gentes si encuentran el clima moral y cultural apropiado para crecer.
En todos los grandes Mesías –grandes paranoicos—la idea se convierte en una deidad a la que hay que adorar, y en cuyo altar se celebran y se convierten en lícitos todos los sacrificios. Los Mesías se encadenan a una idea y encadenan también al pueblo al que quieren salvar. La idea actúa como una luz con la que se columbra a lo lejos un mundo nuevo; actúa como un símbolo hipnotizador o como una campana tocando a rebato a la población. Bajo su estandarte todos los crímenes están justificados.

jemeres rojos

La democracia, la libertad, la vida, se han ofrecido impunemente en el altar del comunismo. La tan celebrada Revolución soviética de Octubre no fue otra cosa que una revuelta armada contra el gobierno socialdemócrata de Kerensky. La idea del comunismo desembocó en millones de ajusticiamientos y de una represión de libertades y una infusión de miedo a la población como pocas veces se había dado en la historia. El Gran Salto Adelante, dirigido por Mao en China, trajo casi 40 millones de personas muertas de hambre. A Mao se le ocurrió la idea de producir acero en cada casa de agricultor, por lo que debían abandonar la agricultura. En Camboya, el comunismo maoísta tuvo la idea de implantar un sistema totalmente agrario, evacuando las ciudades y destruyendo la civilización urbana. El resultado fueron casi dos millones de camboyano asesinados.

Recordemos a Robespierre y su idea de la República como bien absoluto. Ante ella todo debía doblegarse y cualquier asesinato estaba justificado. Todo era válido para el propósito de República: dar un golpe de Estado, declarar la guerra a media Europa, instaurar la nueva religión del Ser Supremo, y guillotinar a todo aquel que dudase.
En estos últimos casos no es la voz de Dios ni la voz de la raza quienes aportan argumentos y fuerza a la ‘idea’, sino otra deidad, la voz del pueblo. Esa voz es la que sirve para legitimar todo tipo de tropelías, desmanes, asesinatos y represiones. Con su ayuda se pretende instaurar el totalitarismo.
Para alucinar a las masas, los mesías de la idea no tienen que ofrecer razones, sino levantar sentimientos, y, si acaso, engañar convincentemente prometiendo un paraíso. Contra la ingenua creencia de los filósofos de cualquier época, la razón ha dicho poca cosa en la germinación de los acontecimientos sociales e históricos. A la res humana en su aprisco solo la mueve las alucinaciones, los deseos y los sentimientos.

CONDUCTA SOCIAL Y NATURALEZA HUMANA III

 

 

LAS CREENCIAS Y LA CONVENIENCIA QUE PRESENTAN

creencias2

 

¿Cómo resaltar la importancia de las creencias en nuestra conducta social?

 

La gente vive y muere por sus creencias. Por creencias se hicieron pirámides gigantescas, catedrales inmensas, monumentos grandiosos, en fin, altares magníficos a las creencias humanas. Por creencias se lanzaban contra las naves enemigas los kamikazes japoneses en la Segunda Guerra Mundial; en la India, por creencias la viuda del difunto era ofrecida  a morir en la pira funeraria; por creencias se fundan o se destruyen los imperios, se suicidan colectivamente grupos humanos, se inmolan los terroristas del Daesh en sangrientos atentados; por creencias se altera la razón o se pierde la visión de la realidad y se ve a ésta transformada en fantasía o en esquizoide ilusión. Cuando una creencia se implanta en una comunidad y crea en ella un clima de opinión, y aporta criterios y verdades nuevos,  acaba imponiendo una dictadura moral, es decir, nos dice lo que está bien y lo que está mal, y ejerce de rectora de nuestra conducta social.

Si, tal como se ha explicado en las dos entradas anteriores de este blog,  el sistema instintivo y el sistema sentimental, nos dictan –mediante la pulsión que nos hacen sentir—las  conductas sociales a seguir (y en ese dictado para realizar tal o cual acción muestran la conveniencia percibida en él por dichos sistemas), para dicho menester de dictar nuestra conducta las creencias que anidan en nuestra conciencia acerca de la realidad son la crème de la crème.

Asumimos  las creencias de nuestros padres, de los medios, de los líderes de opinión, de los políticos; seguimos sus criterios, hacemos nuestros sus juicios; confiamos en ellos buscando seguridad. Entendemos el mundo a través de su opinión y juzgamos según su juicio. Delegamos en ellos, fiamos en ellos, hacemos dejación en ellos de nuestra responsabilidad para entender la realidad. Así que ponemos nuestra seguridad, nuestra conducta y nuestras esperanzas en sus manos. Nos convertimos en rebaño de conciencia moldeada de acuerdo a los propósitos de los líderes. Hitler y Mussolini crearon así su rebaño fiel. Cuando murió Stalin, millones de personas que habían sufrido opresión y que habían perdido a algún ser querido por la política asesina del tirano, lloraban con dolor la muerte del ‘padrecito’.

 

Pero, ¿qué son las creencias, de dónde proviene su fuerza?

 

Nos dice Julián Marías que  «Las creencias son sistemas socializados de conceptos e ideas que organizan la percepción de partes del mundo –o de su totalidad—en el que vive la sociedad de referencia». Ciertamente una creencia es una perspectiva, es un particular enfoque cromático través del cual miramos la realidad. Miramos al mundo y lo vemos con la perspectiva que nos aportan las creencias que tenemos. Bueno, en realidad, debemos decir que son ellas las que nos tienen, las que se apoderan de nosotros. Una creencia anida en la conciencia del individuo y hace que éste sienta y se comporte de tal o cual manera ante una situación determinada. La creencia se suelda a nuestra conciencia y construye aquí la base de nuestra conducta, de nuestros juicios, de nuestro sentir e incluso de nuestro pensar. De ahí su fuerza. Las creencias nos dirigen, nos zarandeas, nos señalan dónde está el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, la mentira y la verdad.

creencias1

¿Qué beneficios nos reporta el ‘creer’?

 

En primer lugar, sirven para automatizar nuestra conducta. Gracias a que nos proporcionan una previsión de la realidad, ante cada acontecimiento no tenemos que sopesar a cada instante la conducta más adecuada o conveniente, es decir, nos evita ese delirio en que nos introduce la duda, ese delirio de análisis y pros y contras que ésta trae consigo. O dicho de otra manera, las creencias nos proporcionan, criterios,  juicios y sentimientos para escrutar el mundo y posicionarnos frente a él. Nos indican el camino de lo que se anhela, su busca o se teme. Nos proporcionan certezas, un suelo por el que caminar desprevenidamente.

Y no importa si contienen o no verdad. Lo que importa es que nos proporcionen convencimiento. Si analizamos cualquier creencia en profundidad la derrumbamos. Ahí tenemos creencias sin ton ni son que están profundamente arraigadas en una parte importante de la humanidad: la astrología, el tarot, la homeopatía, las cosmovisiones místicas, etc., etc. Lo que satisface de ellas es que proporcionan previsión de la realidad, satisfacen las ansias de saber de sus acólitos, dan cobijo y amparo, o generan ilusiones satisfactorias. Generalmente se amoldan a la horma de nuestros deseos y temores. De ahí que las creencias más poderosas –como las creencias religiosas y otras de las que hablaremos— manejan profusamente el temor y el deseo.

 

Somos crédulos

 

Podemos creer en supersticiones que ya aparecen en tablillas mesopotámicas  de  cinco mil años de antigüedad: que nos sobrevenga el infortunio si derramamos descuidadamente la sal, si un gato negro cruza en nuestro camino, si pasamos por debajo de una escalera de mano apoyada en la pared… También creemos en magias diversas: vudú, hechizos, encantamientos, en el poder de San Cristóbal o San Eulogio, en la licuación esporádica de la sangre de San Pantaleón o de San Genaro, en lo funesto de una maldición, en la alquimia… Y cómo olvidarnos de las creencias acerca de las  ‘ciencias’ de la adivinación: tarot, quiromancia, presciencia, astrología…, y en el Cielo, en el Infierno, en el fenómeno OVNI, en los dioses, en la reencarnación, en Satán… Y tales creencias nos transforman, nos pueden aportar ánimo o desesperación, deseos de vivir o de morir. Tracios y Celtas creían en la transmigración de las almas, en la metempsicosis, y poseían un gran desprecio de sus vidas, lo que les proporcionaba una gran valor en las batallas.

Toda creencia es una ilusión de la realidad, una fantasía acerca del mundo. El ser humano necesita ilusión. Cuando la realidad no le satisface –y casi nunca lo logra—la ilusión, la esperanza, son su salvaguardia. La ilusión, al satisfacer virtualmente el deseo encerrado en ella, alivia la realidad, la hace soportable, incluso la reemplaza.  El temor y el deseo son las entidades que fabrican las ilusiones en nuestra mente; y lo hacen tomando las alas de la imaginación y edificando, fijando y organizando creencias a su albedrío. La mente se halla ocupada a todas horas en trazar ilusiones a la medida de los deseos y de los temores. Para entender que sea posible tener fe en las creencias más absurdas, conviene resaltar nuestra naturaleza ilusoria. Tenemos que entender que son el temor y el deseo quienes suscitan esas ilusorias creencias; que son el temor y el deseo quienes nos hacen crédulos.

 

Creencias potentes y peligrosas

 

Los hombres están poco preparados para afrontar creencias basadas en la racionalidad, así que, para imprimir una dirección a los afectos y un norte a la conducta,  la expresividad simbólica, la  ritual y la mitológica resultan mucho más eficaces que el análisis racional. Sirva como ejemplo de esta simplificación conceptual  la religiosidad andaluza: lo que provoca el llanto de los rocieros o de los cofrades en una procesión, lo que exalta el ánimo al ver la imagen de la Virgen María, no son los misterios de la trinidad ni los valores de la ética cristiana ni la organización celestial, sino el simbolismo pagano, la imagen representativa del poder o la bondad. El símbolo desata de inmediato la pasión.

Las creencias Redentoras son las que manejan con más empeño la ilusión y el símbolo. Nada menos que pretenden redimir al que sufre, al oprimido, al descontento, al infeliz, al mísero. Las más conocidas y más en boga son: el nacionalismo, las religiones del Libro, el Igualitarismo marxista o comunista… Todas ellas proponen la ilusión de un Paraíso –así en el Cielo o en la Tierra—que se logrará siguiendo la conducta conveniente o pertinente al caso: la lucha por la independencia, el acatamiento a ciertos dictados religiosos, la revolución sangrienta… Las banderas, las insignias, las imágenes, los símbolos que utilizan cada una de ellas focalizan la atención del creyente, le infunden pasión y le identifican con el grupo. Su principal fuerza reside en la obnubilación que concitan las  pasiones y sentimientos. El deseo, el temor, el odio, el resentimiento que dichas creencias concitan y agavillan en las gentes, son sus armas más poderosas.

Las nuevas creencias místicas

 

Son esas creencias seudoreligiosas que los nuevos tiempos han traído. Unos tiempos de vida acomodada, de evitación a toda costa de todo cuanto huela a sufrimiento, de evitación de lucha y enfrentamiento…; unos tiempos en que se trata de eludir el temor social buscando refugio en los animales o la naturaleza. Unas creencias que han sustituido al clásico dios etéreo por esos nuevos dioses que son la Naturaleza, la Vida, la cosmovisión mística del Todo relacionado, la Justicia entretejida en los actos y en sus consecuencias…Me refiero, claro, al animalismo, al veganismo, al ecologismo extremo.

Y hacia esos dioses se vuelca el afán religioso de sus seguidores: el proselitismo, el militarismo en la creencia, la imposición de su ideario por la fuerza etc., etc.

creencias5

¿Qué conveniencia percibimos?

 

Tal como se ha podido ver,  al hombre no lo mueve la realidad, sino las ilusiones que la conciencia —sugestionada por las creencias— construye de esa realidad. Las creencias distorsionan y alteran la percepción de la realidad, categorizan esa realidad percibida, emiten juicios de valor acerca de ella, estiman la conveniencia que representa para el individuo, y disponen a los deseos y a los sentimientos al arbitrio de aquellas. Temor, deseos y sentimientos brotan, se disponen y se desarrollan en el suelo de las creencias del individuo, así que según la sustancia de éstas, adquirirán aquellos su peculiar color, su tallo, su fortaleza, su fruto, su singular desarrollo, y, las ilusiones que se construyen con ellas terminarán adquiriendo su estructura, vitalidad, colorido y forma.

 

Otro sistema que poseemos en el cerebro para percibir la conveniencia de nuestras actitudes y nuestra conducta, es el sistema intelectivo, pero sospecho que hablar de él me exigirá un arduo trabajo, así que lo dejo por ahora en el tintero.

 

CONDUCTA SOCIAL Y NATURALEZA HUMANA II

 

CONVENIENCIA SENTIMENTAL

sentim1

Los sentimientos nos sugieren que determinada conducta o acción frente a los demás es aceptable y grata o, por el contrario, es reprobable. Nos hacen sentir atracción o repulsión, malquerencia o bienquerencia, gozo o malestar, paralizan la acción o nos impulsan a ella. Frente al otro, frente a quien nos relacionamos, nos concitan un rumbo y una intención. En resumidas cuentas, mediante dicho sentir hacen resaltar en nuestra conciencia lo conveniente  de tal o cual modo de actuar en relación a tal o cual individuo, predisponiéndonos a estar alerta o a confiar despreocupadamente.

Los sentimientos surgieron como tales en las primitivas agrupaciones de homo sapiens ( muy plausiblemente, se esbozaron en la época del homo erectus), con vocación de actuar a modo de reguladores sociales. La compasión, la vergüenza, la culpa, la envidia, los celos…actúan como instrumentos de la naturaleza humana. Procuran por un difícil equilibrio entre los intereses individuales y los sociales. Propugnan una difícil entente entre el competir con los demás y el cooperar con ellos.

Para sobrevivir en un medio hostil, nuestros primitivos ancestros tuvieron que competir y cooperar entre ellos. Lo mismo ocurre hoy en día en cualquier  negocio: en la empresa los trabajadores cooperan y compiten entre ellos por obtener beneficios empresariales y por alcanzar estatus a costa de los demás. Para estas labores resultaron y resultan de gran utilidad los sentimientos (y también para la convivencia y para la defensa del grupo y del individuo…).

La crueldad, los celos, el odio, la envidia –en  ciertas circunstancias—, actúan en nosotros en forma de pulsiones que nos impelen a competir; la compasión, la vergüenza, el afecto, facilitan, en cambio, la cooperación. Así que los sentimientos, con las pulsiones y la predisposición que nos producen hacia los demás, muestran a la conciencia el comportamiento que al sistema emocional le resulta conveniente cuando un individuo se encuentra frente a otros individuos.

sentim2

El compasivo “percibe” conveniencia en actuar con misericordia frente a unos y con odio frente a otros; el vergonzoso “percibe” conveniencia en evitar situaciones en las que podría aparecer deshonroso; la conveniencia del envidioso se cifra en hacer desaparecer al oponente que le hace sombra…

Los sentimientos tienen una importante particularidad: son en alto grado educables, lo cual les confiere un plus de potencial peligro. Incluso pueden ponerse de moda, tal como la compasión y la conmiseración lo están ahora. Los horrores de la 2ª Guerra Mundial fueron un toque de clarín para que se evitara la crueldad e imperase  la compasión. En el fondo, ese es el programa de la filosofía de la llamada Escuela de Frankfurt. El buenismo, cuya moralidad impera hoy en día en Occidente, hunde sus raíces en esa fuente.

La compasión es hoy, a nivel social, el sentimiento estrella, pero la compasión se alimenta de temor, y este sentimiento es el gran reconductor de conciencias. El temor es un miedo anticipado imaginativamente, es el sentimiento que nos produce la percepción de una amenaza en ciernes. Sentimos temor por un peligro supuesto, no por un peligro presente.

En el espectro humano se pueden observar caracteres más o menos medrosos (y también algún Juan Sin Miedo) pero, como sentimiento que es, es educable. Lo sentimos especialmente cuando otros lo sienten y lo comunican.

El temor se propaga entre las gentes como una llama en la estopa; es altamente contagioso y puede agrandarse en nuestra conciencia hasta el delirio. Voy a poner un ejemplo. En marzo de 1220 Gengis Khan tomó Samarcanda y masacró a su población. Igual suerte sufrió el Jorasán iraní y Afganistán. Las ciudades fueron reducidas a escombros y los cronistas musulmanes de la época narran que los cráneos apilados formaban montañas. Tal devastación provocó en el imperio musulmán un temor inmenso hacia los mongoles. Un temor que podemos apreciar por el relato del cronista Ibn al-Athir:[i]

Me han contado cosas que apenas pueden creerse; tan grande era el es­panto que Alá había puesto en todos los corazones. Se cuenta, por ejem­plo, que un solo jinete tártaro entró en una ciudad muy poblada y se puso a matar a todos sus habitantes uno tras otro sin que nadie se atreviera a defenderse. He oído decir que un tártaro, no teniendo ningún arma y que­riendo matar a uno que había hecho prisionero, le ordenó que se acostara en tierra, fue a buscar un sable y después mató a ese desgraciado, que no se había movido.

sentim4

La conveniencia que manifiesta un temor prudente es provechosa; no lo es, en cambio,  la conveniencia de actuar de acuerdo a los dictados de un temor desbocado, pavoroso, ni tampoco la de actuar sin temor alguno –es decir, no ser precavido—cuando existe peligro. El temor prudente nos alerta sobre los peligros, mientras que en el temor desbocado esa alerta se hace obsesiva y nos paraliza o nos hace huir despavoridos.

En cualquier caso, la conveniencia que dictan los sentimientos es de por sí peligrosa si no está sometida al control de las razones del intelecto que miran por nosotros mismos. No ha sido infrecuente en la historia que el compadecido clave un puñal en la espalda del compasivo. En la encrucijada en que nos hallamos, con la mitad de la población africana y de Oriente Medio queriendo llegar a las costas europeas, esa historia es muy probable que se repita.

Percibimos otro tipo de conveniencia que no he nombrado hasta ahora y que quizá sea la más determinante en nuestra conducta. Me refiero a la conveniencia que percibimos en las cosas a través de las creencias que poseemos, pero de esto hablaré en una próxima entrada.

 

 

 

 

[i] René Grousset, El Imperio de las Estepas, página 304

CONDUCTA SOCIAL Y NATURALEZA HUMANA I

El hecho ha sido observado en multitud de ocasiones en muchas especies animales. Comprenderlo solo precisa de un ejemplo: Un rebaño ovino pastando apaciblemente a unas decenas de metros de un despeñadero; un pastor al que un fortuito menester aleja unos instantes del ganado; un oveja madura que por razones extrañas, obedeciendo a un mero instinto ocasional,  obedeciendo a una pulsión, echa a trotar y se desboca hacia el precipicio. Ahora viene el asunto principal: suele ocurrir que las demás ovejas, en fila, siguen los pasos de la primera y se despeñan también.

Los seres humanos no somos tan distintos a esas ovejas. Como ellas, somos gregarias, solemos tener pastores políticos y religiosos, y, los suicidios colectivos –siguiendo las indicaciones o doctrinas de un líder—han sido harto numerosos en nuestra especie. Desde sectas religiosas que se han inmolado a una orden de su líder, hasta la infinitud de guerras que no tuvieron otro propósito que el enfrentamiento entre líderes, ni otro resultado posible que la muerte de centenares, miles o millones de seres humanos.

Somos animales, somos gregarios y seguimos a un líder cual rebaño de ovejas o de lobos o de caribús. Nos creemos distintos porque, de manera singular, poseemos conciencia, pero, realmente, todas nuestras decisiones se toman en ese ámbito subterráneo que es el inconsciente.

conducta y naturaleza7

La conducta de los animales –deslindándonos ahora de ellos—resulta mucho menos complicada que la nuestra: es guiada y catapultada de manera casi exclusiva por los instintos. Sus instintos les indican la conveniencia que poseen las cosas para su supervivencia y bienestar, y les impulsan a conseguirlas. Los humanos disponemos, además, de otros mecanismos neuronales para percibir dicha conveniencia: poseemos la razón y los sentimientos, es decir, poseemos conciencia, poseemos la capacidad de obrar en el presente con vistas al futuro empleando el conocimiento del pasado. Esa amplitud de conveniencias (conveniencia instintiva, sentimental, racional) origina que la vida del hombre resulte un permanente conflicto: una  lucha interior entre conveniencias. El instinto nos suele decir una cosa, el sentimiento otra distinta y la razón otra más enrevesada aún.

conducta y naturaleza10

Hace poco comenté en un blog que nuestra civilización trata de reprimir nuestra naturaleza instintiva, nuestra naturaleza animal, y que en esa represión solapada se encuentra en gran medida la raíz de muchas de las enfermedades cuya etiología los médicos se encuentran incapaces de descubrir. Que tales enfermedades son harto frecuentes en quienes, por una causa u otra, han reprimido fuertemente su acción instintiva: quienes huyen de la relación social por temor a la alteridad del ‘otro’, quienes sofocan ilimitadamente su sexualidad, quienes llenos de temor a la experiencia social se refugian en  la soledad o en los animales, en los hipercompasivos, en aquellos que se horrorizan ante cualquier crueldad por insignificante que sea, en aquellos que temen todo lo que huela a competir, en quienes carecen de un itinerario de vida o no poseen un propósito vital. Abjurar de lo instintivo, querer matar la parte animal de uno mismo, lo entiende el organismo, de manera inconsciente, como un suicidio. Los impulsos instintivos se dirigen entonces, no a satisfacerse, sino a descompensan el funcionamiento de los diversos órganos del cuerpo, y, junto con el miedo, el gran represor del instinto, provocan la enfermedad.

En otros casos, una idea se apodera de nosotros, se asienta en la conciencia en forma de creencia (no siendo otra cosa que una ilusión), y obnubilando la razón y redireccionando la acción sentimental hacia el propósito que indica dicha idea, esto es, mostrándonos ciegamente una única e ilusa conveniencia, nos lanza a realizar grandes revoluciones y a producir grandes catástrofes en su nombre. El ejemplo de la Alemania de Hitler o del comunismo soviético, especialmente con Stalin, son bastante elocuentes al respecto. Pero no es preciso señalar casos extremos como los dichos, el ámbito social está lleno de comportamientos disparatados auspiciados por creencias que producen en las gentes una visión de la realidad alterada que puede llegar al fanatismo, esto es, a no ver más allá de sus narices, a pensar que todo el mundo está equivocado menos él, y a considerar su enemigo y declarar la guerra a todo aquel que discrepe de su verdad. El sectario, el revolucionario, el terrorista, son algunos tipos característicos de este tipo de gente. Es como si su cerebro estuviera cortocircuitado y solo la idea que le ronda produjera allí actividad. Los ejemplos son numerosos y no es preciso exponerlos.  Se está descubriendo que muchas enfermedades mentales son consecuencia de ese cortocircuitado y del miedo.

conducta y naturaleza2

Recojamos que somos gregarios, que solemos seguir a líderes y a fiar en su opinión, que poseemos mecanismos diversos y de diversa antigüedad evolutiva para percibir aquello que nos conviene para nuestro bienestar, que las ideas anidan en nuestro cerebro fabricando ilusiones que nos guían a comportamientos desastrosos, que renegar de manera notable de nuestra acción instintiva puede enfermar la mente y el cuerpo…

Nos falta hablar de la conveniencia sentimental y de la racional, y también somos capaces de producir tecnología y cultura y moral, pero estos temas serán tratados en próximas entradas de este Blog.