
DOCTRINAS DE JESUCRISTO
Las doctrinas de Jesucristo, además de, en similitud con los esenios, proclamar votos de humildad y pobreza, produjeron una gran revolución ética. Algunas de sus propuestas recuerdan al Budismo, al Taoísmo, al Jainismo, y, como se ha dicho, coinciden en muchos aspectos con los esenios. Así, la vida en comunidad separada de creyentes[1], el voto de pobreza[2], las referencias al amor entre los discípulos[3]…El credo cristiano resalta la pobreza, es decir, la igualdad entre los hombres. Pero no se puede servir a las riquezas y al amor. Jesucristo lo sabe. Su comunidad ideal solo puede basarse en la reciprocidad en el afecto y en la igualdad. Por tal razón no se dirige a los poderosos, sino a los necesitados, a los pobres, a los inocentes, a los agraviados, a los sumisos, a los débiles, a los humildes, a los resentidos de la sociedad. El Sermón de la Montaña[4]y el Sermón de la Llanura[5] Por esa misma razón pide a los que le sigan que se desprendan de todo[6]. Promulga el afecto en busca de reciprocidad, pero también la reciprocidad en las acciones y actitudes[7] de todos los miembros de la comunidad. Tales enseñanzas constituyen el principio rector de la comunidad que quiere formar Jesucristo. Una comunidad igualitaria basada en el ofrecimiento de afectos para conseguir –en reciprocidad— comportamientos que faciliten la armonía y la hermandad.
Su credo ético resulta apropiado para el funcionamiento de una secta igualitaria, pero una secta circunscrita a los judíos, pues, desde la consideración de Jesucristo como hombre, nada en su doctrina nos hace pensar que pretendiera la revolución universal. Jesucristo llama a formar una secta basada en la igualdad[8], el afecto y la reciprocidad. En ese sentido está mostrando las reglas de convivencia necesarias para crear una ciudad-utopía como las que nacerían siglos más tarde en la imaginación de muchos igualitaristas. Pero contrariamente a las ilusiones de los Campanella o Moro, Jesucristo quiere hacerla factible. Sabe que se dirige al pueblo judío, el elegido de Jehová, un pueblo por cuyas venas corre la religión, así que debe ofrecerles un Dios que presida su comunidad. No el Dios celoso y tirano de la Torá sino un Dios bondadoso, un Dios que les premie y un Dios adecuado a sus propósitos. Y también una promesa que pone alas a la esperanza de los que sufren, la de La Resurrección de la Carne[9]; la cual traerá consigo el castigo a los ricos y poderosos (lo cual satisface el ansia de venganza del menesteroso y les permitiría obtener su recompensa[10]).
DOCTRINA DEL APACIGUAMIENTO
También sabe Jesús que su comunidad tiene vecinos, que existen otras sectas religiosas judías, que ha de convivir con las instituciones religiosas y políticas de Palestina, y con los romanos. Así que, como el chimpancé que despioja al macho alfa de la manada, como el rosario de muestras de cortesía que la sociedad pone a nuestra disposición para lidiar con la otredad ajena, Jesucristo predica la estrategia del apaciguamiento del contrario[11]; una ética que impulsa un comportamiento destinado a aplacar o apaciguar los signos de alteridad ‘enemiga’ del ‘otro’, de aquel con quien nos relacionamos[12]. Las enseñanzas de Jesucristo proponen reblandecer la alteridad del oponente mediante el ofrecimiento gratuito de afecto[13]. El afecto, el amor al prójimo como moneda de cambio[14] en la relación con los demás. Tal es el basamento de las fórmulas éticas de Jesucristo[15]. Es una Ética para el apaciguamiento: atar corto el instinto de prominencia que nos empuja a preponderar sobre los otros, que nos empuja a competir, que nos mueve al enfrentamiento, y sustituirlo por el afecto en las relaciones que establecemos con los demás (esperando que se cumpla la reciprocidad en el trato). Tal es el gran mensaje del cristianismo, la gran estrategia, la del apaciguamiento del ‘otro’ por el intercambio de afecto[16]. El afecto, sentimiento familiar para la esposa o esposo, para los hijos, para los amigos allegados, extenderlo a toda relación social. Por esa misma razón pide a los que le sigan que se desprendan de todo[17]. Promulga el afecto en busca de reciprocidad, pero también la reciprocidad en las acciones y actitudes[18] de todos los miembros de la comunidad. La gran estrategia, el gran mensaje cifrado en la ética[19] cristiana.
El cristianismo primitivo quedó preñado de igualitarismo, en posesión de un dios-bondadoso para quienes sigan las doctrinas de Jesucristo, henchido de esperanza en la resurrección de los muertos y deseosos sus miembros de satisfacer su sed de venganza contra los poderosos, y, finalmente, recibió un sistema ético basado en el apaciguamiento del contrario[20] y de normas de comportamiento en la comunidad igualitaria .
[1] Mt. 16,14: Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame
[2] Mt. 6,24 Ninguno puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro, o estimará al uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.. Mt. 19-24 Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos.
[3] Juan. 13, 34 Un nuevo mandamiento os doy: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.
[4] Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Dichosos los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos serán aquellos cuando por mi causa la gente los insulte, los persiga y levante contra ellos toda clase de calumnias.
[5] Lucas 6, 20-23. Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
[6] Lu. 18,22. Cuando Jesús oyó esto, le dijo: Te falta todavía una cosa; vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme. Lu. 14,33. Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo.
[7] . Lc. 6, 27-38 No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados, dad y se os dará… La medida que uséis la usarán con vosotros
[8] (Lucas 6:24)Jesús: Pero,¡Ay de vosotros los ricos, que disfrutasteis ya de la felicidad!. (Una comunidad en la que existiera la tentación de la riqueza y la envidia por la posición de los demás no podría convivir en armonía).
[9]La resurrección de los justos (Lucas 13:12-15). El fin del mundo y la resurrección de los muertos se encuentra entonces muy extendido en el pueblo judío. En (Escohotado, Los enemigos del comercio I, 2008, pág. 135) se dice que a juicio del Talmud de Palestina, florecen entonces hasta 24 sectas apóstatas, con proyectos de desquite contra quienes no preparen el fin.
[10] Mateo 25:31-32; Juan 5:28-29; Apocalipsis 20:12-13. Los ricos, los poderosos, los que no han obrado con la humildad que prescribe su doctrina, los que no le han seguido, aquellos que no aman, aquellos que están fuera de la comunidad, serían castigados. Doble satisfacción, también por la venganza que se cobrarán contra los poderosos al verles condenados.
[11] (Mateo 22:21, Marcos 12:17, Lucas 20:24) Dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios
[12] Muy semejante es la visión propuesta por algunos socialismos utópicos. La estrategia del amor incondicionado es reemplazada por la idea rousseauniana del buen salvaje que todos llevamos dentro. En los escritos de Marcuse y de Habermas, el surgimiento de esa bondad innata del hombre apaciguará suficientemente los ánimos en la relación social para que todos vivamos cordialmente en la igualdad.
[13] Se ofrece al ‘otro’ la imagen de que no representamos un peligro para él, con lo que evitamos que nos perciba como enemigo. En reciprocidad, al recibir el regalo del afecto, el ‘otro’ se sentirá impulsado a devolverlo. En tal ceremonia de apaciguamiento se basan las normas de cortesía.
[14] Mc. 12, 29-31. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Mt. 5, 44 Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan.. Lc. 6,31. Mt. 7,12 Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.. Mt. 5, 39. Al que te abofetee en una mejilla, ofrécele también la otra. Palabras semejantes emplea Kant en la base de su sistema ético: «Obra de acuerdo con la máxima según la cual puedas al mismo tiempo esperar que se convierta en una ley universal». En realidad dicen lo mismo.
[15] Son éstas estrategias del organismo para la pacificación, estrategias con la finalidad de evitar luchas y enfrentamientos y mantener la paz social. Estrategias para aplacar la alteridad del otro.
[16] Pretendiera, o no, considerarse el Mesías prometido del pueblo judío, lo que resulta innegable es su disposición para formar una comunidad religiosa que conviviese en armonía y paz. Ahora bien, para conseguir tales propósitos, no debía existir la envidia que surge de las diferencias de riqueza, así que el pobrismo es la solución. Pero también se ha de vencer las pasiones que provoca la «alteridad del otro» en la relación social, y el modo propuesto por Jesús es la humildad y el apaciguamiento del «otro» mediante esa fórmula extraordinaria —que luego haría suya Kant—de actuar como el otro quisiera que tú actuases, es decir, la reciprocidad en el intercambio afectivo. Otras comunidades más recientes pero con un Dios terrible, como los puritanos y los amish, tratan de evitar la envidia y la alteridad mediante el temor divino, pero Jesucristo ha revestido a su Dios de bondad.
[17] Lu. 18,22 Cuando Jesús oyó esto, le dijo: Te falta todavía una cosa; vende todo lo que tienes y reparte entre los pobres, y tendrás tesoro en los cielos; y ven, sígueme.. Lu. 14,33 Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo.
[18] Lc. 6, 27-38 No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados, dad y se os dará… La medida que uséis la usarán con vosotros.
[19] Claramente, el poner la otra mejilla, el obrar con el “otro” como quisieres que este obrase contigo, el ofrecimiento a acatar el marco cultural del contrario en el diálogo, son muestras de sometimiento que pretenden apaciguar al oponente. Claramente manifiestan una estrategia animal tendente a resolver conflictos. Debajo de la apariencia de su apariencia bondadosa, las razones biológicas son quienes propician en la conciencia la aparición de las propuestas morales señaladas. Son éstas estrategias del organismo para la pacificación, estrategias con la finalidad de evitar luchas y enfrentamientos y mantener la paz social. Estrategias para aplacar la alteridad del otro.
[20] Naturalmente, el apaciguar al poderoso produce réditos en el débil, tal como los chimpancés despiojan al macho alfa de su manada, pero al poderoso le sale más rentable apaciguar al débil exhibiendo sus poderes; así que en cuanto la Iglesia se subió al carro del poder, el garrote sustituyó a las buenas palabras


















