BORGES en su laberinto y otros relatos

 

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Me he decidido a publicar el libro de relatos cortos a que alude la foto. Suelo escribir de temas  del Conocimiento pero a instancias de amigos, familiares y conocidos que alguna vez leyeron mis narraciones, he decidido publicarlas. Mi hija Mireia es la responsable de haberle dado  imagen y forma.

De morir y matar, de algunas formas de amar y de Borges, tratan los cuentos. Algo tienen estos de dos blogueros a quienes leo asiduamente: de Yack, que escribe  en el blog  http://tertuliafilosoficatoledo.blogspot.com/ , que los leyó y me presentó sabias sugerencias; y de Stella, que escribe en el blog https://apuntodecaramelo.com/ , de quien traté de imitar el preciosismo de su prosa –con escaso éxito—en uno de mis relatos, el más corto.

El primer relato, “Tánatos”, ya le estalla al lector en el ánimo. Algunos me aseguran que es muy profundo y hermoso, aunque terrible. “El Azacán y la Princesa”, está narrado al modo y en el mundo de Las Mil y Una Noches. El amor, la fabulosa Basora y el célebre Harún al-Rasid son algunos de sus protagonistas. Tengo para mí que el final resulta sumamente ingenioso. “Encuentro” es un corto relato que trata de añoranzas. En él sigo el bello hacer de Stella. “Compases de Tango” es una fábula de pendencia y malevaje. En una Argentina pretérita se ambienta. Fue mi primera narración. Quizás se precise un singular empeño para sacar todo su jugo a dos de los relatos del libro:  “La Daga y el Manuscrito”, que habla de lo esotérico y de los tiempos cíclicos, y que discurre en Toledo, que fue en tiempos un contubernio de culturas, razas y credos; y “Borges en su Laberinto”, que es a la vez un vertiginoso relato y un ensayo analítico sobre ese cuento de Borges, El Sur, del que dice “…que es acaso mi mejor cuento…” (No sé si existen ejemplos anteriores de esta argamasa literaria hecha de cuento y ensayo. Lo cierto es que he recibido muy agradables alabanzas por el resultado). “La Muerte y el Rito” habla de una anciana y de la muerte, y de todo un acompañamiento de figuras rurales castellanas. “La Valquiria” nos trae el aroma del amor carnal cuando se destapa su frasco. Mucho más tenebroso resulta “La Mirada del Asesino”, donde el temor, la soledad y la desesperanza hacen aflorar del alma su lado oscuro.

El título del libro: “Borges en su laberinto y otros relatos de amor y muerte”. Se vende en Amazon, tanto en formato Kindle para e-book como en formato papel. En España el precio no llega a 4 y a 8 euros respectivamente. Más adelante  aparecerá en algunas librerías.

https://amzn.to/2HSyDHu

No creo equivocarme si afirmo que los entendidos en Borges o sus simples lectores encontrarán gran deleite en el relato que da título a la obra.

Si algún lector tuviere la deferencia de comprarlo, me sería de agrado que,  bien en la tienda o en este blog, hiciera el pertinente comentario. En cualquier caso, si no está la compra en su propósito, les agradecería que lo divulgaran entre sus conocidos y allegados.

 

FASCISMO. FASCISTA.

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Son palabras que llevan muchos años de moda. Originalmente se utilizaban para identificar a una ideología política totalitaria y a quienes comulgaban con ella. Ahora, por el uso que se hace de ellas, parecen representar otra cosa distinta. La izquierda iberoamericana y española las utiliza para atacar a todo movimiento social y a todo individuo que no sea de su credo o, simplemente, que muestre discrepancias o criterios políticos distintos. Se ha convertido en un arma arrojadiza, en un recurso verbal que no tiene intención de convencer sino de vencer, de derrotar.

Pero, ¿qué es en realidad el “fascismo”, más allá del significado que la manipulación mediática le asigna? Si nos fijamos en el nazismo alemán y el fascismo italiano, que son sus modelos más representativos, dos son sus características principales son: la exaltación de lo colectivo frente a lo individual –colectivo simbolizado mediante la nación o la patria—, y la férrea supeditación y obediencia a un líder. (Al final del escrito expongo una extensa muestra de elementos consustanciales al fascismo). Sin embargo, nos hemos de fijar que tales son, también, características primordiales de muchas tribus primitivas a lo largo de la historia. Características que aparecen siempre en las tribus si existe la amenaza de un enemigo cercano. La existencia de ese enemigo refuerza el papel de lo colectivo y el papel del jefe. Así que no parece descabellado asimilar los rasgos del fascismo con los rasgos de una tribu cuando  percibe que le acechan amenazas. En tal sentido, el fascismo sería una vuelta a lo tribal para afrontar un peligro.

Platón, muy amante del predominio de lo colectivo, nos ofrece en se República una guía muy particular de las esencias fascistas (léase esto en el sentido correcto, teniendo en cuenta que el fascismo como ideología surgió en el siglo XX, aunque sus esencias sean parte del gregarismo de nuestra especie). Propugna que:

  • Las mujeres deben ser comunes a todos los hombres; y los hijos no son de sus padres, sino de la comunidad.
  • Se han de censurar y reprimir las artes y el mismo pensamiento en el sentido de que sirvan para los intereses que se establezcan para la comunidad.
  • Los ciudadanos deben ser súbditos, esto es, deben mostrar absoluta obediencia al Jefe.

Platón mira a Esparta con fascinación porque en ese lugar se siguen al pie de la letra estos puntos que él propugna; pero esa misma fascinación por las “esencias fascistas” de Esparta las sintieron también Thomas Müntzer y John de Leiden[1], y también Mably[2] Y Rousseau y Rosa Luxemburgo, ídolos históricos de la izquierda que ésta tiene en los altares.

Y es que, ¡oh sorpresa, sorpresa!, la izquierda[3] ha sido y es tan amante del corporativismo frente al liberalismo como lo fueron en su día el nazismo alemán y el fascismo italiano. Y, en cuanto a la supeditación al Jefe, fijémonos en Lenin, Mao, Stalin, Fidel Castro, Hugo Chávez,  Pol Pot…, ¿es necesario seguir?

Así que convengamos en que fascismo y socialismo, en cuanto a las dos características señaladas, parecen dos gotas de agua; aunque también presentan sus diferencias. La principal de ellas es en relación a sus miembros integrantes, es decir, al “nosotros” que reivindica cada una de esas ideologías.

En el nazismo alemán el “nosotros” lo constituye la raza aria; en el fascismo italiano, poco exigente a este respecto, el “nosotros” lo constituye el pueblo italiano, heredero, dice Mussolini, de las virtudes de las legiones romanas. En cambio, en el socialismo, la cosa está menos clara y ha evolucionado con el paso del tiempo. El grito de Marx, “proletarios del mundo uníos”, dio muestras de que el “nosotros” lo constituían los proletarios de cualquier país, con cualquier color o identidad. Ellos heredarían el paraíso socialista. Pero enseguida las tendencias nacionalistas en cada país comunista tuvieron un peso mayor que las tendencias internacionalistas, resultando indudable que el “nosotros” en la URSS eran fundamentalmente los rusos, y en China los chinos. Así que las diferencias tampoco fueron tantas a este respecto.

En la actualidad, el “nosotros” del socialismo es otro, ha dejado de ser el proletariado y ha pasado a considerarse “uno de los nuestros” a cualquiera que presente un memorial de agravios contra la bestia negra (sociedad liberal-patriarcal-cristiana-capitalista): feministas, homosexuales, lesbianas, inmigrantes, indígenas de países “explotados” por Occidente, igualitaristas, islamistas etc. Por lo demás, fascismo y socialismo sienten la misma afinidad o fascinación por el corporativismo, la represión de la libertad y por el fervor hacia una jefatura férrea.

Dice Hicks[4] que las diferencias entre el nacionalsocialismo alemán y el comunismo se reducían a una elección entre la dictadura del pueblo y la dictadura del proletariado. De hecho, Benito Mussolini había sido un marxista ortodoxo hasta pasados los treinta, en que decidió que tendría más éxito si sus políticas se lanzaban en términos nacionalistas. Mao, contrariamente, pasó de ser del Partido Nacionalista a ser del Partido Comunista. Las similitudes entre el nacionalsocialismo y el comunismo tienen algo del reflejo de las similitudes entre Hitler y Stalin. Poder absoluto, culto a la personalidad, paranoia, millones de muertos en masacres sin ninguna justificación, población aterrorizada. Ambos grupos, también tenían en común el odio hacia la liberal democracia y las libertades. (Naturalmente, existen entre ambas ideologías otras diferencias, como en la exaltación de lo fuerte que hace el fascismo, o la igualdad que propugna el comunismo).

En cualquier caso, el fascismo ha desaparecido prácticamente de Occidente, pues incluso los grupos que los medios de comunicación denominan  de ultraderecha respetan el sistema democrático y las libertades. Pero no puede decirse lo mismo de otros grupos de ideología comunista o populista, en cuyo ideario figura aún la intención de acabar con la democracia representativa, la libertad de prensa y las libertades individuales. Si de manera objetiva tuviéramos que poner a alguien la etiqueta de fascista, sería a estos últimos.

Así que, una recomendación a quienes utilizan el membrete de “fascista” para señalar y vejar a aquellos contra los cuales se carece de argumentos: probad a miraos en el espejo al tiempo que pronunciáis la palabra “fascista” y tal vez aparecerá un fascista en el espejo.

comunismo

  1. Totalitarismo
  2. Antiliberalismo
  3. Anticapitalismo
  4. Corporativismo
  5. Autoritarismo
  6. Militarismo
  7. Rechazo de la Ilustración. Irracionalidad.
  8. Propaganda desmedida
  9. Nacionalismo
  10. Caudillo
  11. Desprecio por los débiles
  12. Populismo
  13. Neolengua

 

 

[1] Dos figuras destacadas del Anabaptismo,  Thomas Müntzer, un predicador alemán, que se convirtió en caudillo en la Guerra de los campesinos (1524-1525), y con John de Leiden, el principal líder de la Rebelión de la ciudad de Münster, que se proclamó rey e hizo saquear iglesias y conventos en esa ciudad, donde se estableció una sociedad igualitaria y de vida comunal. A John de Leiden se le atribuyen actos como la incineración de libros  religiosos disconformes con su credo;  de crear una comunidad en la que cada hombre podía tomar para sí  las mujeres que quisiera; y de decapitar a todo aquel que se opusiera a sus reglamentos. Por lo que se ve, las mujeres tenían para él la misma consideración que tenían los esclavos para los atenienses

[2] Mably (1709-1785) considera la desigualdad y la propiedad privada como causa fundamental de los males sociales. Propiedad comunal, igualdad, virtud espartana, son sus ideales. Mably es un precursor del socialismo utópico que toma a Esparta y al virtuoso Foción de Atenas como modelos

 

[3] Con izquierda me estoy refiriendo al Socialismo marxista o al Comunismo, como quieran llamarlo, no a la social democracia

[4] Stephen R. C. Hicks, Explicando el posmodernismo, p. 111

 

ESCLAVITUDES

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Solemos andar mal encaminados en nuestro discurrir por la vida. Culpamos al mundo de nuestra insatisfacción y malestar. Acusamos a la sociedad y combatimos contra los aparentes males de ésta, que nos oprimen, reprimen y esclavizan. Nos rebelamos contra lo que consideramos falta de libertad o de derechos o de justicia. Consideramos que el mal siempre está fuera de nosotros. Pero, en verdad, la esclavitud nos la imponemos nosotros. Nos esclavizamos al temor, al deseo, a una obsesión, por una adicción, por aparentar. Y en lugar de tratar liberarnos de esos grilletes que nosotros mismos hemos forjado, actuamos como si las cadenas nos las impusiesen los demás, así que dedicamos nuestras vidas a combatirles con odio y rencor, con lo que nos hundimos aún más en la esclavitud.

Tal vez, en lugar de tratar de incendiar el mundo, en vez de lanzar contra el vecino nuestro resentimiento, para liberarnos de nuestros yugos y nuestros pesares, tal vez deberíamos indagar en el interior de nosotros mismos en busca de la llave que abra nuestros grilletes.

Expongo un decálogo de agentes opresores, de prisiones internas en las que voluntariamente nos encerramos. Existen muchos más; y suelen estar relacionados entre sí. La esclavitud del deseo o del temor es también esclavitud obsesiva, y la esclavitud que nos produce el ansia de poseer tiene la misma raíz que la que nos produce el ansia de aparentar. En fin, expongo tal decálogo de esclavitudes. Pero, antes, sería bueno que cada cual se tratase de percatar de aquellas cosas que le esclavizan.

 

  1. Esclavos de nuestras propias pasiones
    1. Esclavos del deseo
      1. Se trata de la esclavitud más extendida que existe en la actualidad. Nuestras “avanzadas” sociedades basan su ser y existir en tener en todo momento la maquinaria del deseo bien engrasada y a toda marcha. Esas fábricas de deseos que son la televisión e internet, son las causantes de gran parte de nuestra insatisfacción, de nuestra ansiedad y nuestra excitabilidad, de gran parte del malestar que nos produce la existencia. El deseo es en buena medida el motor de nuestro actuar en el mundo. El deseo sexual y el deseo de aparentar son los dos grandes adalides, los conductores de las tropas. El budismo los combate. Considera al deseo el gran enemigo a liquidar; toda su doctrina se basa en combatirlo.
    2. Esclavos de la emoción y los sentimientos
      1. Algunos individuos sienten tan a menudo el rapto emocional que se convierten en sus esclavos. Pero son los sentimientos quienes más nos esclavizan. El odio, el rencor, el resentimiento, el temor, aprisionan la conciencia de las gentes y les introducen en una vida de enfrentamientos, inquinas y venganzas. Esos rebeldes sin causa que no tienen otro propósito que destruir –siguiendo los dictados de su odio y de su resentimiento—merecen que algo de la luz de la razón penetre en sus vidas.
    3. Esclavos del amor
      1. Nada singular que resaltar. Quien haya estado enamorada sabrá de esa enfermiza obsesión del amor, que es capaz de producir el más excelso gozo y el más profundo dolor.
    4. Esclavos del instinto
      1. La pulsión sexual, la pulsión por el juego, por el riesgo, por la crueldad, es decir, el impulso animal sin control inhibidor crea grandes oscuridades en el espíritu y le esclaviza.
    5. Esclavos de las adicciones
      1. (tabaco, sexo, drogas, juegos de azar, gula, gimnasio)
    6. Esclavos de manías y obsesiones
      1. (lavar, ordenar, limpiar, obsesión sexual, musical, literaria…) Las manías son una respuesta desproporcionada e injustificada a un cierto estímulo. La obsesión comporta un cortocircuito de algún área neuronal que nos produce que ciertas imágenes o pensamientos se reiteren sin solución. Tanto la manía como la obsesión se apoderan de nuestra voluntad.
    7. Esclavos del temor al “qué dirán”.
      1. El temor al “qué dirán” es la base represora de la moral y  desarrolla toda la tribu de la vergüenza (pudor, timidez…).  Una vez que se ha establecido un imperio moral, el temor al ojo del prójimo hace que sigamos las normas impuestas. Aunque en el interior de cada cual se tenga conciencia clara de lo opresiva y perversa de esa moral. Una encuesta popular acerca de la opinión sobre lo Políticamente Correcto y la Ideología de Género pondría de relieve la animadversión que producen (pero rápidamente se falsearía la estadística por parte de las autoridades). Mediante ese temor, la moral nos esclaviza.
    8. Esclavos de la
      1. El sentido de culpa no solo es capaz de esclavizar a los individuos sino también a las colectividades. Si se mira en profundidad, la atención y la compasión que sentimos para con los inmigrantes o para con los países pobres, es debida en buena medida a la culpa colectiva que se siente por haber explotado sus riquezas en épocas pretéritas.
    9. Esclavos de las creencias religiosas
      1. Nada nuevo que resaltar; la historia del mundo es elocuente al respecto. Sólo señalar que “Islam” significa sumisión.
    10. Esclavos de las ansias de perfección
      1. Casi todos los grandes novelistas, pensadores, artistas, músicos, científicos (me refiero a los verdaderamente grandes, no a los truhanes que gozan de fama por la estupidez de sus seguidores o por el apoyo de una ideología), eran esclavos de ese ansia.
    11. Esclavos de las ideologías
      1. Los esclavos ideológicos son legión. Se reconocen porque han abdicado de los criterios y de los juicios propios para someterse a los criterios y juicios que dicta su ideología. Incluso dejan de ser dueños de sus pensamientos y de sus deseos al someterse ideológicamente. Lo sorprendente es que estos esclavos pueden ser personas cultas o incluso inteligentes, pero someten de buen grado su ser pensante a unos dictados ideológicos (que suelen venir envueltos en proclamas, consignas etc) a cambio de la admiración del rebaño, o por estar a la moda, o por el encadenamiento a un grupo o por un pesebre bien lleno.
    12. Esclavos de la apariencia
      1. En una u otra manera lo somos todos, pero en algunos la apariencia lo es todo. También el esclavo ideológico suele estar sometido a la tiranía de la apariencia. El querer estar siempre en la cresta de la moda es también una esclavitud de la apariencia.
    13. Esclavos de poseer
      1. Nos lanzamos a poseer bienes sin ton ni son, sólo por destacar sobre el vecino. Tal es el esquema del comportamiento individual en la sociedad actual.

 LA INMORTALIDAD EN BUSCA Y CAPTURA

 

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Todo ser humano, si no se halla sometido a pertinaces penas y dolores que tuercen su voluntad, siente con vehemencia el deseo de vivir, de perdurar, de continuar existiendo por toda una eternidad, siente el deseo de ser inmortal. El deseo de inmortalidad es la mera manifestación en el plano de la conciencia de la labor que desarrolla cada célula de cada órgano de nuestro cuerpo por sobrevivir y reproducirse.

La primera gran obra literaria de que tenemos noticia se escribió sobre arcilla en Mesopotamia, la actual Irak, casi 5000 años atrás, se trata del poema de Gilgamesh. Gilgamesh es el rey de la ciudad-Estado de Uruk, y es mitad hombre y mitad Dios. Al morir su amigo Enkidu se siente aterrado por la idea de morir, así que, en adelante, su único afán consistirá en alcanzar la inmortalidad. En un heroico viaje iniciático hasta las tierras donde viven apartados Noé y su esposa, salvados por los dioses del diluvio, que les concedieron la inmortalidad, Gilgamesh supera pruebas increíbles, pero no la prueba a que le somete Noé. Se le niega la inmortalidad. Pero, no obstante, la mujer de Noé le indica el lugar donde se halla la planta de la juventud; y también en esta empresa falla, pues, en un descuido, una serpiente se la roba. Gilgamesh percibe entonces la inexorabilidad de la muerte

Otra gran obra de la época trata del fracaso de Inanna diosa del amor y la fecundidad en su intento de conquistar los infiernos, es decir, de abolir la muerte. En El descenso de Inanna a los infiernos, esta diosa de Erek, casada con el pastor Damuzi, decide descender a los infiernos para suplantar a su hermana y reinar también en el inframundo, pero es apresada antes de lograr su propósito, interrumpiéndose al momento la reproducción animal y vegetal en el mundo. Entonces los demás dioses liberan a Inanna, pero obligan a que su marido quede retenido en el averno seis meses de cada año. Durante ese periodo se detiene la reproducción; se trata de la dualidad cósmica vida/muerte esterilidad/fecundidad.

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Las religiones gestionan nuestra ansia de inmortalidad ofreciéndonos un salvoconducto para gozar de una vida eterna después de morir en esta vida en la Tierra. Lo ofrecen a cambio de cumplir con ciertas prescripciones que dicta su libro sagrado y que manejan en sus detalles los representantes respectivos de cada Dios en este mundo, los sacerdotes, hierofantes, ayatolas, imanes, o pastores de las distintos credos. En el cristianismo, islamismo, y en el mazdeísmo, existe un Cielo a dónde están destinados a pasar la eternidad los que en esta vida han seguido los preceptos religiosos. El más atrayente a los ojos es el Cielo musulmán, en donde  cada hombre recibe para su gozo 72 huríes de bello semblante, aunque también son muy deseables los oasis, las frutas y palmeras que regocijarán al elegido. Otras religiones premian o castigan el buen o mal comportamiento en esta vida con una reencarnación tras de la muerte; uno se puede reencarnar  en un prudente, sabio, rico, hombre o en un animal inmundo. O bien, otras aun, señalan un destino inmortal  en disgregarse en el polvo cósmico, pasando a formar parte del UNO. Especial  inmortalidad anhelaban los griegos: la gloria.  Aquiles era el héroe a imitar por aquel que anhelase gloria semejante. El Gran Alejandro dormía siempre con la Ilíada bajo la almohada pues era su afán emular a Aquiles en su gloria.

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Hoy en día la ciencia nos promete la inmortalidad en esta vida en un futuro no lejano. Se ensayan regeneraciones celulares de cada zona del cuerpo dañada o envejecida, reparaciones de órganos, sustitución de partes orgánicas por órganos biónicas, reparación de telómeros, trasplantes neuronales, implantación de chips en el cerebro con el fin de mejorar o reorganizar sistemas neuronales envejecidos; e incluso trasplantar nuestra conciencia y todos nuestros sistemas neuronales a un ordenador cuántico. En este caso, nuestro Yo y su ansia de inmortalidad –que sería, así, satisfecha—residirían  en esa máquina sapiente.

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Pienso que, tal como ocurre cuando se satisface un deseo, que aparece inmediatamente la desilusión, tras de conseguir ser inmortal aparecerían en el hombre penas y angustias incontables. Jorge Luis Borges, en el relato El Inmortal, hace llegar a un tribuno romano a la ciudad de los inmortales, aquellos hombres que ganaron gloria imperecedera; y allí descubre que la inmortalidad es una condena abominable, pues arrebata a la vida la pasión de cada acto. Los inmortales se dispersan por el mundo en busca de una pócima que les posibilite el morir.

Todo ello, todas estas epopeyas, todas estas religiones, todas esas investigaciones, todos los proyectos biónicos, robóticos, informáticos, que las gentes capaces llevan a cabo, se deben en última instancia a nuestro deseo de inmortalidad.

La ley y la máscara

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Es sabido que tras  de algunos actos humanos se esconden propósitos inconfesables. También detrás de algunas leyes. Voy a exponer una ley que, a mi modo de ver, Hace el papel de  máscara engañosa con la  que tapar las intenciones con las que ha sido redactada. Se trata de la reciente modificación a la llamada Ley de Memoria Histórica, que aparecía con piel de cordero para ser utilizada, realmente, con la furia de un lobo.

La modificación que digo, pretende prohibir y penalizar cualquier manifestación que enaltezca de cualquier modo el franquismo o que simplemente nombre sus logros. Ahora bien, el franquismo no fue una ideología a la haya que temer (algunas ideologías son perniciosas en sí y se debe luchar contra ellas), sino un sistema político. De hecho, similar en muchos aspectos  al sistema que –según reiteradas declaraciones de Pablo Iglesias—Podemos pretende imponer en este país (control de los medios de comunicación, nacionalización de una parte importante de la banca, exhaustiva reglamentación de la vida ciudadana, un modelo parlamentario parecido al impuesto dictatoríamente en Venezuela –similar  en su composición y funciones al que tenían las Cortes españolas en tiempos de Franco).

Pero la pertinencia de la ley es dudosa, pues:

  • El franquismo desapareció hace 43 años, y la Guerra Civil concluyó hace casi ochenta , aunque, a lo que parece, se pretende persistir en ella.
  • No existe señal alguna de que el franquismo tenga aceptación alguna en la sociedad actual, es decir, su vuelta resulta imposible.
  • La Modificación contiene aspectos tan deleznables, totalitarios y represivos como la creación de una “Comisión de la Verdad”, tan parecida en nombre y cometido al Ministerio de la Verdad que describió Orwell en su obra 1984. Una comisión que dictaminará con supuesta verdad qué ocurrió en nuestra Guerra Civil, qué ocurrió en la Segunda República, y qué maldades cometió el franquismo (porque el contenido de la ley ya dictamina que en dicho periodo no hubo ningún hecho de relevante beneficio para el país y que haya que ensalzar).
  • En sus acciones preliminares ya ha hecho hincapié en el show de desenterrar los restos de Franco, como si el espectáculo de traer a primera plana al dictador fuera de su mayor interés.

 

Varios son los propósitos secretos que se ocultan tras de la citada ley, varias intenciones guarda la izquierda (PSOE y Podemos), a las que obedece su aparición. A mi modo de ver, algunas de ellas son las que siguen:

  • Exponer de forma maniquea una historia del siglo XX en la que unos actuaron como verdaderos ángeles y otros como verdaderos demonios.
  • Echar un tupido velo sobre los desmanes que cometió el Frente Popular antes y durante la Guerra Civil. (Se abrillanta la maldad del franquismo –a quien perversamente se sigue identificando con la “derecha”—para que las maldades del socialismo queden ocultas bajo la sombra)
  • Hacer creer que el socialismo combatió con uñas y dientes al franquismo, cuando lo cierto es que estuvo desaparecido y sólo el Partido Comunista trabajó desde la clandestinidad contra el régimen.
  • Dar la idea de que se trata de un acto de justicia con la intención de que cale en las masas más resentidas como un acto de satisfactoria venganza.
  • Esconder que los padres o abuelos de muchísimos dirigentes socialistas, desde la Transición hasta nuestros días, fueron destacados líderes falangistas.
  • Conseguir que se fijen en la mente de la juventud una historia falsa y maniquea, y una imagen de buenos y malos que complazca a la izquierda y demonice a la derecha.
  • Y, sobre todo, crear enfrentamiento y tensión social, pues la izquierda española, desde Felipe González, a falta de programas e ideas, difunde odio y el rencor en la población, pues sabe que le resulta muy rentable electoralmente. Muy bien lo expresó el ínclito Zapatero: “Hay que crear tensión en la calle, que nos beneficia”.

Tales son las perversas intenciones que, a mi modo de ver, oculta la citada ley. No hay en ella una mirada hacia el futuro; no contiene ánimo alguno de concordia; todo es un mirar hacia el pasado con el propósito de enfrentar a los ciudadanos, unos contra otros, con la furia de una ideología totalitaria. Poco les importa a los impulsores de tal ley ese enfrentamiento, ni que España amenace derrumbe, ni les importa el malestar social que crean. Lo único que parece importarles es la rentabilidad electoral.

 

Judíos en el siglo XX

 

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Políticos:

Karl Marx, Ferdinand Lassalle, fundador del partido socialdemócrata alemán, Rosa Luxemburgo, León Trotski, el líder revolucionario Húngaro Bela Kun.

Científicos:

Einstein, Alexander Luria, Albert Michelson, Minkowski, Schwarzschild, Niels Bohr, Feynman, Murray Gell-Mann, Sheldon Glashow, Lev Landau, Von Neumann, Oppenheimer, Wolfgang Pauli, Steven Weinberg, George Cantor, Norbert Wiener, Marcel Grossmann, Alexander Friedman.

Filósofos:

Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Walter Benjamin, Karl Popper, Raymon Aron, Henry Bergson, Noam Chomsky, Ludwig Wittgenstein, Thomas Kuhn, Imre Lakatos, Peter Singer, Claude Lévy-Stauss.

Economistas

Paul Samuelson, Milton Friedmn, Herbert Simon.

Escritores, músicos

Freud,  Gustav Mahler, Bob Dylan, Leonard Cohen, Gertrude Stein, Frank Kafka, Marcel Proust, Philip Roth, Noah Gordon, Elías Canetti

Contribuciones a las ciencias en porcentaje

El 26% de todos los premios Nobel de Física han sido judíos, el 40% de los norteamericanos. El 28% de ganadores de la medalla Max Plank; el 44% de los ganadores de la medalla Dirac; el 51% de los poseedores del Premio Wolf de Física; el 19% de los ganadores del Premio Nobel de Química han sido judíos; el 29% de los ganadores del del Premio Nobel de Medicina han sido judíos; el 27% de las medallas Field de matemáticas han ido a manos de judíos; el 50% de ganadores del Premio Leroy Steele de de matemáticas han sido judíos; el 38% de los premios Nobel de Economía han sido judíos. Actualmente hay 14 millones de judíos en un mundo poblado por siete mil millones de personas. Eso hace que la proporción de judíos en el mundo sea de un 0,2 %, así que la contribución judía al conocimiento mundial es 150 veces mayor que la que le correspondería.

Causa

¿Cuál es la causa?, ¿la educación recibida? Seguramente. Si la educación calvinista produjo a Cromwell, Adam Smith, Huygens, John Milton, Rousseau, Thomas Peine, Benjamín Franklin, Thomas Jefferson, Bacon, la no menos severa educación judía ha producido en el siglo XX para el conocimiento todas las contribuciones expuestas.

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PARECERES Y ANÉCDOTAS

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ENSOÑACIONES

La ensoñación consiste en liberar de ataduras a la imaginación para que ésta vuele en pos de ilusiones o de recuerdos gratificantes. De esa manera, imaginativamente, se enamora uno de una mujer, se pone en la piel de su héroe, o consuma una venganza. El proceso lo facilita la ausencia o el olvido de los problemas, la pereza y un cierto grado de modorra. Póngase en esa tesitura y enseguida comenzará la mente a emular satisfactorios procesos reales que activarán redes neuronales cargadas de neurotransmisores de placer. Lo malo del asunto es que la mente puede jugarnos la mala pasada de emular episodios terroríficos si los problemas de la vida real le acechan.

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LIBERTAD

Ahora agradecen muchos ex fumadores que esté prohibido fumar, aunque pusieron el grito en el cielo cuando se implantó la prohibición. De igual modo pasarían algunos, después de un tiempo,  a bendecir la prohibición de cosas que nos producen daño –incluso el enamorarse, siempre que se recalque con intensidad suficiente lo pernicioso que es el desengaño amoroso–, y a la larga siempre habrá gente que agradecerán cualquier prohibición. Hasta el extremo de que cuando todo lo que nos produce satisfacción esté prohibido, habrá quien se sienta satisfecho. La seguridad sobre todo, dirán esos adoradores de la prohibición. ¿Qué hay de la libertad? Me temo que no es un plato del gusto de muchos. En muchos casos, quizás solo haya servido de bandera o de símbolo para sacar la rabia de dentro, y lo que se pretendía de verdad era acabar con  ella.

A SALVO

En mayor o menor medida, uno se encuentra a salvo si no le denuncia una mujer por acoso o no le denuncia un homosexual  por vejaciones o un africano por racista, o si no contraviene las leyes de lo políticamente correcto. Muchas espadas de Damocles penden sobre la cabeza del hombre heterosexual blanco. El tribunal de la Inquisición de lo políticamente correcto tiene mil ojos.

TOLERANCIA

Nos dice el filósofo Karl Popper que “En nombre de la tolerancia, tendríamos que reivindicar el derecho a no tolerar a los intolerantes”

APOCALIPSIS

Nos recuerda Stefan Zweing: “Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea”.

FANÁTICOS Y LOCOS

Los locos, los fanáticos, los lunáticos, los mentalmente enfermos, se convierten fácilmente en vanguardia de la intelectualidad. Me pregunto si no ha ocurrido siempre así. Si los Marcuse, Moisés, Lenin, Hitler… no han sido lo que fueron porque eran unos fanáticos locos. Si no han sido siempre los locos quienes han conducido la sociedad y han sido los cuerdos los conducidos.

ANÉCDOTAS POSMODERNISTAS

Uno de los signos identificativos de la izquierda podemita, hijos naturales del posmodernismo, es la prohibirse criticar cualquier civilización excepto la nuestra. Al respecto, Jean-François Revel, nos propone una anécdota de Allan Bloom. Plantea éste a un estudiante el siguiente problema de moral práctica: “Usted es administrador civil británico en la India hacia 1850 y se entera de que van a quemar viva a una viuda junto al cadáver de su marido difunto. ¿Qué hace usted?” Después de varios segundos de intensa perplejidad, el estudiante contesta: “Para empezar, los ingleses no tienen nada que hacer en la India”. De esa manera se evita condenar un crimen no occidental. Pero me parece a mí más sustanciosa la anécdota del filósofo Fernando Sabater. Planteó a sus alumnos la siguiente cuestión ética: “Un individuo regresa del trabajo a su casa y toma para ello un atajo solitario. En el trayecto lo atraca otro individuo. ¿Quién es moralmente responsable?” Tras de un pronunciado silencio, algunos alumnos esbozaron estas respuestas: “La culpa es del atracado por tomar un atajo que comportaba peligro”, “la culpa es del sistema social existente”, “los padres del ladrón son los responsables por la educación dada a su hijo”, “la culpa es de los genes del segundo individuo”, dijeron otros. En resumen, el ladrón no era culpable para ninguno de ellos.

APRENDICES DE FILÓSOFO

A muchos de los que estudian en facultades de filosofía les deslumbra el brillo de la oscuridad. Esas escuelas tal vez introduzcan virus en el cerebro del alumno al extremo de que perciban excelsas formas en movimiento en el interior de la oscuridad más absoluta.

Borges

BORGES Y LA FILOSOFÍA

En el relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, contenido en la obra Ficciones, de Jorge Luis Borges, éste imagina una secta que, de generación en generación, se empeña en describir un planeta, Tlön, ficticio en sus más mínimos detalles. Tengo la impresión de que Borges inventó tal irreal mundo como un medio para decir a los filósofos al uso lo que pensaba de su filosofía sin ser repudiado por ellos. Nos dice: “En Tlön, los metafísicos no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro. Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica.  … Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo (Bertrand Russell supone que el planeta ha sido creado hace unos pocos minutos provisto de una humanidad que ‘recuerda’ un pasado ilusorio).  Y continúa despachándose con la filosofía, lanzando teorías supuestamente inverosímiles o ridículas pero que se parecen extraordinariamente a algunas propuestas filosóficas muy celebradas.