DOCTRINAS DEL SUFRIMIENTO

Tras siglos de guerras, imperios, jerarquías gobernantes, caudillos, dioses y credos religiosos que apuntalan el orden social impuesto, van apareciendo desde el siglo VIII , aquí y allá, en China, India, Grecia, Persia, comunidades que hacen gala de una especial sensibilidad, que rechazan el deseo de poseer bienes y de poder porque consideran que son las principales causas del sufrimiento. Budismo, jainismo, yoguis, taoísmo, zoroastrismo, pitagorismo, son las doctrinas que surgen de esa nueva sensibilidad hacia el mundo. Algunos de esos colectivos de ‘sensibles’ forman ‘comunidades de iguales en la pobreza’ que tratan de evitar los nefastos efectos que genera la envidia o bien el agravio que siente el perdedor, en fin, el sufrimiento que les produce la alteridad del otro. Pero no es su pretensión la igualdad social fuera de sus comunidades, pues no les guía el resentimiento que surge del grito “no seas menos…” No pretenden apoyar o imponer un orden social nuevo[1] ni acabar con las tragedias del mundo, sino salvarse ellos mismos del sufrimiento que causa el mundo, y lo intentan llevar a cabo mediante la convivencia con quienes tienen sus mismos planteamientos.

Como por encanto, aparecen en Persia, en India, en China, en Grecia en los alrededores del siglo VII a.C. una pléyade de pensadores que descreen de los dioses clásicos y vuelven la vista el interior de sí mismos. Sus propuestas éticas sorprenden por el contenido. Hay en ellas una sensibilidad nueva que rechaza el entramado del despotismo, de la opresión, de la violencia, la guerra y miseria con que sus sociedades se han construido. Los pensadores más reconocidos, Mahavira, Buda, Confucio, Lao Tzu, Zaratustra, Pitágoras, plantean el Jainismo, el Budismo, el Confucionismo, el Taoísmo, el Mazdeismo, el Pitagorismo[2].

Si se profundiza en la vida de esos ‘enemigos del sufrimiento’ percibimos que su rechazo a la violencia, a la fuerza y a la rudeza ―que su dulcificada sensibilidad― ha sido posible y ha surgido gracias a su crianza en un entorno de confort, educación y cultura solo accesible a las clases altas de las sociedades dichas. Se aprecian sus signos de distinción. Todos ellos provienen de la aristocracia o de la pudiente clase comercial. En todos ellos, la cruda realidad que han sentido la intentan dulcificar retirándose de ella y proclamando una nueva sensibilidad que rechace el sufrimiento y los horrores que pululan  por el mundo y que, a excepción de Zoroastro[3], rechazan también los dioses, así como las ceremonias y sacrificios con que se pretende agradarlos.

Dos datos resultan relevantes para entender el surgimiento de las propuestas éticas apuntadas: todas ellas nacen en sociedades que habían sufrido varios siglos de calamidades y guerras[4], y todas ellas son guías para evitar el padecimiento humano[5]. Los medios propuestos para evitar ese sufrimiento son variados: ascetismo (como los yoguis, los jainistas y los santones), anulación del pensamiento mediante la meditación y el desprendimiento de las pasiones (budistas, jainistas, taoístas), mediante la creación de una sociedad laboriosa, justa y ordenada (Confucio), sometiéndose a la figura de un dios (Ahura Mazda) que prescribe obrar bien y que castiga a los malvados; y, por último, la confraternidad, el simbolismo místico, el secretismo, el  vegetarianismo (Pitágoras) . Vuelven la vista hacia el interior de sí mismos buscando las grandes verdades y un camino para librarse del sufrimiento. Con pequeños matices y variaciones, las guías señaladas siguen estando en el candelero de muchas creencias sociales en la actualidad, lo cual da cuenta de lo permanente que es nuestra naturaleza.


[1] Si lo pretenden, 2.400 años después, sus herederos ideológicos, los animalistas y ecologistas del siglo XXI.

[2] Tales creencias no surgieron de manera espontánea ni  parece ser el siglo VII el de su nacimiento, pues algunas llevaban  cientos de años gestándose pero es en los alrededores del 600 a. C. cuando eclosionan y se concretan; es ya en el siglo VI cuando su prédica cobra especial pregón. Algunas de las doctrinas del Mazdeísmo y del Jainismo aparecen atestiguadas desde el siglo IX a.C., y algunos aspectos del Budismo figuran en las Upanisahs, así como en el retiro espiritual a la soledad de las selvas de muchos yoguis y santones de la India a partir del siglo VII a.C.

[3] De todas las nuevas doctrinas, solo el Mazdeísmo puede considerarse religión, si bien sus preceptos morales distan mucho de los que resaltan en el credo de otros dioses.

[4] (Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas II, 1978, pág. 36) nos dice que Confucio vivió en un periodo de gran anarquía e injusticia, afligido por la miseria y el dolor generales. En cuanto a la zona de Oriente Medio, el brutal Imperio Asirio se mantuvo desde el 883 a 627 a.C., y desde el 625 al 550 no cesaron las luchas de medios contra asirios y de persas contra medos. En cuanto a India, a partir del 600 a.C. queda fijado el sistema de castas por el que cada individuo –resultado de sus reencarnaciones—queda adscrito a un grupo. Las castas más bajas quedan condenadas así a la miseria y al repudio general. De otro lado, la Torah babilónica nace durante  el cautiverio de Israel.

[5] (Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas II, 1978, pág. 58) asegura que liberarse del dolor es el objetivo de todas las filosofías y de todas las técnicas meditativas indias. Esta es la meta clara del Budismo, pero también resalta el dolor en la sensibilidad de que hace gala el Jainismo, y tal misma es la meta del Taoísmo y del Confucionismo.

ACERCA DE LA IA

El meollo de la IA es el meollo de la denominada inteligencia colectiva. ¿Qué es la inteligencia colectiva? Unos ejemplos lo aclararán. Uno podría pensar que hormigas y termitas actúan de forma inteligente en su laboreo, y lo mismo podemos suponer de las abejas, pero no, unas y otras se mueven por instintos y reflejos condicionados. Sin embargo, sí que podemos decir que poseen una inteligencia colectiva, una inteligencia que emerge de la cooperación entre los miembros de un colectivo. Se puede entender con el claro ejemplo de las células de nuestro cuerpo. Cada una de ellas realiza la labor fisico-química que le corresponde de acuerdo con las condiciones químicas del entorno. No obstante, de su acción colectiva emerge en nosotros la inteligencia.

El secreto de la inteligencia colectiva se encuentra en la comunicación de nuevas informaciones.  Las células de nuestro cuerpo se comunican entre ellas, los humanos nos comunicamos entre nosotros y lo mismo hacen las hormigas. La comunicación entre éstas se realiza mediante la emisión y recepción de unas sustancias químicas denominadas feromonas[1]. Una hormiga sigue el rastro de feromonas que otras han dejado y secreta nuevas feromonas que refuerzan dicho rastro. Pero, además, la emisión y recepción de feromonas induce un determinado comportamiento en la hormiga receptora. Para darnos cuenta de que ese comportamiento puede ser muy variado, pensemos que las hormigas utilizan hasta veinte feromonas distintas, con los que pueden enviar hasta cincuenta mensajes diferentes.

Así que la comunicación de las informaciones en un grupo de humanos hace crecer su inteligencia colectiva, y cuando alguna circunstancia hace crecer dicha comunicación, la inteligencia colectiva se desarrolla en concordancia. Cuanto más grande sea la cantidad de información que se intercambia entre la mayor cantidad de población posible, mayor sera su inteligencia como colectivo. Por ejemplo, el nacimiento del habla (que posibilitó una mejora enorme de la comunicación) mejoró enormemente su eficacia cazadora y, consecuentemente, su eficacia biológica, es decir, su aptitud para la supervivencia y la reproducción sexual. La invención de la escritura, del alfabeto, de la imprenta, de la radio, de la televisión, de Internet, fueron otros tantos hitos en el crecimiento de la inteligencia colectiva, pues con ellos se producía un aumento desmesurado de la comunicación entre los humanos.

Dicho lo dicho, pasemos a la IA, cuya base es el reunir toda la información que circula por Internet (el estadio de la comunicación) para operar con ella. Es decir, la base de la IA es la inteligencia colectiva humana en su máxima potencia. Todo el saber humano reunido.

Pero toda esa información ha de ser seleccionada, refinada y dispuesta para ser operativa. De ello se encargan programas que actúan sobre los datos de esas informaciones (los descuartizan, los ordenan, los clasifican, los someten a pruebas, los desechan…). Para comprender la magnitud de este problema hemos de pensar que la macro instalación que Elon Mush ha mandado construir para llevar a cabo este proceso consume 1/20 parte de la energía eléctrica consumida en toda España.

Para lograr un proceso eficaz se implementan algoritmos (una suerte de rutinas de programación pero de una aplicación más extensa) cuyo quehacer es el de lograr eficacia en el tratamiento de los datos, sean estos fórmulas matemáticas, modelos químicos, procesos biológicos, textos, lenguajes, teorías científicas…, extrayendo de ellos su modelo operativo, su lógica interna, sintetizándolos, comparando la lógica de unos y otros, conectando razones, conocimientos, tratando de que emerjan razones ensambladas…Y esta gigantesca capacidad y rapidez en el tratamiento es lo que proporciona a la IA una mayor potencia que a la inteligencia colectiva.

Para que se perciba esa potencia en toda su magnitud: recientemente se ha hecho público que una IA específica ha resuelto en gran medida el problema del ADN basura. A ver, cuando se descifró el genoma humano, el 98% de su ADN parecía inservible, no tenía genes, no parecían aportar nada al funcionamiento de las células…, y por esa razón se le llamó ADN basura. Esa IA nombrada, diseñada específicamente para este estudio, ha mostrado que tal ADN basura es operativo, es decir, que tiene su función en la operatividad de la célula. Asimismo, ha “reconocido” la forma en que se pliegan las casi doscientas mil proteínas que tenemos (y con ello la función que ejerce cada una de ellas), por lo que, al menos teóricamente, “ya es posible” reparar malformaciones, sintetizar ADN en un laboratorio, escoger a la carta rasgos humanos…(véase el segundo link al final del escrito). Tales logros hubiesen tardado bastantes decenios en aparecer de no ser por la IA, con su velocidad y capacidad operativas, cientos de veces superiores a la de los mejores equipos de investigadores que trabajaran sin ella.

Esos algoritmos (y lo misterioso de ciertas emergencias imprevistas, como veremos), al operar sobre los datos recogidos y organizados, posibilitan/dotan de capacidad al sistema IA para APRENDER y CREAR.  Pero ¿qué cosa es aprender y qué cosa es crear? O sea, en primer lugar, daré mi opinión sobre ¿qué operaciones mentales realizamos al aprender? Naturalmente que es complicado, porque no solo utilizamos el sistema intelectivo para aprender, sino también el sistema de las emociones, los deseos, los instintos… pero si imaginamos un sistema IA que imite el proceso que realiza el sistema intelectivo la cosa se simplifica un poco. Aprendemos mediante la imitación, la búsqueda de analogías y el establecimiento de relaciones lógicas y de causa efecto. Mediante esos mecanismos, el sistema intelectivo realiza ensayos de prueba y error. Tal sistema de aprendizaje lo puede llevar a cabo la IA perfectamente, pero a una velocidad super rápida (¡imaginemos cuando al sistema IA se le pueda incorporar un ordenador cuántico!). Tan solo hay que pensar en la ya vieja computadora Deep Blue venciendo a Gary Kasparov.

Pero lo más sorprendente del aprendizaje que llevan a cabo las IA es que en ocasiones obtienen resultados que van mucho más allá de las previsiones de los programadores, que se percatan que la IA realiza con alta eficacia unas funciones que no figuraban en sus planes al implementar los algoritmos. Por ejemplo, Google enfrentó a dos sistemas IA ‘primitivos’ para que se comunicaran datos entre ellos. Al cabo de no mucho, los dos sistemas se comunicaban mediante un lenguaje que habían creado, hacía más fácil la comunicación y que no estaba en los planes de Google.

Es algo así como las complejidades que surgen en las teoría de números. Estos nacieron como recurso para contar objetos, pero cuando se opera con ellos aparecen complejidades y paradojas inconcebibles, como si emergieran de un mundo fantasmagórico. Por ejemplo, ¿por qué aparece el número pi en la naturaleza, en el área del círculo, en series infinitas de números, y algo semejante con el número ‘e’?, ¿por qué introduciendo el pequeño ‘fantasma’ “i=raíz de menos 1”, algo artificioso, se desvelan razones de la naturaleza que de otro modo resultarías irresolubles?… El caso es que tanto con la IA como con los números aparecen de pronto extrañas funcionalidades y razones que no habían sido previstas. Son como fantasmas que no estaban invitados a la fiesta pero que se han presentado sin avisar.

También hay quienes aseguran que la IA nunca podrá tener poder creativo, que nunca podrá inventar. Esta es una estupidez muy generalizada por que ¿qué es crear?, ¿no es acaso sintetizar lógicas y procesos, a la vez que realizar ciertas modificaciones en instrumentos de los que se sabe su uso y se conocen sus cualidades? ¿acaso no podrá replicar la IA la eficacia de las redes neuronales humanas y emplear una cantidad de datos infinitamente mayor que los que emplea el cerebro humano?, ¿acaso no hace la IA composiciones musicales novedosas, escritos dignos de un literato, genera nuevas fórmulas matemáticas…?

En fin, me dejo en el tintero si pueden generar una conciencia con una eficacia similar o mayor a la humana, me dejo si puede una máquina ser egoísta, me dejo si puede replicar sentimientos, deseos, emociones, instintos… A mí no me cabe duda de que sí, pero hablar ahora de ello, así como hablar de sus ventajas y de sus peligros, requiere de un tiempo del que carezco. Más adelante lo haré.

https://youtu.be/G_RqiMAmzvo?list=PL3zfU72KwQYICKG4PFucXlQYaKss_czvt https://www.youtube.com/watch?v=Tltn85hjIBo&pp=ugUHEgVlcy1FUw%3D%3D


[1] Los humanos también disponemos de feromonas que intervienen en la atracción sexual y en la sincronización del ciclo menstrual en mujeres que viven juntas

CABALLEROS, BRIBONES, INCERTIDUMBRES Y BULOS

Si se encuestase a la gente de este país sobre el asunto, no me caben dudas de que Sánchez y Tezanos resultarían elegidos los dos mayores propagadores de bulos. No creo que exista un consenso tan abultado sobre la figura política más comprometida con la verdad, aunque yo me inclinaría por nombrar para ese puesto a Cayetana Álvarez de Toledo. En cualquier caso, el problema que quiero resaltar es la dificultad que aparece en política para discernir al propagador de bulos del que se compromete con la verdad, ya que cada uno de ellos tiene su propio y aclamante público. La cosa se enmaraña si se tiene en cuenta que existen bulos de muchos tipos; así, están los bulos de la negación, de la justificación, de la exageración, de la acusación…, por lo que es necesario poner un poco de orden lógico en el asunto.

Raymond Smullyan (1919-2017) fue un matemático, mago, filósofo, lógico, pianista y humorista, creador de varios libros de pasatiempos lógicos. En uno de ellos, Juegos por siempre misteriosos, cuenta que una isla está habitada por dos tipos de personas, los Bribones y los Caballeros. Los bribones siempre mienten y los caballeros siempre dicen la verdad, por lo que ninguno de ellos declara que es un bribón: el caballero no puede mentir diciendo que es un bribón y el bribón, que siempre miente, se declarará un caballero. Ahora, me voy a permitir la licencia de identificar a los propagadores de bulos con los bribones, y con caballeros a quienes se comprometen con la verdad. Ya sé que tal identificación no es de lógica rigurosa, pero me puede servir para expresar una idea. Según esto, Sánchez y Tezanos serían bribones y Cayetana sería caballero.

Entonces, ¿cómo saber si cuando se comunica una idea o se refiere un hecho se está propalando un bulo o no?, o, ¿cómo saber si quien lo expresa es un bribón o un caballero?, lo cual viene a ser lo mismo. Porque resulta que el público que confía y aclama al bribón está convencido que éste es un caballero, y que el bulo por el que se le acusa es una verdad como un templo. Ni siquiera la presentación de evidencias que confirman el bulo sirve para aclarar la posible duda, pues el bribón alegará ante su público fiel que tales supuestas evidencias son falsas, que son bulos que lanzan los ‘bribones’ para desacreditar a un caballero como él (por ejemplo, alegará que los jueces, los periodistas, los testigos, los custodios de las pruebas, todos aquellos que evidencian el bulo son bribones, es decir, que todos ellos utilizan bulos para negar su verdad).

Los motivos de esa fidelidad de su público suelen ser ideológicos, de ignorancia y de sentimentalidad, motivos extraordinariamente ‘convincentes’. Así que no vale llevar un registro de los bulos de un bribón, pues, como ya se ha dicho, el público fiel al bribón las consideraría bulos y manipulaciones.

Los bribones suelen emplear un tipo de bulo que denomino de “inversión especular”: acusan a los caballeros de ser los autores de la fechoría que ellos mismos llevan o han llevado a cabo. Y la misma inversión se produce en el juicio que emite ese público que se muestra fiel a los bribones, percibiendo a los caballeros como bribones y a estos como caballeros, tal como la imagen de una casa reflejada en las aguas de un lago (vista desde el otro lado). De todo ello se infiere la dificultad de resolver quién es caballero y quién es bribón. Y, yendo más allá, es cierto que se han llevado a cabo propuestas de control de bulos, pero eso no resuelve el problema, pues… ¡Y si los controladores de bulos son bribones!

En este punto empieza de nuevo el círculo: si tales controladores son caballeros, serán acusados de ser bribones por estos; en caso de ser bribones también recibirán esa acusación, pero estos causarían un gran perjuicio a la verdad, ya que propalarían que las verdades son bulos y que los bulos son verdades. Es decir, los controladores bribones realizan una inversión especular de la realidad. Como resulta obvio, los bribones tienen ventaja sobre los caballeros pues, mientras que estos se atienen a la verdad (aunque no les convenga o incluso si les perjudica), los bribones siempre obtienen beneficios de mentir (para eso se diseña la mentira) e incluso pueden obtenerlos de algunas verdades, es decir, los bribones adaptan el relato a su conveniencia y beneficio.

Otro aspecto más de esta batalla favorece a los bribones: el hecho de que los ‘oportunistas’ se alían generalmente a ellos. Un oportunista sabe quiénes son caballeros y quiénes son bribones, sabe qué enunciado es un bulo y qué otro que no lo es,  pero también sabe que la mentira produce más réditos que la verdad, así que se aliará con los bribones (Pongamos por caso las grandes empresas del IBEX). Pero aún establece más alianzas con aquellos grupos que, agobiados por los pesares de la incertidumbre, han caído en el nihilismo moral de considerar la percepción de sí mismos como verdad esencial. También estos grupos apoyan a los bribones. ¿Se entiende que todo tipo de bribones haya impuesto su relato, su mentira, desde que el mundo es mundo? Por otro lado, ¿puede el rebaño digerir la verdad?

GENIOS

No se trata tanto de individuos superinteligentes (aunque hablar de inteligencia es meterse en berenjenales de difícil salida) como de individuos de gran capacidad creativa y originalidad. Lo que señala Schopenhauer al respecto resulta ilustrativo: “El talento alcanza lo que nadie puede alcanzar, el genio alcanza lo que nadie puede ver”.  

Entiendo que los genios son clasificables de acuerdo atendiendo al modo en que han adquirido su genialidad, es decir, de la relación que presenten entre lo innato de su genio y lo adquirido, del aprendizaje, las capacidades que ha ido formando y acumulando durante su desarrollo cognitivo y social. En la actualidad y desde las neurociencias, se suele resumir como la relación entre la influencia genética y la epigenética. Y, obvio resulta, facilita la aparición del genio un ambiente cultural e intelectivo propicios, así como el ejercicio de la confrontación intelectual, sobre todo, en la infancia.

A un primer tipo de genios pertenecen aquellos individuos introvertidos, investidos de gran talento, que buscan incesantemente relaciones analógicas y de causa-efecto al contemplar el mundo, y que muestran un desorbitado interés en el ejercicio de labores intelectivas.  Con las relaciones que vislumbra elabora un plano mental sobre el que emite un torbellino de conjeturas acerca de la realidad que percibe. ¡Y añadamos su atención!, pues una vez que focalizan un asunto, no existe para ellos nada más en el mundo.

Podemos considerar a Arquímedes como ejemplo de este tipo. La humanidad le debe descubrimientos tan sorprendentes como la ley de la palanca, el empuje que ejercen los fluidos, un método de cálculo infinitesimal, fórmulas matemáticas diversas, armas para la defensa de Siracusa, y tal vez el mecanismo de Anticitera, que podemos considerar la primera computadora analógica. Nos dice la leyenda que, encontrándose en el baño, percibió que la densidad de su cuerpo disminuía en el agua, saliendo desnudo a la calle al grito de ¡Eureka! en el momento de percatarse del empuje. Tras dos años de asedio y habiendo los romanos conquistado por fin la ciudad de Siracusa, su atención, como si la guerra y la pérdida de la ciudad apenas tuviesen importancia para él, estaba anclada en escribir una fórmula en la arena de la playa, cuando un soldado romano le dio muerte.

Otro buen ejemplo de este tipo es Einstein, buscador incesante de analogías e imaginativo trazador de hipótesis. El caso es que no era muy ducho con el aparato matemático, pues tuvo que valerse de la habilidad de Lorentz, Minkouski, Riemann, Ricci, Christofer para que la Relatividad adquiriese una consistente forma matemática. Pero ¿qué otra imaginación sino la suya idearía el cabalgar sobre un rayo de luz, el caer con un ascensor al que se le han desprendido los amarres, o el de imaginar la luz como corpúsculos que chocan con los electrones de un metal? De tales idealizaciones surgieron la Relatividad Especial y General, así como la explicación del efecto fotoeléctrico. Y su capacidad de atención. En conversación con Lorentz sobre la Relatividad, encendió un cigarro puro que se consumió sin haberlo llevado una sola vez a los labios.

Otro tipo de genios debe su genialidad a una vida intensa y viajera, junto con una gran imaginación y periodos prolongados de análisis y de organización de recuerdos para idear imaginativamente un bello edificio mental. Los genios literarios suelen ser de este tipo. Aunque existen ejemplos en otras áreas del conocimiento.  Por ejemplo, Darwin enfrascado durante buena parte de su vida en labores de acopio de datos y extracción de relaciones. Pero el ejemplo que expongo y que es representativo del tipo es Cervantes, el autor del Quijote. Viaja durante años por toda Italia, Portugal, por Castilla, por Andalucía, pasa cinco años como cautivo en Argel, es encarcelado en cuatro ocasiones y, toda esa vida de aventuras y prisiones, la proyecta en el personaje más célebre y encumbrado en la literatura mundial, Don quijote de la Mancha. Un libro de ideal caballeresco que pretende dar fin a los libros de caballerías, un libro épico, lírico, trágico, cómico, donde los ojos del protagonista ponen máscaras a la realidad, donde se confunden molinos cueros de vino con gigantes, rebaños de ovejas con ejércitos, donde una cabeza de bronce responde a las preguntas que se le hacen, donde algunas gentes que viven en la segunda parte del libro han leído la primera e incluso la parte apócrifa, y donde, incluso, aparece un personaje del Quijote de Avellaneda. Un libro donde la bondad, el amor puro y el ideal caballeresco se enfrentan a un mundo grosero que les vence o les toma a broma. La más genial creación literaria de los siglos.

Existen genios que, con esfuerzo temprano y debido a una fuerte presión familiar, han desarrollado capacidades extraordinarias, como Mozart, Von Newman…, siendo numerosos los de estirpe judía… Pero existe un tipo especial de genios, a los que se conoce como Savant, que, de forma innata tienen aptitudes extraordinarias para el arte, para el cálculo matemático, para tener una memoria prodigiosa, para la memorización de mapas…, teniendo, por lo general, una escasa capacidad intelectual, y siendo una buena parte de ellos autista.

Sin embargo, existió un joven indio, Srinivasa Ramanujan, cuya prodigiosa mente participaba en algún modo de las capacidades innatas de los Savant, pero cuya inteligencia era extraordinaria. Ramanujan era capaz de sumar series de gran complejidad, expresó hasta 3900 fórmulas que no parecen ser producto de una deducción ni haber sido demostradas, fórmulas que ahora se hacen servir para la Teoría de Cuerdas o para el estudio de los agujeros negros. Como algunos Savant, que parecen ser casos de anunciación sinestésica (ven los números en su cabeza, no les hace falta calcular, o ‘ven’ la música en colores…), según Ramanujan relataba, sus logros matemáticos le aparecían en sueños o al despertar, siéndole comunicados por la diosa Visnú, es decir, sus capacidades serían experiencias divinas, epifanías. Cabe preguntarse cómo aparecían en su mente tantas fórmulas extrañas, tantas soluciones a problemas matemáticos complejos, tantas series sumadas. Uno puede elucubrar con la posibilidad de que en las conexiones cerebrales se encuentren contenidas, en latencia, todas las relaciones existentes en el Universo entre la materia y la energía, y que una suerte de singular configuración neuronal las desvelaría, siendo Ramanujan el poseedor de esa configuración. O eso, o bien la interpretación de que la diosa Visnú se las transmitía, es decir, como si por acción divina se entregase a un cerebro humano el misterio cifrado del Universo.

Y otro al que considero un genio, el rumano Mircea Cartarescu, autor del libro Solenoide, aunque mi ignorancia acerca de su vida y de sus fuentes e inspiraciones me impide encasillarle. ¿Por qué considero genio al autor de Solenoide? Porque la complejidad de la obra solo la podría tramar y resolver un genio, y porque utiliza para ello una prosa exquisita, detallista y cristalina. Sería un fatuo empeño por mi parte pretender dar un significado a Solenoide, ni siquiera querer trazar una imagen reconocible de la obra…, ni siquiera un bosquejo. Sí puedo nombrar las quimeras y realidades que circulan por sus páginas. Puedo nombrar larvas, insectos, parásitos, alucinaciones, sueños, quimeras, supradimensiones espaciales y temporales, seres extraordinarios, conjeturas matemáticas, mecanismos esparcidos por diversos lugares de Bucarest donde existe un túnel que conduce a otros mundos, a otras dimensiones y a otros seres. Puedo nombrar un profesor de instituto en una Bucarest comunista, mísera, fría y destartalada; puedo nombrar su infancia, sus relaciones amorosas, el enigma de su diario…Pero nada de cuanto nombre produce una idea, siquiera aproximada, de Solenoide.

Sin embargo, si puedo entrever (y esta es una razón muy particular) una correspondencia entre la obra de marras y el Manuscrito Voynich. Ese manuscrito repleto de extrañas e inexistentes plantas, de planetas y símbolos cósmicos, de mujeres desnudas que parecen ser arrastradas por tubos o canales de fluidos de colores, de señoras gordas bañándose en un recinto con agua verde…, una obra elaborada a comienzos del siglo XV, escrita con un alfabeto indescifrable. En una obra y otra se exhibe un catálogo de fenómenos y seres extraños, en ambos se desarrolla un mundo que solo se percibe mediante ultrasentidos y ultradimensiones, en ambos aparecen naturalezas mudables. Tengo para mí que Solenoide pretende ser el Manuscrito Voynich del siglo XXI, literario, con una prosa clara, excelsa, que describe al detalle los seres más extraordinarios.

ACERCA DE DIOS

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EL PREJUICIO

Siendo uno de los recursos más útiles y utilizados en nuestra labor de vivir y sobrevivir, el prejuicio tiene mala prensa. Parece como si ya no fuese necesario, incluso, parece como si poseer un cierto conocimiento de los individuos o de los asuntos con los que vamos a tener que lidiar fuese cosa abyecta. Sin embargo, percibir de antemano las intenciones ajenas ―siquiera un esbozo de ellas―es una cuestión de vital importancia para nuestra supervivencia. Poseemos exquisitos resortes mentales para reconocer en los gestos de la cara, manos y brazos, en la prosodia de las palabras, en lo que expresan los ojos…, las intenciones que otro humano refleja hacia nosotros. Categorizamos etnia, sexo, color de piel, edad, grupo al que pertenece, comportamiento, y otras muchas señales que ‘el otro’ nos envía, y lo elevamos todo a una nueva categoría en función de la seguridad o inseguridad que nos suscita. Así que el prejuicio actúa como advertencia de lo que podemos encontrarnos y, por ello, como guía de nuestra acción futura.

Pero tal vez otra forma de prejuicio pase más inadvertida:  la apreciación que hacemos de los valores artísticos y culturales. En un museo, uno puede haber pasado por delante de una obra pictórica sin llamarle en lo más mínimo la atención y, tras percatarse de que se trata de una obra maestra de un renombrado autor, volver a ella con muestras de gran interés, deteniéndose en sus detalles, apreciando ahora una belleza y significación que antes le pasó inadvertida. Uno puede empezar a leer Por el camino de Swann, de Marcel Proust o el Ulises de Joyce sin conocer la fama de tales libros y tales autores, y juzgar al poco que le parecen aburridos, pero ¡ah!, cuando un supuesto entendido le informa de lo indispensable de esas lecturas, del reconocimiento de que gozan los citados autores, de la innovación literaria que aportaron…, entonces, todo cambia. Entonces, al decidirse a leer esos libros de nuevo, las palabras transitadas anteriormente poseen otra magia, en las oraciones aparecen encantamientos inusitados, los párrafos destilan ahora aromas y significados nuevos. Ahora, el prejuicio formado con la información recibida actúa como una varita mágica que transforma lo que era tosco y aburrido en delicia para los sentidos. Algo semejante se podría decir de tantas y tantas expresiones artísticas que, por haber alcanzado reconocimiento social, se consideran excelsas.

Pero tal fenómeno tiene lugar también con las ideas filosóficas, con el psicoanálisis, con el llamado materialismo científico de Marx… el prejuicio construye en buena medida el juicio que el individuo emitirá acerca de la verdad o de la falsedad encerradas en ellas. Ahora bien, en estos casos interviene también, y muchísimo, la ideología que el tal individuo tenga a gala defender, es decir, su pertenencia o no al rebaño que sigue tal o cual ideología. O, con otras palabras, las aberraciones cromáticas y esféricas de las lentes ideológicas con que miran el mundo.  

Toda esa información que nos llega antes de enjuiciar a un sujeto o a una sociedad, una novela, un cuadro, una escultura, un mérito…, constituye el prejuicio que tenemos de antemano acerca de aquello sobre lo que vamos a emitir tal juicio. Evidentemente, en la mayoría de ocasiones nos resulta imprescindible como guía para mantener nuestra opinión acorde y conciliada con la opinión social, aunque, también, puede ser que nos den gato por liebre, puede ser que la información provenga de unos pocos ‘entendidos’ que tengan un interés especial en tergiversar la información de comunican, y que, de esa forma, consigan engañar durante mucho tiempo a la mayoría de no entendidos; puede ser que el prejuicio que nos imbuyen sea torticero, que sea un fraude interesado. Desde mi humilde opinión, para acercarse al conocimiento y a la verdad, yo aconsejaría confrontar siempre el prejuicio con la realidad a examinar y sobre la que opinar, pero no dejar que el prejuicio, mediante su influencia, determine en todas sus partes el juicio que solo a la razón corresponde tomar.

LÓGICA DE LA CONFRONTACIÓN

El atentado contra Trump y el reciente asesinato de Charles Kirk han sido obra de dos jóvenes fanatizados, dos jóvenes mutilados mentalmente mediante una ideología que predica el odio. Se sentían redentores del mundo tenebroso que para ellos representaban las dos víctimas. Si bien tales hechos parecen aislados no significa que sean fortuitos, pues obedecen a una lógica de confrontación bien estudiada y planificada por muchos intelectuales desde un siglo a esta parte. Gramsci, Marcuse, Laclau, Judith Butler y Foucault son algunos de los más conocidos creadores y promotores de tal lógica. Pero otros muchos han contribuido también a su desarrollo: catervas de intelectuales como aquellos judíos de la Escuela de Frankfurt, los filósofos posmodernistas y conocidas postuladoras de la ideología de género.

En líneas generales, la finalidad de esa lógica ha sido –y es– la de imponer contra viento y marea el socialismo en Occidente. Bien podemos decir que pasando por encima de cualquier razón y de cualquier barrera. Los apóstoles del socialismo mencionados dirigen sus esfuerzos a la destrucción del capitalismo y de los valores sociales existentes, aunque no se distinguen precisamente por la coherencia de sus doctrinas. El Marcuse más pragmático es elocuente al respecto: si los proletarios de Marx han abandonado su fervor socialista (sus palabras: han perdido su negatividad contra el sistema), los cambiamos por feministas, inmigrantes, ecologistas, delincuentes, parados, lumpen…Los miembros de la Escuela de Frankfurt: si la Ilustración era nuestro baluarte, ahora nos estorba. El posmodernismo filosófico: dejemos de llevar la razón como estandarte; pongamos en su lugar la emoción, el sentimiento, el relato. Las promotoras de la ideología de género: plantemos la semilla de la locura y del absurdo en todos los corazones. En resumen, todo vale si es para la causa del socialismo.

Para esa causa, dos hechos muy importantes tuvieron lugar al principio de la década de los noventa, Fidel Castro y Lula da Silva organizaron el Foro de Sao Paolo (al que acudieron Dima Rousseff, Bachellet, Correa, Daniel Ortega, los Kirchener, Hugo Chávez…), un foro de comunistas y guerrilleros en el que acordaron pasar de puntillas por la guerrilla y el comunismo, y beber del cáliz de ecologismo y del feminismo. Les iba en ello la supervivencia. El segundo hecho o episodio fue la infiltración del nuevo socialismo en los departamentos de humanidades de las universidades norteamericanas (en las universidades francesas ya estaba instaurado).

El foro de Sao Paulo, donde se crearon artimañas, fraudes y estrategias de confrontación, fue resultó productivo, muchos mesías del nuevo socialismo llegan al poder. Lula da Silva en Brasil en 2002; Nestor Kirchner en Argentina en 2003; Tabare Vázquez en Uruguay en 2004; Evo Morales en Bolivia en 2005; Michelle Bachelet en Chile en 2006; Rafael Correa en Ecuador y Daniel Ortega en Nicaragua en ese mismo año; Mario Funes en El Salvador en 2009; Cristina Kirchner en Argentina en 2007; José Mujica en Uruguay en 2009. Pero una serie de circunstancias, la desaparición de Chávez en 2013 y la de Fidel Castro en 2016, la pobreza, la falta de libertades, la miseria sobrevenida en Venezuela con Maduro, la corrupción de algunos de esos mesías[1], el cierre de medios en Venezuela y Nicaragua, el narcotráfico bajo la protección del Estado en Bolivia y Venezuela, hizo que casi todos los nombrados perdieran el poder en los años siguientes.

Pero los foros seguían produciéndose. En 2019 se celebra uno en el Estado de Puebla, en Méjico. El llamado grupo de Puebla ve llegado el momento de recuperar el poder en Iberoamérica y de realizar una transición rápida hacia el socialismo. ¡Y la inteligencia del enjambre se muestra! Los mesías socialistas del río ideológico iberoamericano mandan agitar el frasco. Con pocos días de diferencia, en octubre de 2019 estallan revueltas en Ecuador y Chile. En Ecuador, para derrocar al gobierno de Lenín Moreno, que estaba subordinado a Correa pero que lo traicionó al permitir que la Justicia lo persiguiera. En Chile, para tumbar al presidente Sebastián Piñera, que había mostrado una gran debilidad al firmar la agenda 2030[2] a instancias de Michelle Bachelet de la ONU. En noviembre una nueva revuelta en Colombia y a principios de 2020 en Perú. El resultado de las revueltas fue que en Chile ganó las elecciones de 2022 el izquierdista Gabriel Boric Font, y en Colombia ganó el izquierdista Gustavo Petro; y en Perú, el mismo año, ganó el izquierdista Pedro Castillo. La eficacia de agitar el frasco es inmensa; los tibios, los biempensantes, los pusilánimes, se acobardan con las revueltas y prefieren la victoria de la Izquierda como mal menor. ¡Piensan que no irá tan mal!

Lo novedoso de estas revueltas es que en todas ellas hacen participar al elemento indígena y se practica el victimismo contra España. Cualquier triquiñuela vale.

En el mismo periodo, como si se tratase de una acción conjunta, el Black Lives Matter y los grupos Antifa, principales agentes de la revuelta, tomaron especial relevancia con la muerte del afroamericano George Floyd a manos de un policía blanco el 26 de mayo de 2020 en Minneapolis. La revuelta fue la ocasión perfecta para el propósito del Partido Demócrata de poner a Trump contra las cuerdas y sacarlo de la presidencia norteamericana unos meses después.

Adelantémonos al presente. Las tensiones, los conatos de revuelta, los enfrentamientos sin motivo aparente que se están produciendo en España, en Francia, en algunos países sudamericanos como Argentina y en Norteamérica, tal parece que obedezcan a la preparación de otro salto revolucionario con la finalidad de conquistar el ‘cielo’ del socialismo. Mucho me temo que este que viene va a ser un otoño muy caliente. Las tribus mediáticas, los adalides de lo woke, del victimismo y de la locura de género, se están movilizando a marchas forzadas (la excusa de Palestina por ahora), la Europa de la agenda 2030 promete más censura y menos libertad y democracia, en Norteamérica las universidades arden. Las deudas de algunos países ya han desbordado lo sensato y serán buena excusa para instaurar el socialismo. Todo parece ya dispuesto para dar el golpe. Francia o España pueden encender la mecha.

En el libro IDEOLOGÍA Y REVOLUCIÓN se exponen estas y otras muchas razones y hechos con muchísimo más detalle. La génesis de estos movimientos, sus características, las ideas y los pensadores de donde nacieron, su implantación social, las alianzas con las élites financieras…


[1] Lula da Silva ha pasado varios años en la cárcel por ese motivo, y Correa es prófugo de la Justicia de su país.

[2] En palabras de el Secretario General de la ONU, António Guterres, la agenda 2030 contiene unos Objetivos de Desarrollo Sostenible que son la vía para lograr una globalización justa y un futuro mejor para todos: superar la pobreza y la desigualdad, combatir la crisis climática, avanzar hacia la igualdad de género y construir sociedades pacíficas, justas e inclusivas, libres de discriminación y odio, en armonía con la naturaleza. Por delante tenemos menos década de acción para hacer realidad esa visión.