
ENAJENACIÓN
En la conciencia de los avispados, el mundo a su alrededor se derrumba. La razón y la libertad, los pilares que sujetaban las estructuras sociales, están siendo reemplazados por una argamasa de mentiras, locuras, engaños, sentimentalidad, prohibiciones y doctrinas desquiciadas que hacen líquido todo cuanto se construye con ella. Ese líquido es encauzado a conveniencia de las élites y de los líderes ideológicos para infundir creencias donde las cosas están del revés: se dice actuar en nombre de la libertad para abolirla; se achaca a los demás el odio que uno siente; se culpa al otro de lo que uno hace…Se pretende el control social y se utilizan para ello todo tipo de estratagemas: el neolenguaje orwelliano, la ventana de Overton, los principios de Goebbels, el método del burro volador de Benegas. Todo con la finalidad de que la gente odie la libertad y odie la razón (razón en el sentido de búsqueda de la verdad, de acuerdo con Bertrand Russell) y con el propósito de imponer una fluida sentimentalidad y una visión fantasmagórica de la realidad como formas rectoras de las conciencias.
Las altas instituciones mundiales, burocratizadas hasta la médula, no son ajenas a la infusión de estas creencias, al contrario, dirigen el proceso de reemplazo. La ONU, esa inoperante y despilfarradora cloaca cuyo Comité de Derechos Humanos está regido por representantes de las naciones que más conculcan esos derechos; esa ONU que felicita efusivamente al líder de Irán, Jamenei, por su cumpleaños y tarda varias semanas en alertar de que en la calle mueren los ciudadanos por la represión de su régimen… El Consejo de Europa, esa camarilla de burócratas que ordenan a un Parlamento ―donde votan lo mismo la izquierda más rotunda y la derecha del PP― firmar esto o rechazar aquello. La OMS, que necesitó varios meses y cientos de miles de muertos por la pandemia para decir esta boca es mía. El gobierno de España, empeñado en controlar todos los poderes del Estado y de la democracia―en dar un golpe de Estado―para mantener en el poder a un psicópata…
Si a lo dicho le agregamos que en la actualidad crecen aparejadamente la complejidad del mundo, el número de sectarios y la ignorancia, con el resultado de que las relaciones humanas se están convirtiendo en relaciones entre rebaños dispuestos a luchar entre ellos a la voz de su amo y a ser llevados hacia un despeñadero sin oponer la menor resistencia. Y si aún añadimos que la IA aspira a desbaratar la creatividad y la operatividad de los individuos, y que la venidera computación cuántica promete controlar incluso nuestros pensamientos, ¿hay motivos para sentirse optimista acerca del futuro que nos espera?, ¿no nos indican las tripas que éste será distópico?

DISTOPÍA
En la conciencia de los avispados, el mundo a su alrededor se derrumba. La razón y la libertad, los pilares que sujetaban las estructuras sociales, están siendo reemplazados por una argamasa de mentiras, locuras, engaños, sentimentalidad, prohibiciones y doctrinas desquiciadas que hacen líquido todo cuanto se construye con ella. Ese líquido es encauzado a conveniencia de las élites y de los líderes ideológicos para infundir creencias donde las cosas están del revés: se dice actuar en nombre de la libertad para abolirla; se achaca a los demás el odio que uno siente; se culpa al otro de lo que uno hace…Se pretende el control social y se utilizan para ello todo tipo de estratagemas: el neolenguaje orwelliano, la ventana de Overton, los principios de Goebbels, el método del burro volador de Benegas. Todo con la finalidad de que la gente odie la libertad y odie la razón (razón en el sentido de búsqueda de la verdad, de acuerdo con Bertrand Russell) y con el propósito de imponer una fluida sentimentalidad y una visión fantasmagórica de la realidad como formas rectoras de las conciencias.
Las altas instituciones mundiales, burocratizadas hasta la médula, no son ajenas a la infusión de estas creencias, al contrario, dirigen el proceso de reemplazo. La ONU, esa inoperante y despilfarradora cloaca cuyo Comité de Derechos Humanos está regido por representantes de las naciones que más conculcan esos derechos; esa ONU que felicita efusivamente al líder de Irán, Jamenei, por su cumpleaños y tarda varias semanas en alertar de que en la calle mueren los ciudadanos por la represión de su régimen… El Consejo de Europa, esa camarilla de burócratas que ordenan a un Parlamento ―donde votan lo mismo la izquierda más rotunda y la derecha del PP― firmar esto o rechazar aquello. La OMS, que necesitó varios meses y cientos de miles de muertos por la pandemia para decir esta boca es mía. El gobierno de España, empeñado en controlar todos los poderes del Estado y de la democracia―en dar un golpe de Estado―para mantener en el poder a un psicópata…
Si a lo dicho le agregamos que en la actualidad crecen aparejadamente la complejidad del mundo, el número de sectarios y la ignorancia, con el resultado de que las relaciones humanas se están convirtiendo en relaciones entre rebaños dispuestos a luchar entre ellos a la voz de su amo y a ser llevados hacia un despeñadero sin oponer la menor resistencia. Y si aún añadimos que la IA aspira a desbaratar la creatividad y la operatividad de los individuos, y que la venidera computación cuántica promete controlar incluso nuestros pensamientos, ¿hay motivos para sentirse optimista acerca del futuro que nos espera?, ¿no nos indican las tripas que éste será distópico?





















