Fanáticos

 

Al haber sido un mucho rebelde y una pizca desconfiado, resulté refractario al sectarismo—pues las sectas exigen sumisión y confianza—aunque no niego que fui tentado a encuadrarme bajo ciertas siglas y ciertos símbolos. Dejaron de insistir en cuanto se percataron de que entre mis virtudes no estaba la de ser sumiso. No discrepar de la opinión reinante es la principal virtud del animal de rebaño. Pero yo discrepo incluso de mí mismo. Hoy puedo estar convencido de la certeza de un juicio, y mañana, tras de indagar en ello, puedo convencerme de lo contrario. Tal fluctuación, que puede parecer veleidad, no me impide poseer creencias firmes, creencias arraigadas en las arenas de la razón y de la lógica de los hechos, y, ciertamente, como todo el mundo, tengo también un poso de creencias irracionales.

La mejor manera de que uno no cambie ningún juicio o idea o creencia consiste en no aprender nada nuevo: los juicios sobre las cosas, eternamente repetidos, van día a día cavando profundas trincheras y las creencias más absurdas arraigan en la conciencia. Lo curioso del caso es que suelen ser juicios o creencias ajenas que uno toma prestadas y hace suyas sin otro criterio que el de seguir la opinión del rebaño. Esta falta de indagación, de criterio propio, esta falta de renovación de ideas, facilita la aparición del fanatismo.

El fanático, en un dogmático monólogo consigo mismo, repite: yo tengo razón; yo poseo la verdad absoluta; tú estás equivocado; tú eres mi enemigo. En esencia, todo aquel que no comparte su visión del mundo o de alguna particular parcela de la realidad, es culpable a ojos del fanático. Los que ya tenemos una cierta edad hemos conocido el fanatismo de que hacía gala la Iglesia Católica: todo aquel que no se cobijase en ella era reo del infierno. Afortunadamente, sus fanáticos propósitos han desaparecido o están desapareciendo. Todo lo contrario a lo que ocurre en el Islam, que ha revitalizado su fanatismo en los últimos lustros.

Pero hay otros grupos tanto o más fanáticos que los religiosos y que actúan como lobos con piel de cordero. El fanatismo nacionalista, cuyos dramáticos efectos se hicieron palpables con la desmembración de la antigua Yugoslavia y la orgía de sangre que tal hecho produjo. El nacionalismo catalán, que ha dividido Cataluña en dos y ha separado familias, amigos y amantes (parece como si la historia nunca enseñara nada). Tenemos a veganos que te asesinarían por el delito de comer carne; a no fumadores que te asfixiarían por encender un cigarro; animalistas que quitarían la vida a cazadores y aficionados a las corridas de toros; a ecologistas que tienen por más la vida de un lagarto o un tomillo que la vida de una persona; feministas radicales que caparían a todos los hombres; igualitaristas que serían capaces de destruir todas las riquezas y todos los bienes existentes en el país para que, en la miseria, todos fuéramos iguales.

Y tienen otra particularidad los fanáticos: pretenden redimirnos. Es decir, albergan el propósito de que seamos felices o de que ganemos la bienaventuranza eterna aunque sea a fuerza de decretos y martillazos. El comunismo y el socialismo pretendieron liberar a las gentes de su yugo, y ya sabemos lo que trajeron. Temo si alguien me quiere redimir sin yo haberlo pedido. La tradición de redimir es de las religiones: del cristianismo, del islamismo, del socialismo… Pretenden actuar altruistamente con nosotros, pero ¡que los cielos me libren de su altruismo!

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El fanático vive encerrado en una burbuja de información en la que no entran opiniones distintas a las que inyectan en dicha burbuja sus líderes. Han de leer un determinado diario, ver una determinada cadena de televisión, escuchar determinados debates o charlas, juntarse con determinados individuos…; solo así gozará el fanático de creencias firmes. La burbuja informativa no puede contener productos tóxicos. Conozco a marxistas que no leen nada que no venga reflejado desde el horizonte del marxismo; conozco a independentistas catalanes que se prohíben ver otra emisora televisiva que no sea la que propugna la independencia. Y algunos de ellos son profesores universitarios. La cortedad de sus miras, encerrados como están en una ilusión irracional y en una burbuja informativa, les imposibilita la percepción de la realidad. De no poseer una perspectiva amplia y variada, veremos la realidad deformada y mutilada, inconexa. Una monolítica forma de mirar le convierte a uno en fanático.

El fanático sitúa una idea por encima de su propia vida, por encima de sí mismo. Se hace esclavo de esa idea y está dispuesto a sacrificarse por ella. Recordemos a los que se inmolan, a los que prefieren vivir en la miseria pero ‘todos iguales’ (véase Venezuela), al payés catalán que dice preferir arruinarse e incluso morir por la independencia de Cataluña. Las naciones han inculcado siempre el fanatismo entre la población, sobre todo en caso de guerra, pero también para tener a la gente abnegada y sumisa: el ‘Patria o muerte’ de Fidel Castro, el lema de ‘Todo por la Patria’ de la Guardia Civil…

Fanático es aquel que posee una sola mirada y una inatacable convicción acerca de una idea de justicia o redención, pero la idea no lo es todo, en ocasiones apenas existe idea o tan solo existe de manera formal y el fanático se nutre sólo de odio y ansias de revancha. En el mundo musulmán la mujer juega un papel secundario y apenas posee derechos ni libertades. Preguntémonos entonces  por qué el feminismo, sobre todo el más radical, no protesta por tales ocurrencias sino, al contrario, suele defender con vehemencia al Islam. En todos los países musulmanes se persigue la homosexualidad, y en algunos el homosexual es reo de la máxima pena, pero el  lobby LGTBIC no levanta su voz contra el Islam. Existe mucho fanático con la máscara-idea puesta en el rostro, pero si la levantáramos no aparecería otra cosa que odio y revancha. Pero este es otro asunto que tal vez trate más adelante.

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Mirada incierta al futuro

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Nos hallamos, sin duda, en los albores de una época de grandes turbulencias. Los nuevos tiempos han planteado una multitud de incógnitas, cada una de ellas con sus dilemas de incierto pronóstico. En China, en India, en Corea, en Malasia, se han producido transformaciones económicas gigantescas. Las actuales corrientes migratorias solo tienen parangón con las acaecidas antiguamente en las estepas asiáticas con destino al limes romano. La interconexión global, los acelerados avances tecnológicos, los hitos alcanzados en inteligencia artificial y en la manipulación mediante biotecnología, auguran cambios drásticos en los ámbitos sociales y laborales. Parece como si los nuevos tiempos nos hubieran arrastrado a un vórtice marítimo de magnitud y alcance imprevisibles que puede hundirnos en gélidas aguas o transportarnos a viscosos universos de dimensiones desconocidas. Como el reumático que barrunta frío o lluvia por el dolor de sus articulaciones, el malestar general del mundo no parece augurar nada bueno.

Las amenazas de futuro que se ciernen sobre nuestras cabezas son de muy diferentes tipos. Algunas de ellas presentan un claro cariz geoeconómico, como el acelerado desplazamiento de los centros de producción de tecnología y riqueza de Occidente a Oriente. China, Corea del Sur y Japón, están hoy, junto con los EEUU, a la vanguardia mundial del poder financiero y tecnológico, y están dejando atrás a Europa. En relación a este aspecto, los países que no sepan adaptarse con rapidez a los cambios productivos y cuya laboriosidad no se encuentre a la altura de sus más directos competidores, pueden colapsar económicamente, pueden verse arrojados al furgón de cola del tren de la prosperidad.

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Pero quizás se encuentren las mayores amenazas –y las mayores esperanzas—en  las nuevas tecnologías y en su aplicación. Lo que se ha dado en llamar robótica, inteligencia artificial, inteligencia colectiva, biotecnología, ingeniería genética, biología sintética, están ya abriendo el camino de una nueva revolución industrial (la cuarta o quinta, según distintas apreciaciones) que, como todas las anteriores –si no mucho más—tendrá grandes repercusiones en lo económico y en lo social.

Se habla ya de que en algunos modos de producción, como las cadenas de montaje, la mano de obra será sustituida por robots en su totalidad, y que en muchas profesiones que a priori  no parece factible su automatización los grados de sustitución podrían alcanzar un 50%.

No cabe duda de que en el corto plazo estas transformaciones en los medios y modos de producción traerán consigo grandes desajustes sociales que pueden causar  rupturas en la homeostasis social de las sociedades avanzadas. Por ejemplo, un aumento desmesurado del número de parados, y una bajada general del nivel de vida de las clases medias. Pero las consecuencias a medio plazo, por la incertidumbre que presentan, pueden resultar aún más catastróficas, y las soluciones que se proponen, tales como imponer tasas contributivas por cada robot empleado o la de un salario mínimo universal, no parece que sean muy satisfactorias. No mientras las empresas puedan deslocalizarse hacia países con tasas más bajas que las existentes en los países de origen, y no mientras  la población desempleada  carezca de la perspectiva de qué hacer con su ocio y con el resentimiento que posiblemente le genere su situación laboral; además de la aparición de un nuevo estrato social (y posiblemente una refundación y transformación de los demás), la de los desempleados de por vida.

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Pero, en otro sentido, las complicaciones pueden devenir tenebrosas: las empresas, la organización social, el control sobre esa organización, la política, las decisiones de todo tipo, pueden acabar sometidas al control de los sistemas de inteligencia artificial empleados para facilitar su eficacia. Y no se olvide que estos sistemas irán siendo más y más avanzados, con mayores capacidades de procesamiento y con mayor autonomía. No existe ningún argumento convincente que nos haga creer que esos sistemas –esas nuevas entidades—no tomarán en el futuro el control total allí donde actúan. No existen argumentos convincentes que nos dé la seguridad de que no seremos desplazados. O bien, que quien controle esos sistemas (o robots) no los utilice para imponer su tiranía sobre el ciudadano y sobre la sociedad en general; o bien que los sistemas sean hackeados y envirusados, pudiéndose convertir cualquier hacker en responsable de una gran catástrofe o en la destrucción y el caos. Piénsese que los nuevos ordenadores cuánticos podrán llegar a tener velocidades de procesamiento cientos de miles de veces mayor que las de los procesadores actuales. Con ellos muchas cosas que ahora nos resultan de ciencia-ficción serán posibles; como enseñar a un robot a replicarse y a aprender (con lo cual les estaríamos dando el control futuro de la humanidad), como hacerles creadores de nuevas especies biológicas o de una nueva especie en la que lo biológico y lo electrónico se comparta.

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La biología sintética, que combina la biotecnología y la robótica, sin duda tiende un puente hacia el sueño tan antiguo de crear una forma de vida nueva. Recuérdense los proyectos de construir autómatas, tan antiguos como la guerra de Troya,  o los intentos llevados a cabo por Alberto Magno o Leonardo da Vinci, o los innumerables que se construyeron en China o en Japón o en la Europa del siglo XIX. Pero mucha mayor semejanza tendría esa nueva forma de vida con el Golem, que según la mitología judía habría sido creado de barro, a imagen de Adán, insuflándole una chispa divina. Se le daba la vida escribiendo la palabra Emet en su frente, y se le desactivaba borrando la primera letra. Meyrink Gustav escribió una novela con ese título, Golem, y lo sitúa en Praga. Y recuérdese al Monstruo del Doctor Frankestein.

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El caso es que si con el empleo de células madre resulta ya posible la reparación, e incluso creación, de órganos biológicos, y si la sustitución de cadenas de ADN en unas cuantas o en la totalidad de las células de un organismo es ya un proyecto avanzado que a poco tardar tendrá resultados prácticos, cualquier ficción estará a nuestro alcance. Pero si a tal inimaginable avance le añadimos la posible sustitución de algunos elementos biológicos de un cuerpo orgánico –un órgano o una parte de él, por ejemplo—por sistemas de nanotecnología electrónica, los cuales potenciarían o modificarían a nuestro antojo la actividad y función del órgano, el avance sería grandioso, nos convertiría en dioses.

Pero ese nuevo individuo sintético, con capacidades y atributos escogidos a la carta, podría dar lugar a una nueva especie, con rasgos seleccionados, que, en caso de aplicarse a la especie humana, desembocaría, sin duda, en ese  mundo que describe Huxley en Un mundo feliz, la producción de especímenes destinados a servir a ciertas finalidades sociales y formando parte de grupos o clases separados, según esa finalidad. Es decir, un hormiguero humano. Un auténtico peligro. Pero un mayor peligro aún es el de la creación de superhombres o superrobots con la bionanotecnología a nuestro alcance. Hemos llegado descifrar el código genético de nuestra creación, y estamos aprendiendo a reescribirlo, lo cual es ya un desafío harto peligroso, pero crear un autómata que pueda hacer lo mismo (puede ser programado para aprender) y que tenga incluso muchas mayores capacidades de procesamiento y aprendizaje de las que nosotros tenemos, que aprenda a hacer por sí mismo las labores que a nosotros nos ha costado millones de años de evolución, puede desembocar en que el dicho autómata llegue a dominar a sus creadores o que incluso pueda modificar a estos, que pueda reescribir su ADN y el nuestro, que nos convierta en objeto de su investigación, o que incluso nos borre del mapa. Todo un  peligro a dos pasos de distancia.

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Bueno, el caso es que empecé a escribir con la intención de hablar de la insostenible polución medioambiental, del terrorismo islámico, de la irracionalidad de las abigarradas megaciudades que se han creado, de los alienantes medios de comunicación, del enfrentamiento entre el capitalismo y el socialismo, de las soluciones económicas y sociales, la Globalización…, pero se me ha ido la mano y me he ido por otro camino. Tal vez más adelante vuelva a lo anterior.

 

 

 

 

 

Reflejos de luz entre las sombras

Borges

El patriarca Abraham rogó al dios de los judíos, Yahvé, que perdonara a Sodoma si se encontraban en ella diez hombres justos. Sodoma pereció. A Jorge Luis Borges, uno de los pocos hombres de mérito por los que la humanidad debería salvarse, le negaron el Premio Nobel y fue atacado por jaurías de lobos babeando odio e ignorancia.

Los premios Nobel no son ajenos a la perversión política, singularmente en lo que se refiere a los de la Paz y la Literatura. Kessinger, Ho Chi Minh y Obama, tres de los galardonados, más se distinguieron por las guerras que desencadenaron que por la paz que supuestamente lograron. En lo literario, el que le dieran el premio a Bob Dylan en 2016 y que solo unos pocos de los grandes lo hayan recibido en el siglo XX, da idea de lo dicho.

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La verdadera realidad del mundo es que todo movimiento se rige por intereses: individuales, colectivos, económicos, ideológicos, sociales o territoriales. Todo son intereses. Esa sombra de nuestra animalidad básica que es el egoísmo, como antaño sucedía con la peste, se cobija en los rincones de cada casa. Las máscaras humanas nacieron con la pretensión de ocultar este hecho y mitigar su fuerza destructora. Pero las máscaras, como el anillo de Gollum, se incrusta en las carnes y sus sombras se introducen en el corazón de las gentes. La máscara de la paz que lució Obama ha incendiado Oriente Medio y he hecho germinar odios gigantescos y víctimas sin cuento. La máscara del altruismo la usan tanto las gentes de alto copete para tapar sus vergüenzas como el buscador de aventuras y sueldo como el compasivo. Luces y sombras.

En los mejores sentimientos anidan las víboras más venenosas. El amor a los animales, si franquea sus límites, suele convertirse en odio a la humanidad. Ha habido toda una orquestación mundial para erradicar la rudeza de los hombres, para sensibilizarlo hasta el extremo de hacerle sentir la muerte de una medusa. Se ha legislado, se han otorgado derechos, se han levantado altares al amor a los animales, y, como consecuencia, se sustituyen niños por mascotas y se evita la relación humana, incluso se detesta.

De manera paradójica, por supuesto amor a los animales se nos pide que mutilemos nuestra animalidad. Esa que reclama venganza y crueldad frente al enemigo. Pero la animalidad reprimida se vuelve contra uno mismo y contra lo humano en general. Que nadie se lleve a engaño, Caperucita y el lobo son la misma cosa, forman parte del mismo individuo, así que suele ser habitual que quienes más se visten de piadosos sean quienes más odian.

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La visión del mundo, las verdades, los valores, han seguido a lo largo de la historia un movimiento pendular, pero éste, hoy en día, se ha vuelto errático. Después de periodos de calma arrecian tempestades, después de periodos de razón, el absurdo reclama su imperio. A la lacra de la corrupción política le sigue ahora una moral populista que pretende acabar con las libertades políticas. El populismo se ha encarnado de nuevo.

Si las revueltas del 68 fueron ilusionantes, las secuelas que dejaron fueron espantosas. La incongruencia y el absurdo revolucionario fueron tan mayúsculos que, desde una Europa de libertades y riquezas, una buena parte de la juventud y de la intelectualidad, los autodenominados progresistas, reivindicaban la Unión Soviética y lucharan para imponer mediante el terror y la revolución ese modelo en sus países. Recordemos…, la Unión Soviética, mísera y abyecta prisión. Toda la ideología que les animaba eran simples mantras que repetían incansablemente: “Prohibido prohibir”, “el poder nace del cañón del fusil”, “no hay inocentes”, “toda propiedad es un robo”…, y con esas banderas se lanzaron al terrorismo. Hoy, con mantras similares, “Memoria histórica”, “violencia de género”, “derecha corrupta”, el nuevo progresismo reivindica Cuba y Venezuela, en donde la opresión y la miseria han establecido su territorio. Absurdos imitando a absurdos. Otros mantras, aun cargados con más odio, se repiten hasta la saciedad en Cataluña contra España. Sombras sobre sombras.

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 Nos aseguran estos adalides del resentimiento que cualquier conducta y actitud es válida –si no contradice a la que ellos proclaman. Hoy se proclama que el delincuente y el héroe valen lo mismo.

El ansia de notoriedad y la legión de descerebrados que creen valer en cualquier asunto lo mismo que vale el más excelso, dominan hoy el panorama social. La excelencia, el rango, el poseer criterio, la habilidad, la presteza, los méritos, son  perseguidos por las masas del resentimiento con la intención de erradicarlos. Hoy domina una moral de jóvenes, subversiva y banal.

Ser joven y ser contestatario, e incluso sentirse revolucionario, proporciona sensaciones agradables, una cierta experiencia he tenido al respecto, pero esas actitudes no deben de pasar del conato, pues a la gente joven le sobra vitalidad y le falta entendimiento. Tanto es así que entienden la democracia como el derecho a tener todo sin esforzarse en nada.

Así que el individuo de valía se evade de la masa y camina solo o en la mera compañía de los pocos que le son afines. Borges fue uno de esos hombres santos cuya mera existencia redime al mundo de su banalidad. Los masticadores de odio lo vilipendiaron con saña. El sayón por el que hoy los argentinos se embarcan aún en cruzadas, el que sacrificó todo por el poder, Perón, con el fin de producirle escarnio, le nombró inspector de aves. Pero el escarnio que quería infligir recayó sobre él mismo para toda la eternidad.

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Maculados por la política los prohombres de la Academia Sueca le negaron el Premio Nobel a Borges como hoy en día se lo niegan a Philip Roth y se lo entregan al díscolo Dylan (aunque confieso que su Knocking on Heaven’s door arranca notas de sublime emoción en mi espíritu). Ahora me viene a cuento, perdón por la interrupción, que dos de las más hermosas canciones que se han escrito en el siglo XX, la recién nombrada de Dylan y el Hallelujah de Leonard Cohen, pronuncian palabras sacras, como si en lo arquetípico cifráramos nuestras creaciones más excelsas. Más luces para disipar las sombras. Tal vez Borges y las dos canciones nombradas presenten valía suficiente para que un indefinido y omnipotente señor del Universo considere que la humanidad subsista. En cualquier caso, existen infinidad de otras luces que nos redimen de lo banal y perverso de nuestro existir y actuar. Ahí está la luz de la amistad, la de los bellos relatos, la del romanticismo, la del conocimiento, la de la alegría y del respeto, tratando de iluminar las sombras del odio y del absurdo.

 

EMBELESO Y DUERMEVELA

 

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Hay muchos motivos que llevan al embeleso y todos tienen en común que el embelesado tiene el sistema de atención focalizado y a pleno rendimiento, pero quiero referirme al embeleso, harto frecuente, que practican aquellos individuos que solemos calificar como distraídos.  Claro está, si usted lleva al psicólogo a un niño que se embelesa con frecuencia le puedo asegurar que le diagnosticará “déficit de atención”, pero esto de los psicólogos y el déficit de atención es otra historia.

El embelesado al que me refiero representa en su imaginación una fantasía que discurre por los meandros de placer del cerebro y que es generada e impulsada por los vientos del deseo. El tema del embeleso surge a partir de deseos insatisfechos. En su pensamiento el embelesado se ve triunfante en una competición; o bien imagina escenas en las que la chica de sus sueños cae rendida a sus pies ofreciéndole su amor eterno; o la empresa que sueña construir es todo un éxito que causa la general admiración; o imagina un escenario en donde hermosas odaliscas representan sus juegos eróticos preferidos; o, simplemente, traza los hechos de un pasado que le resultó satisfactorio, y los mejora y se recrea en ellos y los proyecta hacia el futuro repetidamente…Pero, claro, hay embelesos para todos los gustos. En cualquier caso, no suelen ser pensamientos que se busquen sino que surgen por sí solos en las ocasiones en que la realidad resulta aburrida o desagradable y la mente está poco disciplinada.

Mientras dura el embeleso el embelesado cae en un ensimismamiento agradable que, placenteramente, le evade de la realidad. Ni que decir tiene que la conciencia apenas participa en esa representación si no es ofreciendo su escenario de actuaciones y manteniendo la atención en estado de firmes. El subconsciente es el manantial de donde fluyen esas bocanadas de quietud agradable que aíslan al sujeto del agobiante mundo. Les suele ocurrir con más frecuencia a los sujetos que poseen una desbordante imaginación y buenas capacidades intelectuales.

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El tema del embeleso puede ser seleccionado repetidamente o puede aparecer en nuestra mente como por encanto, pero su argumento lo traza el deseo, que hace discurrir la navegación por placenteras aguas. ¡Y qué decir de los protagonistas de la obra!:  se someten mansamente a los dictados del deseo y actúan para la satisfacción de éste.

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Poco tiene que ver el embeleso con el duermevela, aunque en uno y otro caso la maquinaria de la razón se mantenga en suspenso. El duermevela (y los diccionarios se muestran erróneos al respecto) lo forman esos instantes en los que el ámbito onírico aún no se ha retirado y la conciencia está desperezándose; en el que el fluir de los sueños se percibe conscientemente; en el que el subterráneo de la conciencia  aún no se ha cerrado. En el duermevela podemos ver las simbólicas figuras de los sueños caminando desorientadas entre los dos ámbitos. Pero también la conciencia mueve al pensamiento a participar en la obra, y hace desfilar a sus propios personajes, que en argamasa se mezclan con los del sueño y se diluyen, apareciendo y desapareciendo de repente, hasta que la conciencia toma el mando y cierra los portalones del subterráneo.

Recuerdo que hace años tuve un duermevela que, por su duración, resultó ser muy extraño. Desperté con la clara imagen de un sueño dibujada en la conciencia. Era el marco de una ventana –sin paredes ni adornos ni sujeción alguna—en la que se sentaba una mujer de la que surgía una luz blanca brillante. Me resultó desconocida. Tomé consciencia de la imagen pero ésta no marchaba; incluso la pude meter en mis pensamientos y examinarla. Creo recordar que tardó un buen par de  minutos en evaporarse.

Asuntos personales y asuntos mundanos

 

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*—Fíjate bien: aquel que odia la excelencia y el mérito es un mediocre carcomido por la envidia.

*—La nueva diosa que dirige el navegar moral de Occidente, “el sentimiento”. El sentir por encima de toda razón y de toda conveniencia. Existe una pléyade de sacerdotes totalitarios del sentir.

*—-Los medios infunden en las gentes creencias y sentimientos y secuestran la razón. Como nunca anteriormente, ésta es una época en que la razón está abducida. Los continuos mensajes lanzados por los medios, que tienen la misión de desinformar a la audiencia y obnubilar la razón, refuerzan cada día los grilletes con que ésta se encuentra maniatada.

*—Los humanos necesitamos un horizonte, necesitamos un proyecto de futuro que nos aporte esperanza e ilusión, que nos revitalice a diario. Quien no sea capaz de crearlo como individuo, pronto se verá sometido a la ilusión del rebaño, y concebirá el paraíso en hacer caer a los que están por encima de él y en tener el pesebre lleno.

*—El rebaño siempre da su sí a toda ocurrencia del maestro/rabadán que con voz grave sea anunciada como verdad.

*—De la ignorancia de la filosofía acerca de las pasiones humanas se deriva el que se ocupe en divagar sobre asuntos etéreos de todo género. Si se escruta en los grandes problemas que ocupan a los filósofos, no aparece por ningún lado el que debería ser el más importante de todos: ¿a qué complejas entidades obedece la conducta humana?

*—¿Qué es el rito?: un intento de penetrar mágicamente en las entrañas del Universo con el fin de participar de sus esencias.

*—En mucha gente el odio es el principal condimento de su personalidad, el que les da un más reconocible aroma y sabor.

*—Extrañamente, hay gentes a las que no les importa la vida en sí, sino una idea por la que son capaces de sacrificar esa vida.

*—Desde el momento en que el valor de una supuesta obra de arte depende casi con exclusividad de quien la firma, el arte que pueda contener es accesorio y el esnobismo social pasa a regir el asunto.

*—Meta a su enemigo en casa, mímelo, concédale todos los derechos del mundo, manténgalo a cuerpo de rey, y luego espere tranquilo a que le quite sus libertades y le clave su cuchillo.

*—Cuando mueren las personas que en el pasado formaron parte de tu rutina diaria, desaparecen las referencias que conformaban ese pasado añorado, es como si se fuera arrancando poco a poco de uno, es como si fueras perdiendo poco a poco la identidad que ese pasado te confería, por eso la añoranza es dolorosa. Es como si la identidad de uno fueran todos sus recuerdos y vivencias, y al desaparecer alguno de esos elementos perdiéramos algo nuestro, algo que nos conformaba, como si nos arrancaran parte de nosotros, sobre todo si el que muere nos fue querido y necesario.

*—Un deber puede constituirse en principio básico de la existencia, llegando a tener más fuerza que la propia felicidad o la propia vida. Así el deber con la esposa o esposo, con los hijos o con un dictado religioso.

*—Un escritor, un artista, un pensador, puede reconocerse por la obsesiva dedicación a su labor, que no es otra que mirarse a sí mismo para descubrir la belleza exterior o las razones que gobiernan el mundo

 

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*—Resulta curioso cómo se fanatiza a las masas; basta un eslogan o dos y el temor al qué dirán para que las masas, ciegas en su acción, se arremolinen en torno al rabadán y cometan todo tipo de atropellos. Lo que está pasando en Cataluña y lo que pasó en Yugoslavia nos hace pensar en la irracionalidad esencial del hombre.

*— Cataluña es el ejemplo de cómo una minoría, alegando derechos territoriales y con la vergonzante pasividad de los políticos españoles, puede amedrentar a una mayoría hasta hacerles renegar de su cultura y de sus raíces. En psicología llaman a este fenómeno Síndrome de Estocolmo.

*—Algunos alegan: son iguales el nacionalismo español y el catalán. ¿Cómo va a ser lo mismo el predicar la comunión que el predicar el enfrentamiento?, ¿cómo va a ser igual integrar y compartir que segregar?,  ¿cómo van a ser iguales los cauces democráticos y los cauces revolucionarios?, ¿cómo se pueden emparejar la mano tendida y el odio, el imperio de la ley y el imperio de la represión contra los que no piensan igual? ¿En qué país del mundo se prohíbe y persigue una lengua y se intenta erradicar aunque sea mayoritaria entre la población? Tal hecho solo ocurre en Cataluña, y es uno de sus muchos tics fascistas. La agitación social promovida para el día 1 de Octubre tiene el mismo significado que la marcha hacia Roma de Mussolini o la quema del Reichstag por los nazis. Esa exhibición agresiva de banderas y cánticos violentos, ¿no recuerda a la parafernalia nazi? ¿no recuerdan esas juventudes a las juventudes hitlerianas o a las bolcheviques? Todo ello se completa con los tontos-borregos y los atemorizados pusilánimes.

*—Los políticos españoles: Pablo Iglesias, que no es tonto, su propia cabeza le está destruyendo, le está comiendo por dentro. Se le ve constreñido, hinchado, sufriendo. No es extraño, el movimiento asambleario que ha levantado es un auténtico manicomio. En las asambleas siempre las propuestas más radicales, más salidas de las vísceras, son las que obtienen el aplauso por miedo a ser tildado uno de tibio. Sin embargo, Pedro Sánchez, de quien la luz de la inteligencia está ausente pero le brillan las luces del odio, de la ambición y la crueldad, es decir, aquello que arrastra a las masas descontentas, es una figura emergente. Tal vez sea el mejor candidato a rabadán para llevar al rebaño… ¿al precipicio? Rajoy el pusilánime sigue gobernando, eso sí, dando tumbos, pero los vientos económicos favorecen su rumbo. A Puigdemón, hombre medroso por naturaleza, aunque también creidillo y fofo, le sigue acojonando la CUP. Ribera sigue empeñado en seguir en medio, así que recibe bofetadas por todos lados y a todos estorba.

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*— Se ha de desconfiar de quienes, sin una realidad que se lo exija o sugiera y sin motivos objetivos de agravio, se lanzan con apariencia beatífica, con una rama de olivo en la mano, a clamar por la liberación nacional o por el derecho a decidir o por la libertad de los pueblos o por cualquier ocurrencia estrambótica que carece de razones objetivas. La tal rama de olivo se transforma pronto en espada flamígera que siembra la discordia y la violencia.

 

 

TENER EN QUÉ PENSAR

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De los sentimientos y las ideas

 

*El despecho en la mujer cambia amor por odio al momento.

*Sospecho que querer es querer querer y ser querido.

*Para muchos, las ideas son más fuertes que la vida; pero tengo el presentimiento de que la gente no muere por sus ideas sino por quedar aprisionados en los engranajes sentimentales que éstas han puesto en marcha

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De los escritores y la escritura

 

*El gran problema de aislarse y de no contrastar las opiniones propias con las ajenas es que a menudo le engaña a uno la ilusión de creer que ha encontrado la verdad absoluta;  una verdad perfecta e imposible de refutar.

*La expresión oscura en la escritura puede tener dos finalidades: engañarse a uno mismo y engañar a los demás. Algunos esconden detrás de un velo negro la falta de significado y lógica en sus escritos. Así crean la ilusión de profundidad en los amantes de lo oscuro.

*Para encontrar algo cierto hay que buscar siempre en la claridad, donde la mentira queda en evidencia.

*Desecha siempre las opiniones nacidas de la euforia y mucho más las que nacen del desánimo.

*Desconfía de tu opinión sobre un logro propio que te parezca excelso, y mucho más si te parezca nefasto.

*La jerigonza maloliente de Hegel, a algunos filósofos sin paladar ni nariz les parece plato suculento y exquisito.

 

De redentores y egoístas

 

*Rousseau enseñó la bondad hacia los niños pero, uno tras otro, metió a sus cinco hijos en la inclusa porque no quería saber nada de ellos. Karl Marx, dedicado a sus pensamientos, desatendió el bienestar de su esposa e hijos hasta el extremo de hacerles vivir en la miseria y de que tres de ellos murieran de enfermedades derivadas de ésta.

*Desconfía de quienes desatienden a sus allegados y sin embargo pretenden redimir el mundo; en realidad su bondad altruista es un máscara tras la que se oculta la ambición, la obsesión o la locura

*Algunos aman idealmente a la humanidad porque son incapaces de amar a los seres humanos

*Los mayores pecadores son quienes arremeten con mayor violencia contra el pecado.

 

Movimientos sociales

 

*América Latina tiene una grave enfermedad llamada izquierdismo. Como resultado de ella, Latinoamérica sigue siendo pobre, subdesarrollada y violenta.

*Mayo del 68 y 15 M son excrecencias y salpullidos que le surgen a la liberal democracia cuando la juventud se ha henchido hasta la hartura de derechos y no tiene un objeto claro contra el que dirigir su energía de guerrero joven, así que lanza su violencia reprimida contra quien le alimenta gratuitamente y le consiente.

*Lo característico de esos casos es que surgen eslóganes estúpidos que se glorifican. Recuerdo uno de “mayo del 68” que todavía se ensalza: “Prohibido prohibir”. Es decir, la selva, la ley del más fuerte, el instinto de crueldad, la venganza, la ausencia de moralidad y de normas.

 

La lealtad y el absurdo

 

*Yo desconfío de quienes muestran su lealtad y rinden pleitesía al comunismo, al nacionalismo o a los dioses antes que a la libertad y a la democracia.

*Cuando un sin sentido o un asunto insignificante se convierten en rectores de nuestras vidas, hemos contraído la enfermedad del absurdo. ¿Quién no se ha topado con un sinnúmero de estos enfermos?

 

Carácter y necesidades

 

* Los españoles jamás hemos tenido fama de sesudos ni de disciplinados ni sabios, pero son proverbiales nuestro temperamento y nuestra vehemencia. Me viene esto a la cabeza por la siguiente anécdota. Don Enrique de Olivares, padre del conde-duque Don Gaspar de Olivares, Valido del rey Felipe IV de España y Portugal, servía como embajador ante el Papa Sixto V, y hete aquí que Don Enrique llamaba a sus criados a toque de campana, cosa al parecer reservada a los cardenales, por lo que conocer la noticia enfureció a Su Santidad, que despachó letras apostólicas y censuras contra el conde Don Enrique. Enfurecido Olivares, después de tres audiencias con el Papa consintió en dejar de utilizar la campana e ideó llamar a sus criados a cañonazos. El temblor que causaba en Roma cada disparo obligó al pontífice a dar su consentimiento al uso de la campana, que desde entonces les fue permitido a los embajadores españoles.

*Al antiguo morador de Mesopotamia le interesó el cielo porque creyó que en éste se cifraba su destino; de ahí nació el estudio del movimiento. Le interesó recaudar dinero y de ahí nació la aritmética. Le interesó el reparto de los terrenos y la construcción de edificios y creó la geometría. Del interés y de la necesidad nace el conocimiento.

 

Animalismo

 

* No es animalista el que ama a los animales, sino el totalitario que pretende coartar la libertad y los derechos de los humanos con el argumento del amor a los animales.

* Que todos los seres vivos tienen derecho a la vida es un postulado sin sentido que solo se sostiene en el miedo a la crueldad, en las cosmovisiones místicas, en una sensibilidad enfermiza y en una mente totalitaria.

nacionalismo

Nacionalismo y Populismo

 

*Me produce carcajadas el que el Populismo achaque al gobernante partido de derechas la responsabilidad de la deriva independentista en Cataluña. Razonan que, al negar el Tribunal Constitucional el derecho de Cataluña a denominarse nación, nacieron las causas de este desafuero que estamos viviendo. Sin embargo, quienes opinan tal cosa ignoran de la A a la Z la intríngulis de la dinámica nacionalista. La perversión de ésta es que no aumenta su fuerza con lo que le niegan, sino con lo que le dan y consienten. Es de esta guisa, cuanto más recibe más exige. Lo cual es comprensible: si el Nacionalismo se conformara con lo recibido, es decir, si su carácter reivindicativo desapareciera, dejaría de tener sentido su existencia. Es lícito comparar ese proceso con un incendio: cuanto más ofreces, más leña echas al fuego y con más fuerza arde éste. La única solución factible para extinguirlo es negar la madera.

 

Idea, obsesión y enamoramiento

obsesion

Una idea puede abducir al individuo, hipnotizarlo, cebar de impulsos un circuito neuronal y sostener reiteradamente en la conciencia una imagen o un pensamiento. En tal caso, la idea se hace obsesión, se apodera de la conciencia y la somete a su imperio. En esos casos la idea se abona con fuertes sentimientos y echa tales raíces en la conciencia del sujeto que más que creencia robusta se convierte en madre posesiva que abduce el razonamiento, ante la cual ninguna evidencia que presente la realidad en su contra será suficiente para liberarla de sus garras. (Los sentimientos dichos suelen originarse del juego de interacción de temores y deseos que genera la pertenencia a un grupo). El sujeto queda encadenado a una creencia férrea que dirige a su antojo la conciencia que de las cosas tiene y ciega o anula toda perspectiva distinta a la que ella ofrece. La creencia abduce al individuo absorbe su entendimiento y lo esclaviza. El sujeto se convierte en un personaje totalitario al que guía esa idea o creencia.

utopias

Son incontables los ejemplos de esa ceguera individual o colectiva que niega cualquier evidencia en contra. Es el caso del enamorado que persiste en creer que es amado porque él ama, a pesar de los continuos desaires que sufre por parte de su amada, sin que le ronde desánimo alguno ni  idea de que ella no le corresponde. Es el caso de los que creen en pseudociencias como la astrología, la homeopatía o la quiromancia, que nunca se plantean si el suceso o la cura que les anunciaban se cumplen o dejan de cumplirse. Pero es también el caso de los amantes de utopías sociales tales como el comunismo, a quienes los cientos de evidentes desastres a que ha conducido la implantación de tal utopía no desanima, teniendo siempre a mano una justificación increíble de los desastres o simplemente negándolos, sin percibir evidencia alguna en el hecho de que todas las utopías han acabado en distopías cuando se han implantado. Incluso es el caso de los creyentes y practicantes del psicoanálisis, que, sin haber presentado jamás prueba alguna de su capacidad sanadora, sigue siendo considerada como ciencia en algunas Universidades, y sigue siendo como tal practicada. Y, también, claro, tenemos a los religiosos creyentes de metafísicas oscuras y vanas, que están tan ciegos que creen ver en ellas excelsas deidades filosóficas.

distopia

El caso es que las gentes sacrifican y entrega su vida a las ideas más peregrinas, más ingenuas o más repugnantes. Los kamikazes que se sacrificaban por la idea del honor, Robespierre por su idea de la República, los soldados de las Brigadas Internacionales, el Che Guevara, Moisés, Juana de Arco, Lenin, Mao, el escritor que sacrifica su vida en busca de éxito, son ejemplos claros  de personas entregadas a una idea obsesiva sin la cual su vida deja de tener significado alguno. Pero hoy hablaré un poco más de la obsesión del amor.

misticismo

¿De qué nos enamoramos?: de una sonrisa, de un dulce mirar, de una voz aterciopelada,  de dones que anhelamos, de  gracias que nos producen gozoso sentir. A enamorarnos nos empuja esa necesidad de gozo, y según sea la particular necesidad así será la gracia requerida para abrir la puerta del enamoramiento.  Hay un hecho que descubre sin lugar a dudas el enamoramiento; se percibe cuando al mirar a la persona amada a los ojos sientes unicidad, sientes que sois numéricamente uno, que formáis un solo ser; es una sensación mística cual la que siente el eremita cuando se percibe por encima del mundo, unificado con el mundo, la que percibe el yogui, el sufí, el asceta, cuando creer tener delante de él el rostro de Dios. Pero volvamos a pisar el suelo.

enamorados

Hay quienes requieren en el otro un carácter fuerte para avivar su amor, mientras que en otros se aviva ante un carácter débil, quienes siempre buscan en el objeto amado un rostro de adusta seriedad o, por el contrario, buscan que de él emane un aspecto picaresco; otros desean profundidad de pensamientos en la persona amada, y otros simpatía en el decir, pero todo el mundo está predispuesto a enamorarse de un rostro y un cuerpo bello, grácil, pues todos sentimos el gozo de la belleza.

Se anhela la posesión del gozo ansiado y que aparece en escena el temor a perder ese gozo, y tal temor se resuelve como temor a perder a la persona amada, así que aparecen los celos, la obsesión de poseer. Pero el amor más sentido, el amor que produce más embeleso, surge de remodelar imaginativamente, hasta la perfección, la gracia de la persona amada que nos cautiva. Tan elaborada imagen bulle en la conciencia de uno y esparce gozo en su corazón. Para eso la persona amada debe hallarse lejos, pues la cercanía no tardaría en hacer aflorar sus imperfecciones y en derrumbar parte de la figura que hemos construido de ella. Si esa amada muriese sin que el enamorado hubiera traspasado la nebulosa del enamoramiento, su imagen lo acompañaría toda su vida (incluso podría desencadenar una tragedia del tipo de Tristán e Isolda, Romeo y Julieta o los Amantes de Teruel); sin embargo, si enamorado y amada se casasen, muy probablemente se odiarían a no tardar.

creencias

Ya lo dijo Leonor de Aquitania, la princesa que presidía las justas de amor cortés que tenían lugar en su palacio: “El matrimonio es la tumba del amor”. Yo no estoy totalmente de acuerdo, en el matrimonio pueden producirse combates épicos y rencores rancios, pero también puede darse una simbiosis en la pareja –aun con las desdichas que acarrea el vivir juntos muchos años—que haga que la vida de cada cual resulte imposible de soportar sin el otro.