Animalismo y racionalidad

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Si he de ser sincero, por más vueltas que le doy al asunto del animalismo, no me salen las cuentas. Quiero decir que me encuentro con que sus planteamientos básicos, además de anti humanistas, carecen de la mínima coherencia lógica. No me estoy refiriendo, claro es, a la gente que disfruta y aprecia, sin más, a sus mascotas. Me refiero al núcleo duro del animalismo, mejor, dicho, a sus postulados básicos.

Uno de los puntos centrales de su doctrina (y así lo han manifestado repetidamente algunos animalistas que han intervenido en este blog) es la consideración de que la vida animal es sagrada (no me detengo a examinar este asunto, religioso y primitivo). Esto es, que bajo su punto de vista la vida de cualquier animal ha de ser respetada, y su muerte significa un crimen de infame naturaleza. Lo cual me lleva a la pregunta: ¿también es sagrada la vida de un mosquito?, y, ¿de un piojo, de una pulga? Porque en tal caso los devotos de tal doctrina tendrían que dejar de lavarse el pelo por no incurrir en el asesinato de algún parásito, y, claro está, no deberían utilizar insecticidas de ningún tipo.

No sé si a los virus y bacterias se les considerará animales –que no lo son—pero, en cualquier caso, ¡qué atroz discriminación la de considerarles menos que una chinche o una garrapata!

Cierto es que algunos animalistas, menos radicales, otorgan solo la sacralidad a la vida de aquellos animales que poseen sistema nervioso central. Pero, aún así, siguen sin salirme las cuentas, pues, ¿qué hemos de hacer en la playa si las medusa –con sistema nervioso central—nos fríen a picotazos?, ¿dejarles hacer hasta que se aburran? No, por cierto, pues al poco moriríamos por su veneno. La única solución aceptable desde esa perspectiva tiene que ser la de no bañarse en el mar.

Así que si es usted animalista seguidor de esta doctrina de vida sagrada de los animales, no se le ocurra dar un manotazo a una mosca por mucho que el moleste, y, de no ser tan radical, al menos deje de bañarse en el mar. De lo contrario y siguiendo sus propios criterios, se convertiría usted en un criminal.

Y está el asunto que algunos animalistas demandad: la igualdad de derechos de perros, primates, otras mascotas y humanos. Y confieso que mis entendederas no son capaces de imaginar qué vacío mental ha de tener quien realice este tipo de propuestas, pero, ¡de todo hay en la viña del Señor! Prometo examinar la cuestión otro día, con detenimiento.

Tampoco me salen las cuentas al examinar el odio que dicen sentir hacia las corridas de toros. Alegan que en la fiesta taurina sufre el toro y que el sufrimiento de cualquier animal debería estar prohibido. ¡Válgame Dios!, ¡la cosa tiene su miga! Vamos a ver: si a usted, señor animalista, le dieran a escoger entre ser un toro de lidia y vivir al menos 4 años en libertad (eso si no consideramos al cabestro, cuya vida se alarga mucho más), con buenos pastos y espacio más que suficiente para retozar, o ser un pollo de granja, apelotonado y obligado a picotear día y noche, y morir a los pocos meses cuando haya alcanzado el peso establecido, ¿qué querría ser usted?, ¿qué le importaría unos minutos de supuesto sufrimiento en la plaza si ha vivido varios años de fábula?

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No es solo que no me salgan las cuentas, sino que los animalistas parecen colocar las cuentas al revés. Pues, vamos a ver: si se acabaran las corridas de toros, se sacrificarían todos los animales de lidia al dejar de tener utilidad. En otras palabras: con el fin de evitar que el toro supuestamente sufra en la plaza, se condena a muerte a cientos de miles de otros que pastan apaciblemente en la pradera. Pero esto  no parece importarles a ustedes un pimiento. ¿Dónde está la vida sagrada de los animales?

También es cierto, lo he de reconocer, que una mayoría de animalistas abogan porque no se mate a los toros de las ganaderías, sino porque se les suelte libremente. Y yo digo, ya que si los toros libres crían y se multiplican, ¿cómo nos libraríamos de sus embestidas si se nos ocurriera salir al campo a roturar la tierra, por ejemplo. Pero, ¿Y si entrasen en las ciudades y se liaran a cornadas con la gente?, ¿tendríamos que utilizar el manual buenista de lo políticamente correcto para convencerles de que dejasen de procrear y que no nos atacaran? Misterio sin resolver.

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Pero hay otra cuestión en referencia a esa idea animalista de soltar los animales en cautividad que me intriga más si cabe. Muchos casos se han dado de animalistas que han roto jaulas y puertas y han liberado a animales de granja, desde pollos hasta visones. El resultado ha sido siempre el mismo, al cabo de pocos días todos los animales “liberados” han pasado a mejor vida por falta de alimento o por caer en las garras de un depredador. Así que aparece el absurdo de preferir la muerte de los animales a permitir que vivan en granjas, lo que contradice de todas todas el principio básico animalista de considerar sagrada la vida animal. A mí, así entre nosotros, esta doctrina me resulta más difícil de entender que el misterio de la Santísima Trinidad.

Porque, en verdad, de todo lo expuesto cabe deducir que no es la vida o la muerte de los animales lo que preocupa a los animalistas, sino su hipotético sufrimiento. Así que, seamos claros y lógicos, no me vengan con el carajo de la sacralidad animal, en todo caso, háblenme del sufrimiento. Pero, ¡qué me van a decir del sufrimiento si he visto a tres perrazos enormes vivir en una piso de 50 metros cuadrados de un animalista!, ¡si estaban desquiciados perdidos por vivir en donde vivían!, ¡cómo nos vamos a atrever a hablar del sufrimiento animal! (en realidad, tendríamos que hablar del sufrimiento del hipersensibilizado animalista que adora la idea de que los animales no sufran y pretenden imponerla a los demás)

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Bien he de decir que sufrimiento y sentimiento, porque ahora resulta que a los animales de compañía se les ha otorgado la sentimentalidad. ¡¡Alto, alto!!, examinemos la cuestión. No hay sentimiento ni sufrimiento sin conciencia, alegan los neurocientíficos, y la conciencia se considera una capacidad mental que sólo los humanos poseen. Podemos hablar de dolor, de pulsaciones, de actos reflejos, pero parece poco acertado hablar del sufrimiento de un toro. Sin embargo, no les voy a negar que, en estos tiempos que corren, todo es posible. ¿Acaso no se condena hoy en día a todo aquel que siguiendo los dictados de las Ciencias Biológicas señalan que es varón quien posee los cromosomas XY y hembra quien posee los cromosomas XX? ¿Acaso los buenistas y las feministas no tienen hoy en día más poder que el mundo científico?, ¿de qué nos extrañamos?

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Admitamos que en el animalismo conviven religiosos que tienen por santa la vida animal (algunos van más allá y consideran también santa la vida vegetal, por lo que me pregunto, ¿de qué se alimentan?); conviven gentes hipersensibles a quienes se les reblandece el corazón si ven una mosca morir; y veganos a quienes el solo olor de la carne les produce vómitos; pero tengo para mí que una buena mayoría de  animalistas,  son simples cruzados contra el infiel que no sigue sus doctrinas (ya he repetido en muchas ocasiones que hay que temer a los redentores), cruzados que buscan un enemigo contra quienes verter su odio. Sospecho que si acabaran con las corridas de toros se quedarían como desangelados, sin nadie contra quien luchar. Mustios, tendrían que inventarse una nueva cruzada contra los cazadores. Me recuerda la frase aquella, “¡qué felices éramos luchando contra Franco!”

En fin, yo recomendaría –lo digo yo mismo en plan redentor, para poner un poco de orden mental—que se ame mucho a los animales de compañía, que se disfrute con ellos, que se les mime, pero, ¡por Dios!, que se deje vivir a la gente en paz, que se respeten otras opiniones, otras miradas y otras esencias.

 

 

 

 

DIGAMOS LAS COSAS POR SU NOMBRE

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De la barbarie del fanatismo

La barbarie de vivir esclavizado por unas creencias hasta llegar al punto de ofrecer la vida por ellas. ¡Ese amor a la vida, que es el santuario que la evolución humana ha construido para velar por su mantenimiento! El cristianismo o el islamismo han formado o forman parte de esa barbarie. ¡Entregar la vida, lo más preciado, por una idea! Del mismo modo, la creencia de un samurái acerca del deber de vivir en la esclavitud por pleitesía al honor y a la obediencia a su señor. Todo esto forma parte de la inconsistencia lógica del homo sapiens.

El deber

Es una orden asentada en el subterráneo de la conciencia. Una orden alimentada por un temor a una consciente o inconsciente amenaza en caso de incumplimiento. La dicha amenaza puede que pierda su vigencia con el tiempo, puede haberse borrado de la conciencia, pero sigue produciendo sus efectos temerosos hasta que no se examina a fondo la causa de su existencia. La amenaza puede referirse a un dios justiciero, a una creencia, a un sentimiento como la culpa o la vergüenza, o tal vez a una antigua previsión de lo que podría ocurrir en caso de incumplir el deber.

Mordaza legal. Los nuevos talibanes.

Propuesta de Margarita Robles en nombre del grupo parlamentario socialista: que se castigue con la pena de prisión de seis meses a dos años a quienes justifiquen o enaltezcan por cualquier medio de expresión “el franquismo”. Es decir, se prohíbe argumentar y ni siquiera examinar públicamente con rigor un periodo histórico. Esto recuerda la mordaza de la Iglesia durante la Edad Media.

El sentimiento como árbitro de la moral

Si uno de los nortes de la nueva moral es encontrar la felicidad a toda costa (lo cual ya inhabilita al sujeto para encontrarla) y el sentimiento es el hacedor de la felicidad, el sentimiento se convierte en árbitro y gobierno de esa nueva moral.

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Ejemplo de la filosofía ante la que los burros con orejeras se inclinan

Heidegger: “Sólo puedo dejar de estar porque estoy, solo puedo dejar de ser porque soy; porque sólo se acaba lo que todavía es”. Es decir, lo que nos está diciendo de ese modo tan snob es que “sólo puedo sacar lo que está dentro”. A esa sarta de obviedades oscuras se la conoce como profundidad filosófica.

Las palabras de Mario Bunge son muy esclarecedoras al respecto: Heidegger tiene todo un libro sobre El ser y el tiempo. ¿Y qué dice sobre el ser? “El ser es ello mismo”. ¿Qué significa? ¡Nada! Pero la gente como no lo entiende piensa que debe ser algo muy profundo. Vea cómo define el tiempo: “Es la maduración de la temporalidad”. ¿Qué significa eso? Las frases de Heidegger son las propias de un esquizofrénico. Se llama esquizofacia. Es un desorden típico del esquizofrénico avanzado.

Más del animalismo

En el animalismo más extremo van de la mano una naturaleza hipersensible, casi enfermiza, y un fanatismo totalitario. Lo curioso es que esa misma mezcla se da en los revolucionarios, sean de izquierdas o de derechas: hipersensibilidad justiciera y un odio feroz acompañado de ansias de venganza.

Lo justo

Aquello que consideramos justo obedece a tres razones que dicta nuestro cerebro: a las creencias que tenemos acerca del mundo, a los sentimientos que nos embargan, y a los intereses que nos guían (yendo más allá, las tres razones están muy relacionadas entre sí y se ejercen influencia mutua). En esencia, la apreciación de lo justo es totalmente arbitraria.

Inteligencia

Dice Stephen Hawking que la inteligencia es la capacidad de adaptarse al cambio

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Intelectuales de izquierdas

Resulta muy curioso: la mayoría de los llamados intelectuales de izquierdas dicen defender la libertad (y la levantan santuarios desde sus púlpitos), pero proclaman su admiración por regímenes totalitarios y por  dictadores. Marcuse abogaba por quitar la libertad de manera absoluta a las gentes para así poder educarles a su antojo; Sartre era un firme defensor del comunismo y sentía una fuerte admiración por Mao. Foucault fue más lejos y además de sentir admiración por Mao, lo sentía por Jomeini y su revolución islámica en Irán, mientras que en los países donde había libertad le daban nauseas. Resulta también chocante que Carillo, íntimo amigo del atroz dictador rumano, Ceausescu, y la Pasionaria, siempre al lado de Stalin, el mayor criminal de la historia, sean proclamados todavía defensores de la libertad. No resulta tan extraño que George Orwell los reconociera a tiempo de escribir 1984.

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Las vanguardias del odio

Es notorio que los partidos políticos clásicos carecen de ideología y lo único que les preocupa es cómo conseguir rápidamente el poder. PSOE y PP son un buen ejemplo de ello. Su gran reto es conseguir que sus varios centenares de miles de afiliados continúen mamando de la ubre de Papá-Estado. Así que, sin ideas que ofrecer, se inclinan a apoyar las ideas de grupos minoritarios organizados cuyas proclamas las carga el odio y cuyas propuestas llevan el propósito de la destrucción, aunque se disfracen con pieles de cordero. El Populismo de Podemos, el Feminismo y el Animalismo, son algunos de esos grupos.

No hablo de los militantes o seguidores, sino de sus vanguardias. Sean movimientos revolucionarios o redentores, sus vanguardias se mueven por odio. Odio a la Democracia Liberal y a todos sus valores y libertades, en el caso del Populismo; odio a los hombres y a la institución familiar, en el caso del feminismo; odio a los sentimientos fuertes y a la consideración del ser humano como algo singular, en el caso de animalismo. El odio actúa de punta de lanza para cambiar la sociedad.

Tan fuerte es hoy en día el poder de estos grupos que las mentiras más escandalosas, las estadísticas amañadas, la más burda manipulación informativa, las polémicas superfluas, las cosas más nimias e insignificantes, mediante un gran aparato de medios y un repiqueteo constante, son presentadas –magnificadas—como  verdades inobjetables que todo el mundo debe acatar. Y si alguien presenta reticencias a aceptarlas envían contra él a la policía del pensamiento que junto a las numerosas y absurdas leyes que han conseguido aprobar, constituyen los medios televisivos y online. Hoy se persigue con todo denuedo a la libertad en nombre de la libertad.

De los grupos

Recuérdese: todas las doctrinas que colocan al grupo delante del individuo conducen al totalitarismo.

 

 

Fanáticos

 

Al haber sido un mucho rebelde y una pizca desconfiado, resulté refractario al sectarismo—pues las sectas exigen sumisión y confianza—aunque no niego que fui tentado a encuadrarme bajo ciertas siglas y ciertos símbolos. Dejaron de insistir en cuanto se percataron de que entre mis virtudes no estaba la de ser sumiso. No discrepar de la opinión reinante es la principal virtud del animal de rebaño. Pero yo discrepo incluso de mí mismo. Hoy puedo estar convencido de la certeza de un juicio, y mañana, tras de indagar en ello, puedo convencerme de lo contrario. Tal fluctuación, que puede parecer veleidad, no me impide poseer creencias firmes, creencias arraigadas en las arenas de la razón y de la lógica de los hechos, y, ciertamente, como todo el mundo, tengo también un poso de creencias irracionales.

La mejor manera de que uno no cambie ningún juicio o idea o creencia consiste en no aprender nada nuevo: los juicios sobre las cosas, eternamente repetidos, van día a día cavando profundas trincheras y las creencias más absurdas arraigan en la conciencia. Lo curioso del caso es que suelen ser juicios o creencias ajenas que uno toma prestadas y hace suyas sin otro criterio que el de seguir la opinión del rebaño. Esta falta de indagación, de criterio propio, esta falta de renovación de ideas, facilita la aparición del fanatismo.

El fanático, en un dogmático monólogo consigo mismo, repite: yo tengo razón; yo poseo la verdad absoluta; tú estás equivocado; tú eres mi enemigo. En esencia, todo aquel que no comparte su visión del mundo o de alguna particular parcela de la realidad, es culpable a ojos del fanático. Los que ya tenemos una cierta edad hemos conocido el fanatismo de que hacía gala la Iglesia Católica: todo aquel que no se cobijase en ella era reo del infierno. Afortunadamente, sus fanáticos propósitos han desaparecido o están desapareciendo. Todo lo contrario a lo que ocurre en el Islam, que ha revitalizado su fanatismo en los últimos lustros.

Pero hay otros grupos tanto o más fanáticos que los religiosos y que actúan como lobos con piel de cordero. El fanatismo nacionalista, cuyos dramáticos efectos se hicieron palpables con la desmembración de la antigua Yugoslavia y la orgía de sangre que tal hecho produjo. El nacionalismo catalán, que ha dividido Cataluña en dos y ha separado familias, amigos y amantes (parece como si la historia nunca enseñara nada). Tenemos a veganos que te asesinarían por el delito de comer carne; a no fumadores que te asfixiarían por encender un cigarro; animalistas que quitarían la vida a cazadores y aficionados a las corridas de toros; a ecologistas que tienen por más la vida de un lagarto o un tomillo que la vida de una persona; feministas radicales que caparían a todos los hombres; igualitaristas que serían capaces de destruir todas las riquezas y todos los bienes existentes en el país para que, en la miseria, todos fuéramos iguales.

Y tienen otra particularidad los fanáticos: pretenden redimirnos. Es decir, albergan el propósito de que seamos felices o de que ganemos la bienaventuranza eterna aunque sea a fuerza de decretos y martillazos. El comunismo y el socialismo pretendieron liberar a las gentes de su yugo, y ya sabemos lo que trajeron. Temo si alguien me quiere redimir sin yo haberlo pedido. La tradición de redimir es de las religiones: del cristianismo, del islamismo, del socialismo… Pretenden actuar altruistamente con nosotros, pero ¡que los cielos me libren de su altruismo!

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El fanático vive encerrado en una burbuja de información en la que no entran opiniones distintas a las que inyectan en dicha burbuja sus líderes. Han de leer un determinado diario, ver una determinada cadena de televisión, escuchar determinados debates o charlas, juntarse con determinados individuos…; solo así gozará el fanático de creencias firmes. La burbuja informativa no puede contener productos tóxicos. Conozco a marxistas que no leen nada que no venga reflejado desde el horizonte del marxismo; conozco a independentistas catalanes que se prohíben ver otra emisora televisiva que no sea la que propugna la independencia. Y algunos de ellos son profesores universitarios. La cortedad de sus miras, encerrados como están en una ilusión irracional y en una burbuja informativa, les imposibilita la percepción de la realidad. De no poseer una perspectiva amplia y variada, veremos la realidad deformada y mutilada, inconexa. Una monolítica forma de mirar le convierte a uno en fanático.

El fanático sitúa una idea por encima de su propia vida, por encima de sí mismo. Se hace esclavo de esa idea y está dispuesto a sacrificarse por ella. Recordemos a los que se inmolan, a los que prefieren vivir en la miseria pero ‘todos iguales’ (véase Venezuela), al payés catalán que dice preferir arruinarse e incluso morir por la independencia de Cataluña. Las naciones han inculcado siempre el fanatismo entre la población, sobre todo en caso de guerra, pero también para tener a la gente abnegada y sumisa: el ‘Patria o muerte’ de Fidel Castro, el lema de ‘Todo por la Patria’ de la Guardia Civil…

Fanático es aquel que posee una sola mirada y una inatacable convicción acerca de una idea de justicia o redención, pero la idea no lo es todo, en ocasiones apenas existe idea o tan solo existe de manera formal y el fanático se nutre sólo de odio y ansias de revancha. En el mundo musulmán la mujer juega un papel secundario y apenas posee derechos ni libertades. Preguntémonos entonces  por qué el feminismo, sobre todo el más radical, no protesta por tales ocurrencias sino, al contrario, suele defender con vehemencia al Islam. En todos los países musulmanes se persigue la homosexualidad, y en algunos el homosexual es reo de la máxima pena, pero el  lobby LGTBIC no levanta su voz contra el Islam. Existe mucho fanático con la máscara-idea puesta en el rostro, pero si la levantáramos no aparecería otra cosa que odio y revancha. Pero este es otro asunto que tal vez trate más adelante.

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TIEMPOS CONVULSOS

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  • Corren tiempos en que la realidad se nos ha vuelto ininteligible y enemiga. Así que buscamos atajos que nos produzcan la sensación de que la entendemos, a la vez que buscamos refugios donde resguardarnos de su iniquidad. La astrología, las medicinas alternativas, la presciencia, los OVNIs, los fenómenos paranormales, la homeopatía, las teorías de la conspiración…, son atajos simples que nos hacen creer que conocemos aquello que está vedado a nuestra comprensión. Creemos que en lo simple que nos satisface se esconde la verdad. Otros buscan refugios donde guarnecerse del malestar que les produce la realidad. Dotados de sensibilidades reblandecidas, casi sangrantes, más que seguir atajos, se entregan a nuevas religiones y se refugian en ellas con ánimo totalitario y aniquilador. Adoran a nuevos dioses: “vida animal”, “Naturaleza”, y se hacen fanáticos de la nueva religión, lanzando rayos y truenos contra quienes no sigan sus mandamientos[1]. Pero quizás el refugio más acogedor que tenemos a nuestro alcance es el de la realidad virtual. Los jóvenes ―y no tan jóvenes― huyen de la relación social que, como al animalista, les hiere, y se refugian tras de la pantalla de la virtualidad, donde cada uno de ellos se considera rey. El caso es que hoy no tenemos ideas firmes a las que agarrarnos. Todo se nos presenta envuelto en relatividad, así que volvemos la vista a lo que sentíamos firme,  a lo primitivo y mágico, a la seguridad de lo simple y conocido; y tratamos de encontrar un albergue virtual donde curar las heridas que produce la realidad y la ignorancia. Estos tiempos se están revelando como tiempos de repulsión hacia el mundo real.

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  • Malo es que se junten en un individuo la necedad y el resentimiento porque de tal yunta puede nacer cualquier disparate, pero que el número de sujetos de tal índole sobrepase todas las previsiones sensatas, más que malo es trágico, porque denota que la necedad se ha universalizado. Tal hecho se ha puesto de manifiesto al estallar las redes sociales con el rechazo a la donación de 300  millones de euros de Amancio Ortega para curar el cáncer, y ese estallido ha sido secundado por diversas organizaciones de la izquierda española, que poco menos que han dicho que se los meta por el c…
  • Muchas gentes abogan por que se produzca una catarsis ideológica que borre la historia propia, que borre los valores, las costumbres y la cultura ancestrales. Tales gentes odian sus raíces. Pero, si tal catarsis se produjera, todos nos quedaríamos a la intemperie, desenraizados, como muñecos movidos desde una tramoya de odio, sin tener nada a qué agarrarnos. Todo parece indicar que la estupidez se ha elevado en España a diosa suprema.
  • En ocasiones una falsedad manifiesta o incluso una estupidez supina son consideradas grandes verdades o excelsos monumentos del saber.
  • Mal asunto es que la moral dicte las verdades que se encuentran fuera de su ámbito, pues la moral tiene la misión de establecer modelos de convivencia, no verdades. En lo que no concierne a las ciencias, tradicionalmente se ha encargado la filosofía de hallar la certeza de las cosas, aunque en su desmérito alego que algunos filósofos toman a lo ambiguo, a lo vaporoso, a lo oscuro, a la jerigonza, como criterios de verdad.
  • Cuando mueren los dioses no deja de actuar el mecanismo mental que nos hacía creer en ellos, sino que sigue actuando, e inventa y adora otras ilusiones: utopías socialistas, los mundos soñados, las conexiones místicas, las justicias universales, y los diversos tipos de pensamientos mágicos. Me asola la terrible sospecha de que la muerte de los dioses ha cambiado bien poco a la gente.
  • La biología lo señala: los egoístas parasitan las sociedades altruistas que les acogen. Que cada cual, en su país, analice quiénes practican el altruismo y quiénes el egoísmo. Quizás el análisis nos depare sorpresas.
  • ¿Tienen algunos la epidermis como el papel de fumar, o es que su ansia de prohibir es inmensa?, ¿o es que les domina el odio contra todo lo que represente fuerza porque además de ser débiles son cobardes y totalitarios? ¿Se imaginan de quién hablo?

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  • Tras de la ebullición de las redes sociales, mostrando alegría desbordante por la muerte en el ruedo de un torero o por la muerte de un niño al que le gustaba la fiesta taurina, y tras de los insultos, ataques y amenazas a bastantes taurinos en la calle, pocos dudan ya de que el animalismo radical del siglo XXI es tan intolerante y totalitario como lo fueron el fascismo y el comunismo en el siglo XX.

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  • En su empeño por derogar la Carta Magna de Venezuela, Maduro ha colocado a militares de alto rango al frente de los ministerios del gobierno. Esos militares son ahora su salvaguarda. Enriquecidos por el saqueo del petróleo y por el narcotráfico, defenderán al régimen contra cualquier veleidad democrática. Money is Money. Todos los socialismos acaban pareciéndose.
  • En España algunos visionarios abogan por modificar la Constitución para fijar en ella la condición de preservar la calidad de vida de la gente. Es como si por poner por escrito un deseo se cumpliese, como si en la Constitución de Ghana figurase que todos los habitantes de ese país han de ser ricos. Se trata de no mirar a la realidad de frente, de vivir en el puro idealismo haciendo ver que los derechos adquiridos son intocables, que llueven del cielo como les llovía el maná a los israelitas en el desierto; se trata de hacer creer que los derechos sociales no dependen de las posibilidades económicas del país, sino que se encuentran ahí para cogerlos gratuitamente; se trata, como casi siempre hace la izquierda, de confundir lo deseable con lo factible.

 

  • El cristianismo nace de la miseria y de la esperanza en el Juicio Final. El luteranismo y el calvinismo nacen de la angustia y generan el capitalismo. La revolución francesa nace de la miseria y de la Ilustración, y contiene el germen del socialismo. La revolución marxista nace de la miseria y el resentimiento, ofreció la ilusión de un paraíso y produjo un terror inmenso.
  • He aquí un conjunto de datos: personas que se encuentran desaparecidas en España: 4500; suicidios en 2016: 3910; muertos en accidentes de trabajo en 2016: 520; número de muertos habidos en accidente de tráfico durante 2016: 1300; personas asesinadas en ese mismo año: 292; suicidios de hombres durante el proceso de separación (desde la fecha de implantación de la Ley de “violencia de género”): 25.000; mujeres asesinadas por sus parejas en 2016: 44.  Ahora reseñemos la atención con que los medios de comunicación tratan esos hechos: Atención de los medios al asesinato de mujeres por sus parejas: 95%. Atención de los medios al resto de sucesos mencionados: 5%. Esa es la proporción en la atención mediática que reciben. A mí me resulta raro. Que cada cual extraiga sus propias conclusiones.
  • Al finalizar este mes de junio me tomaré las vacaciones de verano y no publicaré otro post hasta septiembre, lo cual no causará, desde luego, catástrofe alguna.

 

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[1] Resulta chocante que se les pida cuentas a los cristianos por su pasado intransigente y totalitario, que se critique al Islam por ese mismo motivo, y que, sin embargo, al animalismo, que está dando muestras de un feroz totalitarismo, se le siga la corriente.

Selección sexual, sensibilidad y futuro

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Me pregunto si la inversión de valores morales y culturales que se ha producido en muchas sociedades de Occidente tendrá o no repercusiones en la evolución de ciertos rasgos característicos del hombre. Digamos, por caso, la “sensibilidad”, uno de esos valores más en boga (ser hoy considerado sensible en este mundo en el que el feminismo radical ha impuesto sus dictados es haber ganado medio paraíso). El hombre sensible, delicado, dulce, empático, hoy en día está siendo promocionado a ser objeto de atención afectiva preferente por parte de las féminas. (Nótese que son las mujeres quienes eligen, tras de observar el cortejo del hombre y su exhibición de plumajes de pavo real y de bienes tangibles). A la hora de la cópula reproductiva  está claro que el hombre sensible está ganando terreno rápidamente. Ofrece a la mujer suavidad, tacto, gusto por las cosas delicadas, y encierra la promesa de mostrarse dependiente y en cierto modo sumiso, y ser un buen padre para sus hijos. Incluso en la parcela del matrimonio, incluso cuando éste es de alto copete, el hombre sensible compite con garantías de triunfo frente al rico o afamado que siempre ha sido el objeto de atención de las más bellas. Y hoy conozco a muchas bellezas, poseedoras de rimbombantes títulos académicos, de buena posición social y prometedor futuro, que se cogen a un gañán sin estudios, perezoso, simple, pero que es “sensible”, y se rinden ante él porque ese encanto suyo les llena.

Cierto es que hay una etapa de la mujer ―pongamos de 16 a 25―en que ésta se ve muy fuertemente atraída por el tipo de hombre “canalla”. Los motivos evolutivos de este asunto son obvios: es la etapa en que la biología de la mujer clama por la fertilidad y busca los mejores genes, mejor guerrero, más fuerte, más arrogante…, esto es, más “canalla”. Pero en cuanto a eficacia reproductora, tal etapa ha perdido su antigua importancia: la procreación se ha retrasado estadísticamente hasta los treinta y tantos, así que el hombre rudo, macho, canallesco, preferido a los dieciocho, ha perdido muchos enteros en la cotización bursátil por falta de demanda. El auge del hombre sensible, con buena disposición para las tareas domésticas y el cuidado de la progenie, parece indudable.

¿Puede tener esta novedosa selección sexual consecuencias evolutivas relevantes?, ¿puede dicha selección ser causa de hombres del futuro genéticamente más delicados, más dulces, más afeminados incluso; hombres en quienes la inversión de los roles clásicos de la pareja ―hombre protector y fuerte, y mujer hacendosa, dulce y de apariencia sumisa―no se tenga que deber a imposiciones y a leyes discriminatorias, sino que de buen grado acepten que la mujer sea quien lleve los pantalones en el matrimonio y sea el carácter de ella el que reine, el que tenga que decir la última palabra?

Los datos acerca de la selección sexual del hombre sensible que se extraen de algunos países avanzados, parecen indicar que el fenómeno presenta una clara tendencia al crecimiento. En Noruega y en Suecia la mitad de los hogares con hijos son monoparentales,  y por lo general recibe la mujer los genes de bancos de esperma. No resulta descabellado pensar que el siguiente paso, tal vez un paso obligado por la fuerte demanda de genes específicos que se produce ―demanda que viene avalada por los potentes grupos feministas radicales―, sea un banco de semen a la carta, en donde los rasgos físicos y psíquicos del donante se clasificarían en orden a las tendencias en boga: delicadeza, belleza, carácter permisivo o sumiso…En el caso de que tales bancos acaben instalándose en algunos países de Europa, el carácter “sensible” sería muy mayoritario en los nuevos nacimientos y no tardaría mucho en imponerse entre la población masculina, pues a la educación en la sensibilidad, tan promocionada hoy día por los defensores de la ideología de género, se le uniría el rasgo seleccionado genéticamente. Los hombres del futuro serían de una dulzura que algunos quizás juzguen de empalagosa, y el “macho” tendría sus días contados.

Un experimento de selección llevado a cabo con una especie animal, el zorro, presenta semejanzas con el tipo de selección del hombre sensible que he expuesto. El ruso Dimitri Beliaev comenzó a seleccionar los zorros menos agresivos y que se acomodasen mejor a la compañía humana. Treinta generaciones de zorros después, se consolidó una estirpe de zorros domesticados. En los animales no solo se había modificado su comportamiento sino también su aspecto: su rabo menguó y dejó de apuntar al suelo para apuntar a lo alto; con las orejas ocurrió lo contrario, colgaban en lugar de estar erguidas. Dicen los expertos que forzar por selección un crecimiento más rápido, un incremento de masa muscular o una mayor producción de leche, puede afectar al carácter de los animales en modo que puede ser muy perjudicial.

¿Qué rasgos psicológicos de ese supuesto hombre del mañana se verían afectado por la selección sexual en sensibilidad?, ¿tendrá una mayor abundancia de problemas mentales?, ¿estará más expuesto a las depresiones anímicas?, ¿será menos competitivo?, ¿se tornará barbilampiño o tendrá caderas más anchas?, ¿se mostrará más compasivo ante el dolor ajeno o, por el contrario, más egoísta, más metido en sí mismo?…

Sin embargo, otro hecho que sin duda trae gran repercusión para la población del futuro se está produciendo ya mismo; y ese hecho amenaza con contrarrestar todos os efectos previstos que acarrearía la selección sexual en sensibilidad. En Europa, sobremanera en los países de Francia, Bélgica, Holanda, Suecia, Alemania y España, la población magrebí y turca, ambas de religión musulmana, está creciendo extraordinariamente deprisa. Se calcula que en 20 años grandes zonas de Europa serán de religión musulmana. En Holanda y Bélgica ya tienen el origen dicho el 50% de los niños que nacen anualmente. De seguro que a esta población no le afectará el tipo de selección sexual nombrada, muy al contrario, el hombre rey de la casa y dueño de su mujer o de sus mujeres es lo que propala su religión. Así que cuando la población aborigen de Europa haya sido seleccionada sensible genéticamente, la población de origen turco o magrebí en Europa puede que sea mayoritaria y que impongan ―por mayoría y por carácter―su rudeza a la sensibilidad tanto tiempo seleccionada. Así que mal augurio para el futuro de la sensibilidad.

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En todo caso, en no más de treinta años los adelantos en biotecnología y nanotecnología van a hacer posible que la población no envejezca, o incluso que rejuvenezca. Ya ha sido experimentado con resultados positivos en ratones. Pero en tal caso aparecerán nuevos problemas. ¿No resultaría mentalmente nefasto la acumulación de conocimientos en ese mundo de eterna juventud?, ¿no tendrían que hacerse periódicamente un borrado selectivo de recuerdos para dar cabida a otros nuevos?, ¿qué sucedería entonces con el “yo”?

Claro que otra posibilidad se presenta: la de la biología sintética, individuos cuyo organismo es en parte mecánico-robótico y en parte biológico (pero su biología puede también en parte la de otro), de acuerdo al mundo de necesidades y posibilidades que presente el futuro próximo. ¿Entraría entonces en conflicto el mundo robótico con el biológico, se declararían la guerra o se complementarían amigablemente?

nanotecnología

Otro posible sendero sería el de recurrir a caracteres ancestrales que tenemos dormidos en nosotros; activar en nosotros ciertos genes desactivados que sirvieron a nuestros ancestros mamíferos o reptiles y darles otra funcionalidad nueva. Es decir, tipos específicos de personas con una funcionalidad social ya prefigurada…

En fin, una cosa es que estemos a las puertas de un mundo nuevo e imprevisible, y otro que se me vaya la olla.

 

Lo Políticamente Correcto

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Dice Aldous Huxley en uno de sus prólogos a Un mundo feliz que “Los mayores triunfos de la propaganda se han logrado, no haciendo algo, sino impidiendo que algo se haga. Grande es la verdad, pero más grande todavía, desde el punto de vista práctico, es el silencio sobre la verdad”.

La efectividad de lo políticamente correcto se basa precisamente en ocultar la verdad; en tapar con un manto de bellos colores la verdad, en dejarla a oscuras. Con lo políticamente correcto se trata de conseguir gentes dóciles a unos dictados, y eso se consigue más y mejor impidiendo la libertad de palabra que aleccionando, aunque ambas estrategias se combinan muy productivamente al fin deseado. Un etarra tenía tajantemente prohibido leer otro diario que el Egin o el Gara, ni visitar bares que no fueran herriko tabernas. Prohibiciones semejantes ejercen su acción sobre los musulmanes que viven en España, que sufren el acoso reprobador de toda la comunidad musulmana en caso de que alguno de sus miembros muestre interés por la cultura Occidental. El esquema de estos dos ejemplos señalados y el esquema que se utiliza para imponer lo políticamente correcto es el mismo: señalar, reprobar y perseguir toda discrepancia con la “verdad” que se intenta imponer.

Gente tan dispar como los jesuitas o el comunista Gransci, estaban convencidos de que controlando el aprendizaje de los niños se aseguraba el control de sus conciencias en la edad adulta. Pero hoy en día los medios de control de conciencias son muchos y variados: Facultades universitarias, Institutos de Enseñanza, medios periodísticos, canales televisivos, noticias en la red, redes sociales… Los partidos políticos de izquierda han sido especialmente hábiles en infiltrarse en todos esos medios de información y controlarlos. No en balde todos los rectores de la Universidad española se proclaman de izquierdas.

Pero, en resumidas cuentas, ¿qué es lo políticamente correcto?: Es un sistema represivo cuya finalidad es trastocar y mutar la moralidad tradicional de las gentes. Busca derribar los valores tradicionales: el orden, la competitividad, la religión, la familia, la disciplina, el coraje, la valentía, el mérito, la fortaleza, el orgullo por la posición social, la austeridad, la dureza, el heroísmo, la audacia, el honor, la virilidad en el hombre y el recato en la mujer, el patriotismo, el sacrificio, la heterosexualidad, la ritualidad, la fuerza en la resolución de conflictos; y, por el contrario, busca celebrar la compasión, la paz, el hedonismo, la promiscuidad sexual, el ecologismo, la bisexualidad, el culto al cuerpo,  el veganismo, el feminismo, la mediocridad, la baja natalidad, el control femenino sobre la reproducción, las cosmovisiones místicas, lo suave, la falta de rudeza, la comodidad, el indigenismo, la protección animal. Y todos esos valores aupados al primer plano de la conciencia humana vienen impregnados del perfume femenino. Además, lo políticamente correcto se empeña en ensalzar a los perdedores de la Historia y en negar la Patria.

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¿Qué estrategias emplea lo políticamente correcto?: Una: impedir por todos los medios a su alcance (medios de comunicación, leyes, reprobación social…) que contradigan o cuestionen su “verdad”; dos: revestir esa “verdad” de sentimentalidad y de valores de bondad, altruismo, compasión…, con la finalidad de que lo defendido por lo políticamente correcto sea elevado al rango de moral, de inobjetable, nueva y grandiosa moral que señala el Bien y el Mal, los buenos y los malos. Expongo a continuación unos ejemplos:

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  • Están prohibidos (o al menos se ocultan severamente) los censos sobre la población gitana.
  • Está prohibido publicar ciertos datos estadísticos acerca de grupos como pueden ser los gitanos, musulmanes afincados en España, inmigrantes en general… (en cuanto a paro, en cuanto a qué proporción de ellos trabaja, en cuanto a la protección social que reciben, en cuanto a su participación en actos delictivos…)
  • Que oculta que los supuestos destinatarios de la supuesta acción altruista de muchas ONGs apenas reciben migajas, y que, sin embargo, la gran mayoría de los fondos se emplean en salarios que reciben los supuestos altruistas, de forma que algunas ONGs se han convertido en lucrativo negocio de colocación.
  • Se discrimina positivamente en leyes y ayudas sociales a emigrantes, mujeres, homosexuales y etnias minoritarias.
  • Se legisla para educar a los niños en la moral que propugna la corrección política, en detrimento de la potestad de los padres al respecto.
  • Se persigue acabar con la caza o las corridas de toros, asentadas en el acervo cultural de la población española.
  • Desde los medios se desvaloriza el mérito, el esfuerzo y la capacidad.
  • Se falsean las conclusiones que presentan los datos estadísticos sobre riqueza de la población española: “un tercio de la población española en riesgo de exclusión social”…
  • Se tapa que muchos emigrantes musulmanes poseen varias mujeres.
  • Se oculta que la pretendida convivencia en la Multiculturalidad es un fiasco.
  • El feminismo radical, uno de los brazos armados de lo políticamente correcto, se tapa ojos y oídos ante la sumisión de la mujer musulmana al hombre.
  • Se oculta que en el ADN del musulmán no está la democracia ni las libertades ni los derechos, sino la sumisión a Alá, y que tal es el propósito que anima a la gran mayoría de musulmanes, imponer la Sariath en España.
  • El pretendido Calentamiento Global se considera indiscutible, aunque no haya evidencia científica alguna.
  • El medio ambiente y los animales de compañía se consideran sagrados.
  • Sobre la inmigración, los animales, el feminismo, el medio ambiente, se presenta la información sesgada, lastimera, sentimentalizada…
  • Maniqueamente, se divide la sociedad en buenos y malos de acuerdo a si actúan o no de acuerdo a lo políticamente correcto. En el segundo caso se les persigue con saña.
  • El capitalismo es malvado, el igualitarismo es lo ideal. Tal cosa da idea de quién maneja los hilos.

Los ejemplos serían inacabables. Pero uno se ha de preguntar: ¿quién maneja lo políticamente correcto?, ¿cuál es su origen? A tales preguntas responderé en una próxima entrada

 

 

 

 

 

Derechos, Igualitarismo, Feminismo, Animalismo

Desde el siglo XVI todo tipo de humanistas han considerado que los derechos de igualdad ante la justicia, de libertad de acción y conciencia, y el derecho del individuo a tener amparo social ante los infortunios, son los derechos sociales básicos a los que cada miembro de la comunidad –por  su mera pertenencia a ésta—es acreedor; junto con el derecho a la vida, son derechos derivados de su dignidad como miembro de la sociedad.

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En la exigencia de tales derechos  se produjo la Revolución Inglesa, la lucha de los calvinistas de los Países Bajos contra la monarquía española, la Revolución francesa y la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Frutos de esa exigencia fueron la Carta de los Derechos de los ingleses, la preponderancia del Parlamento inglés sobre el rey, la Declaración de Independencia de los EEUU, y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada por la Asamblea Nacional Constituyente de la Revolución francesa.

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En los derechos básicos señalados  y en las cartas y declaraciones mencionadas se establece un equilibrio entre el principio de igualdad de todos los hombres y sus libertades. Sin embargo, el fulcro en donde se asienta tal equilibrio se ha corrido en numerosas ocasiones hacia un lado o hacia el otro, hacia la Igualdad –a costa de la libertad—o  hacia las Libertades –a costa de la igualdad. En los regímenes comunistas tenemos un ejemplo claro del primer tipo de corrimiento;  el capitalismo inglés o norteamericano del siglo XIX son buenos ejemplos del segundo tipo de corrimiento. Una cosa resulta clara (aunque una gran parte de los intelectuales no parecen haberse enterado): todo aumento de la igualdad –económica o de rango—entre  los miembros de una comunidad es a costa de libertades.

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Generalmente, los más capaces, los más emprendedores, los mejor posicionados socialmente, se inclinan hacia las libertades, mientras que quienes carecen de tales dones, espoleados por el resentimiento que tales carencias producen, se manifiestan a favor de la igualdad en detrimento de la libertad. La liberal democracia y la socialdemocracia europeas constituyen un buen ejemplo de sistemas que se equilibran, que mueven escasamente el fulcro hacia un lado o hacia el otro, aumentando el amparo social o las libertades en los periodos de alternancia en los que gobiernan. Pero esta homeostasis que imperaba en Europa se está resquebrajando. Por un lado, la Globalización, los traslados de capitales y empresas y la destrucción de empleo; por el otro, el avance del viejo Igualitarismo constreñidor de libertades, ahora con nuevos rostros producto de diversas y novedosas mutaciones adaptadas a los tiempos modernos: Populismo, Buenismo, Ecologismo extremo, Feminismo radical, Animalismo. Hoy voy a hablar un poco de estas dos últimas, añadiendo previamente lo muy loable que resulta la defensa feminista de la igualdad de derechos de hombres y mujeres, así como el respeto que cada individuo merece de mantener el trato afectivo que mejor que parezca con los animales.

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El Feminismo radical pretende imponer la igualdad entre hombres y mujeres más allá de los patrones establecidos por la naturaleza de unos y otros: más allá de la igualdad de derechos, tal tipo de feminismo pretende igualar las naturalezas, amoldando la masculina a la femenina, “capando” al “macho”. Tal tipo de feminismo es el que ha introducido el llamado “concepto de género”.

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En contra de las incontables evidencias que la Biología, la Evolución, la Antropología y la Sociología aportan acerca de las diferencias sexuales y de los caracteres del hombre y de la mujer, el feminismo radical proclama que tales diferencias se deben a la educación, y afirman que el ‘género’ es una construcción sociocultural. Esto es, descreen  que la biología sea quien determine la condición masculina o femenina, así que, con la pertinente educación se formarían seres asexuados, al menos en el comportamiento y en la manera de pensar. De ahí que tal grupo propugne que ya en el ámbito familiar como en el escolar, se forme a niños y niñas con los mismos principios, valores, costumbres y modos de actuar, y que en los juegos se integren unos y otros[1].

En realidad, pretenden que el hombre y la mujer, en su naturaleza y en toda la geografía de su personalidad, sean ‘iguales’ por imperativo legal. Pretende también imponer esa igualdad en todas las esferas económicas y organizativas de la sociedad. Por decreto y mediante la coacción ejercida por la tiranía moral establecida por los medios de comunicación.

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La igualdad salarial entre hombres y mujeres, la paridad de unos y otros en los Consejos de Administración de las empresas y en los equipos directivos, etc., son un ataque en toda regla contra el valor del mérito, el carácter emprendedor y la productividad como elementos vertebradores de las diferencias salariales; es decir, son un ataque contra la libre empresa y las reglas de la concurrencia competitiva y contra la ley de la oferta y la demanda. Para conseguirlo se valen, también, de los reclamos propagandísticos, falseados, en los que se alegan diferencias salariales entre hombres y mujeres para un mismo trabajo, sin especificar qué trabajos son esos ni si unos y otros producen y rinden lo mismo.

Pero con la aparente pretensión de esa igualdad,  el feminismo radical ha conseguido que se impongan ventajas sociales y ventajas legales a favor de la mujer y en perjuicio o en detrimento del hombre: los permisos de maternidad o lactancia, la posibilidad de adoptar niños, la protección preferente de la mujer en casos de divorcio, la tutela de los hijos en tales casos, y, sobre todo, la ley de discriminación positiva a favor de la mujer, conocida como Ley integral contra la violencia de género; una ley que señala a los hombres como foco de violencia y que facilita que la mujer rencorosa saque clara ventaja en los casos de separación o divorcio. Otras acciones del feminismo radical, como la imposición del denominado “lenguaje no sexista”, no son sino sinsentidos producto de un ansia de revancha.

En cualquier caso, este tipo de feminismo va mucho más allá de otorgar los mismos derechos básicos a hombres y mujeres, y busca la igualdad forzada[2], una igualdad que basa en el absurdo principio de que lo femenino y lo masculino son construcciones culturales, o bien camufla como igualdad lo que es revancha. Como todo Igualitarismo, pretendiendo imponer sus postulados, se muestra con tintes totalitarios, enemigo de las ciertas libertades. De haber seguido la camarilla del ínclito Rodríguez Zapatero en el gobierno, ahora no resultaría extraño que los equipos de fútbol contaran con la mitad de hombres y la mitad de mujeres, y con un transexual de portero.

Pero quien propugna el mayor disparate en cuestiones igualitarias es el Animalismo. Proclaman sus huestes que todos los animales han de poder disfrutar de los derechos básicos mentados[3]. Esto no es ni más ni menos que una hiperextensión aberrante de los derechos que nuestra especie se otorga; no es ni más ni menos que un disparate evolutivo; no es ni más ni menos que un ultraje al egoísmo propio de nuestra especie[4]; no es ni más ni menos que abdicar  de la naturaleza humana instintiva y de sus satisfactorios frutos.

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No alegan para ello otra razón de peso que el supuesto sufrimiento de los animales[5], que su reblandecida sensibilidad pone en alto valor, sin atender para nada a la inteligencia de que estamos dotados, a la conveniencia de la especie, al interés, al egoísmo humano. Utilizan el sentimiento para obnubilar el pensamiento y maniatar la inteligencia.

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Postulo que en el animalista influyen de forma determinante tres factores que generalmente confluyen: la experiencia en cada uno de ellos de un largo camino de temor y huída del ‘otro’, lo que les provoca un repudio hacia su propia especie; el de un reblandecimiento instintivo –repudian las satisfacciones instintivas de fuerza—y un entregarse a lo afectivo como único modelo de satisfacción[6]; y el factor de la moda, el de alinearse acríticamente con las creencias y las sensibilidades que imperan en el rebaño.

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El animalista al que me refiero es cruzado de su fe y trata de imponer al resto de la sociedad su reblandecida sensibilidad con todos los medios a su alcance. Es un religioso que pretende imponer un absurdo y aberrante igualitarismo entre los humanos y los animales, y, consecuentemente, es un enemigo de la libertad humana. Sus constantes manifestaciones contra las libertades de otros grupos y de otros individuos dan certificado de su carácter totalitario.

 

 

 

 

[1] En la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero se lanzó con cierta tibieza la posible obligatoriedad de esa integración a todos los niveles.

[2] Ortega y Gasset expresa muy bien el ansia de algunos que pretenden ser iguales en todo porque la excelencia en los demás les duele: «Vivimos rodeados de gentes que no se estiman a sí mismas y casi siempre con razón. Quisieran los tales que a toda prisa fuese decretada la igualdad entre los hombres; la igualdad ante la ley no les basta: ambicionan la declaración de que todos los hombres somos iguales en talento, sensibilidad, delicadeza y altura cordial. Se sienten condenadas a formar parte de la plebe moral e intelectual de nuestra especie. Cuando se quedan solas les llega de su propio corazón bocanadas de desdén para sí mismas. Lo que hoy llamamos opinión pública y democracia no es en gran parte sino la purulenta secreción de esas almas rencorosas.»

 

[3] La proclama “Respeto a la vida de los animales” que contiene en su esencia el veganismo, o bien, “Respeto a todas las formas de vida”, tiene únicamente sentido con las connotaciones religiosas que conlleva. Lo sienten como un mandato divino y construyen un santuario a cualquier ser vivo. Cuanto más desaparece hoy en día la fe de las gentes en dioses y cielos, más crece el sentimiento religioso de comunión con la Tierra, los animales… Tal como ocurría en las religiones animistas, muchos necesitan sentirse conectados al cosmos de alguna manera. Bien es cierto que no saben en qué animales poner el límite en cuanto a otorgar esos derechos básicos mentados, aunque la mayoría lo ponen en los animales que poseen un sistema nervioso central, lo cual no aporta más razones que el dar derechos a todo ser vivo o a ninguno.

[4] Porque la razón profunda y el fundamento de las razones éticas se encuentra en el egoísmo humano: nos otorgamos razones y normas para obtener una convivencia que nos sea beneficiosa.

[5] Cosa más que dudosa, pues el sufrimiento es una propiedad de la conciencia, de la que carecen los animales.

[6] Gozando de la compañía de los animales de compañía –un sucedáneo afectivo exento de peligros—hacen de estos animales su refugio y el motivo de sus satisfacciones.