Del fanatismo

voltaire

Tengo para mí que la esencia del mal crece siempre en los hontanares del fanatismo; que las grandes desgracias de la humanidad siempre han sido alumbradas y conducidas por fanáticos. Dice la RAE que el fanatismo es   “Apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas”

Para el fanático nada tiene consistencia de verdad excepto su ideal. Para imponerlo a los demás está dispuesto a morir y a matar. El fanatismo es, por lo tanto, una enajenación mental; el fanático ya no lucha por el disfrute de la vida, sino por la idea que le domina. Una idea o una creencia conduce sus pensamientos por un cauce de tan altos muros que ninguna razón es capaz de escapar de él, que todos sus juicios se tienen que amoldar a él, que ninguna otra razón o doctrina o juicio o creencia puede penetrar en él ni evidencia en contra alguna tiene en él cabida.

La Historia ha dado nombre a legiones de fanáticos: Robespierre, Hitler, Moisés, Che Guevara, Juana de Arco, Calvino, Hassan as Sabbah, Osama Bin Laden, Mao… y demás conductores de sectas religiosas y políticas  de toda condición, y también etarras y terroristas varios. El denominador común de casi todos ellos es el gran rastro de sufrimiento y cadáveres que han dejado tras de sí.

En el siglo XXI tres grandes y fanatizados movimientos sociales amenazan nuestros derechos, nuestras libertades y la esencia de nuestra  civilización; lo cual da idea de la irracionalidad humana y de nuestra tendencia al fanatismo o, al menos, a no resistirnos a formar parte de un rebaño que dirija un pastor fanatizado.

Uno de estos movimientos es el Nacionalismo,  que brilló en el siglo XIX y en el XX derivó a esas barbaries que fueron el nazismo y el fascismo. El Nacionalismo alude a derechos territoriales y a sentimientos de raza y superioridad, y la profusión de  banderas y otros símbolos les hacen reconocibles.

Otro movimiento, con mayor auge si cabe en nuestras sociedades, es el Populismo de corte bolchevique. Su idea es acabar con la liberal democracia e instalar a sangre y fuego el Igualitarismo, que no puede ser otra cosa más que un totalitarismo opresor. Ambos, Nacionalismo y Populismo, han aprendido las artes del disimulo y el engaño. Ambos tienen carácter totalitario pero en sus fanfarrias lanzan el reclamo de estar luchando por la democracia, los derechos sociales y la libertad.

El tercer fanatismo que nos amenaza es el religioso del Islam. Su ideal es convertir Europa en una tierra gobernada por la Sariah, la ley islámica. Sorprendentemente, en Cataluña se dan cita esos tres fanatismos, y de seguro que no pasarán muchos lustros sin que choquen entre sí con estruendosa violencia.

El odio es lo que da fuerza al nacionalismo y al populismo para acoquinar y amedrentar a la pasiva mayoría de la población que solo pretende vivir en paz. Pero de este odio y de otros sentimientos escribiré otro día.

Otros fanatismos, como el animalismo o el ecologismo radical, están en boga en la actualidad, pero no parece que representen una amenaza tan grande como la que representan los tres que han sido nombrados.

2 comentarios en “Del fanatismo

  1. Como siempre, has puesto el dedo en la llaga de este atormentado país que Dios ha tenido a bien regar con perroflautas y fanáticos de todas clases para compensar los otros dones naturales que lo adornan. Cosas de la inescrutable justicia divina.

    Pienso sobre esto que el sentimiento tribal, que permitía a nuestros remotos antepasados luchar por la supervivencia, aniquilándose unos a otros para adueñarse de los exiguos recursos disponibles, todavía sigue vigente en el siglo xxi y los políticos sin escrúpulos y sin cerebro, han descubierto que despertándolo y exacerbándolo pueden conseguir más votos que con una gestión eficaz y honrada.

    De nuevo la justicia divina se encargará de dejar que las bajas pasiones que han desatado, se vuelvan contra ellos y les hagan pagar caras sus felonías.

    Es lo que tiene jugar a aprendiz de brujo.

    Saludos.

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    • Hola Yack, esperemos que el pusilánime de Rajoy aplique la justicia divina contra esa tribu descerebrada y fanática que han creado. Pero soy escéptico al respecto. He vivido allí y sé cómo durante 40 años han hecho pasar por ciudadanos de segunda a los venidos de fuera, y cómo los más serviles de estos se han inclinado ante ellos, y cómo esos partidos de izquierda con al almas de esclavos les han hecho el caldo gordo, y cómo desde el gobierno de España han callado y mirado a otra parte, así que, cómo voy a confiar en que ahora se atrevan a hacer que se cumpla la ley.
      Saludos

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