La cultura y los bárbaros

De entre las obras que podemos considerar cimiento de la cultura occidental –la Biblia, la Ilíada, la Odisea, la Leyenda del rey Arturo, Don Quijote, Hamlet…—me atrevo a señalar que la Odisea, el periplo de aventuras y desventuras de un héroe de Troya, es la obra de más colorido. El ciego Homero consta como autor. La andadura de Ulises (Odiseo) por territorios mágicos, su descreimiento de los dioses, resultando, sin embargo, decisiva la influencia de estos, las tentaciones, los peligros, las ataduras del héroe a sus pasiones…, todas las cambiantes vicisitudes que las que los dioses le oponen, simbolizan el recorrido existencial de un hombre. Los vientos le conducen al país de los Cícones, y luego al país de los Lotofagos, en donde algunos compañeros probaron el fruto del olvido; en el país de los Cíclopes la astucia de Ulises les salvó del gigante Polifemo; y arribaron a la isla de Eolo, el soberano de los vientos; la infausta curiosidad de sus compañeros les alejó de las cercanías de su patria, Ítaca, y, tras la desgracia de su paso por el país de los Lestrigonos, llega a la isla de Circe la hechicera. Allí fueron convertidos en cerdos y solo la intervención de Ulises les pudo devolver la forma humana. El héroe llegó a la entrada del Hades y bajó a los infiernos, donde encontró a sus compañeros de armas de la guerra de Troya. A continuación sobrevive al peligro de los seductores cantos de las sirenas que cautivan a los hombres, y al peligro de los salientes rocosos en un mar embravecido. En la isla donde vive la ninfa Calipso pasa Ulises siete años cohabitando con ella. La añoranza de Ítaca le hace embarcarse de nuevo y, tras recibir ayuda de los feacios alcanza su meta, llega a su tierra. Y allí tiene, por último, que enfrentarse a los pretendientes de su esposa, que le dan por muerto y que han dilapidado la fortuna del héroe. Y les da muerte.

Tras de tantos ataques a la cultura por parte de esas hordas de bárbaros juveniles que destrozan estatuas y cancelan a grandes escritores de todas las épocas, tenía que llegar y ha llegado: En una escuela de Massachusetts se ha prohibido a Homero (https://www.wsj.com/articles/even-homer-gets-mobbed-11609095872). Los profesores, trogloditas en aspectos culturales, se han felicitado por ello y han publicado su jolgorio en las redes.

La barbarie ha regresado con vitalidad pocas veces vista anteriormente; porque ahora no son los iletrados bárbaros del norte irrumpiendo en el Imperio Romano, sino que son universitarios norteamericanos, chilenos, ingleses, españoles…, y sus profesores a la cabeza. Ha bastado con inocular el veneno ideológico del posmodernismo, de la ideología de género, de la hipersensibilidad y del catastrofismo climático, para convertir a millones de estudiantes en trogloditas culturales, en representantes de la barbarie. Los departamentos de Ciencias Políticas, Sociales y Humanidades, son ahora, en muchos casos y en muchos lares, rediles de acémilas, viveros de ignorantes fanatizados.

Seguramente por ignorancia, no han prohibido aún el Poema de Gilgamesh, que forma parte excelsa del cimiento cultural de la humanidad. Por ignorancia porque seguramente desconozcan su existencia. Si alguno de estos bárbaros hubiera sido lector de esa obra no dejaría de pedir que se fuese enviada a la hoguera, pues Gilgamesh, rey de Uruk –en la antigua Mesopotamia—, ejercía el derecho de pernada con las jóvenes que se iban a casar, amén de cometer otros muchos desaguisados en contra de la corrección política, la cual es hoy en día ley moral de todos los nuevos bárbaros. Serían capaces de prohibir el primer gran poema escrito –de 4800 añosde antigüedad, en escritura cuneiforme sobre tablilla de barro—de la Historia. Como Ulises, Gilgamesh realiza un viaje iniciático, en este caso, en busca de la inmortalidad. Noé, el salvador de toda especie animal, le pone dos pruebas que Gilgamesh no puede superar, así que no logra ser inmortal. Supera grandes peligros, vence a poderosas fieras, padece la muerte de su amigo Enkidu y, como Ulises, visita los infiernos y siente los escalofríos del lugar.

El parecido de una historia y otra, la de Ulises y la de Gilgamesh, es sorprendente, y es una gran verdad  que son dos grandes tesoros que han producido la felicidad de las gentes durante miles de años y que ahora se ven amenazadas por la barbarie.

Recientemente me ha llegado una carta publicada en un diario uruguayo en la que el periodista y académico Leonardo Haberkon renuncia a seguir impartiendo clases de Comunicación a estudiantes de la Universidad ORT de Montevideo. Se queja del analfabetismo, el desinterés y la incultura de que hacen gala. Creo que se podrá leer bien. No tiene desperdicio alguno. Describe los nuevos bárbaros en su salsa.

600 a.C.

600 a.C.

La hora del espíritu

La fecha, obvio es, no es precisa, pero en sus alrededores –siglo arriba, siglo abajo—brotaron en diversas partes del mundo novedosas llamaradas de espiritualidad que 2.600 años después siguen alumbrando la humanidad.

Todavía en la Ilíada, recopilada 800 años antes de nuestra era, el carácter primitivo de las gentes se manifiesta en sus dioses, apasionados seres que apoyan a troyanos o aqueos por aviesos motivos; y, realzadamente se manifiesta en su animismo, con ríos, montañas, volcanes…, repletos de poder y vida e interviniendo en el destino de los hombres.

Pero unos pocos cientos de años después, ya digo, alrededor del 600, la mirada de  Mahariva y Buda en la India, la mirada de Confucio y Lao Tzu en China, la mirada de Zaratustra en Persia y la de Pitágoras en la Magna Grecia, es una mirada nueva que no inquiere tanto al mundo como al interior de uno mismo; que—con la excepción de Zaratustra—rechazan los dioses y sus doctrinas, rechazan la rudeza y la violencia; es una mirada que no busca el amparo a sus desdichas en lo sobrenatural; que se aparta de la gloria, el poder y las riquezas; que busca erradicar el propio sufrir. Todos esos personajes son portavoces de una nueva sensibilidad, todos ellos desatienden los espíritus y se presentan como clarines de espiritualidad. Todos ellos nacen en sociedades que llevan siglos sufriendo calamidades y guerras, dolor y miseria general, así que su doctrina trata de ser una guía para evitar el sufrimiento.

El Jainismo, surgido de Mahariva, postula que el mundo es penetrado por un espíritu universal que vela por mantener la armonía y la justicia. Su primer mandamiento es el respeto a la vida. En sus orígenes se acompañaban de una escobilla con la que barrían su camino en previsión de no pisar algún pequeño animal. Para el Jainismo no hay Dios, y el Cosmos no tiene comienzo ni fin. Las almas, liberadas de la materia kármica, constituyen un solo gran espíritu; un Espíritu que impregna todo y hace a lo viviente parte de un único Ser. El recto camino, el conocimiento recto y la conducta recta, son sus guías.

También el Budismo descree de los dioses. El mundo y el alma son ilusiones de nuestros deseos, y de ellas surge el sufrimiento. De ahí que para acabar con el sufrimiento es preciso desprenderse de ilusiones y deseos. Cuatro Nobles Verdades y ocho caminos es preciso seguir para extinguir el sufrimiento. Si tal, se alcanza el Nirvana, la iluminación, la liberación del hombre de su atadura a la rueda de las pasiones.

Las antiguas religiones chinas tenían a los antepasados como fuente de energía mágico-religiosa. Todo se regía por dos principios antagónicos y complementarios, el yin y el yang, y se sacralizaba un misterioso Tao, “una totalidad viva y creadora sin forma ni nombre”, nos dice Mircea Eliade. Confucio y Lao Tzu se hallaban imbuidos de estas creencias, pero las aplicaron a propósitos y doctrinas bien distintas. Mientras que Confucio hizo pedagogía con el fin de lograr una sociedad justa y armónica mediante la formación de los mejores hombres para la administración política[1], Lao Tzu enseñó  que vivir de acuerdo al Tao sólo es posible fuera de la organización social. Ninguno de los dos otorgó importancia a las especulaciones acerca de los dioses.

Confucio atiende  dos frentes, el individuo y  la organización social. Su propósito respecto a ésta es que funcione; su propósito respecto al individuo es el de alejarlo de la desazón que produce el vivir, y para ello aplica  la técnica de fijar la atención de la conciencia en el obrar rutinario. El practicar el rito, el seguir la costumbre ceremonialmente, la disciplina, la virtud, en suma, el trabajo perfeccionista, son los valores que predica. Los ritos adquieren para Confucio una fuerza mágico-religiosa, y la disciplina de un hombre irá dirigida a conseguir ritualidad en cada gesto y en cada comportamiento.  En cambio, Lao Tzu considera que la justicia y los ritos ensalzados por Confucio son inútiles y peligrosos. El Taoísmo trata de no interferir en la marcha de las cosas, y por esa razón prefiere vivir al margen de la vida pública. Practica la no violencia, alegando que lo blando y lo débil acaban venciendo a lo duro y lo fuerte; así que ensalza las virtudes femeninas, la debilidad, la humildad, la androginia, la relatividad de los estados de conciencia…

Los persas se habían recién unificado con los medos en un gran imperio cuando nació Zaratustra, un reformador de la religión tradicional indoirania, pero, sobre todo, un gran reformador moral. En contraposición a los dioses indoeuropeos reinantes, faltos de sensibilidad y carentes de virtudes, Ahura Mazda, el Dios supremo que Zaratustra ensalza, posee las cualidades de la omnipotencia, la santidad y la bondad. Ahura Mazda castiga a los malvados y premia a los justos, así que todo mazdeísta ha de luchar contra el Mal. El dualismo Bien y Mal[2] cobra fuerza. La guía del creyente se basa en tres principios éticos: buenos pensamientos, buenas palabras, buenas acciones. Frente a las formas morales preexistentes, en que los dioses gobiernan el destino de los hombres y el individuo debe aplacarlos con sacrificios, el gran cambio ético que el zoroastrismo aporta, es que el hombre es libre para elegir hacer el bien o el mal. Las personas son libres y se hacen responsables de  su destino.

Alrededor de la época en que vivieron y divulgaron sus doctrinas estos pensadores nombrados, vivió Pitágoras en la Magna Grecia, en Crotona, y allí creó su escuela. Se le atribuye ser uno de los iniciadores de la filosofía griega, establecer los principios matemáticos de la música, contribuir decisivamente a la geometría, y  crear una sociedad de carácter místico. En lo que a nosotros concierne, en cuanto a sus doctrinas éticas, creó una fraternidad mística que practicaba el ascetismo y el vegetarianismo, que pretendía la purificación espiritual, y cuya fe reposaba en el principio de la metempsicosis, en que el alma se une a lo divino y se reencarna.

¿Cuál es la importancia que tienen en la actualidad todas estas creencias? Inmensa. En el naturismo, en el ecologismo, en el animalismo, en el hipismo, en el veganismo, en todas esas formas de religiosidad popular que participan del animismo, de la astrología, de la creencia en una justicia universal (así te comportes con los demás, así se comportarán contigo etc), que participan de la creencia en que todo ocurre según una mágica reciprocidad justiciera, y también todos esos grupos que practican la ascesis o el misticismo. Hoy, como en la época en que surgieron –porque se trata de necesidades intemporales, de necesidades debidas a la naturaleza humana—, huyendo del sufrimiento que causa el mundo,  la gente busca refugio  en la soledad, en el misticismo, en sofocar el bullicio y el trasiego de una inquieta mente que nos atormenta, busca refugio en  las creencias que proponen modelos de pensamiento y de conducta que esquiven los deseos, los temores, lo rudo y violento, las ilusiones vanas, el contacto con la alteridad de la gente. Tal como ya aparece en las antiguas Upanishads de la India, hoy «el hombre se conecta con la divinidad a través del hilo que une este mundo con el otro mundo y con todas las cosas».


[1] Sus discípulos lograron que 250 años después de la muerte de su maestro, el soberano chino encargara a los confucianos la administración del imperio. Su doctrina ha servido de guía a los servicios públicos durante dos mil años.

[2] Durante la cautividad de Israel en Babilonia, la formas religiosas de Oriente Medio, y entre ellas el judaísmo, toman del mazdeísmo muchas de sus creencias y mitos: la Resurrección de los Muertos, el Juicio Final, el viaje de las almas hacia el Cielo, los ángeles y demonios, el Bien y el Mal, la lucha entre ángeles y demonios, el juicio de las almas según los pecados cometidos en vida, la anunciación de un Mesías redentor… Creencias que serían traspasadas al cristianismo.

Bohr, Pablo Iglesias, Bencemá, Dersu Uzala

Niels Bohr

Niels Bohr, uno de los fundadores de la Mecánica Cuántica y sumo representante de la llamada “Interpretación de Copenhague”, muy aficionado a los Westerns, tenía una curiosa hipótesis acerca de los duelos con revolver en el lejano Oeste americano. Sostenía que en un duelo a revolver tiene ventaja el que espera a que el otro realice el intento de desenfundar. Alegaba que intentar ser el primero en desenfundar conlleva poner en marcha el complejo mecanismo neuronal de tener que tomar la decisión y de activar el sistema motor, lo que reporta un gran gasto de energía mental y un considerable retardo. En cambio, el que espera a que el otro realice el intento actúa de forma refleja, automáticamente, pues es la amígdala – donde llega la información antes que a la conciencia—la que pone en marcha, de manera refleja, el sistema motor, lo que reporta un menor gasto de energía mental y una mayor rapidez en la respuesta. Así que el que espera tiene mayores probabilidades de vencer.

Me atrevo a lanzar esta otra hipótesis: “Entre dos que discuten acaloradamente y tienen prohibido el uso de la fuerza física para dirimir la disputa, el que es físicamente más débil actúa con ventaja.” La razón que aporto es que el más fuerte de los dos ha de emplean una gran energía mental en sofocar sus impulsos a imponerse por la fuerza, impulsos congénitos a la especie humana, es decir, que la inhibición de tales impulsos le resulta muy costosa. Tan alto coste inhibitorio impide que el fuerte pueda echar mano de sus recursos para argumentar. El débil tiene todas las papeletas para ganar la discusión o para que el fuerte se retire de ella encendido.

Bencemá

Creo que la humanidad se enfrenta hoy en día a tres grandes misterios. El primero, entender la extraña complicidad de los grandes multimillonarios de Occidente con la izquierda más rabiosa. El segundo, el extraordinario mundo de posibilidades y de nueva lógica que la mecánica cuántica abre al pensamiento humano. El tercero, ¿qué hace Bencemá en el Madrid?

Pablo Iglesias

He de admitir que cada día me admiro más por las capacidades de ese monstruo sediento de poder que es Pablo Iglesias. Engulle, digiere y regurgita todo cuanto le sale al paso sin sufrir indigestión de ningún tipo; destruye a cuantos le respetaron y amaron sin que asome en él un ápice de pesar o arrepentimiento; como un mesías demoniaco, utiliza a todos en su propio provecho. Un Lenin, sin duda alguna. Un individuo que mataría a media España con tal de poder reinar él sobre la otra media.

De entre sus variadas mujeres ha escogido formalizar pareja con la que tiene menos luces y más gritos, con aquella que conecta de tú a tú con el griterío ultrafeminista cual una verdulera de mercado con sus clientas.

Ahora dirige el Centro Nacional de Inteligencia y tiene en sus manos los expedientes secretos de jueces, periodistas y políticos, ¿algún ingenuo piensa que llegará a ser juzgado de los delitos de los que se le acusa? Como decía Trotsky, “La intimidación es el medio más poderoso de acción política”

Pablo Iglesias pescando en el río de los ilusos

En busca del poder a cualquier precio, Pablo Iglesias se ha especializado en crearse una máscara opaca que oculte sus verdaderos rasgos. Igualitarista de pro, lanza de cuando en cuando mensajes que pueden parecernos ridículos y absurdos pero que están guiados por la intención de recoger adhesiones en ambientes políticos y sociales que no son los suyos. Por ejemplo, al recogerse en un moño propio de mujer su conocida coleta de pelo, al referirse a los miembros de Podemos como “nosotras”, o pasar a llamarse Unidas Podemos, intenta pescar en el río de feminismo y ocultar su empedernido machismo tantas veces puesto en evidencia. Recientemente ha echado el anzuelo en las aguas del animalismo con la propuesta de que los lunes no se debería servir carne en los restaurantes y en los colegios por respeto al sufrimiento animal. De seguro que pronto lanzará alguna proclama medioambientalista de chillón contenido como cebo reluciente para pescar incautos en esas aguas.

Dersu Urzala

Es una bellísima película dirigida por Akira Kurosawa acerca de un cazador en la taiga siberiana. La razón de cómo nos impacta la película se debe al modo rousseauniano en que nos es presentado el personaje: revestido de inocencia, y, por contraste, nos hace sentir que es la civilización quien hace fructificar todos los males. Sin embargo, creo que el retrato está mal encuadrado. Sí es creíble el animismo de Dersu Uzala, ese mirar todas las cosas –el viento, las montañas, los árboles, el tigre…–como si estuvieran dotadas de alma, pero pienso que el personaje real de la historia tenía que gozar de más precaución y astucia, como exige la supervivencia en un medio lleno de peligros. Sobre todo precaución ante los humanos.

En fin, también nos sentimentaliza el personaje por su relación íntima con ese algo inconcreto que sentimos ante la naturaleza salvaje y sus peligros (que no nos afectan como tales porque estamos seguros frente al televisor), y, sobre todo, porque el Dersu Uzala de la película carece de otredad, y nos encontramos ante él como ante un corderillo, y es como si lo acariciáramos. Esa sensación total de no-enemigo que nos produce Dersu Uzala nos trae recuerdos de nuestra inocencia perdida y de la felicidad de la infancia; por eso lo amamos.

Herencia moral y civilización

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La moral de un grupo humano y su cultura están tan íntimamente entrelazadas que tales términos resultan sinónimos en muchos casos. Pero no voy a hablar de cultura o de moral, sino de su influjo sobre el modo de vida, la actitud ante el trabajo y el grado de desarrollo económico y social de diferentes sociedades. Podemos considerar la moral social como el conjunto de reglas y creencias que inclinan a los individuos a obrar –de manera consciente o inconsciente—de un cierto modo so pena de ser reprobados o reprendidos por los demás o por uno mismo si su obrar ha producido. De tal consideración se deduce que los usos y costumbres sociales también se hallan incluidos en la moral.

Ahora nos preguntamos, ¿qué influencia tiene la moral, tal como se ha expuesto, en las sociedades de nuestros días, aparte de la obvia de regular la convivencia en los grupos humanos?, ¿tiene que ver con el contraste que se observa en el modo de vida y en la riqueza de unos países y otros? A eso me refiero, ¿es responsable la herencia moral de los norteamericanos y de los argelinos de sus diferencias sociales y económicas –además de la influencia del factor hábitat y clima, tan distintos en esos países?

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Presentemos primeramente a los países islámicos. Desde el siglo VII en que se fundó el Islam hasta el siglo XI en que las posturas religiosas más rígidas en la interpretación del Corán se impusieron como doctrina, los países islámicos y sus gentes hicieron gala de gran vitalidad artística, científica y comercial. Enumero algunos de sus logros matemáticos: la numeración arábiga; la utilización del cero; las fracciones decimales y sexagesimales; la extracción de raíces cúbicas; el  Binomio de Newton ( Omar Kayyam); el mismo Kayyam halla la Regla de Ruffini (que no se hallaría en Occidente hasta el siglo XIX); las operaciones con radicales y potencias (Al-Khawarizmi); la Teoría de la Razón Compuesta (Kayyam); las solución a las ecuaciones de segundo grado (al-Khwarizmi); las Ecuaciones cúbicas (al-khazin); la solución a las ecuaciones cúbicas mediante la intersección de secciones cónicas (Kayyam); el valor del número pi con seis cifras decimales correctas… Y a ello le tendríamos que añadir sus grandes logros en poesía, filosofía, comercio, industria… Hoy en día, apenas unos pocos países islámicos,  Túnez, Egipto, Indonesia y Malasia –y gracias a otras herencias culturales y religiosas que obran en ellos—se puede decir que están saliendo de su secular encapsulamiento, tan alejado de la modernidad y el progreso.

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El calvinismo surgió como una rigurosa doctrina protestante que se distinguía doctrinalmente por la creencia en la predestinación de las gentes desde el instante de su nacimiento. Pero cobra aquí su importancia porque infundió una laboriosidad sistemática en el creyente y un signo para reconocer quién era o no elegido por la Gracia divina: el tener éxito en la vida. El ansia por el éxito desató la competitividad social y promovió la aparición del capitalismo tal como lo conocemos. Todos los países en los que dejó su impronta se convirtieron en países ricos donde se multiplicó la industria y el comercio. ¿Qué países fueron estos? Holanda, Gran Bretaña, EEUU y Suiza, principalmente. Tal vez sea éste el ejemplo más claro de cómo una creencia moral influye en la vida y en el progreso económico de una sociedad. Vayamos a una moral similar en muchos aspectos al calvinismo: el luteranismo.

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El luteranismo presenta una rigidez moral semejante al calvinismo y también aboga por la laboriosidad como método para superar la angustia existencial, pero, contrariamente a este último, consideraba la movilidad social perniciosa y se supeditó al poder de los príncipes. El norte de Alemania, Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia, fueron los países más representativos del luteranismo. Hoy en día lo religioso está prácticamente excluido de ellos, pero la herencia moral en lo relativo al espíritu de trabajo, al respeto a la autoridad y a la importancia de la comunidad sigue vigente. De ahí la estabilidad social de que gozan.

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En cuanto a los países del sur de Europa: Grecia, Italia, España y Portugal, ¿cuál es la herencia moral que han recibido?… Cuestión compleja es este caso. Todos ellos tienen una historia de conquista e imperio (Bizancio se mantuvo durante mil años como imperio griego) que no fueron eficaces a nivel económico; todos esos países arrastran consigo también una larga estela de luchas y de arduas convivencias con otros pueblos y consigo mismo. Respecto a lo religioso, más que una tradición de devociones podemos hablar de resignado sometimiento al poder del catolicismo (ortodoxo en caso de Grecia). Tal historia de resignación ha germinado una falta de espíritu comunitario a la vez que un fuerte individualismo que desemboca frecuentemente en un carácter nihilista, pero a la vez hay orgullo por el pasado; y si juntamos todas esas contradicciones de carácter obtenemos un individuo resabiado que aspira aún a ser rentista e hidalgo y que no termina de ver con buenos ojos al emprendedor. Sin embargo, contra su voluntad, su individualismo obliga a las gentes a competir, y si no fuera porque esperan que el Estado les resuelva todos sus problemas, tal como antes esperaban que se los resolviese la Iglesia o el poder real, no dudo que asomarían más la cabeza.

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La herencia recibida por los iberoamericanos está impregnada de todo lo dicho en el párrafo anterior, y si la mezclamos con la herencia indígena el cóctel puede ser explosivo o de exquisito sabor, según cuánto se le agite y según la cantidad de ingrediente indígena que contenga. Esa herencia, dual al menos, no se ha soldado en la mayoría de los países hispanoamericanos, y en algunos no está siquiera integrada, debido a lo cual se han generado clases sociales y estilos de vida muy diferenciados. Hay implantado en todo Hispanoamérica una queja y un ansia de revancha que hasta que no se mitigue va a impedir mirar hacia adelante. Cuando un país como Chile intenta mitigarlas, las fuerzas de la negación cargan contra él con todas sus fuerzas, tal como vimos recientemente. Toda Latinoamérica tendrá que resolver sus contradicciones si no quiere que su tren de la historia descarrile.

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El país cuyo tren de progreso marcha en tren ultrarrápido es China. Claro es que se trata de una dictadura autora de la mayor represión existente en el mundo y de los mayores crímenes. Por cada cien habitantes uno es un miembro del partido (el comunista) y se encarga, en labores de comisario político, de vigilar y controlar a los noventa y nueve restantes. ¿Qué ha ocurrido en China durante los últimos treinta años para que la economía se dispare? Que ha implantado el modelo de libre mercado, el modelo capitalista en lo económico, pero comunista en lo político. ¿Solo eso? No. Existía, latiendo en el corazón de sus gentes, una moral milenaria que al liberarse de la represión del sistema estamental del imperio chino y ahora de la atadura del “todos iguales” ha dado rienda suelta a la libertad de obrar en provecho propio, al egoísmo en lo económico, provocando ese crecimiento desbocado que observamos.  ¿Qué moral es ésta? Bebe de dos fuentes, el respeto a los ancestros que pone a la familia en la cima de los valores, y la vieja doctrina de Confucio, que exalta la diligencia en el trabajo, la laboriosidad, la organización y su respeto sumiso a ella. Con tales mimbres y con libertad en lo económico, China da pasos de gigante hacia el encumbramiento de su poder. Otra cosa distinta es la felicidad de las gentes y las tensiones que puedan generarse en el futuro.

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Pero quizás el caso que refleja como ningún otro la influencia de la moral social en el modo de vida y en el progreso de las gentes, tanto a nivel social como individual, es el caso judío. Los educados en la moral, en  la ritualidad y la tradición judías han jalonado el siglo XX con los hitos más importantes en cualquier rama del saber. Karl Marx, Einstein, Von Neumann

George Cantor, Norbert Wiener, Helbert Marcuse, Karl Popper, Henry Bergson, Noam Chomsky, Ludwig Wittgenstein, Paul Samuelson, Milton Friedmn, Frank Kafka, Marcel Proust, Freud,  Gustav Mahler, Bob Dylan, Leonard Cohen… son una muestra escasísima de todos esos gigantes del saber (Incluso en cuanto a ser revolucionarios, Antonio Escohotado nos dice que –por reacción-adaptación al medio—durante el primer cuarto del siglo XX el 94% de los revolucionarios era de origen judío). ¿A qué se debe tal vitalidad intelectiva? No me cabe duda de que a la educación y a las tradiciones, que desembocan en el amor al conocimiento.

En fin, he querido poner de relieve que en buena medida lo que somos y construimos lo hacemos con la herencia cultural y moral que nos dejaron nuestros antepasados. Hoy –creo que desgraciadamente para la humanidad—cunde una tendencia a borrar el pasado y las tradiciones y valores a él asociadas. Hoy se trata de hacer de las conciencias una tabla rasa donde no quepa historia ni moral ni cultura; de esa manera, dicen, correrán mejor los aires que traen los nuevos tiempos. Me temo que una síntesis de las distopías narradas en los libros 1984 y Un mundo feliz, llega para atraparnos.

 

Historia de España. Fake News y Leyenda Negra

leyenda negra

En cualquier país de Europa se honra a los héroes del pasado con estatuas y monumentos y en algunos lugares con magníficos santuarios donde se les conmemora y se les rinde homenaje por su obra. En España, haciendo bueno el dicho con el que nos popularizamos turísticamente, “Spain is different”, no se les contempla con buenos ojos. (Al menos por una parte de la población, empeñada en destruir valores y en ejecutar revanchas; pero esto es otra historia, volvamos al meollo del asunto)

El caso es que la atrabiliaria fama que achacan a nuestro carácter y a nuestra historia los europeos es asumida por una buena parte de nosotros, los españoles. No hay nada que conmemorar—decimos—y sí mucho de lo que abominar y arrepentirse. (Lo cual es extraordinariamente nocivo para el orgullo patrio, y psicológicamente genera un poso de resentimiento, vergüenza  y malestar; pero ésta es otra historia, volvamos al meollo del asunto).

La mala fama de España germinó en la conciencia de ingleses y holandeses cuando éramos cabeza de un gran imperio y adalides del catolicismo. Temían tanto el poder español que lanzaron a los cuatro vientos la Leyenda Negra de España, que dibujaba el territorio ibérico subyugado por la Santa Inquisición, esparció el escándalo de un supuesto genocidio de nativos americanos, y, por último, lo completaron con un tono burlesco para referirse a una supuesta derrota inmensa de la Armada Invencible a manos de los ingleses. Vendieron tan bien esta mala fama que hasta los españoles nos la creímos.

Pero una vez revisada la historia, se ha demostrado que la única mala fama que nos corresponde es la de no haber sabido vendernos bien, contrariamente a lo bien que se venden siempre ingleses y franceses. Porque la Leyenda Negra con que nos tildan no contiene otra cosa que Fake News o Bulos.

En primer lugar, las actuaciones de la Inquisición española están documentadas y sus condenas apenas superaron las 3.000 durante varios siglos, presentando el tribunal mayores garantías que los tribunales ordinarios. En cambio, la Inquisición alemana quemó 50.000 supuestas brujas en unos pocos años. (Las posesiones de las brujas pasaban a manos del obispo). ¡Qué decir de Francia, donde la institución nació!  La herejía albigense fue pasada a cuchillo: 15.000 muertos; la Noche de San Bartolomé (24 de agosto de 1572) fueron ajusticiados en París 3.000 hugonotes; a lo cual hay que añadir otros 4.000 contabilizados en distintas épocas y varias matanzas y expulsiones de judíos. Henry Kamen, en La Inquisición Española: Mito e Historia, nos ofrece más datos de la acción inquisitoria: Suiza: 10.000 ajusticiados; Escandinavia: 5.000. ¿Inglaterra?: sangrientos pogromos contra los judíos después de la Peste Negra; persecuciones contra los católicos con gran número de muertes, no contabilizadas; persecución contra los puritanos posteriormente…

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El segundo gran bulo: el genocidio de indios en América. De esto ya he escrito con suficiente amplitud en la entrada Simplismo Ideológico II, (viruela) así como en la entrada anterior a ésta. Baste añadir que los indios[1] estaban exentos de la acción de la Inquisición; que Jerónimo, el héroe indio contra las matanzas que llevaban a cabo los norteamericanos hablaba español; que la Florida española era un refugio para los esclavos que huían de os británicos; y, por último, las palabras de Erasmus Dawin, abuelo de Charles Darwin, acerca de la acción de la corona española en América:

«En mis viajes por el inabarcable imperio español he quedado admirado de como los españoles tratan a los indios, como a semejantes, incluso formando familias mestizas y creando para ellas hospitales y universidades, he conocido alcaldes y obispos indígenas y hasta militares, lo que redunda en la paz social, bienestar y felicidad general que ya quisiéramos para nosotros en los territorios que con tanto esfuerzo, les vamos arrebatando. Parece que las nieblas londinenses nos nublan el corazón y el entendimiento, mientras que la claridad de la soleada España le hace ver y oír mejor a Dios. Sus señorías deberían considerar la política de despoblación y exterminio ya que a todas luces la fe y la inteligencia española están construyendo, no como nosotros un imperio de muerte, sino una sociedad civilizada que finalmente que finalmente terminará por imponerse como por mandato divino. España es la sabia Grecia, la imperial Roma, Inglaterra el corsario turco.»

El tercer gran Bulo: la derrota de la Armada Invencible y el triunfo de la Contra-armada inglesa.

La supuesta derrota de la Gran Armada española (1588), a la que los ingleses siempre se refieren burlonamente como la Armada Invencible, supone el culmen de los logros de Isabel I de Inglaterra. La victoria naval de Inglaterra convirtió en iconos a Sir Francis Drake y sobre todo a la misma Isabel I, la Reina Virgen. Pero la historiadora Lucy Worsley, en un documental de la BBC titulado Royal History’s Biggest Fibs ofrece otra versión muy distinta. Según esto, la historiografía británica en este asunto es un auténtico fake news, y que el auténtico fracaso no fue el de la Gran Armada española sino el de la Contra Armada enviada por Isabel I en 1589 contra España.

Las dos primeras mayores pérdidas de la Armada se las produjo ella misma. Una colisión dentro de la flota española permitió a Francis Drake capturar una de las naves dañadas, El Rosario. Eso hizo que prodigaran las baladas populares británicas, que se hiciesen cuadros conmemorativos, que se inventasen anécdotas del poder inglés, que se organizase una gran procesión por Londres, conocida como el desfile de la victoria, y que quedase en la imaginería popular el gran triunfo inglés sobre la poderosa España.

La realidad fue otra: Por un lado, que la Armada tuvo que emprender su regreso a España a causa de los temporales y que 22 barcos se hundieron en tormentas a lo largo de la costa de Escocia y de Irlanda. No fue ni la reina ni sus naves las que suministraron el golpe decisivo a la Armada Española, fue el tiempo. Por otro lado, que la reina no tenía dinero para pagar a los marineros de su armada y que a finales de 1588 más de la mitad de ellos habían muerto de enfermedades y hambre.

Pero siguió otro bulo mayor que el de la Armada Invencible, el de la Contra Armada. En 1589, Sir Francis Drake lanzó un ataque contra España. Sus órdenes eran que destruyera todo lo que quedaba de la flota española, que invadiera Portugal, que entonces pertenecía a España, y que pusiera a un rey portugués en el trono. Y esta sí que fue un absoluto fracaso[2].  Más de 20.000 hombres, más de las cuatro quintas partes de la expedición, perdieron la vida en la empresa. Lo cual se ocultó o tapó mediante el engrandecimiento de una supuesta victoria sobre la Gran Armada española que no tuvo lugar.

En fin, se ha de concluir que los ingleses han sabido crear un orgullo nacional a costa de bulos y tapando las realidades adversas, mientras que los españoles aprendimos muy pronto a lanzar piedras contra nuestro propio tejado, y en eso seguimos.

 

 

 

 

 

 

[1] Javier Esparza: La guerra de los virus

También sobre esto hay estudios incontestables. Desde muy pronto se pensó en la viruela; se cree que la introdujo en América un esclavo negro de Pánfilo de Narvaéz, hacia 1520, y se sabe que hizo estragos en Tenochtitlán. Cuando Pizarro llegó al Perú, encontró que la población estaba diezmada por la viruela mucho antes de que ningún español hubiera asomado por allí la nariz: el virus había viajado por selvas y cordilleras a través de los animales. Estudios posteriores, como el del doctor Francisco Guerra, señalan sobre todo a la gripe porcina, la llamada “influenza suina”, como causante de la mortandad indígena a principios del XVI. El hecho es que los indígenas americanos, que habían vivido siempre aislados del resto del mundo, recibieron de repente y en muy pocos años el impacto combinado de todos los agentes patógenos difundidos por los buques europeos, sus cargamentos, sus animales, sus pasajeros. Un investigador de la Universidad de Nueva York, Dean Snow, precisa que la gran mortandad no tuvo lugar en el siglo XVI, sino después, cuando empezaron a llegar niños, es decir: tosferina, escarlatina, paperas, sarampión; fue letal. Del mismo modo que los primeros establecimientos españoles en América fueron diezmado por las fiebres, así también los indios, en gigantescas proporciones, fueron diezmados por los virus. Virus que sus cuerpos desconocían y que no pudieron resistir. ¿Recordamos algún caso más reciente? Entre los años 1918 y 1919, la llamada “gripe española” causó la muerte de más de treinta millones de personas en todo el mundo. Lo de América no fue inusual.

Los estudios de los últimos treinta años son prácticamente unánimes: hubo ciertamente altas cifras de mortandad entre las poblaciones amerindias, pero las cifras se reparten por igual entre los indios aliados de los españoles y entre sus enemigos, y aún más, las cifras de mortandad entre los propios españoles son, proporcionalmente, más elevadas aún que las de los nativos. Es decir que la mortandad es cierta, pero no el genocidio.

Hoy ningún investigador serio discute que la causa principal de la mortandad entre nativos y entre españoles fueron los virus: los indígenas cayeron a mansalva bajo el efecto de enfermedades que los españoles llevaron consigo y que en aquel mundo eran desconocidas, mientras que los españoles quedaban aniquilados por enfermedades tropicales –malaria, dengue, leishmaniasis, tripanosomiasis, etc.- que no sabían cómo tratar. Ya hemos citado el caso del Perú: cuando llega Pizarro, la población del imperio inca lleva varios años soportando los efectos de una dura epidemia de viruela mucho antes de que ningún español hubiera asomado por allí el morrión. Otro dato: cuando Hernando de Soto se encuentra con la misteriosa Dama de Cofitachequi, en la actual Carolina del Sur, lo que halla a su alrededor es un poblado convertido en necrópolis por el efecto de las enfermedades. La llegada a las Indias de los primeros niños europeos, con su carga de varicelas, sarampiones, paperas y demás, fue más letal que cualquier ejército. Mientras tanto, las expediciones de Bobadilla, Ovando y Pedrarias, por ejemplo, contabilizaban hasta un 50 por ciento de bajas mortales apenas dos meses después de haber desembarcado, los de Pizarro caían fulminados por infecciones, etc. Los avances de la Medicina en el último medio siglo han permitido explicar numerosos episodios de este género. Es asombroso que aún hoy tantos historiadores sigan renuentes a introducir el factor médico en sus narraciones de la conquista.

De manera que hubo, sí, una mortalidad mayúscula de indios en América, pero no fue un genocidio. Un genocidio requiere que haya voluntad de exterminio. Eso no pasó en la América española. Pasará después en la América anglosajona, que sí ejecutó proyectos de exterminio deliberado de la población indígena. Esa misma América anglosajona que ahora maldice a Colón y los españoles.

 

[2] El año pasado el historiador Luis Gorrochategui –autor del libro Contra Armada. La mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra, publicado por el Ministerio de Defensa y en inglés por Bloomsbury– defendió en el primer congreso internacional La Armada Española de 1588 y la Contra Armada Inglesa de 1589que la reina de Inglaterra había perdido su particular guerra contra Felipe II. Afirmó que toda la versión oficial inglesa era completamente falsa. De proa a popa. Y que, además, se ocultaba que la Contra Armada británica fue un desastre absoluto con miles de muertos en mar y tierra. La BBC, a raíz de esa polémica, encargó el reportaje que forma parte de una miniserie de tres capítulos sobre falsedades históricas. Su conclusión es que el relato oficial de lo ocurrido con la Armada Invencible fue “un poderoso legado que fue manipulado por monarcas, artistas y políticos [británicos] durante siglos”.

 

Historia de España (III)

 

cortes de León

DE REYES, UNIONES Y DESCUBRIMIENTOS

El sistema parlamentario que se estableció en primer lugar en Europa no estuvo en Inglaterra ni en Italia ni Islandia ni en Flandes, sino en el Reino de León. Alfonso IX lo presidió en 1188. En las Cortes de León estaban representados tres estamentos, el clero, la nobleza y los comunes, esto es, los representantes de las ciudades del reino. No fue hasta el año 1250 que en Castilla, en las Cortes de Sevilla, se convoca como representantes a los “hombres buenos” de cada ciudad.

El sistema feudal tuvo en la España medieval –ocupada en la Reconquista—poco arraigo; tan solo en los condados de la Marca Hispánica, por su relación con el sur de Francia, se puede hablar, con limitaciones, de sistema feudal. Tampoco, de nuevo con la excepción de esos condados, tuvieron lugar en España   rebeliones sociales de importancia ni herejías de renombre.

Alrededor de 1460 la Casa de Trastámara reinaba en Castilla y León, en la Corona de Aragón, en Navarra y Nápoles. Mucha consanguineidad, pero, en fin, tantos primos y primas reinando pronosticaba una pronta fusión de reinos, lo cual era excepción en la Europa de la época. La Casa de Trastámara, que provenía de la baja nobleza gallega, se instaló en Castilla mediante una cruenta pelea de gallos, o quizás debería decir de machos alfa. Los dos gallos eran el rey castellano, Pedro I el Cruel, también llamado el Justiciero, y su hermano bastardo, al que se conocería después como Enrique II de Trastámara. Pedro I, rey entre 1350 y 1369, era un macho alfa en toda regla. Tres pasiones lo dominaron: guerrear cada año aquí y allá contra quien fuese (principalmente contra el Reino de Valencia, integrado en la corona de Aragón; tratando de arrebatarle ciudades y castillos); en segundo lugar, matar a nobles y familiares a mansalva por un “quítame allá esas pajas”; y en tercer lugar, fornicar con una variada colección de amantes.

Total, que un día se tropezaron rey y bastardo hermano en una tienda de campaña y se lanzaron como locos a hincarse el puñal. Pedro estaba encima, a punto de rematar a Enrique, cuando un caballero francés al servicio de éste lo sujetó y lo hizo caer, momento que aprovechó Enrique para clavarle el acero. Las palabras que pronunció el caballero, Beltrán Duguesclin, aún se recuerdan: “No quito ni pongo rey pero ayudo a mi señor”.

Ya he dicho que la cosa pintaba bien. Al morir Martín I, rey de la Corona de Aragón, sin descendencia, se eligió como sucesor al infante castellano Fernando de Trastámara (que sería conocido como Fernando de Antequera) en el llamado Compromiso de Caspe. Eso sí con la oposición de algunos condados catalanes. Su nieto, Fernando el Católico, se desposó con Isabel de Castilla y se fusionaron los dos reinos (aunque a punto estuvo de no ocurrir).

fernando de antequera

La recreación de la antigua Hispania alcanzó tal inmediato auge que se convirtió muy pronto en imperio. Se conquista Granada a los musulmanes, el Norte de África, las Islas Canarias, se anexiona sin oposición notable el reino de Navarra, el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, derrota repetidamente a los franceses y a sus aliados por toda Europa, y el reino de Nápoles se mantiene ligado a España. Recordemos que Fernando el Católico (junto a César Borgia, de casta aragonesa) sirvió a Maquiavelo para dibujar las virtudes del Príncipe. Pero, ante todo, en el Haber de los Reyes Católicos figura con letras de oro el Descubrimiento de América.

reyes católicos

Hay gentes –que de todo tiene que haber—que desdeñan la importancia del hecho, e incluso lo maldicen. Hemos sabido los españoles vender tan mal las hazañas propias  y tan mal reconocer los propios logros, que, en buena medida, nuestras inveteradas rencillas  provienen de la falta de orgullo como nación que nos ha sido vendida. Cualquier país europeo se enardece con su pasado glorioso, aquí el enardecimiento es negativo, produce maldiciones o espanto. Ya se verá a qué es debido tanto resentimiento.

Pero, en fin, para exponer los la grandeza de los hechos voy a utilizar las palabras de un buen libro, Historia del Imperio Español, de Pedro Fernández Barbadillo, de la Editorial Almuzara.

Recogiendo las palabras de Gustavo Bueno, el autor subraya que España «se replicaba a sí misma donde se establecía», como hizo Roma, lo que la convierte en un Imperio «generador», tan diferente al estilo «depredador» de sus rivales europeos contemporáneos, lo que dio lugar a un inmenso mestizaje y al alumbramiento de una cultura específica y autóctona que ha perdurado hasta hoy.
¿Qué debe América a España, y al revés? Barbadillo consagra a ambas cuestiones sus respectivos capítulos, y no duda en aseverar, con una pizca de humor, que «si hubiese manera de valorar todas las aportaciones dejadas por España (…) el saldo superaría en mucho al oro y la plata extraídos por el Imperio», que la leyenda negra considera una rapiña. No se trató solo de la religión, la lengua, las universidades («las salamancas», las denomina, para ensalzar su calidad académica, homologable a la europea, y su rápida extensión), la civilización, el sentimiento de unidad del continente… También algo que suele pasar más desapercibido: el desarrollo urbanístico. En 1573 ya hubo un Plan de Ordenamiento Urbano de las Indias, tan bien ejecutado que «las ciudades americanas (…) fueron mucho más cuidadas y hasta saludables que las de la España peninsular y el resto de Europa». Y, sin embargo, a aquéllas les faltaba algo que todas éstas tenían: las murallas, salvo en el caso de enclaves atacados por piratas o, en Chile, por los araucanos. El resto del territorio gozó de algo desconocido en el Viejo Continente: una paz y un desarrollo sostenidos.


La primera campaña mundial de vacunación, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna de la Viruela, que se inició cuando la corbeta María Pita partió de La Coruña en 1803. La colonización con familias canarias de la inmensa y vacía Texas para defenderla de apaches, comanches y franceses. Los matrimonios mixtos; las leyes para la defensa de los nativos; la lengua y la cultura; las escuelas…

Compárese con la situación de los indios en las colonias inglesas de Norteamérica: el genocidio planificado; compárese con el sometimiento de pueblos que los aztecas practicaban, con un salvajismo inaudito, cincuenta mil sacrificios humanos al año. En realidad Hernán Cortés pudo derrotar a los aztecas gracias a que se incorporaron a sus filas miles de guerreros tlaxcaltecas, que habían sido las presas favoritas de los primeros. Y otro tanto puede decirse de la conquista del Imperio Inca por Pizarro.

Que la viruela y otras enfermedades que llevaron los soldados españoles provocaran una mortandad espantosa entre los nativos, es cosa que achacar al infortunio. Pero que algunos victimistas profesionales  aleguen que solo fue un expolio es cosa que clama al Cielo. Seguramente querrían los tales seguir viviendo en la selva sin escritura ni rueda. Tales son los mismos o similares a quienes defendían la URSS desde ricas urbanizaciones europeas o americanas; o los que ahora defienden a la Cuba castrista o a la Venezuela de Maduro, pero desde la distancia, protegidos en España con sus millones en el banco y sus cuantiosas propiedades. Se trata de la impostura de hacerse ricos a costa de alabar la pobreza, o de alabar escenarios que ellos no pisarían por nada del mundo; se trata también de generar sentimientos de injusticia para que le alaben a uno como a un santo.

Una breve y singular historia de España II

califato omeya en españa

LA RECONQUISTA

La cifra estimada de visigodos en España es de 200.000 personas, mientras que la población ibero-romana se estima en 5 millones. El dato refleja el hundimiento de la organización social que había tenido lugar en todo el Imperio Romano, así como la desaparición de todo rastro de identidad grupal y moral que permitiera que hacer frente a una invasión de bárbaros germanos con tan escaso número de efectivos. Dos siglos de dominio visigodo no mejoraron la cuestión sino que favorecieron la invasión musulmana que, compuesta en un primer momento por poco más de diez mil hombres, se apoderó en pocos años de toda España.

Al contar la historia de los reinos musulmanes en España apenas se hace mención al hecho de que la mayoría de los gobernadores de las grandes ciudades eran muladíes, esto es, convertidos del cristianismo al Islam a cambio de seguir manteniendo su poder. Dado el escaso número de efectivos musulmanes que vinieron con la primera invasión, su método de conquista y asentamiento consistía en dejar una guarnición de soldados en las distintas zonas ocupadas y en pactar con los nobles visigodos el mantenerse en el poder a cambio de convertirse al Islam y de pagar tributos. Pero durante varios siglos la mayoría de población siguió siendo cristiana y hablando la lengua romance. Mozárabes se les llamó. Paulatinamente muchos de ellos fueron huyendo hacia el norte, poblando las regiones que los cristianos iban paulatinamente reconquistando.

Un error muy generalizado es el de suponer que las luchas durante los siglos de ocupación musulmana se produjeron  exclusivamente contra los cristianos.  Desde el año 850 hasta el 932 en que el califa de Córdoba , Abderramán III, les somete a obediencia, prácticamente toda la España musulmana se rebela contra el poder central, siendo dirigidos por los emires muladíes de las ciudades, y secundados por la población mozárabe. Toledo, Mérida, Badajoz, se declaran independientes, así como muchas pequeñas poblaciones de Lérida y Huesca. Y he aquí que surge una especie de bandolero en la serranía de Ronda, en Andalucía, Umar Ibn Hafsum, un muladí que trae en jaque a las tropas del emir de Córdoba y que llega apoderarse de Sevilla, Granada y otras grandes ciudades. Su vida es una absoluta fábula, siendo un maestro de engaños, de cambios de opinión, faltando a su palabra a la menor ocasión y declarándose cristiano en alguna ocasión.

Bueno, todo lo anterior pone de manifiesto que el mundo de al-Ándalus era de todo menos pacífico y homogéneo. Muladíes, mozárabes, árabes yemeníes, bereberes, cristianos al norte, y judíos, de quienes no hemos hablado aún; y también repoblación franca en la zona pirenaica, y gentes del Languedoc  en el norte de lo que hoy es Cataluña. Un explosivo cóctel de religiones, etnias, procedencias, culturas y lenguas.

Hablemos un poco de los judíos. Algunos eruditos retrotraen su llegada a España a los tiempos de Salomón, sin embargo, evidencia de su presencia solo existe desde la época romana. Se sabe que los primeros visigodos, de rito arriano, no les trataron muy bien, pero al adoptar Recaredo el catolicismo su situación empeoró gravemente. Así que recibieron con los brazos abiertos al musulmán y aunque obtuvieron algunas ventajas de los nuevos mandamases, no por eso tuvieron un trato benigno, ya que tuvieron que pagar impuestos extraordinarios y la discriminación hacia ellos no disminuyó. Sin embargo, con el tiempo, su laboriosidad, conocimiento y capacidad para lidiar con adversidades, muchos de ellos llegaron a ocupar cargos de relevancia tanto en las administraciones musulmanas como en las cristianas. Todavía existen unos cuantos miles de ellos, los denominados judíos sefardíes, esparcidos por todo el mundo que hablan el Román paladino, la antigua lengua que hablaban sus ascendientes en Sefard, esto es, la península ibérica. Todavía, esperando volver pronto, algunos conservan la llave de la casa de sus ancestros en Toledo, que tuvieron que abandonar cuando los Reyes Católicos les expulsaron. Ejercieron un gran papel durante el califato de Córdoba y los primeros reinos de Taifas; y en la Escuela de Traductores de Alfonso X el Sabio en Toledo. Maimónides y Ben Ezra fueron sus sabios más reconocidos.

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¿Qué pasó con reinos cristianos del norte peninsular? Tras la victoria del noble Pelayo en Covadonga, el reino asturiano se fue ensanchando hasta englobar a los condados de León, Galicia y Castilla, pero su rey Alfonso III el magno tuvo la “feliz idea” de repartir sus posesiones entre sus cinco hijos, y, así, con posterioridad, surgieron los reinos de León, Castilla, Navarra y Aragón, que anduvieron peleándose entre sí, juntándose y separándose, a la vez que guerreaban contra los musulmanes para obtener tributos de ellos.

Tras de estar a punto de perecer la organización musulmana en España debido a las revueltas de los muladíes, al empuje de los cristianos del norte y a los malos gobernantes del emirato, de pronto, con la llegada al poder de Alderramán III y su instauración del Califato en Córdoba, el reino andalusí se convierte en referencia del comercio y la riqueza del mundo, compitiendo con Bizancio. Acaba con las revueltas muladíes, frena a los cristianos del norte y los derrota repetidamente. Córdoba alcanza una población de casi un millón de habitantes, y su cultura se plasma en bellos edificios y en sabios de renombre. Pero todo tiene un fin. Todavía su sucesor agrandaría su nombre y riqueza, pero a costa de un coste fiscal agobiante y de traer numerosas tropas bereberes del norte de África. Almanzor se dedica a guerrear incesantemente contra los cristianos y a su muerte se declara una guerra civil que acaba con todo el esplendor del califato. Entonces cada medina se independiza y aparecen los reinos de Taifas. A partir del año 1030 empieza el gran declive del poder musulmán en España.(Con la aparición de las Taifas y de los diversos reinos cristianos ya se nos prefiguraba a los españoles un afán por vivir juntos pero independientes y reñidos)

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El año 1085 Alfonso VI de León conquista Toledo a los musulmanes –que como Zaragoza y otras ciudades con gobierno musulmán, pagaban parias, tributos, a los reyes de Castilla y de León—y entonces comienza el principio del fin. Toledo era una ciudad emblemática porque había sido capital del reino visigodo y porque poseía un gran simbolismo para los cristianos. Entonces se unen los reinos de Castilla y de León y parece que la reconquista durará unos pocos años, pero los musulmanes llaman en su auxilio a los Almorávides, un nuevo poder musulmán en el norte de África.

Dos hechos son dignos de ser destacados en esta encrucijada. En primer lugar, que los gobernantes de todos los reinos cristianos de la península acuden a rendir homenaje a Alfonso VI, quien había sido coronado emperador (Imperator totius Hispaniae) en León. El segundo hecho a resaltar es que en todo el mundo musulmán  a partir del siglo XI la interpretación moralmente más rígida y menos amiga de la libertad de conciencia se impuso a todas las demás, y la fuerza creativa del mundo musulmán desapareció. En la España musulmana no fue menos (aunque la cultura siguió floreciente unos decenios en los reinos de Taifas). Almanzór, antes de la llegada de los almorávides ya hizo quemar la estupenda biblioteca de Al Hakam II, pero con la llegada de los almorávides y más adelante y, sobre todo, con la llegada de los Almohades, todo libro distinto del Corán fue objeto de persecución y quema.

En diferentes oleadas los almorávides llegaron a apoderarse de los reinos de Taifas, y aunque mantuvieron por unos años la expansión castellana, el rey de Aragón Alfonso I se apoderó de Zaragoza y de plazas circundantes en 1118, y tanto era el descalabro de los almorávides para entonces que realizó una razzia por al-Ándalus sin apenas enfrentamientos y se le unieron 24.000 mozárabes con los que repobló las nuevas tierras conquistadas. De nuevo la suerte de los musulmanes en España perecía echada, pero de nuevo apareció por el sur un nuevo ejército musulmán, con una rigidez religiosa más extrema que la de los almorávides, los almohades, quienes primeramente sometieron con grandes esfuerzos a los almorávides y luego detuvieron a los reinos cristianos.

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El choque que resolvía el destino de los musulmanes en España se conoce como la batalla de Las Navas de Tolosa. Alfonso VIII había sido derrotado en 1195 en Alarcos por los almohades, así que se buscó una coalición de reyes cristianos para hacerles frente: el reino de Castilla, la corona de Aragón, el reino de Navarra, la Orden de Santiago, la de Calatrava, y los caballeros Templarios y Hospitalarios. El resultado fue una total victoria a favor de las agrupación cristiana. Tal hecho ocurrió en 1212. El poder musulmán, tras cinco siglos, acabó en España. Para mediados del siglo XIII solo se mantuvo en pie, y a costa de pagar un enorme tributo a los reyes castellanos, el reino de Granada.

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Una breve y singular historia de España I

 

Si el infortunio de tener los políticos que  tenemos trajera para España la hora de su epitafio, se podría decir de los españoles, “Malograron siempre sus posibilidades por la constante lucha que mantuvieron entre ellos”. Ya lo dijo Bismarck con otras palabras: “¡El día que estos españoles dejen de pelearse, España será la leche! Pero soy pesimista al respecto. Si dejamos de pelear entre nosotros nos aburrimos, y el aburrimiento nos resulta insoportable.

Llevábamos 50 años de próspera tranquilidad, con la mejor calidad de vida y el mejor sistema sanitario de Europa (es dicho por todos los que nos visitan, y, mis hijas, que andan por esos mundos, lo atestiguan), y levantó la pelea el gobierno de Cataluña, arengando a la lucha, con la invención de una historia propia asombrosa, de míticos héroes, sabios y gigantes. En España, dicen ellos, somos villanos, enanos e ignorantes. ¡Qué se le va hacer! El aburrimiento es siempre intolerante. Pero como idiotas hay en todas partes, el ínclito Zapatero se sacó de la manga una Ley de Memoria Histórica con el fin de que el odio entre españoles no muriera por falta de alimento.

Otros países aprendieron a combatir el aburrimiento laborando. En Holanda, en Suecia, en Gran Bretaña, en Suiza, en Norteamérica, en Alemania, el luteranismo y el calvinismo llenaron la vida de miedo y tinieblas a la vez que enseñaron a sobrellevarlas sistematizando el trabajo. Pero en España no tuvimos ese aprendizaje, así que sigue siendo la pelea ideológica –no el debate—nuestra labor más esmerada. ¡Ya lo iremos viendo!

mapa religioso

En fin, las diferencias entre nosotros empiezan por ser climáticas y orográficas. Si uno bordea nuestra costa, desde el Mediterráneo al Cantábrico, encontrará zonas de calas, acantilados, estrechas playas, mares de arena en el Levante, pedregosas playas azotadas por el viento, hermosas rías y frías playas, mares bravíos, ensenadas y recodos encantados. Todo un espectáculo de variedades. Adentro, la alta montaña pirenaica, macizos escalonados por toda la geografía de España, los inmensos llanos de las dos Castillas, el frío estepario de Teruel, Soria, y Ávila, el bochorno asentado en Córdoba y Sevilla y en Écija, la sartén de Andalucía… ¿Cómo se van a criar gentes semejantes en esos climas y en esas orografías? Montaña y llano, calor y escarcha, zonas de perenne primavera no muy lejos de otras con un mes de invierno y once de infierno…, ¿no son causa de caracteres diferentes?

relieve españa

A construir esas diferencias contribuyeron también las invasiones y sus asentamientos. De todos los colores. Celtas en la zona norteña, cartagineses y griegos en la costa mediterránea, romanos por toda la península. Estos últimos nos dejaron su lengua y su Derecho, pero cuando en todo el imperio romano se perdieron los valores que les habían hecho grandes, cuando desapareció el orden social y el caos sobrevino, aparecieron los bárbaros del norte y en toda Europa entraron las tinieblas.

romanos en españa

Primeramente vivieron a España tres pueblos germánicos, suevos, vándalos y alanos. Los primeros dejaron mayor huella,  asentándose en  Galicia, León, Asturias y norte de Portugal. Poco más tarde, llegaron los visigodos, que reinaron en toda España. A los dos siglos y medio de su llegada, nos visitaron los árabes. Con malas intenciones llegaron, y pronto sometieron a todas las poblaciones. La primera de sus oleadas provenía del Yemen y Siria, y mucho más tarde nos volvieron a invadir Almohades y Almorávides, provenientes del Magreb, de Marruecos, Mauritania, Sáhara, Argelia.

reino visigodo de toledo

Para contener la primera oleada musulmana, el emperador Carlomagno dejó unas cuantas gentes en el noreste, en la parte norte  de lo que hoy es Cataluña y la parte este de Aragón, en lo que se conoció como Marca Hispánica. Venían del sureste de Francia y hablaban el Limusin. Con el tiempo abundaron como conejos. Son los que hoy se consideran catalanes de pura cepa, minoritarios en Cataluña pero muy suyos, y muy serviles cuando es menester. No se sabe si la invasión napoleónica dejó mucha simiente en la población española, aunque sí de ideas liberales, que nos hacían buena falta. Me refreno, volvamos al principio, a los iberos.

Apartando a un lado el misterioso caso de Tartessos, nombrado por Hecateo en el siglo VI a. C. y por la Biblia, los primeros habitantes que se establecieron en la península ibérica, fueron, claro, los Iberos. Bien es verdad que los vascos de arraigo, creen que la población vasca es anterior y distinta, y según el inventor del nacionalismo vasco, Sabino Arana, y de su discípulo, Arzalluz, la población vascongada proviene poco menos que del cielo, tal vez de una cohorte de ángeles. Pero a todas luces la lengua vasca es un residuo del ibero inicial, habiéndose traducido casi tres mil textos iberos a través del eusquera. Sucedió que un buen día llegó un contingente celta desde Bélgica y se unió con los iberos de las vascongadas. De esa unión provienen los vascos. Una mezcla semejante a la que se dio en otras zonas peninsulares, norteñas sobre todo.

Mapa pueblos prerromanos

Y estos seres ancestrales nuestros, los iberos, ¿de dónde provenían?, ¿de los ángeles, como aseveraban los dos próceres vascos nombrados? Pues no. El historiador Jorge Alonso y el doctor Arnáiz, inmunólogo, han hallado extraordinarias similitudes lingüísticas y genéticas entre los vascos y el pueblo Tuareg, que lo forman bereberes saharianos extendidos por Marruecos, Argelia, Mauritania y el Sahara. Es decir, zona de la que procedían Almohades y Almorávides. Así que, en todo caso, los ascendientes del ínclito Sabino Arana y del muy suyo padre Arzalluz, el del Rh (-), si eran ángeles, eran ángeles muy morenos.

CONTINUARÁ…