El chivo expiatorio

En prácticamente todas las culturas de la antigüedad se sacrificaba un animal a los dioses con el fin de ganar su benevolencia o aplacar su ira. En algunas de ellas el sacrificio era humano, generalmente de los enemigos, pero en algunas ocasiones se sacrificaban a los propios familiares para conseguir que los dioses  fueran propicios. Tenemos los ejemplos de Agamenón, que sacrificó a su hija Ifigenia para que la guerra contra Troya fuese un éxito; y tenemos a Abraham, que iba a sacrificar a su hijo Isaac para satisfacer a su dios Yahvé.  Los tales sacrificios se concretaron más adelante en el propósito de la expiación de las propias culpas ante el dios. El sacrificante quedaba libre de culpa, haciéndola recaer en el animal sacrificado. El quid argumental del cristianismo reside en que la muerte de Jesucristo fue un sacrificio para expiar a la humanidad de su pecado original.

Ahora bien, Yahvé detuvo la mano de Abraham y le ordenó poner en la pira del sacrifico un carnero. Tal vez de aquella expiación provenga  la fiesta judía del chivo expiatorio:  el sacrificio de un chivo  sobre el que se descargan todas las culpas del pueblo judío.  Sin embargo, el chivo expiatorio,  en nuestra cultura, ha pasado a significar a la persona o al grupo de personas sobre las que se hace recaer culpas ajenas con el fin de exonerar a los verdaderos culpables. Así, podemos decir que los judíos fueron el chivo expiatorio de los nazis.

Todo sistema político totalitario procura tener un enemigo «infame» a quien culpar de todos los males que sufra la sociedad. Tienen la necesidad de tener a mano un chivo expiatorio hacia quien desviar la ira y la indignación social. En el mundo cristiano clásico tal chivo expiatorio siempre fue el pueblo judío, aunque es cierto que el odio contra los judíos empezó antes. Un siglo antes de Cristo, en Alejandría, se produjo el primer pogromo contra los judíos, una matanza contra los que poseen un dios en propiedad. Pero fue la Iglesia cristiana la que empezó a perseguirles con saña. San Pablo (que era judío) declaró que el judío era enemigo de todos los hombres, y con esa declaración comenzaron las persecuciones. San Agustín, en La ciudad de Dios, recomendó respetarles la vida pero despreciarles. De tales declaraciones de esos padres de la Iglesia nació el odio de los cristianos contra los judíos. Un odio que se ha extendido hasta nuestros días.

Las Cruzadas acabaron en Europa con la mayoría de los judíos, bien dándoles muerte, bien causando su huida hacia otros territorios. En España y unos siglos más tarde, se remató la faena con la expulsión decretada por los Reyes Católicos. En fin, que Europa occidental se quedó sin chivo expiatorio. Entonces empezó la caza de brujas: las mujeres se convirtieron en el nuevo chivo expiatorio. En Alemania casi 50.000 mujeres fueron presa de la hoguera. En España, en cambio, nos dedicamos más a los conversos. La Santa Inquisición se empleó a fondo contra los marranos, judíos que se convirtieron al cristianismo evitando su expulsión. Lo cierto es que tanto en el caso de los judíos como en el de las brujas, detrás del odio inquisidor se escondían motivos de rapiña, pues las Iglesias se apoderaban de los bienes de los ajusticiados.

Los regímenes comunistas han tenido chivos expiatorios muy variados. Los principales chivos expiatorios de Lenin y Stalin fueron los campesinos. La sustracción de las cosechas causó más de veinte millones de muertos de hambre durante los diez años posteriores a la Revolución. Stalin se empleó con saña contra los ucranianos en lo que se ha denominado el Holodomor: una hambruna causante de siete millones de muertos. Comunistas rusos y ucranianos no se olvidaron tampoco de efectuar  pogromos contra los judíos con harta frecuencia. El dirigente comunista chino, Mao, a falta de judíos a quien culpar, tomó como chivos expiatorios a los intelectuales. Varios millones de maestros, profesores, periodistas, escritores, fueron ejecutados durante la llamada Revolución cultural china. En Camboya, Pol Pot liquidó a una cuarta parte de la población de ese país, muy especialmente la que vivía en ciudades. Con los comunistas en el poder, los urbanitas se convirtieron en el chivo expiatorio. Los que no fueron asesinados tuvieron que asentarse en el campo, en campos de concentración, valga la redundancia.

Y todo el mundo conoce que el gran chivo expiatorio de los nazis, siguiendo la tradición europea, fue el judío. Seis millones de ellos murieron en gaseados en los campos de concentración. Tras la guerra cesó el antisemitismo, pero parece haber vuelto a la actualidad y haberse encarnado en una parte de la izquierda europea, que ya no tiene solo al capitalismo como chivo expiatorio de todos sus males, sino que ahora forman también parte de él los judíos y el Estado de Israel.

El gran chivo expiatorio de la izquierda mundial es el capitalismo. Todos los males que afligen a la humanidad son, según ellos, culpa de ese demonio llamado capitalismo o democracia liberal. De ese modo la izquierda queda sin pecado alguno, pura y sin responsabilidad. Incluso cuando la izquierda comunista toma el poder en Cuba, Venezuela, Nicaragua o en cualquier otro Estado de los que han sacrificado millones de personas en el altar comunista, además de haber traído la miseria y la aflicción a poblaciones inmensas, la culpa —según los representantes de la izquierda— sigue siendo del capitalismo y la democracia liberal.

En España estamos muy acostumbrados al uso del chivo expiatorio por parte de este gobierno. Además del capitalismo, el gobierno nos señala que los culpables de los diferentes los males que nos afligen son Franco, la derecha, la guerra de Ucrania, el COVIT, los jueces, el rey, los ricos, el cambio climático…

En verdad, ¡no hay nada tan eficaz como tener un chivo expiatorio a mano!

Religiosidad: ventajas y desventajas

Frecuentemente con ignorancia y soberbia, los que se tildan de antirreligiosos se mofan de los creyentes y les achacan cerrazón moral, infelicidad e hipocresía. Estos últimos, a modo de respuesta,  tienen contra aquellos toda clase de prejuicios y toda suerte de precauciones. Pero el bienestar de cada individuo puede ser venturoso, independientemente de su cercanía a la religión. En realidad, toda adscripción ideológica, como todo compromiso que se adquiere libremente, puede tener sus pros y sus contras, sus ventajas y sus inconvenientes. Esbozo a continuación aquellas que, a mi parecer y en un sentido u otro, tienen aquellos que siguen dictados religiosos.

Ventajas

  1. La creencia en la Vida Eterna aminora la angustia de tener que morir, pues no en vano el deseo de  inmortalidad ha sido una constante desde las primeras civilizaciones. También reconforta en gran manera tener la esperanza de que hay otra vida en el más allá llena de gozo. Pensar que allí encontrará a sus seres queridos le reconforta al creyente.
  2. Los creyentes profundos tienen en su Dios a su confidente y salvaguarda, alguien con quien platicar. Incluso puede fluir el afecto. Uno puede dar afecto a esa entidad fantasmal que es un dios, y también sentir que se recibe. Recordemos aquellos versos tan sentidos de Teresa de Jesús: Vivo sin vivir en mí/ y tan alta vida espero/ que muero porque no muero.
  3. La comunidad religiosa ofrece ayuda, sentimientos de compasión y caridad, y una identidad desde donde echar raíces.
  4. La creencia religiosa ofrece una moral para guiar el comportamiento. Las dudas son despejadas, el debate entre razones en la conciencia queda simplificado, honradamente, ¿quién desaprovecharía el saber qué está bien y qué está mal, y el qué hacer en cada momento? Pues todo eso, al menos en parte, lo proporciona la fe religiosa.
  5. No podemos tampoco obviar el remedio psicológico que proporcionan los rezos, la confesión y el pensamiento dirigido hacia una figura celestial que te escucha y que te perdona toda maldad con solo arrepentirse con la suficiente contrición.
  6. Entramos en este punto en el carácter gregario del que los humanos hacemos gala. Si ante un líder hacemos dejación de nuestro criterio y nos sometemos al suyo, es decir, nos ponemos en sus manos, qué no podemos hacer ante la figura de un líder-Dios. El creyente puede caminar sin vacilaciones y puede vencer sus deseos impuros bajo ese liderazgo.
  7. Por todo ello, quien tiene la suficiente fe, suaviza el temor que el mundo presenta para quienes se hayan desamparados de la figura divina. Además, sabe qué abrazar y qué rechazar, quien es su amigo y su enemigo (quien rechaza a Dios). En fin, no son pocas las ventajas.

Desventajas

  1. El temor a las penas del infierno o a la ira de Dios que un creyente puede sentir ante el pecado, pueden llegar a ser angustiantes. La culpa, ese temor al omnipresente ojo divino pueden llevarlo a un martirio diario
  2. La extremada rigidez religiosa, como era usual entre calvinistas y luteranos, pueden secar la alegría del individuo, puede convertirlo en un atormentado que ve pecado en todos los actos de la vida.
  3. Muy corriente es que tales individuos se aparten del mundo y dejen de tener relaciones sociales.
  4. También es muy corriente que se nieguen la posibilidad de disfrutar de una vida gozosa, acorde a la realidad, y que caigan en obsesiones.
  5. El creyente se somete a una doble servidumbre, la de un dios omnipresente y la del grupo religioso al que se pertenece, que observa y juzga su comportamiento en todo instante.
  6. La propia libertad, el juicio sobre las cosas, la conciencia, se encuentran  en el creyente maniatadas. En ese sentido, el religioso actúa como un cobarde que, por miedo, no se atreve a tomar las riendas de su propia vida y enfrentarse a los avatares que ésta presente.
  7. Se rechaza la propia naturaleza, esto es, se rechazan los instintos sexuales y todos cuantos vayan en contra de las creencias que uno sostiene. Así que, para muchos, la vida se convierte en un constante luchar contra las inclinaciones de nuestra naturaleza.

Que cada cual se aplique el cuento.

Sueltos

  • Narrar, pintar, cantar el alma de las cosas…, he ahí una hermosa y grata labor. Plantar un jardín, esculpir una imagen, ser orfebre de lo bello…, he ahí una bella labor.
  • A esos bárbaros que pretenden destruir la cultura occidental, su odio les hace creer que están situados al lado del Bien. Cuanto más odian, más convencidos están. Así que se creen con derecho y legitimidad para cometer, en nombre de ese Bien, todos los crímenes que sean precisos.
  • El tiempo te esculpe  vivencias que transfiguran tu espíritu.
  • Los comunistas españoles se manifiestan a favor de permitir que Rusia invada Ucrania. Alegan que a los europeos no nos va nada en ello. Ven en Putin un renacer de la URSS con otro rostro. Están tan de acuerdo con la invasión como lo estuvieron cuando Stalin y Hitler se repartieron Polonia. Ya sueñan de nuevo con la dictadura comunista, con cárceles para los disidentes, con abrir nuevos gulags para reeducar a los desviados, con fusilar a los recalcitrantes.
  • De Bertrand Russell es la frase: «El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas».
  • Uno se vuelve animal de rebaño cuando grita siempre con los demás.
  • Conocemos a través de espejos. Las ideas y creencias por las que nos guiamos son meros espejismos.
  • La degeneración de España se percibe enseguida al observar el talento de quienes nos gobiernan.
  • Los revolucionarios profesionales hacen la revolución para no tener que trabajar nunca jamás.
  • El que abandona el comunismo es como el que sale de la cueva de Platón después de haber vivido siempre entre sombras. Cuando trata de explicar a sus antiguos compañeros la luz que ha encontrado fuera, es rechazado y tratado como un loco a quien hay que hacer callar.
  • Se siguen subvencionando los bodrios del monotemático cine español, la Guerra civil, los buenos y los malos. Ahí se acaba su invención. En 2020 recaudó 40 millones de euros; recibió 87 millones de subvenciones públicas.
  • Una de las tradiciones más amadas por los gobernantes de izquierdas ha sido la de darle, sin ton ni son, a la máquina de hacer billetes, como si fabricando dinero y repartiéndolo fuésemos a ser todos ricos. Empezó con ello la socialdemocracia alemana durante la república de Weimar. Al poco, era necesario llevar una bolsa de billetes para comprar una barra de pan, y unos días después ya se necesitaba una carreta. En Venezuela han seguido convencidos de tan maravilloso asunto y la inflación en 2020 llegó al millón por cien, y todos en la miseria. Pero se sigue en el empeño: hace unos meses, Eduardo Garzón, al que llaman hermano tonto del ministro Alberto Garzón —lo cual parecía imposible dada la indigencia mental de éste—explicaba a las filas podemitas que fabricando dinero seríamos todos más ricos. Uno no se explica cómo una ideología puede hacer persistir en ese error monetario a una generación tras otra; cómo puede hacer tan recalcitrantemente ignorantes a sus prosélitos. El tal Eduardo Garzón es economista: uno se pregunta qué enseñan en la facultad de Económicas a la que asistió el lumbreras.

Cayetana Álvarez de Toledo, ¿políticamente indeseable?

Como portavoz del Partido Popular (PP) en el Congreso de Diputados, Cayetana Álvarez de Toledo desarboló con su verbo certero y ágil la imagen política de Pablo Iglesias Turrión, líder populista cuya declarada intención es la destrucción del sistema político español y a imposición de una dictadura comunista. El pago que recibió por ello del líder de su propio partido, Pablo Casado, fue su destitución de la portavocía que venía ejerciendo, y el arrinconamiento político.

La sombra de Caín es alargada y gravita demasiado a menudo sobre la política española. El líder del PSOE y presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, se rodea de descerebrados e inútiles para su propio realce. Pablo Casado, líder del PP, metafóricamente, escupe y aparta de un manotazo a la mente más preclara del panorama político español; a la mejor y más lúcida oradora del Parlamento. Los motivos de uno y otro son claros: los mediocres con poder tratan de evitar a toda costa que alguien cercano les haga sombra.

Uno puede entender que los políticos de la izquierda —con repugnancia notoria a todo cuanto huela a mérito o distinción— declaren a Cayetana persona non grata y la consideren enemiga mortal. Uno puede, también, entender que sus compañeros políticos del PP —preocupados esencialmente en tener el pesebre bien lleno— abjuren de ella, siguiendo instrucciones de su acobardado líder Casado. Sin embargo, ha sido una gran sorpresa para mí el comprobar que tampoco entre las gentes que no viven de la política tiene Cayetana mucho predicamento. Creo entender el porqué.

Tiene que ver con el cúmulo de ideas y valores asociados al concepto Ilustración. La Ilustración germinó en Escocia, Inglaterra y los Países Bajos, y tuvo un punto álgido en el limen de la Revolución francesa. Por sintetizar, diré que significa el triunfo de la razón sobre el dogma. Cayetana es, en todo el amplio sentido del término, una mujer ilustrada; digo más: Cayetana simboliza hoy, como ningún otro,  la Ilustración. Pero tal dignidad es hoy en día un pecado grave.

Ahora que la ONU y otros organismos han creado la Iglesia del Cambio Climático —con su muy activa Inquisición—; ahora que han vuelto la caza de brujas, los dogmas, las santidades con pereza mental al modo de  Greta Thunberg; ahora que vuelven los tiempos oscuros y tenebrosos, que todo es engaño y ocultación; ahora que la gente rinde vasallaje a cualquier memez si viene sentimentalmente repleta…; ahora, digo, la distinción, la cultura, la inteligencia, la valentía de Cayetana en defensa de la nación española y de sus valores constitucionales, es una total afrenta para todas esas huestes que esperan temerosos un apocalipsis climático, y, esperanzados, un nuevo orden mundial. Todas esas huestes que rechazan por malvado todo cuanto signifique verdad, sentido común y razón.

Cayetana Álvarez de Toledo arrastra consigo la mácula de ser excelsa en su argumentación, y eso la envidia no lo perdona. Cayetana lleva dentro de su pecho el signo de la Ilustración, y eso no lo perdonan los defensores de la barbarie y el dogma. Cayetana es valiente e inteligente, y eso es un desmérito para los cobardes y los mediocres. Por todas estas razones es repudiada por las masas.

Aunque, si uno lo piensa bien, lo sobresaliente siempre ha sido excepción y la envidia siempre ha sido compañera de la mediocridad. Si uno lo piensa bien, la Ilustración no ha penetrado nunca en el corazón de las gentes, que prefieren la seguridad del dogma y la emotividad como valor. Al fin y al cabo, la razón es de manejo arduo, mientras que el pensamiento mágico surge de la espontaneidad. Al fin y al cabo la democracia es solo una rara anomalía histórica, así que vuelven a su lugar de siempre las inquisiciones, las dictaduras y los dogmas. Ahora la Ilustración y sus símbolos son «fascistas».

El miedo a volar y la envidia

Es cierto que muchos no son conscientes de ello, que la brillantez con que lucen en su cerebro idealidades como nación o comunismo, o la ridícula identificación de la igualdad con la justicia, o, más comúnmente, un fuerte resentimiento social, les impiden ver lo que queda entre sombras: la terrible opresión que ejercen sobre los ciudadanos los sistemas políticos que se rigen por modelos totalitarios de colectivismo. Creo que una inmensa mayoría de los abogan por tales recetas totalitarias no son conscientes de ello; pero otros muchos sí que lo son; y uno, desde la razón, se pregunta por qué. ¿Por qué uno anhela perder su potencia como individuo y pasar a pertenecer a la categoría de siervo —sin derechos ni libertades que no sean los que la «magnanimidad» de poder totalitario otorgue sin garantías a cada sujeto? ¿Por qué de esa ilusión de ser únicamente parte de un colectivo y abjurar del juicio y criterio propios? ¿Por qué de ese deseo de ser rebaño? Dostoievski, en Los hermanos Karamazov, nos da razón de ello: «Los hombres quieren volar, pero temen el vacío. No pueden vivir sin certezas. Por eso cambian el vuelo por jaulas. Las jaulas son el lugar donde viven la certezas.»

La razón mencionada es muy buena, pero existen otras. Una es la envidia. Por mucho que un país alcance un nivel de riqueza que permita a sus ciudadanos vivir holgadamente, si existen desigualdades en el disfrute de los bienes, siempre aparecerán grupos violentos dispuestos a destruir todo lo destruible, dispuestos a vivir en la miseria más absoluta, pero siendo iguales. Tales grupos existen con abundancia en Cuba, Venezuela y España. La envidia, que no atiende a desahogos ni riquezas sino a diferencias, es la causante de todos esos movimientos. Pero la envidia es muy moldeable por las creencias, por esa razón, la verdadera enjundia del marxismo, aunque lo vistan con mil telas distintas, es la de fomentar la envidia.

Leo una bien documentada obra de Steven Pinker, En defensa de la Ilustración. Expone un relato ruso que dice así: «Igor y Boris son unos campesinos extremadamente pobres. … La única diferencia entre ellos es que Boris posee una cabra escuálida. Un día a Igor se le aparece un hada y le concede un deseo. Igor dice: mi deseo es que muera la cabra de Boris.» El relato expresa el hecho de que una proporción muy grande de personas —influenciadas ideológicamente— cifra su felicidad  en compararse con el vecino, en vez de por su bienestar en términos absolutos. Más allá, el relato de Igor y Boris me sugiere una extraña correlación entre las opciones de Igor y las posiciones políticas de nuestro entorno.  El Igor resentido y revolucionario opta por matar la cabra; el Igor igualitarista por compartirla; el Igor liberal por averiguar cómo conseguir yo otra. Los hechos prueban que solo el Igor liberal es capaz de crear riqueza.

ILUSIÓN CON PAN… Y CIRCO

El aburrimiento plantea la cuestión de cómo ocupar el tiempo de manera placentera y absorbente. Una obsesión, una adicción, un viaje exótico, una actividad que comporte un grado de peligro admisible, una película de violencia o sexo, pueden ser un transitorio antídoto del aburrimiento, pero encierran sus peligros y suelen acabar en hastío o en desquiciamiento. La lectura de un libro, el montañismo, la participación en actividades culturales colectivas, suelen matar esa lacra que es el aburrimiento. Pero la  experiencia humana nos dice que el remedio más eficaz ha sido siempre encomendarse a un objetivo ilusionante y, diligentemente, desarrollar y sacar lo mejor de uno mismo en conseguirlo.

Sin embargo, la educación anda ahora por otros caminos en busca de una ficticia e ilusoria felicidad, que siempre está a la vuelta de una esquina que nunca se dobla. También existe una fuerte tendencia a desear ilusiones sin recorrido. En una reciente encuesta llevada a cabo con los estudiantes de la Universidad de Zaragoza, se reveló que la ilusión del 96% de ellos consistía en ser funcionarios; esto es: la ilusión de conseguir un empleo que acabe con sus ilusiones. Hay que tener mucho cuidado con lo que queremos.

Yo soy partidario del pan y circo como sucedáneo. Ya sé que parece  un horripilante absurdo; sobre todo porque el dicho pan y circo ha sido siempre el símbolo de aborregamiento. Pero, veamos: ¿Qué son el fútbol, el baloncesto, el atletismo, la Fórmula 1…, sino ilusiones colectivas que desatan la pasión de las luchas tribales de modo incruento? A falta de pan —dice el refrán—, buenas son tortas. ¿No mantiene el pan y circo ilusionados a los forofos toda la semana? Que si el Real Madrid ganará contra el…; que si Márquez recuperará este domingo el buen tono motociclista de que antaño hacía gala; que si Fernando Alonso hará otra de las suyas… Todo eso es generador de ilusión y esperanza, es antídoto contra el mortal aburrimiento. Y tales ilusiones no niegan la ilusión que proporciona tener un definido propósito en la vida. Ser un forofo madridista no niega que uno se esfuerce en perfeccionar sus habilidades pianísticas con el fin de escribir su nombre en la música.

Lo realmente nocivo en la vida es carecer de ilusión. La falta de ilusión es la madre de todos los males. Cuando esa ilusión falta en el individuo, es abducido con facilidad por una ilusión colectiva e ideológica. La ideología le dirige a un redil de ilusiones ficticias y le maneja como a un muñeco de feria. Curiosamente, las ideologías siempre han clamado contra el pan y circo con el argumento de que  es un medio de narcotizar a las masas, pero, en cuanto llegan al poder, convierten al pan y circo en un gran espectáculo. Con la religión pasa lo mismo. Las ideologías la combaten porque crea una ilusión que compite con la ilusión que ellas proponen. Además, lo malo de algunas ideologías ilusionantes es que son potentes generadores de odio. El comunismo, el nazismo, el nacionalismo, son de ese estilo. La necesidad de ilusión es tan fuerte en la especie humana que algunas gentes la encuentran en nuevos y esperpénticos circos seudo religiosos; circos tales como esos que montan algunas animalistas que lloran a moco tendido por los cerdos que se dirigen al matadero, o como esas locuras del trasfeminismo que quiere acabar con los machos de la especie. La falta de potencia como individuo conduce con mucha frecuencia a caer en la locura de un colectivo. Al menos, el pan y circo clásico es inocuo.

PANORAMA POLÍTICO DE ESPAÑA

EL RIESGO DE DUDAR

En España sostener ciertas dudas presenta un gran riesgo. Sobre todo si se duda –y se manifiesta la duda—por un solo instante de la verdad de los dogmas que proclama a diario la Iglesia de la Corrección Política. Ya no sirve aquel “Dudar vale más que estar seguro”, que decía Voltaire, pues ahora resulta peligroso dudar. Señalar que el origen antropogénico del Cambio Climático es una conjetura no probada, o que el sexo es en un asunto biológico en todas las especies animales, incluida la humana, se considera motivo de reprobación mediática y de despido u ostracismo si usted trabaja en la Administración o de cara al público en una empresa privada.

No era tan eficaz el Tribunal del Santo Oficio en hacer que se acatasen los dogmas y la lengua se sujetase como lo son ahora las ménades del pos feminismo y los apocalípticos medioambientales que forman hoy la Inquisición de la Iglesia nombrada. Diré más: el oscurantismo medieval está retornando a marchas forzadas. También lo hace la ignorancia de las gentes.

Dudar está muy mal visto. Le hace a uno sospechoso de formar parte de una secta que come niños y obedece al diablo. Lo guay, lo correcto, lo puro, lo sano, es admitir las verdades oficiales como santas e inalterables, aunque de un día para otro se cambien. Las firmes y categóricas convicciones dictadas por la ideología imperante son las propias de las gentes de bien. Tales convicciones fortalecen la conciencia de esas buenas gentes de bien para rechazar como inmundicia apestosa cualquier evidencia en contra de los dogmas que se presente. El buen pastor no puede dejar que el rebaño adquiera la funesta idea de pensar, y dudar.

LA CUOTA DE LA IGNORANCIA

Negar que la razón y el sentido común de los jóvenes, por término medio, ha menguado, es difícil de refutar. La ignorancia es otra cosa; no es que hoy seamos más ignorantes que lo eran nuestros padres, ¡es que se presume de ello! Dicho en otras palabras, la cultura y el conocimiento han dejado de ser valores incluso en algunos ambientes universitarios. Así que, proclamo: en aras a la igualdad política de los españoles, la ignorancia debe estar representada en el Congreso de Diputados. ¡Cómo dejar a millones de españolas, españoles y españolos sin representación democrática!

En la consecución de tal noble tarea el actual gobierno se esmera. Cerriles, cabestros, iletrados que votan como un rebaño a una seña de su jefe de filas forman el grueso de nuestros parlamentarios. Así, no es ningún lastre la Lastra, portavoz del PSOE en el Congreso, sino que forma parte de la cuota de ignorancia que a ese partido le corresponde. Tampoco merece menosprecio que a una cajera de supermercado la nombren ministra de la noche a la mañana. La tal, Irene Montero, representa la cuota de histeria, absurdo y locura de los votantes de Podemos en el Gobierno.

Igual tinte democrático se ha de dar a las empresas públicas, y en esa encomienda este gobierno sigue haciendo las cosas bien hechas. Así, Susana Hernández Ruiz, ex senadora por el grupo socialista y enfermera ha sido nombrada presidenta de la empresa pública SAINSEL que tiene el control de NAVANTIA e INDRA sustituyendo a un ingeniero naval. ¿Qué más democrático que una enfermera tomando decisiones en relación con la construcción de submarinos y buques de guerra?

Pero donde el Gobierno ha acertado plenamente ha sido con el nombramiento de Rosa Serrano como delegada del Gobierno en Aragón. Una trabajadora sin estudios que trabajaba hasta hace pocos años sirviendo comidas en colegios,  ha llegado a ser concejala de Ayuntamiento, senadora y ahora delegada del Gobierno. No solo eso, sino que participó en la comisión de Ciencia, Innovación y Universidades. ¡Qué alguien me explique si puede existir un mayor signo de democracia que el rezuma de esos nombramientos! Es la representación de la parte alícuota de los trabajadores de hostelería en las instituciones de gobierno. Aún así, no podemos sentirnos contentos; logrado para los ignorantes, ahora hemos de pedir ¡tontos al poder!, al menos la parte alícuota que les corresponde…, aunque me aseguran que ya la han sobrepasado.

LA IMPOSTURA COMO NORMA

Tenemos un Jefe de Gobierno que miente constantemente en todo lo que dice. De manera constante y con descaro. Sin que le tiemble una pestaña por ello. Es público que no se le conoce verdad alguna que hay salido de su boca. Incluso niega hoy lo que ayer dijo y negará mañana lo que acaba de decir hoy, sin inmutarse. Por ejemplo, aquellos que unos meses atrás consideraba malhechores, rufianes, terroristas, enemigos de España, los ha convertido hoy en sus aliados más firmes y naturales. En relación al independentismo catalán, lo que ayer negaba lo ofrece hoy y lo dará mañana, y convertirá las promesas de anteayer en papel mojado. Todo le resulta válido para llevar a cabo su agenda del bien.

He de decir, ¡qué bien lo hace! Por ejemplo, los medios televisivos que están de capa caída en audiencia, los mantiene generosamente con subvenciones millonarias y con un gigantesco pago por propaganda institucional. Así que, obviamente, todo son alabanzas a su gestión. ¿Cómo podían hacer otra cosa dichos medios? Sus estridentes fracasos se presentan como grandes logros y, si no, siempre tienen a mano una milonga de la Guerra Civil española para confundir al personal, o de lo malo que era Franco, o si fulanita engaña a menganito con menganita, y así, de forma reiterada, nadie al caer la tarde recordará qué ha dicho el Jefe de Gobierno por la mañana.

Reitero la gran sabiduría política que emplea. Si en España lo atacan señalando que quiere acabar con la Democracia española (y razones no les faltan), se va a la ONU y asevera en su discurso que la democracia está amenazada. ¿No es magnífica esa inversión de agentes?: quien amenaza señala al amenazado como amenazante. Tan brillante como cuando desde su partido lanzan mensajes de odio  contra un enemigo al que acusan de lanzar mensajes de odio. O como cuando emplean métodos propios del fascismo para acusar a otros de fascistas. En fin, me reitero, ¡todo un genio!

Problemas de la globalización

La convivencia multicultural.

La historia del mundo nos ofrece con múltiples ejemplos los desastres del multiculturalismo. El genocidio que se produjo en los Balcanes recientemente (1991-2001) es una muestra palpable de ello. Todos ellos de origen eslavo pero divididos por sus prácticas religiosas y por haber tenido diferentes influencias políticas al comienzo de la Edad Moderna, el odio ancestral que provocaron tales diferencias se plasmaron en las matanzas que siguieron a la descomposición de la antigua Yugoeslavia.

Otro buen ejemplo es la guerra que se produjo en el Líbano entre 1975 y 1990 y que provocó  un número de víctimas que se estima en 120.000 y un número de exiliados cercano al millón. En el Líbano convivían suníes, chiíes, drusos y cristianos maronitas, y cuando estalló el conflicto todos lucharon contra todos, con alianzas que se formaban y se rompían al cabo de no mucho. Su capital, Beirut, considerada entonces la suiza de Oriente Medio, quedó completamente destruida, y todavía en nuestros días sigue destruida buena parte de ella.

Una gran matanza que se originó como un choque de culturas religiosas se llevó a cabo entre musulmanes e hindúes en el momento de declararse su independencia de Gran Bretaña: dos millones de muertos y el territorio dividido en lo que hoy es la India, Pakistán y Bangladesh.

Los ejemplos que se pueden encontrar acerca de esos problemas de convivencia en el multiculturalismo son numerosos, pero siempre surgen porque se reavivan los rescoldos de pasados enfrentamientos y porque uno de los grupos convivientes se siente lo suficientemente poderoso para tratar de acabar con la cultura de los demás grupos. En tal caso siempre aparece un mesías o un líder cualquiera que trata de agitar el avispero en su propio beneficio. En Cataluña se sigue este guión al pie de la letra. Pero los argumentos que presentan quienes empiezan el conflicto son muy variados. Para Hitler los judíos eran ratas infectas que contaminaban la raza alemana; para los islamistas la conversión del infiel es una orden divina, una guerra santa; los catalanes se creen superiores culturalmente a andaluces y extremeños, así que niegan que sigan con su cultura y su lengua si se encuentran en Cataluña.

Al respecto de la convivencia multicultural, Europa empieza a padecer el problema en sus carnes. Muchas regiones de Europa y muchos barrios en sus ciudades han sido islamizados a marchas forzadas. La policía sueca pidió asistencia en 62 zonas de la ciudad que ya no controla y en las que se aplica la ley islámica. En la ciudad de Malmö, con una abundante población musulmana, los conflictos violentos han crecido los últimos años. En ciertos barrios de Bruselas o de Lyon la policía no entra, y en ellos no se permite otro signo religioso y cultural que no sea el islámico. Si tenemos en cuenta que la tasa de natalidad de las familias musulmanas en Europa es cuatro veces superior a la tasa de los no musulmanes, en veinte años muchas regiones de Europa tendrán mayoría musulmana. Dado el acoso y la persecución que sufren los grupos no musulmanes en los países de mayoría islámica, eso puede significar un gran estallido de violencia y el fin de la democracia. Instaurar la ley islámica es el fin de los más radicales, pero ya sabemos que estos suelen hacerse con el control del resto. Mientras tanto, los mandamases europeos esconden la cabeza o miran hacia otro lado.

El problema China

China es un monstruo bicéfalo: en lo económico practica el libre comercio, en lo político es una dictadura comunista. Lo sorprendente del caso de ese modelo de dos cabezas es que le encanta a una buena parte de la juventud de Occidente; esa juventud que sin contraprestaciones posee casi ilimitados derechos y libertades de los que carecen los chinos. Pero los jóvenes se han distinguido siempre por la inconsciencia, y un alto porcentaje de los de ahora, por la ignorancia.

El caso es que una gran parte de la industria de todo el mundo se trasladó a China para reducir costes y producir barato. El caso es, también, que copiando los productos creados en Occidente, mediante un grandioso sistema de espionaje y sin pagar royalty alguno ni ser penalizado internacionalmente por ello, China ha hecho uso ilícito de las patentes americanas, alemanas o del Reino Unido. Viene al mismo caso que los obreros chinos siguen cobrando miserias, lo que le permite a China hacerse con un inmenso excedente financiero que utiliza para expandir su imperio por el mundo. Sin salirnos del caso, de manera contraria a la dificultad casi insalvable que un estudiante occidental encuentra para entrar en una Universidad china, hay más de 300.000 estudiantes chinos doctorándose en universidades norteamericanas. Eso gracias, es cierto, a ese liberalismo made in USA  que tanto aborrecen los progres del mundo. Total, que China se ha puesto a la cabeza en la tecnología puntera aprovechándose de lo que inventaron los demás, y sin pagar nada por ello. Dar a China un cuchillo para que te degüelle viene aquí al caso. El caso, digo, es que China se apoderado de las materias primas de medio mundo sin que nadie haya hecho aspaviento alguno o haya elevado una queja de preocupación por ello; recordémoslo: el malo de la película es Norteamérica y sus libertades.

Volviendo a las raíces del caso, China es una dictadura muy semejante en lo económico, en el control social y en la falta de libertades a lo que fue la dictadura nazi de Hitler, en donde toda la población estaba vigilada muy de cerca por algún agente del Partido, solo que el Partido es en este caso el comunista, pero también tiene sus campos de concentración donde se fusila o se reeduca a varios millones de ciudadanos. Pese a ello, muchos jóvenes de Occidente sienten debilidad por el modelo chino. Ahora, cuando la hegemonía norteamericana está dando sus últimos coletazos –lo hemos comprobado con su salida de Afganistán—puede que la hegemonía china nos pase por encima como un pesado rodillo. Nos han traído el COVIT, pero temo que no será lo último.

Otros peligros, a vuela pluma.

El desmembramiento de España. La izquierda está en ello, y el globalismo político y social que impulsa la ONU y unos cuantos multimillonarios, como Soros, los Rockefeller, la fundación Ford, etc, sigue también ese camino: las tribus pequeñas y divididas son más dóciles.

La corrupción política en los países democráticos. En España, los partidos clásicos han entrado a saco a esquilmar el Estado. Con la intención de tomar el poder a toda costa, el Congreso parece más una taberna barriobajera que un Parlamento; se compran los medios de comunicación son subvenciones y propaganda institucional; se crea una inmensa red clientelar de organizaciones, de cientos de miles de políticos que hay que colocar aunque sus conocimientos para el puesto sean nulos, de ONGs que no hacen otra labor que repartir sueldos entre sus miembros; en la región andaluza el PSOE hace desaparecer más de mil millones de euros…

La ingeniería socialque la ONU y los multimillonarios nombrados arriba están llevando a cabo usando el programa de la izquierda: fomentar que los europeos y norteamericanos no tengan hijos y llevar aquí y allí  población africana y latinoamericana confiando en que se reproduzcan mucho. Todo ello con el fin de instaurar un gobierno dictatorial a nivel mundial donde no haya naciones ni religiones que no sea la islámica.

Otros grandes peligros ya presentes son: el control de la población a través de las redes sociales,  la censura no solo a través de esas redes sino mediante la dictadura de lo políticamente correcto; las nuevas dictaduras neomarxistas en Iberoamérica: Nicaragua, Venezuela, Cuba, ¿Bolivia?, ¿Perú?, financiadas con el narcotráfico; el odio que la LGTB genera contra los hombres; la pérdida de valores en Occidente etc., etc.

Pueblos erradicados

Gitanos

Procedentes de El Punjab, en el norte de la India. Salieron a partir del siglo XI. Pertenecían a  las castas inferiores. En España se han dedicado a la venta ambulante, han sido tratantes de acémilas, caldereros, chatarreros, nómadas de lugar en lugar con malabares y circo mínimo con cabra. El honor del clan familiar es defendido a navaja o con recortada. Matrimonios concertados. Ritos de boda y de entierro. Cante y baile. Tradición. Les representa un agravio familiar que uno de sus miembros se case con un payo o una paya. En su deambular por el mundo perdieron su lengua y perdieron su religión, pero no perdieron la cultura del clan. Pelo negro azabache. Muestran poseer alelos muy dominantes para los caracteres físicos. Conozco personas con una dieciseisava parte de sangre gitana que aparentan ser de raza pura. Son reacios a integrarse en la sociedad paya o en ejercer otros trabajos que no sean los tradicionales nombrados. Solo recientemente –y  sobre todo las mujeres—aceptan emprender otros oficios y actividades. Los que estudian más allá de la educación primaria son la excepción, y las chicas que lo pretenden son llamadas prontamente al matrimonio.

Son un ejemplo palpable de cómo se mantiene la cultura, la raza y las normas propias a través de la tradición familiar y de vivir aislados, pues por lo general rechazan el trato con el payo y la inclusión en las estructuras sociales. Se podría decir que sufrieron una erradicación física pero que mantienen los lazos del clan familiar a modo de  raíz cultural.

Judíos

Abraham es su origen; Moisés, quien aporta la clave religiosa: un dios único, propio y exclusivo. El Éxodo, supuestamente llevado a cabo desde Egipto, es la prueba del cumplimiento del pacto con Yahvé, la conquista de la Tierra Prometida. Establecidos en Canaán, con el rey David y su hijo, el rey Salomón, establecieron un reino con gran poder. Cayeron bajo el yugo del imperio Asirio que hizo deportar a parte de la nobleza a Nínive a principios del siglo VIII a.C.  Siglo y medio más tarde, volvieron a sufrir otra deportación que es conocida como “cautiverio de Babilonia”. Durante este cautiverio se escribió el Talmud, su libro sagrado. Ciro el Grande, el emperador persa los liberó.

Esas fueron sus primeras erradicaciones. En el año 70 a.C. se rebelaron contra Roma y como castigo los romanos destruyeron el Templo de Jerusalén y decenas de miles fueron exiliados o vendidos como esclavos. Otra segunda rebelión y otra derrota trajeron una nueva diáspora en el 132 d.C.  No sería la única. Apenas hay nación en Europa que no haya firmado contra ellos decretos de expulsión. Lo hicieron los Reyes Católicos en España con los judíos sefardíes; lo habían hecho previamente –y lo hicieron con posterioridad—los reinos de Francia e Inglaterra, también el reino de Portugal, también los Estados alemanes, e incluso los Estados Pontificios. Más terroríficos aún resultaron los pogromos, el linchamiento de miles e incluso millones de judíos en diferentes partes de Europa.  En la Rusia zarista y en la Rusia soviética se orquestaron contra los judíos verdaderas matanzas. De menor amplitud los hubo también en Polonia, Alemania y Rumanía antes de la Segunda Guerra Mundial. Pero el mayor asesinato en masa lo llevó a cabo Hitler. Seis millones de judíos murieron en las cámaras de gas. Repartidos por todo el mundo, en todo lugar del mundo han sido perseguidos. El grupo mayoritario es el Asquenazi, que habitó durante varios siglos Europa central. Su lengua es el Yidish, mezcla de alemán y hebreo.

En los tiempos de Jesucristo era el arameo la lengua común y el griego la lengua de las élites culturales. El hebreo era la lengua de los eruditos que se ocupan de estudiar el Talmud y la Torá. En ese tiempo ya había más judíos en Alejandría y en la costa sur de la actual Turquía que en Israel y Judea.

Se puede decir que el siglo XX ha sido un siglo judío (Véase mi entrada: Judíos en el siglo XX). No solo destacaron en cualquier rama del saber, sino que, también, fueron los grandes señores de las finanzas  y de las revoluciones a nivel mundial. Casi un 90% de los revolucionarios en la Europa de entreguerras eran judíos. No parece que su genio haya mermado.  Douglas Murray, en La masa enfurecida, nos ofrece una pequeña muestra de ello. Un grupo de estudiantes demandó a la Universidad de Harvard aduciendo que la Universidad había excluido a estudiantes de origen asiático y otros en sus criterios de admisión. Harvard tuvo que revelar que, efectivamente, había habido casos de discriminación positiva porque, en caso contrario, la totalidad de los admitidos habrían sido norteamericanos de origen asiático y judíos asquenazis.

A pesar de la diáspora de los judíos, que se ha prolongado durante más de dos mil años, desde cualquier lugar del mundo, los judíos entonaban el “El próximo año en Jerusalén” al concluir cada Iom Kipur, e día de la Expiación, el día más sagrado para los judíos. Por más de dos mil años, desde cualquier rincón del mundo, la fe en su dios privado, Yahvé,  y la esperanza de volver a establecerse en la tierra de sus ancestros, Israel, les ha mantenido unidos como pueblo. Fueron físicamente erradicados, pero no en espíritu, y la fuerza de ese espíritu sigue actuando.

Amish

Son una comunidad religiosa de credo Anabaptista, originaria de Alemania y Suiza, que a principios del siglo XVIII recalaron en el Estado de Pensilvania, en Norteamérica. En realidad menonitas y huteritas comparten con ellos religión y forma de vida aunque se distribuyen en mayor medida por Sudamérica, África y Rusia.

Los Amish nos llaman la atención por sus normas, costumbres, ideas y formas de vivir, aunque forman 40 grupos distintos y separados geográficamente, y su rigor religioso es diferente de unos grupos a otros. Su lengua es el alemán, tildando a los vecinos norteamericanos de “ingleses”. Algunos de esos grupos, especialmente los de “La vieja orden”, guardan un modo de vida simple, sin lujo, con la misma vestimenta que sus antepasados,  incluso sin electricidad, utilizando la fuerza animal para la labranza y el transporte, y las herramientas de los gremios del siglo XV para la construcción y la carpintería. Podríamos decir que se trata de casi una perfecta sociedad comunista tal como las utopías más favorables la pintan.

Viven aislados del mundo exterior y defienden la humildad, la virtud y el pacifismo. Algunos grupos permiten que los hijos, una vez alcanzada la edad adulta, vivan una temporada en el ambiente inglés, lejos de la cultura Amish.  Luego pueden reintegrarse en la comunidad si tal es su deseo.

Están vedadas creencias que pongan en peligro su forma de vida. Mantener ideológicamente aislado al creyente es un factor primordial para que la comunidad permanezca unida. De hecho,  la misma operación se lleva a cabo entre los judíos y entre los gitanos. También en estos grupos, penetrar en otra cultura o separarse de las normas del grupo conlleva la pérdida del afecto y del amparo del clan familiar. Evitando que creencias foráneas al grupo se asienten en su conciencia, se logra cohesionado el grupo.

En el caso de los Amish es la religión, el modo de vida ancestral y el aislamiento del resto de la sociedad norteamericana la fuerza que les mantiene unidos. Al erradicarse de las tierras de sus ancestros han mantenido la cohesión social y el modo de vida mediante el aislamiento. De no ser por el engrudo familiar, religioso o cultural –mantener la cultura o la religión a toda costa—tanto gitanos como judíos como Amish no existirían como tales. Lo cual no es mejor ni peor, pero aporta variedad cultural al mundo.

La cultura y los bárbaros

De entre las obras que podemos considerar cimiento de la cultura occidental –la Biblia, la Ilíada, la Odisea, la Leyenda del rey Arturo, Don Quijote, Hamlet…—me atrevo a señalar que la Odisea, el periplo de aventuras y desventuras de un héroe de Troya, es la obra de más colorido. El ciego Homero consta como autor. La andadura de Ulises (Odiseo) por territorios mágicos, su descreimiento de los dioses, resultando, sin embargo, decisiva la influencia de estos, las tentaciones, los peligros, las ataduras del héroe a sus pasiones…, todas las cambiantes vicisitudes que las que los dioses le oponen, simbolizan el recorrido existencial de un hombre. Los vientos le conducen al país de los Cícones, y luego al país de los Lotofagos, en donde algunos compañeros probaron el fruto del olvido; en el país de los Cíclopes la astucia de Ulises les salvó del gigante Polifemo; y arribaron a la isla de Eolo, el soberano de los vientos; la infausta curiosidad de sus compañeros les alejó de las cercanías de su patria, Ítaca, y, tras la desgracia de su paso por el país de los Lestrigonos, llega a la isla de Circe la hechicera. Allí fueron convertidos en cerdos y solo la intervención de Ulises les pudo devolver la forma humana. El héroe llegó a la entrada del Hades y bajó a los infiernos, donde encontró a sus compañeros de armas de la guerra de Troya. A continuación sobrevive al peligro de los seductores cantos de las sirenas que cautivan a los hombres, y al peligro de los salientes rocosos en un mar embravecido. En la isla donde vive la ninfa Calipso pasa Ulises siete años cohabitando con ella. La añoranza de Ítaca le hace embarcarse de nuevo y, tras recibir ayuda de los feacios alcanza su meta, llega a su tierra. Y allí tiene, por último, que enfrentarse a los pretendientes de su esposa, que le dan por muerto y que han dilapidado la fortuna del héroe. Y les da muerte.

Tras de tantos ataques a la cultura por parte de esas hordas de bárbaros juveniles que destrozan estatuas y cancelan a grandes escritores de todas las épocas, tenía que llegar y ha llegado: En una escuela de Massachusetts se ha prohibido a Homero (https://www.wsj.com/articles/even-homer-gets-mobbed-11609095872). Los profesores, trogloditas en aspectos culturales, se han felicitado por ello y han publicado su jolgorio en las redes.

La barbarie ha regresado con vitalidad pocas veces vista anteriormente; porque ahora no son los iletrados bárbaros del norte irrumpiendo en el Imperio Romano, sino que son universitarios norteamericanos, chilenos, ingleses, españoles…, y sus profesores a la cabeza. Ha bastado con inocular el veneno ideológico del posmodernismo, de la ideología de género, de la hipersensibilidad y del catastrofismo climático, para convertir a millones de estudiantes en trogloditas culturales, en representantes de la barbarie. Los departamentos de Ciencias Políticas, Sociales y Humanidades, son ahora, en muchos casos y en muchos lares, rediles de acémilas, viveros de ignorantes fanatizados.

Seguramente por ignorancia, no han prohibido aún el Poema de Gilgamesh, que forma parte excelsa del cimiento cultural de la humanidad. Por ignorancia porque seguramente desconozcan su existencia. Si alguno de estos bárbaros hubiera sido lector de esa obra no dejaría de pedir que se fuese enviada a la hoguera, pues Gilgamesh, rey de Uruk –en la antigua Mesopotamia—, ejercía el derecho de pernada con las jóvenes que se iban a casar, amén de cometer otros muchos desaguisados en contra de la corrección política, la cual es hoy en día ley moral de todos los nuevos bárbaros. Serían capaces de prohibir el primer gran poema escrito –de 4800 añosde antigüedad, en escritura cuneiforme sobre tablilla de barro—de la Historia. Como Ulises, Gilgamesh realiza un viaje iniciático, en este caso, en busca de la inmortalidad. Noé, el salvador de toda especie animal, le pone dos pruebas que Gilgamesh no puede superar, así que no logra ser inmortal. Supera grandes peligros, vence a poderosas fieras, padece la muerte de su amigo Enkidu y, como Ulises, visita los infiernos y siente los escalofríos del lugar.

El parecido de una historia y otra, la de Ulises y la de Gilgamesh, es sorprendente, y es una gran verdad  que son dos grandes tesoros que han producido la felicidad de las gentes durante miles de años y que ahora se ven amenazadas por la barbarie.

Recientemente me ha llegado una carta publicada en un diario uruguayo en la que el periodista y académico Leonardo Haberkon renuncia a seguir impartiendo clases de Comunicación a estudiantes de la Universidad ORT de Montevideo. Se queja del analfabetismo, el desinterés y la incultura de que hacen gala. Creo que se podrá leer bien. No tiene desperdicio alguno. Describe los nuevos bárbaros en su salsa.

600 a.C.

600 a.C.

La hora del espíritu

La fecha, obvio es, no es precisa, pero en sus alrededores –siglo arriba, siglo abajo—brotaron en diversas partes del mundo novedosas llamaradas de espiritualidad que 2.600 años después siguen alumbrando la humanidad.

Todavía en la Ilíada, recopilada 800 años antes de nuestra era, el carácter primitivo de las gentes se manifiesta en sus dioses, apasionados seres que apoyan a troyanos o aqueos por aviesos motivos; y, realzadamente se manifiesta en su animismo, con ríos, montañas, volcanes…, repletos de poder y vida e interviniendo en el destino de los hombres.

Pero unos pocos cientos de años después, ya digo, alrededor del 600, la mirada de  Mahariva y Buda en la India, la mirada de Confucio y Lao Tzu en China, la mirada de Zaratustra en Persia y la de Pitágoras en la Magna Grecia, es una mirada nueva que no inquiere tanto al mundo como al interior de uno mismo; que—con la excepción de Zaratustra—rechazan los dioses y sus doctrinas, rechazan la rudeza y la violencia; es una mirada que no busca el amparo a sus desdichas en lo sobrenatural; que se aparta de la gloria, el poder y las riquezas; que busca erradicar el propio sufrir. Todos esos personajes son portavoces de una nueva sensibilidad, todos ellos desatienden los espíritus y se presentan como clarines de espiritualidad. Todos ellos nacen en sociedades que llevan siglos sufriendo calamidades y guerras, dolor y miseria general, así que su doctrina trata de ser una guía para evitar el sufrimiento.

El Jainismo, surgido de Mahariva, postula que el mundo es penetrado por un espíritu universal que vela por mantener la armonía y la justicia. Su primer mandamiento es el respeto a la vida. En sus orígenes se acompañaban de una escobilla con la que barrían su camino en previsión de no pisar algún pequeño animal. Para el Jainismo no hay Dios, y el Cosmos no tiene comienzo ni fin. Las almas, liberadas de la materia kármica, constituyen un solo gran espíritu; un Espíritu que impregna todo y hace a lo viviente parte de un único Ser. El recto camino, el conocimiento recto y la conducta recta, son sus guías.

También el Budismo descree de los dioses. El mundo y el alma son ilusiones de nuestros deseos, y de ellas surge el sufrimiento. De ahí que para acabar con el sufrimiento es preciso desprenderse de ilusiones y deseos. Cuatro Nobles Verdades y ocho caminos es preciso seguir para extinguir el sufrimiento. Si tal, se alcanza el Nirvana, la iluminación, la liberación del hombre de su atadura a la rueda de las pasiones.

Las antiguas religiones chinas tenían a los antepasados como fuente de energía mágico-religiosa. Todo se regía por dos principios antagónicos y complementarios, el yin y el yang, y se sacralizaba un misterioso Tao, “una totalidad viva y creadora sin forma ni nombre”, nos dice Mircea Eliade. Confucio y Lao Tzu se hallaban imbuidos de estas creencias, pero las aplicaron a propósitos y doctrinas bien distintas. Mientras que Confucio hizo pedagogía con el fin de lograr una sociedad justa y armónica mediante la formación de los mejores hombres para la administración política[1], Lao Tzu enseñó  que vivir de acuerdo al Tao sólo es posible fuera de la organización social. Ninguno de los dos otorgó importancia a las especulaciones acerca de los dioses.

Confucio atiende  dos frentes, el individuo y  la organización social. Su propósito respecto a ésta es que funcione; su propósito respecto al individuo es el de alejarlo de la desazón que produce el vivir, y para ello aplica  la técnica de fijar la atención de la conciencia en el obrar rutinario. El practicar el rito, el seguir la costumbre ceremonialmente, la disciplina, la virtud, en suma, el trabajo perfeccionista, son los valores que predica. Los ritos adquieren para Confucio una fuerza mágico-religiosa, y la disciplina de un hombre irá dirigida a conseguir ritualidad en cada gesto y en cada comportamiento.  En cambio, Lao Tzu considera que la justicia y los ritos ensalzados por Confucio son inútiles y peligrosos. El Taoísmo trata de no interferir en la marcha de las cosas, y por esa razón prefiere vivir al margen de la vida pública. Practica la no violencia, alegando que lo blando y lo débil acaban venciendo a lo duro y lo fuerte; así que ensalza las virtudes femeninas, la debilidad, la humildad, la androginia, la relatividad de los estados de conciencia…

Los persas se habían recién unificado con los medos en un gran imperio cuando nació Zaratustra, un reformador de la religión tradicional indoirania, pero, sobre todo, un gran reformador moral. En contraposición a los dioses indoeuropeos reinantes, faltos de sensibilidad y carentes de virtudes, Ahura Mazda, el Dios supremo que Zaratustra ensalza, posee las cualidades de la omnipotencia, la santidad y la bondad. Ahura Mazda castiga a los malvados y premia a los justos, así que todo mazdeísta ha de luchar contra el Mal. El dualismo Bien y Mal[2] cobra fuerza. La guía del creyente se basa en tres principios éticos: buenos pensamientos, buenas palabras, buenas acciones. Frente a las formas morales preexistentes, en que los dioses gobiernan el destino de los hombres y el individuo debe aplacarlos con sacrificios, el gran cambio ético que el zoroastrismo aporta, es que el hombre es libre para elegir hacer el bien o el mal. Las personas son libres y se hacen responsables de  su destino.

Alrededor de la época en que vivieron y divulgaron sus doctrinas estos pensadores nombrados, vivió Pitágoras en la Magna Grecia, en Crotona, y allí creó su escuela. Se le atribuye ser uno de los iniciadores de la filosofía griega, establecer los principios matemáticos de la música, contribuir decisivamente a la geometría, y  crear una sociedad de carácter místico. En lo que a nosotros concierne, en cuanto a sus doctrinas éticas, creó una fraternidad mística que practicaba el ascetismo y el vegetarianismo, que pretendía la purificación espiritual, y cuya fe reposaba en el principio de la metempsicosis, en que el alma se une a lo divino y se reencarna.

¿Cuál es la importancia que tienen en la actualidad todas estas creencias? Inmensa. En el naturismo, en el ecologismo, en el animalismo, en el hipismo, en el veganismo, en todas esas formas de religiosidad popular que participan del animismo, de la astrología, de la creencia en una justicia universal (así te comportes con los demás, así se comportarán contigo etc), que participan de la creencia en que todo ocurre según una mágica reciprocidad justiciera, y también todos esos grupos que practican la ascesis o el misticismo. Hoy, como en la época en que surgieron –porque se trata de necesidades intemporales, de necesidades debidas a la naturaleza humana—, huyendo del sufrimiento que causa el mundo,  la gente busca refugio  en la soledad, en el misticismo, en sofocar el bullicio y el trasiego de una inquieta mente que nos atormenta, busca refugio en  las creencias que proponen modelos de pensamiento y de conducta que esquiven los deseos, los temores, lo rudo y violento, las ilusiones vanas, el contacto con la alteridad de la gente. Tal como ya aparece en las antiguas Upanishads de la India, hoy «el hombre se conecta con la divinidad a través del hilo que une este mundo con el otro mundo y con todas las cosas».


[1] Sus discípulos lograron que 250 años después de la muerte de su maestro, el soberano chino encargara a los confucianos la administración del imperio. Su doctrina ha servido de guía a los servicios públicos durante dos mil años.

[2] Durante la cautividad de Israel en Babilonia, la formas religiosas de Oriente Medio, y entre ellas el judaísmo, toman del mazdeísmo muchas de sus creencias y mitos: la Resurrección de los Muertos, el Juicio Final, el viaje de las almas hacia el Cielo, los ángeles y demonios, el Bien y el Mal, la lucha entre ángeles y demonios, el juicio de las almas según los pecados cometidos en vida, la anunciación de un Mesías redentor… Creencias que serían traspasadas al cristianismo.

DOS LIBROS REVELADORES

DOS LIBROS REVELADORES

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Los dos libros hablan de imposturas. Son: Imposturas intelectuales, de los físicos Alan Sokal y Jean Bricmon (2008); y La gran mascarada, del filósofo y periodista francés, Jean-Françoise Revel (2000). ¿Por qué son reveladores? El primero, porque revela cómo mediante un lenguaje deliberadamente engañoso los filósofos del posmodernismo –de cuya ubre se amamanta esa Inquisición que conocemos como Corrección Política—se dedicaron a engatusar incautos, a convencer a bobos y a dar apariencia de profundidad a la mera simpleza. El segundo, porque desenmascara la labor de zapa de los intelectuales de izquierda para, mediante un descarado agitprop de un imaginario peligro fascista, tapar los crímenes del comunismo y resucitarlo. Más que comentarlos, expondré algunos extractos. Vayamos a ellos.

Imposturas intelectuales

Del primero importan tanto la genealogía de los hechos y los motivos como su contenido. En 1996 Alan Sokal,  físico de la Universidad de Nueva York, envió para su publicación un artículo a la revista norteamericana de estudios culturales Social text. Dicho artículo estaba plagado de citas absurdas sobre física y matemáticas tomadas de algunos intelectuales franceses y estadounidenses enrolados en el Posmodernismo. La revista no solo publicó el artículo sino que lo lanzó en una edición especial. Posteriormente, Sokal reveló que se trataba de una parodia, de un engaño. Pero los editores ya habían picado. El artículo se titulaba: “Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica”. En él decía  cosas como éstas:

…más recientemente , las críticas feministas y postestructuralistas  han desmitificado el contenido sustantivo de la práctica científica occidental dominante, revelando la ideología de dominación oculta tras la fachada de “objetividad”. De este modo se ha evidenciado cada vez más que la “realidad” física, al igual que la “realidad” social es en el fondo una construcción lingüística y social; que el “conocimiento” científico, lejos de ser objetivo, refleja y codifica las ideologías dominantes y las relaciones de poder…

El ruido que originó la burla entre la intelectualidad de las facultades de humanidades francesas fue tan fuerte que los ataques a Sokal le vinieron agavillados. Como respuesta y defensa, en colaboración con otro físico, Jean Bricmont, escribió el libro Imposturas intelectuales, en donde examina y pone al descubierto los auténticos sinsentidos de muchas de las afirmaciones que proclaman los posmodernistas franceses y americanos.

De la filósofa francesa Luce Irigaray nos muestra estas perlas:

…que la teoría física del flujo turbulento en los fluidos, no está resuelta porque la fluidez es propia de la mujer, siempre marginada por la ciencia, mientras que la teoría de cuerpos sólidos  se encuentra muy desarrollada porque lo sólido se identifica con el rígido órgano masculino.

O esta otra, también suya:

E=mc2 es una ecuación sexuada[1] pues privilegia la velocidad de la luz respecto a otras velocidades no menos importantes.

O aún esta otra:

                La forma de las balas y de los cohetes es como es porque se parece al falo masculino.

Como se ve, la cosa no tiene desperdicio.

Quizás quien salga peor parado sea Lacan, el psicoanalista al que se le suicidaban sus pacientes pero que creó un gran rebaño de adeptos a sus oscuridades; un rebaño que aún está vivo. Lacan no solo hace analogías entre el lenguaje y el psicoanálisis, sino también entre la topología y el psicoanálisis:

…el toro constituye exactamente la estructura del neurótico … En este espacio de goce, tomar algo acotado o cerrado constituye un lugar, y hablar de ello constituye una topología.

O entre la teoría de conjuntos y el psicoanálisis:

En todo caso, ¿qué implica la finitud demostrable de los espacios abiertos capaces de recubrir el espacio acotado y cerrado en el caso del goce sexual? Que dichos espacios puedan tomarse uno a uno –y ya que estoy hablando del otro polo, pongámoslo en femenino—una por una. Es precisamente esto lo que sucede en el espacio del goce sexual, que por ello resulta ser compacto.

O entre el cálculo y el psicoanálisis:

…la vida humana se podría definir como un cálculo en el que el cero sería irracional. … Cuando digo “irracional” no me refiero a cualquier estado emocional insondable, sino precisamente a lo que se denomina un número imaginario.

Con tales perlas y otras varias que Sokal y Bricmont desgranan y ponen de manifiesto el carácter fantasioso de esas “matemáticas” y de esa “psicología” de Lacan. Frases carentes de sentido, misticismo, lenguaje calculado y críptico, fraude, he ahí las artimañas de Lacan –a quien se sigue reverenciando y a quien sigue aún un extenso rebaño. Sakal y Bricmont analizan ese abuso de la ciencia por parte de otros muchos intelectuales, posmodernistas y adeptos al programa fuerte en la sociología de la ciencia. Latour, Jean Baudrillard, Deluze, Guattari, Debray, Lyotar, Khun, Feyerabend y otros muchos promotores  del Posmodernismo y que utilizan a su antojo –sin comprensión de los conceptos que emplean—las teorías científicas para sus propósitos, son pasados por el rodillo analítico de Sokal y Bricmont

Terminan señalando:

Los estudiantes aprenden a repetir y adornar discursos de los que casi no entienden nada. Hasta pueden, con suerte, llegar a ser profesores universitarios sobre esa base, convirtiéndose en expertos en el arte de manipular una jerga erudita. Al fin y al cabo uno de nosotros (Sokal) consiguió, en tan solo tres meses de estudio, dominar suficientemente el lenguaje posmoderno como para publicar un artículo en una prestigiosa revista. … Los discursos deliberadamente oscuros del posmodernismo y la falta de honradez intelectual que generan envenenan una parte de la vida intelectual.

La gran mascarada

Resulta curioso –y también significativo, a poco que se piense—que los partidos liberales europeos (aquellos que por su moderación se posicionan en el centro del espectro político y cuyas ideas son más cercanas al sentido común ciudadano), suelen irrumpir con fuerza y con resultados electorales grandiosos en sus comienzos, erigiéndose en baluarte de los valores democráticos, pero con el tiempo se desmoronan. Así, el partido liberal británico, heredero de los gloriosos whigs, apenas existe; el alemán apenas cosecha unos diputados; en España tuvimos a la UCD, prontamente desaparecida, y ahora tenemos a Ciudadanos, que en su comienzo estuvo a punto de comerse el mundo y hoy recibe la extremaunción; y tenemos el caso de Francia, son Emmanuel Macron a la cabeza, que desde la nada se elevó al poder y que hoy sufre tumbos en las urnas. Parece como si la mesura fuese una mala aliada de la política, como si la razón no tuviese entidad suficiente frente a la visceralidad de los mensajes de otros partidos políticos. Uno puede creer que el centro político se encuentra muy limitado a izquierda y derecha, que enseguida empieza el terreno que otras entidades políticas reivindican, que a poco que una propuesta suya se escore a un lado u otro, encontrará rechazos y abandonos en sus filas.

Bueno, Jean Françoise Revel es un pensador liberal en el sentido dicho: en el sentido emplear la razón en discernir lo justo lo justo de lo injusto, lo perjudicial de lo beneficioso, al culpable del inocente; en el sentido de ofrecer razones que se ciñen a los hechos.

 El libro que es ahora nuestro asunto se escribe cuando ya han pasado diez años desde la caída del Muro y del fracaso estrepitoso del comunismo en todo el mundo. Se acaba de publicar el Libro negro del comunismo, donde se expone con mano firme los más de cien millones de muertes que ese sangriento monstruo ha cometido. Pero tal fracaso y tal museo de los horrores apenas ha hecho mella en socialistas y comunistas franceses, que se han limitado, por lo bajo, a reconocer los crímenes (a regañadientes, después de haberlos negado encarecidamente durante decenios). Sin embargo, no achacan su autoría al comunismo, sino a desviaciones o desvaríos en su aplicación. Para ellos el comunismo sigue manteniendo toda su pureza y todas sus virtudes.

Hay, dice Revel, una campaña de los intelectuales de izquierdas destinada a la justificación póstuma del comunismo, un intento de rehabilitación del marxismo-leninismo, y una sonrojante actitud de negación de que la realidad posea autoridad probatoria. Que todos los regímenes comunistas del mundo hayan sido criminales y hayan llevado a la miseria, no prueba nada. Intelectuales y políticos enrocan el comunismo en la fortaleza de la Utopía, que resulta imposible de objetar, y la dan una apariencia beatífica. En vez de juzgar al comunismo por sus hechos lo juzgan por su presunta candorosa intención. De ese modo lo salvan.

Pero, también –y en esto entra de lleno la actualidad española, que siempre sigue a media distancia a la política de Francia—, la comunistas y socialistas dan alas a la artimaña de publicitar un inexistente peligro fascista con el fin de resucitar el comunismo, único, según ellos, de hacer frente a ese peligro. ¡Como si el yugo comunista fuese más flojo que el fascista!, ¡como si el nazismo y el comunismo no fueran hermanos siameses!, aunque, ¡no!, no se puede comparar el grado de criminalidad del fascismo italiano con el de cualquier régimen comunista! En cualquiera de estos últimos se torturaba y se fusilaba mucho más que en aquel. Sin embargo, los crímenes prescriben si el autor es el comunismo, pero nunca lo hacen si es el fascismo.

De igual modo, para los intelectuales y la clase política, sea ésta del signo que sea, se tiene muy distinta consideración hacia las dictaduras según sean de un signo u otro. A Pinochet se le contabilizan 3.000 muertos y a Fidel Castro 17.000. Pinochet elevó el nivel de renta económico de Chile por encima del de cualquier otro país latinoamericano; Castro ha mantenido a Cuba en la miseria. Pinochet es considerado en todo Occidente la horrible bestia asesina; Castro es recibido con alharacas por políticos de todos los colores. El ex presidente Zapatero le remitió una carta de rendido amor y veneración. La indigencia mental puede producir desvaríos.


[1] Es la ecuación de Einstein que nos relaciona la masa de un cuerpo con la energía potencial que dicho cuerpo almacena.

Bohr, Pablo Iglesias, Bencemá, Dersu Uzala

Niels Bohr

Niels Bohr, uno de los fundadores de la Mecánica Cuántica y sumo representante de la llamada “Interpretación de Copenhague”, muy aficionado a los Westerns, tenía una curiosa hipótesis acerca de los duelos con revolver en el lejano Oeste americano. Sostenía que en un duelo a revolver tiene ventaja el que espera a que el otro realice el intento de desenfundar. Alegaba que intentar ser el primero en desenfundar conlleva poner en marcha el complejo mecanismo neuronal de tener que tomar la decisión y de activar el sistema motor, lo que reporta un gran gasto de energía mental y un considerable retardo. En cambio, el que espera a que el otro realice el intento actúa de forma refleja, automáticamente, pues es la amígdala – donde llega la información antes que a la conciencia—la que pone en marcha, de manera refleja, el sistema motor, lo que reporta un menor gasto de energía mental y una mayor rapidez en la respuesta. Así que el que espera tiene mayores probabilidades de vencer.

Me atrevo a lanzar esta otra hipótesis: “Entre dos que discuten acaloradamente y tienen prohibido el uso de la fuerza física para dirimir la disputa, el que es físicamente más débil actúa con ventaja.” La razón que aporto es que el más fuerte de los dos ha de emplean una gran energía mental en sofocar sus impulsos a imponerse por la fuerza, impulsos congénitos a la especie humana, es decir, que la inhibición de tales impulsos le resulta muy costosa. Tan alto coste inhibitorio impide que el fuerte pueda echar mano de sus recursos para argumentar. El débil tiene todas las papeletas para ganar la discusión o para que el fuerte se retire de ella encendido.

Bencemá

Creo que la humanidad se enfrenta hoy en día a tres grandes misterios. El primero, entender la extraña complicidad de los grandes multimillonarios de Occidente con la izquierda más rabiosa. El segundo, el extraordinario mundo de posibilidades y de nueva lógica que la mecánica cuántica abre al pensamiento humano. El tercero, ¿qué hace Bencemá en el Madrid?

Pablo Iglesias

He de admitir que cada día me admiro más por las capacidades de ese monstruo sediento de poder que es Pablo Iglesias. Engulle, digiere y regurgita todo cuanto le sale al paso sin sufrir indigestión de ningún tipo; destruye a cuantos le respetaron y amaron sin que asome en él un ápice de pesar o arrepentimiento; como un mesías demoniaco, utiliza a todos en su propio provecho. Un Lenin, sin duda alguna. Un individuo que mataría a media España con tal de poder reinar él sobre la otra media.

De entre sus variadas mujeres ha escogido formalizar pareja con la que tiene menos luces y más gritos, con aquella que conecta de tú a tú con el griterío ultrafeminista cual una verdulera de mercado con sus clientas.

Ahora dirige el Centro Nacional de Inteligencia y tiene en sus manos los expedientes secretos de jueces, periodistas y políticos, ¿algún ingenuo piensa que llegará a ser juzgado de los delitos de los que se le acusa? Como decía Trotsky, “La intimidación es el medio más poderoso de acción política”

Pablo Iglesias pescando en el río de los ilusos

En busca del poder a cualquier precio, Pablo Iglesias se ha especializado en crearse una máscara opaca que oculte sus verdaderos rasgos. Igualitarista de pro, lanza de cuando en cuando mensajes que pueden parecernos ridículos y absurdos pero que están guiados por la intención de recoger adhesiones en ambientes políticos y sociales que no son los suyos. Por ejemplo, al recogerse en un moño propio de mujer su conocida coleta de pelo, al referirse a los miembros de Podemos como “nosotras”, o pasar a llamarse Unidas Podemos, intenta pescar en el río de feminismo y ocultar su empedernido machismo tantas veces puesto en evidencia. Recientemente ha echado el anzuelo en las aguas del animalismo con la propuesta de que los lunes no se debería servir carne en los restaurantes y en los colegios por respeto al sufrimiento animal. De seguro que pronto lanzará alguna proclama medioambientalista de chillón contenido como cebo reluciente para pescar incautos en esas aguas.

Dersu Urzala

Es una bellísima película dirigida por Akira Kurosawa acerca de un cazador en la taiga siberiana. La razón de cómo nos impacta la película se debe al modo rousseauniano en que nos es presentado el personaje: revestido de inocencia, y, por contraste, nos hace sentir que es la civilización quien hace fructificar todos los males. Sin embargo, creo que el retrato está mal encuadrado. Sí es creíble el animismo de Dersu Uzala, ese mirar todas las cosas –el viento, las montañas, los árboles, el tigre…–como si estuvieran dotadas de alma, pero pienso que el personaje real de la historia tenía que gozar de más precaución y astucia, como exige la supervivencia en un medio lleno de peligros. Sobre todo precaución ante los humanos.

En fin, también nos sentimentaliza el personaje por su relación íntima con ese algo inconcreto que sentimos ante la naturaleza salvaje y sus peligros (que no nos afectan como tales porque estamos seguros frente al televisor), y, sobre todo, porque el Dersu Uzala de la película carece de otredad, y nos encontramos ante él como ante un corderillo, y es como si lo acariciáramos. Esa sensación total de no-enemigo que nos produce Dersu Uzala nos trae recuerdos de nuestra inocencia perdida y de la felicidad de la infancia; por eso lo amamos.