CABALLEROS, BRIBONES, INCERTIDUMBRES Y BULOS

Si se encuestase a la gente de este país sobre el asunto, no me caben dudas de que Sánchez y Tezanos resultarían elegidos los dos mayores propagadores de bulos. No creo que exista un consenso tan abultado sobre la figura política más comprometida con la verdad, aunque yo me inclinaría por nombrar para ese puesto a Cayetana Álvarez de Toledo. En cualquier caso, el problema que quiero resaltar es la dificultad que aparece en política para discernir al propagador de bulos del que se compromete con la verdad, ya que cada uno de ellos tiene su propio y aclamante público. La cosa se enmaraña si se tiene en cuenta que existen bulos de muchos tipos; así, están los bulos de la negación, de la justificación, de la exageración, de la acusación…, por lo que es necesario poner un poco de orden lógico en el asunto.

Raymond Smullyan (1919-2017) fue un matemático, mago, filósofo, lógico, pianista y humorista, creador de varios libros de pasatiempos lógicos. En uno de ellos, Juegos por siempre misteriosos, cuenta que una isla está habitada por dos tipos de personas, los Bribones y los Caballeros. Los bribones siempre mienten y los caballeros siempre dicen la verdad, por lo que ninguno de ellos declara que es un bribón: el caballero no puede mentir diciendo que es un bribón y el bribón, que siempre miente, se declarará un caballero. Ahora, me voy a permitir la licencia de identificar a los propagadores de bulos con los bribones, y con caballeros a quienes se comprometen con la verdad. Ya sé que tal identificación no es de lógica rigurosa, pero me puede servir para expresar una idea. Según esto, Sánchez y Tezanos serían bribones y Cayetana sería caballero.

Entonces, ¿cómo saber si cuando se comunica una idea o se refiere un hecho se está propalando un bulo o no?, o, ¿cómo saber si quien lo expresa es un bribón o un caballero?, lo cual viene a ser lo mismo. Porque resulta que el público que confía y aclama al bribón está convencido que éste es un caballero, y que el bulo por el que se le acusa es una verdad como un templo. Ni siquiera la presentación de evidencias que confirman el bulo sirve para aclarar la posible duda, pues el bribón alegará ante su público fiel que tales supuestas evidencias son falsas, que son bulos que lanzan los ‘bribones’ para desacreditar a un caballero como él (por ejemplo, alegará que los jueces, los periodistas, los testigos, los custodios de las pruebas, todos aquellos que evidencian el bulo son bribones, es decir, que todos ellos utilizan bulos para negar su verdad).

Los motivos de esa fidelidad de su público suelen ser ideológicos, de ignorancia y de sentimentalidad, motivos extraordinariamente ‘convincentes’. Así que no vale llevar un registro de los bulos de un bribón, pues, como ya se ha dicho, el público fiel al bribón las consideraría bulos y manipulaciones.

Los bribones suelen emplear un tipo de bulo que denomino de “inversión especular”: acusan a los caballeros de ser los autores de la fechoría que ellos mismos llevan o han llevado a cabo. Y la misma inversión se produce en el juicio que emite ese público que se muestra fiel a los bribones, percibiendo a los caballeros como bribones y a estos como caballeros, tal como la imagen de una casa reflejada en las aguas de un lago (vista desde el otro lado). De todo ello se infiere la dificultad de resolver quién es caballero y quién es bribón. Y, yendo más allá, es cierto que se han llevado a cabo propuestas de control de bulos, pero eso no resuelve el problema, pues… ¡Y si los controladores de bulos son bribones!

En este punto empieza de nuevo el círculo: si tales controladores son caballeros, serán acusados de ser bribones por estos; en caso de ser bribones también recibirán esa acusación, pero estos causarían un gran perjuicio a la verdad, ya que propalarían que las verdades son bulos y que los bulos son verdades. Es decir, los controladores bribones realizan una inversión especular de la realidad. Como resulta obvio, los bribones tienen ventaja sobre los caballeros pues, mientras que estos se atienen a la verdad (aunque no les convenga o incluso si les perjudica), los bribones siempre obtienen beneficios de mentir (para eso se diseña la mentira) e incluso pueden obtenerlos de algunas verdades, es decir, los bribones adaptan el relato a su conveniencia y beneficio.

Otro aspecto más de esta batalla favorece a los bribones: el hecho de que los ‘oportunistas’ se alían generalmente a ellos. Un oportunista sabe quiénes son caballeros y quiénes son bribones, sabe qué enunciado es un bulo y qué otro que no lo es,  pero también sabe que la mentira produce más réditos que la verdad, así que se aliará con los bribones (Pongamos por caso las grandes empresas del IBEX). Pero aún establece más alianzas con aquellos grupos que, agobiados por los pesares de la incertidumbre, han caído en el nihilismo moral de considerar la percepción de sí mismos como verdad esencial. También estos grupos apoyan a los bribones. ¿Se entiende que todo tipo de bribones haya impuesto su relato, su mentira, desde que el mundo es mundo? Por otro lado, ¿puede el rebaño digerir la verdad?