A PROPÓSITO DE ODISEO

Unos años atrás, cuando el movimiento Woke parecía haber alcanzado su punto álgido, en una escuela Massachusetts y con gran regocijo de los profesores, se prohibió a Homero. Seguramente ―debido a su propia ignorancia―, esos profesores que se regocijaron prohibiendo a Homero hubieran prohibido también esa otra obra cumbre de la literatura, el primer gran viaje iniciático escrito: El Poema de Gilgamesh. En esos años no solo se produjo ese criminal hecho contra Homero, en  un buen número de universidades angloamericanas los alumnos exigieron borrar de los estudios universitarios a Aristóteles, a Platón, a Rudyard Kipling, a Mark Twain…, e incluso que se erradicara la obra Matar a un ruiseñor o los cuentos infantiles de siempre… por ser racistas y fascistas. 

“Los héroes mitológicos sobran ―debieron pensar esos nuevos bárbaros, esos profesores y alumnos―, ya tenemos nuestro Capitán América, nuestro Iron Man, nuestro Hulk, nuestra Viuda Negra, nuestro Ojos de Halcón…”. De lo que se trataba ―y se trata―es de suplantar en el colectivo la profundidad de los relatos mitológicos con lo superficial de estos nuevos relatos, de reemplazar en la conciencia los dramas de la existencia con cuentos infantiles.

Con la maestría que le caracteriza, Nolan nos presenta una nueva Odisea cinematográfica con ciertos toques woke y algunos desajustes históricos. Pero no son estos toques ni esos desajustes lo que me resulta preocupante, sino el hecho de que una buena parte del público actual, por no haber leído a Homero ni conocer el mundo cultural griego y mesopotámico, esto es, por carecer de las claves de interpretación de las obras clásicas, vea a Odiseo y a la Odisea con los mismos ojos con que ve a los héroes de Marvel: mera fascinación por las formas, la animación y el colorido. Ese público no percibirá el animismo que aún restaba en aquel mundo griego; ni verá en la entrada de Ulises al Hades (y su encuentro con sus compañeros de armas en la guerra de Troya) un descenso a las profundidades de uno mismo; ni el seductor canto de las sirenas le suscitará razones acerca de la naturaleza humana; ni tampoco el gigante Polifemo en el país de los Cíclopes, o la conversión de sus compañeros en cerdos por encanto de Circe la hechicera, ni la cohabitación de Ulises con la ninfa Calipso, ni que sus hombres tomasen la fruta del olvido…suscitarán en ese público razones que vayan más allá del colorido y aventura con que se presentan. No verán el viaje al interior de uno mismo, ni la metamorfosis que causa en el alma los diez años de guerra y diez de pruebas a que el héroe se ve sometido. Tampoco se cuestionará este público el que Ulises descrea de los dioses y que sean estos quienes marquen su rumbo y su destino.

No, con el escaso bagaje cultural que el sello de los nuevos tiempos imprime en la conciencia de los jóvenes estudiantes, y con la superficial mirada con que las nuevas generaciones miran hoy el mundo, sin penetrar en el fondo del alma de las cosas y de uno mismo, Homero, la Ilíada y la Odisea quedan reducidos a meros artículos de consumo y entretenimiento. Meros “Capitán América”, meras formas Woke de la cultura. Lo woke triunfa.

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