Archivos Mensuales: marzo 2026
A LOMOS DE TRES SIGLOS
Al finalizar el primer cuarto del siglo XX los ideales igualitarios llegados del siglo XIX se plasmaron en gobiernos revolucionarios tanto en Rusia como en Alemania. Y en uno y otro país se dispusieron a saborear las mieles del paraíso comunista que celebraba la igualdad total de todos los hombres. Los intelectuales europeos, cuyo idealismo les ocultaba el sol de la realidad, acudieron como moscas a certificar el sabor de tales paraísos. Y aunque volvieron celebrando con loas los prodigios y libertades que habían presenciado, pronto se reveló (excepto para aquellos que se niegan a ver) el fiasco de tales supuestos paraísos. Como reacción a ese fiasco, una parte del socialismo alemán e italiano tiró por la calle del medio, donde se exaltaba a la patria y al Guía o Conductor, y ya sabemos a dónde condujo esa calle.
Entonces, unos cuantos intelectuales judíos no se dieron por vencidos ante el fracaso en la plasmación de sus ideales y formaron la llamada Escuela de Frankfurt; no con el fin de lanzar diatribas contra el paraíso comunista ―por la frustración que la praxis comunista les había causado―, sino con el propósito de horadar el caparazón del capitalismo desde dentro. Los más conocidos de ellos marcharon a tomar el sol a California y a infundir desde las universidades el veneno del resentimiento y del odio. Algunos de ellos se dedicaron a poner en solfa la razón como instrumento rector en los asuntos sociales, pero el más venenoso de todos, Marcuse, cual pijo progre de aquel entonces, predicó directamente el modo de destruir el sistema. Marcuse, percibe que los proletarios no le hacen caso y propone cambiarlos por ecologistas, animalistas, feministas, inmigrantes y delincuentes (lo que importa es el socialismo, no las gentes), y así nos va desde entonces.
Total, que el posmodernismo filosófico francés (los del “todo vale”, “no hay verdad”, “bla, bla, bla”, los de “viva el relato y la impostura”) sigue ese hilo e, imitando a los de Frankfurt, en vez lugar de marchar a la URSS para disfrutar de aquel paraíso, marchan por temporadas a USA donde las universidades ―ya infiltradas por los que habían llegado a tomar el sol de California― les acogen con los brazos abiertos. Y en esas universidades se encuentran rebaños de estudiantes y profesores ya convertidos en estúpidos que, a modo de aquellas bandas de mendigantes medievales que recorrían los caminos de Europa flagelándose para expiar sus pecados, manifiestan contrición y culpa por ser blancos. Y, para colmo de estupideces, pretenden destruir el sistema que les mantiene a cuerpo de rey, pretenden cortar la rama que les sostiene: amedrantan y amenazan a quienes expresan una opinión distinta, defienden la Cuba de los Castro y la Venezuela de Chaves y Maduro, y sueñan con el paraíso comunista. Con esas influencias académicas, Norteamérica se hace Woke. ¿Es posible ser más imbécil?
En esas que llegamos al siglo XXI y Europa ha sido ya sembrada de tontos que creen que Marcuse, Adorno, Foucault, Derrida y compañía son seres iluminados que alumbran nuestro camino. Así que unos pocos medio idos, los nuevos proletarios previamente nombrados (y desquiciados de todo tipo), para quienes los Foucault y compañía han elaborado una nueva doctrina, acuden en tropel a unirse a la tropa y a la bicoca que les han preparado por sus servicios de sans-culottes en las calles y, la izquierda de siempre, para mantenerles contentos redacta leyes locas en las que el sentido común, la justicia y los valores se hallan ausentes. En esas estamos.
DISTOPÍA Y ENAJENACIÓN

ENAJENACIÓN
En la conciencia de los avispados, el mundo a su alrededor se derrumba. La razón y la libertad, los pilares que sujetaban las estructuras sociales, están siendo reemplazados por una argamasa de mentiras, locuras, engaños, sentimentalidad, prohibiciones y doctrinas desquiciadas que hacen líquido todo cuanto se construye con ella. Ese líquido es encauzado a conveniencia de las élites y de los líderes ideológicos para infundir creencias donde las cosas están del revés: se dice actuar en nombre de la libertad para abolirla; se achaca a los demás el odio que uno siente; se culpa al otro de lo que uno hace…Se pretende el control social y se utilizan para ello todo tipo de estratagemas: el neolenguaje orwelliano, la ventana de Overton, los principios de Goebbels, el método del burro volador de Benegas. Todo con la finalidad de que la gente odie la libertad y odie la razón (razón en el sentido de búsqueda de la verdad, de acuerdo con Bertrand Russell) y con el propósito de imponer una fluida sentimentalidad y una visión fantasmagórica de la realidad como formas rectoras de las conciencias.
Las altas instituciones mundiales, burocratizadas hasta la médula, no son ajenas a la infusión de estas creencias, al contrario, dirigen el proceso de reemplazo. La ONU, esa inoperante y despilfarradora cloaca cuyo Comité de Derechos Humanos está regido por representantes de las naciones que más conculcan esos derechos; esa ONU que felicita efusivamente al líder de Irán, Jamenei, por su cumpleaños y tarda varias semanas en alertar de que en la calle mueren los ciudadanos por la represión de su régimen… El Consejo de Europa, esa camarilla de burócratas que ordenan a un Parlamento ―donde votan lo mismo la izquierda más rotunda y la derecha del PP― firmar esto o rechazar aquello. La OMS, que necesitó varios meses y cientos de miles de muertos por la pandemia para decir esta boca es mía. El gobierno de España, empeñado en controlar todos los poderes del Estado y de la democracia―en dar un golpe de Estado―para mantener en el poder a un psicópata…
Si a lo dicho le agregamos que en la actualidad crecen aparejadamente la complejidad del mundo, el número de sectarios y la ignorancia, con el resultado de que las relaciones humanas se están convirtiendo en relaciones entre rebaños dispuestos a luchar entre ellos a la voz de su amo y a ser llevados hacia un despeñadero sin oponer la menor resistencia. Y si aún añadimos que la IA aspira a desbaratar la creatividad y la operatividad de los individuos, y que la venidera computación cuántica promete controlar incluso nuestros pensamientos, ¿hay motivos para sentirse optimista acerca del futuro que nos espera?, ¿no nos indican las tripas que éste será distópico?

DISTOPÍA
En la conciencia de los avispados, el mundo a su alrededor se derrumba. La razón y la libertad, los pilares que sujetaban las estructuras sociales, están siendo reemplazados por una argamasa de mentiras, locuras, engaños, sentimentalidad, prohibiciones y doctrinas desquiciadas que hacen líquido todo cuanto se construye con ella. Ese líquido es encauzado a conveniencia de las élites y de los líderes ideológicos para infundir creencias donde las cosas están del revés: se dice actuar en nombre de la libertad para abolirla; se achaca a los demás el odio que uno siente; se culpa al otro de lo que uno hace…Se pretende el control social y se utilizan para ello todo tipo de estratagemas: el neolenguaje orwelliano, la ventana de Overton, los principios de Goebbels, el método del burro volador de Benegas. Todo con la finalidad de que la gente odie la libertad y odie la razón (razón en el sentido de búsqueda de la verdad, de acuerdo con Bertrand Russell) y con el propósito de imponer una fluida sentimentalidad y una visión fantasmagórica de la realidad como formas rectoras de las conciencias.
Las altas instituciones mundiales, burocratizadas hasta la médula, no son ajenas a la infusión de estas creencias, al contrario, dirigen el proceso de reemplazo. La ONU, esa inoperante y despilfarradora cloaca cuyo Comité de Derechos Humanos está regido por representantes de las naciones que más conculcan esos derechos; esa ONU que felicita efusivamente al líder de Irán, Jamenei, por su cumpleaños y tarda varias semanas en alertar de que en la calle mueren los ciudadanos por la represión de su régimen… El Consejo de Europa, esa camarilla de burócratas que ordenan a un Parlamento ―donde votan lo mismo la izquierda más rotunda y la derecha del PP― firmar esto o rechazar aquello. La OMS, que necesitó varios meses y cientos de miles de muertos por la pandemia para decir esta boca es mía. El gobierno de España, empeñado en controlar todos los poderes del Estado y de la democracia―en dar un golpe de Estado―para mantener en el poder a un psicópata…
Si a lo dicho le agregamos que en la actualidad crecen aparejadamente la complejidad del mundo, el número de sectarios y la ignorancia, con el resultado de que las relaciones humanas se están convirtiendo en relaciones entre rebaños dispuestos a luchar entre ellos a la voz de su amo y a ser llevados hacia un despeñadero sin oponer la menor resistencia. Y si aún añadimos que la IA aspira a desbaratar la creatividad y la operatividad de los individuos, y que la venidera computación cuántica promete controlar incluso nuestros pensamientos, ¿hay motivos para sentirse optimista acerca del futuro que nos espera?, ¿no nos indican las tripas que éste será distópico?