DE ABRAHAM A LUTERO

Los acontecimientos bíblicos sobre la historia y genealogía de los hebreos comienzan en la ciudad de Ur, en Summer (actual sur de Iraq). En los primeros años del segundo milenio a.C., un grupo de tribus arameas emigró a una zona cercana a la actual Harran, en Turquía. Siglos más tarde, una parte de estos grupos familiares emigrarían a los alrededores del río Jordán, desarrollándose en tribus: amonitas, moabitas, edomitas y hebreos.

En Egipto:

Entre 1694 y 1600 a.C., nómadas pastores procedentes de Palestina llegaron a Egipto en la época en que el estado estaba gobernado por los hicsos,  pueblos de pastores, semitas como los hebreos, que habían tomado el poder. A la caída de los hicsos (1570 a.C), las tribus hebreas tuvieron que emigrar de Egipto, no quedando ninguna reseña histórica de su éxodo, lo que da idea de que nunca llegaron a ser muy numerosos e importantes. Con ese éxodo y con Moisés, comienza la historia del pueblo judío.

Moisés:

No quedan referencias históricas de él fuera de las escrituras religiosas judías, pintando éstas una figura mitológica que se repite en varias ocasiones en el medio oriente. Por ejemplo,  en la figura de Acad (sobre el 2600 a.C.), el fundador del imperio acadio en Mesopotamia, del que se dice que fue flotando por el río Éufrates en una cesta de mimbre embadurnada de brea, siendo recogido por la esposa del rey de Lasar, al que luego destronaría el infante.

El caso es que el tal Moisés debió conocer en Egipto el culto al dios Aton,  un dios monoteísta que introdujo el faraón Amenofis IV (Ajnatón),  porque las formas del nuevo dios hebreo, Yahvé, coinciden con las de Atón. Además, las Las Tablas de la Ley,  imitan en muchos aspectos al Código de Hammurabi, conjunto de leyes impresos en piedra y en tablillas de barro por el rey mesopotámico de tal nombre.

El caso es que siguiendo a Moisés y Josué, los hebreos procedentes de Egipto, tras conquistar Jericó y sus alrededores, se establecen en Canaán, al oeste de Palestina, y en el 1020 a.C. resultan lo suficientemente poderosos como para crear un reino, el reino israelita, aunque conviviendo con otros pueblos y otros dioses.

La cautividad en Babilonia

En el año 598 a. C. Nabucodonosor II, soberano de Babilonia conquistó Jerusalén y llevó como cautivos a las élites judías. En el 587, el mismo rey, ante una revuelta, destruye el reino de Judá y su capital Jerusalén.

Sin embargo, el año 539 a.C., el fundador del imperio persa, Ciro II el Grande, conquista Babilonia y deja en libertad a los judíos. Empieza entonces la época de los profetas y del poder de los sumos sacerdotes.

Durante su estancia en Babilonia se redacta el Talmud y posiblemente la Torá, el Antiguo Testamento que conocemos nosotros. Hay dos redacciones, una Babilónica y otra efectuada en Jerusalén, con ciertas diferencias entre ambas y escritas en arameo y en hebreo.

Zoroastro, Ahura Mazda y El Avestra:

Zoroastro o Zaratustra fue un profeta del siglo VI a.C. en Irán, que predicó el culto a Ahura Mazda (el actual Mazdeísmo, ya que aún hoy en día se sigue practicando), llegando a ser la religión oficial persa. El Avestra es el libro que contiene sus enseñanzas. En dichas enseñanzas figuran muchos aspectos religiosos que van a ser asumidos por los redactores judíos del Talmud de Babilonia, incorporándose a sí a la religión hebrea.

El judaísmo como religión de síntesis:

He nombrado anteriormente que la religión que instaura la figura mitológica de Moisés contiene la imitación de las formas de culto a Atón así como su monoteísmo, además de ciertas partes del código de Hammurabi, pero con la estancia en Babilonia se toman muchos aspectos religiosos que aparecen en el Avesta, así como mitos mesopotámicos como el del Diluvio Universal, que aparece por primera vez en una tablilla de barro del 2700 a.C. que lleva por nombre Poema de Gilgamesh.

En el Avestra tienen su origen las siguientes estructuras religiosas:

–Relato mítico de la Creación

–Cielo e Infierno

–Bien y Mal

–Ángeles y Demonios

–Apocalipsis y Juicio Final

–Resurrección de los cuerpos

–Esperanza en un Redentor

El Cristianismo:

Jesucristo (entre el 8 y el 4 a.C. y el 29 d.C.), figura principal del cristianismo, que nació en Belén, Judea. Desde el siglo VI se considera que la era cristiana comienza el año de su nacimiento, pero en la actualidad se cifra un error de cuatro a ocho años. Para los cristianos, Jesús fue el Hijo de Dios encarnado y concebido por María, la mujer de José, un carpintero de Nazaret. El nombre de Jesús se deriva de la palabra hebrea Joshua, que completa es Yehoshuah (‘Yahvé es salvación’); y el título de Cristo, de la palabra griega christos, a su vez una traducción del hebreo mashiaj (‘el ungido’), o Mesías. Los primeros cristianos emplearon Cristo por considerarle el libertador prometido de Israel; más adelante, la Iglesia lo incorporó a su nombre para designarle como redentor de toda la humanidad

Las principales fuentes de información sobre su vida se encuentran en los Evangelios, escritos en la segunda mitad del siglo I para facilitar la difusión del cristianismo por todo el mundo antiguo. Las epístolas de san Pablo y el libro de los Hechos de los Apóstoles también aportan datos interesantes. La escasez de material adicional de otras fuentes y la naturaleza teológica de los relatos bíblicos provocaron que algunos exegetas bíblicos del siglo XIX dudaran de su existencia histórica. Otros, interpretando de diferente manera las fuentes disponibles, escribieron biografías naturalistas de Jesús. En la actualidad, los eruditos consideran auténtica su existencia, para lo que se basan en la obra de los escritores cristianos y en la de varios historiadores romanos y judíos.

Los evangelios de san Mateo y san Lucas recogen datos sobre el nacimiento e infancia de Jesús, e incluyen su genealogía, que se remonta hasta Abraham y David (Mt. 1,1-17; Lc. 3,23-38). Se supone que la descripción de su genealogía se hizo para probar el mesianismo de Jesús. Según Mateo (1,18-25) y Lucas (1,1-2,20), Jesús fue concebido por su madre, que “aunque desposada con José, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo” (Mt. 1, 18). Nació en Belén, donde José y María habían acudido para cumplir con el edicto romano que obligaba a inscribirse en el censo. Mateo es el único que describe (2,13-23) el viaje a Egipto, cuando José y María se llevaron al niño lejos del alcance del rey Herodes el Grande. Sólo Lucas relata el cumplimiento de José y María con la ley judía que requiere la circuncisión y presentación en el templo de todos los recién nacidos de Jerusalén (2,21-24); el mismo evangelista también describe su siguiente viaje (2,41-51) con el joven Jesús al templo para la fiesta de la Pascua. Los Evangelios omiten la vida de Jesús desde que tuvo 12 años hasta que empezó su ministerio público, unos 18 años después.

En compañía de sus discípulos, Jesús estableció su base en Cafarnaúm y viajó a los pueblos y aldeas cercanas para proclamar la llegada del Reino de Dios, tal como hicieron otros muchos profetas hebreos antes que él. Cuando los enfermos de cuerpo o espíritu se acercaron a él en busca de ayuda, los curó con la fuerza de la fe. Insistió en el amor infinito de Dios por los más débiles y desvalidos, y prometió el perdón y la vida eterna en el cielo a los pecadores siempre que su arrepentimiento fuera sincero. La esencia de estas enseñanzas se encuentra en el sermón de la montaña (Mt. 5,1-7), que contiene las bienaventuranzas (5,3-12) y la oración del Padrenuestro (6,9-13). El énfasis de Jesús en la sinceridad moral más que en la observancia estricta del ritual judío provocó la enemistad de los fariseos, que temían que sus enseñanzas pudieran incitar a los judíos a rechazar la autoridad de la Ley, o Torá. Otros judíos se mostraron recelosos ante las actividades de Jesús y sus seguidores porque podrían predisponer a las autoridades romanas contra una eventual restauración de la monarquía.

El historiador judío Flavio Josefo coetáneo de Jesús, apenas lo menciona, sugiriendo que en ese tiempo predicaban entre los judíos más de 2000 profetas.

A la muerte de Jesús, su hermano Santiago , queda como cabeza de su movimiento.

Primeros Cristianos:

La primitiva iglesia no rompió amarras con el judaísmo, todo lo más se consideraban renovadores de las doctrinas judaicas y su religión estaba destinada a los judíos excluyendo a todos los demás, gentiles. Sin embargo, Pablo de Tarso, un judío, aunque ciudadano romano que persiguió inicialmente a los cristianos y luego se convirtió, estuvo en desacuerdo con esos primitivos judeocristianos, y dedicándose a predicar en las principales regiones del imperio romano, tanto de oriente como de occidente, consiguió extender el cristianismo y edificar las bases de lo que luego sería la Iglesia como institución.

Otro hecho muy significativo para entender la expansión del cristianismo primitivo fue la diáspora judía. En el año 70 d.C. Jerusalén fue destruido por sublevarse contra Roma y la mayoría de los judíos fueron deportados o huyeron a trasvés de las numerosas regiones que englobaba el gran imperio romano. Un gran número de ellos fue a Egipto, a Alejandría, donde constituían un tercio de la población, mientras que otros muchos se extendieron a lo largo de la costa de lo que hoy en día es Turquía, entonces poblada por griegos. Por esta diáspora aparecen numerosas sectas cristianas a lo largo del imperio.

Dentro de las numerosas sectas, podemos decir que practicaban una especie de comunismo de la propiedad, y sobre todo tenían la seguridad de la venida inmediata del fin del mundo.  Eran conocidos también como apocalípticos, por esa espera de la inmediata llegada de la Resurrección de los Muertos y el Juicio Final, así que, ante tan inminente acontecimiento, no les importaba ofrendar su vida por su dios ni aborrecer del mundo. Lo cierto es que en el siglo III eran ya tan numerosos que, viendo el emperador Constantino que podían aportar su firmeza y fuerza a un imperio en franca decadencia, decidió dar al cristianismo el amparo del estado.

Con los sucesores de Constantino, el cristianismo se impuso porque era la fuerza más organizada del imperio, aunque no la más numerosa. El caso es que nada más tener el poder, los obispos cristianos consiguieron que se prohibiera bajo pena de muerte toda otra religión, así como la destrucción de todos los templos paganos. No obstante, durante casi dos siglos la lucha surgió entonces entre diversas corrientes cristianas por la disputa en dogmas de fe y en el poder de los grupos. Los arrianos, que llegaron a tener el poder con dos emperadores, terminaron siendo perdedores y perseguidos. A partir de entonces la iglesia cristiana se afirma monolíticamente en el más absoluto fanatismo religioso y con un apego inconmensurable al poder.

CRISTIANISMO EN EUROPA

A lo largo de la Edad Media el poder de la Iglesia y los bienes que atesoraba había ido creciendo sin parar. Junto a los señores feudales recluidos en sus castillos, gobernaban a una población europea que sufría toda suerte de padecimientos: hambre, pues debía pagar gran parte de sus cosechas a la iglesia y a los nobles; esclavitud, pues los nobles eran dueños y señores de sus vidas; pestes, tan numerosas por las condiciones de higiene y sanidad en que vivían; guerras, muchas veces establecidas por los señores feudales entre sí por mera diversión o entretenimiento; saqueos y bandidaje por parte de los desesperados del mundo que, desposeídos de todo, se echaban a los caminos a robar y asesinar, matando en numerosas ocasiones a poblados enteros. La iglesia no sólo era espectadora en este duelo, sino que participaba muy principalmente en la opresión. Así que surgieron de las gentes del pueblo una serie de doctrinas que enlazaban con la primitiva doctrina de Cristo de la humildad, la pobreza y la caridad, junto a las doctrinas gnósticas tan en boga en los primeros siglos del cristianismo. Esas corrientes religiosas nacidas en el pueblo son denominadas ahora de forma genérica Cátaros (puros), pero se pueden nombrar muchas de estas sectas que pulularon por europa: Los novacianos, los paulicianos, los bogomilos, los tejedores, los milaneses, los patarines, los albiguenses etc. Desde el siglo IX hasta el siglo XII cobraron gran fuerza en Bulgaria, Albania, Eslovenia, Milán, el sur de Francia, Alemania etc.

Para evitar su empuje, la iglesia levantó órdenes de monjes que dieran ejemplo entre la población del sacrificio de la iglesia católica, además de aumentar el control en cada población. Además, al descontento generalizado ya señalado se fue añadiendo con el tiempo el problema de los segundones, caballeros sin fortuna, nobles que se veían desplazados en la herencia de los bienes por el primogénito del castillo, dedicándose a saquear con impunidad a la aterrorizada población.

De todo ello surgieron numerosas revueltas en Europa y una pérdida de fe en la iglesia. La solución que encontró el poder establecido es la de buscarse un enemigo hacia donde desviar el descontento. El enemigo encontrado fue el Islam; el pretexto, la conquista de Jerusalén. (¿os suenan las similitudes con Bush y la guerra de Iraq?); como ahora, se inventaron excusas atrayentes: que los musulmanes nadaban en oro y diamantes, que ultrajaban los lugares santos del cristianismo en Jerusalén etc. El caso es que dio resultado. Una riada de mendicantes y harapientos recorrió los caminos fustigándose y predicando la primera cruzada contra el demonio musulmán. La mayoría de ellos murieron en el camino hacia Jerusalén, decenas de miles de ellos embarcados sin armas ni alimentos fueron abandonados a su suerte por los caballeros nobles que con ricos carros y numerosos sirvientes marcharon hacia la primera cruzada. El resultado final fue la gran masacre de gentes por allá por donde estos caballeros cruzados pasaban. En Jerusalén se divertían estampando a niños, mujeres y ancianos contra las paredes, hasta que por las calles circuló un río de sangre, según describe un cronista árabe de la época.

Tras varias cruzadas, sin embargo, los cátaros siguieron ganando terreno en Europa, hasta que el Papa Inocencio III decretó una cruzada contra ellos, la cruzada albiguense, aplastando el movimiento de una forma brutal.

Los pocos que sobrevivieron hubieron de sufrir a la Santa Inquisición durante unos siglos más.

EL PROTESTANTISMO. LUTERO

El teólogo y reformador religioso alemán Martín Lutero precipitó la Reforma protestante al publicar en 1517 sus 95 tesis denunciando las indulgencias y los excesos de la Iglesia católica. Para Lutero la esencia del cristianismo no se encuentra en la organización encabezada por el papa, sino en la comunicación directa de cada persona con Dios. Su protesta provocó una cascada de desengaños en la Iglesia católica y sentó las bases de otros movimientos protestantes, como el calvinista .

Reforma, movimiento religioso surgido en el siglo XVI en el ámbito de la Iglesia cristiana, que supuso el fin de la hegemonía de la Iglesia católica y la instauración de distintas iglesias ligadas al protestantismo. La Reforma, precedida por la cultura del renacimiento y, de alguna forma, seguida por la Revolución Francesa, alteró por completo el modo de vida de Europa occidental e inició la edad moderna. Aunque se inició a principios del siglo XVI, cuando Martín Lutero desafió la autoridad papal, las circunstancias que condujeron a esa situación se remontan a fechas anteriores y conjugan complejos elementos doctrinales, políticos, económicos y culturales.

EL ANTISEMITISMO DE AYER Y DE HOY

Se ha vuelto a poner de moda ser antisemita, sobre todo en la izquierda, que se afana en que se rompan todo tipo de contactos con Israel, su comercio y sus universidades, así que he echado un vistazo a la historia del antisemitismo en busca de encontrar razones de su prolongada permanencia en el tiempo.

El periodista alemán Wilhelm Marr acuña en 1873 el término antisemitismo a fin de poner nombre a la hostilidad que él mismo y una parte de la población alemana sentían hacia el pueblo judío. La palabra ‘antisemita’ lleva a engaño porque su etimología no se corresponde con la intención con que se usa. ‘Semita’ proviene de Sem, uno de los hijos de Noé, del que se supone provienen los pueblos semitas, entre los cuales figuran los árabes y los judíos; sin embargo, el término es usado exclusivamente contra los judíos.

Razones y singularidades

En fin, las razones de tal ‘antisemitismo’ hay que buscarlas en las singulares y sorprendentes características del pueblo judío, así como por el hecho de haber sido la mayor parte de su historia un pueblo migratorio.

La más radical característica del pueblo judío es la de poseer en exclusividad un dios que vela por su linaje, esto es, un Dios (que originalmente se le contempla situado por encima de todos los dioses y posteriormente se le considera único) que les conduce, que les beneficia o perjudica según cumplan o no con sus encomiendas. Al amparo de ese mismo Dios surgen con el tiempo el cristianismo y el islamismo, religiones a las que pertenecen la mayoría de los creyentes religiosos del mundo.

Como digo, ha sido un pueblo migratorio. Ya en el siglo II a.C. había casi un millón de judíos repartidos entre Alejandría, Babilonia y Antioquía. No obstante su dispersión, el poseer a Dios de manera exclusiva fue siempre el gran lazo que les mantuvo unidos como pueblo (‘Pueblo Escogido’), obligándoles a lazos de sangre, es decir, a no mezclar su linaje con el de los ‘gentiles’. Tales particularidades están en el origen de que fuesen diezmados pero que sobrevivieran como ‘pueblo’. Desde los tiempos del Imperio Romano hasta ahora mismo, han sido el chivo expiatorio en todos los territorios europeos. (véase https://moralydeseo.com/2022/05/09/el-chivo-expiatorio/  ).

Otra característica destacada de ellos es su desproporcionada contribución al Conocimiento. El Arte, la Cultura, la Ciencia, sobremanera durante todo el siglo XX, han sido en gran medida obra del linaje judío. Pensemos en las grandes mentes: Einstein, Freud, Marx, Oppenheimer, Von Newman, Richard Feynman, Niels Bohr, Philip Roth, Paul Auster, Boby Fisher, Georg Cantor… han pertenecido a la estirpe judía(Véase, https://moralydeseo.com/2018/10/15/judios-en-el-siglo-xx/ ). Constituyendo apenas el 0,2 % de la población mundial, durante el siglo XX, el 27% de los que han recibido el premio Noble de Física han sido judíos, un 29% de los de Medicina, un 38% de los de Economía, y un 50% de los ganadores del Premio Leroy Steel de Matemáticas han sido judíos. ¡Gigantesca desproporción!

Entonces, vayamos al hecho de esa condición de Chivo Expiatorio que a lo largo de su historia ha tenido el pueblo judío.  Hemos de considerar que el pueblo gitano también ha sido un pueblo migratorio (al menos desde el siglo XV), que también ha sufrido persecuciones de todo tipo y que formaron comunidades asiladas de los que unos y otros denominaban ‘gentiles’ y ‘payos’ (en España así denominan los gitanos a los que no son de su etnia). Sin embargo, unos y otros presentan algunas características que les diferencian. Es cierto que ambos pueblos olvidaron con el tiempo su lengua, aunque mantuvieron en gran medida su cultura de origen, pero mientras que los lazos del pueblo gitano se fundamente en sus rasgos culturales y étnicos, los lazos del pueblo judío tienen una componente religiosa que no posee el pueblo gitano y que constituye la base de su identidad. Otra gran diferencia entre los dos pueblos es el valor que otorgan uno y otro a la Escritura, a la Ciencia, al esfuerzo en el trabajo. Todas esas diferencias han causado que las persecuciones contra los judíos hayan sido más sistemáticas y más enconadas.

Tengamos en cuenta que las ideologías –sean religiosas, nacionalistas o igualitaristas– son totalitarias:  pretenden ejercer un poder total, así que ven en cualquier rival un enemigo al que callar, expulsar o aniquilar. San Pablo condenó a los judíos (él era judío) con estas palabras: ‘Los judíos son enemigos de la Humanidad’; San Agustín añadió más cizaña, recomendando que no se les matase pero que se les despreciara. Tales recomendaciones de estos dos Padres de la Iglesia, sirvieron de argumento al Cristianismo para atacar al pueblo judío hasta hace apenas unos años. Tal es la inercia que toman algunas palabras en el aconciencia de las gentes.

Hemos de significar, también, que la laboriosidad y el saber hacer de muchos judíos les sirvió para encumbrarse a altas posiciones sociales, destacando como banqueros, prestamistas y cuidadores de las finanzas de reyes y nobles duarante muchos siglos. Tal elevación de algunos de ellos no podía ser sino la espoleta para hacer estallar el resentimiento en las masas, ya predispuestas a la animadversión por los ataques y la propaganda clerical contra ellos. El judío fue considerado enemigo que pactaba con el diablo, un avaro que solo miraba por su enriquecimiento, un sacrificador de niños y un pueblo que asesinó a ‘Nuestro Señor Jesucristo’.

Así que, allí donde una ideología necesitaba consolidarsese, el judío pasaba a ser el enemigo responsable de todos los males, aquel sobre el que verter el odio de la población. De esa misma manera, tras la descolonización del mundo árabe y la llegada de Nasser al poder en Egipto, comienza una etapa de panarabismo, de fortalecer la idea de identidad árabe y musulmana, y, automáticamente, el pueblo judío se convierte en el enemigo a liquidar. Su proclama fue ‘echar a los judíos al mar’.  Las mismas razones sirvieron para que Hitler estableciera la ‘solución final’ para el pueblo judío: su exterminación. Y las mismas razones le sirvieron a Stalin para perseguirlos en la URSS cuando percibe que los judíos rusos muestran gran entusiasmo hacia el Estado de Israel. Si hasta los años 40 del siglo pasado los antisemitas habían sido el Cristianismo y los nacionalismos europeos, a partir de esas fechas se les agregan los nacionalistas árabes y el comunismo.

Antisemitismo en Occidente en el siglo XX

En Occidente, horrorizados aún por el Holocausto, en plena guerra fría, y siendo defensores del modelo democrático, nos mostramos favorables a que el pueblos judío tuviese una patria, Israel, y a que se defendiese de las intenciones malsanas que tenía para ellos el mundo árabe. ¡Hasta que se fraguó el gran pacto entre la izquierda y los musulmanes!Cosa que parece increíble, ¿verdad?, aquella izquierda que surgió de la Ilustración hubiera considerado tal pacto un crimen. Pero no se debe olvidar que Stalin había sentado las bases del antisemitismo en la izquierda, y la inercia que toman las palabras de un líder en la conciencia de las masas hace que se mantengan indefinidamente. Además, tal pacto fue subscrito por otros muchos líderes de izquierdas.

Seguimos. En la segunda mitad del siglo XX surgió un movimiento cultural que se agrupó con el nombre de Posmodernismo. Nos interesa su vertiente fiosófica y su lugar de procedencia, Francia. Hago notar que sus integrantes pertenecían a la extrema inquierda y que casi todos tuvieron una estrecha relación con el mundo árabe. Aplaudieron la descolonización de Argelia, nada dijeron contra el entrenamiento de terroristas en la Libia del coronel Gadafi, y, en el caso de Foucault, se mostró entusiasmado con el régimen teocrático impuesto en Irán por el Ayatolá Jomeini, además de –¡búsquese la lógica por alguna parte!–ser uno de los principales promotores del radicalismo feminista y de los primeros esbozos de la Teoría de Género. Así que los movimientos de izquierda de finales del siglo XX, tal como un rebaño siguiendo los silbos de sus pastores, plantaron en su conciencia un novedoso e increíble pacto entre socialismo, feminismo islamismo y ecologismo. Pacto que, por lo dicho, definía un nuevo enemigo, el pueblo judío. La irracionalidad y la incoherencia del pacto no presenta para ellos ninguna relevancia, lo que importa es acabar con el Capitalismo. De esa forma, el cartel de antisemitas se amplía con la entrada en él de la izquierda y sus aliados de nuevo cuño. Resulta abismal la diferencia entre esta nueva izquiera (el socialismo del siglo XXI) y la izquierda que surgió de la Ilustración, pero ¡importa lo que importa!

Esa nueva izquierda es la que levanta a las universidades de EEUU contra Israel y los judíos, y que se manifiesta en ese sentido en las pricipales ciudades de Europa. Claro es que los países árabes han pasado a financiar a las grandes universidades norteamericanas, como Harvard, y que, por ejemplo, Irán subvenciona generosamente a la extrema izquierda española. Descendientes ideológicos de comunistas y nazis, esa izquierda de la corrección política basada en la identidad tribal, rechazan los logros de la democracia, las libertades  y los derechos individuales. Se manifiestan contra Israel porque –dicen–está cometiendo un genocidio contra el pueblo palestino. Veamos su antisemitismo

El supuesto genocidio como excusa

Para percibir el sinsentido de estos que dicen luchar contra el genocidio, expongo unos cuantos sucesos que están ocurriendo en el mundo, sobre lo cuales nada dicen. Nagorno Karabaj era un enclave armenio rodeado por territorio de Azerbaiyán. El uno de enero de 2014, después de una guerra de extrema brutalidad y decenas de miles de muertos por parte armenia, una limpieza étnica obligó a cien mil armenios a abandonar dicho enclave. Turquía apoyó con armas y ayuda militar a Azerbaiyán. Recordemos que Azerbaiyán es un Estado musulmán y la población armenia es cristiana.

En Egipto la Iglesia cristiana copta, cuyos fieles representan un 10% de la población del país, es perseguida por los Hermanos musulmanes con cientos de asesinatos y un ingente número de iglesias quemadas.

En el Estado de Benue, en Nigeria, hay un campamento de refugiados con más de un millón de cristianos desplazados por el genocidio que llevan a cabo algunos grupos islámicos en otras zonas del país.

En Sudán del Sur existe un campamento con dos millones de cristianos refugiados ante las matanzas que se producen contra ellos en Sudán del Norte —de religión musulmana.

En Burkina Faso, solo en 2022 se produjeron 3.600 asesinatos de cristianos y más del 40% del territorio está en manos de yihadistas.

En fin, además de los países africanos nombrados, en la persecución y matanzas de cristianos los acompañan Mozambique, República Democrática del Congo, Somalia, Eritrea, Camerún, Mali, Níger, Chad y Libia.

Cientos de miles de muertos durante los últimos años. Millones de refugiados. ¿Qué tienen en común todos casos nombrados?: Los genocidas son todos musulmanes; las víctimas son todas ellas cristianas. ¿Han informado las televisiones acerca de estas masacres?, ¿Se han manifestado los universitarios de EEUU o de Europa contra los asesinatos masivos que se llevan a cabo contra cristianos?, ¿se ha pronunciado alguien del gobierno español o de cualquier gobierno europeo contra tales masacres?, ha dicho una sola palabra sobre esas persecuciones y genocidios la izquierda europea o norteamericana?, ¿se ha manifestado el feminismo de Occidente contra los millones de mujeres cristianas violadas sistemáticamente o asesinadas en África por la población musulmana? NO, ¿verdad? «Algo huele a podrido en Dinamarca»

Tampoco pusieron el grito en el cielo la izquierda y el feminismo de Occidente cuando, tras lanzar Hamas miles de cohetes explosivos contra Israel, degollaron a más de 1500 personas en una escenificación de la barbarie que no tienen parangón ni en las cámaras de gas que emplearon los nazis. Ni tampoco consta una sola condena contra Hamas por parte de esos progres occidentales o por parte de esos estudiantes tan indignados contra Israel, por el hecho de colocar sus armas ofensivas en hospitales o por impedir salir a la población palestina de Gaza cuando los israelíes anuncian un bombardeo a un refugio de soldados de Hamas, es decir, por utilizar a su población como carne de cañón para concitar odio contra Israel en el mundo musulmán.

Desde luego, ninguna televisión de Occidente nos informa de la intención de todo el mundo musulmán —tantas veces declarada—de ‘echar a los israelíes al mar’, esto es, de provocar un genocidio total de los judíos de Israel; de que la defensa de Israel es un ineludible ejercicio de supervivencia. Ni se dice que quienes contean el número de muertos son los mismos palestinos y que la ONU da ese conteo por bueno. Ni se dice, claro está, que hay 400 mezquitas en Israel y ninguna sinagoga en Gaza y otras zonas palestinas; ni de que viven 2,2 millones de árabes de Israel o que 130.000 palestinos trabajan en Israel; o que al entregar Israel la Franja de Gaza a los palestinos, los israelíes habían convertido el desierto en un vergel y en cientos de edificios, que los palestinos se encargaron de destruir hasta los cimientos y de convertir todo de nuevo en desierto en cuanto tomaron posesión de la Franja.

Ahora bien, eso sí, ¡todo el odio del feminismo y del progresismo de izquierdas contra Israel!. ¡Lo demás no importa!¡Siempre a favor de las dictaduras, sobre todo si son teocráticas!