Pueblos erradicados

Gitanos

Procedentes de El Punjab, en el norte de la India. Salieron a partir del siglo XI. Pertenecían a  las castas inferiores. En España se han dedicado a la venta ambulante, han sido tratantes de acémilas, caldereros, chatarreros, nómadas de lugar en lugar con malabares y circo mínimo con cabra. El honor del clan familiar es defendido a navaja o con recortada. Matrimonios concertados. Ritos de boda y de entierro. Cante y baile. Tradición. Les representa un agravio familiar que uno de sus miembros se case con un payo o una paya. En su deambular por el mundo perdieron su lengua y perdieron su religión, pero no perdieron la cultura del clan. Pelo negro azabache. Muestran poseer alelos muy dominantes para los caracteres físicos. Conozco personas con una dieciseisava parte de sangre gitana que aparentan ser de raza pura. Son reacios a integrarse en la sociedad paya o en ejercer otros trabajos que no sean los tradicionales nombrados. Solo recientemente –y  sobre todo las mujeres—aceptan emprender otros oficios y actividades. Los que estudian más allá de la educación primaria son la excepción, y las chicas que lo pretenden son llamadas prontamente al matrimonio.

Son un ejemplo palpable de cómo se mantiene la cultura, la raza y las normas propias a través de la tradición familiar y de vivir aislados, pues por lo general rechazan el trato con el payo y la inclusión en las estructuras sociales. Se podría decir que sufrieron una erradicación física pero que mantienen los lazos del clan familiar a modo de  raíz cultural.

Judíos

Abraham es su origen; Moisés, quien aporta la clave religiosa: un dios único, propio y exclusivo. El Éxodo, supuestamente llevado a cabo desde Egipto, es la prueba del cumplimiento del pacto con Yahvé, la conquista de la Tierra Prometida. Establecidos en Canaán, con el rey David y su hijo, el rey Salomón, establecieron un reino con gran poder. Cayeron bajo el yugo del imperio Asirio que hizo deportar a parte de la nobleza a Nínive a principios del siglo VIII a.C.  Siglo y medio más tarde, volvieron a sufrir otra deportación que es conocida como “cautiverio de Babilonia”. Durante este cautiverio se escribió el Talmud, su libro sagrado. Ciro el Grande, el emperador persa los liberó.

Esas fueron sus primeras erradicaciones. En el año 70 a.C. se rebelaron contra Roma y como castigo los romanos destruyeron el Templo de Jerusalén y decenas de miles fueron exiliados o vendidos como esclavos. Otra segunda rebelión y otra derrota trajeron una nueva diáspora en el 132 d.C.  No sería la única. Apenas hay nación en Europa que no haya firmado contra ellos decretos de expulsión. Lo hicieron los Reyes Católicos en España con los judíos sefardíes; lo habían hecho previamente –y lo hicieron con posterioridad—los reinos de Francia e Inglaterra, también el reino de Portugal, también los Estados alemanes, e incluso los Estados Pontificios. Más terroríficos aún resultaron los pogromos, el linchamiento de miles e incluso millones de judíos en diferentes partes de Europa.  En la Rusia zarista y en la Rusia soviética se orquestaron contra los judíos verdaderas matanzas. De menor amplitud los hubo también en Polonia, Alemania y Rumanía antes de la Segunda Guerra Mundial. Pero el mayor asesinato en masa lo llevó a cabo Hitler. Seis millones de judíos murieron en las cámaras de gas. Repartidos por todo el mundo, en todo lugar del mundo han sido perseguidos. El grupo mayoritario es el Asquenazi, que habitó durante varios siglos Europa central. Su lengua es el Yidish, mezcla de alemán y hebreo.

En los tiempos de Jesucristo era el arameo la lengua común y el griego la lengua de las élites culturales. El hebreo era la lengua de los eruditos que se ocupan de estudiar el Talmud y la Torá. En ese tiempo ya había más judíos en Alejandría y en la costa sur de la actual Turquía que en Israel y Judea.

Se puede decir que el siglo XX ha sido un siglo judío (Véase mi entrada: Judíos en el siglo XX). No solo destacaron en cualquier rama del saber, sino que, también, fueron los grandes señores de las finanzas  y de las revoluciones a nivel mundial. Casi un 90% de los revolucionarios en la Europa de entreguerras eran judíos. No parece que su genio haya mermado.  Douglas Murray, en La masa enfurecida, nos ofrece una pequeña muestra de ello. Un grupo de estudiantes demandó a la Universidad de Harvard aduciendo que la Universidad había excluido a estudiantes de origen asiático y otros en sus criterios de admisión. Harvard tuvo que revelar que, efectivamente, había habido casos de discriminación positiva porque, en caso contrario, la totalidad de los admitidos habrían sido norteamericanos de origen asiático y judíos asquenazis.

A pesar de la diáspora de los judíos, que se ha prolongado durante más de dos mil años, desde cualquier lugar del mundo, los judíos entonaban el “El próximo año en Jerusalén” al concluir cada Iom Kipur, e día de la Expiación, el día más sagrado para los judíos. Por más de dos mil años, desde cualquier rincón del mundo, la fe en su dios privado, Yahvé,  y la esperanza de volver a establecerse en la tierra de sus ancestros, Israel, les ha mantenido unidos como pueblo. Fueron físicamente erradicados, pero no en espíritu, y la fuerza de ese espíritu sigue actuando.

Amish

Son una comunidad religiosa de credo Anabaptista, originaria de Alemania y Suiza, que a principios del siglo XVIII recalaron en el Estado de Pensilvania, en Norteamérica. En realidad menonitas y huteritas comparten con ellos religión y forma de vida aunque se distribuyen en mayor medida por Sudamérica, África y Rusia.

Los Amish nos llaman la atención por sus normas, costumbres, ideas y formas de vivir, aunque forman 40 grupos distintos y separados geográficamente, y su rigor religioso es diferente de unos grupos a otros. Su lengua es el alemán, tildando a los vecinos norteamericanos de “ingleses”. Algunos de esos grupos, especialmente los de “La vieja orden”, guardan un modo de vida simple, sin lujo, con la misma vestimenta que sus antepasados,  incluso sin electricidad, utilizando la fuerza animal para la labranza y el transporte, y las herramientas de los gremios del siglo XV para la construcción y la carpintería. Podríamos decir que se trata de casi una perfecta sociedad comunista tal como las utopías más favorables la pintan.

Viven aislados del mundo exterior y defienden la humildad, la virtud y el pacifismo. Algunos grupos permiten que los hijos, una vez alcanzada la edad adulta, vivan una temporada en el ambiente inglés, lejos de la cultura Amish.  Luego pueden reintegrarse en la comunidad si tal es su deseo.

Están vedadas creencias que pongan en peligro su forma de vida. Mantener ideológicamente aislado al creyente es un factor primordial para que la comunidad permanezca unida. De hecho,  la misma operación se lleva a cabo entre los judíos y entre los gitanos. También en estos grupos, penetrar en otra cultura o separarse de las normas del grupo conlleva la pérdida del afecto y del amparo del clan familiar. Evitando que creencias foráneas al grupo se asienten en su conciencia, se logra cohesionado el grupo.

En el caso de los Amish es la religión, el modo de vida ancestral y el aislamiento del resto de la sociedad norteamericana la fuerza que les mantiene unidos. Al erradicarse de las tierras de sus ancestros han mantenido la cohesión social y el modo de vida mediante el aislamiento. De no ser por el engrudo familiar, religioso o cultural –mantener la cultura o la religión a toda costa—tanto gitanos como judíos como Amish no existirían como tales. Lo cual no es mejor ni peor, pero aporta variedad cultural al mundo.

Herencia moral y civilización

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La moral de un grupo humano y su cultura están tan íntimamente entrelazadas que tales términos resultan sinónimos en muchos casos. Pero no voy a hablar de cultura o de moral, sino de su influjo sobre el modo de vida, la actitud ante el trabajo y el grado de desarrollo económico y social de diferentes sociedades. Podemos considerar la moral social como el conjunto de reglas y creencias que inclinan a los individuos a obrar –de manera consciente o inconsciente—de un cierto modo so pena de ser reprobados o reprendidos por los demás o por uno mismo si su obrar ha producido. De tal consideración se deduce que los usos y costumbres sociales también se hallan incluidos en la moral.

Ahora nos preguntamos, ¿qué influencia tiene la moral, tal como se ha expuesto, en las sociedades de nuestros días, aparte de la obvia de regular la convivencia en los grupos humanos?, ¿tiene que ver con el contraste que se observa en el modo de vida y en la riqueza de unos países y otros? A eso me refiero, ¿es responsable la herencia moral de los norteamericanos y de los argelinos de sus diferencias sociales y económicas –además de la influencia del factor hábitat y clima, tan distintos en esos países?

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Presentemos primeramente a los países islámicos. Desde el siglo VII en que se fundó el Islam hasta el siglo XI en que las posturas religiosas más rígidas en la interpretación del Corán se impusieron como doctrina, los países islámicos y sus gentes hicieron gala de gran vitalidad artística, científica y comercial. Enumero algunos de sus logros matemáticos: la numeración arábiga; la utilización del cero; las fracciones decimales y sexagesimales; la extracción de raíces cúbicas; el  Binomio de Newton ( Omar Kayyam); el mismo Kayyam halla la Regla de Ruffini (que no se hallaría en Occidente hasta el siglo XIX); las operaciones con radicales y potencias (Al-Khawarizmi); la Teoría de la Razón Compuesta (Kayyam); las solución a las ecuaciones de segundo grado (al-Khwarizmi); las Ecuaciones cúbicas (al-khazin); la solución a las ecuaciones cúbicas mediante la intersección de secciones cónicas (Kayyam); el valor del número pi con seis cifras decimales correctas… Y a ello le tendríamos que añadir sus grandes logros en poesía, filosofía, comercio, industria… Hoy en día, apenas unos pocos países islámicos,  Túnez, Egipto, Indonesia y Malasia –y gracias a otras herencias culturales y religiosas que obran en ellos—se puede decir que están saliendo de su secular encapsulamiento, tan alejado de la modernidad y el progreso.

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El calvinismo surgió como una rigurosa doctrina protestante que se distinguía doctrinalmente por la creencia en la predestinación de las gentes desde el instante de su nacimiento. Pero cobra aquí su importancia porque infundió una laboriosidad sistemática en el creyente y un signo para reconocer quién era o no elegido por la Gracia divina: el tener éxito en la vida. El ansia por el éxito desató la competitividad social y promovió la aparición del capitalismo tal como lo conocemos. Todos los países en los que dejó su impronta se convirtieron en países ricos donde se multiplicó la industria y el comercio. ¿Qué países fueron estos? Holanda, Gran Bretaña, EEUU y Suiza, principalmente. Tal vez sea éste el ejemplo más claro de cómo una creencia moral influye en la vida y en el progreso económico de una sociedad. Vayamos a una moral similar en muchos aspectos al calvinismo: el luteranismo.

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El luteranismo presenta una rigidez moral semejante al calvinismo y también aboga por la laboriosidad como método para superar la angustia existencial, pero, contrariamente a este último, consideraba la movilidad social perniciosa y se supeditó al poder de los príncipes. El norte de Alemania, Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia, fueron los países más representativos del luteranismo. Hoy en día lo religioso está prácticamente excluido de ellos, pero la herencia moral en lo relativo al espíritu de trabajo, al respeto a la autoridad y a la importancia de la comunidad sigue vigente. De ahí la estabilidad social de que gozan.

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En cuanto a los países del sur de Europa: Grecia, Italia, España y Portugal, ¿cuál es la herencia moral que han recibido?… Cuestión compleja es este caso. Todos ellos tienen una historia de conquista e imperio (Bizancio se mantuvo durante mil años como imperio griego) que no fueron eficaces a nivel económico; todos esos países arrastran consigo también una larga estela de luchas y de arduas convivencias con otros pueblos y consigo mismo. Respecto a lo religioso, más que una tradición de devociones podemos hablar de resignado sometimiento al poder del catolicismo (ortodoxo en caso de Grecia). Tal historia de resignación ha germinado una falta de espíritu comunitario a la vez que un fuerte individualismo que desemboca frecuentemente en un carácter nihilista, pero a la vez hay orgullo por el pasado; y si juntamos todas esas contradicciones de carácter obtenemos un individuo resabiado que aspira aún a ser rentista e hidalgo y que no termina de ver con buenos ojos al emprendedor. Sin embargo, contra su voluntad, su individualismo obliga a las gentes a competir, y si no fuera porque esperan que el Estado les resuelva todos sus problemas, tal como antes esperaban que se los resolviese la Iglesia o el poder real, no dudo que asomarían más la cabeza.

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La herencia recibida por los iberoamericanos está impregnada de todo lo dicho en el párrafo anterior, y si la mezclamos con la herencia indígena el cóctel puede ser explosivo o de exquisito sabor, según cuánto se le agite y según la cantidad de ingrediente indígena que contenga. Esa herencia, dual al menos, no se ha soldado en la mayoría de los países hispanoamericanos, y en algunos no está siquiera integrada, debido a lo cual se han generado clases sociales y estilos de vida muy diferenciados. Hay implantado en todo Hispanoamérica una queja y un ansia de revancha que hasta que no se mitigue va a impedir mirar hacia adelante. Cuando un país como Chile intenta mitigarlas, las fuerzas de la negación cargan contra él con todas sus fuerzas, tal como vimos recientemente. Toda Latinoamérica tendrá que resolver sus contradicciones si no quiere que su tren de la historia descarrile.

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El país cuyo tren de progreso marcha en tren ultrarrápido es China. Claro es que se trata de una dictadura autora de la mayor represión existente en el mundo y de los mayores crímenes. Por cada cien habitantes uno es un miembro del partido (el comunista) y se encarga, en labores de comisario político, de vigilar y controlar a los noventa y nueve restantes. ¿Qué ha ocurrido en China durante los últimos treinta años para que la economía se dispare? Que ha implantado el modelo de libre mercado, el modelo capitalista en lo económico, pero comunista en lo político. ¿Solo eso? No. Existía, latiendo en el corazón de sus gentes, una moral milenaria que al liberarse de la represión del sistema estamental del imperio chino y ahora de la atadura del “todos iguales” ha dado rienda suelta a la libertad de obrar en provecho propio, al egoísmo en lo económico, provocando ese crecimiento desbocado que observamos.  ¿Qué moral es ésta? Bebe de dos fuentes, el respeto a los ancestros que pone a la familia en la cima de los valores, y la vieja doctrina de Confucio, que exalta la diligencia en el trabajo, la laboriosidad, la organización y su respeto sumiso a ella. Con tales mimbres y con libertad en lo económico, China da pasos de gigante hacia el encumbramiento de su poder. Otra cosa distinta es la felicidad de las gentes y las tensiones que puedan generarse en el futuro.

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Pero quizás el caso que refleja como ningún otro la influencia de la moral social en el modo de vida y en el progreso de las gentes, tanto a nivel social como individual, es el caso judío. Los educados en la moral, en  la ritualidad y la tradición judías han jalonado el siglo XX con los hitos más importantes en cualquier rama del saber. Karl Marx, Einstein, Von Neumann

George Cantor, Norbert Wiener, Helbert Marcuse, Karl Popper, Henry Bergson, Noam Chomsky, Ludwig Wittgenstein, Paul Samuelson, Milton Friedmn, Frank Kafka, Marcel Proust, Freud,  Gustav Mahler, Bob Dylan, Leonard Cohen… son una muestra escasísima de todos esos gigantes del saber (Incluso en cuanto a ser revolucionarios, Antonio Escohotado nos dice que –por reacción-adaptación al medio—durante el primer cuarto del siglo XX el 94% de los revolucionarios era de origen judío). ¿A qué se debe tal vitalidad intelectiva? No me cabe duda de que a la educación y a las tradiciones, que desembocan en el amor al conocimiento.

En fin, he querido poner de relieve que en buena medida lo que somos y construimos lo hacemos con la herencia cultural y moral que nos dejaron nuestros antepasados. Hoy –creo que desgraciadamente para la humanidad—cunde una tendencia a borrar el pasado y las tradiciones y valores a él asociadas. Hoy se trata de hacer de las conciencias una tabla rasa donde no quepa historia ni moral ni cultura; de esa manera, dicen, correrán mejor los aires que traen los nuevos tiempos. Me temo que una síntesis de las distopías narradas en los libros 1984 y Un mundo feliz, llega para atraparnos.

 

Judíos en el siglo XX

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Políticos:

Karl Marx, Ferdinand Lassalle, fundador del partido socialdemócrata alemán, Rosa Luxemburgo, León Trotski, el líder revolucionario Húngaro Bela Kun.

Científicos:

Einstein, Alexander Luria, Albert Michelson, Minkowski, Schwarzschild, Niels Bohr, Feynman, Murray Gell-Mann, Sheldon Glashow, Lev Landau, Von Neumann, Oppenheimer, Wolfgang Pauli, Steven Weinberg, George Cantor, Norbert Wiener, Marcel Grossmann, Alexander Friedman.

Filósofos:

Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Walter Benjamin, Karl Popper, Raymon Aron, Henry Bergson, Noam Chomsky, Ludwig Wittgenstein, Thomas Kuhn, Imre Lakatos, Peter Singer, Claude Lévy-Stauss.

Economistas

Paul Samuelson, Milton Friedmn, Herbert Simon, Alan Greenspan, Paul Krugman, David Ricardo

Cineastas:

Charles Chaplin, Peter Bogdanovich, Joel y Ethan Coen, George Cukor, Max Fleischer, Richard Fleischer, William Friedkin, Menahem Golan, Arthur Hiller, Stanley Kramer, Stanley Kubrick, Fritz Lang, Melvin Leroy, Barry Levinson, Ernst Lubitch, Sidney Lumet, Joseph Mankiewicz, Paul Mazursky,  Max Ophuls (Maximilian Oppenheimer),  Alan J. Pakula, Roman Polanski, Sidney Pollack,  Abraham Polonsky, Otto Preminger, Max Reinhardt (Maximillian Goldman), Martin Ritt, Stuart Rosenberg, Herbert Ross, Robert Rossen, John Schlesinger, Melville Shavelson, Don Siegel, Robert Siodmark, Steven Spielberg, Billy Wilder, Robert Wise, William Wyler, Robert Zemeckis, Fred Zinneman, David Zucker y Jerry Zucker.

Actores:

John Garfield (Jacob Julius Garfinkle), Dorothy Lamour (Dorothy Kaumeyer), Eva Gabor, Gene Barry, Cornel Wilde, Oskar Homolka, Eddie Cantor, Judy Holliday (Judith Tuvin), Lauren Bacall (Joan Perske), Kirk Douglas (Isadore Demsky), Tony Curtis (Bernie Schwartz), mientras que a finales de los 40 y en los 50 lo hicieron Piper Laurie (Rosetta Jacobs), Cyd Charisse, Shelley Winters, Elli Wallach, Lee J. Cobb, Rachel Weisz, Jeff Chandler, Eddie Albert (Eddie Heimberger), Ernest Borgnine (Effron Borgnine), Martin Balsam, Carroll Baker, Charles Bronson (Charles Buchinsky), Eleanor Parker (Ellen Friedlob), Rod Steiger, Karl Malden (Maiden Sekulovitch), Eddie Fisher, Jerry Lewis (Joseph Levitch) y Walter Matthau (Walter Matasschanskayasky), Patricia y Rosanna Arquette, Jamie Lee Curtis, Ellen Barkin, Mathew Broderick, Albert Brooks, Mel Brooks, James Caan, Peter Falk (Columbo), Billy Crystal, Peter Coyote, Daniel Day-Lewis, Michael Douglas, Richard Dreyfuss, Noah Emmerich, Harvey Keitel, Peter Falk, Elliott Gould, Jake Gyllenhaal, Laurence Harvey, Kate Hudson, Scarlett Johansson, Natalie Portman, Lisa Kudrow, Mila Kunis, Michael Landon, Gwyneth Paltrow, Winona Ryder, Adam Sandler, Steven Seagal, William Shatner, Sylvia Sidney, Ben Stiller, Barbra Streisand, Gene Wilder, Debra Winger, Kevin Costner,  Joan Collins, Harrison Ford, Richard Gere, Dustin Hoffman, Amy Irving,  Peter Strauss, Jane Seymour y Bruce Willis.

Escritores, músicos

Freud,  Gustav Mahler, Bob Dylan, Leonard Cohen, Gertrude Stein, Frank Kafka, Marcel Proust, Philip Roth, Noah Gordon, Elías Canetti, Paul Auster

Contribuciones a las ciencias en porcentaje

El 26% de todos los premios Nobel de Física han sido judíos, el 40% de los norteamericanos. El 28% de ganadores de la medalla Max Plank; el 44% de los ganadores de la medalla Dirac; el 51% de los poseedores del Premio Wolf de Física; el 19% de los ganadores del Premio Nobel de Química han sido judíos; el 29% de los ganadores del del Premio Nobel de Medicina han sido judíos; el 27% de las medallas Field de matemáticas han ido a manos de judíos; el 50% de ganadores del Premio Leroy Steele de de matemáticas han sido judíos; el 38% de los premios Nobel de Economía han sido judíos. Actualmente hay 14 millones de judíos en un mundo poblado por siete mil millones de personas. Eso hace que la proporción de judíos en el mundo sea de un 0,2 %, así que la contribución judía al conocimiento mundial es 150 veces mayor que la que le correspondería.

Causa

¿Cuál es la causa?, ¿la educación recibida? Seguramente. Si la educación calvinista produjo a Cromwell, Adam Smith, Huygens, John Milton, Rousseau, Thomas Peine, Benjamín Franklin, Thomas Jefferson, Bacon, la no menos severa educación judía ha producido en el siglo XX para el conocimiento todas las contribuciones expuestas.

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La Historia y las circunstancias

• El sentimiento de agravio que sufre el individuo al sentir a los demás, social o económicamente, por encima de uno mismo, causa en él envidia y resentimiento, pasiones malsanas pero que son el germen de los derechos y de la democracia.
• Las creencias que tenemos nos suministran los criterios y los sentimientos para juzgar el mundo.
• Quien carece de dudas y se obstina en ello, posee claramente un carácter totalitario: él se halla en posesión de la verdad y todo el mundo se equivoca o actúa de mala fe. Sin embargo, quien no posee verdad alguna para ningún hecho, quien tiene la duda asentada en su conciencia, o es un pensador (que es una de las peores especies de hombres existentes), o es una res que con seguir al pastor ya está contenta.
• Cuando los franceses se enteraron que los ingleses tenían su Carta de Derechos y que el Parlamento inglés tenía sujetos a sus reyes por el cogote, hicieron la Revolución francesa. Quienes les contaron a los gabachos todas esas ventajas que tenían los ingleses fueron Locke, Montesquieu y Voltaire.
• Luego llegó Robespierre, amante de la paz y enemigo de la pena de muerte, que declaró la guerra a media Europa e hizo guillotinar a media Francia.
• Cuando los franceses se hartaron de la revolución y deseaban muy mayoritariamente que retornase el rey, Napoleón concretó un golpe y se hizo con la República como antes se había hecho Robespierre. Así acabó la Revolución.
• Los primeros cristianos predicaban el amor y la igualdad entre todos los hombres. Cuando alcanzaron el poder con Constantino y sus sucesores, pasaron a predicar el odio contra los paganos y la obediencia ciega a las jerarquías eclesiásticas. Cuando uno cambia de posición cambia de perspectiva.
• Dijo el sabio Epicuro que no hay que tener miedo a la muerte: mientras vivimos, la muerte no existe, y cuando viene, nosotros ya no estamos.
• Aviso a los pusilánimes: Los judíos tienen el siguiente dicho: «Espera sentado en la puerta de tu casa y verás pasar con el tiempo el cadáver de tu enemigo». Pero la verdad es que con la pusilanimidad que pretéritamente tenían los judíos no les fueron muy bien las cosas. Ningún pueblo ha sufrido las masacres que ellos han sufrido a lo largo de la historia.
• Convendría que algún gobernante que peca reiteradamente de pusilánime se aplicase el cuento.
• Los reyes y emperadores europeos se dedicaron durante buena parte de los siglos XVIII y XIX al deporte de declararse la guerra y causar cientos de miles de muertos. El Zar no quería estar por debajo del emperador austriaco ni éste por debajo de la reina de Inglaterra. Cuestión de machitos. Los marxistas siguen creyendo que todo ha sido una lucha de clases. Siempre hay ciegos.
• El igualitarismo, en la enseñanza (que nadie sepa más que nadie, era el estribillo de los pedagogos de la LOGSE) o en la economía conduce inexorablemente a ser todos analfabetos o a ser todos pobres. Los más capaces imitarían a los más lerdos, porque ¿quién iba a crear riqueza o se iba a esforzar más que se esfuerza el más inútil o el más bigardo si tales acciones no le producen beneficio, si su riqueza se reparte entre los que apenas aportan? Ahora bien, en una tribu primitiva o en una comuna hippie en donde lo económico se limite a la subsistencia, es ideal el igualitarismo.