Literaturas celtas

Literaturas celtas

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Allá donde miremos, sobre todo si es cine o música o novela, es fácil que podamos descubrir lejanas o cercanas influencias celtas. El espíritu mágico del mundo celta es reconocible en Harry Potter; el espíritu guerrero que les animaba se trasluce en El Señor de los Anillos de Tolkien, y en Conan el Bárbaro; en Astérix y Obélix vislumbramos algunas de sus costumbres. Además, la música celta está de rabiosa actualidad: ahí se halla, destacando entre otros muchos autores, la figura de Enya. El oscuro mundo celta, con su atmósfera de magia y misterio, nos atrae con intensidad. De forma breve, de todo ello quiero hoy hablar, aunque en la literatura ponga el mayor énfasis.

El que, en contra de mis costumbres, me asome hoy al mundo de la literatura, y con mayor particularidad a la literatura de origen celta, se debe al flechazo que me ha producido un antiguo poema irlandés –en su versión inglesa—que luego expondré. Pero antes, para entrar en materia, hablaré de los celtas, de su idiosincrasia como pueblo y de sus vicisitudes.

Los llamados Celtas fueron pueblos de origen indoeuropeo que se extendieron hasta el siglo IV (a.C.) por un área de dos millones de kilómetros cuadrados que abarcaban el centro de Europa, oeste de la Península Ibérica, Francia, Reino Unido, Irlanda, y una buena parte de la actual Turquía, la interior.

Conocemos algunos rasgos característicos suyos. Por ejemplo, que eran amantes de practicar opíparos festines que duraban varios días. Que su gran pasión era la guerra y que los alardes guerreros estaban a la orden del día; que creían en una vida después de la muerte en la que seguirían guerreando (por tal razón, su desmedido valor, que los historiadores romanos tildaban de desprecio por sus vidas). Sabemos que creían fervorosamente en la magia de los conjuros, de los brebajes y de los hechizos, y en el fácil tránsito desde el Más Allá a esta vida. Que moraban en los bosques rodeados de empalizadas para protegerse de los enemigos. Que practicaban sacrificios humanos y que nunca construyeron ciudades ni imperios. Sabemos del poder de los druidas, del tipo de roble donde cada sexto día de la luna cortaba con hoz dorada el muérdago que utilizaba en rituales, conjuros, medicinas y antídotos de venenos. Sabemos de las periódicas ceremonias de los druidas en el claro de los bosques…pero…

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A mi entender, en el mundo celta se produce un hecho diferencial en relación a otros pueblos y a otras culturas; un hecho que será, por un lado,  el causante del escaso conocimiento que tenemos de su historia y de sus vidas, pero que, también, tendrá vital influencia en su rica literatura. Ese hecho es el no poseer escritura y el, consiguientemente,  haber tenido que depositar los acontecimientos y saberes de la tribu en la memoria de los bardos y los druidas. Los druidas eran los encargados de aprender y memorizar la historia, las leyes y los conocimientos de la tribu, de ahí el gran poder que poseyeron. Los bardos eran los poetas de las cortes celtas, sobre todo en Irlanda, y portaban con ellos todas las historias, mitos, leyendas y fantasías del mundo celta.

Los bardos tenían necesidad de deslumbrar a la noble audiencia de los palacios, y eso fomentó en los ellos una gran capacidad para transformar la narración en rica y cambiante fantasía mitológica. De esa necesidad de subyugar al oyente surge el embrión de la maravillosa literatura celta. Y entonces, cuando ya el mundo celta sólo pervivía en Irlanda, ocurre otro hecho crucial por el que conocemos la literatura celta irlandesa y por el que ha pervivido con gran vitalidad hasta nuestros días: es el hecho de que muchos bardos se convirtieron en monjes y habitaron los dispersos monasterios de Irlanda cuando el cristianismo, durante los siglos V y VI,  echó sus raíces allí.

Los grandes focos de la literatura que ha llegado hasta nuestros días: Gales, Escocia, pero, sobre todo, Irlanda y la Bretaña francesa. El porqué esas regiones sí y el porqué otras regiones no nos han trasmitido su saber, se entiende atendiendo a razones de conquista. Cuando en el 142 d.C. la muralla de Adriano terminó de construirse, lo que hoy es Inglaterra quedó sometida, aunque no así Escocia, al norte de la muralla. Durante los siglos V y VI los anglos, los jutos y los sajones, pueblos germánicos, conquistaron la Gran Bretaña pero se asentaron principalmente en su lado este, manteniéndose en Escocia, Cornualles y Gales la población celta y su cultura. Irlanda no sufrió la ocupación romana ni la anglosajona. Arribaron a sus costas los vikingos y posteriormente (1171) de los normandos (asentados ya en Inglaterra), pero apenas ejercieron poder cultural sobre la isla. Sin embargo, entre el siglo V y el VI Irlanda, con San Patricio a su cabeza, se cristianizó. Pero fue un cristianismo peculiar que se adaptó al mundo celta y plasmó su singularidad en monasterios que irradiaron a toda Europa, donde los monjes –muchos de ellos antiguos bardos—vertieron al latín las ancestrales narraciones y los conocimientos de los celtas irlandeses. Y no solo al latín, sino que, utilizando el alfabeto latino como vehículo, dieron forma escrita a la lengua gaélica de Irlanda.

El Ciclo del Ulster, puramente irlandés, y el Ciclo Ossiánico, donde irlandeses y escoceses son protagonistas, son dos de los grandes relatos del mundo celta clásico que fueron rescatados por la escritura gaélica. En el Ciclo del Ulster se relatan las aventuras guerreras de los héroes mitológicos irlandeses, sobresaliendo la figura de su campeón, Cúchulainn. El Ciclo Ossiánico está compuesto por poemas que relatan las hazañas del guerrero Finn, siendo el hijo de éste, Ossian, el narrador.

El porqué de otro foco en la Bretaña francesa requiere otra explicación. La romanización de la Galia por parte de Julio César llevó a muchos galos a refugiarse en las Islas Británicas. Una vez llegados los conquistadores romanos a estas islas, la cultura, las costumbres y las instituciones celtas se mantuvieron en buena medida inalteradas, entre ellas el druidismo. Pero con la retirada de los romanos y la llegada de los pueblos germánicos nombrados, el saqueo del mundo celta en la Britania se hace sistemático. Los britanos que pueden se refugian en las tierras altas de Escocia, en el escarpado Gales, o huyen hacia la antigua Armórica, la Bretaña francesa, cuna desde la que muchos de sus ancestros habían salido siglos atrás.

Los grandes y tardíos relatos que surgen de la Bretaña francesa reciben el nombre de Ciclo de Arturo: el rey Arturo, Merlín, Morgana, la Tabla Redonda, el Santo Grial, Percival, Lancerot… son figuras del paganismo celta embadurnadas de cristianismo, que significaron el nacimiento de la novela en Europa, y que constituyeron todo un fenómeno en la Europa Medieval.

Aquí pongo un punto en el escrito, por razones de longitud, para continuarlo en la siguiente entrada. Ahora quiero mostrar el hermosísimo poema,  Donal Og,  causante de mi ánimo para emprender esta narración

Torpe y pobremente he traducido,  de una traducción del gaélico al inglés realizada por Lady Augusta Gregory, lo que sigue:

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Donald Og- Anónimo irlandés del siglo VIII

 

Cercana a fenecer ayer la noche el perro hablaba de ti;

el ave agachadiza hablaba de ti desde lo hondo de su marisma.

Que eres tú el pájaro solitario que cruza los bosques,

y que estarás sin pareja hasta que llegues a mí.

 

Me hiciste una promesa y me mentiste,

que te hallaría donde el ganado se junta;

te lancé un silbido y trescientos gritos,

y allí sólo hallé un cordero que balaba.

 

Me prometiste algo que te era caro de dar,

un velero de oro bajo un mástil de plata;

doce ciudades con un mercado en cada cual,

y un hermoso patio blanco al lado del mar.

 

Me prometiste algo imposible,

que me darías unos guantes de piel de pez,

que me darías zapatos de piel de pájaro,

y un traje de la más apreciada seda de Irlanda.

 

¡Cuando llego al Pozo de la Soledad,

y sentada recorro lo que me turba;

cuando miro el mundo y no veo a mi amado,

el de cabellos con tonos de ámbar!

 

Fue aquel domingo en que te di mi querer;

el domingo anterior al de Pascua

yo arrodillada leyendo la Pasión;

y mis ojos lanzándote amor eterno.

 

Mi madre me dijo que no hable contigo hoy,

ni mañana ni el domingo;

escogió mal momento para decírmelo:

cerraba la puerta  después de que hubieran robado en la casa.

 

Está mi corazón tan negro como la negrura del endrino,

o como el negro carbón de la fragua del herrero,

o como la huella de una pisada en los salones blancos;

fuiste tú quien puso esa oscuridad en mi vida.

 

Me has arrebatado el Este y el Oeste;

te has llevado lo que estaba frente a mí y tras de mí;

te has llevado la Luna y me has arrebatado el Sol;

y mi gran temor es que me hayas quitado a Dios.

Donal Og
It is late last night the dog was speaking of you;
the snipe was speaking of you in her deep marsh.
It is you are the lonely bird through the woods;
and that you may be without a mate until you find me.

You promised me, and you said a lie to me,
that you would be before me where the sheep are flocked;
I gave a whistle and three hundred cries to you,
and I found nothing there but a bleating lamb.

You promised me a thing that was hard for you,
a ship of gold under a silver mast;
twelve towns with a market in all of them,
and a fine white court by the side of the sea.

You promised me a thing that is not possible,
that you would give me gloves of the skin of a fish;
that you would give me shoes of the skin of a bird;
and a suit of the dearest silk in Ireland.

When I go by myself to the Well of Loneliness,
I sit down and I go through my trouble;
when I see the world and do not see my boy,
he that has an amber shade in his hair.

It was on that Sunday I gave my love to you;
the Sunday that is last before Easter Sunday
and myself on my knees reading the Passion;
and my two eyes giving love to you for ever.

My mother has said to me not to be talking with you today,
or tomorrow, or on the Sunday;
it was a bad time she took for telling me that;
it was shutting the door after the house was robbed.

My heart is as black as the blackness of the sloe,
or as the black coal that is on the smith’s forge;
or as the sole of a shoe left in white halls;
it was you put that darkness over my life.

You have taken the east from me, you have taken the west from me;
you have taken what is before me and what is behind me;
you have taken the moon, you have taken the sun from me;
and my fear is great that you have taken God from me!

 

 

 

 

Del amor y otros fenómenos (III)

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Reconocimiento del amor, de sus estados y sus enemigos

Se me ocurre que, antes de tratar de disciplinar el amor, para comprender mejor, tendremos que catalogarlo, señalar, todo lo exhaustivamente que nos permitan estas páginas, computar sus arrebatadoras implicaciones, los excesos que se cometen en su nombre.

Y en  qué sitio mejor buscar que en las páginas de la poesía, ¿no se destila en ellas la pena, la alegría, el alboroto sentimental que deja el rastro del amor?, ¿no es acaso  el amor, sobre todo, libertad, intuición, flechazo repentino y cegador?,

Pasemos a escuchar al avaricioso Neruda:

Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo

y por las calles voy sin nutrirme, callado,

no me sostiene el pan, el alba me desquicia,

busco el sonido líquido de tus pies en el día

Estoy hambriento de tu risa resbalada,

de tus manos color de furioso granero,

tengo hambre de la pálida piedra de tus uñas,

quiero comer tu piel como una intacta almendra

Quiero comer el rayo quemado en tu hermosura

la nariz soberana del arrogante rostro

quiero comer la sombra fugaz de tus pestañas

y hambriento vengo y voy olfateando el crepúsculo

buscándote, buscando tu corazón caliente

como un puma en la soledad de Quitratúe

Teresa de Ávila y Cepeda, en opiáceo trance de santidad escribió este arrebato de enajenado amor que la lleva a desear morir:

Vivo sin vivir en mí

y tan alta vida espero

que muero porque no muero

Si Neruda quiere poseer a su amada plenamente, Santa Teresa pretende entregar su vida al amor de Jesucristo. Ibn Hazm, el gran poeta andalusí, nos muestra en hermoso verso el trastorno que le crea la mujer amada:

Su amor ha hecho volar mi corazón de su sitio

y todavía anda revoloteando

Pero sabemos que el amor es también un veneno, ¿no se dice el veneno del amor, o acaso no hablamos de un amor envenenado? Omar Kayyam, a quien ya nombré en el capítulo primero, nos lo recuerda:

¿Te niegas a renunciar al amor?

recuerda que Dios lo creó

al tiempo que otras plantas venenosas

Otra particularidad del amor lo empareja con los negocios: parece que para mantenerse debe estar creciendo siempre. Al menos así lo señala el poeta metafísico inglés John Donne:

El amor es la luz siempre creciente

plena e inmutable

y su primer minuto

después del mediodía es ya la noche

Esto es, si apaga un minuto su fulgor álgido, ya no es amor, ya es decadencia. Así que sacando cuentas, el amor es libertad y cárcel, herida, deseo, ansia de posesión, desesperación, desprendimiento, deseo de morir, hoguera que arrasa, espina, veneno, trastorno anímico, arrebato, paraíso, paroxismo de luz, erotismo, química concordante, obsesión, obnubilación de los sentidos, engaño de la razón…

Ahora me acecha una pregunta, ¿buscan lo mismo las mujeres y lo hombres en el amor? Se tiene a bien seguro que no. Parece ser que las mujeres buscan protección, sentirse alabadas y queridas, autoestima, y procrear. Los hombres parecen buscar propiedad, aplacar su libido, orgullo, y procrear

Existe una fábula muy hermosa  sobre la búsqueda del Santo Grial. El rey Arturo y el caballero Gwain buscan por todo el reino artúrico la respuesta a la pregunta que deben contestar en el plazo de un año: ¿Qué desean todas las mujeres? En ello le va la vida al rey Arturo. No logran repuesta unánime ni convincente. Cuando el plazo está a punto de expirar, aparece ante ellos una mujer extraordinariamente fea y desproporcionada, capaz de causar horror en el ánimo más firme. Les ofrece la respuesta a cambio de que un caballero de la Tabla Redonda se case con ella. Gwain acepta el sacrificio. “Lo que todas las mujeres desean es dominar a los hombres”, es la solución que les da y que salva a Arturo de la muerte.

Gwain ha de cumplir su promesa y, a petición de ella, pone un beso en su mejilla. Es una prueba más de iniciación  en la búsqueda del Santo Grial, en la búsqueda de la perfección interior. Inmediatamente del beso, aquel deforme cuerpo se convierte en una hermosísima doncella. Pero las pruebas no han concluido. Ella le dice que sólo mantendrá ese aspecto durante doce horas diarias; en las otra doce volverá al horror. Le ofrece la elección a Gwain: ¿durante el día o durante la noche? Grave dilema: si la acepta bella de noche, los caballeros se mofarán durante las horas diurnas de él; de elegir la otra opción, tendrá que dormir con un ser monstruoso.

El caballero Gwain cede, cualquier decisión es mala. El “hombre” no es adecuado para elegir entre lo malo y lo peor. Ante estos casos suele evadirse, suicidarse, o someterse a un ser superior que le guíe y domine. El caballero Gwain cede la elección a su esposa. Ella tendrá que elegir la belleza diurna o nocturna. Gwain ha superado la prueba definitiva: se ha puesto en manos de su mujer, se somete a su dominio, sólo así conseguirá su amor.

La dama le anuncia la buena nueva, el sacrificio le ha dado el triunfo: el maleficio que operaba sobre ella (ese lado oscuro de la mujer, dionisiaco, demoniaco, que tanto temen los hombres) ha desaparecido. Será hermosa las veinticuatro horas del día.

Gwain se ha sometido a lo femenino y ha obtenido por recompensa el amor de la Mujer. Se ha sometido a lo femenino y ha permitido que se desarrolle en él lo femenino; sólo así puede obtener la  recompensa.

Luego el amor también es servidumbre, sumisión, abarcar en la expresión los lados femenino y masculino

Y el amor también es creación, ¿podría haber creado Dante la Divina Comedia sin su amor por Beatriz?

En fin, creo que ya he catalogado lo suficiente los estados que produce el amor, aunque  nos quedarían muchos libros por llenar antes de entender un ápice sus intríngulis. ¿Y sus enemigos? Tal vez los principales sean: el desencanto, el fraude, la desilusión, los celos, la traición… y el mayor de todos: el aburrimiento.

Sabemos algo más del amor, pero ¿cómo lo reconoceremos?  Proust, en su extensa obra En busca del Tiempo Perdido nos revela que su amor por Albertina lo reavivan los celos y lo mata la tranquilidad. Pero también añade que es en verdad el dolor de la ausencia de la persona amada quien nos revela la profundidad del amor. Aristóteles decía que amar es querer el bien para alguien.  El ínclito José Antonio Marina propone este criterio para saber si estamos enamorados: Siento que amo a una persona por la alegría y la plenitud que siento cuando está presente. Y también: Amo a una persona cuando sus fines se vuelven importantes para mí.

Ahora me falta cumplir con el propósito que expresé en el anterior capítulo: ¿cómo conseguir hacer al amor perdurable? Pero esto se hará más adelante. No obstante, Omar Kayyam nos ofrece una hermosa pista para tal propósito:

Antes que aprendas a acariciar

un rostro suave como de rosa

¡cuántas espinas deberás arrancar

de tu propia carne!