Pequeños confites de estupideces sacras (VII)

El caso Zapatero III

En sus muchos años metido en la burbuja doctrinaria socialista, Rodríguez Zapatero, aunque entendiese solo cinco céntimos de las ideologías decimonónicas del partido, se embebió de dos características del socialismo de aquella época: el maniqueísmo de categorizar la realidad política en dos grupos antagónicos, «nosotros», la izquierda, los «buenos», y «ellos», el enemigo a batir, la derecha, los «malos»; y un carácter redentor, un querer redimir a la humanidad de unas supuestas cadenas que les oprimen.

La denominada Alianza de Civilizaciones obedece a este último propósito. En realidad, una boutade de Zapatero que más que a ese carácter redentor obedeció a las ansias suyas de aparecer encumbrado a los ojos del mundo. En realidad, tal proyecto responde a una iniciativa iraní que quedó relegada en un cajón de las Naciones Unidas. Pero el Presidente Rodríguez Zapatero la presentó algún tiempo después en su Asamblea General. Las adhesión más importante al citado proyecto (a la citada boutade suya) vino por parte de Turquía, a quien le servía de vehículo para su intento de formar parte de la Unión Europea; pero el que a España le interesase un ápice no se ve por ninguna parte.

La cultura democrática turca es escasa, y su respeto de los derechos de las minorías ha sido nulo. En 1922 Turquía expulsó a la minoría griega ortodoxa de Anatolia, donde habían vivido los últimos 2500 años; masacró a la población armenia desde 1925 a 1923; invadió la isla de Chipre en 1974; y ha perseguido y privado de libertad política a los kurdos. Erdogan, el gran amigo de Zapatero en el proyecto, está islamizando el país a marchas forzadas, y pretende ejercer el poder absoluto mediante la opción de llegar a presidente de la República al tiempo que sigue siendo su Primer Ministro. Como se ve, las afinidades de Turquía con la Europa democrática y de los derechos no tienen por donde cogerse. Pero eso no desanimó a la altanería y simpleza de nuestro presidente. Debía satisfacer su megalomanía, la absurda creencia de que estaba destinado para algo grande, ¿tal vez hundir España a lo grande?

Ese desconocer las consecuencias de sus acciones y propósitos nos costó caro, pero podría habernos salido aún mucho más oneroso. Porque, ¿qué consecuencias habría tenido para la población europea el tener 75 millones de turcos con posibilidad de instalarse en la más rica Europa? Un agravamiento de las condiciones de paro; un fortalecimiento de los grupos islámicos enfrentados a los autóctonos; una disolución de la cultura europea; en fin, una fuente de problemas y conflictos. Pero Zapatero: a lo grande.

Y el maniqueísmo de considerar al PP como enemigo y negarle el pan y el agua: canales televisivos para los «nuestros» al tiempo que se trata de cerrar la COPE; la ley de Memoria Histórica dirigida a enfrentar a los españoles; la instrumentalización partidista de la Justicia y de los Medios; la ocupación política de la Universidad, de los Institutos Educativos etc.

Bien, creo que ya es hora de acabar con Zapatero, el calor de agosto así lo aconseja. No obstante, invito al lector a incluir alguna más ―no mencionada en estos tres escritos― en este compendio de simplezas.
Buen verano a todos los lectores

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