
La historia cíclica es una perspectiva que propone que los eventos históricos se repiten en patrones recurrentes a lo largo del tiempo, en contraste con la idea de una historia lineal y de progreso constante. Esta teoría sugiere que las civilizaciones y las sociedades atraviesan ciclos de auge, desarrollo, declive y caída, en un proceso que puede compararse con un ciclo de vida. Filósofos como Giambattista Vico y teóricos como Arnold J. Toynbee han explorado esta idea, que también se refleja en concepciones del tiempo en algunas culturas antiguas. Esa idea señala que la cultura, la civilización y los imperios, son considerados seres vivos que tienen su juventud, crecimiento, florecimiento y decadencia.
Sir John Glubb en su The fate of empires, habla del colapso de una serie de imperios que eclosionaron, florecieron y declinaron en periodos de aproximadamente 250 años. Todos ellos recorrieron estas fases: edad de eclosión, edad de la conquista, del comercio, de la abundancia, del intelecto y, finalmente, la edad de la decadencia. Cree que con el intelectualismo y la pérdida del sentido del deber y del sacrificio, comienza la edad de la decadencia, que se caracteriza por el pesimismo social, la frivolidad en lo tocante a los valores, la aparición de odios, resentimientos y rivalidades internas…Entonces, el imperio, finalmente, se derrumba.
El impulso cultural y comercial de la civilización europea eclosionó tras sufrir su gran derrumbe a causa de la Segunda Guerra Mundial. A tal impulso le siguió la edad de la abundancia. Llegó entonces la época de los intelectuales, con la ideología como arma (la ideología es una creencia dogmática mediante la cual se guía y se maneja la voluntad de un colectivo), promoviendo la compasión hacia los débiles, el sentimiento de injusticia, el odio y el deseo de destruir. A la par, buena parte de las élites políticas y económicas se corrompen y, para mantenerse en el poder, pactan con los intelectuales y les sobornan para atraer a sus rebaños ideológicos. Para congraciarse con estos rebaños, las élites políticas comienzan con el proceso de destrucción de los valores que aquellos preconizaban. Se reglamenta la vida de los ciudadanos al extremo de asfixiar la libertad individual; se intentan destruir valores como la familia, la disciplina, la fuerza de carácter, la masculinidad y la feminidad, la nación…Al mismo tiempo, se reescribe la historia, de forma que se inviertan sus razones, de forma que sus héroes y sus mártires pasen a ser considerados infames villanos, y de forma que los delincuentes, los antisociales, los resentidos y los extraños pasan ahora a ser objeto de veneración. Finalmente, con el fin de destruir de una vez por todas el sentimiento nacional, la religión clásica y la historia, se importan millones de inmigrantes seleccionados en aras de esa labor destructora. Aquí se acaba. El suicidio ya se ha consumado.