DOCTRINAS DEL SUFRIMIENTO

Tras siglos de guerras, imperios, jerarquías gobernantes, caudillos, dioses y credos religiosos que apuntalan el orden social impuesto, van apareciendo desde el siglo VIII , aquí y allá, en China, India, Grecia, Persia, comunidades que hacen gala de una especial sensibilidad, que rechazan el deseo de poseer bienes y de poder porque consideran que son las principales causas del sufrimiento. Budismo, jainismo, yoguis, taoísmo, zoroastrismo, pitagorismo, son las doctrinas que surgen de esa nueva sensibilidad hacia el mundo. Algunos de esos colectivos de ‘sensibles’ forman ‘comunidades de iguales en la pobreza’ que tratan de evitar los nefastos efectos que genera la envidia o bien el agravio que siente el perdedor, en fin, el sufrimiento que les produce la alteridad del otro. Pero no es su pretensión la igualdad social fuera de sus comunidades, pues no les guía el resentimiento que surge del grito “no seas menos…” No pretenden apoyar o imponer un orden social nuevo[1] ni acabar con las tragedias del mundo, sino salvarse ellos mismos del sufrimiento que causa el mundo, y lo intentan llevar a cabo mediante la convivencia con quienes tienen sus mismos planteamientos.

Como por encanto, aparecen en Persia, en India, en China, en Grecia en los alrededores del siglo VII a.C. una pléyade de pensadores que descreen de los dioses clásicos y vuelven la vista el interior de sí mismos. Sus propuestas éticas sorprenden por el contenido. Hay en ellas una sensibilidad nueva que rechaza el entramado del despotismo, de la opresión, de la violencia, la guerra y miseria con que sus sociedades se han construido. Los pensadores más reconocidos, Mahavira, Buda, Confucio, Lao Tzu, Zaratustra, Pitágoras, plantean el Jainismo, el Budismo, el Confucionismo, el Taoísmo, el Mazdeismo, el Pitagorismo[2].

Si se profundiza en la vida de esos ‘enemigos del sufrimiento’ percibimos que su rechazo a la violencia, a la fuerza y a la rudeza ―que su dulcificada sensibilidad― ha sido posible y ha surgido gracias a su crianza en un entorno de confort, educación y cultura solo accesible a las clases altas de las sociedades dichas. Se aprecian sus signos de distinción. Todos ellos provienen de la aristocracia o de la pudiente clase comercial. En todos ellos, la cruda realidad que han sentido la intentan dulcificar retirándose de ella y proclamando una nueva sensibilidad que rechace el sufrimiento y los horrores que pululan  por el mundo y que, a excepción de Zoroastro[3], rechazan también los dioses, así como las ceremonias y sacrificios con que se pretende agradarlos.

Dos datos resultan relevantes para entender el surgimiento de las propuestas éticas apuntadas: todas ellas nacen en sociedades que habían sufrido varios siglos de calamidades y guerras[4], y todas ellas son guías para evitar el padecimiento humano[5]. Los medios propuestos para evitar ese sufrimiento son variados: ascetismo (como los yoguis, los jainistas y los santones), anulación del pensamiento mediante la meditación y el desprendimiento de las pasiones (budistas, jainistas, taoístas), mediante la creación de una sociedad laboriosa, justa y ordenada (Confucio), sometiéndose a la figura de un dios (Ahura Mazda) que prescribe obrar bien y que castiga a los malvados; y, por último, la confraternidad, el simbolismo místico, el secretismo, el  vegetarianismo (Pitágoras) . Vuelven la vista hacia el interior de sí mismos buscando las grandes verdades y un camino para librarse del sufrimiento. Con pequeños matices y variaciones, las guías señaladas siguen estando en el candelero de muchas creencias sociales en la actualidad, lo cual da cuenta de lo permanente que es nuestra naturaleza.


[1] Si lo pretenden, 2.400 años después, sus herederos ideológicos, los animalistas y ecologistas del siglo XXI.

[2] Tales creencias no surgieron de manera espontánea ni  parece ser el siglo VII el de su nacimiento, pues algunas llevaban  cientos de años gestándose pero es en los alrededores del 600 a. C. cuando eclosionan y se concretan; es ya en el siglo VI cuando su prédica cobra especial pregón. Algunas de las doctrinas del Mazdeísmo y del Jainismo aparecen atestiguadas desde el siglo IX a.C., y algunos aspectos del Budismo figuran en las Upanisahs, así como en el retiro espiritual a la soledad de las selvas de muchos yoguis y santones de la India a partir del siglo VII a.C.

[3] De todas las nuevas doctrinas, solo el Mazdeísmo puede considerarse religión, si bien sus preceptos morales distan mucho de los que resaltan en el credo de otros dioses.

[4] (Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas II, 1978, pág. 36) nos dice que Confucio vivió en un periodo de gran anarquía e injusticia, afligido por la miseria y el dolor generales. En cuanto a la zona de Oriente Medio, el brutal Imperio Asirio se mantuvo desde el 883 a 627 a.C., y desde el 625 al 550 no cesaron las luchas de medios contra asirios y de persas contra medos. En cuanto a India, a partir del 600 a.C. queda fijado el sistema de castas por el que cada individuo –resultado de sus reencarnaciones—queda adscrito a un grupo. Las castas más bajas quedan condenadas así a la miseria y al repudio general. De otro lado, la Torah babilónica nace durante  el cautiverio de Israel.

[5] (Eliade, Historia de las creencias y de las ideas religiosas II, 1978, pág. 58) asegura que liberarse del dolor es el objetivo de todas las filosofías y de todas las técnicas meditativas indias. Esta es la meta clara del Budismo, pero también resalta el dolor en la sensibilidad de que hace gala el Jainismo, y tal misma es la meta del Taoísmo y del Confucionismo.