Mandamientos, oráculo y oración

Oración al dios Destino

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  • Líbrame Señor de quienes pretenden liberarme sin yo haberlo pedido.
  • Líbrame Señor de quienes quieren obligarme a ser feliz.
  • Líbrame Señor de quienes llaman pueblo a un puñado de resentidos.
  • Líbrame Señor de quienes tienen como bandera el odio.
  • Líbrame Señor de quienes pactan con Dios y con el diablo.
  • Líbrame Señor de quienes tienen como fin destruir todo sin construir nada.
  • Líbrame Señor de quienes dicen estar en posesión de la verdad.
  • Líbrame Señor de quienes prometen libertad donde no existen cadenas.
  • Líbrame Señor de la rigidez moral de los inmaculados.
  • Líbrame Señor de quienes utilizan la democracia con fines totalitarios.
  • Líbrame Señor de las democracias que no respetan al individuo.
  • Líbrame Señor de las religiones que quieren salvar mi alma por medio de la fuerza.
  • Líbrame Señor de quienes me ofrecen paraísos si les sigo.
  • Líbrame Señor de los jueces y los policías sectarios.

Augurios de mi Oráculo para el 2025

  • La Unión Europea ha dejado de existir.
  • España se encuentra empobrecida y deshecha.
  • Surgen los primeros enfrentamientos entre China y Occidente.
  • Estallan en China las tensiones políticas, religiosas y nacionalistas.
  • El PIB Chino supera al de Norteamérica.
  • Corea y China superan a Occidente en desarrollo y producción de alta tecnología.
  • En algunas regiones de Europa, los musulmanes son la población mayoritaria.
  • Una buena parte de los derechos sociales ha desaparecido en algunos países de Europa por ser un lastre insostenible.
  • Las familias monoparentales son mayoritarias.
  • Las parejas de homosexuales y lesbianas han superado en número a las parejas heterosexuales.
  • Las iglesias han quedado como una reliquia del pasado.
  • En algunos países de Sudamérica, el número de cristianos protestantes supera al de católicos.
  • Tres plagas asolan los países más ricos:
    • Las enfermedades morales o enfermedades del espíritu: los ascos, la bulimia, disfunciones digestivas, artritis y otras enfermedades psicosomáticas que cursan con dolor.
    • Las enfermedades mentales o enfermedades del alma: melancolías, aflicciones, miedos, depresiones anímicas, esquizofrenias, etc.
    • Las enfermedades del cuerpo: el cáncer.
  • La reacción social, homeostática, contra el clima moral igualitarista y de derechos gratuitos para todos, ha comenzado.

Mandamientos para guiar a los sectarios.

  • Solamente es permitida la relación con los miembros de la secta.
  • Solo se permiten leer los periódicos y ver las cadenas televisivas de la propia secta.
  • Las doctrinas y creencias que deben anidar en el sectario son las que propaga la secta.
  • Los enemigos son los que así declaran los líderes de la secta.
  • La secta está siempre en posesión de la verdad.
  • La secta siempre tiene razón y nunca la tiene el enemigo.
  • Sólo en la secta hay vida.
  • El enemigo prescrito por la secta es el Mal.
  • El líder de la secta es el gran Rabadán.
  • Sólo los escritores pertenecientes a la secta han de ser leídos. Sólo ellos son buenos escritores.
  • Si algún sectario desoye estos mandamientos, quedará excluido de la secta y será perseguido por ella.

De la amistad

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Confieso que, como cualquier mortal, soy algo supersticioso, así que, secretamente, me asalta la esperanza de que algún deseo se me cumpla a lo largo del año que acaba de entrar, y me tramo algún propósito con la estulta ilusión de que podré alcanzarlo. No sé por qué, ahora a punto del Día de Reyes me ha venido el deseo de cuidar las amistades. O tal vez sí lo sé, tal vez sea por la importancia que éstas tienen.

El caso es que la amistad es un bendito tesoro que no solemos cuidar con la diligencia debida.  En el amigo fiamos y en él vertemos nuestros pesares;  un buen amigo nos proporciona alegría, refugio y consuelo. Pero los amigos suelen resultar provisionales. Con el tiempo solemos enviar a muchos de ellos al trastero de las cosas inútiles.

El motivo suele ser el cambio de pareceres o de ideologías o de sensibilidades o de rango social que existe entre el amigo y nosotros. Si el paso del tiempo hace que  uno cambie y el otro se mantenga inalterado, la amistad entre ellos puede irse al carajo. Y el cambio es beneficioso y necesario; si uno no cambia su juicio sobre las cosas, si su ideario es siempre el mismo, si su sensibilidad es aquella que tenía de niño, es que no ha aprendido nada de la vida; si uno no cambia es una roca.

En la política, los ejemplos de gente cuya ideología corresponde al siglo XIX o a la primera mitad del XX, resultan grotescos y alarmantes. Todo un siglo ha pasado y no han aprendido nada. No resulta adecuado mantener la amistad con tales piedras. Tampoco resulta muy recomendable mantener una relación de amistad entre gente con gran desnivel de rango social. En tales casos, la torre de la amistad suele verse asaltada  por los perros de la envidia y del resentimiento.

Pero, en fin, todo esto que acabo de decir solo es cierto si la amistad se basa en aspectos poco sólidos de la personalidad del individuo,  si la amistad no se sustenta en pilares firmes. Para que la amistad sea duradera, sus anclajes han de ser resistentes, han de estar soldados con una larga historia de confianza mutua y con una historia de afectos y ayuda entre amigos. Admirar las virtudes del amigo y sus comportamientos es el modo de fabricar buenos anclajes.

Al respecto, yo tengo amigos situados muy a la izquierda y muy a la derecha del espectro político, y los mantengo como tales –y  me siento muy orgulloso de hacerlo—porque poseen virtudes que para mí son muy relevantes, y porque tienen criterio propio y no son sectarios. Creen que sus visiones políticas resultarían beneficiosas para la población, y por ello las defienden, pero desechan la violencia como método para solucionar los problemas y saben que el odio nunca es buen consejero y que hay que atarlo en corto. Esos amigos míos han demostrado ser honrados y juiciosos, así que el anclaje de la amistad es muy fuerte con ellos.

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Sin embargo, he dejado atrás muchos amigos. Confieso que me he alejado de casi todos aquellos que por razones de afinidad ideológica compartían amistad conmigo. No porque esa afinidad desapareciera –como ocurrió en algún caso—sino por el carácter sectario de sus juicios y apreciaciones.

Un sectario es aquel que carece de criterio propio y se guía únicamente por las opiniones que le dicta su partido político; es aquel que no concibe poder estar equivocado; es aquel que no discierne con el cerebro, sino con las vísceras; es aquel que ondea la bandera de que todo aquel que tenga una opinión distinta de la suya es su enemigo. El sectarismo –ese rapto de la conciencia del individuo por el grupo—ha sido cultivado con esmero por la izquierda de este país, y ha producido ese cúmulo de odio y majadería que tienen las bases de ese populismo que ahora se ha instalado en España después de llevar a la ruina a Venezuela. El sectarismo es una gran prisión ideológica de la que no se puede escapar sin ser acusado de los crímenes de ser ‘facha’ y ‘reaccionario’.

También se pierden amigos por encontrarse separados durante mucho tiempo. En tal caso, si la comunicación es telefónica, ¡vaya que vaya!; la conversación telefónica produce un sesgo en la interpretación de las intenciones del amigo, pero tal sesgo no suele ser grave. Me explico: por teléfono somos capaces de percibir el sentido y el significado de las frases del amigo; su tono de voz, su prosodia, nos informan de sus intereses si uno está atento. Sin embargo, nos falta la expresión de su rostro para discernir sus verdaderas intenciones y motivos para con nosotros: nos falta su mirada, sus tics, su sonrisa…Pero, grosso modo, podemos reconocer su estado de ánimo.

Ahora bien, en una comunicación por e-mail no hay prosodia ni hay rostro ni hay emoción que nos avise de las intenciones del interlocutor, que nos avise de que está hablando en broma o en serio, con afecto o sarcasmo.

El e-mail redimensiona la comunicación, la hace plana, quita de ella ese 90% de información que se trasmite a través del rostro y la prosodia, así que la convierte en una fuente de equívocos y suspicacias. Uno se pregunta por qué el mensaje es tan corto, por qué no te mereces una comunicación más extensa; y se pregunta por qué no te ha dado las gracias por el asunto que le has solucionado; se pregunta si la frase X es una broma o te está echando en cara algo; si la sequedad con que se expresa es signo de hastío en la amistad contigo; y si el e-mail es devuelto como fallido, uno se pregunta si ha cambiado la dirección del correo o es que no quiere saber nada de uno etc.

Con todas esas dudas y con las suspicacias que generan, la correspondencia por e-mail suele acabar con las amistades más fuertes y duraderas. A menos que uno sea un escritor de prestigio y se esmere en disipara la susceptibilidad del amigo con el despliegue de una prosa de 18 quilates, cosa que no suele ser frecuente.

A mi entender, en el caso en que la amistad se haya enfriado por la baja temperatura que transmite el e-mail, la mejor solución es echar mano del teléfono, o, mucho mejor, verse de cuando en cuando para renovar los votos entre amigos y para evitar que el templo de la amistad lo erosione el viento del tiempo, las tempestades de nuestro espíritu o la sequedad y el hielo del plano correo electrónico.