De religiones y nacimientos

 

La moralidad religiosa está resquebrajándose en el mundo occidental mientras que crece hasta alcanzar el fanatismo –antes desconocido—en  el ámbito del Islam. Las religiones más conocidas y con más seguidores son muy antiguas; muchos de sus valores, de sus doctrinas, de los mitos que refieren, aparecen ya en las épocas en que la escritura nació, unos 5.500 años atrás. El que aun pervivan tales doctrinas nos muestra la inclinación natural que tiene el hombre para creer en los dioses.

Todas las religiones han tratado de encumbrar a sus Maestros señalando nacimientos en los que tuvieron lugar hechos prodigiosos: así ocurrió cuando nacieron Zaratustra y Buda; algunos otros como Moisés y Sargón (que sería el creador del imperio acadio en Mesopotamia), fueron abandonados en una cesta de mimbre a la corriente de un río; Ciro el Grande fue amamantado por una perra, al igual que los hermanos Rómulo y Remo, fundadores de Roma, fueron amamantados por una loba; el prodigio que se obró al nacer Jesucristo fue el de que varios reyes o magos de Oriente acudiesen a adorarle. De igual manera, la celebración de la Navidad como la fecha del nacimiento de Jesucristo, el 25 de diciembre, es la misma fecha en que  nacían los dioses en la región de Oriente Próximo, así que cuando los concilios concluyeron que Jesucristo era Dios, tuvieron que asignarle esa fecha de nacimiento.Como se ve, los mitos de diferentes lugares del mundo están relacionados. Otro ejemplo bien claro es el del diluvio Universal, que aparece en religiones de todas las partes del mundo. Las esencias éticas y religiosas de lugares muy apartados también están relacionadas.

El fundador de la religión cristiana fue Jesucristo. Jesucristo era judío, así que muchas de las creencias del cristianismo acompañan también al judaísmo. Pero, ¿todo lo que relata la Biblia (el Antiguo Testamento es la Torah de los judíos) lo dictó Jehová (Yahwe) a los judíos, los inventaron estos, o lo copiaron?

En gran medida la Torah se redactó durante el cautiverio de los judíos en Babilonia, entre el 583 y el 537 a. C. hasta que los liberó Ciro II el Grande, rey de Persia. Babilonia era el gran centro cultural (y aseguran también que de perversión, por eso era conocida como la Gran Puta) del mundo antiguo. Situada en Mesopotamia (la actual Iraq, en donde nació la civilización), reunió en ella todo el saber de toda la región y de Persia (la Irán actual). Primero fue una ciudad sumeria, después fue acadia, luego sufrió numerosas invasiones hasta acabar siendo una satrapía persa en el periodo que relatamos. De todas esas culturas bebieron los judíos durante su cautiverio, y de ahí surgió la Torah.

Por ejemplo, estamos familiarizados con el Diluvio Universal, pero tal mito aparece por primera vez en el delicioso Poema de Gilgamesh, de 5.000 años de antigüedad. De una época similar es el escrito Descenso de Innana a los infiernos, en los que aparece por primera vez los infiernos y los demonios y el terror al averno. Pero si existía una religión que estaba tomando preponderancia entre los persas en la época del cautiverio, ésta era el mazdeísmo, Ciro II la instituyó como religión del imperio.

El mazdeísmo tiene como dios supremo a Ahura Mazda, aunque luego tiene una legión de dioses a su servicio tal como los arcángeles están al servicio del dios cristiano. Y la similitud no es casual, sino que el cristianismo imitó en eso –en esa cohorte de dioses—al mazdeísmo. Quien predicó el Mazdeísmo fue Zaratustra, quien nos suena más por el libro de Nietzsche, Así habló Zaratustra, o por la música de Richard Strauss, Así habló Zaratustra , en la película de Kubrick, 2001, una odisea en el espacio, pero bien podemos decir que a Zaratustra le debemos gran parte de las formas religiosas que conocemos. La lucha del Bien y el Mal, la lucha de los ángeles buenos contra los demonios, la separación de justos e injustos tras de la muerte, la esperanza en el Juicio Final y la Resurrección de los Muertos, la espera de un Mesías redentor, la bondad en el obrar, pensar y hablar… Todos estos puntos y otros varios fueron trasladados del mazdeísmo a la Torah judía durante su cautiverio en Babilonia, y posteriormente incorporados al cristianismo.

Pero el cristianismo incorporó más razones religiosas de otros sitios. Parece indudable que  Juan el Bautista conocía de primera mano las enseñanzas esenias (los esenios eran un grupo judío que vivía en la pobreza compartida) y hasta el mismo Jesucristo siguen en algunos puntos las enseñanzas esenias, como en compartir las riquezas, comer en comunidad, creer que la riqueza invalidaba para salvarse etc. Tampoco se puede negar cierta influencia de las doctrinas budistas en las doctrinas de Cristo, como la táctica de no ofrecer resistencia al contrario que el Buda expresa con las palabras “la rama que se inclina ante el viento le resiste, mientras que la rama fuerte se rompe”, y Jesucristo expresa con las palabras “si te golpean en una mejilla ofréceles la otra”, que denotan actitudes para apaciguar al “otro”, y en este sentido tanto las doctrinas budistas como las cristianas en referencia al trato social, son de apaciguamiento.

El cristianismo incorporó el dios del Antiguo Testamento, Yahwe o Jehová, dios único, que aparece en el judaísmo en los tiempos de la estancia de las tribus hebreas en Egipto, y parece corresponderse al dios Aton establecido por el faraón Akenaton.

A la muerte de Jesucristo y a partir de la predicación de Pablo de Tarso, el cristianismo entró en contacto con la filosofía griega, produciendo muchas corrientes gnósticas e incorporando “misterios” y simbologías al cristianismo durante varios siglos, dando lugar a luchas entre partidarios de unas opciones mistéricas y otras en diferentes concilios.

A su vez, el cristianismo y el judaísmo influyeron enormemente en la configuración de las doctrinas islámicas que predicó Mahoma, pues Arabia era entonces el lugar donde habitaban muchos miles de judíos y varias ramas cristianas.

Como se ve, todo está influenciado y no hay nada nuevo bajo el Sol.

 

4 comentarios en “De religiones y nacimientos

  1. Lo más sorprendente de los creyentes no es tanto que crean las historias inverosímiles y carentes de la más mínima prueba o fundamento que pueblan sus textos sagrados, sino que consideren sus mensajes éticos como indiscutibles y capaces de llevarnos a una sociedad perfecta. Y te pongo como ejemplo el buenismo, basado en poner la otra mejilla, perdonar todas las afrentas y en la creencia igualitarista basada en el hecho de que todos somos hijos de dios y por lo tanto tenemos los mismos derechos con independencia de cuál sea nuestra conducta.

    Y este es el veneno más sutil que destilan las religiones y que infiltra la mente porosa de todos los progresistas ateos del mundo.

    Saludos.

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    • Tan grande es la similitud entre el cristianismo primitivo y el progresismo ateo buenista (un tipo y otro están llenos de resentimiento contra los capaces, contra los fuertes, contra los que se rebelan contra su propia debilidad) que creo que en esencia son la misma cosa; y, lo que es peor, tu escrito me ha sugerido que, como el cristianismo trajo los mil años de oscurantismo de la Edad Media, los buenistas pueden traer el derrumbe de Europa y el oscurantismo. El maestro en aquellos era Jesucristo, en estos es Marcuse y la Escuela de Frankfurt, un nido de ilusos marxistas

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