PRESENTACIÓN DEL LIBRO

El libro que presento, “Ideología y Revolución” nos explica los rasgos característicos de las principales ideologías, con particular interés en la que algunos denominan Socialismo del siglo XXI. Es ésta una ideología que ha hecho suyas muchas de las propuestas del feminismo y del ecologismo.

Asimismo, el libro contiene un estudio histórico de las aportaciones con que algunos grandes pensadores han contribuido a dar contenido, forma y evolución a dicha ideología:  Rousseau, Marx, Engels, Gramsci, Marcuse, Adorno, Foucault y varios filósofos del posmodernismo francés. Tampoco faltan las críticas al posmodernismo, la del físico Alan Sokal (el affaire Sokal) o las del filósofo norteamericano Stephen Hicks.

La segunda parte del libro hace hincapié en la revolución llevada a cabo en Occidente en nombre de la ideología dicha. Las estrategias de difusión e impregnación social empleadas para conseguir lo que Gramsci denominó Hegemonía Cultural. Y da cuenta, también, de los fenómenos sociales de candente actualidad, tales como el feminismo de género, la diversidad identitaria, la victimización y otros. El autor agrupa todos los movimientos referidos en una formación que denomina “Iglesia Unificada de los Agraviados”, debido a las similitudes que presenta con algunas organizaciones de tipo religioso.

La última parte del libro, que el autor titula “El tránsito hacia un mundo feliz”, nos habla de la estrecha alianza que se ha establecido entre la “Iglesia” nombrada, las élites de la Tecnocracia y el Capitalismo Globalista, tratando de llevar a término la imposición de las Agendas 2030 y 2050 de la ONU. Alianza cuyo propósito es el de implantar un control moral, social y económico sobre la población. El libro explica cómo se producido dicha alianza, los motivos que la han propiciado y los efectos sociales que está teniendo y tendrá en el futuro más o menos cercano.

Se puede encontrar el libro en numerosas librerías de Madrid, Barcelona y Zaragoza, así como en el Fnac y en Amazon (también en Kindle)

EL MÁS ALLA Y EL SENTIDO DE LA VIDA

El sentido de la vida, profundo pero claro y de aspecto simple, es el perdurar, el seguir ‘siendo’. No hay más. Se han llenado bibliotecas enteras con la filosofía del bla bla bla tratando de encontrar tal sentido por los cerros de Úbeda, pero el único sentido que la biología contempla es el de sobrevivir y aparearse. Dígase lo que se quiera de la mente, de la conciencia…, la biología les tiene agarrados por sus partes. ¡Quien manda manda!

Sobrevivir es nuestro Norte y a veces lo traducimos como deseo de inmortalidad. El primer registro literario de la Historia, el Poema de Gilgamesh, escrito hacia el 2.700 a.C. en la antigua Mesopotamia, ya pone su mayor énfasis en la inmortalidad. En su busca parte el héroe, Gilgamesh, rey de Ur, sin finalmente conseguirlo. ¿Sabéis que los grandes multimillonarios tecnológicos están gastando grandes fortunas en una gigantesca investigación destinada a alargar la vida o regenerarla?

Bueno, digo ya que la inmortalidad no es el tema principal que trato en este escrito, sino que lo es las soluciones ilusorias que se han ideado para mitigar la angustia de ser mortal, de tener que morir, de dejar de ser.

Son soluciones religiosas. No hay religión que no haya pintado un Más Alla gozoso tras la muerte del cuerpo (si has cumplido con los preceptos necesarios). Tales soluciones tratan de negar la muerte total, tratan de luchar contra la angustia de tener que morir, de endulzarla, de oponerse ilusoriamente a un ineludible destino. Las soluciones ofrecidas son muy variadas y numerosas: el Cielo cristiano, el paraíso islámico, el Jardín del Edén judío, los Campos Elíseos habitados por los héroes griegos, el Hamistakan de los persas según Zaratustra o el Campo de Juncos de los egipcios. En todos los casos nombrados el Más Alla es un lugar ideal y utópico en donde reinan la paz, la armonía, el disfrute y la muerte y la enfermedad están ausentes.

Pero en otras soluciones el Más Alla se encuentra en este mundo nuestro, aunque de forma fantasmagórica. Es sabido que no existe una tribu primitiva en que sus miembros que no crean estar protegidos o amenazados por los espíritus de los muertos. En China y Japón son muy venerados los espíritus de los ancestros, a quienes se les pone en un lugar preferente del hogar de cada familia.

Ahora fijémonos en que en todos los casos expuestos hay una suposición latente: que existe una entidad incorpórea que se separa del cuerpo con la muerte de éste. Llámese alma o envoltorio del alma o parte del ‘alma’ universal o espíritu, es esta entidad la que accede a los lugares de bienaventuranza o la que ronda los campamentos tribales o la que reside en los lares familiares. Sin embargo, en otras culturas y religiones tales entidades, tales almas (démosle este nombre para compendiarlas) tienen otro destino, diferente a los nombrados en el Más Alla de la muerte.

Los celtas y los tracios creían en la metempsicosis, esto es, una transmigración de las almas desde los cuerpos que mueren hacia otros cuerpos que nacen. Pitágoras, Platón y los practicantes de la Cábala judía sostenían una creencia semejante. Ahora bien, con no muchas diferencias (las que existen —hilando fino— entre la transmigración, la reencarnación y la metempsicosis), las religiones con origen en el hinduismo creen en la reencarnación del alma en un nuevo cuerpo, según un ciclo —rueda del Karma— que solo se detiene si uno logra la ‘liberación’, lo que los budistas denominan el Nirvana. Según la doctrina de que se trate, el nuevo cuerpo al que el alma accede puede pertenecer a una categoría inferior como un insecto o un árbol o a una superior. Dependerá de los méritos acumulados durante las sucesivas vidas por las que haya transitado. En el jainismo, por ejemplo, el alma puede llegar a alentar a un ser semidivino, y en el budismo es posible lograr el cese de la reencarnación.

No podemos ser exhaustivos, pero el abanico de religiones y de soluciones al Más Alla no se acaba ahí. Más cercanos a nuestra cultura tenemos a los cátaros, una heterodoxia cristiana que se extendió hasta el siglo XIII por amplias zonas de Europa. Creían en la reencarnación, que cesaba una vez el adepto era capaz de conocer la divinidad. Y, ¿acaso no tenemos popularizado en nuestra cultura un renacimiento de los muertos? Todos hemos oído hablar de la Segunda venida de Jesucristo y de la consiguiente Resurrección de los muertos para ser juzgados en el Juicio Final.

En fin, mejor sigamos viviendo en nuestro cuerpo tanto como éste nos permita. Seguir siendo. Tal es el único sentido de la vida.

Devaluación Cultural en el Siglo XXI

La cultura fue siempre una manifestación de las élites para las élites. Tenía la virtud de que enganchaba a ella el interés de la población por el conocimiento y por participar del aprecio cultural. Había hambre de conocimiento y hambre de saber identificar el arte y gozar de él. Así que la cultura se hizo objeto de veneración.

Sin embargo, durante el último tercio del siglo pasado, las doctrinas igualitarias lanzaron desde el arte y la filosofía un feroz rechazo contra el elitismo en la cultura. Se dejó de requerir que las obras culturales gozasen de excelsitud. A las nuevas obras no se les exigía poseer mucha calidad artística para ingresar con todos los honores en el panteón cultural. Así que, la cultura, que anteriormente iba dirigida a las dichas élites para consumo propio y admiración ajena, fue dirigida ahora a las clases medias. Pero en el siglo XXI la desvalorización cultural ha ido en aumento y agradar a las masas se ha convertido en requisito indispensable para que una manifestación pueda ser tildada de cultural. Pero esto, que desde mi punto de vista puede resultar un acierto, da pie a que cualquier locura, cualquier absurdo, cualquier extravío se pone hoy de moda y se eleva a altar del arte o la cultura. Esa misma vulgarización ha hecho que el mundo juvenil, liberado de los corsés de la belleza, del buen gusto, de la inteligencia, del sentido común, se abrace a cualquier esperpento. Para darse cuenta de ello solo hay que echar un vistazo al festival de Eurovisión.

Ahora se llama teatro a cuatro payasadas sin tino sobre un escenario; se llama danza a cuatro jóvenes en bragas contorneándose ante un público erotizado. De modo parecido, el pensamiento ha sufrido también su devaluación. Hoy las simplezas y las estupideces que salen de la boca de ‘los apóstoles ideológicos’ se consideran mensajes profundos.

Todo el carrusel de lo que se determina hoy en día como cultural, se lanza hacia las masas hambrientas de morbo. Así que esas masas elevan cualquier memez — sobre todo si viene arropado por una ideología— a la categoría de arte. De modo semejante, se rechaza la evidencia y la necesidad de prueba para establecer una verdad. Solo el ‘sí ideológico’ la determina. Hoy en día solo se acepta como verdad lo que ha sido proclamado dogma ideológico.  La masa demanda y la ideología la contenta.

Con tales devaluaciones —como cuando Prometeo entregó el fuego a los hombres o cuando Pandora abrió la caja de las desgracias que desde entonces asolan el mundo—, la locura ha hecho presa de las masas: cientos de supuestos idiomas ‘reviven’ de su prematura muerte o, incluso, de su inexistencia; se desata la locura climática, una nueva Inquisición pugna por linchar a todo discrepante o heterodoxo… y, en resumen, lo burdo y lo simple se tachan de excelso y el dogma de ‘verdad’.

De Sartre, Borges y Nietzsche

SARTRE

Sartre se esmeró con ahínco en engañar al público europeo para salvar el comunismo. Aseguró que en la URSS existía una absoluta libertad de prensa; alabó a Mao y a Stalin; persiguió con fiereza a todos los intelectuales franceses que se desviaron de la ortodoxia comunista (entre ellos, Albert Camus, Arthur Koestler y Simon Leys). Sartre es uno de los intelectuales del siglo XX que atacaron las democracias occidentales —donde ellos gozaban de total libertad, de una buena posición económica y del aplauso social— y defendieron las inmensas prisiones en que se habían convertido China y la URSS. Bien es cierto que Sartre era bajito, feo y tuerto —una bolita de piel y tinta, tal como le tildaba Simone de Beauvoir, además de insinuar que era impotente—, así que, sintiéndose superior intelectualmente, su resentimiento era inmenso. Un resentimiento que vertió sobre Occidente. ¡Y no hablemos de Althusser, visitante asiduo de psiquiátricos, que terminó asesinando a su mujer!¡Qué gran ejemplo hubiera dado toda esa intelectualidad, incluyendo a Pablo Picasso, yéndose a vivir un par de años a su ‘paraíso’ soviético o chino!

BORGES. NIETSZCHE

Para trazar su ficción, los escritores toman como modelos a gentes con quienes han socializado o cuyos caracteres y vivencias son harto conocidas por el público, lo cual no quita que todos los relatos literarios posean un fuerte componente biográfico. Algunos van más allá y en alguna de sus obras literarias o de pensamiento presentan un héroe en cuyos rasgos descubrimos al autor mismo. Esos personajes representan lo que el escritor hubiera querido ser en esta vida, juegan el papel que les hubiera gustado jugar y no el que han jugado.

Borges, un hombre necesitado de amparo, que vivía entre tinieblas, quiso ser un pendenciero en la pampa argentina y, en el Sur —un relato mitad autobiográfico mitad ficción— dibujó el contraste entre la realidad de su vida y su vida anhelada. El contraste entre un hombre de biblioteca, medio ciego, desmañado, asustadizo, y un hombre de pendencia y acción.

Nietzsche abogó por el hombre altivo, fuerte, despiadado, instintivo…, aristocrático, pero el fue un hombre asustado, temeroso, necesitado de afecto y protección. En carta a Franz Overbeck de diciembre de 1985, se humilla sin rubor alguno ante su amigo: «Por eso necesito que la gente se ocupe de mí. Lo poco práctico de mi naturaleza, la semi ceguera y, por otra parte, el carácter temeroso, desamparado, desanimado, que es consecuencia de mi salud, me suelen atar a situaciones que casi me matan».

Parece ser usual y propio de la naturaleza de los escritores, expresar en la escritura la satisfacción de sus deseos más íntimos, aquellos que no pueden satisfacer en su vida real. Tal acción se enmarca dentro de otra más general: mediante la escritura se evade uno de la realidad que le lastima. Esto es: escribir es un sucedáneo del vivir.

Cinco ciegos, un sordo y cuatro farsantes

Cinco ciegos y un sordo

Asegura la leyenda que un ciego recorría la Hélade recitando las aventuras de Aquiles y Ulises. Éste de quien hablo, poeta, cantor, excelso narrador de avatares y maquinaciones de dioses y hombres, en suma, Homero, legó a las generaciones venideras dos de los grandes motivos de felicidad de los hombres, la Odisea y la Ilíada. La Historia nos recuerda otros ciegos que crearon obras maravillosas. John Milton, James Joyce y Borges son tres de los más relevantes. Sus mejores obras nacieron cuando ya habían perdido la vista o cuando las tinieblas les acechaban. El Paraíso perdido, de Milton, Finnegans Wake, de Joyce, y Ficciones, de Borges, quizás sus mejores obras, fueron escritas en una casi absoluta oscuridad.

Todas las obras mencionadas fueron obras capitales y revolucionarias. La literatura no será la misma después de ellas. Sin obviar la influencia ejercida por la dolorosa existencia que padecieron todos ellos, parece que la soledad, la introspección, el aislamiento que procura la ceguera, les hubiera habilitado para labrar un camino hacia la belleza. Como si al evitar que les entretuviera la visión de las cosas, sus voces interiores entrasen en agitación y sabiamente creasen una consistente y bella urdimbre. En apoyo  a esta interpretación acude la leyenda que habla de otro excelso griego, Demócrito de Abdera, quien se sacó los ojos para que la belleza del mundo no le distrajera.

Debo añadir un sordo a este listado de ciegos; al fin y al cabo tiene parangón perder la vista y perder el oído. El divino sordo al que me refiero no es otro que Beethoven, tras del cual, la música no sería ya la misma.

Me contaba mi abuelo el antiguo peregrinar de algunos invidentes por los pueblos de España. A cambio de unas monedas o de algún chusco de pan, esparcían con gracia y pedagogía las que se conocieron como Coplas del ciego. La ceguera parece ser un recipiente donde se adoban las palabras y se destilan los pensamientos. Tengo por seguro que muchos, a cambio de obtener gracia artística, ofrecerían gustosos su vista…, esa gracia que los ciegos y el sordo nombrados adquirieron.

Cuatro farsantes

El ex Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, predijo en 2009 que para el 2014 se habrían derretido los casquetes polares, sin embargo, el de la Antártida ha aumentado y el del Ártico sigue ahí siete años después de la imaginada apocalipsis. Es de suponer que, dada su posición como senador, poseía datos fehacientes del clima, por lo que podemos afirmar que, descaradamente, mintió con el propósito de producir alarma social. Como «premio» el presidente Biden lo ha nombrado Embajador especial para el Cambio Climático.

Sobre el Cambio Climático planea la sombra del Climategate. Varios hackers destaparon en noviembre de 2009 cientos de emails  de investigadores del Cambio Climático en que se conjuraban para ajustar  gráficos y  datos, o para eludir la entrega de datos que pusieran en duda la gravedad de tal cambio, o para tratar de impedir que científicos críticos pudieran publicar en revistas científicas. En el centro de la conjura estaba el Climatic Research Unit (CRU)de la Universidad de East Anglia, con su director Phil Jones, que tuvo que dimitir. La maniobras para crear alarmismo y recibir a cambio sustanciosos recursos para la investigación, parece ser una labor no muy rara. El mismo Phil Jones ha sido también acusado de fraude científico por ocultar datos sobre el efecto de las ciudades en el aumento de temperatura.

El gurú climático de Al Gore y su Una verdad incómoda fue el profesor Michael Mann, de la Universidad Estatal de Kent y famoso por su “diagrama del palo de hockey[1]” en relación al Cambio Climático. El Dr. Timothy Francis Ball, antiguo profesor en el Departamento de Geografía de la Universidad de Winnipeg en Canadá dijo que una entrevista que la IPCC, desde su creación, venía manipulando los datos climáticos para llegar a los resultados deseados, y en el saco de la manipulación metía el “palo de hockey” de Michael Mann. La respuesta de Mann fue una demanda por difamación y calumnias. La demanda, con varios millones de dólares en litigio se inició en 2011 y llegó hasta la Corte Suprema de la Columbia Británica. La corte pidió a Michael Mann que mostrase su investigación científica, pero éste se negó (extraña forma de defender su “verdad incómoda”, el Pan Nuestro del Cambio Climático), lo que le costó perder el juicio y tener que pagar una buena suma de dinero. El Tribunal concluyó con que los datos del “palo de hockey” habían sido manipulados y falsificados. Ahora bien, a Al Gore “el palo de hockey” le fue estupendamente. Yendo con su yet privado de aquí para allá cobrando una tarifa de 70.000 euros por conferencia, paso de declarar a la Hacienda Norteamericana 700.000 dólares en el año 2000, a 172,5 millones en el año 2015. Hoy en día es uno de los personajes con más poder en Davos, la ONU y el Club de Roma. ¡FARSANTES AL PODER!


[1] El diagrama del palo de hockey aseguraba que las temperaturas habían permanecido bastante inamovibles durante los últimos mil años, y que al llegar el siglo XX la temperatura media sufrió un súbito aumento. El resultado se asemejaría a un palo de hockey en posición horizontal.