PARECERES Y ANÉCDOTAS

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ENSOÑACIONES

La ensoñación consiste en liberar de ataduras a la imaginación para que ésta vuele en pos de ilusiones o de recuerdos gratificantes. De esa manera, imaginativamente, se enamora uno de una mujer, se pone en la piel de su héroe, o consuma una venganza. El proceso lo facilita la ausencia o el olvido de los problemas, la pereza y un cierto grado de modorra. Póngase en esa tesitura y enseguida comenzará la mente a emular satisfactorios procesos reales que activarán redes neuronales cargadas de neurotransmisores de placer. Lo malo del asunto es que la mente puede jugarnos la mala pasada de emular episodios terroríficos si los problemas de la vida real le acechan.

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LIBERTAD

Ahora agradecen muchos ex fumadores que esté prohibido fumar, aunque pusieron el grito en el cielo cuando se implantó la prohibición. De igual modo pasarían algunos, después de un tiempo,  a bendecir la prohibición de cosas que nos producen daño –incluso el enamorarse, siempre que se recalque con intensidad suficiente lo pernicioso que es el desengaño amoroso–, y a la larga siempre habrá gente que agradecerán cualquier prohibición. Hasta el extremo de que cuando todo lo que nos produce satisfacción esté prohibido, habrá quien se sienta satisfecho. La seguridad sobre todo, dirán esos adoradores de la prohibición. ¿Qué hay de la libertad? Me temo que no es un plato del gusto de muchos. En muchos casos, quizás solo haya servido de bandera o de símbolo para sacar la rabia de dentro, y lo que se pretendía de verdad era acabar con  ella.

A SALVO

En mayor o menor medida, uno se encuentra a salvo si no le denuncia una mujer por acoso o no le denuncia un homosexual  por vejaciones o un africano por racista, o si no contraviene las leyes de lo políticamente correcto. Muchas espadas de Damocles penden sobre la cabeza del hombre heterosexual blanco. El tribunal de la Inquisición de lo políticamente correcto tiene mil ojos.

TOLERANCIA

Nos dice el filósofo Karl Popper que “En nombre de la tolerancia, tendríamos que reivindicar el derecho a no tolerar a los intolerantes”

APOCALIPSIS

Nos recuerda Stefan Zweing: “Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea”.

FANÁTICOS Y LOCOS

Los locos, los fanáticos, los lunáticos, los mentalmente enfermos, se convierten fácilmente en vanguardia de la intelectualidad. Me pregunto si no ha ocurrido siempre así. Si los Marcuse, Moisés, Lenin, Hitler… no han sido lo que fueron porque eran unos fanáticos locos. Si no han sido siempre los locos quienes han conducido la sociedad y han sido los cuerdos los conducidos.

ANÉCDOTAS POSMODERNISTAS

Uno de los signos identificativos de la izquierda podemita, hijos naturales del posmodernismo, es la prohibirse criticar cualquier civilización excepto la nuestra. Al respecto, Jean-François Revel, nos propone una anécdota de Allan Bloom. Plantea éste a un estudiante el siguiente problema de moral práctica: “Usted es administrador civil británico en la India hacia 1850 y se entera de que van a quemar viva a una viuda junto al cadáver de su marido difunto. ¿Qué hace usted?” Después de varios segundos de intensa perplejidad, el estudiante contesta: “Para empezar, los ingleses no tienen nada que hacer en la India”. De esa manera se evita condenar un crimen no occidental. Pero me parece a mí más sustanciosa la anécdota del filósofo Fernando Sabater. Planteó a sus alumnos la siguiente cuestión ética: “Un individuo regresa del trabajo a su casa y toma para ello un atajo solitario. En el trayecto lo atraca otro individuo. ¿Quién es moralmente responsable?” Tras de un pronunciado silencio, algunos alumnos esbozaron estas respuestas: “La culpa es del atracado por tomar un atajo que comportaba peligro”, “la culpa es del sistema social existente”, “los padres del ladrón son los responsables por la educación dada a su hijo”, “la culpa es de los genes del segundo individuo”, dijeron otros. En resumen, el ladrón no era culpable para ninguno de ellos.

APRENDICES DE FILÓSOFO

A muchos de los que estudian en facultades de filosofía les deslumbra el brillo de la oscuridad. Esas escuelas tal vez introduzcan virus en el cerebro del alumno al extremo de que perciban excelsas formas en movimiento en el interior de la oscuridad más absoluta.

Borges

BORGES Y LA FILOSOFÍA

En el relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, contenido en la obra Ficciones, de Jorge Luis Borges, éste imagina una secta que, de generación en generación, se empeña en describir un planeta, Tlön, ficticio en sus más mínimos detalles. Tengo la impresión de que Borges inventó tal irreal mundo como un medio para decir a los filósofos al uso lo que pensaba de su filosofía sin ser repudiado por ellos. Nos dice: “En Tlön, los metafísicos no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro. Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica.  … Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo (Bertrand Russell supone que el planeta ha sido creado hace unos pocos minutos provisto de una humanidad que ‘recuerda’ un pasado ilusorio).  Y continúa despachándose con la filosofía, lanzando teorías supuestamente inverosímiles o ridículas pero que se parecen extraordinariamente a algunas propuestas filosóficas muy celebradas.

 

Reflejos de luz entre las sombras

Borges

El patriarca Abraham rogó al dios de los judíos, Yahvé, que perdonara a Sodoma si se encontraban en ella diez hombres justos. Sodoma pereció. A Jorge Luis Borges, uno de los pocos hombres de mérito por los que la humanidad debería salvarse, le negaron el Premio Nobel y fue atacado por jaurías de lobos babeando odio e ignorancia.

Los premios Nobel no son ajenos a la perversión política, singularmente en lo que se refiere a los de la Paz y la Literatura. Kessinger, Ho Chi Minh y Obama, tres de los galardonados, más se distinguieron por las guerras que desencadenaron que por la paz que supuestamente lograron. En lo literario, el que le dieran el premio a Bob Dylan en 2016 y que solo unos pocos de los grandes lo hayan recibido en el siglo XX, da idea de lo dicho.

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La verdadera realidad del mundo es que todo movimiento se rige por intereses: individuales, colectivos, económicos, ideológicos, sociales o territoriales. Todo son intereses. Esa sombra de nuestra animalidad básica que es el egoísmo, como antaño sucedía con la peste, se cobija en los rincones de cada casa. Las máscaras humanas nacieron con la pretensión de ocultar este hecho y mitigar su fuerza destructora. Pero las máscaras, como el anillo de Gollum, se incrusta en las carnes y sus sombras se introducen en el corazón de las gentes. La máscara de la paz que lució Obama ha incendiado Oriente Medio y he hecho germinar odios gigantescos y víctimas sin cuento. La máscara del altruismo la usan tanto las gentes de alto copete para tapar sus vergüenzas como el buscador de aventuras y sueldo como el compasivo. Luces y sombras.

En los mejores sentimientos anidan las víboras más venenosas. El amor a los animales, si franquea sus límites, suele convertirse en odio a la humanidad. Ha habido toda una orquestación mundial para erradicar la rudeza de los hombres, para sensibilizarlo hasta el extremo de hacerle sentir la muerte de una medusa. Se ha legislado, se han otorgado derechos, se han levantado altares al amor a los animales, y, como consecuencia, se sustituyen niños por mascotas y se evita la relación humana, incluso se detesta.

De manera paradójica, por supuesto amor a los animales se nos pide que mutilemos nuestra animalidad. Esa que reclama venganza y crueldad frente al enemigo. Pero la animalidad reprimida se vuelve contra uno mismo y contra lo humano en general. Que nadie se lleve a engaño, Caperucita y el lobo son la misma cosa, forman parte del mismo individuo, así que suele ser habitual que quienes más se visten de piadosos sean quienes más odian.

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La visión del mundo, las verdades, los valores, han seguido a lo largo de la historia un movimiento pendular, pero éste, hoy en día, se ha vuelto errático. Después de periodos de calma arrecian tempestades, después de periodos de razón, el absurdo reclama su imperio. A la lacra de la corrupción política le sigue ahora una moral populista que pretende acabar con las libertades políticas. El populismo se ha encarnado de nuevo.

Si las revueltas del 68 fueron ilusionantes, las secuelas que dejaron fueron espantosas. La incongruencia y el absurdo revolucionario fueron tan mayúsculos que, desde una Europa de libertades y riquezas, una buena parte de la juventud y de la intelectualidad, los autodenominados progresistas, reivindicaban la Unión Soviética y lucharan para imponer mediante el terror y la revolución ese modelo en sus países. Recordemos…, la Unión Soviética, mísera y abyecta prisión. Toda la ideología que les animaba eran simples mantras que repetían incansablemente: “Prohibido prohibir”, “el poder nace del cañón del fusil”, “no hay inocentes”, “toda propiedad es un robo”…, y con esas banderas se lanzaron al terrorismo. Hoy, con mantras similares, “Memoria histórica”, “violencia de género”, “derecha corrupta”, el nuevo progresismo reivindica Cuba y Venezuela, en donde la opresión y la miseria han establecido su territorio. Absurdos imitando a absurdos. Otros mantras, aun cargados con más odio, se repiten hasta la saciedad en Cataluña contra España. Sombras sobre sombras.

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 Nos aseguran estos adalides del resentimiento que cualquier conducta y actitud es válida –si no contradice a la que ellos proclaman. Hoy se proclama que el delincuente y el héroe valen lo mismo.

El ansia de notoriedad y la legión de descerebrados que creen valer en cualquier asunto lo mismo que vale el más excelso, dominan hoy el panorama social. La excelencia, el rango, el poseer criterio, la habilidad, la presteza, los méritos, son  perseguidos por las masas del resentimiento con la intención de erradicarlos. Hoy domina una moral de jóvenes, subversiva y banal.

Ser joven y ser contestatario, e incluso sentirse revolucionario, proporciona sensaciones agradables, una cierta experiencia he tenido al respecto, pero esas actitudes no deben de pasar del conato, pues a la gente joven le sobra vitalidad y le falta entendimiento. Tanto es así que entienden la democracia como el derecho a tener todo sin esforzarse en nada.

Así que el individuo de valía se evade de la masa y camina solo o en la mera compañía de los pocos que le son afines. Borges fue uno de esos hombres santos cuya mera existencia redime al mundo de su banalidad. Los masticadores de odio lo vilipendiaron con saña. El sayón por el que hoy los argentinos se embarcan aún en cruzadas, el que sacrificó todo por el poder, Perón, con el fin de producirle escarnio, le nombró inspector de aves. Pero el escarnio que quería infligir recayó sobre él mismo para toda la eternidad.

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Maculados por la política los prohombres de la Academia Sueca le negaron el Premio Nobel a Borges como hoy en día se lo niegan a Philip Roth y se lo entregan al díscolo Dylan (aunque confieso que su Knocking on Heaven’s door arranca notas de sublime emoción en mi espíritu). Ahora me viene a cuento, perdón por la interrupción, que dos de las más hermosas canciones que se han escrito en el siglo XX, la recién nombrada de Dylan y el Hallelujah de Leonard Cohen, pronuncian palabras sacras, como si en lo arquetípico cifráramos nuestras creaciones más excelsas. Más luces para disipar las sombras. Tal vez Borges y las dos canciones nombradas presenten valía suficiente para que un indefinido y omnipotente señor del Universo considere que la humanidad subsista. En cualquier caso, existen infinidad de otras luces que nos redimen de lo banal y perverso de nuestro existir y actuar. Ahí está la luz de la amistad, la de los bellos relatos, la del romanticismo, la del conocimiento, la de la alegría y del respeto, tratando de iluminar las sombras del odio y del absurdo.

 

EL SUR

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Acabo de regresar del Sur, que no es solo una mera referencia geográfica, sino también un modo de vida en el que las celebraciones y los ritos contienen aún reminiscencias festivas de antiguas deidades agrícolas. Me propongo añadir unas palabras sobre ello.

Para nuestro gozo existen dos bellísimas obras ―literaria la una, cinematográfica la otra―tituladas El Sur. Un cuento de Borges recogido en Ficciones es una de ellas. El cuento es extraordinario por razones que solo esbozo, ya que no es tal ahora mi propósito, pero sí señalo que quien lo lee sin llegar a su meollo se sorprende de que Borges lo considerara su mejor relato («De El Sur, que es acaso mi mejor cuento, básteme prevenir que es posible leerlo como directa narración de hechos novelescos y también de otro modo», nos dice Borges en una posdata de 1956 al prólogo de 1944).

Si se recorren detenidamente los vericuetos de El Sur y se profundiza en Borges, la tal sorpresa abre paso al asombro y a la admiración. He aquí mi esbozo: En El Sur se halla cifrado Borges; todo Borges: su vida, sus anhelos…, y en la obra se encuentra también todo el museo de sus espejos, tigres y laberintos, eso sí, laberínticamente encriptados.

Pero me interesa aquí el significado del viaje que en el relato realiza Borges con destino al Sur. En el relato, Dahlmann, presunto de Borges, viaja al sur o, mejor dicho,  sueña que viaja al sur, y allí el asustadizo y culto bibliotecario participa en una pelea a cuchillo. Se trata precisamente de una odisea onírica en busca de satisfacer sus ansias de criollismo, las ansias guerreras de su otro linaje, no del culto; sus ansias de dar rienda suelta al yo de los anhelos de Borges,  sus ansias festivas, de gaucho, de instinto. El Sur es para Borges todo eso.

El otro El Sur es la película de Víctor Erice que lleva tal nombre. Tengo para mí que es el más bello film que se ha realizado jamás en España. Agustín Arenas, dedicado a la medicina, vive con su esposa y con su hija en una ciudad norteña añorando  del sur un antiguo amor. En la novela de Adelaida García Morales en que está basado el film aparece también el fruto de ese amor, un hijo cuya existencia él ignora que vive con su madre en el Sur. En fin, la tal añoranza lo mata. Agustín Arenas no se atreve a abandonar el frío norte de su familia y de sus relaciones matrimoniales; no se atreve a emprender la odisea hacia el sur, así que se suicida.

El Sur no es una mera referencia geográfica, sino también una llamada de lo instintivo, un grito del gozo fuera de formalismos; es el canto de las sirenas de la carne que incitan a la odisea. Borges y Agustín Arenas se hallan atrapados en el frío norte, en lo formal, en lo culto, en el sosiego del trabajo sin albricias, mientras que el espíritu de la carne les exige la algarada, les demanda el gozo del Sur. Borges quiere creer que satisface esa llamada empleando el ardid de un sueño; el protagonista de Víctor Erice evita los cantos de sirena del Sur mediante el suicidio. El Sur siempre nos grita contra la civilización tratando de hacernos retornar a lo primitivo. En la mente de cada cual palpita la elección: hacer oídos sordos a los cantos de sirena y aferrarse al frío mástil del navío que recorre los ámbitos del norte, o  sucumbir a la tentación y emprender el viaje hacia los templados territorios sureños.

Los dos que soñaron

 

En 1978 Borges dio una serie de conferencias que fueron recogidas en el libro Siete Noches, una de las lecturas que me suscitan mayor placer. En él  alude a un hermoso relato comprendido en Las Mil y Una Noches titulado Los dos que soñaron. Un hombre de El Cairo sueña que en cierto lugar de Isphajan se encuentra un tesoro escondido. Ya en esa ciudad se ve atrapado en circunstancias que lo llevan a presidio. El jefe de policía lo interroga y se sorprende al escuchar la causa de su viaje. Se apiada de él y lo deja libre no sin antes recriminarle su credulidad. “Yo también sueño con un tesoro escondido en el jardín de una casa de El Cairo, junto a una higuera y un reloj de sol, debajo de un surtidor”, le dice con ánimo reprobador.  El hombre de El Cairo ha reconocido en las palabras del policía su propia casa. Regresa a su ciudad, excava bajo del surtidor señalado y encuentra el tesoro.

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Recientemente, en el antiguo barrio judío de la ciudad de Cracovia, al sur de Polonia, de refilón he escuchado una versión un poco distinta del relato. Corren los años de la alianza de Austria y Polonia contra el imperio Otomano que se resolvió con derrota turca en Viena. Un rabino de Cracovia sueña con un tesoro escondido en la capital austriaca. Hacia allí se dirige, pero un oficial austriaco le impide cruzar un puente cercano a esa ciudad por el peligro de los combates. El oficial le cuenta su propio sueño acerca de un tesoro escondido en una casa de Cracovia, y le refiere el escenario. De vuelta a su casa, el rabino excava y lo encuentra y construye una hermosa sinagoga que en nuestros días perdura.

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Las historias de Las Mil y Una Noches fueron habladas en la India y en Persia, y fueron recogidas en árabe en El Cairo. Están henchidas de sueños y de sucesos mágicos.

Es creíble suponer que los sucesos que el libro refiere se contasen en los zocos de las tierras musulmanas a partir de los siglos XIV o XV; pero puede que no sea vana la hipótesis de que se tratara de cuentos muy antiguos, anteriores al siglo XI, anteriores a la época en que la figura de Alá adquirió en la conciencia de sus fieles un rigor incompatible con el erotismo y la libertad que muestran. Harun al-Rasid, uno de los primeros califas, es de los principales protagonistas.

Caben otras posibilidades. Tampoco resultaría extraño que Las Mil y Una Noches recogiera relatos preislámicos, de la India y de Persia, que fueran adaptados después a lo musulmán. En tal caso, la matriz creadora no sería semita, de árabes o hebreos, sino irania, de indios o persas.

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El hecho de que el relato Los dos que soñaron figure también en lo legendario del judaísmo puede tener varias explicaciones. Una de ellas aventuraría que lo copiaron de una narración islámica anterior, pero otras dos explicaciones son posibles. Podría tratarse de una adquisición procedente de Persia o Mesopotamia; recuérdese que durante la cautividad del pueblo judío en Babilonia se copiaron de esas culturas mitos esenciales como el de Noé, el Diluvio, el Cielo y el Infierno, etc. Otra explicación refiere que podría tratarse de una creación propia de los judíos.

En apoyo de esta última explicación está el hecho de que el empleo de la parábola como forma narrativa es característico del judaísmo. Los dos que soñaron puede ser interpretado como una parábola acerca de perseverar en la consecución de los sueños con la fuerza de la esperanza. Ningún otro pueblo ha mantenido tan alto el pendón de la esperanza (en su Mesías salvador, en su reunificación, etc.) como los judíos a lo largo de su historia. Los sueños también son elemento común en sus relatos bíblicos. Ahí tenemos los sueños de los Profetas; el sueño de Daniel, en Babilonia, que sueña el sueño de Nabucodonosor; el sueño de José en Egipto…Algún narrador de la India, Persia o Egipto la habría incorporado al acervo de las narraciones de Oriente, que se recopiló con el nombre de Las Mil y Una Noches.

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O es posible que todo se reduzca a una sarcástica invención de Borges, tan aficionado a las simetrías y a los espejos. En tal caso tendríamos que suponer que alguien  de la ciudad de Cracovia –de quien yo la escuché—tuvo que tomar la invención borgiana para transformarla en una leyenda judía.  Pero es inútil seguir con adivinanzas. Más sentido tiene recomendar la belleza de Los dos que soñaron,   la belleza de Las Mil y Una Noches, y  la belleza de Siete Noches, donde se refieren las anteriores.

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VIRUTAS DE ENTENDIMIENTO

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  1. Hoy se cría a los hijos de manera que crezcan sin contratiempos; incluso se atiende a satisfacer todos sus deseos. Así se les hipersensibiliza ante los problemas y ante los disgustos, y por esa misma razón se les incapacita para afrontar los problemas de la vida real.
  2. Tras de muchos años de verter basura sobre nuestros cerebros, las televisiones privadas dispensan ahora doctorados de chismorreo y farándula. Aseguran que son los títulos que más nombre social otorgan. Pilar Rahola los ha obtenido ya ambos.
  3. Las utopías son atrayentes porque sugieren con la fuerza de una promesa un ámbito de futura felicidad. Por eso la utopía es presentada siempre borrosa, para que cada cual  le ponga la máscara más agradable.  Cuando el castillo enemigo ha sido debelado y la utopía ha entrado triunfante y desvela su verdadero rostro, lo que el utópico imaginaba paraísos son cárceles, y lo que imaginaba felicidad se hace duelo y tormento.
  4. Es extrañísimo el horror hacia la pena de muerte. El horror que sienten algunos deriva del temor a la posibilidad de que le sea aplicada a él en el futuro. Un día de estos lo explicaré más extensamente.
  5. Me duelen los retratos de tiempos pasados con gente próxima, conocida, sentida. Esas amarillentas fotos sacan a relucir tiempos idos, acordes añejos, edades perdidas, amigos, amantes, amores sin retorno, acabados, muertos. Su visión me acongoja porque refleja su amarillo sepia en mi rostro. Esos retratos antiguos me rompen el alma en pedazos.
  6. En el hermoso español, ‘contar’ no solo significa referir o relatar, así como calcular las unidades de una cosa, sino que también tiene el significado de añadir sucesivamente una unidad a una cifra previa. Para que le entre el sueño, al niño se le cuenta un cuento; para el mismo menester, el adulto cuenta ovejas. Borges resalta lo maravilloso del título Las Mil y Una Noches, un libro de exótico y sensual encanto en el que la bella Sherezade relata a Aladino y a Simbad y miles de otros enlazados cuentos. El título Las Mil Noches da idea de finitud, pero Mil y Una Noches nos sugieren lo inconmensurable. Se me ocurre una locución que también evoca inmensidades: “Contar en un desierto de arena”. En las profundas noches del desierto, junto a una fogata y bajo una luna llena abriendo ilimitados horizontes, contar un cuento trae sabor a eternidad. También el inmenso silencio de esas noches propicia el embelesamiento de contar uno a uno los granos de arena, es decir, de contemplar absorto la cara de Dios.
  7. Protocolo psicológico del revolucionario. A) En primer lugar hay una creencia que ha hecho nido en él. No sabe bien cuándo ni por qué ni las razones en que la creencia se funda, pero le sirve de guía para considerar lo que es justo y lo que no lo es. También le guía para el fin de establecer la consideración de quién es su amigo y quién es su enemigo. No posee más argumentos ni bases éticas ni tan siquiera razones, pero conoce a su enemigo y cree conocer lo justo y lo injusto. B) Ante lo injusto responde con indignación, odio y resentimiento, y se lanza contra la supuesta injusticia sin preguntarse si es tal, o a qué escenario le conducirá su acción justiciera. C) De esa manera y sin más miramientos, el revolucionario, sin entendimiento alguno de la situación real pero cargado de odio, se lanza a destruir sin pensar qué construir después ni si se podrá.
  8. A veces me pregunto si no se precisa un cierto grado de inconsciencia de la realidad para ser feliz, aunque solo sea provisionalmente.
  9. Del altruismo he hablado ya largo y tendido, pero hay un tipo de altruismo que no es otra cosa que el intelecto puesto al servicio del engaño.
  10. Un gran paso hacia adelante fue que la derecha política española se homologase con la europea. Es una gran salto hacia atrás que la izquierda política española se homologue a la izquierda venezolana de Chávez y Maduro.

 

De libros y convalecencias

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Una larga y molesta convalecencia tras de una gripe mal curada, ha propiciado que leyera dos libros muy gratos.   Empiezo por el titulado Biblioteca personal, cuyo autor no es otro que Jorge Luis Borges. En el  libro se recogen setenta y dos prólogos que Borges escribió para otros tantos libros de diferentes autores. Hablar de la escritura del argentino y del deleite que produce sería decir obviedades, así que tal vez resulte más interesante traer algunos datos, anécdotas y pensamientos que intercala  Borges, en forma de suaves pinceladas, en ese cuadro de prólogos mencionado.

*Dice de H. G. Wells (La máquina del tiempo) y de Julio Verne (Viaje al centro de la Tierra; De la Tierra a la Luna), dos de los mayores precursores de la ciencia del futuro, que ambos opinaban que el hombre no podría llegar jamás a la Luna.

*El razonamiento es propio de los griegos; de los semitas es propio la metáfora.

*En 1902, Joseph Conrad (Lord Jim) publicó en Londres, El corazón de las tinieblas, acaso el más intenso de los relatos que la imaginación humana ha labrado. (Agrego yo que Apocalipsis Now, la versión libre cinematográfica llevada a cabo por Francis Coppola, no le va a la zaga).

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*Según Stevenson (La isla del tesoro; Dr Jekyll y Mr Hyde), el encanto es la imprescindible y esencial virtud de la literatura.

*George Bernard Shaw (Pigmalión), se afilió a la Sociedad Fabiana, que tomó su nombre de Fabio el Demorador, que pensaba que el mundo llegaría gradualmente al socialismo sin que una revolución fuera necesaria.

*Unamuno (Del sentimiento trágico de la vida), acometió el estudio del danés para leer a Kierkegaard (El concepto de la angustia) y declaró que el arduo aprendizaje valió la pena.

*Iniciar géneros, firmar manifiestos, hacer escándalo, importan más para la fama que escribir bien.

*William James (Principios de psicología)juzga que todas las religiones pueden ser benéficas siempre que la convicción sea su fuente, no la autoridad.

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*Jonathan Swift (Los viajes de Gulliver)publicó en 1729 su “Modesta propuesta para impedir que los hijos de los pobres fueran una carga para sus padres”. El plan propone la fundación de mataderos públicos donde los padres pueden vender a sus hijos de cuatro o cinco años, debidamente cebados para este fin.

*De modo inverso a lo que hoy en día ocurre, asevera Borges que “a principios del siglo XX se descreía de magias y talismanes, y que la imaginación acepta lo prodigioso siempre que su raíz sea científica, no sobrenatural”.

Yo invito a pasearse por las series televisivas de este siglo XXI con el fin de descubrir si en una sola de ellas no son la magia y lo sobrenatural sus elementos básicos y definitorios. La explicación al contraste entre los dos siglos tal vez se cifre en el estado de ánimo. A comienzos del XX reinaba la pasión por salir de la ignorancia y por satisfacer el asombro que producía la nueva ciencia; a comienzos del XXI, la gente, conocedora de lo arduo de la ciencia, huye del asombro y se refugia en lo extraordinario, que es también vertiginoso, siempre que sea presentado como obvio. La gente se refugia en lo fantástico porque no requiere entendimiento, sino credulidad. La gente es sobretodo crédula.

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El otro libro trata de la Materia Oscura, una materia invisible que parece llenar el universo entero. En contra de lo que a primera vista pudiera parecer, el libro resulta ameno y no es complicado para quien posee unas pocas nociones de Física.

Los planteamientos que el autor emplea para poner en escena la materia oscura son  detectivescos: los astrofísicos en busca del asesino galáctico de la ley de Newton.  Escrutar con atención una galaxia permite obtener mucho conocimiento de su estructura y de sus mecanismos. Por ejemplo, podemos saber apreciablemente bien su masa por su brillo; y podemos saber la masa del gas que contiene la galaxia por el estudio de los rayos X que dicho gas emite. También sabemos que las estrellas se mantienen en órbitas en torno al centro de la galaxia gracias a su movimiento; así que mediante las ecuaciones de Newton descubrimos que la velocidad de las estrellas lejanas tendría que disminuir rápidamente con la distancia al centro galáctico. Pero no fue esto lo que encontraron los astrónomos, sino que la velocidad de las estrellas periféricas se mantenía prácticamente constante con el aumento de la distancia.

Este desacuerdo podría deberse a que las ecuaciones de Newton fallasen a distancias galácticas o que en el espacio estelar debía de haber otro tipo de masa que resulta invisible. A esa masa se la denomina materia oscura. Experimentos, análisis, datos, sirvieron para concluir que entre un 80% y un 85% de la materia del universo es materia oscura.

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Esta materia oscura tuvo que dejar su rastro en las reliquias del Big Bang, pues ha jugado un papel importante en la evolución del universo. Recuérdese que el Big Bang significó la aparición de un universo energéticamente muy denso. Me refiero a nuestro universo, claro. Y este universo fue creciendo y enfriándose con el paso del tiempo. Algunos hitos son importantes: a los pocos minutos del Big Bang, la temperatura disminuyó por debajo de los mil millones de grados, lo que propició que una parte de los protones y neutrones existentes se unieran formando núcleos atómicos. Cuando el universo tenía 380.000 años, su temperatura había bajado a los 3.000 grados, lo que permitió que los electrones se enlazasen a los núcleos formando átomos y los fotones escapasen en todas direcciones, llenando de luz el universo. Bien, pues la luz emitida entonces, mil veces más fría, la recibimos ahora, y nos informa de los sucesos que acaecieron en aquella época.

Por ejemplo, nos permite saber que nuestra galaxia se desplaza a 380 Km/h en dirección a la constelación de Virgo. También nos informa de las densidades de masa en el universo primitivo y de sus fluctuaciones.  No solo eso, también nos descubre que el universo es plano, que no es abierto ni cerrado, pero para que tal ocurra, debe existir otra entidad que los astrónomos denominan energía oscura. En fin, ¡vaya usted a saber lo que aparecerá a los postres!

El libro nos indica finalmente los experimentos que se llevan a cabo para detectar ese tipo de materia y esa energía. Uno de los más importantes tiene lugar en el túnel pirenaico de Canfrant, en el norte de Huesca. También nos cuenta la posibilidad de otros universos. Un deleite.

 

Aún he tenido tiempo para leer otro libro, éste de metafísica, pero dejemos a los metafísicos salirse del mundo por la tangente y más allá de los límites del Universo, que allí discutan sobre la esencia del ser y la sustantividad y otras lindezas. No hacen daño a nadie con eso. Cada cual se entretiene a su manera. Si acaso se autoproclaman los grandes popes del entendimiento, miremos hacia otro lado y esbocemos una sonrisa

Los Juegos del Intelecto

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Para mí, publicar en este blog es un juego. Yo juego a contarles mis ocurrencias esperando que las encuentren interesantes, y otros, en otros blogs, juegan a contar las suyas con similar esperanza.

¿Qué buscamos todos al hacer esto? En lo social, conseguir un cierto grado de reconocimiento; en lo personal, en lo íntimo, encauzar los pensamientos a un propósito, ocupar deliciosamente la mente; esto es, huir del sinsabor del aburrimiento.

Escribiendo pretendemos descargarnos de los pesares y de las culpas que la vida nos lanza, escondernos de los temores y las angustias. Por esa razón jugamos a construir mundos etéreos escribiendo.

Sin embargo, los juegos más celebrados consisten en emular batallas. El ajedrez, los deportes, el fútbol, los innumerables juegos de guerra que practican millones de jóvenes con la PlayStation o con Tableta consisten en eso, en la lucha por el triunfo frente al enemigo.

La batalla es el juego por excelencia. Vencer en un enfrentamiento, saberse superior al adversario, saborear el éxito, es el regocijo buscado. Son el cruel instinto tribal de masacrar al enemigo y el ansia de prominencia frente al adversario los que actúan en estos casos. Pero este tipo de juegos es socialmente aceptable porque es incruento; porque se despacha con enfrentamientos virtuales.

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Los juegos por absorber empresas o por ocupar el cargo directivo más alto también son de este tipo, pero son reales, cambian la realidad de las cosas y de las situaciones, deshacen y construyen riquezas y posiciones de poder reales, aunque no dejan de ser un juego movido por el ansia de sobresalir y por huir del aburrimiento. En todos ellos, el azar es un condimento que enriquece el sabor del juego.

Existen otros tipos en los que el jugador es único, otros juegos en los que se carece de contrincante. A ellos pertenecen los juegos de creación artística o literaria, aunque se dan otros muchos varios. Al sujeto no le satisface la realidad en cuanto a ser pensada, y juega a pensar mundos virtuales. Pero no deja por ello de esperar el reconocimiento social por lo que hace, esto es, no deja de desear el triunfo.

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No niego, sin embargo, que el triunfo no lo es todo, y que con la práctica del juego creativo  las entretelas del pensamiento se van enredando en deleites insospechados. La posibilidad de triunfar socialmente con el juego artístico que se lleva a cabo deja ya de ser un acicate, y sí pasa a serlo, en cambio, el deseo de perfección y virtuosismo, lo que antaño se denominaba la gracia.

Tan llega a ser de esa manera, que puede ocurrir que las redes neuronales encargadas del pensamiento se cortocircuiten, y que lo que empezó siendo un juego, un pasatiempo, se sustancia en un modo de vivir, que los pensamientos artísticos se conviertan en la existencia de uno. A este respecto Proust declaraba estar ocupado por la literatura, ser ya literatura únicamente.

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En ese jugar a construir mundos ficticios cada artista se vale de las armas que mejor ha sabido afilar con la práctica. Digamos que Freud se vale de la intuición y de la ocurrencia, aunque quiso hacernos creer que jugaba a ser científico. Borges, en cambio, jugaba a destilar, pulir y condensar frases y palabras al modo al que el alquimista destila del impuro azogue la Piedra Filosofal. Joyce toma los pensamientos tal como fluyen y emergen en el escenario de la conciencia, descoordinados, sin cincelar, y juega a construir con ellos un edificio complejo supeditado a un orden secreto que los adoradores del autor tratan cada año de descifrar en lugares emblemáticos.

Pero existe un grupo de artistas de lo ilusorio que juegan a creerse dioses utilizando para ello la poderosa arma de la razón sin otros aparejos. Son los metafísicos. Están convencidos de que con el mero artilugio de la razón, sin más aditamentos, les sobra y basta  para hallar la verdad del ser y de las cosas; y construyen con acierto castillos en el aire que creen eternos pero que no resisten el más leve soplo de viento. Ilusos.

Hay profesiones que son un juego. Por ejemplo la de actor, que dice Borges “que en un escenario, juega a ser otro, ante un concurso de personas que juega a tomarlo por aquel otro”.

Quienes apenas juegan a batallas son las mujeres, que, a cambio, juegan con elegancia y acierto a escribir de sentimientos. Otros juegan a dejar la mente en blanco. Si lo que tratan es de huir del deseo malvado, se dicen budistas, si su pretensión es encontrar a dios tras de ese silencio del pensamiento, son conocidos como sufíes o yoguis, o místicos cristianos.

Todos jugamos. El intelecto demanda estar ocupado y gratificado, y con ello, también,  pretendemos huir de los pesares de la vida. Así que juguemos a creer que jugamos.

Y con esto me despido hasta después del veraneo. ¡Que ustedes jueguen a gusto!, ¡que el deleite les acompañe!