BORGES EN EL SUR

 

Pretendo exponer  que Jorge Luis Borges –su simbología, sus miserias, sus anhelos—se halla encriptado en EL Sur, narración compilada en Ficciones. El argumento del relato parece simple por venir cifrado. Narra un accidente fortuito, un hombre atendido en un sanatorio y un sueño. El hombre es Borges aunque se llame Dahlmann, y el sueño delata quién es y qué anhela. Se sueña viajando al sur (El Sur), que es alegoría de su otra vida, la que  hubiera querido vivir.  En esa alegórica geografía deja de ser bibliotecario casi ciego para “empuñar con firmeza el cuchillo”.

Lo acompañan –encubiertos—sus ancestros, los fríos y cultos británicos y los apasionados y aguerridos latinos. Borges funde en ese abuelo de Dahlamann a sus abuelos. “Aquel Francisco Flores del 2 de infantería de línea, que murió en la frontera de Buenos Aires lanceado por los indios de Catriel…” es un compendio de su bisabuelo materno, Manuel Isidoro Suárez, que luchó a las órdenes de Simón Bolivar, de su abuelo Isidoro de Acevedo Laprida, que murió en 1829 a manos de gauchos federales, y de uno de sus abuelos paternos, el coronel Francisco Borges, que se lanzó a la muerte, desprotegido, en la batalla de La Verde. En su Ensayo autobiográfico, dice Borges que esa parte de su sangre podría explicar su anhelo de destino épico. Y por parte materna: “El hombre que desembarcó en 1871 en Buenos Aires se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de la iglesia evangélica”. Así empieza El Sur. Ese hombre no pretende ser otro que el padre de Fanny Haslam, la madre inglesa del padre de Borges, pastor metodista de Nortumbrianland.

También lo acompañan Las Mil y Una Noche, la casa Rosada, el gaucho, su Buenos Aires, el criollismo, los espejos, el juego con el tiempo y los lugares, “un enorme gato que se dejaba acariciar como una divinidad desdeñosa”, que hace las veces del tigre borgiano, y el laberinto.

El autor ofrece pistas con la intención de seguir el hilo de Ariadna en el laberinto argumental que ha construido. Dice: “De El Sur, que es acaso mi mejor cuento, básteme prevenir que es posible leerlo como directa narración de hechos novelescos y también de otro modo”. Considerar El Sur su mejor cuento requiere asumir que encierra otro propósito que le resulta a Borges muy preciado, requiere comprender que Borges nos invita a leerlo “de otro modo”. Para el futuro, señala también otros datos destinados a los posibles lectores de su autobiografía: el hombre que estuvo a punto de morir de septicemia en el sanatorio fue realmente Borges. Tal hecho ocurrió en febrero de 1939.  Y “En esos días, Dahlamann minuciosamente se odió; odió su identidad…”; Borges odió al bibliotecario municipal que él era. Entonces, queriendo escapar esa mísera realidad en que estaba sumido, quiere ser otro, sueña. Crea dos universos, el de la realidad de sus miserias y su falta de brío, y el atrayente universo de otra realidad inmersa en el sueño.

“Mañana me despertaré en la estancia, pensaba, y era como si a un tiempo fuera dos hombres: el que avanzaba por el día otoñal y por la geografía de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio… . Tal es el ancla que deja Borges para reconozcamos que comienza el sueño; un ancla coloreada con letras cursivas en el relato. El hombre real, el del sanatorio, y el hombre soñado, el que se dirige al sur. La estancia es su destino en El Sur. En tal sueño se producen los contrastes y amalgamas que caracterizan lo onírico: “las simetrías y los leves anacronismos”—como le gustaba señalar a Borges—, la carencia de lógica, la con-fusión de personajes, las figuras simbólicas, la manifestación de temores y de ocultos deseos… Dahlmann viaja en tren hasta una estación que le es desconocida; entra en una especie de taberna y cree reconocer al patrón; allí hay unos “muchachotes” que resultarán pendencieros; y hay un viejo gaucho que representa a todos los gauchos; y entonces hace aparecer con-fundidos el patrón de la taberna y el enfermero que lo cuida en el sanatorio. Claro es, ambos cumplen la misma función en el sueño la de velar por su seguridad. “Dahlmann, adentro, creyó reconocer al patrón, luego comprendió que lo había engañado su parecido con uno de los empleados del sanatorio”. Más adelante: “… ya estaba de pie cuando el patrón se le acercó y lo exhortó con voz alarmada: ―Señor Dahlmann, no les haga caso a estos mozos, que están medio alegres. Dahlmann no se extrañó de que el otro, ahora, lo conociera…”. Y poco después: “El patrón objetó con voz trémula que Dahlmann estaba desarmado”.  Entonces las circunstancias y el anhelo de ser “el otro Borges” desembocan en un duelo. Dahlamann-Borges sale a pelear a campo abierto con el pendenciero que le provocaba. Un suceso que tuvo lugar siendo  Borges  ya muy viejo y ciego evidencia ese anhelo suyo de destino épico. Daba una charla a estudiantes en la Universidad de Columbia cuando un muchacho portorriqueño le gritó hijo de puta. Borges golpeó el escritorio con su bastón y ―ya libre por los años del temor al oponente―desafió al estudiante a un duelo fuera del recinto.

El anhelo de destino épico, de usar “el acero”; ese anhelo  de criollismo, de gauchismo,  con tanto énfasis plasmó en El Martín Fierro y en Evaristo Carriego y en   Juan Muraña y  otros relatos; el anhelo que Borges atribuye a su linaje latino; se cumple en el sueño. El Borges bibliotecario, asustadizo, casi ciego, es soñado ahora cuchillero.

Si para Borges –siguiendo a Shakespeare—la materia de la realidad es la misma que la del sueño, el sueño es un desdoblamiento, es el reflejo onírico de otra realidad, aquella en que él es “el otro Borges”, una realidad ofuscada por su crianza inglesa: la realidad que pudo haber sido, que él tal vez hubiera querido.

Así que El Sur se halla cifrado en los reflejos del universo onírico y del universo del Borges real. De acuerdo con el pensamiento borgiano, se trata de dos sueños: uno es de un Hacedor que da vida a Borges soñándolo; el otro es del mismo Borges soñando a su “otro yo”. Pero tales sueños, tales reflejos, infieren dos espejos. Solo vemos los reflejos que producen, los dos Borges; por eso sabemos que están ahí. No podían faltar. Es uno de sus más conspicuos símbolos. El espejo imita la realidad.

Dios (he dado en pensar) pone un empeño
en toda esa inasible arquitectura
que edifica la luz con la tersura
del cristal y la sombra con el sueño.

Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso nos alarman.

Pero son dos espejos enfrentados: el que me trae quién soy y el que me dicta quién pude ser, mi doble. Sus antagónicos reflejos se hieren. Esas meras apariencias que propagan los espejos y los sueños no son distintas a la apariencia de la realidad. Como se nos dice en Las Ruinas Circulares, somos el producto de un sueño. Pero tales apariencias se ocultan tras la máscara del relato. Nos dice Borges: “Siempre sueño con laberintos o con espejos. …Mi otra pesadilla es la del espejo. No son distintas, ya que bastan dos espejos opuestos para construir un laberinto”. El Sur es una máscara; El Sur es un laberinto. Borges se retrata, enmascarado, en ese laberinto de reflejos de realidad y sueño.

Digámoslo ya:

 

El Sur es un laberinto formado por dos espejos enfrentados que cifran a Borges.

 

BORGES en su laberinto y otros relatos

 

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Me he decidido a publicar el libro de relatos cortos a que alude la foto. Suelo escribir de temas  del Conocimiento pero a instancias de amigos, familiares y conocidos que alguna vez leyeron mis narraciones, he decidido publicarlas. Mi hija Mireia es la responsable de haberle dado  imagen y forma.

De morir y matar, de algunas formas de amar y de Borges, tratan los cuentos. Algo tienen estos de dos blogueros a quienes leo asiduamente: de Yack, que escribe  en el blog  http://tertuliafilosoficatoledo.blogspot.com/ , que los leyó y me presentó sabias sugerencias; y de Stella, que escribe en el blog https://apuntodecaramelo.com/ , de quien traté de imitar el preciosismo de su prosa –con escaso éxito—en uno de mis relatos, el más corto.

El primer relato, “Tánatos”, ya le estalla al lector en el ánimo. Algunos me aseguran que es muy profundo y hermoso, aunque terrible. “El Azacán y la Princesa”, está narrado al modo y en el mundo de Las Mil y Una Noches. El amor, la fabulosa Basora y el célebre Harún al-Rasid son algunos de sus protagonistas. Tengo para mí que el final resulta sumamente ingenioso. “Encuentro” es un corto relato que trata de añoranzas. En él sigo el bello hacer de Stella. “Compases de Tango” es una fábula de pendencia y malevaje. En una Argentina pretérita se ambienta. Fue mi primera narración. Quizás se precise un singular empeño para sacar todo su jugo a dos de los relatos del libro:  “La Daga y el Manuscrito”, que habla de lo esotérico y de los tiempos cíclicos, y que discurre en Toledo, que fue en tiempos un contubernio de culturas, razas y credos; y “Borges en su Laberinto”, que es a la vez un vertiginoso relato y un ensayo analítico sobre ese cuento de Borges, El Sur, del que dice “…que es acaso mi mejor cuento…” (No sé si existen ejemplos anteriores de esta argamasa literaria hecha de cuento y ensayo. Lo cierto es que he recibido muy agradables alabanzas por el resultado). “La Muerte y el Rito” habla de una anciana y de la muerte, y de todo un acompañamiento de figuras rurales castellanas. “La Valquiria” nos trae el aroma del amor carnal cuando se destapa su frasco. Mucho más tenebroso resulta “La Mirada del Asesino”, donde el temor, la soledad y la desesperanza hacen aflorar del alma su lado oscuro.

El título del libro: “Borges en su laberinto y otros relatos de amor y muerte”. Se vende en Amazon, tanto en formato Kindle para e-book como en formato papel. En España el precio no llega a 4 y a 8 euros respectivamente. Más adelante  aparecerá en algunas librerías.

https://amzn.to/2HSyDHu

No creo equivocarme si afirmo que los entendidos en Borges o sus simples lectores encontrarán gran deleite en el relato que da título a la obra.

Si algún lector tuviere la deferencia de comprarlo, me sería de agrado que,  bien en la tienda o en este blog, hiciera el pertinente comentario. En cualquier caso, si no está la compra en su propósito, les agradecería que lo divulgaran entre sus conocidos y allegados.

 

 LA INMORTALIDAD EN BUSCA Y CAPTURA

 

inmortalidad

Todo ser humano, si no se halla sometido a pertinaces penas y dolores que tuercen su voluntad, siente con vehemencia el deseo de vivir, de perdurar, de continuar existiendo por toda una eternidad, siente el deseo de ser inmortal. El deseo de inmortalidad es la mera manifestación en el plano de la conciencia de la labor que desarrolla cada célula de cada órgano de nuestro cuerpo por sobrevivir y reproducirse.

La primera gran obra literaria de que tenemos noticia se escribió sobre arcilla en Mesopotamia, la actual Irak, casi 5000 años atrás, se trata del poema de Gilgamesh. Gilgamesh es el rey de la ciudad-Estado de Uruk, y es mitad hombre y mitad Dios. Al morir su amigo Enkidu se siente aterrado por la idea de morir, así que, en adelante, su único afán consistirá en alcanzar la inmortalidad. En un heroico viaje iniciático hasta las tierras donde viven apartados Noé y su esposa, salvados por los dioses del diluvio, que les concedieron la inmortalidad, Gilgamesh supera pruebas increíbles, pero no la prueba a que le somete Noé. Se le niega la inmortalidad. Pero, no obstante, la mujer de Noé le indica el lugar donde se halla la planta de la juventud; y también en esta empresa falla, pues, en un descuido, una serpiente se la roba. Gilgamesh percibe entonces la inexorabilidad de la muerte

Otra gran obra de la época trata del fracaso de Inanna diosa del amor y la fecundidad en su intento de conquistar los infiernos, es decir, de abolir la muerte. En El descenso de Inanna a los infiernos, esta diosa de Erek, casada con el pastor Damuzi, decide descender a los infiernos para suplantar a su hermana y reinar también en el inframundo, pero es apresada antes de lograr su propósito, interrumpiéndose al momento la reproducción animal y vegetal en el mundo. Entonces los demás dioses liberan a Inanna, pero obligan a que su marido quede retenido en el averno seis meses de cada año. Durante ese periodo se detiene la reproducción; se trata de la dualidad cósmica vida/muerte esterilidad/fecundidad.

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Las religiones gestionan nuestra ansia de inmortalidad ofreciéndonos un salvoconducto para gozar de una vida eterna después de morir en esta vida en la Tierra. Lo ofrecen a cambio de cumplir con ciertas prescripciones que dicta su libro sagrado y que manejan en sus detalles los representantes respectivos de cada Dios en este mundo, los sacerdotes, hierofantes, ayatolas, imanes, o pastores de las distintos credos. En el cristianismo, islamismo, y en el mazdeísmo, existe un Cielo a dónde están destinados a pasar la eternidad los que en esta vida han seguido los preceptos religiosos. El más atrayente a los ojos es el Cielo musulmán, en donde  cada hombre recibe para su gozo 72 huríes de bello semblante, aunque también son muy deseables los oasis, las frutas y palmeras que regocijarán al elegido. Otras religiones premian o castigan el buen o mal comportamiento en esta vida con una reencarnación tras de la muerte; uno se puede reencarnar  en un prudente, sabio, rico, hombre o en un animal inmundo. O bien, otras aun, señalan un destino inmortal  en disgregarse en el polvo cósmico, pasando a formar parte del UNO. Especial  inmortalidad anhelaban los griegos: la gloria.  Aquiles era el héroe a imitar por aquel que anhelase gloria semejante. El Gran Alejandro dormía siempre con la Ilíada bajo la almohada pues era su afán emular a Aquiles en su gloria.

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Hoy en día la ciencia nos promete la inmortalidad en esta vida en un futuro no lejano. Se ensayan regeneraciones celulares de cada zona del cuerpo dañada o envejecida, reparaciones de órganos, sustitución de partes orgánicas por órganos biónicas, reparación de telómeros, trasplantes neuronales, implantación de chips en el cerebro con el fin de mejorar o reorganizar sistemas neuronales envejecidos; e incluso trasplantar nuestra conciencia y todos nuestros sistemas neuronales a un ordenador cuántico. En este caso, nuestro Yo y su ansia de inmortalidad –que sería, así, satisfecha—residirían  en esa máquina sapiente.

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Pienso que, tal como ocurre cuando se satisface un deseo, que aparece inmediatamente la desilusión, tras de conseguir ser inmortal aparecerían en el hombre penas y angustias incontables. Jorge Luis Borges, en el relato El Inmortal, hace llegar a un tribuno romano a la ciudad de los inmortales, aquellos hombres que ganaron gloria imperecedera; y allí descubre que la inmortalidad es una condena abominable, pues arrebata a la vida la pasión de cada acto. Los inmortales se dispersan por el mundo en busca de una pócima que les posibilite el morir.

Todo ello, todas estas epopeyas, todas estas religiones, todas esas investigaciones, todos los proyectos biónicos, robóticos, informáticos, que las gentes capaces llevan a cabo, se deben en última instancia a nuestro deseo de inmortalidad.

PARECERES Y ANÉCDOTAS

ensoñación

ENSOÑACIONES

La ensoñación consiste en liberar de ataduras a la imaginación para que ésta vuele en pos de ilusiones o de recuerdos gratificantes. De esa manera, imaginativamente, se enamora uno de una mujer, se pone en la piel de su héroe, o consuma una venganza. El proceso lo facilita la ausencia o el olvido de los problemas, la pereza y un cierto grado de modorra. Póngase en esa tesitura y enseguida comenzará la mente a emular satisfactorios procesos reales que activarán redes neuronales cargadas de neurotransmisores de placer. Lo malo del asunto es que la mente puede jugarnos la mala pasada de emular episodios terroríficos si los problemas de la vida real le acechan.

libertad

LIBERTAD

Ahora agradecen muchos ex fumadores que esté prohibido fumar, aunque pusieron el grito en el cielo cuando se implantó la prohibición. De igual modo pasarían algunos, después de un tiempo,  a bendecir la prohibición de cosas que nos producen daño –incluso el enamorarse, siempre que se recalque con intensidad suficiente lo pernicioso que es el desengaño amoroso–, y a la larga siempre habrá gente que agradecerán cualquier prohibición. Hasta el extremo de que cuando todo lo que nos produce satisfacción esté prohibido, habrá quien se sienta satisfecho. La seguridad sobre todo, dirán esos adoradores de la prohibición. ¿Qué hay de la libertad? Me temo que no es un plato del gusto de muchos. En muchos casos, quizás solo haya servido de bandera o de símbolo para sacar la rabia de dentro, y lo que se pretendía de verdad era acabar con  ella.

A SALVO

En mayor o menor medida, uno se encuentra a salvo si no le denuncia una mujer por acoso o no le denuncia un homosexual  por vejaciones o un africano por racista, o si no contraviene las leyes de lo políticamente correcto. Muchas espadas de Damocles penden sobre la cabeza del hombre heterosexual blanco. El tribunal de la Inquisición de lo políticamente correcto tiene mil ojos.

TOLERANCIA

Nos dice el filósofo Karl Popper que “En nombre de la tolerancia, tendríamos que reivindicar el derecho a no tolerar a los intolerantes”

APOCALIPSIS

Nos recuerda Stefan Zweing: “Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea”.

FANÁTICOS Y LOCOS

Los locos, los fanáticos, los lunáticos, los mentalmente enfermos, se convierten fácilmente en vanguardia de la intelectualidad. Me pregunto si no ha ocurrido siempre así. Si los Marcuse, Moisés, Lenin, Hitler… no han sido lo que fueron porque eran unos fanáticos locos. Si no han sido siempre los locos quienes han conducido la sociedad y han sido los cuerdos los conducidos.

ANÉCDOTAS POSMODERNISTAS

Uno de los signos identificativos de la izquierda podemita, hijos naturales del posmodernismo, es la prohibirse criticar cualquier civilización excepto la nuestra. Al respecto, Jean-François Revel, nos propone una anécdota de Allan Bloom. Plantea éste a un estudiante el siguiente problema de moral práctica: “Usted es administrador civil británico en la India hacia 1850 y se entera de que van a quemar viva a una viuda junto al cadáver de su marido difunto. ¿Qué hace usted?” Después de varios segundos de intensa perplejidad, el estudiante contesta: “Para empezar, los ingleses no tienen nada que hacer en la India”. De esa manera se evita condenar un crimen no occidental. Pero me parece a mí más sustanciosa la anécdota del filósofo Fernando Sabater. Planteó a sus alumnos la siguiente cuestión ética: “Un individuo regresa del trabajo a su casa y toma para ello un atajo solitario. En el trayecto lo atraca otro individuo. ¿Quién es moralmente responsable?” Tras de un pronunciado silencio, algunos alumnos esbozaron estas respuestas: “La culpa es del atracado por tomar un atajo que comportaba peligro”, “la culpa es del sistema social existente”, “los padres del ladrón son los responsables por la educación dada a su hijo”, “la culpa es de los genes del segundo individuo”, dijeron otros. En resumen, el ladrón no era culpable para ninguno de ellos.

APRENDICES DE FILÓSOFO

A muchos de los que estudian en facultades de filosofía les deslumbra el brillo de la oscuridad. Esas escuelas tal vez introduzcan virus en el cerebro del alumno al extremo de que perciban excelsas formas en movimiento en el interior de la oscuridad más absoluta.

Borges

BORGES Y LA FILOSOFÍA

En el relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, contenido en la obra Ficciones, de Jorge Luis Borges, éste imagina una secta que, de generación en generación, se empeña en describir un planeta, Tlön, ficticio en sus más mínimos detalles. Tengo la impresión de que Borges inventó tal irreal mundo como un medio para decir a los filósofos al uso lo que pensaba de su filosofía sin ser repudiado por ellos. Nos dice: “En Tlön, los metafísicos no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro. Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica.  … Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo (Bertrand Russell supone que el planeta ha sido creado hace unos pocos minutos provisto de una humanidad que ‘recuerda’ un pasado ilusorio).  Y continúa despachándose con la filosofía, lanzando teorías supuestamente inverosímiles o ridículas pero que se parecen extraordinariamente a algunas propuestas filosóficas muy celebradas.

 

Reflejos de luz entre las sombras

Borges

El patriarca Abraham rogó al dios de los judíos, Yahvé, que perdonara a Sodoma si se encontraban en ella diez hombres justos. Sodoma pereció. A Jorge Luis Borges, uno de los pocos hombres de mérito por los que la humanidad debería salvarse, le negaron el Premio Nobel y fue atacado por jaurías de lobos babeando odio e ignorancia.

Los premios Nobel no son ajenos a la perversión política, singularmente en lo que se refiere a los de la Paz y la Literatura. Kessinger, Ho Chi Minh y Obama, tres de los galardonados, más se distinguieron por las guerras que desencadenaron que por la paz que supuestamente lograron. En lo literario, el que le dieran el premio a Bob Dylan en 2016 y que solo unos pocos de los grandes lo hayan recibido en el siglo XX, da idea de lo dicho.

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La verdadera realidad del mundo es que todo movimiento se rige por intereses: individuales, colectivos, económicos, ideológicos, sociales o territoriales. Todo son intereses. Esa sombra de nuestra animalidad básica que es el egoísmo, como antaño sucedía con la peste, se cobija en los rincones de cada casa. Las máscaras humanas nacieron con la pretensión de ocultar este hecho y mitigar su fuerza destructora. Pero las máscaras, como el anillo de Gollum, se incrusta en las carnes y sus sombras se introducen en el corazón de las gentes. La máscara de la paz que lució Obama ha incendiado Oriente Medio y he hecho germinar odios gigantescos y víctimas sin cuento. La máscara del altruismo la usan tanto las gentes de alto copete para tapar sus vergüenzas como el buscador de aventuras y sueldo como el compasivo. Luces y sombras.

En los mejores sentimientos anidan las víboras más venenosas. El amor a los animales, si franquea sus límites, suele convertirse en odio a la humanidad. Ha habido toda una orquestación mundial para erradicar la rudeza de los hombres, para sensibilizarlo hasta el extremo de hacerle sentir la muerte de una medusa. Se ha legislado, se han otorgado derechos, se han levantado altares al amor a los animales, y, como consecuencia, se sustituyen niños por mascotas y se evita la relación humana, incluso se detesta.

De manera paradójica, por supuesto amor a los animales se nos pide que mutilemos nuestra animalidad. Esa que reclama venganza y crueldad frente al enemigo. Pero la animalidad reprimida se vuelve contra uno mismo y contra lo humano en general. Que nadie se lleve a engaño, Caperucita y el lobo son la misma cosa, forman parte del mismo individuo, así que suele ser habitual que quienes más se visten de piadosos sean quienes más odian.

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La visión del mundo, las verdades, los valores, han seguido a lo largo de la historia un movimiento pendular, pero éste, hoy en día, se ha vuelto errático. Después de periodos de calma arrecian tempestades, después de periodos de razón, el absurdo reclama su imperio. A la lacra de la corrupción política le sigue ahora una moral populista que pretende acabar con las libertades políticas. El populismo se ha encarnado de nuevo.

Si las revueltas del 68 fueron ilusionantes, las secuelas que dejaron fueron espantosas. La incongruencia y el absurdo revolucionario fueron tan mayúsculos que, desde una Europa de libertades y riquezas, una buena parte de la juventud y de la intelectualidad, los autodenominados progresistas, reivindicaban la Unión Soviética y lucharan para imponer mediante el terror y la revolución ese modelo en sus países. Recordemos…, la Unión Soviética, mísera y abyecta prisión. Toda la ideología que les animaba eran simples mantras que repetían incansablemente: “Prohibido prohibir”, “el poder nace del cañón del fusil”, “no hay inocentes”, “toda propiedad es un robo”…, y con esas banderas se lanzaron al terrorismo. Hoy, con mantras similares, “Memoria histórica”, “violencia de género”, “derecha corrupta”, el nuevo progresismo reivindica Cuba y Venezuela, en donde la opresión y la miseria han establecido su territorio. Absurdos imitando a absurdos. Otros mantras, aun cargados con más odio, se repiten hasta la saciedad en Cataluña contra España. Sombras sobre sombras.

mayo68

 Nos aseguran estos adalides del resentimiento que cualquier conducta y actitud es válida –si no contradice a la que ellos proclaman. Hoy se proclama que el delincuente y el héroe valen lo mismo.

El ansia de notoriedad y la legión de descerebrados que creen valer en cualquier asunto lo mismo que vale el más excelso, dominan hoy el panorama social. La excelencia, el rango, el poseer criterio, la habilidad, la presteza, los méritos, son  perseguidos por las masas del resentimiento con la intención de erradicarlos. Hoy domina una moral de jóvenes, subversiva y banal.

Ser joven y ser contestatario, e incluso sentirse revolucionario, proporciona sensaciones agradables, una cierta experiencia he tenido al respecto, pero esas actitudes no deben de pasar del conato, pues a la gente joven le sobra vitalidad y le falta entendimiento. Tanto es así que entienden la democracia como el derecho a tener todo sin esforzarse en nada.

Así que el individuo de valía se evade de la masa y camina solo o en la mera compañía de los pocos que le son afines. Borges fue uno de esos hombres santos cuya mera existencia redime al mundo de su banalidad. Los masticadores de odio lo vilipendiaron con saña. El sayón por el que hoy los argentinos se embarcan aún en cruzadas, el que sacrificó todo por el poder, Perón, con el fin de producirle escarnio, le nombró inspector de aves. Pero el escarnio que quería infligir recayó sobre él mismo para toda la eternidad.

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Maculados por la política los prohombres de la Academia Sueca le negaron el Premio Nobel a Borges como hoy en día se lo niegan a Philip Roth y se lo entregan al díscolo Dylan (aunque confieso que su Knocking on Heaven’s door arranca notas de sublime emoción en mi espíritu). Ahora me viene a cuento, perdón por la interrupción, que dos de las más hermosas canciones que se han escrito en el siglo XX, la recién nombrada de Dylan y el Hallelujah de Leonard Cohen, pronuncian palabras sacras, como si en lo arquetípico cifráramos nuestras creaciones más excelsas. Más luces para disipar las sombras. Tal vez Borges y las dos canciones nombradas presenten valía suficiente para que un indefinido y omnipotente señor del Universo considere que la humanidad subsista. En cualquier caso, existen infinidad de otras luces que nos redimen de lo banal y perverso de nuestro existir y actuar. Ahí está la luz de la amistad, la de los bellos relatos, la del romanticismo, la del conocimiento, la de la alegría y del respeto, tratando de iluminar las sombras del odio y del absurdo.

 

EL SUR

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Acabo de regresar del Sur, que no es solo una mera referencia geográfica, sino también un modo de vida en el que las celebraciones y los ritos contienen aún reminiscencias festivas de antiguas deidades agrícolas. Me propongo añadir unas palabras sobre ello.

Para nuestro gozo existen dos bellísimas obras ―literaria la una, cinematográfica la otra―tituladas El Sur. Un cuento de Borges recogido en Ficciones es una de ellas. El cuento es extraordinario por razones que solo esbozo, ya que no es tal ahora mi propósito, pero sí señalo que quien lo lee sin llegar a su meollo se sorprende de que Borges lo considerara su mejor relato («De El Sur, que es acaso mi mejor cuento, básteme prevenir que es posible leerlo como directa narración de hechos novelescos y también de otro modo», nos dice Borges en una posdata de 1956 al prólogo de 1944).

Si se recorren detenidamente los vericuetos de El Sur y se profundiza en Borges, la tal sorpresa abre paso al asombro y a la admiración. He aquí mi esbozo: En El Sur se halla cifrado Borges; todo Borges: su vida, sus anhelos…, y en la obra se encuentra también todo el museo de sus espejos, tigres y laberintos, eso sí, laberínticamente encriptados.

Pero me interesa aquí el significado del viaje que en el relato realiza Borges con destino al Sur. En el relato, Dahlmann, presunto de Borges, viaja al sur o, mejor dicho,  sueña que viaja al sur, y allí el asustadizo y culto bibliotecario participa en una pelea a cuchillo. Se trata precisamente de una odisea onírica en busca de satisfacer sus ansias de criollismo, las ansias guerreras de su otro linaje, no del culto; sus ansias de dar rienda suelta al yo de los anhelos de Borges,  sus ansias festivas, de gaucho, de instinto. El Sur es para Borges todo eso.

El otro El Sur es la película de Víctor Erice que lleva tal nombre. Tengo para mí que es el más bello film que se ha realizado jamás en España. Agustín Arenas, dedicado a la medicina, vive con su esposa y con su hija en una ciudad norteña añorando  del sur un antiguo amor. En la novela de Adelaida García Morales en que está basado el film aparece también el fruto de ese amor, un hijo cuya existencia él ignora que vive con su madre en el Sur. En fin, la tal añoranza lo mata. Agustín Arenas no se atreve a abandonar el frío norte de su familia y de sus relaciones matrimoniales; no se atreve a emprender la odisea hacia el sur, así que se suicida.

El Sur no es una mera referencia geográfica, sino también una llamada de lo instintivo, un grito del gozo fuera de formalismos; es el canto de las sirenas de la carne que incitan a la odisea. Borges y Agustín Arenas se hallan atrapados en el frío norte, en lo formal, en lo culto, en el sosiego del trabajo sin albricias, mientras que el espíritu de la carne les exige la algarada, les demanda el gozo del Sur. Borges quiere creer que satisface esa llamada empleando el ardid de un sueño; el protagonista de Víctor Erice evita los cantos de sirena del Sur mediante el suicidio. El Sur siempre nos grita contra la civilización tratando de hacernos retornar a lo primitivo. En la mente de cada cual palpita la elección: hacer oídos sordos a los cantos de sirena y aferrarse al frío mástil del navío que recorre los ámbitos del norte, o  sucumbir a la tentación y emprender el viaje hacia los templados territorios sureños.

Los dos que soñaron

 

En 1978 Borges dio una serie de conferencias que fueron recogidas en el libro Siete Noches, una de las lecturas que me suscitan mayor placer. En él  alude a un hermoso relato comprendido en Las Mil y Una Noches titulado Los dos que soñaron. Un hombre de El Cairo sueña que en cierto lugar de Isphajan se encuentra un tesoro escondido. Ya en esa ciudad se ve atrapado en circunstancias que lo llevan a presidio. El jefe de policía lo interroga y se sorprende al escuchar la causa de su viaje. Se apiada de él y lo deja libre no sin antes recriminarle su credulidad. “Yo también sueño con un tesoro escondido en el jardín de una casa de El Cairo, junto a una higuera y un reloj de sol, debajo de un surtidor”, le dice con ánimo reprobador.  El hombre de El Cairo ha reconocido en las palabras del policía su propia casa. Regresa a su ciudad, excava bajo del surtidor señalado y encuentra el tesoro.

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Recientemente, en el antiguo barrio judío de la ciudad de Cracovia, al sur de Polonia, de refilón he escuchado una versión un poco distinta del relato. Corren los años de la alianza de Austria y Polonia contra el imperio Otomano que se resolvió con derrota turca en Viena. Un rabino de Cracovia sueña con un tesoro escondido en la capital austriaca. Hacia allí se dirige, pero un oficial austriaco le impide cruzar un puente cercano a esa ciudad por el peligro de los combates. El oficial le cuenta su propio sueño acerca de un tesoro escondido en una casa de Cracovia, y le refiere el escenario. De vuelta a su casa, el rabino excava y lo encuentra y construye una hermosa sinagoga que en nuestros días perdura.

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Las historias de Las Mil y Una Noches fueron habladas en la India y en Persia, y fueron recogidas en árabe en El Cairo. Están henchidas de sueños y de sucesos mágicos.

Es creíble suponer que los sucesos que el libro refiere se contasen en los zocos de las tierras musulmanas a partir de los siglos XIV o XV; pero puede que no sea vana la hipótesis de que se tratara de cuentos muy antiguos, anteriores al siglo XI, anteriores a la época en que la figura de Alá adquirió en la conciencia de sus fieles un rigor incompatible con el erotismo y la libertad que muestran. Harun al-Rasid, uno de los primeros califas, es de los principales protagonistas.

Caben otras posibilidades. Tampoco resultaría extraño que Las Mil y Una Noches recogiera relatos preislámicos, de la India y de Persia, que fueran adaptados después a lo musulmán. En tal caso, la matriz creadora no sería semita, de árabes o hebreos, sino irania, de indios o persas.

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El hecho de que el relato Los dos que soñaron figure también en lo legendario del judaísmo puede tener varias explicaciones. Una de ellas aventuraría que lo copiaron de una narración islámica anterior, pero otras dos explicaciones son posibles. Podría tratarse de una adquisición procedente de Persia o Mesopotamia; recuérdese que durante la cautividad del pueblo judío en Babilonia se copiaron de esas culturas mitos esenciales como el de Noé, el Diluvio, el Cielo y el Infierno, etc. Otra explicación refiere que podría tratarse de una creación propia de los judíos.

En apoyo de esta última explicación está el hecho de que el empleo de la parábola como forma narrativa es característico del judaísmo. Los dos que soñaron puede ser interpretado como una parábola acerca de perseverar en la consecución de los sueños con la fuerza de la esperanza. Ningún otro pueblo ha mantenido tan alto el pendón de la esperanza (en su Mesías salvador, en su reunificación, etc.) como los judíos a lo largo de su historia. Los sueños también son elemento común en sus relatos bíblicos. Ahí tenemos los sueños de los Profetas; el sueño de Daniel, en Babilonia, que sueña el sueño de Nabucodonosor; el sueño de José en Egipto…Algún narrador de la India, Persia o Egipto la habría incorporado al acervo de las narraciones de Oriente, que se recopiló con el nombre de Las Mil y Una Noches.

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O es posible que todo se reduzca a una sarcástica invención de Borges, tan aficionado a las simetrías y a los espejos. En tal caso tendríamos que suponer que alguien  de la ciudad de Cracovia –de quien yo la escuché—tuvo que tomar la invención borgiana para transformarla en una leyenda judía.  Pero es inútil seguir con adivinanzas. Más sentido tiene recomendar la belleza de Los dos que soñaron,   la belleza de Las Mil y Una Noches, y  la belleza de Siete Noches, donde se refieren las anteriores.

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El título del libro: “Borges en su laberinto y otros relatos de amor y muerte”. Se vende en Amazon, tanto en formato Kindle para e-book como en formato papel.

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