De patriotismo, nacionalismo y rebaño

En la actualidad y en cuanto a sentimientos, existe una profunda diferenciación entre los conceptos «patriotismo» y «nacionalismo». El primero atiende al orgullo por lo propio sin rechazar lo ajeno, atiende a la exaltación del «nosotros», a la alabanza y defensa de lo que une. En cambio, en el «nacionalismo» que se pronuncia en el País Vasco y en Cataluña, en el que se pronunció en el nazismo alemán, se pervierte la intención cohesionadora que tiene el patriotismo pues se transforma al «ellos» en el «enemigo», se crea un enemigo contra quien verter las culpas propias. Este nacionalismo se fundamenta, así, más que en el orgullo, en el rencor, en el desprecio y en el odio hacia el enemigo creado. De esa manera el nacionalismo se carga de malignidad y, como se basa y sostiene en el enfrentamiento, obra en favor de quienes, promoviéndolo, tienen la pretensión de alcanzar la jefatura del rebaño. El nacionalista que aspira a rango y prominencia despeña al rebaño en beneficio propio.

Hay un tipo muy común de hombre que tiene en muy poco su individualidad. No emite juicios propios, los toma de los demás; carece de criterios, prefiere las consignas que le dan; vive mimetizado en el ambiente social. Es la res bípeda. Una res que necesita al rebaño como se necesita el aire para respirar. Construye su ser en la pertenencia al rebaño, en su pertenencia a la tribu. Hace de la pertenencia a un territorio, de la pertenencia a una clase social, a un partido político o a un grupo religioso, el núcleo y la esencia de su personalidad. No tiene expectativas ni creencias ni criterio ni esperanzas fuera del rebaño. Se consustancia en él.

A poco que se escarbe en un miembro del rebaño y a poco que se le separe del resto, va apareciendo una falta de vitalidad, el sujeto se va desmoronando poco a poco; empieza por sentirse incómodo en ese alejamiento, y enseguida muestra urgencia por volver al redil: enseguida se pone de manifiesto su insignificancia como individuo.  De esa urgente necesidad de pertenencia, de ese «deseo de ser prisionero, en el afecto y en el anhelo, de los demás», de no querer otra cosa que el amparo mediante la servidumbre, de ese encontrarse desnudos y desasistidos fuera del rebaño, la res bípeda del aprisco político intenta hacer virtud y proclaman la propia servidumbre al jefe como gran mérito, como gran sacrifico en aras del bienestar de la humanidad. ¡Ya se sabe que la grey política se alimenta de hipocresía y regurgita falsedad! El temor frente al mundo descarnado, el temor a la propia libertad, su radical indefensión e insignificancia como individuo lo abruman. Necesita la calidez del redil, el pesebre bien lleno, escuchar el quejido de las otras reses.

4 comentarios en “De patriotismo, nacionalismo y rebaño

  1. Sin entrar en consideraciones morales o valorativas, yo diría que la especie humana debe organizarse en grupos que comparten intereses, creencias y, por supuesto, un mismo idioma para comunicarse.

    Esta forma de organización tiene el problema de que, inevitablemente, aparecen grupos diferentes que compiten entre sí por los escasos recursos disponibles y finalmente incurren en guerras interminables.

    El patriotismo es la fuerza de cohesión que aparece cuando el grupo se ve amenazado por un peligro exterior y es un mecanismo adaptativo que facilita la supervivencia.

    El nacionalismo, entendido en el contexto español, consiste en un brote maligno de patriotismo en el seno de un grupo social con identidad propia (España).

    Cuando ocurre este tipo de rebelión de un grupo de células neoplásicas en el soma de una criatura viva, las consecuencias suelen ser desastrosas.

    Los políticos de medio pelo, votados por un electorado que no se merece otra cosa mejor, aprovechan esa poderosa fuerza ancestral para conseguir votos, proyectando la ilusión de ataque extranjero. Finalmente, como les suele ocurrir a los aprendices de brujos, acaban perdiendo el control del proceso y son aplastados por la masa rugiente que corre enloquecida hacia el abismo.

    Saludos.

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    • Claro, como muy bien dices, ciertos comportamientos sociales y cierta moralidad obedecen a mecanismos cerebrales que fueron útiles para la supervivencia grupal y, por ende, para la supervivencia del individuo, pero lo que en el patriotismo está en latencia –esa radical separación del Bien, que se atribuye al “nosotros” y del mal, que se atribuye al “ellos” y se identifica con el enemigo–, sin manifestarse si no es como defensa ante agresión externa, sino como prevención, en el nacionalismo tipo catalán o vasco se manifiesta en agresión (los malos son “ellos”). Es decir, el patriotismo es prevención, defensa, mientras que el nacionalismo es ataque, agresión. Y esa radical diferencia aparece en los sentimientos que uno y otro producen: orgullo de pertenencia en el primer caso y odio y desprecio en el segundo. Un patriota catalán se sentirá orgulloso de la pertenencia a Cataluña, pero el odio contra España no tiene porqué tenerlo, sino que se le induce para convertirle en nacionalista.
      El caso es que, como dices al final, los políticos darían marcha atrás ante el monstruo que han creado, pero entonces se percatan de que caerían en el descrédito y en la insignificancia social, así que se hayan encadenados al proceso que iniciaron y que puede llevar al abismo al rebaño. Ahí están los ejemplos recientes de la extinta Yugoslavia. Pero el hombre es el animal que siempre tropieza dos veces en la misma piedra.
      Un saludo

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    • Ja ja, sí, tropezamos muchas más. El tropiezo forma parte del Eterno Retorno que dice Nietzsche. Si en gran medida son nuestros instintos los que nos conducen por la vida, estos vuelven una y otra vez a conducirnos por el mismo sitio porque son apenas modificables, son nuestra raíz. Podemos modificar los sentimientos y las ideas, que son dúctiles y maleables como los metales, pero el núcleo instintivo es duro e inalterable (a menos que se le rompa en mil pedazos) como el diamante. Horrorizados por las guerras podemos hacernos escandalosamente buenistas durante un tiempo (en un bamboleo de fuerzas en uno y otro sentido que muestra la historia) y amantes de la paz a cualquier precio, pero la raíz vuelva a formar tallos y a dar frutos y vuelven las nefastas guerras.

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