4 comentarios en “La Ética del Apaciguamiento

  1. Con placer estoy leyendo su Blog, y éste último escrito es tan espléndido, que no me cabe más que felicitarlo.
    Un saludo desde el sur de América del Sur.-Montevideo, Uruguay.
    Hasta pronto.
    Stella.

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  2. Decía Napoleón, gran pensador donde los haya, que la razón está siempre del lado de la artillería más pesada y esto es una verdad tan evidente que por mucho que tratemos de negarla y tergiversarla, se impone en cada conflicto humano, si es que se tiene la vista adiestrada para ver debajo de las apariencias.

    Y aunque parezca que este mecanismo violento, basado en el poder y la fuerza, merece nuestro repudio, no se me ocurre otro mejor. Si tuviésemos que dirimir los múltiples conflictos de intereses mediante dialogo, nos romperíamos las cuerdas vocales y despellejaríamos la lengua antes de llegar a un acuerdo. Y no nos quedaría tiempo para actividad productiva alguna.

    No hay nada tan eficaz y resolutivo como la fuerza bruta (o inteligente) para resolver conflictos. El único avance que nos eleva sobre los animales irracionales en este terreno es la democracia (votar y aceptar la opinión mayoritaria), que sirve para resolver conflictos entre miembros de una comunidad sin recurrir a la violencia y la coacción.

    Pero rara vez funciona, y como vemos en este bendito país, la izquierda, cuando pierde, gobierna desde la extorsión de las algaradas callejeras, disfrazada de “libertad de expresión”.

    Hay pocos países que han entendido el poder de la democracia y menos aún, los que la aplican con rigor. Parece fácil entender lo que es la democracia, pero por lo que llevo visto, habría que empezar a enseñárselo a los niños desde el parvulario, en la esperanza de que cuando lleguen a ser catedráticos de ciencias políticas, lo hayan entendido.

    Saludos.

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    • Los asuntos relativos a la moral y a la política son complejos porque nada es lo que parece, y se ha de mirar en lo profundo, en sus raíces, para cerciorarse de lo que son, lo que pretenden y los efectos que causan. Al fin y a la postre, nuestra naturaleza es egoísta, así que toda propuesta ética que resalte el egoísmo tiene truco. Bajo la piel de cordero del que propone el apaciguamiento se esconde el lobo que lucha por sus intereses. En eso estamos bien de acuerdo.
      El primer cristianismo enseguida se hizo violento y estaba dominado por el ánimo de destruir y de acabar con los ricos y poderosos. Es decir, detrás de su piel de cordero escondía el deseo de imponer su imperio y de implantar el Igualitarismo. No en vano se trataba de las clases más menesterosas.
      También las doctrinas dialoguistas de Habermas y los intentos de los miembros de la Escuela de Frankfurt de poner cara humana al socialismo, intentos que han conducido al “buenísmo”, esconden ese mismo ánimo. El diálogo con los menesterosos, incluso con ETA o con los islamistas radicales, pero nunca con el “enemigo” de clase.
      Ahora bien, la capacidad que tenemos los humanos de formar alianzas entre los que poseen intereses semejantes, impide que se formen jerarquías linéales como las que se dan en muchas especies animales, pues a la fuerza de los más “poderosos” se opone la fuerza encerrada en el número de los más “menesterosos”. Así que se oponen dos fuerzas, cada una mirando por sus intereses. El que una fuerza, la de los numerosos, se justifique con cantos de sirena sentimentales y altruismo, no quita para que sus intenciones sean tan egoístas como las proclaman el grupo de poderosos.
      Dos fuerzas encontradas deben alcanzar un consenso si no quieren estar en permanente enfrentamiento, con todo lo que acarrea, por ejemplo, la guerra. Ceder unos y ceder otros para alcanzar un punto de consenso. No son para lanzar alabanzas las políticas que a lo largo de la historia han seguido las sociedades altamente jerarquizadas, con guerras permanentes en Europa, enfrentando a imperios, a reyes, a naciones unas contra otras, como meros juegos de los poderosos. Ni tampoco las políticas del Igualitarismo en lso países en donde se instaló. Ya sabemos los resultados que cosechó.
      En Europa, desde la Segunda Guerra mundial hasta finales del siglo XX, parecía haberse alcanzado un principio de acuerdo o consenso, pero los nuevos tiempos lo han deshecho. Se ha impuesto la moral del apaciguamiento y el igualitarismo a toda costa. Es verdad que producen paz, pero al precio de sofocar la libertad de los individuos, de anular la potestad de la familia, de morales represoras, de atribuirse la posesión de la verdad, la razón y la justicia, de atacar con saña toda moral que discrepe de la suya, de establecer una tiranía con lo “políticamente correcto”. Y, siendo previsor, de llevarnos a la ruina en no muchos años.
      Entenderás que yo me decante por una solución intermedia que prime unos derechos básicos, muchas libertades, y una puesta en valor del mérito del individuo.
      Un saludo

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