De egoísmo, altruismo, Mesías y partidos políticos

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No niego que la filantropía, la compasión, el altruismo, la ayuda al necesitado, no produzcan efectos sociales benéficos y que resulta necesario que se practiquen y deben ser, en ciertas ocasiones y casos, aplaudidos, pero es mi parecer que, oculto o desvelado, todo acto humano es un acto egoísta, aunque su faz venga engalanada con los más bellos colores del altruismo. Y también sostengo que el animal político destaca en lo del egoísmo de conseguir poder, estatus y otros beneficios, aunque asegure laborar abnegadamente por el bienestar de los ciudadanos.

Recientemente se han celebrado en España elecciones a cargos municipales y autonómicos. Las banderas de la pasión se han empezado a agitar en estos comicios que son el preludio de las elecciones generales que vendrán al finalizar el año. En la derecha se ha agitado el miedo a que un cambio de gobierno destruya privilegios, valores y riquezas; en el PSOE, que representa al socialismo moderado, como andan perdidos en el laberinto de autodefinirse y de encontrar qué querer y qué aborrecer, apenas se ha agitado nada; en Podemos, sucursal del pensamiento bolivariano en España, se han agitado el odio y el resentimiento.

Podemos es la nueva máscara del viejo Igualitarismo. Es una máscara hecha con retales de populismo, mesianismo y engaño. Se asemeja más a un movimiento religioso que a un partido político. Tiene a un líder a imagen de Jesucristo; el Jesucristo representado en  los iconos mostrando su bondad a Marta y a María, y mostrando su odio a los mercaderes del templo. Un líder, un Mesías, Pablo Iglesias, que promete un Paraíso Terrenal, una nueva Tierra Prometida: por el hecho de nacer, todo el mundo tiene derecho a todo, basta quitárselo a los ricos: vivienda, 30 horas de trabajo a la semana, jubilación a los 60, paga universal de 600 euros, sanidad y educación gratuitas en todo el amplio espectro de operaciones quirúrgicas y en todo ámbito educativo. ¡La tierra de Jauja de nuevo!

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A él acuden obnubiladas las muchedumbres hambrientas de palabras y esperanzas nuevas, a su silbo acuden, a despeñarse con él si fuera preciso. La muchedumbre airada que no se resigna a haber perdido sus coches y sus vacaciones y sus subvenciones y sus lujos, la muchedumbre que quiere seguir teniendo todos los derechos del mundo solo por haber nacido, que quiere recuperar todos sus privilegios con el mero argumento del deseo de conseguirlo y de la confianza ciega en quien se lo ofrece con voz templada y le asegura que así será si le siguen y le votan y odian a quien no sea de los suyos.

Y para que esa muchedumbre se inflame, el mesías erige altares al viejo dios laico, Papá Estado, ahora remozado con plumas de nuevos colores, que protegerá a las gentes en su andar por el desierto y pondrá remedio a todos los males y extenderá sobre todo hombre y mujer su amplio manto de riquezas y bendiciones sin cuento. Y lo público reinará para siempre por los siglos de los siglos sin agobiar a nadie en el trabajo y todos ricos y felices.

Pero, a menos que el Mesías señalado sea un redomado idiota ―que no lo es―, no puede ignorar que la Tierra Prometida es un espejismo que envenena la imaginación de las gentes y que nunca podrá calmar su sed, y que incluso conduce al abismo; pero sigue adelante con su propósito redentor porque odia mucho, porque está hecho de odio, y porque el poder le ciega. ¡Apañados estamos con él!

Recordemos las palabras de Bertrand Russell:  «Hay personas que al sentirse desdeñadas se vengan desatando revoluciones en el mundo o mojando su pluma en hiel … Muchas veces tales personas se engañan a sí mismas creyendo que están arrasando para construir de nuevo, pero cuando se les pregunta qué construirán más tarde hablan vagamente y sin entusiasmo, después de haber hablado de la destrucción con precisión y calor. Esto es aplicable a no pocos revolucionarios, militaristas y otros apóstoles de la violencia. Actúan siempre sin darse cuenta de ello, movidos por el odio: la destrucción de lo que odian es su propósito verdadero, y sienten una relativa indiferencia por lo que ha de suceder después.»

Pues eso.

5 comentarios en “De egoísmo, altruismo, Mesías y partidos políticos

  1. Leo con interés el comentario y la referencia que se hace sobre las últimas y sorprendentes elecciones, de las que, aunque ya se barruntaba algo, parece que han puesto patas arriba esquemas y futuro, Soy de los que pienso, sobre el tema de la corrupción que, en principio, a más poder, a más dominio de instituciones clave, a mayorías, hay un incremento, un avance, una inundación casi de corrupción. En realidad es una simple razón matemática. Si no se toca poder es lógico permanecer virgen, a excepción de la chapucilla de no pedir la factura con el IVA.
    En este sentido es curioso como partidos recién nacidos, sin tocar poder, apuntan ya maneras, disfrutando algunos de sus líderes de becas poco claras, cobrando otros, asesoramientos millonarios de países hundidos en la miseria…Uno piensa qué puede pasar si pisan moqueta.
    El resultado de estas elecciones, como otras, me confirma en que en este país las carencias culturales de lo político, los prejuicios y las fobias hacen que se vote no a favor de… sino en contra de…Esto de echar cada cuatro años un papelín por una ranura para que luego con el susodicho papelín unos señores no hagan lo que prometían, se junten con quién decían no se juntarían o lo hagan solo con el objetivo claro y a veces único de borrar del mapa político al competidor o simplemente adversario pero que se ve como enemigo o alimaña a extermina me parece nauseabundo. Esto es como un torneo de guiñote en que hay jugadores que acuerdan señas, se conchaban con alguno de los mirones, se equivocan adrede en el tanteo o hasta, si pueden, te “levantan” una partida. Y te animan a participar porque dicen que puedes ganar. Gracias, mejor no juego..

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    • Sí, coincido contigo en el mal de la corrupción de los partidos de viejo cuño, pero, contrariamente a la alarmada opinión pública, no creo que ese sea el mayor de los males de la democracia. Si te fijas en las palabras de Bertrand Russell, mucho mayor peligro conllevan los partidos revolucionarios que, llenos de odio, no tienen otra cosa en mente que destruir sin saber qué construir después, y que, de seguro, si llegaran al poder, nos dejarían a todos con el culo al aire.
      A mi modo de ver la democracia española tiene estos grandes males:
      1.-Los partidos no tienen democracia para elegir a sus representantes.
      2.-No hay independencia de poderes.
      3.- Los sistemas de control de cuentas, la justicia y el control sobre los políticos no funcionan al estar gobernados por ellos.
      4.-Una de las historias del PSOE desde la transición ―dominado aún por ansias totalitaristas y de control de lo público― ha sido la de meter a dedo o poco menos millones de funcionarios con el ánimo de controlar a través de ellos las instituciones. Su misión ha sido apoderarse de la Universidad, de la educación pública, de la sanidad etc.
      5.-En ese ánimo que tú dices de ir contra los demás, señalan todos al PP como enemigo porque saben que el con el PSOE obtienen más beneficio. Además, poner a un enemigo en el disparadero une mucho más al partido.
      6.-Muchos partidos desconfían de la nación, desdeñan los símbolos del país etc.
      Todo lo cual hace que el barco de la política ande a la deriva, pero la solución no está en hundirlo, sino arreglar las velas y el timón.
      Gracias por el brillante comentario que haces. Un saludo

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  2. El problema de las revoluciones es que se basan en modelos equivocados de la realidad y aunque contienen dulces promesas emocionales, generan hecatombes cuando se aplican al mundo real, al no tener en cuenta las leyes que lo rigen.

    Al margen de los defectos que señalas en la democracia, yo añadiría el de la extorsión autorizada y fomentada socialmente, en virtud de la cual, ciertas organizaciones disolventes imponen su ley al margen de las urnas, so capa de ejercer su libertad de expresión.

    Idealmente, el partido politico que gana las elecciones debería tener libertad para legislar y exigir el cumplimiento de la ley, dentro del marco constitucional. De esta manera podría aplicar sus ideas y los ciudadanos ver su funcionamiento para decidir, en las próximas elecciones si lo vuelve a votar o no. La libertad de expresión debe limitarse a la expresión de ideas en papel, radio, televisión e internet, pero nunca en forma de mareas humanas cercando el congreso o tomando calles y plazas públicas.

    El PP, por ejemplo, ha gobernado el pais desde el miedo a las mareas, a los sindicatos, a los colectivos, a las manifestaciones, etc. etc. y así les ha ido y nos ha ido.

    Saludos.

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    • La izquierda manada en la calle, amigo Yack; tienen más odio, y eso les moviliza más, y para ellos es lícito tomar el poder por la fuerza y no atender a las leyes que rigen la convivencia. El PP, como siempre acobardado. El PSOE, como siempre en el manicomio del absurdo. Cosas veremos que nos maravillarán.
      Un cordial saludo

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