TENER EN QUÉ PENSAR

pensando

De los sentimientos y las ideas

 

*El despecho en la mujer cambia amor por odio al momento.

*Sospecho que querer es querer querer y ser querido.

*Para muchos, las ideas son más fuertes que la vida; pero tengo el presentimiento de que la gente no muere por sus ideas sino por quedar aprisionados en los engranajes sentimentales que éstas han puesto en marcha

lo oscuro

De los escritores y la escritura

 

*El gran problema de aislarse y de no contrastar las opiniones propias con las ajenas es que a menudo le engaña a uno la ilusión de creer que ha encontrado la verdad absoluta;  una verdad perfecta e imposible de refutar.

*La expresión oscura en la escritura puede tener dos finalidades: engañarse a uno mismo y engañar a los demás. Algunos esconden detrás de un velo negro la falta de significado y lógica en sus escritos. Así crean la ilusión de profundidad en los amantes de lo oscuro.

*Para encontrar algo cierto hay que buscar siempre en la claridad, donde la mentira queda en evidencia.

*Desecha siempre las opiniones nacidas de la euforia y mucho más las que nacen del desánimo.

*Desconfía de tu opinión sobre un logro propio que te parezca excelso, y mucho más si te parezca nefasto.

*La jerigonza maloliente de Hegel, a algunos filósofos sin paladar ni nariz les parece plato suculento y exquisito.

 

De redentores y egoístas

 

*Rousseau enseñó la bondad hacia los niños pero, uno tras otro, metió a sus cinco hijos en la inclusa porque no quería saber nada de ellos. Karl Marx, dedicado a sus pensamientos, desatendió el bienestar de su esposa e hijos hasta el extremo de hacerles vivir en la miseria y de que tres de ellos murieran de enfermedades derivadas de ésta.

*Desconfía de quienes desatienden a sus allegados y sin embargo pretenden redimir el mundo; en realidad su bondad altruista es un máscara tras la que se oculta la ambición, la obsesión o la locura

*Algunos aman idealmente a la humanidad porque son incapaces de amar a los seres humanos

*Los mayores pecadores son quienes arremeten con mayor violencia contra el pecado.

 

Movimientos sociales

 

*América Latina tiene una grave enfermedad llamada izquierdismo. Como resultado de ella, Latinoamérica sigue siendo pobre, subdesarrollada y violenta.

*Mayo del 68 y 15 M son excrecencias y salpullidos que le surgen a la liberal democracia cuando la juventud se ha henchido hasta la hartura de derechos y no tiene un objeto claro contra el que dirigir su energía de guerrero joven, así que lanza su violencia reprimida contra quien le alimenta gratuitamente y le consiente.

*Lo característico de esos casos es que surgen eslóganes estúpidos que se glorifican. Recuerdo uno de “mayo del 68” que todavía se ensalza: “Prohibido prohibir”. Es decir, la selva, la ley del más fuerte, el instinto de crueldad, la venganza, la ausencia de moralidad y de normas.

 

La lealtad y el absurdo

 

*Yo desconfío de quienes muestran su lealtad y rinden pleitesía al comunismo, al nacionalismo o a los dioses antes que a la libertad y a la democracia.

*Cuando un sin sentido o un asunto insignificante se convierten en rectores de nuestras vidas, hemos contraído la enfermedad del absurdo. ¿Quién no se ha topado con un sinnúmero de estos enfermos?

 

Carácter y necesidades

 

* Los españoles jamás hemos tenido fama de sesudos ni de disciplinados ni sabios, pero son proverbiales nuestro temperamento y nuestra vehemencia. Me viene esto a la cabeza por la siguiente anécdota. Don Enrique de Olivares, padre del conde-duque Don Gaspar de Olivares, Valido del rey Felipe IV de España y Portugal, servía como embajador ante el Papa Sixto V, y hete aquí que Don Enrique llamaba a sus criados a toque de campana, cosa al parecer reservada a los cardenales, por lo que conocer la noticia enfureció a Su Santidad, que despachó letras apostólicas y censuras contra el conde Don Enrique. Enfurecido Olivares, después de tres audiencias con el Papa consintió en dejar de utilizar la campana e ideó llamar a sus criados a cañonazos. El temblor que causaba en Roma cada disparo obligó al pontífice a dar su consentimiento al uso de la campana, que desde entonces les fue permitido a los embajadores españoles.

*Al antiguo morador de Mesopotamia le interesó el cielo porque creyó que en éste se cifraba su destino; de ahí nació el estudio del movimiento. Le interesó recaudar dinero y de ahí nació la aritmética. Le interesó el reparto de los terrenos y la construcción de edificios y creó la geometría. Del interés y de la necesidad nace el conocimiento.

 

Animalismo

 

* No es animalista el que ama a los animales, sino el totalitario que pretende coartar la libertad y los derechos de los humanos con el argumento del amor a los animales.

* Que todos los seres vivos tienen derecho a la vida es un postulado sin sentido que solo se sostiene en el miedo a la crueldad, en las cosmovisiones místicas, en una sensibilidad enfermiza y en una mente totalitaria.

nacionalismo

Nacionalismo y Populismo

 

*Me produce carcajadas el que el Populismo achaque al gobernante partido de derechas la responsabilidad de la deriva independentista en Cataluña. Razonan que, al negar el Tribunal Constitucional el derecho de Cataluña a denominarse nación, nacieron las causas de este desafuero que estamos viviendo. Sin embargo, quienes opinan tal cosa ignoran de la A a la Z la intríngulis de la dinámica nacionalista. La perversión de ésta es que no aumenta su fuerza con lo que le niegan, sino con lo que le dan y consienten. Es de esta guisa, cuanto más recibe más exige. Lo cual es comprensible: si el Nacionalismo se conformara con lo recibido, es decir, si su carácter reivindicativo desapareciera, dejaría de tener sentido su existencia. Es lícito comparar ese proceso con un incendio: cuanto más ofreces, más leña echas al fuego y con más fuerza arde éste. La única solución factible para extinguirlo es negar la madera.

 

Existencialismo y absurdo

Los existencialistas percibían el absurdo en el hecho de que la vida no tenga otro sentido y propósito que el formar parte de un proceso dinámico de organismos interrelacionados que se adaptan al entorno mediante mecanismos tales como los propios de las mutaciones y de la Selección Natural. Y lo que les era aún más absurdo: ¡que dichos procesos y dichos mecanismos obedezcan en última y esencial instancia ―se reduzcan― a meras acciones químicas y físicas, esto es, a las leyes básicas de la Naturaleza.

¡Que no haya nada  «detrás»!, ni Dios ni propósito ni meta ni finalidad de cualquier tipo… Y que, por lo tanto, cualquier construcción de los hombres, ética, moral, cultural, religiosa, científica, tecnológica, sea «ficticia», no se apoye en nada, sean meras piruetas, mero artificio. El considerar que del tan buscado «núcleo del ser» se haya desprendido toda sustancia trascendente, considerar que todo recorrido hecho en busca de las esencias, en busca de aprehensiones, haya devenido vacío de sustancia, haya sido fantasmal, haya sido mera apariencia, huero, que todo sea un sin-sentido…; tales asuntos preocuparon sobremanera a los existencialistas. Hasta el punto de considerar esa incapacidad de «conocer», ese afán de perseguir sombras, el «absurdo».

Pero el conocer que la vida es azar y autopropulsión que obedece a leyes de la Naturaleza no ha de ser considerado un absurdo (en lo íntimo quieren decir decepcionante), como si el tal asunto al ser de la manera que es, les hubiera quitado su juguete preferido, les hubiera dejado sin conjeturas, incapaces, derrengados, sin ánimo; como si el haber reducido la vida a mero polvo les hubiera erradicado de su horizonte toda trascendencia, toda pretendida importancia; les hubiera arrancado esa cosa tan poco romántica que los psicólogos denominan autoestima, autoestima de la esencialidad.

Pero, por esas mismas razones, dicha autopropulsión destruye el absurdo: hace que nos sostengamos en nosotros mismos, que gravitemos sobre nosotros mismos. La certeza de que debajo no hay nada sólido ―a modo trascendente― que nos sostenga, sino inercia, propulsión, ausencia de cimiento, deshace el absurdo de la vida. Sabemos que debajo no hay «nada», y el conocer tal «absurdo» deshace el absurdo de la existencia, el absurdo de no encontrar, esto es, por el hecho de hallarnos en posesión de ese conocimiento, por el hecho de que somos nosotros mismos nuestro «cimiento» y nuestro porvenir, se destruye el sentimiento de falta de instinto que tal «absurdo» hacía surgir.