El Retorno del Dogmatismo

 

El poder tiránico y el fanatismo ideológico o religioso suelen ir de la mano. Juntos, han desatado buena parte de los males que han jalonado la historia humana. Hay muchos tipos de pensamiento, lógico, mágico…, el pensamiento al que me refiero ahora es dogmático. Bajo su égida tiránica, su credo es dogma para todos, es verdad incontestable y revelada.  Para velar por el acatamiento al dogma los cristianos tuvieron al Santo Oficio, los comunistas crearon los Gulags y ejercieron los fusilamientos.

El dogma parecía ser cosa del pasado –no así en los países islámicos, Cuba y Corea del Norte—pero ha retornado con fuerza a Occidente. El modo en que el llamado Cambio Climático  antropogénico se impone en los medios de comunicación, en las Universidades y en los centros de investigación científica es altamente dogmático. No solo se anuncia como verdad inamovible sino que se exige el acatamiento a su dictado. Y se exige con la virulencia inquisidora con que se exigía en tiempos pretéritos.

Voy a exponer brevemente tres de los más execrables hechos  de cuantos han jalonado nuestro caminar histórico  han sido la Cruzada de los Niños, el Proceso a Galileo, y los hechos que se refieren al Asunto Lysenko.  Recordémoslos.

cruzada niños

Primero: En 1212, cerca de 20.000 niños siguen a quien dice haber recibido de Jesucristo el mandato de liberar Jerusalén. Esperan que, milagrosamente, el Mediterráneo se abra a su paso. Más de la mitad mueren de hambre en el camino, otros desertan; unos dos mil embarcan en Cerdeña y en Alejandría son vendidos como esclavos a los serrallos sarracenos.

galileo

Segundo: En 1633 Galileo es forzado a presentarse delante del Santo Oficio de la Inquisición para retractarse de su apoyo a la teoría heliocéntrica o copernicana. Galileo hubo de abjurar de sus afirmaciones científicas, siendo confinado en su casa durante los cinco años siguientes.

lysenko

Tercero: En Febrero de 1935, Trofim Denisovich Lisenko, un oscuro biólogo, ataca a los genetistas soviéticos porque “con sus teorías importadas de Occidente están destruyendo la agricultura soviética”, palabras que impactaron en Stalin. Haciendo uso del engaño de conseguir una nueva biología dialéctica y comunista, consiguió llegar a ser presidente de la Academia Nacional de Ciencias Agrícolas, y, durante tres décadas controló las investigaciones biológicas y la agricultura, llevando a un desastre tras otro;  ordenó la destrucción de todos los libros basados en genética mendeliana y llevó a cabo una sangrienta purga de científicos. El conocimiento de la biología desapareció en la URSS, pero ninguna evidencia en contra podía hacer frente al fervor ideológico de quien alegaba que: “La teoría mendeliana de la herencia es falsa por ser reaccionaria y metafísica, y niega los principios fundamentales del materialismo dialéctico”.

En que tuvieran lugar las Cruzadas jugaron factores tales como los juegos de poder de la realeza europea y el papado, los fanatismos religiosos, y  la intención de desprenderse del exceso de población existente, dado el nulo comercio que había y el alto grado de delincuencia, sobre todo, de caballeros segundones. El proceso a Galileo es recordado por representar el dogma frente a la libertad de pensamiento; en aquel caso, el dogma promulgado por la Iglesia Católica, de cuyos representantes salía la verdad indiscutible. El caso Lynsenko sigue siendo ejemplo de la opresión contra la libertad y la razón a que conducen una ideología y un Estado totalitarios como fueron el comunismo y la URSS.

Unos pocos días atrás pudimos ver un abominable espectáculo ofrecido y patrocinado por la ONU a las televisiones de todo el mundo. Una niña de 16 años, Greta Thunberg,  con síndrome de Asperger y Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), lanzando acusaciones contra el mundo por  haber perdido su infancia, y apocalípticos mensajes sobre el extinciones masivas y otros cataclismos universales debidos al CO2. Parece como si el Dios de la naturaleza le hubiera hablado y encargado de lanzar una Cruzada contra el demonio del Cambio Climático. Al día siguiente vimos (aquí en España) decenas de miles de niños –muchos  de los cuales no han alcanzado aún la pubertad—clamando por embarcarse en la nueva Cruzada por el Cambio Climático.

 

Véase la claridad mental de Greta Thunberg cuando no tiene los papeles delante.

https://twitter.com/i/status/1177845092289261568

La Iglesia luterana sueca afirma que Greta es la sucesora de Jesucristo en nuestro tiempo.

 

Sin entrar ahora en la verdad o en el fraude que  encierra esa espiral de locura y dogmatismo, esa nueva religión llamada Cambio Climático,  el hecho evidente es que, tal como ocurrió con Galileo, tal como hizo el comunismo de la URSS de la mano de Lysenko, los defensores de la existencia del Cambio Climático tratan por todos los medios a su alcance de impedir la libertad de expresión a todo discrepante y lanzan amenazas contra todo aquel que se aparte del dogma del clima, a la vez que ejercen represalias contra cualquier científico que no esté de acuerdo. Es una lucha religiosa que condena al ostracismo al científico heterodoxo, que impide el debate y la circulación de ideas, y que es una brutal amenaza contra el progreso, la libertad y los derechos.

En la imposición de ese dogma trabajan actores muy diversos: El secretario norteamericano de Estado con Obama John F. Kerry, fue uno de los primeros alarmistas, ya nos amenazaba alarmantemente con estas palabras: “Los científicos suponen que el Ártico va a estar libre de hielo en 2013”. La revista Science, entregada, como Nature, a la alarma en cuanto al cambio climático, pregonó que “El presupuesto necesario para el clima es más importante que la Democracia”. Pero otros no se contentan con alarmar y crear miedo injustificado en la población (en otra entrada expondré a qué intereses se debe la locura alarmista del clima), sino que reprimen sin compasión al hereje. Peter Ridd es físico y era profesor de la Universidad James Cook en Australia hasta que lo expulsaron por contradecir el dogma de que los arrecifes de corales estuvieran muriendo debido al Cambio Climático (afortunadamente ganó el juicio). A Patrick Moore, ex presidente y cofundador de Greenpeace no le han perdonado que “El Cambio Climático es una de las mayores estafas de la historia”, tampoco a John Coleman, creador de Weather Channel, también disidente y que elevó el grado de fraude del Cambio Climático al mayor jamás habido. Otras amenazas y alarmismos son aún más preocupantes: el senador demócrata estadounidense Sheldon Whitehouse declara: “Cualquiera que se atreva a negar el Calentamiento Global debería ser enjuiciado y encarcelado”.

La coacción contra el heterodoxo no es menor que la que ejercía la Inquisición, y se basa en el miedo. Es la política religiosa del dogma y el miedo a contravenirlo. En el video siguiente se muestra a una científica del clima declarar ante una comisión del senado norteamericano el miedo que atenaza a los investigadores ante el hecho de decir algo que ponga en cuestión el dogma del clima.

 

https://youtu.be/wYlUrj4Ngpc

 

Se trata de una represión de las libertades de magnitud global, una Inquisición mundial en toda regla dirigida y manejada por la ONU, y que no tiene nada que envidiar al Santo Oficio en su acción represora y en introducir una creencia ciega en las gentes. Y no tiene nada que envidiar a la que condenó a Galileo o al régimen de miedo que, entre los biólogos, instituyó Lysenko en la URSS, y que trata de fanatizar a los jóvenes y hacerles acatar el dogma del clima, cuyas oscuras pretensiones se ocultan. El dogmatismo ha vuelto con fuerza y con la intención de acabar con libertades y debates. La nueva Iglesia del cambio climático se ha instituido. Con la ONU haciendo las veces del Papa y el Intergovermental Panel on Climate Change (IPCC) haciendo de Santo Oficio de la Inquisición. También hoy en día los juegos de poder, los intereses económicos y los fanatismos ideológicos, son los principales factores de para que se haya desatado esta Cruzada contra el Cambio Climático. El CO2 no pasa de ser un mero símbolo.

Defender hoy la libertad de pensamiento y palabra es la labor más urgente que debe ocuparnos.

 

 

BIBLIOLITAS

 

 

Hoy es el día mundial de las bibliotecas y por la veneración que las profeso maldigo a los bibliolitas. Un bibliolita es un destructor de libros, es un destructor de “los remedios del alma”, tal como tintaba en una escritura jeroglífica a la entrada al templo de egipcio de Imhotep. Paso a nombrar a los principales  que conoce la Historia.

 

El caudillo del Califato de Córdoba Almanzor, a instancias de los ulemas malikíes[i], mandó quemar la biblioteca de califa Al-Hakam,  con 400.000 ejemplares.

 

El califa almohade Yusuf  ordena quemar todos los libros de Al-Andalus a excepción del Corán.

 

Santo Domingo de Guzmán hizo quemar todos los libros de los Albigenses (y a estos también).

 

El emperador romano Diocleciano quemó todos los libros de alquimia que pudo encontrar en el imperio ante el temor de que la fabricación de oro produjera una gran inflación.

 

En sus andanzas por tierras británicas, los viquingos quemaron todos los libros que encontraron a su paso.

 

Nabomasar, fundador del segundo imperio babilónico, mandó destruir todos los libros para pasar a la posteridad como primer rey de Babilonia.

 

Con propósito semejante, Shih Huang Ti quemó todos los libros de China, a excepción de los de medicina. Quería que la historia comenzase con él.

 

El obispo cristiano Cirilo hizo quemar los libros de la biblioteca de Alejandría, y con ellos a Hipatia, la directora de la biblioteca.

 

Hitler, en la noche de «los cristales rotos» levantó grandes piras de libros tomados a los judíos.

 

En 1109 los cruzados, tras de tomar Trípoli,  quemaron los más de cien mil ejemplares de su enorme biblioteca. Sus textos eran sobre todo persas, griegos y árabes.

 

Trofim Denisovich Lysenko consiguió llegar a ser en 1938 presidente de la Academia Nacional de Ciencias Agrícolas de la URSS. Hizo prohibir la enseñanza de la genética mendeliana, y ordenó la destrucción de todos los libros e investigaciones basados en ella (y a los científicos también). Quería imponer una nueva biología dialéctica y comunista contra la “reaccionaria, capitalista, idealista y metafísica biología de Occidente”.

 

LA MALDIDIÓN ETERNA CAIGA SOBRE TODOS ELLOS.

[i] Seguidores de una de las cuatro escuelas de derecho del islam sunní.

Las ideologías en la Ciencia

Voy a hablar de creencias que se tienen por fiables, por poco sentimentalizadas, que poseen –así se suele considerar—mayor grado de verdad. Me refiero a las creencias científicas. No es políticamente correcto entre los científicos aunar los vocablos «creencias» y «científicas», dado que lo científico se suele colocar en lo más alto del pedestal que anuncia la «verdad», mientras que lo todo lo relacionado con creencias se coloca en un pedestal que apenas destaca del suelo, como si el «creer» estuviera desvalorizado, fuese cosa del vulgo. Por tal razón se suele emplear «saberes científicos» o «conocimientos científicos», dándose por supuesta su verdad; pero nunca «creencias científicas», aunque creencias son. Son creencias y, como tal, se encuentra expuesta su verdad al albur de las interpretaciones; bien es cierto que es aconsejable fiarse más de unas que de otras pues se meten muchas en el mismo cajón. Responden a distintas maneras de entender y aplicar el término «científico». Las Ciencias Físicas, las más «duras» de entre todas ellas, exigen un rigor exquisito en los pasos, en las condiciones y los métodos a aplicar para validar la «verdad» del asunto que se trate. Se exige coherencia argumental, adecuada matematización, evidencia experimental verificable, predicción… Otras como las ciencias históricas, no pasan de ser meras interpretaciones de hechos parcialmente documentados y siempre analizados con parcialidad. De científico apenas poco más poseen que un cierto rigor en el análisis, y la pretensión de serlo. Resulta meridianamente claro que tras de la  parcialidad en el  análisis y del sesgo que se produce en la interpretación se encuentra  la ideología del interpretador. La visión de la realidad se percibe con las gafas de nuestra ideología. La ideología  del interpretador cincela a su antojo la verdad con el ánimo de infundir  en el lector de su obra la creencia acorde a su ideología. Véase, si no, la historia interpretada por un marxista: tras de todo suceso encuentra lucha de clases y lo económico resulta ser el fundamento de toda acción. O la historia de la antigüedad contada por  «ojos» griegos o por «ojos» romanos.

Claro, se puede alegar: «la parcialidad señalada o las ideologías no tiene ni puede tener lugar en el desarrollo e interpretación de las ciencias “duras” como la Física»… No, con reparos. No es que el investigador no la tenga, sino que la posibilidad de replicar las experiencias científicas y quedar expuesto al ridículo en caso de no obrar con diligencia, pone coto a su parcialidad. No obstante, existen los ejemplos de ello. El célebre astrofísico Arthur Eddington partió el 29 de mayo de 1919, al poco de acabada la Gran Guerra, al frente de una expedición a la isla Príncipe, en el golfo de Guinea, en la costa oeste de África, donde se vería un eclipse de Sol total. Trataba de confirmar la teoría de la Relatividad General de Einstein, que predecía  la curvatura de la luz en las cercanías solares De vuelta a Inglaterra, Eddington comparó las fotografías tomadas durante el eclipse con las que había tomado seis meses antes en Inglaterra, del mismo cielo de estrellas y con el mismo telescopio. La teoría de Einstein se confirmaba. Pero Eddington, llevado por su fe en la Relatividad, cometió de forma intencionada la poco científica acción –aunque a la larga irrelevante acción—de  desechar las fotografías que manifestaban discrepancia con lo que se esperaba encontrar. ¡Y es que la fe en una creencia se toma muchas veces como criterio de verdad[1]! A propósito, ni siquiera el mundo científico está libre de esas ilusiones, al menos hasta que la experimentación da su visto bueno o lo niega. Por ejemplo, la belleza matemática de una teoría suele ser tomada, mágicamente, como criterio de verdad entre los científicos. Cuando casi nadie tomaba en serio la Teoría de la Relatividad General, la belleza de sus fórmulas procuraba a Einstein una fe inquebrantable en ellas. En una carta al físico Arnold Sommerfeld, escribía: «Usted se convencerá de la Relatividad General una vez la haya estudiado. Por consiguiente, no voy a decir una palabra en su defensa».

El deseo, germinador de ilusiones varias, es una gafa bifocal: impulsa al descubrimiento científico, pero puede hacernos ver cosas que no son. Un ejemplo muy figurativo: Stanley Pons y Martin Fleischmann, de la Universidad de Utah, publicaron en la revista Nature un artículo sobre la denominada Fusión Fría. El 23 de marzo de 1989, en una conferencia, dieron a conocer su «descubrimiento»: se abría la posibilidad de fabricar energía barata ¡y en la propia casa de uno! En esencia consistía en un par de electrodos conectados a una batería y un recipiente con agua pesada rica en deuterio. Científicos de todo el mundo se lanzaron durante las semanas siguientes a reproducir los resultados y, sorprendentemente, ¡casi la mitad de ellos declararon haberlos reproducido! Pero la certidumbre de que aquello no era cierto se impuso. La magia de la botella no duró mucho, y el bochorno de los científicos replicadores fue grande.

Claro que, cuando no existe posibilidad de experimentar una hipótesis, las creencias y las ideologías ajenas al asunto de que se trate pueden tomar las riendas para determinar su «verdad». Tal cosa ocurre con la hipótesis del cambio climático global por las emisiones de dióxido de carbono y otros gases a la atmósfera. Los panconservacionistas del medio ambiente y la izquierda en general, ven churras donde la derecha ve merinas (hasta hace poco); aunque parece que se ha acabado imponiendo el compromiso del «por si acaso es así, dada la correlación que observamos, vamos a actuar».

Pero el ejemplo de más relieve y más ignominioso del sometimiento de la verdad científica al influjo de  creencias e ideologías en toda la historia de la humanidad –más aún que en los casos de Galileo y Copérnico—se produjo en la URSS.  En el Segundo Congreso Soviético de Granjas Colectivas, en febrero de 1935, Trofim Denisovich Lysenko, un oscuro biólogo, ataca a los genetistas soviéticos porque «con sus teorías importadas de Occidente están destruyendo la agricultura soviética»; palabras que satisficieron enormemente a Stalin. Con el utópico proyecto de transformar los cereales de invierno en cereales de primavera, ideando una suerte de lamarquismo de nuevo cuño que conseguiría adaptar las semillas al clima siberiano,  Lysenko — haciendo uso del engaño de conseguir «una nueva biología dialéctica y comunista» para lograr el apoyo de Stalin—, consiguió llegar a ser en 1938 presidente de la Academia Nacional de Ciencias Agrícolas, y ser temido en todo el ámbito agrícola y universitario. Durante tres décadas, Lysenko y sus partidarios controlaron la enseñanza, las investigaciones biológicas y la agricultura, llevando a la URSS a un fracaso tras otro en la producción de cereales. Sin embargo, ninguna evidencia en su contra fue suficiente para contrarrestar el entusiasmo que producía con sus palabras entre los dirigentes comunistas: «La teoría mendeliana de la herencia es falsa por ser reaccionaria y metafísica, y niega los principios fundamentales del materialismo dialéctico». Recuérdese que el marxismo dialéctico, sobre todo en la versión de Engels, pretende explicar todo conocimiento con oscuras palabras (a imitación del maestro supremo en esas lides, Hegel), y ataca con saña a la metafísica dominante en Occidente. Lysenko escribió: «En la URSS existen dos biologías radicalmente opuestas, una es materialista y soviética; la otra es reaccionaria, capitalista, idealista y metafísica». Como resultado del enfrentamiento, hizo prohibir la enseñanza de la genética mendeliana, y ordenó la destrucción de todos los libros e investigaciones basados en ella. Y no contento con ello, comenzó la purga política de los científicos que discrepaban de sus teorías: arrestos, deportaciones, ejecuciones, se sucedieron a cientos. ¡Durante treinta años! Los progresos en biología desaparecieron, pero ninguna evidencia en contra podía luchar contra su fervor ideológico y los apoyos que con ello conseguía. Un iluso ignorante con poder quizá sea la especie animal más peligrosa que existe, al menos la más destructiva; tenemos ejemplos de ello que nos tocan de cerca.


[1] Hay gremios que se especializan en creer en todo lo turbio o en aquello que venga envuelto en oscuridad; y en otros, lo ambiguo, lo vaporoso, lo novedoso, la belleza del asunto, o la misma jerigonza, sin más, sirven de criterio de verdad de un asunto.