EL ANTISEMITISMO DE AYER Y DE HOY

Se ha vuelto a poner de moda ser antisemita, sobre todo en la izquierda, que se afana en que se rompan todo tipo de contactos con Israel, su comercio y sus universidades, así que he echado un vistazo a la historia del antisemitismo en busca de encontrar razones de su prolongada permanencia en el tiempo.

El periodista alemán Wilhelm Marr acuña en 1873 el término antisemitismo a fin de poner nombre a la hostilidad que él mismo y una parte de la población alemana sentían hacia el pueblo judío. La palabra ‘antisemita’ lleva a engaño porque su etimología no se corresponde con la intención con que se usa. ‘Semita’ proviene de Sem, uno de los hijos de Noé, del que se supone provienen los pueblos semitas, entre los cuales figuran los árabes y los judíos; sin embargo, el término es usado exclusivamente contra los judíos.

Razones y singularidades

En fin, las razones de tal ‘antisemitismo’ hay que buscarlas en las singulares y sorprendentes características del pueblo judío, así como por el hecho de haber sido la mayor parte de su historia un pueblo migratorio.

La más radical característica del pueblo judío es la de poseer en exclusividad un dios que vela por su linaje, esto es, un Dios (que originalmente se le contempla situado por encima de todos los dioses y posteriormente se le considera único) que les conduce, que les beneficia o perjudica según cumplan o no con sus encomiendas. Al amparo de ese mismo Dios surgen con el tiempo el cristianismo y el islamismo, religiones a las que pertenecen la mayoría de los creyentes religiosos del mundo.

Como digo, ha sido un pueblo migratorio. Ya en el siglo II a.C. había casi un millón de judíos repartidos entre Alejandría, Babilonia y Antioquía. No obstante su dispersión, el poseer a Dios de manera exclusiva fue siempre el gran lazo que les mantuvo unidos como pueblo (‘Pueblo Escogido’), obligándoles a lazos de sangre, es decir, a no mezclar su linaje con el de los ‘gentiles’. Tales particularidades están en el origen de que fuesen diezmados pero que sobrevivieran como ‘pueblo’. Desde los tiempos del Imperio Romano hasta ahora mismo, han sido el chivo expiatorio en todos los territorios europeos. (véase https://moralydeseo.com/2022/05/09/el-chivo-expiatorio/  ).

Otra característica destacada de ellos es su desproporcionada contribución al Conocimiento. El Arte, la Cultura, la Ciencia, sobremanera durante todo el siglo XX, han sido en gran medida obra del linaje judío. Pensemos en las grandes mentes: Einstein, Freud, Marx, Oppenheimer, Von Newman, Richard Feynman, Niels Bohr, Philip Roth, Paul Auster, Boby Fisher, Georg Cantor… han pertenecido a la estirpe judía(Véase, https://moralydeseo.com/2018/10/15/judios-en-el-siglo-xx/ ). Constituyendo apenas el 0,2 % de la población mundial, durante el siglo XX, el 27% de los que han recibido el premio Noble de Física han sido judíos, un 29% de los de Medicina, un 38% de los de Economía, y un 50% de los ganadores del Premio Leroy Steel de Matemáticas han sido judíos. ¡Gigantesca desproporción!

Entonces, vayamos al hecho de esa condición de Chivo Expiatorio que a lo largo de su historia ha tenido el pueblo judío.  Hemos de considerar que el pueblo gitano también ha sido un pueblo migratorio (al menos desde el siglo XV), que también ha sufrido persecuciones de todo tipo y que formaron comunidades asiladas de los que unos y otros denominaban ‘gentiles’ y ‘payos’ (en España así denominan los gitanos a los que no son de su etnia). Sin embargo, unos y otros presentan algunas características que les diferencian. Es cierto que ambos pueblos olvidaron con el tiempo su lengua, aunque mantuvieron en gran medida su cultura de origen, pero mientras que los lazos del pueblo gitano se fundamente en sus rasgos culturales y étnicos, los lazos del pueblo judío tienen una componente religiosa que no posee el pueblo gitano y que constituye la base de su identidad. Otra gran diferencia entre los dos pueblos es el valor que otorgan uno y otro a la Escritura, a la Ciencia, al esfuerzo en el trabajo. Todas esas diferencias han causado que las persecuciones contra los judíos hayan sido más sistemáticas y más enconadas.

Tengamos en cuenta que las ideologías –sean religiosas, nacionalistas o igualitaristas– son totalitarias:  pretenden ejercer un poder total, así que ven en cualquier rival un enemigo al que callar, expulsar o aniquilar. San Pablo condenó a los judíos (él era judío) con estas palabras: ‘Los judíos son enemigos de la Humanidad’; San Agustín añadió más cizaña, recomendando que no se les matase pero que se les despreciara. Tales recomendaciones de estos dos Padres de la Iglesia, sirvieron de argumento al Cristianismo para atacar al pueblo judío hasta hace apenas unos años. Tal es la inercia que toman algunas palabras en el aconciencia de las gentes.

Hemos de significar, también, que la laboriosidad y el saber hacer de muchos judíos les sirvió para encumbrarse a altas posiciones sociales, destacando como banqueros, prestamistas y cuidadores de las finanzas de reyes y nobles duarante muchos siglos. Tal elevación de algunos de ellos no podía ser sino la espoleta para hacer estallar el resentimiento en las masas, ya predispuestas a la animadversión por los ataques y la propaganda clerical contra ellos. El judío fue considerado enemigo que pactaba con el diablo, un avaro que solo miraba por su enriquecimiento, un sacrificador de niños y un pueblo que asesinó a ‘Nuestro Señor Jesucristo’.

Así que, allí donde una ideología necesitaba consolidarsese, el judío pasaba a ser el enemigo responsable de todos los males, aquel sobre el que verter el odio de la población. De esa misma manera, tras la descolonización del mundo árabe y la llegada de Nasser al poder en Egipto, comienza una etapa de panarabismo, de fortalecer la idea de identidad árabe y musulmana, y, automáticamente, el pueblo judío se convierte en el enemigo a liquidar. Su proclama fue ‘echar a los judíos al mar’.  Las mismas razones sirvieron para que Hitler estableciera la ‘solución final’ para el pueblo judío: su exterminación. Y las mismas razones le sirvieron a Stalin para perseguirlos en la URSS cuando percibe que los judíos rusos muestran gran entusiasmo hacia el Estado de Israel. Si hasta los años 40 del siglo pasado los antisemitas habían sido el Cristianismo y los nacionalismos europeos, a partir de esas fechas se les agregan los nacionalistas árabes y el comunismo.

Antisemitismo en Occidente en el siglo XX

En Occidente, horrorizados aún por el Holocausto, en plena guerra fría, y siendo defensores del modelo democrático, nos mostramos favorables a que el pueblos judío tuviese una patria, Israel, y a que se defendiese de las intenciones malsanas que tenía para ellos el mundo árabe. ¡Hasta que se fraguó el gran pacto entre la izquierda y los musulmanes!Cosa que parece increíble, ¿verdad?, aquella izquierda que surgió de la Ilustración hubiera considerado tal pacto un crimen. Pero no se debe olvidar que Stalin había sentado las bases del antisemitismo en la izquierda, y la inercia que toman las palabras de un líder en la conciencia de las masas hace que se mantengan indefinidamente. Además, tal pacto fue subscrito por otros muchos líderes de izquierdas.

Seguimos. En la segunda mitad del siglo XX surgió un movimiento cultural que se agrupó con el nombre de Posmodernismo. Nos interesa su vertiente fiosófica y su lugar de procedencia, Francia. Hago notar que sus integrantes pertenecían a la extrema inquierda y que casi todos tuvieron una estrecha relación con el mundo árabe. Aplaudieron la descolonización de Argelia, nada dijeron contra el entrenamiento de terroristas en la Libia del coronel Gadafi, y, en el caso de Foucault, se mostró entusiasmado con el régimen teocrático impuesto en Irán por el Ayatolá Jomeini, además de –¡búsquese la lógica por alguna parte!–ser uno de los principales promotores del radicalismo feminista y de los primeros esbozos de la Teoría de Género. Así que los movimientos de izquierda de finales del siglo XX, tal como un rebaño siguiendo los silbos de sus pastores, plantaron en su conciencia un novedoso e increíble pacto entre socialismo, feminismo islamismo y ecologismo. Pacto que, por lo dicho, definía un nuevo enemigo, el pueblo judío. La irracionalidad y la incoherencia del pacto no presenta para ellos ninguna relevancia, lo que importa es acabar con el Capitalismo. De esa forma, el cartel de antisemitas se amplía con la entrada en él de la izquierda y sus aliados de nuevo cuño. Resulta abismal la diferencia entre esta nueva izquiera (el socialismo del siglo XXI) y la izquierda que surgió de la Ilustración, pero ¡importa lo que importa!

Esa nueva izquierda es la que levanta a las universidades de EEUU contra Israel y los judíos, y que se manifiesta en ese sentido en las pricipales ciudades de Europa. Claro es que los países árabes han pasado a financiar a las grandes universidades norteamericanas, como Harvard, y que, por ejemplo, Irán subvenciona generosamente a la extrema izquierda española. Descendientes ideológicos de comunistas y nazis, esa izquierda de la corrección política basada en la identidad tribal, rechazan los logros de la democracia, las libertades  y los derechos individuales. Se manifiestan contra Israel porque –dicen–está cometiendo un genocidio contra el pueblo palestino. Veamos su antisemitismo

El supuesto genocidio como excusa

Para percibir el sinsentido de estos que dicen luchar contra el genocidio, expongo unos cuantos sucesos que están ocurriendo en el mundo, sobre lo cuales nada dicen. Nagorno Karabaj era un enclave armenio rodeado por territorio de Azerbaiyán. El uno de enero de 2014, después de una guerra de extrema brutalidad y decenas de miles de muertos por parte armenia, una limpieza étnica obligó a cien mil armenios a abandonar dicho enclave. Turquía apoyó con armas y ayuda militar a Azerbaiyán. Recordemos que Azerbaiyán es un Estado musulmán y la población armenia es cristiana.

En Egipto la Iglesia cristiana copta, cuyos fieles representan un 10% de la población del país, es perseguida por los Hermanos musulmanes con cientos de asesinatos y un ingente número de iglesias quemadas.

En el Estado de Benue, en Nigeria, hay un campamento de refugiados con más de un millón de cristianos desplazados por el genocidio que llevan a cabo algunos grupos islámicos en otras zonas del país.

En Sudán del Sur existe un campamento con dos millones de cristianos refugiados ante las matanzas que se producen contra ellos en Sudán del Norte —de religión musulmana.

En Burkina Faso, solo en 2022 se produjeron 3.600 asesinatos de cristianos y más del 40% del territorio está en manos de yihadistas.

En fin, además de los países africanos nombrados, en la persecución y matanzas de cristianos los acompañan Mozambique, República Democrática del Congo, Somalia, Eritrea, Camerún, Mali, Níger, Chad y Libia.

Cientos de miles de muertos durante los últimos años. Millones de refugiados. ¿Qué tienen en común todos casos nombrados?: Los genocidas son todos musulmanes; las víctimas son todas ellas cristianas. ¿Han informado las televisiones acerca de estas masacres?, ¿Se han manifestado los universitarios de EEUU o de Europa contra los asesinatos masivos que se llevan a cabo contra cristianos?, ¿se ha pronunciado alguien del gobierno español o de cualquier gobierno europeo contra tales masacres?, ha dicho una sola palabra sobre esas persecuciones y genocidios la izquierda europea o norteamericana?, ¿se ha manifestado el feminismo de Occidente contra los millones de mujeres cristianas violadas sistemáticamente o asesinadas en África por la población musulmana? NO, ¿verdad? «Algo huele a podrido en Dinamarca»

Tampoco pusieron el grito en el cielo la izquierda y el feminismo de Occidente cuando, tras lanzar Hamas miles de cohetes explosivos contra Israel, degollaron a más de 1500 personas en una escenificación de la barbarie que no tienen parangón ni en las cámaras de gas que emplearon los nazis. Ni tampoco consta una sola condena contra Hamas por parte de esos progres occidentales o por parte de esos estudiantes tan indignados contra Israel, por el hecho de colocar sus armas ofensivas en hospitales o por impedir salir a la población palestina de Gaza cuando los israelíes anuncian un bombardeo a un refugio de soldados de Hamas, es decir, por utilizar a su población como carne de cañón para concitar odio contra Israel en el mundo musulmán.

Desde luego, ninguna televisión de Occidente nos informa de la intención de todo el mundo musulmán —tantas veces declarada—de ‘echar a los israelíes al mar’, esto es, de provocar un genocidio total de los judíos de Israel; de que la defensa de Israel es un ineludible ejercicio de supervivencia. Ni se dice que quienes contean el número de muertos son los mismos palestinos y que la ONU da ese conteo por bueno. Ni se dice, claro está, que hay 400 mezquitas en Israel y ninguna sinagoga en Gaza y otras zonas palestinas; ni de que viven 2,2 millones de árabes de Israel o que 130.000 palestinos trabajan en Israel; o que al entregar Israel la Franja de Gaza a los palestinos, los israelíes habían convertido el desierto en un vergel y en cientos de edificios, que los palestinos se encargaron de destruir hasta los cimientos y de convertir todo de nuevo en desierto en cuanto tomaron posesión de la Franja.

Ahora bien, eso sí, ¡todo el odio del feminismo y del progresismo de izquierdas contra Israel!. ¡Lo demás no importa!¡Siempre a favor de las dictaduras, sobre todo si son teocráticas!

LA MONSTRUOSA NATURALEZA HUMANA 

El nazi Adolf Eichmann fue encargado de la logística del transporte de judíos hacia los campos de concentración y las cámaras de gas durante la Segunda Guerra Mundial. No solo ejerció sus funciones en la Alemania nazi e Italia, sino, también, en países como Hungría, Rumanía, Eslovaquia, Polonia, Austria, Bulgaria, Grecia, que habían caído bajo la influencia de Alemania, y, obviamente, en aquellos países de los que Hitler se apoderó, como Francia, Noruega, Dinamarca.

Hannah Arendt fue una filósofa alemana, judía, amante durante un tiempo de Heidegger, al que se considera el filósofo más importante del siglo XX y, también, uno de los principales intelectuales del partido nazi. Arendt escapó a tiempo de Alemania y se radicó en EEUU, cuya nacionalidad tomó.

En mayo de 1960, un comando del Mossad, la Agencia de Inteligencia de Israel secuestró en Buenos Aires a Eichmann y lo llevó prisionero a Jerusalén para ser juzgado. En 1964, Hannah Arendt publicó el libro Eichmann en Jerusalén, donde recoge las vicisitudes de tal proceso y su argumentario jurídico. Pero Arendt es filósofa y el tema del libro le sirve de excusa para mostrar en carne viva a la especie humana.

Lo que podría resultarnos más sorprendente, e incluso inconcebible, el sometimiento de todo el pueblo alemán a la voluntad y a la locura de un solo hombre, Adolf Hitler, no resulta tanto, pues al conocedor de la Historia le resulta cotidiano. Sin ir más lejos, el siglo XX nos muestra algunos ejemplos semejantes: sometimientos a Stalin, Pol Pot, Fidel Castro.

Millones de personas ‘normales’, buenos cristianos, filósofos, científicos, amantes esposos y padres, cultos, respetuosos con la vida…, primero seducidos por la idea de la Gran Raza, y, después, por su atadura a la organización social, por el miedo a ‘desentonar’ y por la ‘obediencia debida’, reemplazaron en su conciencia la parte humana por el odio al “enemigo judío” y sirvieron ciegamente como piezas de engranaje de la gran maquinaria de exterminio nazi. Solo unos pocos sacerdotes católicos y reverendos protestantes se opusieron públicamente a la muerte de los judíos.

Aun así, tal lacayil comportamiento, tal falta de potencia como individuos, tal renuncia a la libertad en nombre de una idea y un líder, no sorprenden tanto como sorprenden las respuestas de las gentes al aprisionamiento de judíos en esos países de Europa que se han nombrado. En primer lugar, sorprende favorablemente que estudiantes y trabajadores holandeses hicieran huelgas contra la deportación de judíos a Alemania, y escondieron en sus casas a una buena parte de ellos. Sorprende de igual modo que los daneses, con su rey a la cabeza, se negaran a acatar las órdenes de los ocupantes alemanes contra los judíos y les ayudaran a escapar hacia la neutral Suecia. También sorprende que en Italia y en Bulgaria se burlasen las órdenes alemanas con engaños y trampas.

Por el contrario, no nos extraña que en países como Lituania, Polonia y Ucrania el antisemitismo estuviese muy extendido. Llevaban siglos lidiando con una población judía que se negaba a integrarse culturalmente, que rechazaba los matrimonios mixtos, que formaba comunidades cerradas, y que, con frecuencia, destacaban en los negocios y en la posesión de riquezas. La población de esos países era antisemita pero no participó en los asesinatos en masa contra ellos. Sin embargo, llama poderosamente la atención que tuviera que ser el ejército italiano quien protegiese a los judíos de los griegos y del gobierno de Vichy, y los acogiesen en la Costa Azul ocupada por los italianos.  Y muy especialmente, clama al cielo el fervor antijudío de los rumanos, que hizo temer a Hitler que en la “solución final” (el asesinato de todos los judíos de Europa), Alemania fuese superada por Rumanía.

A pesar de las monstruosas manifestaciones de la naturaleza humana mencionadas, sorprenden en mayor grado el comportamiento de los propios judíos. Que fuesen consejos judíos –integrados generalmente por destacados dirigentes de su comunidad en el país de que se tratase—quienes cooperaban en las tareas administrativas y policiales de confiscar las pertenencias de los propios miembros de su comunidad y de enviarles a Auschwit, Treblinka o cualquier otro campo de internamiento y muerte; y que, incluso, fuesen técnicos judíos los que construyeron las cámaras de gas de Theresienstadt,  que fuera judío el verdugo al servicio de la horca, y que en muchos campos hubiese policía judía al servicio de los guardias alemanes.

Tal fratricidio y servilismo nos lleva a la Gran Sorpresa: que la comunidad judía fuese una y otra vez al ‘matadero’ como mansos corderos, sin rebelarse. Más de dos mil años de pogromos contra los judíos habían logrado esa pasividad de rebaño. Tan solo al final de la guerra, con las tropas soviéticas a las puertas de Varsovia, se atrevieron los judíos polacos a hacer frente a los alemanes. Una rebelión infructuosa que contó con la pasividad de los soviéticos, quienes no movieron un dedo para parar las matanzas en el gueto de Varsovia. (Stalin se había encargado de asesinar a 22.000 oficiales polacos en los bosques de Katyn).

Sin embargo, la Gran Impresión nos la describe Arendt en pocas palabras: La terrible banalidad del mal. Esto es, comprobar –como se mostró en el juicio contra Eichmann—que éste era una persona ‘normal’, que no era un monstruo, que era un buen padre de familia, que, incluso, no sentía odio hacia los judíos, que era la tranquilidad de obedecer sin cuestionamientos de ninguna clase lo que operaba en él. La obediencia, la moralidad de las órdenes, el formar parte y estar al abrigo de un rebaño, el ser parte de un engranaje bien engrasado y el alejar de la conciencia la compasión y el arrepentimiento. Tal comportamiento tribal es lo que hace monstruosa nuestra naturaleza. Por esa razón, las ideologías de rebaño (comunismo, nazismo, fascismo, socialismo, nacionalismo…) son tan peligrosas, porque nos privan de la libertad individual –diluyen al individuo en el colectivo—y  nos convierten en monstruos capaces de cualquier iniquidad en nombre de las ideas,  nos convierten en engranajes automatizados.

Arendt pone de manifiesto que todos somos monstruos en potencia, y que las ideologías de raíz tribal nombradas sacan nuestra monstruosidad de su latencia.

El chivo expiatorio

En prácticamente todas las culturas de la antigüedad se sacrificaba un animal a los dioses con el fin de ganar su benevolencia o aplacar su ira. En algunas de ellas el sacrificio era humano, generalmente de los enemigos, pero en algunas ocasiones se sacrificaban a los propios familiares para conseguir que los dioses  fueran propicios. Tenemos los ejemplos de Agamenón, que sacrificó a su hija Ifigenia para que la guerra contra Troya fuese un éxito; y tenemos a Abraham, que iba a sacrificar a su hijo Isaac para satisfacer a su dios Yahvé.  Los tales sacrificios se concretaron más adelante en el propósito de la expiación de las propias culpas ante el dios. El sacrificante quedaba libre de culpa, haciéndola recaer en el animal sacrificado. El quid argumental del cristianismo reside en que la muerte de Jesucristo fue un sacrificio para expiar a la humanidad de su pecado original.

Ahora bien, Yahvé detuvo la mano de Abraham y le ordenó poner en la pira del sacrifico un carnero. Tal vez de aquella expiación provenga  la fiesta judía del chivo expiatorio:  el sacrificio de un chivo  sobre el que se descargan todas las culpas del pueblo judío.  Sin embargo, el chivo expiatorio,  en nuestra cultura, ha pasado a significar a la persona o al grupo de personas sobre las que se hace recaer culpas ajenas con el fin de exonerar a los verdaderos culpables. Así, podemos decir que los judíos fueron el chivo expiatorio de los nazis.

Todo sistema político totalitario procura tener un enemigo «infame» a quien culpar de todos los males que sufra la sociedad. Tienen la necesidad de tener a mano un chivo expiatorio hacia quien desviar la ira y la indignación social. En el mundo cristiano clásico tal chivo expiatorio siempre fue el pueblo judío, aunque es cierto que el odio contra los judíos empezó antes. Un siglo antes de Cristo, en Alejandría, se produjo el primer pogromo contra los judíos, una matanza contra los que poseen un dios en propiedad. Pero fue la Iglesia cristiana la que empezó a perseguirles con saña. San Pablo (que era judío) declaró que el judío era enemigo de todos los hombres, y con esa declaración comenzaron las persecuciones. San Agustín, en La ciudad de Dios, recomendó respetarles la vida pero despreciarles. De tales declaraciones de esos padres de la Iglesia nació el odio de los cristianos contra los judíos. Un odio que se ha extendido hasta nuestros días.

Las Cruzadas acabaron en Europa con la mayoría de los judíos, bien dándoles muerte, bien causando su huida hacia otros territorios. En España y unos siglos más tarde, se remató la faena con la expulsión decretada por los Reyes Católicos. En fin, que Europa occidental se quedó sin chivo expiatorio. Entonces empezó la caza de brujas: las mujeres se convirtieron en el nuevo chivo expiatorio. En Alemania casi 50.000 mujeres fueron presa de la hoguera. En España, en cambio, nos dedicamos más a los conversos. La Santa Inquisición se empleó a fondo contra los marranos, judíos que se convirtieron al cristianismo evitando su expulsión. Lo cierto es que tanto en el caso de los judíos como en el de las brujas, detrás del odio inquisidor se escondían motivos de rapiña, pues las Iglesias se apoderaban de los bienes de los ajusticiados.

Los regímenes comunistas han tenido chivos expiatorios muy variados. Los principales chivos expiatorios de Lenin y Stalin fueron los campesinos. La sustracción de las cosechas causó más de veinte millones de muertos de hambre durante los diez años posteriores a la Revolución. Stalin se empleó con saña contra los ucranianos en lo que se ha denominado el Holodomor: una hambruna causante de siete millones de muertos. Comunistas rusos y ucranianos no se olvidaron tampoco de efectuar  pogromos contra los judíos con harta frecuencia. El dirigente comunista chino, Mao, a falta de judíos a quien culpar, tomó como chivos expiatorios a los intelectuales. Varios millones de maestros, profesores, periodistas, escritores, fueron ejecutados durante la llamada Revolución cultural china. En Camboya, Pol Pot liquidó a una cuarta parte de la población de ese país, muy especialmente la que vivía en ciudades. Con los comunistas en el poder, los urbanitas se convirtieron en el chivo expiatorio. Los que no fueron asesinados tuvieron que asentarse en el campo, en campos de concentración, valga la redundancia.

Y todo el mundo conoce que el gran chivo expiatorio de los nazis, siguiendo la tradición europea, fue el judío. Seis millones de ellos murieron en gaseados en los campos de concentración. Tras la guerra cesó el antisemitismo, pero parece haber vuelto a la actualidad y haberse encarnado en una parte de la izquierda europea, que ya no tiene solo al capitalismo como chivo expiatorio de todos sus males, sino que ahora forman también parte de él los judíos y el Estado de Israel.

El gran chivo expiatorio de la izquierda mundial es el capitalismo. Todos los males que afligen a la humanidad son, según ellos, culpa de ese demonio llamado capitalismo o democracia liberal. De ese modo la izquierda queda sin pecado alguno, pura y sin responsabilidad. Incluso cuando la izquierda comunista toma el poder en Cuba, Venezuela, Nicaragua o en cualquier otro Estado de los que han sacrificado millones de personas en el altar comunista, además de haber traído la miseria y la aflicción a poblaciones inmensas, la culpa —según los representantes de la izquierda— sigue siendo del capitalismo y la democracia liberal.

En España estamos muy acostumbrados al uso del chivo expiatorio por parte de este gobierno. Además del capitalismo, el gobierno nos señala que los culpables de los diferentes los males que nos afligen son Franco, la derecha, la guerra de Ucrania, el COVIT, los jueces, el rey, los ricos, el cambio climático…

En verdad, ¡no hay nada tan eficaz como tener un chivo expiatorio a mano!

Pueblos erradicados

Gitanos

Procedentes de El Punjab, en el norte de la India. Salieron a partir del siglo XI. Pertenecían a  las castas inferiores. En España se han dedicado a la venta ambulante, han sido tratantes de acémilas, caldereros, chatarreros, nómadas de lugar en lugar con malabares y circo mínimo con cabra. El honor del clan familiar es defendido a navaja o con recortada. Matrimonios concertados. Ritos de boda y de entierro. Cante y baile. Tradición. Les representa un agravio familiar que uno de sus miembros se case con un payo o una paya. En su deambular por el mundo perdieron su lengua y perdieron su religión, pero no perdieron la cultura del clan. Pelo negro azabache. Muestran poseer alelos muy dominantes para los caracteres físicos. Conozco personas con una dieciseisava parte de sangre gitana que aparentan ser de raza pura. Son reacios a integrarse en la sociedad paya o en ejercer otros trabajos que no sean los tradicionales nombrados. Solo recientemente –y  sobre todo las mujeres—aceptan emprender otros oficios y actividades. Los que estudian más allá de la educación primaria son la excepción, y las chicas que lo pretenden son llamadas prontamente al matrimonio.

Son un ejemplo palpable de cómo se mantiene la cultura, la raza y las normas propias a través de la tradición familiar y de vivir aislados, pues por lo general rechazan el trato con el payo y la inclusión en las estructuras sociales. Se podría decir que sufrieron una erradicación física pero que mantienen los lazos del clan familiar a modo de  raíz cultural.

Judíos

Abraham es su origen; Moisés, quien aporta la clave religiosa: un dios único, propio y exclusivo. El Éxodo, supuestamente llevado a cabo desde Egipto, es la prueba del cumplimiento del pacto con Yahvé, la conquista de la Tierra Prometida. Establecidos en Canaán, con el rey David y su hijo, el rey Salomón, establecieron un reino con gran poder. Cayeron bajo el yugo del imperio Asirio que hizo deportar a parte de la nobleza a Nínive a principios del siglo VIII a.C.  Siglo y medio más tarde, volvieron a sufrir otra deportación que es conocida como “cautiverio de Babilonia”. Durante este cautiverio se escribió el Talmud, su libro sagrado. Ciro el Grande, el emperador persa los liberó.

Esas fueron sus primeras erradicaciones. En el año 70 a.C. se rebelaron contra Roma y como castigo los romanos destruyeron el Templo de Jerusalén y decenas de miles fueron exiliados o vendidos como esclavos. Otra segunda rebelión y otra derrota trajeron una nueva diáspora en el 132 d.C.  No sería la única. Apenas hay nación en Europa que no haya firmado contra ellos decretos de expulsión. Lo hicieron los Reyes Católicos en España con los judíos sefardíes; lo habían hecho previamente –y lo hicieron con posterioridad—los reinos de Francia e Inglaterra, también el reino de Portugal, también los Estados alemanes, e incluso los Estados Pontificios. Más terroríficos aún resultaron los pogromos, el linchamiento de miles e incluso millones de judíos en diferentes partes de Europa.  En la Rusia zarista y en la Rusia soviética se orquestaron contra los judíos verdaderas matanzas. De menor amplitud los hubo también en Polonia, Alemania y Rumanía antes de la Segunda Guerra Mundial. Pero el mayor asesinato en masa lo llevó a cabo Hitler. Seis millones de judíos murieron en las cámaras de gas. Repartidos por todo el mundo, en todo lugar del mundo han sido perseguidos. El grupo mayoritario es el Asquenazi, que habitó durante varios siglos Europa central. Su lengua es el Yidish, mezcla de alemán y hebreo.

En los tiempos de Jesucristo era el arameo la lengua común y el griego la lengua de las élites culturales. El hebreo era la lengua de los eruditos que se ocupan de estudiar el Talmud y la Torá. En ese tiempo ya había más judíos en Alejandría y en la costa sur de la actual Turquía que en Israel y Judea.

Se puede decir que el siglo XX ha sido un siglo judío (Véase mi entrada: Judíos en el siglo XX). No solo destacaron en cualquier rama del saber, sino que, también, fueron los grandes señores de las finanzas  y de las revoluciones a nivel mundial. Casi un 90% de los revolucionarios en la Europa de entreguerras eran judíos. No parece que su genio haya mermado.  Douglas Murray, en La masa enfurecida, nos ofrece una pequeña muestra de ello. Un grupo de estudiantes demandó a la Universidad de Harvard aduciendo que la Universidad había excluido a estudiantes de origen asiático y otros en sus criterios de admisión. Harvard tuvo que revelar que, efectivamente, había habido casos de discriminación positiva porque, en caso contrario, la totalidad de los admitidos habrían sido norteamericanos de origen asiático y judíos asquenazis.

A pesar de la diáspora de los judíos, que se ha prolongado durante más de dos mil años, desde cualquier lugar del mundo, los judíos entonaban el “El próximo año en Jerusalén” al concluir cada Iom Kipur, e día de la Expiación, el día más sagrado para los judíos. Por más de dos mil años, desde cualquier rincón del mundo, la fe en su dios privado, Yahvé,  y la esperanza de volver a establecerse en la tierra de sus ancestros, Israel, les ha mantenido unidos como pueblo. Fueron físicamente erradicados, pero no en espíritu, y la fuerza de ese espíritu sigue actuando.

Amish

Son una comunidad religiosa de credo Anabaptista, originaria de Alemania y Suiza, que a principios del siglo XVIII recalaron en el Estado de Pensilvania, en Norteamérica. En realidad menonitas y huteritas comparten con ellos religión y forma de vida aunque se distribuyen en mayor medida por Sudamérica, África y Rusia.

Los Amish nos llaman la atención por sus normas, costumbres, ideas y formas de vivir, aunque forman 40 grupos distintos y separados geográficamente, y su rigor religioso es diferente de unos grupos a otros. Su lengua es el alemán, tildando a los vecinos norteamericanos de “ingleses”. Algunos de esos grupos, especialmente los de “La vieja orden”, guardan un modo de vida simple, sin lujo, con la misma vestimenta que sus antepasados,  incluso sin electricidad, utilizando la fuerza animal para la labranza y el transporte, y las herramientas de los gremios del siglo XV para la construcción y la carpintería. Podríamos decir que se trata de casi una perfecta sociedad comunista tal como las utopías más favorables la pintan.

Viven aislados del mundo exterior y defienden la humildad, la virtud y el pacifismo. Algunos grupos permiten que los hijos, una vez alcanzada la edad adulta, vivan una temporada en el ambiente inglés, lejos de la cultura Amish.  Luego pueden reintegrarse en la comunidad si tal es su deseo.

Están vedadas creencias que pongan en peligro su forma de vida. Mantener ideológicamente aislado al creyente es un factor primordial para que la comunidad permanezca unida. De hecho,  la misma operación se lleva a cabo entre los judíos y entre los gitanos. También en estos grupos, penetrar en otra cultura o separarse de las normas del grupo conlleva la pérdida del afecto y del amparo del clan familiar. Evitando que creencias foráneas al grupo se asienten en su conciencia, se logra cohesionado el grupo.

En el caso de los Amish es la religión, el modo de vida ancestral y el aislamiento del resto de la sociedad norteamericana la fuerza que les mantiene unidos. Al erradicarse de las tierras de sus ancestros han mantenido la cohesión social y el modo de vida mediante el aislamiento. De no ser por el engrudo familiar, religioso o cultural –mantener la cultura o la religión a toda costa—tanto gitanos como judíos como Amish no existirían como tales. Lo cual no es mejor ni peor, pero aporta variedad cultural al mundo.

Herencia moral y civilización

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La moral de un grupo humano y su cultura están tan íntimamente entrelazadas que tales términos resultan sinónimos en muchos casos. Pero no voy a hablar de cultura o de moral, sino de su influjo sobre el modo de vida, la actitud ante el trabajo y el grado de desarrollo económico y social de diferentes sociedades. Podemos considerar la moral social como el conjunto de reglas y creencias que inclinan a los individuos a obrar –de manera consciente o inconsciente—de un cierto modo so pena de ser reprobados o reprendidos por los demás o por uno mismo si su obrar ha producido. De tal consideración se deduce que los usos y costumbres sociales también se hallan incluidos en la moral.

Ahora nos preguntamos, ¿qué influencia tiene la moral, tal como se ha expuesto, en las sociedades de nuestros días, aparte de la obvia de regular la convivencia en los grupos humanos?, ¿tiene que ver con el contraste que se observa en el modo de vida y en la riqueza de unos países y otros? A eso me refiero, ¿es responsable la herencia moral de los norteamericanos y de los argelinos de sus diferencias sociales y económicas –además de la influencia del factor hábitat y clima, tan distintos en esos países?

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Presentemos primeramente a los países islámicos. Desde el siglo VII en que se fundó el Islam hasta el siglo XI en que las posturas religiosas más rígidas en la interpretación del Corán se impusieron como doctrina, los países islámicos y sus gentes hicieron gala de gran vitalidad artística, científica y comercial. Enumero algunos de sus logros matemáticos: la numeración arábiga; la utilización del cero; las fracciones decimales y sexagesimales; la extracción de raíces cúbicas; el  Binomio de Newton ( Omar Kayyam); el mismo Kayyam halla la Regla de Ruffini (que no se hallaría en Occidente hasta el siglo XIX); las operaciones con radicales y potencias (Al-Khawarizmi); la Teoría de la Razón Compuesta (Kayyam); las solución a las ecuaciones de segundo grado (al-Khwarizmi); las Ecuaciones cúbicas (al-khazin); la solución a las ecuaciones cúbicas mediante la intersección de secciones cónicas (Kayyam); el valor del número pi con seis cifras decimales correctas… Y a ello le tendríamos que añadir sus grandes logros en poesía, filosofía, comercio, industria… Hoy en día, apenas unos pocos países islámicos,  Túnez, Egipto, Indonesia y Malasia –y gracias a otras herencias culturales y religiosas que obran en ellos—se puede decir que están saliendo de su secular encapsulamiento, tan alejado de la modernidad y el progreso.

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El calvinismo surgió como una rigurosa doctrina protestante que se distinguía doctrinalmente por la creencia en la predestinación de las gentes desde el instante de su nacimiento. Pero cobra aquí su importancia porque infundió una laboriosidad sistemática en el creyente y un signo para reconocer quién era o no elegido por la Gracia divina: el tener éxito en la vida. El ansia por el éxito desató la competitividad social y promovió la aparición del capitalismo tal como lo conocemos. Todos los países en los que dejó su impronta se convirtieron en países ricos donde se multiplicó la industria y el comercio. ¿Qué países fueron estos? Holanda, Gran Bretaña, EEUU y Suiza, principalmente. Tal vez sea éste el ejemplo más claro de cómo una creencia moral influye en la vida y en el progreso económico de una sociedad. Vayamos a una moral similar en muchos aspectos al calvinismo: el luteranismo.

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El luteranismo presenta una rigidez moral semejante al calvinismo y también aboga por la laboriosidad como método para superar la angustia existencial, pero, contrariamente a este último, consideraba la movilidad social perniciosa y se supeditó al poder de los príncipes. El norte de Alemania, Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia, fueron los países más representativos del luteranismo. Hoy en día lo religioso está prácticamente excluido de ellos, pero la herencia moral en lo relativo al espíritu de trabajo, al respeto a la autoridad y a la importancia de la comunidad sigue vigente. De ahí la estabilidad social de que gozan.

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En cuanto a los países del sur de Europa: Grecia, Italia, España y Portugal, ¿cuál es la herencia moral que han recibido?… Cuestión compleja es este caso. Todos ellos tienen una historia de conquista e imperio (Bizancio se mantuvo durante mil años como imperio griego) que no fueron eficaces a nivel económico; todos esos países arrastran consigo también una larga estela de luchas y de arduas convivencias con otros pueblos y consigo mismo. Respecto a lo religioso, más que una tradición de devociones podemos hablar de resignado sometimiento al poder del catolicismo (ortodoxo en caso de Grecia). Tal historia de resignación ha germinado una falta de espíritu comunitario a la vez que un fuerte individualismo que desemboca frecuentemente en un carácter nihilista, pero a la vez hay orgullo por el pasado; y si juntamos todas esas contradicciones de carácter obtenemos un individuo resabiado que aspira aún a ser rentista e hidalgo y que no termina de ver con buenos ojos al emprendedor. Sin embargo, contra su voluntad, su individualismo obliga a las gentes a competir, y si no fuera porque esperan que el Estado les resuelva todos sus problemas, tal como antes esperaban que se los resolviese la Iglesia o el poder real, no dudo que asomarían más la cabeza.

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La herencia recibida por los iberoamericanos está impregnada de todo lo dicho en el párrafo anterior, y si la mezclamos con la herencia indígena el cóctel puede ser explosivo o de exquisito sabor, según cuánto se le agite y según la cantidad de ingrediente indígena que contenga. Esa herencia, dual al menos, no se ha soldado en la mayoría de los países hispanoamericanos, y en algunos no está siquiera integrada, debido a lo cual se han generado clases sociales y estilos de vida muy diferenciados. Hay implantado en todo Hispanoamérica una queja y un ansia de revancha que hasta que no se mitigue va a impedir mirar hacia adelante. Cuando un país como Chile intenta mitigarlas, las fuerzas de la negación cargan contra él con todas sus fuerzas, tal como vimos recientemente. Toda Latinoamérica tendrá que resolver sus contradicciones si no quiere que su tren de la historia descarrile.

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El país cuyo tren de progreso marcha en tren ultrarrápido es China. Claro es que se trata de una dictadura autora de la mayor represión existente en el mundo y de los mayores crímenes. Por cada cien habitantes uno es un miembro del partido (el comunista) y se encarga, en labores de comisario político, de vigilar y controlar a los noventa y nueve restantes. ¿Qué ha ocurrido en China durante los últimos treinta años para que la economía se dispare? Que ha implantado el modelo de libre mercado, el modelo capitalista en lo económico, pero comunista en lo político. ¿Solo eso? No. Existía, latiendo en el corazón de sus gentes, una moral milenaria que al liberarse de la represión del sistema estamental del imperio chino y ahora de la atadura del “todos iguales” ha dado rienda suelta a la libertad de obrar en provecho propio, al egoísmo en lo económico, provocando ese crecimiento desbocado que observamos.  ¿Qué moral es ésta? Bebe de dos fuentes, el respeto a los ancestros que pone a la familia en la cima de los valores, y la vieja doctrina de Confucio, que exalta la diligencia en el trabajo, la laboriosidad, la organización y su respeto sumiso a ella. Con tales mimbres y con libertad en lo económico, China da pasos de gigante hacia el encumbramiento de su poder. Otra cosa distinta es la felicidad de las gentes y las tensiones que puedan generarse en el futuro.

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Pero quizás el caso que refleja como ningún otro la influencia de la moral social en el modo de vida y en el progreso de las gentes, tanto a nivel social como individual, es el caso judío. Los educados en la moral, en  la ritualidad y la tradición judías han jalonado el siglo XX con los hitos más importantes en cualquier rama del saber. Karl Marx, Einstein, Von Neumann

George Cantor, Norbert Wiener, Helbert Marcuse, Karl Popper, Henry Bergson, Noam Chomsky, Ludwig Wittgenstein, Paul Samuelson, Milton Friedmn, Frank Kafka, Marcel Proust, Freud,  Gustav Mahler, Bob Dylan, Leonard Cohen… son una muestra escasísima de todos esos gigantes del saber (Incluso en cuanto a ser revolucionarios, Antonio Escohotado nos dice que –por reacción-adaptación al medio—durante el primer cuarto del siglo XX el 94% de los revolucionarios era de origen judío). ¿A qué se debe tal vitalidad intelectiva? No me cabe duda de que a la educación y a las tradiciones, que desembocan en el amor al conocimiento.

En fin, he querido poner de relieve que en buena medida lo que somos y construimos lo hacemos con la herencia cultural y moral que nos dejaron nuestros antepasados. Hoy –creo que desgraciadamente para la humanidad—cunde una tendencia a borrar el pasado y las tradiciones y valores a él asociadas. Hoy se trata de hacer de las conciencias una tabla rasa donde no quepa historia ni moral ni cultura; de esa manera, dicen, correrán mejor los aires que traen los nuevos tiempos. Me temo que una síntesis de las distopías narradas en los libros 1984 y Un mundo feliz, llega para atraparnos.

 

Judíos en el siglo XX

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Políticos:

Karl Marx, Ferdinand Lassalle, fundador del partido socialdemócrata alemán, Rosa Luxemburgo, León Trotski, el líder revolucionario Húngaro Bela Kun.

Científicos:

Einstein, Alexander Luria, Albert Michelson, Minkowski, Schwarzschild, Niels Bohr, Feynman, Murray Gell-Mann, Sheldon Glashow, Lev Landau, Von Neumann, Oppenheimer, Wolfgang Pauli, Steven Weinberg, George Cantor, Norbert Wiener, Marcel Grossmann, Alexander Friedman.

Filósofos:

Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Walter Benjamin, Karl Popper, Raymon Aron, Henry Bergson, Noam Chomsky, Ludwig Wittgenstein, Thomas Kuhn, Imre Lakatos, Peter Singer, Claude Lévy-Stauss.

Economistas

Paul Samuelson, Milton Friedmn, Herbert Simon, Alan Greenspan, Paul Krugman, David Ricardo

Cineastas:

Charles Chaplin, Peter Bogdanovich, Joel y Ethan Coen, George Cukor, Max Fleischer, Richard Fleischer, William Friedkin, Menahem Golan, Arthur Hiller, Stanley Kramer, Stanley Kubrick, Fritz Lang, Melvin Leroy, Barry Levinson, Ernst Lubitch, Sidney Lumet, Joseph Mankiewicz, Paul Mazursky,  Max Ophuls (Maximilian Oppenheimer),  Alan J. Pakula, Roman Polanski, Sidney Pollack,  Abraham Polonsky, Otto Preminger, Max Reinhardt (Maximillian Goldman), Martin Ritt, Stuart Rosenberg, Herbert Ross, Robert Rossen, John Schlesinger, Melville Shavelson, Don Siegel, Robert Siodmark, Steven Spielberg, Billy Wilder, Robert Wise, William Wyler, Robert Zemeckis, Fred Zinneman, David Zucker y Jerry Zucker.

Actores:

John Garfield (Jacob Julius Garfinkle), Dorothy Lamour (Dorothy Kaumeyer), Eva Gabor, Gene Barry, Cornel Wilde, Oskar Homolka, Eddie Cantor, Judy Holliday (Judith Tuvin), Lauren Bacall (Joan Perske), Kirk Douglas (Isadore Demsky), Tony Curtis (Bernie Schwartz), mientras que a finales de los 40 y en los 50 lo hicieron Piper Laurie (Rosetta Jacobs), Cyd Charisse, Shelley Winters, Elli Wallach, Lee J. Cobb, Rachel Weisz, Jeff Chandler, Eddie Albert (Eddie Heimberger), Ernest Borgnine (Effron Borgnine), Martin Balsam, Carroll Baker, Charles Bronson (Charles Buchinsky), Eleanor Parker (Ellen Friedlob), Rod Steiger, Karl Malden (Maiden Sekulovitch), Eddie Fisher, Jerry Lewis (Joseph Levitch) y Walter Matthau (Walter Matasschanskayasky), Patricia y Rosanna Arquette, Jamie Lee Curtis, Ellen Barkin, Mathew Broderick, Albert Brooks, Mel Brooks, James Caan, Peter Falk (Columbo), Billy Crystal, Peter Coyote, Daniel Day-Lewis, Michael Douglas, Richard Dreyfuss, Noah Emmerich, Harvey Keitel, Peter Falk, Elliott Gould, Jake Gyllenhaal, Laurence Harvey, Kate Hudson, Scarlett Johansson, Natalie Portman, Lisa Kudrow, Mila Kunis, Michael Landon, Gwyneth Paltrow, Winona Ryder, Adam Sandler, Steven Seagal, William Shatner, Sylvia Sidney, Ben Stiller, Barbra Streisand, Gene Wilder, Debra Winger, Kevin Costner,  Joan Collins, Harrison Ford, Richard Gere, Dustin Hoffman, Amy Irving,  Peter Strauss, Jane Seymour y Bruce Willis.

Escritores, músicos

Freud,  Gustav Mahler, Bob Dylan, Leonard Cohen, Gertrude Stein, Frank Kafka, Marcel Proust, Philip Roth, Noah Gordon, Elías Canetti, Paul Auster

Contribuciones a las ciencias en porcentaje

El 26% de todos los premios Nobel de Física han sido judíos, el 40% de los norteamericanos. El 28% de ganadores de la medalla Max Plank; el 44% de los ganadores de la medalla Dirac; el 51% de los poseedores del Premio Wolf de Física; el 19% de los ganadores del Premio Nobel de Química han sido judíos; el 29% de los ganadores del del Premio Nobel de Medicina han sido judíos; el 27% de las medallas Field de matemáticas han ido a manos de judíos; el 50% de ganadores del Premio Leroy Steele de de matemáticas han sido judíos; el 38% de los premios Nobel de Economía han sido judíos. Actualmente hay 14 millones de judíos en un mundo poblado por siete mil millones de personas. Eso hace que la proporción de judíos en el mundo sea de un 0,2 %, así que la contribución judía al conocimiento mundial es 150 veces mayor que la que le correspondería.

Causa

¿Cuál es la causa?, ¿la educación recibida? Seguramente. Si la educación calvinista produjo a Cromwell, Adam Smith, Huygens, John Milton, Rousseau, Thomas Peine, Benjamín Franklin, Thomas Jefferson, Bacon, la no menos severa educación judía ha producido en el siglo XX para el conocimiento todas las contribuciones expuestas.

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La Historia y las circunstancias

• El sentimiento de agravio que sufre el individuo al sentir a los demás, social o económicamente, por encima de uno mismo, causa en él envidia y resentimiento, pasiones malsanas pero que son el germen de los derechos y de la democracia.
• Las creencias que tenemos nos suministran los criterios y los sentimientos para juzgar el mundo.
• Quien carece de dudas y se obstina en ello, posee claramente un carácter totalitario: él se halla en posesión de la verdad y todo el mundo se equivoca o actúa de mala fe. Sin embargo, quien no posee verdad alguna para ningún hecho, quien tiene la duda asentada en su conciencia, o es un pensador (que es una de las peores especies de hombres existentes), o es una res que con seguir al pastor ya está contenta.
• Cuando los franceses se enteraron que los ingleses tenían su Carta de Derechos y que el Parlamento inglés tenía sujetos a sus reyes por el cogote, hicieron la Revolución francesa. Quienes les contaron a los gabachos todas esas ventajas que tenían los ingleses fueron Locke, Montesquieu y Voltaire.
• Luego llegó Robespierre, amante de la paz y enemigo de la pena de muerte, que declaró la guerra a media Europa e hizo guillotinar a media Francia.
• Cuando los franceses se hartaron de la revolución y deseaban muy mayoritariamente que retornase el rey, Napoleón concretó un golpe y se hizo con la República como antes se había hecho Robespierre. Así acabó la Revolución.
• Los primeros cristianos predicaban el amor y la igualdad entre todos los hombres. Cuando alcanzaron el poder con Constantino y sus sucesores, pasaron a predicar el odio contra los paganos y la obediencia ciega a las jerarquías eclesiásticas. Cuando uno cambia de posición cambia de perspectiva.
• Dijo el sabio Epicuro que no hay que tener miedo a la muerte: mientras vivimos, la muerte no existe, y cuando viene, nosotros ya no estamos.
• Aviso a los pusilánimes: Los judíos tienen el siguiente dicho: «Espera sentado en la puerta de tu casa y verás pasar con el tiempo el cadáver de tu enemigo». Pero la verdad es que con la pusilanimidad que pretéritamente tenían los judíos no les fueron muy bien las cosas. Ningún pueblo ha sufrido las masacres que ellos han sufrido a lo largo de la historia.
• Convendría que algún gobernante que peca reiteradamente de pusilánime se aplicase el cuento.
• Los reyes y emperadores europeos se dedicaron durante buena parte de los siglos XVIII y XIX al deporte de declararse la guerra y causar cientos de miles de muertos. El Zar no quería estar por debajo del emperador austriaco ni éste por debajo de la reina de Inglaterra. Cuestión de machitos. Los marxistas siguen creyendo que todo ha sido una lucha de clases. Siempre hay ciegos.
• El igualitarismo, en la enseñanza (que nadie sepa más que nadie, era el estribillo de los pedagogos de la LOGSE) o en la economía conduce inexorablemente a ser todos analfabetos o a ser todos pobres. Los más capaces imitarían a los más lerdos, porque ¿quién iba a crear riqueza o se iba a esforzar más que se esfuerza el más inútil o el más bigardo si tales acciones no le producen beneficio, si su riqueza se reparte entre los que apenas aportan? Ahora bien, en una tribu primitiva o en una comuna hippie en donde lo económico se limite a la subsistencia, es ideal el igualitarismo.