GENIOS

No se trata tanto de individuos superinteligentes (aunque hablar de inteligencia es meterse en berenjenales de difícil salida) como de individuos de gran capacidad creativa y originalidad. Lo que señala Schopenhauer al respecto resulta ilustrativo: “El talento alcanza lo que nadie puede alcanzar, el genio alcanza lo que nadie puede ver”.  

Entiendo que los genios son clasificables de acuerdo atendiendo al modo en que han adquirido su genialidad, es decir, de la relación que presenten entre lo innato de su genio y lo adquirido, del aprendizaje, las capacidades que ha ido formando y acumulando durante su desarrollo cognitivo y social. En la actualidad y desde las neurociencias, se suele resumir como la relación entre la influencia genética y la epigenética. Y, obvio resulta, facilita la aparición del genio un ambiente cultural e intelectivo propicios, así como el ejercicio de la confrontación intelectual, sobre todo, en la infancia.

A un primer tipo de genios pertenecen aquellos individuos introvertidos, investidos de gran talento, que buscan incesantemente relaciones analógicas y de causa-efecto al contemplar el mundo, y que muestran un desorbitado interés en el ejercicio de labores intelectivas.  Con las relaciones que vislumbra elabora un plano mental sobre el que emite un torbellino de conjeturas acerca de la realidad que percibe. ¡Y añadamos su atención!, pues una vez que focalizan un asunto, no existe para ellos nada más en el mundo.

Podemos considerar a Arquímedes como ejemplo de este tipo. La humanidad le debe descubrimientos tan sorprendentes como la ley de la palanca, el empuje que ejercen los fluidos, un método de cálculo infinitesimal, fórmulas matemáticas diversas, armas para la defensa de Siracusa, y tal vez el mecanismo de Anticitera, que podemos considerar la primera computadora analógica. Nos dice la leyenda que, encontrándose en el baño, percibió que la densidad de su cuerpo disminuía en el agua, saliendo desnudo a la calle al grito de ¡Eureka! en el momento de percatarse del empuje. Tras dos años de asedio y habiendo los romanos conquistado por fin la ciudad de Siracusa, su atención, como si la guerra y la pérdida de la ciudad apenas tuviesen importancia para él, estaba anclada en escribir una fórmula en la arena de la playa, cuando un soldado romano le dio muerte.

Otro buen ejemplo de este tipo es Einstein, buscador incesante de analogías e imaginativo trazador de hipótesis. El caso es que no era muy ducho con el aparato matemático, pues tuvo que valerse de la habilidad de Lorentz, Minkouski, Riemann, Ricci, Christofer para que la Relatividad adquiriese una consistente forma matemática. Pero ¿qué otra imaginación sino la suya idearía el cabalgar sobre un rayo de luz, el caer con un ascensor al que se le han desprendido los amarres, o el de imaginar la luz como corpúsculos que chocan con los electrones de un metal? De tales idealizaciones surgieron la Relatividad Especial y General, así como la explicación del efecto fotoeléctrico. Y su capacidad de atención. En conversación con Lorentz sobre la Relatividad, encendió un cigarro puro que se consumió sin haberlo llevado una sola vez a los labios.

Otro tipo de genios debe su genialidad a una vida intensa y viajera, junto con una gran imaginación y periodos prolongados de análisis y de organización de recuerdos para idear imaginativamente un bello edificio mental. Los genios literarios suelen ser de este tipo. Aunque existen ejemplos en otras áreas del conocimiento.  Por ejemplo, Darwin enfrascado durante buena parte de su vida en labores de acopio de datos y extracción de relaciones. Pero el ejemplo que expongo y que es representativo del tipo es Cervantes, el autor del Quijote. Viaja durante años por toda Italia, Portugal, por Castilla, por Andalucía, pasa cinco años como cautivo en Argel, es encarcelado en cuatro ocasiones y, toda esa vida de aventuras y prisiones, la proyecta en el personaje más célebre y encumbrado en la literatura mundial, Don quijote de la Mancha. Un libro de ideal caballeresco que pretende dar fin a los libros de caballerías, un libro épico, lírico, trágico, cómico, donde los ojos del protagonista ponen máscaras a la realidad, donde se confunden molinos cueros de vino con gigantes, rebaños de ovejas con ejércitos, donde una cabeza de bronce responde a las preguntas que se le hacen, donde algunas gentes que viven en la segunda parte del libro han leído la primera e incluso la parte apócrifa, y donde, incluso, aparece un personaje del Quijote de Avellaneda. Un libro donde la bondad, el amor puro y el ideal caballeresco se enfrentan a un mundo grosero que les vence o les toma a broma. La más genial creación literaria de los siglos.

Existen genios que, con esfuerzo temprano y debido a una fuerte presión familiar, han desarrollado capacidades extraordinarias, como Mozart, Von Newman…, siendo numerosos los de estirpe judía… Pero existe un tipo especial de genios, a los que se conoce como Savant, que, de forma innata tienen aptitudes extraordinarias para el arte, para el cálculo matemático, para tener una memoria prodigiosa, para la memorización de mapas…, teniendo, por lo general, una escasa capacidad intelectual, y siendo una buena parte de ellos autista.

Sin embargo, existió un joven indio, Srinivasa Ramanujan, cuya prodigiosa mente participaba en algún modo de las capacidades innatas de los Savant, pero cuya inteligencia era extraordinaria. Ramanujan era capaz de sumar series de gran complejidad, expresó hasta 3900 fórmulas que no parecen ser producto de una deducción ni haber sido demostradas, fórmulas que ahora se hacen servir para la Teoría de Cuerdas o para el estudio de los agujeros negros. Como algunos Savant, que parecen ser casos de anunciación sinestésica (ven los números en su cabeza, no les hace falta calcular, o ‘ven’ la música en colores…), según Ramanujan relataba, sus logros matemáticos le aparecían en sueños o al despertar, siéndole comunicados por la diosa Visnú, es decir, sus capacidades serían experiencias divinas, epifanías. Cabe preguntarse cómo aparecían en su mente tantas fórmulas extrañas, tantas soluciones a problemas matemáticos complejos, tantas series sumadas. Uno puede elucubrar con la posibilidad de que en las conexiones cerebrales se encuentren contenidas, en latencia, todas las relaciones existentes en el Universo entre la materia y la energía, y que una suerte de singular configuración neuronal las desvelaría, siendo Ramanujan el poseedor de esa configuración. O eso, o bien la interpretación de que la diosa Visnú se las transmitía, es decir, como si por acción divina se entregase a un cerebro humano el misterio cifrado del Universo.

Y otro al que considero un genio, el rumano Mircea Cartarescu, autor del libro Solenoide, aunque mi ignorancia acerca de su vida y de sus fuentes e inspiraciones me impide encasillarle. ¿Por qué considero genio al autor de Solenoide? Porque la complejidad de la obra solo la podría tramar y resolver un genio, y porque utiliza para ello una prosa exquisita, detallista y cristalina. Sería un fatuo empeño por mi parte pretender dar un significado a Solenoide, ni siquiera querer trazar una imagen reconocible de la obra…, ni siquiera un bosquejo. Sí puedo nombrar las quimeras y realidades que circulan por sus páginas. Puedo nombrar larvas, insectos, parásitos, alucinaciones, sueños, quimeras, supradimensiones espaciales y temporales, seres extraordinarios, conjeturas matemáticas, mecanismos esparcidos por diversos lugares de Bucarest donde existe un túnel que conduce a otros mundos, a otras dimensiones y a otros seres. Puedo nombrar un profesor de instituto en una Bucarest comunista, mísera, fría y destartalada; puedo nombrar su infancia, sus relaciones amorosas, el enigma de su diario…Pero nada de cuanto nombre produce una idea, siquiera aproximada, de Solenoide.

Sin embargo, si puedo entrever (y esta es una razón muy particular) una correspondencia entre la obra de marras y el Manuscrito Voynich. Ese manuscrito repleto de extrañas e inexistentes plantas, de planetas y símbolos cósmicos, de mujeres desnudas que parecen ser arrastradas por tubos o canales de fluidos de colores, de señoras gordas bañándose en un recinto con agua verde…, una obra elaborada a comienzos del siglo XV, escrita con un alfabeto indescifrable. En una obra y otra se exhibe un catálogo de fenómenos y seres extraños, en ambos se desarrolla un mundo que solo se percibe mediante ultrasentidos y ultradimensiones, en ambos aparecen naturalezas mudables. Tengo para mí que Solenoide pretende ser el Manuscrito Voynich del siglo XXI, literario, con una prosa clara, excelsa, que describe al detalle los seres más extraordinarios.

EL PREJUICIO

Siendo uno de los recursos más útiles y utilizados en nuestra labor de vivir y sobrevivir, el prejuicio tiene mala prensa. Parece como si ya no fuese necesario, incluso, parece como si poseer un cierto conocimiento de los individuos o de los asuntos con los que vamos a tener que lidiar fuese cosa abyecta. Sin embargo, percibir de antemano las intenciones ajenas ―siquiera un esbozo de ellas―es una cuestión de vital importancia para nuestra supervivencia. Poseemos exquisitos resortes mentales para reconocer en los gestos de la cara, manos y brazos, en la prosodia de las palabras, en lo que expresan los ojos…, las intenciones que otro humano refleja hacia nosotros. Categorizamos etnia, sexo, color de piel, edad, grupo al que pertenece, comportamiento, y otras muchas señales que ‘el otro’ nos envía, y lo elevamos todo a una nueva categoría en función de la seguridad o inseguridad que nos suscita. Así que el prejuicio actúa como advertencia de lo que podemos encontrarnos y, por ello, como guía de nuestra acción futura.

Pero tal vez otra forma de prejuicio pase más inadvertida:  la apreciación que hacemos de los valores artísticos y culturales. En un museo, uno puede haber pasado por delante de una obra pictórica sin llamarle en lo más mínimo la atención y, tras percatarse de que se trata de una obra maestra de un renombrado autor, volver a ella con muestras de gran interés, deteniéndose en sus detalles, apreciando ahora una belleza y significación que antes le pasó inadvertida. Uno puede empezar a leer Por el camino de Swann, de Marcel Proust o el Ulises de Joyce sin conocer la fama de tales libros y tales autores, y juzgar al poco que le parecen aburridos, pero ¡ah!, cuando un supuesto entendido le informa de lo indispensable de esas lecturas, del reconocimiento de que gozan los citados autores, de la innovación literaria que aportaron…, entonces, todo cambia. Entonces, al decidirse a leer esos libros de nuevo, las palabras transitadas anteriormente poseen otra magia, en las oraciones aparecen encantamientos inusitados, los párrafos destilan ahora aromas y significados nuevos. Ahora, el prejuicio formado con la información recibida actúa como una varita mágica que transforma lo que era tosco y aburrido en delicia para los sentidos. Algo semejante se podría decir de tantas y tantas expresiones artísticas que, por haber alcanzado reconocimiento social, se consideran excelsas.

Pero tal fenómeno tiene lugar también con las ideas filosóficas, con el psicoanálisis, con el llamado materialismo científico de Marx… el prejuicio construye en buena medida el juicio que el individuo emitirá acerca de la verdad o de la falsedad encerradas en ellas. Ahora bien, en estos casos interviene también, y muchísimo, la ideología que el tal individuo tenga a gala defender, es decir, su pertenencia o no al rebaño que sigue tal o cual ideología. O, con otras palabras, las aberraciones cromáticas y esféricas de las lentes ideológicas con que miran el mundo.  

Toda esa información que nos llega antes de enjuiciar a un sujeto o a una sociedad, una novela, un cuadro, una escultura, un mérito…, constituye el prejuicio que tenemos de antemano acerca de aquello sobre lo que vamos a emitir tal juicio. Evidentemente, en la mayoría de ocasiones nos resulta imprescindible como guía para mantener nuestra opinión acorde y conciliada con la opinión social, aunque, también, puede ser que nos den gato por liebre, puede ser que la información provenga de unos pocos ‘entendidos’ que tengan un interés especial en tergiversar la información de comunican, y que, de esa forma, consigan engañar durante mucho tiempo a la mayoría de no entendidos; puede ser que el prejuicio que nos imbuyen sea torticero, que sea un fraude interesado. Desde mi humilde opinión, para acercarse al conocimiento y a la verdad, yo aconsejaría confrontar siempre el prejuicio con la realidad a examinar y sobre la que opinar, pero no dejar que el prejuicio, mediante su influencia, determine en todas sus partes el juicio que solo a la razón corresponde tomar.

JETAS, BOLAS DE NIEVE,  NECIOS Y CIVILIZACIÓN

Sobran motivos para creer que este país está rodando hacia el abismo. Son hechos evidentes que están arrancando con descaro nuestras raíces culturales e históricas; que la convivencia social se está yendo al garete en todas partes; que se están cercenando nuestras libertades y derechos…

Los psicólogos dicen que los humanos somos los únicos seres vivos capaces de prever las consecuencias de nuestros propios actos, pero eso solo es cierto, y no siempre, en cuanto al efecto inmediato y en casos muy simples. De otro lado, más que en la previsión, la filosofía, a fin de singularizar al ser humano y ponerlo en relevancia, siempre ha puesto el énfasis en designar a la razón como principal gestor de nuestro comportamiento, aunque, en realidad, los verdaderos gestores y promotores de nuestros actos son los deseos y los sentimientos.

En atención a lo dicho, la actualidad social nos muestra que la gran mayoría de personas no perciben las consecuencias que acarrearía el llevar a cabo las acciones que propugnan, las ideas que defienden o las empresas que acometen. Para ponerlo de manifiesto voy a utilizar como ejemplos tres acontecimientos de la actualidad (de entre una infinidad que podrían servir a ese propósito). Acontecimientos tales como la entrada indiscriminada de migrantes africanos ilegales, como la permisividad para con las formas culturales de los migrantes musulmanes que chocan de frente con nuestras leyes y con los valores de nuestra civilización, y, por último, el trato discriminatorio en favor de la mujer en muchos tipos de situaciones y de actividades. Tales sucesos, si bien se trataron de justificar al principio con un argumentario de ‘necesidad’, compasión universal y justicia, pronto su dinámica les sacó de quicio y pronto produjeron efectos devastadores en nuestra sociedad.

Vayamos al lío. De manera directa o con subterfugios, un gran número de personas del ámbito ‘progre’ se han expresado a favor de abrir de par en par las fronteras a la inmigración ilegal. Unai Sordo y Pepe Álvarez, secretarios generales de CCOO y de UG respectivamente, Pedro Almodóvar y otros muchos han hecho declaraciones en ese sentido. Los englobo en el tipo IDEOLÓGICO-JETA que luego explicaré.  En fin, preguntémonos ¿cuáles serían las consecuencias de llevarse a cabo dicha apertura? Voy a utilizar un símil al respecto.

Soltamos una piedra desde la cima de un montículo nevado con buena pendiente. La piedra echa a rodar pendiente abajo, adhiriéndose a ella la nieve del sendero que traza, de manera que va formándose una bola blanca que crece y crece hasta hacerse gigantesca e imparable. Soltar la piedra es como abrir las fronteras a los inmigrantes ilegales. Más de mil quinientos millones de personas habitan África. Una parte significativa de ella se verían arrastrados por ese ‘efecto llamada’. La bola de nieve sería de un tamaño monstruoso. ¿Es eso lo que pretenden los JETAS nombrados?

Otra piedra semejante: la permisividad social y legal, así como el favoritismo económico, hacia la inmigración musulmana. Como ocurre en muchas ciudades europeas, en algunas españolas ya existen barrios exclusivos en donde rige la Shariá en lugar de las leyes de nuestro país, en donde incluso se practican algunas costumbres bárbaras como la ablación del clítoris o los matrimonios forzados. Sin embargo, lo que resulta más perverso desde el punto de vista social es que en esos barrios fulge de forma mayoritaria la intención de acabar con la democracia y con la civilización occidental y, por el crecimiento demográfico que experimentan (crecimiento regado con ayudas surgidas de nuestros impuestos), en no mucho tiempo lo conseguirán.

La tercera piedra: las leyes discriminatorias a favor de las mujeres y de la llamada ideología de género. Nadie a estas alturas desconoce el gigantesco muro de desconfianza que se levanta entre personas de uno y otro sexo en ciertos temas y relaciones…; los cientos de miles de denuncias falsas sin perjuicio alguno para las que así denuncian (oficialmente no hay denuncias falsas, ya que se obvia investigarlas, pero hasta el mismo ministro promotor de la ley y uno de los magistrados del tribunal constitucional que la dio por buena, las han sufrido, así como otros ardientes defensores de dicha ley). Con las ingentes cantidades de dinero recibidas por las feministas radicales se ha promocionado el odio hacia los hombres, la disminución de nacimientos, la desaparición del mérito para optar a un puesto, la introducción de la ideología de género en los colegios…, con el resultado, silenciado, de más de ochenta mil intentos de suicidio de jóvenes cada año.

Sin prever las consecuencias, los políticos, los activistas ideológicos y los necios que no ven más allá de sus narices, han promovido que se lanzaran estas piedras que ahora son bolas enormes de nieve y que están arrasando la convivencia en España. Los políticos, por cobardía algunos y todos buscando un rédito electoral a corto plazo. Los activistas, por mero odio, por mero deseo destructivo y con la pretensión de vivir a costa de su griterío. Los necios, por simpleza. Así que la bola de nieve sigue aumentando de tamaño y arrasando nuestras raíces, nuestra cultura, nuestra civilización y nuestra convivencia. El globalismo, con sus multimillonarios y sus tecnócratas bien parapetados, aporta las piedras y retira los obstáculos para que rueden sin impedimentos, pero es la ideología quien las lanza. Una ideología que carga de odio y de sentimientos destructivos los corazones de sus leales. Y si los activistas son generalmente ciegos cuando no locos, pues el resentimiento ideológico les pone una venda en los ojos y en sus corazones desarraigo, son los JETAS los más perversos, pues atisban la destrucción que ocasionará la bola de nieve rodando cuesta abajo y no hacen nada al respecto, al contrario, favorecen su rodadura.

Se está llevando a cabo el desmantelamiento de una civilización forjada durante miles de años sin que muchos de los promotores de tal felonía tengan previsión alguna de la irremediable ruina social que acarreará, aunque otros muchos, aquellos cuyo único sentido de la vida es el destruir, estén al tanto y disfruten con ello, si bien, sufrirán las consecuencias también. Porque en esa sociedad europea y española nos convertiremos en siervos de la gleba, aunque sin raíces con que alimentar el espíritu, sin libertades, controlados al detalle, empobrecidos. Esa sociedad ha sido posible por la servidumbre y la cobardía de políticos que se enrocan en “a lo hecho, pecho” o por una ignorancia sectaria que les impide mirar la realidad. Y la hacen posible las huestes de activistas, ciegos de ideología y resentimiento. Y, también, los simples que obedecen sin entender y los pusilánimes que no saben decir “esta boca es mía”. Por la acción irresponsable de todos ellos se está derrumbando la civilización occidental.

La controversia Sholstakóvich y otros enredos

Muchos de sus familiares, biógrafos y amigos señalan que Dimitri Sholstakóvich (1906-1975), uno de los más grandes compositores soviéticos del siglo XX, tenía un carácter dubitativo, sensible y medroso (uno de sus conocidos puso en duda que alguna vez hubiese dado un ‘no’ por respuesta). Tales cualidades resultan poco apropiadas para defender, a cara descubierta, su verdad y sus ideales en la época estalinista, si bien su inteligencia, su genio y su grandeza nos hacen creer que poseía una callada pero latente rebeldía contra el sistema soviético.

Todo esto viene a cuento de la siguiente pregunta: ¿fue Sholstakóvich un entusiasta defensor de Stalin y del comunismo soviético, tal como muchos grandes músicos e intelectuales rusos, europeos y americanos afirmaban en los años setenta (incluso su propio hijo), o, por el contrario, fue un disidente clandestino que, para sobrevivir, tuvo que adaptarse a las circunstancias políticas, tal como afirmaron otros muchos intelectuales de todo el mundo (incluso su propio hijo) cuando cayó la Unión Soviética? Esto es, ¿fue su adaptación sincera o fingida?

Tal controversia surgió cuando, a su muerte, Solomon Volkov publicó una biografía del músico en la que defendía el fingimiento, señalando que la versión de que algunas de sus frases musicales atacaban a Occidente y ensalzaban a Stalin era falsa, y que más verdad tiene la versión inversa, aquella de que con su música atacaba Stalin.. Esto lo cambió todo. Ni que decir tiene que las críticas y las acusaciones de falsario contra Volkov llovieron de todas partes. La sinceridad de la adhesión del músico al régimen soviético era entonces un verdadero dogma. Sin embargo, una vez desaparecida la URSS, cambiaron las tornas y la versión Volkov prevaleció entre intelectuales y críticos musicales. Bien, ya que a mí me interesa el dilema Sholstakóvich como ejemplo, echemos un vistazo al clima moral, cultural y político antes de su muerte y después de la Perestroika y del derrumbe soviético.

El clima cultural de los años setenta, principalmente en Europa, era gestionado y dominado en Occidente por una intelectualidad rendida a las ideas del comunismo. En la otra esfera, en la URSS, la represión social y el servilismo hacia el Partido estaban muy vivas. Tales razones hacían que la supuesta sinceridad de la fe de Sholstakóvich en el comunismo resultara entonces incuestionable. En cambio, cuando cae el régimen soviético y cuando Fukuyama publica El fin de la historia y el último hombre, el clima dicho cambia radicalmente. Buena parte de la intelectualidad cambia de ‘bando’, esto es, de opinión en cualquier asunto político (y no es extraño, los intelectuales cambian sus juicios al compás del cambio de los vientos políticos).

De manera general, las verdades y opiniones de ciudadanos e intelectuales se adaptan al clima cultural reinante y a su régimen de vientos. El temor a ser penalizado por discrepar de lo que la moral y la política es dictado como correcto (el temor al ostracismo, a la cancelación, al linchamiento social, o incluso al enjuiciamiento y a la prisión) obran ese milagro.

En cuanto a Sholstakovich, creo que en la angustia de su rostro se refleja el gran miedo que tuvo que padecer –y hay evidencias de que estuvo en el punto de mira de los verdugos—, y creo también que si hubiera sufrido una adaptación-conversión sincera al comunismo, por esa conformidad de vivir al amparo de la ideología que uno profesa, los rasgos de su rostro no serían tan angustiosos, tan constreñidos por el miedo, sin rastro de mácula alguna de alegría. Personalmente, creo que supo fingir para salvar su vida (hay toda una ristra de familiares y amigos suyos que sufrieron el horror de Stalin).

El temor es el más potente modelador de conductas. Prever una situación de peligro o un castigo en caso de tomar una cierta decisión, expresar un determinado juicio o seguir un inadecuado comportamiento, hace aparecer el temor de llevarlas a cabo. Ante previsiones de tal cariz, el individuo y el colectivo se adaptan a lo moral y políticamente correcto, esto es, cambian su modo de actuar, decir y enjuiciar. Sobre todo, si el individuo es medroso y ha sido seducido con cantos de sirena, ilusiones paradisiacas o el simple garrote hacia las bondades que tal adaptación presenta.

En esas labores adaptativas, los líderes políticos y sus ideales, así como los líderes morales y sus ideales, actúan siempre cogidos de la mano. Unos y otros saben que ellos solos serían inválidos, caminarían a pata coja, con el peligro constante de ser derribados. Mil años se mantuvieron la aristocracia y la Iglesia así enlazados. En los tiempos de cambio ético que corren, otros son los líderes morales: feministas, ecologistas, animalistas, neocomunistas, que constituyen lo que yo llamo la Iglesia Unificada de los Agraviados; y otros son los aristócratas: tecnócratas, dueños del poder financiero-tecnológico, altos líderes políticos. Ahora como entonces, unos y otros caminan tomados de la mano.

La semejanza de los cantos de sirena en las distintas épocas se muestra claramente en la educación que se ofrece al ‘populacho’. Durante toda la Edad Media y hasta fechas relativamente recientes, el credo religioso y la figura de un dios terrible presidían el ejercicio educativo. En la URSS era figura dominante de la educación la metodología marxista. Durante buena parte del franquismo lo fue la Formación del Espíritu Nacional. En nuestros días, todo lo preside la perspectiva de género. Cierto es que en ocasiones no se produce una completa adaptación, sino tan solo una simulación. El individuo se comporta y dice lo que no siente ni cree, guardando para sí el antagonismo que las ideas proclamadas le producen. Pero la simulación es una tarea ardua, requiere el llevar una máscara sobre el rostro en cada ocasión que interacciones socialmente; y la máscara aprieta dolorosamente las carnes. En razón de esa dificultad, los individuos, sobre todo los pertenecientes a un colectivo social, con el tiempo se adaptan al credo del colectivo de manera rotunda y sincera. Hacen suyas las ideas y los juicios del grupo social, y, si nos referimos a una gran entidad social como puede ser un Estado o a una gran comunidad lingüística, se adhieren a la moral establecida en ella y a la corrección política que en ella se observe.

Un ejemplo bien claro de esa sincera y rotunda adaptación nos la ofrece la muerte de Stalin. Muy probablemente no hubiese una sola familia en Rusia que no hubiese sufrido la pérdida de un hermano o un padre o un hijo, o bien penas en algún gulag por el terror que puso en marcha el terrible Stalin. Sin embargo, a su muerte, toda Rusia lloraba con un grado de conmoción que difícilmente podía ser parte de un fingimiento o de un simulacro. Otro ejemplo muy evidente nos lo ofreció Felipe González cuando propuso que el PSOE dejara de ser marxista. Según una encuesta de entonces, el 85% de los militantes que hasta entonces se habían declarado como tales, dejaron de serlo. Si se convierte el pastor, le sigue el rebaño, aunque siempre quede algún recalcitrante.

Para finalizar, decir que las Iglesias y de las aristocracias saben que uno de los mejores látigos es el miedo a lo sobrenatural. Se temía a un dios terrible que te amenazaba con castigos eternos. Ahora es el miedo al Calentamiento Global, al cambio climático o al padecimiento y muerte del planeta en que vivimos. Siempre tienen un dios a mano con el que atemorizar.

EXPIACIÓN

Llovía con inusual fuerza esta mañana (las hortensias de mi pequeño jardín agradecen el regalo del cielo) cuando de pronto me vino a la cabeza la gran estupidez alegada por Manuel Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, con la finalidad de dar pábulo al supuesto peligro de un supuesto cambio climático de origen antropogénico: “ La madre Pachamama se está vengando”. Tal declaración es toda una muestra de pensamiento mágico: una deidad, la Pachamama o Madre Tierra, nos castiga por el pecado de producir C02 y, como expiación, nos exhorta a ser más pobres para apaciguar a la deidad dicha.

Otros tipos de pensamiento mágico se propagan mucho últimamente. Buen ejemplo de él es esa majadería de culpar al varón blanco heterosexual de hoy en día de crímenes horrendos cifrados en la conquista de América, en las Cruzadas o en el comercio de esclavos, hechos que tuvieron lugar hace varios cientos de años. Creo que el proceso psicológico que conduce a lanzar tales disparates es complejo.

En primer lugar, la ideología de los agraviados delimita y separa en el corazón de su rebaño de súbditos el Bien y el Mal, los Buenos y los Malvados (lo hace de forma tan torcida que coloca a los musulmanes en el lado de Bien, cuando el propósito y la acción del islam ha sido siempre la expansión mediante la conquista, cuando eran los musulmanes quienes capturaban a los africanos y los vendían a los comerciantes de esclavos).

En segundo lugar, la ideología exige que los blancos occidentales de Occidente han de expiar su culpa por tan abominables crímenes del pasado humillándose ante los supuestos descendientes de aquellos agraviados de entonces, negros, árabes e indígenas americanos principalmente. Esto es, los que tienen el mismo color de piel de los agraviadores de hace quinientos o mil años, deben humillarse ante los que hoy tienen el mismo color de piel de aquellos a los que se agravió cientos de años antes. La foto nos muestra  a la señora Pelosi, presidente entonces de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, arrodillada, con la cabeza inclinada, pidiendo perdón a los miembros del Black Lives Matter  por no se sabe qué ofensa cometida contra ellos.

En tercer lugar, una vez que el “culpable” ha reconocido su culpa y se humilla, actúa la tendencia a la autojustificación de los pecados propios o elusión de responsabilidad personal, unida a la expiación suprema que la ideología dicta. Esta expiación del varón blanco heterosexual de Occidente consiste en declararse él mismo en víctima inocente, ¿víctima de quién? Víctima del enemigo ideológico: el capitalismo. Aquí paz y después gloria.

La ideología ha encauzado los corazones de sus huestes contra su gran enemigo, el capitalismo. Si eres anticapitalista formas parte del Bien, de los buenos, ya no eres culpable de las malvadas acciones de “tus antepasados”. Por fin, el pensamiento mágico ha convertido la gaseosa argumental en dinamita política.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO

El libro que presento, “Ideología y Revolución” nos explica los rasgos característicos de las principales ideologías, con particular interés en la que algunos denominan Socialismo del siglo XXI. Es ésta una ideología que ha hecho suyas muchas de las propuestas del feminismo y del ecologismo.

Asimismo, el libro contiene un estudio histórico de las aportaciones con que algunos grandes pensadores han contribuido a dar contenido, forma y evolución a dicha ideología:  Rousseau, Marx, Engels, Gramsci, Marcuse, Adorno, Foucault y varios filósofos del posmodernismo francés. Tampoco faltan las críticas al posmodernismo, la del físico Alan Sokal (el affaire Sokal) o las del filósofo norteamericano Stephen Hicks.

La segunda parte del libro hace hincapié en la revolución llevada a cabo en Occidente en nombre de la ideología dicha. Las estrategias de difusión e impregnación social empleadas para conseguir lo que Gramsci denominó Hegemonía Cultural. Y da cuenta, también, de los fenómenos sociales de candente actualidad, tales como el feminismo de género, la diversidad identitaria, la victimización y otros. El autor agrupa todos los movimientos referidos en una formación que denomina “Iglesia Unificada de los Agraviados”, debido a las similitudes que presenta con algunas organizaciones de tipo religioso.

La última parte del libro, que el autor titula “El tránsito hacia un mundo feliz”, nos habla de la estrecha alianza que se ha establecido entre la “Iglesia” nombrada, las élites de la Tecnocracia y el Capitalismo Globalista, tratando de llevar a término la imposición de las Agendas 2030 y 2050 de la ONU. Alianza cuyo propósito es el de implantar un control moral, social y económico sobre la población. El libro explica cómo se producido dicha alianza, los motivos que la han propiciado y los efectos sociales que está teniendo y tendrá en el futuro más o menos cercano.

Se puede encontrar el libro en numerosas librerías de Madrid, Barcelona y Zaragoza, así como en el Fnac y en Amazon (también en Kindle)

DE ABRAHAM A LUTERO

Los acontecimientos bíblicos sobre la historia y genealogía de los hebreos comienzan en la ciudad de Ur, en Summer (actual sur de Iraq). En los primeros años del segundo milenio a.C., un grupo de tribus arameas emigró a una zona cercana a la actual Harran, en Turquía. Siglos más tarde, una parte de estos grupos familiares emigrarían a los alrededores del río Jordán, desarrollándose en tribus: amonitas, moabitas, edomitas y hebreos.

En Egipto:

Entre 1694 y 1600 a.C., nómadas pastores procedentes de Palestina llegaron a Egipto en la época en que el estado estaba gobernado por los hicsos,  pueblos de pastores, semitas como los hebreos, que habían tomado el poder. A la caída de los hicsos (1570 a.C), las tribus hebreas tuvieron que emigrar de Egipto, no quedando ninguna reseña histórica de su éxodo, lo que da idea de que nunca llegaron a ser muy numerosos e importantes. Con ese éxodo y con Moisés, comienza la historia del pueblo judío.

Moisés:

No quedan referencias históricas de él fuera de las escrituras religiosas judías, pintando éstas una figura mitológica que se repite en varias ocasiones en el medio oriente. Por ejemplo,  en la figura de Acad (sobre el 2600 a.C.), el fundador del imperio acadio en Mesopotamia, del que se dice que fue flotando por el río Éufrates en una cesta de mimbre embadurnada de brea, siendo recogido por la esposa del rey de Lasar, al que luego destronaría el infante.

El caso es que el tal Moisés debió conocer en Egipto el culto al dios Aton,  un dios monoteísta que introdujo el faraón Amenofis IV (Ajnatón),  porque las formas del nuevo dios hebreo, Yahvé, coinciden con las de Atón. Además, las Las Tablas de la Ley,  imitan en muchos aspectos al Código de Hammurabi, conjunto de leyes impresos en piedra y en tablillas de barro por el rey mesopotámico de tal nombre.

El caso es que siguiendo a Moisés y Josué, los hebreos procedentes de Egipto, tras conquistar Jericó y sus alrededores, se establecen en Canaán, al oeste de Palestina, y en el 1020 a.C. resultan lo suficientemente poderosos como para crear un reino, el reino israelita, aunque conviviendo con otros pueblos y otros dioses.

La cautividad en Babilonia

En el año 598 a. C. Nabucodonosor II, soberano de Babilonia conquistó Jerusalén y llevó como cautivos a las élites judías. En el 587, el mismo rey, ante una revuelta, destruye el reino de Judá y su capital Jerusalén.

Sin embargo, el año 539 a.C., el fundador del imperio persa, Ciro II el Grande, conquista Babilonia y deja en libertad a los judíos. Empieza entonces la época de los profetas y del poder de los sumos sacerdotes.

Durante su estancia en Babilonia se redacta el Talmud y posiblemente la Torá, el Antiguo Testamento que conocemos nosotros. Hay dos redacciones, una Babilónica y otra efectuada en Jerusalén, con ciertas diferencias entre ambas y escritas en arameo y en hebreo.

Zoroastro, Ahura Mazda y El Avestra:

Zoroastro o Zaratustra fue un profeta del siglo VI a.C. en Irán, que predicó el culto a Ahura Mazda (el actual Mazdeísmo, ya que aún hoy en día se sigue practicando), llegando a ser la religión oficial persa. El Avestra es el libro que contiene sus enseñanzas. En dichas enseñanzas figuran muchos aspectos religiosos que van a ser asumidos por los redactores judíos del Talmud de Babilonia, incorporándose a sí a la religión hebrea.

El judaísmo como religión de síntesis:

He nombrado anteriormente que la religión que instaura la figura mitológica de Moisés contiene la imitación de las formas de culto a Atón así como su monoteísmo, además de ciertas partes del código de Hammurabi, pero con la estancia en Babilonia se toman muchos aspectos religiosos que aparecen en el Avesta, así como mitos mesopotámicos como el del Diluvio Universal, que aparece por primera vez en una tablilla de barro del 2700 a.C. que lleva por nombre Poema de Gilgamesh.

En el Avestra tienen su origen las siguientes estructuras religiosas:

–Relato mítico de la Creación

–Cielo e Infierno

–Bien y Mal

–Ángeles y Demonios

–Apocalipsis y Juicio Final

–Resurrección de los cuerpos

–Esperanza en un Redentor

El Cristianismo:

Jesucristo (entre el 8 y el 4 a.C. y el 29 d.C.), figura principal del cristianismo, que nació en Belén, Judea. Desde el siglo VI se considera que la era cristiana comienza el año de su nacimiento, pero en la actualidad se cifra un error de cuatro a ocho años. Para los cristianos, Jesús fue el Hijo de Dios encarnado y concebido por María, la mujer de José, un carpintero de Nazaret. El nombre de Jesús se deriva de la palabra hebrea Joshua, que completa es Yehoshuah (‘Yahvé es salvación’); y el título de Cristo, de la palabra griega christos, a su vez una traducción del hebreo mashiaj (‘el ungido’), o Mesías. Los primeros cristianos emplearon Cristo por considerarle el libertador prometido de Israel; más adelante, la Iglesia lo incorporó a su nombre para designarle como redentor de toda la humanidad

Las principales fuentes de información sobre su vida se encuentran en los Evangelios, escritos en la segunda mitad del siglo I para facilitar la difusión del cristianismo por todo el mundo antiguo. Las epístolas de san Pablo y el libro de los Hechos de los Apóstoles también aportan datos interesantes. La escasez de material adicional de otras fuentes y la naturaleza teológica de los relatos bíblicos provocaron que algunos exegetas bíblicos del siglo XIX dudaran de su existencia histórica. Otros, interpretando de diferente manera las fuentes disponibles, escribieron biografías naturalistas de Jesús. En la actualidad, los eruditos consideran auténtica su existencia, para lo que se basan en la obra de los escritores cristianos y en la de varios historiadores romanos y judíos.

Los evangelios de san Mateo y san Lucas recogen datos sobre el nacimiento e infancia de Jesús, e incluyen su genealogía, que se remonta hasta Abraham y David (Mt. 1,1-17; Lc. 3,23-38). Se supone que la descripción de su genealogía se hizo para probar el mesianismo de Jesús. Según Mateo (1,18-25) y Lucas (1,1-2,20), Jesús fue concebido por su madre, que “aunque desposada con José, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo” (Mt. 1, 18). Nació en Belén, donde José y María habían acudido para cumplir con el edicto romano que obligaba a inscribirse en el censo. Mateo es el único que describe (2,13-23) el viaje a Egipto, cuando José y María se llevaron al niño lejos del alcance del rey Herodes el Grande. Sólo Lucas relata el cumplimiento de José y María con la ley judía que requiere la circuncisión y presentación en el templo de todos los recién nacidos de Jerusalén (2,21-24); el mismo evangelista también describe su siguiente viaje (2,41-51) con el joven Jesús al templo para la fiesta de la Pascua. Los Evangelios omiten la vida de Jesús desde que tuvo 12 años hasta que empezó su ministerio público, unos 18 años después.

En compañía de sus discípulos, Jesús estableció su base en Cafarnaúm y viajó a los pueblos y aldeas cercanas para proclamar la llegada del Reino de Dios, tal como hicieron otros muchos profetas hebreos antes que él. Cuando los enfermos de cuerpo o espíritu se acercaron a él en busca de ayuda, los curó con la fuerza de la fe. Insistió en el amor infinito de Dios por los más débiles y desvalidos, y prometió el perdón y la vida eterna en el cielo a los pecadores siempre que su arrepentimiento fuera sincero. La esencia de estas enseñanzas se encuentra en el sermón de la montaña (Mt. 5,1-7), que contiene las bienaventuranzas (5,3-12) y la oración del Padrenuestro (6,9-13). El énfasis de Jesús en la sinceridad moral más que en la observancia estricta del ritual judío provocó la enemistad de los fariseos, que temían que sus enseñanzas pudieran incitar a los judíos a rechazar la autoridad de la Ley, o Torá. Otros judíos se mostraron recelosos ante las actividades de Jesús y sus seguidores porque podrían predisponer a las autoridades romanas contra una eventual restauración de la monarquía.

El historiador judío Flavio Josefo coetáneo de Jesús, apenas lo menciona, sugiriendo que en ese tiempo predicaban entre los judíos más de 2000 profetas.

A la muerte de Jesús, su hermano Santiago , queda como cabeza de su movimiento.

Primeros Cristianos:

La primitiva iglesia no rompió amarras con el judaísmo, todo lo más se consideraban renovadores de las doctrinas judaicas y su religión estaba destinada a los judíos excluyendo a todos los demás, gentiles. Sin embargo, Pablo de Tarso, un judío, aunque ciudadano romano que persiguió inicialmente a los cristianos y luego se convirtió, estuvo en desacuerdo con esos primitivos judeocristianos, y dedicándose a predicar en las principales regiones del imperio romano, tanto de oriente como de occidente, consiguió extender el cristianismo y edificar las bases de lo que luego sería la Iglesia como institución.

Otro hecho muy significativo para entender la expansión del cristianismo primitivo fue la diáspora judía. En el año 70 d.C. Jerusalén fue destruido por sublevarse contra Roma y la mayoría de los judíos fueron deportados o huyeron a trasvés de las numerosas regiones que englobaba el gran imperio romano. Un gran número de ellos fue a Egipto, a Alejandría, donde constituían un tercio de la población, mientras que otros muchos se extendieron a lo largo de la costa de lo que hoy en día es Turquía, entonces poblada por griegos. Por esta diáspora aparecen numerosas sectas cristianas a lo largo del imperio.

Dentro de las numerosas sectas, podemos decir que practicaban una especie de comunismo de la propiedad, y sobre todo tenían la seguridad de la venida inmediata del fin del mundo.  Eran conocidos también como apocalípticos, por esa espera de la inmediata llegada de la Resurrección de los Muertos y el Juicio Final, así que, ante tan inminente acontecimiento, no les importaba ofrendar su vida por su dios ni aborrecer del mundo. Lo cierto es que en el siglo III eran ya tan numerosos que, viendo el emperador Constantino que podían aportar su firmeza y fuerza a un imperio en franca decadencia, decidió dar al cristianismo el amparo del estado.

Con los sucesores de Constantino, el cristianismo se impuso porque era la fuerza más organizada del imperio, aunque no la más numerosa. El caso es que nada más tener el poder, los obispos cristianos consiguieron que se prohibiera bajo pena de muerte toda otra religión, así como la destrucción de todos los templos paganos. No obstante, durante casi dos siglos la lucha surgió entonces entre diversas corrientes cristianas por la disputa en dogmas de fe y en el poder de los grupos. Los arrianos, que llegaron a tener el poder con dos emperadores, terminaron siendo perdedores y perseguidos. A partir de entonces la iglesia cristiana se afirma monolíticamente en el más absoluto fanatismo religioso y con un apego inconmensurable al poder.

CRISTIANISMO EN EUROPA

A lo largo de la Edad Media el poder de la Iglesia y los bienes que atesoraba había ido creciendo sin parar. Junto a los señores feudales recluidos en sus castillos, gobernaban a una población europea que sufría toda suerte de padecimientos: hambre, pues debía pagar gran parte de sus cosechas a la iglesia y a los nobles; esclavitud, pues los nobles eran dueños y señores de sus vidas; pestes, tan numerosas por las condiciones de higiene y sanidad en que vivían; guerras, muchas veces establecidas por los señores feudales entre sí por mera diversión o entretenimiento; saqueos y bandidaje por parte de los desesperados del mundo que, desposeídos de todo, se echaban a los caminos a robar y asesinar, matando en numerosas ocasiones a poblados enteros. La iglesia no sólo era espectadora en este duelo, sino que participaba muy principalmente en la opresión. Así que surgieron de las gentes del pueblo una serie de doctrinas que enlazaban con la primitiva doctrina de Cristo de la humildad, la pobreza y la caridad, junto a las doctrinas gnósticas tan en boga en los primeros siglos del cristianismo. Esas corrientes religiosas nacidas en el pueblo son denominadas ahora de forma genérica Cátaros (puros), pero se pueden nombrar muchas de estas sectas que pulularon por europa: Los novacianos, los paulicianos, los bogomilos, los tejedores, los milaneses, los patarines, los albiguenses etc. Desde el siglo IX hasta el siglo XII cobraron gran fuerza en Bulgaria, Albania, Eslovenia, Milán, el sur de Francia, Alemania etc.

Para evitar su empuje, la iglesia levantó órdenes de monjes que dieran ejemplo entre la población del sacrificio de la iglesia católica, además de aumentar el control en cada población. Además, al descontento generalizado ya señalado se fue añadiendo con el tiempo el problema de los segundones, caballeros sin fortuna, nobles que se veían desplazados en la herencia de los bienes por el primogénito del castillo, dedicándose a saquear con impunidad a la aterrorizada población.

De todo ello surgieron numerosas revueltas en Europa y una pérdida de fe en la iglesia. La solución que encontró el poder establecido es la de buscarse un enemigo hacia donde desviar el descontento. El enemigo encontrado fue el Islam; el pretexto, la conquista de Jerusalén. (¿os suenan las similitudes con Bush y la guerra de Iraq?); como ahora, se inventaron excusas atrayentes: que los musulmanes nadaban en oro y diamantes, que ultrajaban los lugares santos del cristianismo en Jerusalén etc. El caso es que dio resultado. Una riada de mendicantes y harapientos recorrió los caminos fustigándose y predicando la primera cruzada contra el demonio musulmán. La mayoría de ellos murieron en el camino hacia Jerusalén, decenas de miles de ellos embarcados sin armas ni alimentos fueron abandonados a su suerte por los caballeros nobles que con ricos carros y numerosos sirvientes marcharon hacia la primera cruzada. El resultado final fue la gran masacre de gentes por allá por donde estos caballeros cruzados pasaban. En Jerusalén se divertían estampando a niños, mujeres y ancianos contra las paredes, hasta que por las calles circuló un río de sangre, según describe un cronista árabe de la época.

Tras varias cruzadas, sin embargo, los cátaros siguieron ganando terreno en Europa, hasta que el Papa Inocencio III decretó una cruzada contra ellos, la cruzada albiguense, aplastando el movimiento de una forma brutal.

Los pocos que sobrevivieron hubieron de sufrir a la Santa Inquisición durante unos siglos más.

EL PROTESTANTISMO. LUTERO

El teólogo y reformador religioso alemán Martín Lutero precipitó la Reforma protestante al publicar en 1517 sus 95 tesis denunciando las indulgencias y los excesos de la Iglesia católica. Para Lutero la esencia del cristianismo no se encuentra en la organización encabezada por el papa, sino en la comunicación directa de cada persona con Dios. Su protesta provocó una cascada de desengaños en la Iglesia católica y sentó las bases de otros movimientos protestantes, como el calvinista .

Reforma, movimiento religioso surgido en el siglo XVI en el ámbito de la Iglesia cristiana, que supuso el fin de la hegemonía de la Iglesia católica y la instauración de distintas iglesias ligadas al protestantismo. La Reforma, precedida por la cultura del renacimiento y, de alguna forma, seguida por la Revolución Francesa, alteró por completo el modo de vida de Europa occidental e inició la edad moderna. Aunque se inició a principios del siglo XVI, cuando Martín Lutero desafió la autoridad papal, las circunstancias que condujeron a esa situación se remontan a fechas anteriores y conjugan complejos elementos doctrinales, políticos, económicos y culturales.

EL MÁS ALLA Y EL SENTIDO DE LA VIDA

El sentido de la vida, profundo pero claro y de aspecto simple, es el perdurar, el seguir ‘siendo’. No hay más. Se han llenado bibliotecas enteras con la filosofía del bla bla bla tratando de encontrar tal sentido por los cerros de Úbeda, pero el único sentido que la biología contempla es el de sobrevivir y aparearse. Dígase lo que se quiera de la mente, de la conciencia…, la biología les tiene agarrados por sus partes. ¡Quien manda manda!

Sobrevivir es nuestro Norte y a veces lo traducimos como deseo de inmortalidad. El primer registro literario de la Historia, el Poema de Gilgamesh, escrito hacia el 2.700 a.C. en la antigua Mesopotamia, ya pone su mayor énfasis en la inmortalidad. En su busca parte el héroe, Gilgamesh, rey de Ur, sin finalmente conseguirlo. ¿Sabéis que los grandes multimillonarios tecnológicos están gastando grandes fortunas en una gigantesca investigación destinada a alargar la vida o regenerarla?

Bueno, digo ya que la inmortalidad no es el tema principal que trato en este escrito, sino que lo es las soluciones ilusorias que se han ideado para mitigar la angustia de ser mortal, de tener que morir, de dejar de ser.

Son soluciones religiosas. No hay religión que no haya pintado un Más Alla gozoso tras la muerte del cuerpo (si has cumplido con los preceptos necesarios). Tales soluciones tratan de negar la muerte total, tratan de luchar contra la angustia de tener que morir, de endulzarla, de oponerse ilusoriamente a un ineludible destino. Las soluciones ofrecidas son muy variadas y numerosas: el Cielo cristiano, el paraíso islámico, el Jardín del Edén judío, los Campos Elíseos habitados por los héroes griegos, el Hamistakan de los persas según Zaratustra o el Campo de Juncos de los egipcios. En todos los casos nombrados el Más Alla es un lugar ideal y utópico en donde reinan la paz, la armonía, el disfrute y la muerte y la enfermedad están ausentes.

Pero en otras soluciones el Más Alla se encuentra en este mundo nuestro, aunque de forma fantasmagórica. Es sabido que no existe una tribu primitiva en que sus miembros que no crean estar protegidos o amenazados por los espíritus de los muertos. En China y Japón son muy venerados los espíritus de los ancestros, a quienes se les pone en un lugar preferente del hogar de cada familia.

Ahora fijémonos en que en todos los casos expuestos hay una suposición latente: que existe una entidad incorpórea que se separa del cuerpo con la muerte de éste. Llámese alma o envoltorio del alma o parte del ‘alma’ universal o espíritu, es esta entidad la que accede a los lugares de bienaventuranza o la que ronda los campamentos tribales o la que reside en los lares familiares. Sin embargo, en otras culturas y religiones tales entidades, tales almas (démosle este nombre para compendiarlas) tienen otro destino, diferente a los nombrados en el Más Alla de la muerte.

Los celtas y los tracios creían en la metempsicosis, esto es, una transmigración de las almas desde los cuerpos que mueren hacia otros cuerpos que nacen. Pitágoras, Platón y los practicantes de la Cábala judía sostenían una creencia semejante. Ahora bien, con no muchas diferencias (las que existen —hilando fino— entre la transmigración, la reencarnación y la metempsicosis), las religiones con origen en el hinduismo creen en la reencarnación del alma en un nuevo cuerpo, según un ciclo —rueda del Karma— que solo se detiene si uno logra la ‘liberación’, lo que los budistas denominan el Nirvana. Según la doctrina de que se trate, el nuevo cuerpo al que el alma accede puede pertenecer a una categoría inferior como un insecto o un árbol o a una superior. Dependerá de los méritos acumulados durante las sucesivas vidas por las que haya transitado. En el jainismo, por ejemplo, el alma puede llegar a alentar a un ser semidivino, y en el budismo es posible lograr el cese de la reencarnación.

No podemos ser exhaustivos, pero el abanico de religiones y de soluciones al Más Alla no se acaba ahí. Más cercanos a nuestra cultura tenemos a los cátaros, una heterodoxia cristiana que se extendió hasta el siglo XIII por amplias zonas de Europa. Creían en la reencarnación, que cesaba una vez el adepto era capaz de conocer la divinidad. Y, ¿acaso no tenemos popularizado en nuestra cultura un renacimiento de los muertos? Todos hemos oído hablar de la Segunda venida de Jesucristo y de la consiguiente Resurrección de los muertos para ser juzgados en el Juicio Final.

En fin, mejor sigamos viviendo en nuestro cuerpo tanto como éste nos permita. Seguir siendo. Tal es el único sentido de la vida.

LAS TABLAS DE LA LEY. LEGADO Y DESCOMPOSICIÓN MORAL

Desde la más rancia antigüedad los seres humanos hemos levantado monumentos de piedra en honor de dioses y espíritus. Menhires, dólmenes, camposantos, el círculo de Stonehenge, pirámides, los templos de Angkor, las catedrales cristianas…La piedra es signo de lo perenne, de lo que perdurará más allá de nuestra existencia. También se registraban en piedra las grandes victorias y, lo que ahora nos importa: las más importantes normas que regían la vida social. A este último propósito, dos son los registros pétreos que resultan más conocidos: el código de Hammurabi y las Tablas de la Ley. El primero fue esculpido hace cuatro mil años, mientras que las Tablas, supuestamente, tres mil trescientos años atrás. La ley escrita en ellas nos importa sobremanera porque, en buena medida, ha conformado la moral social de Occidente durante dos mil años.

La Biblia nos cuenta que Moisés subió al monte Sinaí y al dictado de Yhavé esculpió en dos tablillas de piedra los Diez Mandamientos destinados al pueblo de Israel. Una parte de esos mandamientos, que ahora sentimos que son prescindibles, prescriben relaciones de subordinación religiosa hacia el dios Yhavé (es decir, hacia sus representantes los sacerdotes), pero otra parte de ellos prescriben respeto hacia la institución familiar, prohíben el robo, la difamación, el engaño y la codicia de lo ajeno.

Los que tenemos ya una cierta edad, seamos o no creyentes, los interiorizamos durante la infancia y, de manera más o menos laxa, los asumimos como fondo de conducta, y su incumplimiento como motivo de reprobación. La falta de respeto hacia los padres o la esposa, el engañar al crédulo, el mentir, el difamar, la actitud codiciosa…provocaba rechazo social hacia el autor; éste perdía su honra. Así ocurría, sobre todo en las zonas rurales donde hasta hace cincuenta años vivía la mayor parte de la población española, y donde todo hijo de vecino se conocía.

Hoy, las Tablas de la Ley están hechas pedazos. Hoy se intenta reducir la familia, la honra y los antiguos valores sociales a cenizas. Periodistas, políticos, gobernantes, élites que hasta no hace mucho sentían sobre sus espaldas la obligación de ser modélicos hacen constante alarde de bajeza moral. Tienen a gala engañar, mentir, difamar, incluso robar, sistemáticamente.

La población en general se ha contagiado de esa bajeza y les aplaude por ello en vez de reprobarles. Por esa razón, hoy ningún político dimite, aunque haya cometido desmanes. Por esa razón ningún periodista sufre escandio entre los miembros de su profesión, aunque sus artículos se construyan a base de difamaciones y bulos. La rotura de las Tablas de la Ley ha originado que la familia se ataque con saña, que se ensalcen identidades rocambolescas que se consideraban locuras, que se estén rompiendo los pilares de la democracia, que se pretenda la destrucción de las naciones, que, de hecho, se haya suprimido la patria potestad de los padres en beneficio de un acaparador Estado, que la educación se haya convertido en púlpito de adoctrinamiento ideológico…

Dicen que son nuevos tiempos y que los de mi generación no entendemos, y tal vez tengan razón, pero, permitidme recordar que la ‘piedra’ de las Tablas de la Ley ha permanecido incólume y enhiesta durante tres mil trescientos años. Alguna virtud tendrá.

PENSAMIENTOS INFAMES

DESENGANCHADOS DE SU NATURALEZA SOCIAL

Desde que el ser humano caminó por las planicies de la civilización, amarró su conciencia a creencias y entidades que le proporcionaban seguridad física y equilibrio mental para vivir en el mundo: la familia, el clan, los hijos, la ciudad, la religión…

Algunos jóvenes de las nuevas generaciones se han desenganchado del agarre religioso, del agarre de la nación, del clan, incluso de la familia, y, a cambio, se les ofrece se hombre, mujer o gamba. ¿Es extraño que estén tan desquiciados, que hayan adquirido tan enfermiza sensibilidad, que se hundan ante cualquier conflicto, que no sepan qué buscan ni hacia donde van?

FÍSICA Y METAFÍSICA

Contrariamente a lo que piensan algunos de los que ejercen labores filosóficas, la investigación científica requiere un muy alto grado de capacidades especulativas. En la elaboración de una hipótesis o en la construcción de una ecuación se necesita aplicar un inmenso caudal de intuiciones con las que especular, con las que dar forma y significado a lo que solo es una forma grosera, difusa y ambigua. En cuanto al asunto de la especulación, no aparecen diferencias de calado entre el manejo de la hipótesis física y la metafísica.

Pero la hipótesis física tiene su momento crucial —su muerte o supervivencia— cuando se enfrenta al experimento para su refutación o confirmación, momento del que carece la metafísica. Cuando el experimento asiente, la hipótesis o la ecuación son realzadas, adquieren nuevo valor y se convierten en base de nuevas especulaciones lanzadas en pos de nuevos horizontes.

De ese modo, la física y otras ciencias avanzan y caminan en línea recta hacia nuevos panoramas y hacia nuevos hitos cada vez más lejanos. Con tropiezos y desvíos inesperados, pero siempre acumulando saberes y siempre penetrando más y más en la epidermis de la realidad.

La metafísica, en cambio, se mueve siempre en círculos o en elipses de escasa excentricidad sin conseguir nunca resolver ni escapar del problema en que se enfrasca. El centro de esos círculos, el Ser, se revela siempre indescifrable, y las potencias especulativas revolotean a su alrededor sin vislumbrar su apariencia o su significado. Ahora bien, tengo que decir que no se puede dudar de lo enriquecedor que resulta para el espíritu tal revoloteo.

LA NUBE

Da que pensar la ‘utilidad’ de Microsoft conocida como ‘La Nube’. Que una porción no pequeña de tus esfuerzos, de tus opiniones, de tus saberes, de tus creaciones y tus sueños; que una buena porción de tu intimidad palpite virtualmente en una nube virtual, y quede expuesta a los ‘ojos’ de los ‘afinadores’ de la IA, de Microsoft, de la acción controladora de cualquier sistema de poder, incluso de cualquiera que se maneje habilidosamente con la telemática; digo que produce grima, sometimiento e insignificancia. Aunque, oculta en toda labor creativa, palpita la esperanza de que alguna aguda mirada desvelará el brillo atesorado, el resultado de estar expuesto en la nube suele ser la enajenación fraudulenta de tu intimidad y no el descubrimiento de tu brillo. Uno elabora, como un buen gusano virtual, su propio capullo en espera de que surja la crisálida del reconocimiento ajeno, pero luego se percata que se hacen bellos vestidos con su seda o que con esa misma seda le amarran a su asiento. ¿No es la nube un aprisco virtual de reses bípedas?

Devaluación Cultural en el Siglo XXI

La cultura fue siempre una manifestación de las élites para las élites. Tenía la virtud de que enganchaba a ella el interés de la población por el conocimiento y por participar del aprecio cultural. Había hambre de conocimiento y hambre de saber identificar el arte y gozar de él. Así que la cultura se hizo objeto de veneración.

Sin embargo, durante el último tercio del siglo pasado, las doctrinas igualitarias lanzaron desde el arte y la filosofía un feroz rechazo contra el elitismo en la cultura. Se dejó de requerir que las obras culturales gozasen de excelsitud. A las nuevas obras no se les exigía poseer mucha calidad artística para ingresar con todos los honores en el panteón cultural. Así que, la cultura, que anteriormente iba dirigida a las dichas élites para consumo propio y admiración ajena, fue dirigida ahora a las clases medias. Pero en el siglo XXI la desvalorización cultural ha ido en aumento y agradar a las masas se ha convertido en requisito indispensable para que una manifestación pueda ser tildada de cultural. Pero esto, que desde mi punto de vista puede resultar un acierto, da pie a que cualquier locura, cualquier absurdo, cualquier extravío se pone hoy de moda y se eleva a altar del arte o la cultura. Esa misma vulgarización ha hecho que el mundo juvenil, liberado de los corsés de la belleza, del buen gusto, de la inteligencia, del sentido común, se abrace a cualquier esperpento. Para darse cuenta de ello solo hay que echar un vistazo al festival de Eurovisión.

Ahora se llama teatro a cuatro payasadas sin tino sobre un escenario; se llama danza a cuatro jóvenes en bragas contorneándose ante un público erotizado. De modo parecido, el pensamiento ha sufrido también su devaluación. Hoy las simplezas y las estupideces que salen de la boca de ‘los apóstoles ideológicos’ se consideran mensajes profundos.

Todo el carrusel de lo que se determina hoy en día como cultural, se lanza hacia las masas hambrientas de morbo. Así que esas masas elevan cualquier memez — sobre todo si viene arropado por una ideología— a la categoría de arte. De modo semejante, se rechaza la evidencia y la necesidad de prueba para establecer una verdad. Solo el ‘sí ideológico’ la determina. Hoy en día solo se acepta como verdad lo que ha sido proclamado dogma ideológico.  La masa demanda y la ideología la contenta.

Con tales devaluaciones —como cuando Prometeo entregó el fuego a los hombres o cuando Pandora abrió la caja de las desgracias que desde entonces asolan el mundo—, la locura ha hecho presa de las masas: cientos de supuestos idiomas ‘reviven’ de su prematura muerte o, incluso, de su inexistencia; se desata la locura climática, una nueva Inquisición pugna por linchar a todo discrepante o heterodoxo… y, en resumen, lo burdo y lo simple se tachan de excelso y el dogma de ‘verdad’.