De la existencia de Dios, la Biblia y los rebuznadores

biblia

Si Dios existiera

Si Dios, en la forma en que lo ha imaginado nuestro deseo, existiera, el absurdo de tener que morir, de un ahora-ser y un luego-no-ser—el absurdo del sin-sentido de la vida—, se derrumbaría. Si tal Dios existiera, todo cobraría un nuevo valor y el morir ya no sería morir sino un vivir de nuevo. Un vivir donde el yo seguiría indemne, vivo; un vivir donde la bondad conmovedora sería rutina; donde el bienestar sería ser; donde los “otros” serían espejos de uno mismo. Si un tal Dios tuviera existencia, la dicha del instante  en que el sediento bebe el agua fresca de un manantial cristalino sería cosa eterna en el inagotable manantial del cielo. En la ardiente zarza de esa vida se consumirían nuestros anhelos, pero no su dicha. Si Dios existiera el absurdo de vivir sería abolido. Mas, me es imposible creer que tal Dios exista y que podamos redimirnos del absurdo que nos rodea. No puedo creer en ese intento de dar-sentido-a-la-vida.

 

La Biblia y los rebuznadores

 

Se dice que el asno rebuzna de gozo. Al asno se parecen quienes se jactan de no haber leído nunca la Biblia. “Ni siquiera un capítulo, ni siquiera una frase”, rebuznan algunos de ellos con alborozo. Los imagino entonces –no puedo evitarlo—blasonados con orejas de acémila, revolcándose gozosamente en el estiércol de su ignorancia. No digo que no-leer-la-Biblia actúe en menoscabo de uno mismo, pero, ¡jactarse de ello! He visto y oído asnos con ese pelaje hablar en nombre de la cultura (cultura que identifican con cuatro simplezas cinematográficas y algún dictado ideológico), alegando que la Biblia es bazofia religiosa; sin sospechar siquiera que la Cultura se fundamenta en gran medida en los Griegos y en la Biblia.

¿Qué hace a la Biblia indispensable?, ¿qué contiene? Contiene, en primer lugar, leyendas y mitos universales. El Diluvio, el Paraíso, el Arca, el Pecado Original, una cosmogonía creacionista, los Héroes fundadores, las luchas entre dioses… Con sus diferencias locales, tales mitos aparecen en todas las grandes culturas y civilizaciones del orbe. Pero contiene también la historia del pueblo hebreo desde sus orígenes arábigos de pastoreo hasta la llegada del conocido como Jesús el Mesías. La historia de un pueblo escogido por un dios único, Yahvé (o Yahveh, o Jehová, o Yahwe, o Yhwh) . Su nomadismo, sus conquistas, sus luchas, sus destierros, sus pecados, sus diatribas morales y las vicisitudes de todo tipo que acontecieron a los israelitas por más de mil años.

A mí me regocijan singularmente las historias-fábulas morales, hermosas todas, terribles muchas de ellas, la de Jonás el Profeta, lanzado al mar por unos navegantes para calmar las tempestades, tragado por una ballena que lo deposita a los tres días en una playa; la del patriarca Abraham, a quien Yahvé ordena ofrecerle en sacrificio a su hijo Isaac como signo de sumisión y obediencia, y que  solo cuando ya estaba dispuesto a hacerlo detiene su mano un ángel enviado por Dios para sacrificar un carnero en lugar de Isaac; la destrucción de las perversas ciudades de Sodoma y Gomorra; la de los hijos de Isaac, Esaú y Jacob, comprando el segundo la primogenitura al segundo por un plato de lentejas; la de José, hijo amado de Jacob, abandonado por sus hermanos en un pozo y que gracias a sus dotes para revelar los sueños llegó a estar a la derecha del faraón de Egipto; la de Onán, a quien Yahvé dio muerte por verter en el suelo en vez de fecundar a la esposa de su hermano muerto; o la de Lot, sobrino de Abraham, a quien sus hijas embriagaron para quedar encienta de él; la de Sansón, el Hércules hebreo, cuya extraordinaria fuerza residía en su pelo… Contiene también un tesoro poético-erótico, el Cantar de los cantares, y el Éxodo: el pueblo israelita, guiado por Moisés, caminando cuarenta años por el desierto en busca de la Tierra Prometida; los Diez Mandamientos, las normas éticas por las que Occidente se ha regido durante dos mil años… No hay línea que no se lea con gozo y no deje  un brillante poso de cultura.

No es menos irremplazable la lectura del Nuevo Testamento, la vida y obra de Jesús el Nazareno. Ni faltan las historias fabulosas en tal libro: Las bodas de Canaan, donde un joven Jesús convierte el agua en vino; la multiplicación de los panes y los peces… Pero el Nuevo Testamento es sobre todo un nuevo código ético, un fundamento moral que sigue estando en boga en el mundo. Algunos pasajes, como la expulsión de los mercaderes del templo,  o la frase de compromiso dar a Dios lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre; No podéis servir a Dios y a las riquezas. Mt. 6-24; es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos. Mt. 19-24, fueron fuente de inspiración y ejemplo para muchos movimientos religiosos que surgieron en Europa a finales de la Edad Media y de aquellos más igualitaristas que florecieron tras de la Reforma luterana. El anabaptista Juan de Leiden, que implantó un reinado de comunismo cristiano en la ciudad de Münster fue uno de estos; y las utopías comunistas, como la de Campanella, expresada en su libro La ciudad del sol, beben también del cristianismo. Pero la fuente de la ética lanzada por Jesús surge principalmente de El sermón de la montaña. Ahí se encuentra el fundamento moral del comunismo, aunque los comunistas no lo sepan.

Pongo fin a esta incitación a leer la Biblia a prevenir a los rebuznadores. Espero que alguien la aproveche.

 

 

 

 

Borges nació hace 120 años

 

borges

A veces el destino juega a hacer carambolas. Tal deduzco de que en la fecha de hoy, 24 de agosto, sea el día de San Bartolomé, que es el patrón de tres poblaciones muy cercanas a mí: del pueblo donde nací, de otro pueblo donde pasé mi juventud, y del pueblo donde actualmente paso buena parte de mis horas. Además, el 24 de agosto es el aniversario del nacimiento de dos grandes amores míos: mi hija mayor, y Jorge Luis Borges. Otra carambola es más secreta. San Bartolomé fue un mártir cristiano al que desollaron vivo. En la Capilla Sixtina del Vaticano aparece pintado con la piel del brazo colgando; sobre la piel aparece el autorretrato de Miguel Ángel, el autor. También Borges trazó su autorretrato en El Sur. Miguel Ángel y Borges se autorretratan veladamente en su obra.

Para celebrar a Borges a los 120 años de su nacimiento, les dejo este enlace:

https://www.infobae.com/america/cultura-america/2019/08/23/el-coraje-de-borges-como-el-escritor-transformo-la-palabra-en-un-cuchillo/

 

Y también las siguientes entradas de este Blog, donde hablo de Borges, y a las que podrán acceder escribiendo el título sobre el botón “BUSCAR”, que podrá encontrar abajo a la derecha:

–Borges en el Sur

–Borges en su laberinto y otros relatos

–Borges y los sueños

–Lo psicológico en Borges. Emma Zunz

–La inmortalidad en busca y captura

–El Sur

BORGES EN EL SUR

 

Pretendo exponer  que Jorge Luis Borges –su simbología, sus miserias, sus anhelos—se halla encriptado en EL Sur, narración compilada en Ficciones. El argumento del relato parece simple por venir cifrado. Narra un accidente fortuito, un hombre atendido en un sanatorio y un sueño. El hombre es Borges aunque se llame Dahlmann, y el sueño delata quién es y qué anhela. Se sueña viajando al sur (El Sur), que es alegoría de su otra vida, la que  hubiera querido vivir.  En esa alegórica geografía deja de ser bibliotecario casi ciego para “empuñar con firmeza el cuchillo”.

Lo acompañan –encubiertos—sus ancestros, los fríos y cultos británicos y los apasionados y aguerridos latinos. Borges funde en ese abuelo de Dahlamann a sus abuelos. “Aquel Francisco Flores del 2 de infantería de línea, que murió en la frontera de Buenos Aires lanceado por los indios de Catriel…” es un compendio de su bisabuelo materno, Manuel Isidoro Suárez, que luchó a las órdenes de Simón Bolivar, de su abuelo Isidoro de Acevedo Laprida, que murió en 1829 a manos de gauchos federales, y de uno de sus abuelos paternos, el coronel Francisco Borges, que se lanzó a la muerte, desprotegido, en la batalla de La Verde. En su Ensayo autobiográfico, dice Borges que esa parte de su sangre podría explicar su anhelo de destino épico. Y por parte materna: “El hombre que desembarcó en 1871 en Buenos Aires se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de la iglesia evangélica”. Así empieza El Sur. Ese hombre no pretende ser otro que el padre de Fanny Haslam, la madre inglesa del padre de Borges, pastor metodista de Nortumbrianland.

También lo acompañan Las Mil y Una Noche, la casa Rosada, el gaucho, su Buenos Aires, el criollismo, los espejos, el juego con el tiempo y los lugares, “un enorme gato que se dejaba acariciar como una divinidad desdeñosa”, que hace las veces del tigre borgiano, y el laberinto.

El autor ofrece pistas con la intención de seguir el hilo de Ariadna en el laberinto argumental que ha construido. Dice: “De El Sur, que es acaso mi mejor cuento, básteme prevenir que es posible leerlo como directa narración de hechos novelescos y también de otro modo”. Considerar El Sur su mejor cuento requiere asumir que encierra otro propósito que le resulta a Borges muy preciado, requiere comprender que Borges nos invita a leerlo “de otro modo”. Para el futuro, señala también otros datos destinados a los posibles lectores de su autobiografía: el hombre que estuvo a punto de morir de septicemia en el sanatorio fue realmente Borges. Tal hecho ocurrió en febrero de 1939.  Y “En esos días, Dahlamann minuciosamente se odió; odió su identidad…”; Borges odió al bibliotecario municipal que él era. Entonces, queriendo escapar esa mísera realidad en que estaba sumido, quiere ser otro, sueña. Crea dos universos, el de la realidad de sus miserias y su falta de brío, y el atrayente universo de otra realidad inmersa en el sueño.

“Mañana me despertaré en la estancia, pensaba, y era como si a un tiempo fuera dos hombres: el que avanzaba por el día otoñal y por la geografía de la patria, y el otro, encarcelado en un sanatorio… . Tal es el ancla que deja Borges para reconozcamos que comienza el sueño; un ancla coloreada con letras cursivas en el relato. El hombre real, el del sanatorio, y el hombre soñado, el que se dirige al sur. La estancia es su destino en El Sur. En tal sueño se producen los contrastes y amalgamas que caracterizan lo onírico: “las simetrías y los leves anacronismos”—como le gustaba señalar a Borges—, la carencia de lógica, la con-fusión de personajes, las figuras simbólicas, la manifestación de temores y de ocultos deseos… Dahlmann viaja en tren hasta una estación que le es desconocida; entra en una especie de taberna y cree reconocer al patrón; allí hay unos “muchachotes” que resultarán pendencieros; y hay un viejo gaucho que representa a todos los gauchos; y entonces hace aparecer con-fundidos el patrón de la taberna y el enfermero que lo cuida en el sanatorio. Claro es, ambos cumplen la misma función en el sueño la de velar por su seguridad. “Dahlmann, adentro, creyó reconocer al patrón, luego comprendió que lo había engañado su parecido con uno de los empleados del sanatorio”. Más adelante: “… ya estaba de pie cuando el patrón se le acercó y lo exhortó con voz alarmada: ―Señor Dahlmann, no les haga caso a estos mozos, que están medio alegres. Dahlmann no se extrañó de que el otro, ahora, lo conociera…”. Y poco después: “El patrón objetó con voz trémula que Dahlmann estaba desarmado”.  Entonces las circunstancias y el anhelo de ser “el otro Borges” desembocan en un duelo. Dahlamann-Borges sale a pelear a campo abierto con el pendenciero que le provocaba. Un suceso que tuvo lugar siendo  Borges  ya muy viejo y ciego evidencia ese anhelo suyo de destino épico. Daba una charla a estudiantes en la Universidad de Columbia cuando un muchacho portorriqueño le gritó hijo de puta. Borges golpeó el escritorio con su bastón y ―ya libre por los años del temor al oponente―desafió al estudiante a un duelo fuera del recinto.

El anhelo de destino épico, de usar “el acero”; ese anhelo  de criollismo, de gauchismo,  con tanto énfasis plasmó en El Martín Fierro y en Evaristo Carriego y en   Juan Muraña y  otros relatos; el anhelo que Borges atribuye a su linaje latino; se cumple en el sueño. El Borges bibliotecario, asustadizo, casi ciego, es soñado ahora cuchillero.

Si para Borges –siguiendo a Shakespeare—la materia de la realidad es la misma que la del sueño, el sueño es un desdoblamiento, es el reflejo onírico de otra realidad, aquella en que él es “el otro Borges”, una realidad ofuscada por su crianza inglesa: la realidad que pudo haber sido, que él tal vez hubiera querido.

Así que El Sur se halla cifrado en los reflejos del universo onírico y del universo del Borges real. De acuerdo con el pensamiento borgiano, se trata de dos sueños: uno es de un Hacedor que da vida a Borges soñándolo; el otro es del mismo Borges soñando a su “otro yo”. Pero tales sueños, tales reflejos, infieren dos espejos. Solo vemos los reflejos que producen, los dos Borges; por eso sabemos que están ahí. No podían faltar. Es uno de sus más conspicuos símbolos. El espejo imita la realidad.

Dios (he dado en pensar) pone un empeño
en toda esa inasible arquitectura
que edifica la luz con la tersura
del cristal y la sombra con el sueño.

Dios ha creado las noches que se arman
de sueños y las formas del espejo
para que el hombre sienta que es reflejo
y vanidad. Por eso nos alarman.

Pero son dos espejos enfrentados: el que me trae quién soy y el que me dicta quién pude ser, mi doble. Sus antagónicos reflejos se hieren. Esas meras apariencias que propagan los espejos y los sueños no son distintas a la apariencia de la realidad. Como se nos dice en Las Ruinas Circulares, somos el producto de un sueño. Pero tales apariencias se ocultan tras la máscara del relato. Nos dice Borges: “Siempre sueño con laberintos o con espejos. …Mi otra pesadilla es la del espejo. No son distintas, ya que bastan dos espejos opuestos para construir un laberinto”. El Sur es una máscara; El Sur es un laberinto. Borges se retrata, enmascarado, en ese laberinto de reflejos de realidad y sueño.

Digámoslo ya:

 

El Sur es un laberinto formado por dos espejos enfrentados que cifran a Borges.

 

Del simplismo ideológico II

latinoamerica

No es mi pretensión exponer un catálogo exhaustivo de simplezas ideológicas, así que a las que expuse en la entrada anterior añadiré sin más las dos que siguen. Entre los simples tienen gran predicamento.

El Islam es la religión de la paz. El simple de que estamos hablando asevera esto, ofreciendo razones tales como “la consabida hospitalidad de los musulmanes”, o una supuesta “convivencia pacífica de cristianos, judíos y musulmanes en Al-Ándalus”, y presenta un memorial de agravios cometidos por  los intransigentes cristianos de Occidente contra el musulmán, empezando por las Cruzadas medievales. En la mente del simple –cargado de una ideología construida únicamente por consignas y lemas—los musulmanes forman un conjunto de víctimas inocentes, de buenas gentes primitivas a las que se debe reparación. Pero la realidad es otra bien distinta. Las muestras de hospitalidad se producen solamente entre musulmanes y de su alcance y extensión nos da señal la inmensa riqueza de los jeques del petróleo y la escasez con la que se enfrentan una gran mayoría de musulmanes.

La supuesta convivencia andalusí es un mito que no se sostiene en pie. Los más prestigiosos historiadores que han estudiado ese periodo están de acuerdo en la falsedad de las afirmaciones que se vierten sobre la tal convivencia. Después del siglo XII, tal como sucedió en todo el Islam, se impuso en Al-Ándalus una rígida intransigencia doctrinal que en tierras musulmanas produjo la quema de todos los libros que no fueran el Corán y que convirtió a una buena parte de los judíos y  los cristianos (mozárabes) en siervos del musulmán o bien en ciudadanos de segunda clase en cuanto a derechos, a la vez que se les asfixiaba económicamente con una dura tributación.

Las Cruzadas, en cambio, fueron una terrible realidad histórica, pero, ¿cree el simple que los musulmanes vinieron a conquistar España con una sonrisa en los labios?, ¿cree el simple que se apoderaron de Persia y buena parte de Asia y África portando flores en la mano? No. El alfanje, el terror y la sangrienta aniquilación del enemigo fueron los más sólidos argumentos empleados para conseguirlo.

Quizás ignore el simple que el tráfico de esclavos ha sido el negocio más lucrativo del Islam a lo largo de su historia; quizás ignore que los millones de africanos que fueron trasportados hasta América fueron capturados y vendidos por árabes, y que con ello despoblaron grandes regiones africanas. Quizás ignore el simple que al día de hoy el comercio de esclavos es boyante en Libia.

¡La religión de la paz!, dicen de una religión que establece la Yihad (la guerra santa) contra los infieles; que dispone a la mujer como sierva del hombre; que condena a muerte al apóstata (quien intenta dejar de pertenecer al Islam); que rechaza la libertad, la homosexualidad y la democracia; y que alienta el empleo del terrorismo como arma. El simple confunde guerra, terrorismo y esclavitud, con la paz. ¿Cabe un grado de simpleza tal?

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Los culpables de todos nuestros males son España y Norteamérica. Tal es el eterno gemir de las plañideras simplonas hispano-americanas. En ese lamento viven paralizados, hasta el extremo de que ninguna consideración de futuro parece importarles. Su vitalidad no se dirige a elaborar proyectos para el porvenir sino a quejarse del pasado y a culpabilizar. La plañidera vive de relamerse sus heridas y de aparecer como víctima ante los demás; y, claro está, de declarar a otros culpables de sus desgracias y concitar odio en su contra.

Todas las desgracias de Latinoamérica se achacan al saqueo que primero realizó España en aquellos lares, y posteriormente Norteamérica. Eso lo tienen claro todos los de ideología simple a un lado y otro del “charco”. El simplón López Obrador, presidente mejicano, pide que el rey de España pida disculpas a Méjico por la obra de Hernán Cortés. Una muestra más de la apariencia buenista del simple, que presenta a los indígenas revestidos de las virtudes de la paz y la concordia. Recuérdese que Moctezuma II ofrece a los hombres de Cortés el regalo de corazones humanos que estos se negaron a comer, lo que provocó la furia del emperador azteca.

Cazar  indígenas de otras tribus y comérselos era uno de los quehaceres de los aztecas, y se cifra en 50.000 el número de los sacrificados anualmente. Quizás no haya habido en la historia una monstruosidad semejante. De hecho, ¿cree el simple que los 500 hombres de Cortés podrían haber conquistado Tenochtitlán de no haber contado con la ayuda de numerosas tribus, principalmente los txalcaltecas, que eran sistemáticamente masacrados por los aztecas?

Y se ha de poner la conquista en su contexto. Cierto es que la población mejicana fue diezmada por los virus y bacterias llevados por los españoles y para los cuales el sistema inmunológico de los nativos no estaba preparado. Recientes estudios han llegado al convencimiento que la culpable fue la Salmonella ( https://natureecoevocommunity.nature.com/users/83606-christina-warinner/posts/30037-mixtecs-aztecs-and-the-great-cocoliztli-epidemic-of-ad-1545-1550 ). Provocó una mortandad semejante a la provocada en Europa por la Peste Negra unos siglos más tarde. Pero si comparamos la colonización española con la llevada a cabo por los  ingleses en América del Norte o con la que llevaron a cabo los holandeses en África del Sur, la española está a infinita distancia por encima de las otras en cuanto a derechos para los nativos. Las Leyes de Burgos que los Reyes Católicos sancionan dicen que los indios son hombres libres, que su trabajo se debía recompensar con un salario justo y que la mujer lactante y los menores de 14 años estaban exentos de trabajar. Nada que ver con la ausencia de derechos y reconocimientos de los indios norteamericanos o con la segregación racial en las colonias holandesas, inglesas, o belgas. Compárese el porcentaje de mejicanos descendientes de indios, casi un 90%, con el apenas 1% en Norteamérica. Y el mestizaje, que solo es característico en Latinoamérica.

Pero el ambiente cultural latinoamericano, alentado por muchos de sus intelectuales, se recrea y se detiene en el victimismo de culpar a los demás de todos sus males. Países como Corea del Sur, Malasia, Indonesia o Tailandia eran paupérrimos solo treinta años atrás y hoy son economías punteras. Su virtud: laborar y no ocuparse en lamentaciones. Pero Latinoamérica sigue haciéndose eco de los lamentos de plañidera de la intelectualidad hispano americana, Eduardo Galeano, Gabriel García Márquez, Pablo Milanés…, que lanzan la sangrante idea de “España y Norteamérica se han enriquecido a nuestra costa y son la causa de nuestra pobreza”. Hoy en día ningún economista se atrevería a decir tamaña insensatez. Como pone Antonio Escohotado de manifiesto en su magnífica trilogía, Los enemigos del comercio, el comercio entre Metrópoli y colonia es enriquecedor para ambos, pero especialmente para la colonia. Todavía se puede decir que buena parte de los monumentos, sistemas viarios e Instituciones latinoamericanas son de los tiempos coloniales, y que en muchos países parece haberse detenido el tiempo desde entonces.

La simplona y falsa idea lanzada en Las venas abiertas de América Latina,  de Eduardo Galeano, incita a regocijarse en lamerse las propias heridas antes que intentar suturarlas. No se quiere recobrar la vitalidad, no se quieren cerrar las heridas (algo semejante ocurre en España con los cantos de plañidera a la Segunda República y a la Guerra Civil española); resulta más gozoso mostrarlas y añadir a ellas tintes rojos y señalar culpables y concitar odios, “mirad, aquí podéis ver lo que me hicieron estos o aquellos malditos, pobre de mí, mirad como sangran mis heridas”. Tan gozoso resulta que se detiene cualquier propuesta de cura. Pero ya se sabe hacia dónde conduce tanto llanto y victimismo: hacia Cuba y Venezuela.

 

 

Del simplismo ideológico

 

Quiero hablar de aquellos que tienen una simplista visión de alguna parcela de la realidad y que, sin embargo, ofrecen acerca de la misma opiniones rotundas; es decir, de los simples en relación a un tema pero que no dudan en creerse y declararse hábiles conocedores de sus intríngulis. En relación a esas parcelas del conocimiento tales individuos apenas analizan: sus facultades intelectivas parecen obstruidas. Su conducta y sus actitudes se rigen a impulsos de deseos, ideologías, o por simples consignas o proclamas que lanza el grupo social al que pertenecen. En ellos el pensamiento mágico suele tener gran relevancia: los mundos utópicos; la redención de la humanidad o de una parte de ella; el pensamiento y  sentimiento de reciprocidad de situaciones y de justicia universal; la idea de que la maldad habita en el enemigo; la fútil idea de que la mera ocurrencia mental es certificado de validez…

Voy a exponer un ideario al que se suelen adherir o que suelen proclamar los pertenecientes al Simplismo.

  • Repartiendo las riquezas de los que más poseen, todos seríamos más ricos y viviríamos mejor. Esta afirmación, que se la he escuchado a algún “sesudo” profesor universitario, ignora por qué las cooperativas no funcionan, o por qué todas las experiencias comunistas han concluido en estrepitosa miseria y totalitarismo, o que la iniciativa privada ha demostrado ser la fórmula más potente de producir riqueza para todos. Verdaderamente, lo que la afirmación propone es matar a la gallina de los huevos de oro.
  • Los brotes nacionalistas en una determinada región se solucionan concediendo más y más derechos y beneficios a la región y a sus líderes nacionalistas. Esta ha sido la política española con Cataluña y el País Vasco desde la época de la Transición, hace ya más de 40 años. Tal solución ignora la perversa dinámica que mueve al nacionalismo: cuanto más le concedas más demandará, pues su esencia se encuentra en ese pedir más y más: en cuanto se conformara con lo recibido, su existencia como grupo correría grave peligro. Los políticos españoles, o bien han ignorado esta verdad de Perogrullo o bien han escondido su cabeza debajo de la arena esperando temporalmente no ser incomodados en su cómodo sillón.
  • El dinero público se puede gastar a manos llenas porque no es de nadie. Ésta ha sido una proposición seguida muy a menudo por la clase política con el propósito de conseguir clientelismo, sobre todo en Andalucía. Se otorgan subvenciones, se falsifican jubilaciones, se dan pagas ilegales a una parte de la población, con el fin de recabar votos “que nos permitan en el futuro seguir en el sillón”. Tanto se ha abusado de de estas acciones que en muchos simples ha causado la simplista visión de que la riqueza del Estado rebosa de un pozo sin fondo, y que el dinero que se gasta viene caído del cielo.
  • Antes se vivía mejor. Es la cantinela que se viene entonando desde la primera Revolución Industrial, cuando surgió una tecnofobia que se llevó por delante, presas de las llamas, muchas factorías en Inglaterra. Escritores famosos como Víctor Hugo o Dickens –al tiempo que se hacían millonarios—esparcieron la idea de la vida inhumana que se había creado con la industrialización, así como de la mejor vida rural anterior; pero lo cierto es que la renta de las gentes aumentó sustancialmente en aquella época, la calidad de vida mejoró y la población de los países industrializados creció como no lo hacía desde muchos siglos atrás. Ahora sigue la cantinela. El populismo habla de la pobreza, de la miseria extrema, pero no se cuenta que en España se considera pobre a aquel que gana menos del 60% de la renta per cápita, alrededor de 1500 euros. No se cuenta que nadie pasa hambre, que todo el mundo tiene educación y sanidad gratuitas, y que hay cientos de miles de empleos que nadie quiere ocupar porque se vive bien –con buenas ayudas—del desempleo (soldadores, fontaneros, electricistas, peones de la construcción, trabajadores del campo…son empleos que pocos españoles aceptan). Antes se vivía mejor, dicen los jóvenes que solo han vivido en la abundancia.
  • El comunismo es un sistema social maravilloso que ha sido aplicado incorrectamente. Recalcitrantemente, una parcela del simplismo hace suya esta creencia. No vale que todos los experimentos comunistas a lo largo de la historia hayan acabado en desastre; tal hecho no es tenido en cuenta por el simple de turno que siempre encuentra un maligno culpable al que achacar que tal o cual magnífico proyecto comunista se extraviara o se despeñase. El cristianismo, el capitalismo o la traición de la social democracia alemana han sido los culpables más utilizados. La razón de caer recalcitrantemente en tal error es que la creencia en las bondades del comunismo se siente más que se piensa; es decir, suele ser más obra del resentimiento que de cualesquiera otras razones. Pone una venda en los ojos del resentido que le oculta toda evidencia que contradiga su deseo. Gran parte de la intelectualidad europea del siglo XX defendió el comunismo chino o soviético desde las poltronas periodísticas o universitarias: yo les hubiera condenado a vivir en esos regímenes. Cuando en un individuo se une la simpleza producto del ciego resentimiento con su simpleza innata, tenemos al simplón. Algún presidente español ha hecho alarde de esa conjunción de simplezas en periodo aún reciente. Todavía sigue paseándolas por el mundo.
  • Lo oscuro es sinónimo de profundo. Tal confusión suele aparecer en el simple que se ha cultivado en las ciénagas de la filosofía. El tal individuo no suele comprender gran cosa acerca del mundo (el hedor de las enseñanzas recibidas le nubló el intelecto por completo) pero es hábil en subirse al carro de la moda cultural del momento y repetir como un lorito eslóganes manoseados con el fin de aparentar que Por otro lado, cualquier ocurrencia sin sentido de Lacan o cualquier oscuro galimatías de los muchos de Hegel (aunque su genio deslumbre en ocasiones) son celebrados por el simple como si poseyesen una profundidad brillante y cautivadora, cuando no suelen ser sino un rosario de palabras ambiguas que  lucen un rimbombante contraste al formar frases carentes de significado alguno. Con la escasa luz de su candil intelectivo, el simple puede pasarse toda una vida buscando inexistentes significados, pero lo más frecuente es que, sin más, pretenda aparecer ante las huestes del simplismo filosófico como un iniciado en los arcanos del saber profundo, es decir, que lo que pretende en realidad es estar a la moda de la penúltima estupidez intelectual que haya sido lanzada al ruedo cultural. Su simpleza suele llegar al extremo de ver ricamente enjaezado al emperador que anda desnudo.

TO BE CONTINUED…

BELLEZA, MISERIA Y ADAGIOS

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Televisión

De la televisión nos seduce lo que tiene de social o gregario y que, no sintiendo la alteridad de quien allí aparece, no representa peligro. Pero, además, queda en suspenso el pensamiento propio –ese pensamiento que tanto malestar nos genera a veces— y el cerebro se pone en bypass. Entonces somos sugestionados, contaminados, abducidos, moldeados, convertidos en rebaño.

Música

Ciertos mecanismos mentales parecen resonar con el ritmo de la música, de tal manera que en ciertas situaciones y ante ciertos hechos, la música concita y pone el clima para que resuenen los apropiados sentimientos. La misma escritura no deja de ser un proceso musical.

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Creencias y grupo

Las convicciones personales acerca de un asunto social o político se niegan si no concuerdan con las del grupo que nos acoge y cobija. Nos adaptamos a las creencias grupales mediante la fuerza que ejercen sobre nosotros los afectos. El poder de convicción de un líder y el abrigo que recibimos de un grupo hace tambalear nuestras más sólidas verdades. Incluso, una idea sin argumentos puede fraguar en cimentada creencia por la simple verosimilitud que le proporciona el eco colectivo.

Belleza y evolución

La belleza es un ardid evolutivo para que el organismo reconozca lo que le es conveniente para un apareamiento productivo, esto es, para lograr eficacia biológica. Aunque bien es cierto que a ese ardid se superpone este otro: parte de nuestras preferencias en la materia sexual son correlativas a los primeros estímulos que recibimos.

Las Formas o Ideas de que hablaba Platón se corresponden con las diferentes categorías que mentalmente formamos de las cosas; pero estas categorías se establecen mediante la experiencia de lo real, a modo de promedio de lo que se experimenta. Así, la belleza ideal de un rostro coincide con el promedio de los rostros que hemos visto.

Si seguimos haciendo catas en los sustratos de lo bello, una mujer atractiva arrastra la mirada de los hombres como arrastra un torbellino la hojarasca.

Adagios

La vida es un asunto mortalmente serio.

La cuestión espinosa puede presentar tales arrecifes y tales ciénagas, que resulta muy fácil embarrancar argumentalmente en ellos.

El impulso sexual vertebra nuestra existencia tiránicamente.

Los resentimientos se agavillan mediante una creencia, y los símbolos se convierten en señas de identidad.

La aspiración por excelencia de los españoles de una gran parte de España es a tener cortijo, esto es, a actuar como un rentista, ¡o bien a ser funcionario!.

Profilaxis contra el deseo inalcanzable: ignóralo, evita que arraigue, desprécialo.

¡Qué impermeable resulta el oído para aquello que no se quiere escuchar!

¡Cuánto tiempo requirió la intelectualidad de Occidente para «sentir» la miseria que se escondía en el Este!

El clamor de la igualdad y el amor universal significa para el organismo: necesito que me amen y evitar que nadie se encuentre por encima de mí.

En cuanto al «amor universal», podemos añadir: basta que haya escasez, basta que dos deseen lo mismo, basta que surja disputa para que surja el odio y la crueldad y el enemigo. ¡Como si quisieran abolir la naturaleza humana por decreto!, ¡pronto encontrarán un chip para ello!

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URSS

Violencia proletaria. Paraíso socialista. Tejido de opresión de media Europa urdido con el hilo del miedo y la aguja del comunismo. Miseria humana. Cárcel inmensa. Esclavitud ideológica. Oscurantismo, Gulags y ejecuciones en masa. El alcoholismo como remedio. La mentira como estandarte. Gran Hermano. La maldita y miserable intelectualidad francesa, española, italiana, portuguesa…, alabando con denuedo tal campo de concentración. Miserable Sartre, miserable Pasionaria, Carrillo, Foucault, Gramsci, Georg Lukács…El corazón de las tinieblas; la médula del terror: el comunismo en la URSS.

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 LA INMORTALIDAD EN BUSCA Y CAPTURA

 

inmortalidad

Todo ser humano, si no se halla sometido a pertinaces penas y dolores que tuercen su voluntad, siente con vehemencia el deseo de vivir, de perdurar, de continuar existiendo por toda una eternidad, siente el deseo de ser inmortal. El deseo de inmortalidad es la mera manifestación en el plano de la conciencia de la labor que desarrolla cada célula de cada órgano de nuestro cuerpo por sobrevivir y reproducirse.

La primera gran obra literaria de que tenemos noticia se escribió sobre arcilla en Mesopotamia, la actual Irak, casi 5000 años atrás, se trata del poema de Gilgamesh. Gilgamesh es el rey de la ciudad-Estado de Uruk, y es mitad hombre y mitad Dios. Al morir su amigo Enkidu se siente aterrado por la idea de morir, así que, en adelante, su único afán consistirá en alcanzar la inmortalidad. En un heroico viaje iniciático hasta las tierras donde viven apartados Noé y su esposa, salvados por los dioses del diluvio, que les concedieron la inmortalidad, Gilgamesh supera pruebas increíbles, pero no la prueba a que le somete Noé. Se le niega la inmortalidad. Pero, no obstante, la mujer de Noé le indica el lugar donde se halla la planta de la juventud; y también en esta empresa falla, pues, en un descuido, una serpiente se la roba. Gilgamesh percibe entonces la inexorabilidad de la muerte

Otra gran obra de la época trata del fracaso de Inanna diosa del amor y la fecundidad en su intento de conquistar los infiernos, es decir, de abolir la muerte. En El descenso de Inanna a los infiernos, esta diosa de Erek, casada con el pastor Damuzi, decide descender a los infiernos para suplantar a su hermana y reinar también en el inframundo, pero es apresada antes de lograr su propósito, interrumpiéndose al momento la reproducción animal y vegetal en el mundo. Entonces los demás dioses liberan a Inanna, pero obligan a que su marido quede retenido en el averno seis meses de cada año. Durante ese periodo se detiene la reproducción; se trata de la dualidad cósmica vida/muerte esterilidad/fecundidad.

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Las religiones gestionan nuestra ansia de inmortalidad ofreciéndonos un salvoconducto para gozar de una vida eterna después de morir en esta vida en la Tierra. Lo ofrecen a cambio de cumplir con ciertas prescripciones que dicta su libro sagrado y que manejan en sus detalles los representantes respectivos de cada Dios en este mundo, los sacerdotes, hierofantes, ayatolas, imanes, o pastores de las distintos credos. En el cristianismo, islamismo, y en el mazdeísmo, existe un Cielo a dónde están destinados a pasar la eternidad los que en esta vida han seguido los preceptos religiosos. El más atrayente a los ojos es el Cielo musulmán, en donde  cada hombre recibe para su gozo 72 huríes de bello semblante, aunque también son muy deseables los oasis, las frutas y palmeras que regocijarán al elegido. Otras religiones premian o castigan el buen o mal comportamiento en esta vida con una reencarnación tras de la muerte; uno se puede reencarnar  en un prudente, sabio, rico, hombre o en un animal inmundo. O bien, otras aun, señalan un destino inmortal  en disgregarse en el polvo cósmico, pasando a formar parte del UNO. Especial  inmortalidad anhelaban los griegos: la gloria.  Aquiles era el héroe a imitar por aquel que anhelase gloria semejante. El Gran Alejandro dormía siempre con la Ilíada bajo la almohada pues era su afán emular a Aquiles en su gloria.

trashumanismo

Hoy en día la ciencia nos promete la inmortalidad en esta vida en un futuro no lejano. Se ensayan regeneraciones celulares de cada zona del cuerpo dañada o envejecida, reparaciones de órganos, sustitución de partes orgánicas por órganos biónicas, reparación de telómeros, trasplantes neuronales, implantación de chips en el cerebro con el fin de mejorar o reorganizar sistemas neuronales envejecidos; e incluso trasplantar nuestra conciencia y todos nuestros sistemas neuronales a un ordenador cuántico. En este caso, nuestro Yo y su ansia de inmortalidad –que sería, así, satisfecha—residirían  en esa máquina sapiente.

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Pienso que, tal como ocurre cuando se satisface un deseo, que aparece inmediatamente la desilusión, tras de conseguir ser inmortal aparecerían en el hombre penas y angustias incontables. Jorge Luis Borges, en el relato El Inmortal, hace llegar a un tribuno romano a la ciudad de los inmortales, aquellos hombres que ganaron gloria imperecedera; y allí descubre que la inmortalidad es una condena abominable, pues arrebata a la vida la pasión de cada acto. Los inmortales se dispersan por el mundo en busca de una pócima que les posibilite el morir.

Todo ello, todas estas epopeyas, todas estas religiones, todas esas investigaciones, todos los proyectos biónicos, robóticos, informáticos, que las gentes capaces llevan a cabo, se deben en última instancia a nuestro deseo de inmortalidad.

Judíos en el siglo XX

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Políticos:

Karl Marx, Ferdinand Lassalle, fundador del partido socialdemócrata alemán, Rosa Luxemburgo, León Trotski, el líder revolucionario Húngaro Bela Kun.

Científicos:

Einstein, Alexander Luria, Albert Michelson, Minkowski, Schwarzschild, Niels Bohr, Feynman, Murray Gell-Mann, Sheldon Glashow, Lev Landau, Von Neumann, Oppenheimer, Wolfgang Pauli, Steven Weinberg, George Cantor, Norbert Wiener, Marcel Grossmann, Alexander Friedman.

Filósofos:

Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse, Walter Benjamin, Karl Popper, Raymon Aron, Henry Bergson, Noam Chomsky, Ludwig Wittgenstein, Thomas Kuhn, Imre Lakatos, Peter Singer, Claude Lévy-Stauss.

Economistas

Paul Samuelson, Milton Friedmn, Herbert Simon, Alan Greenspan, Paul Krugman, David Ricardo

Cineastas:

Charles Chaplin, Peter Bogdanovich, Joel y Ethan Coen, George Cukor, Max Fleischer, Richard Fleischer, William Friedkin, Menahem Golan, Arthur Hiller, Stanley Kramer, Stanley Kubrick, Fritz Lang, Melvin Leroy, Barry Levinson, Ernst Lubitch, Sidney Lumet, Joseph Mankiewicz, Paul Mazursky,  Max Ophuls (Maximilian Oppenheimer),  Alan J. Pakula, Roman Polanski, Sidney Pollack,  Abraham Polonsky, Otto Preminger, Max Reinhardt (Maximillian Goldman), Martin Ritt, Stuart Rosenberg, Herbert Ross, Robert Rossen, John Schlesinger, Melville Shavelson, Don Siegel, Robert Siodmark, Steven Spielberg, Billy Wilder, Robert Wise, William Wyler, Robert Zemeckis, Fred Zinneman, David Zucker y Jerry Zucker.

Actores:

John Garfield (Jacob Julius Garfinkle), Dorothy Lamour (Dorothy Kaumeyer), Eva Gabor, Gene Barry, Cornel Wilde, Oskar Homolka, Eddie Cantor, Judy Holliday (Judith Tuvin), Lauren Bacall (Joan Perske), Kirk Douglas (Isadore Demsky), Tony Curtis (Bernie Schwartz), mientras que a finales de los 40 y en los 50 lo hicieron Piper Laurie (Rosetta Jacobs), Cyd Charisse, Shelley Winters, Elli Wallach, Lee J. Cobb, Rachel Weisz, Jeff Chandler, Eddie Albert (Eddie Heimberger), Ernest Borgnine (Effron Borgnine), Martin Balsam, Carroll Baker, Charles Bronson (Charles Buchinsky), Eleanor Parker (Ellen Friedlob), Rod Steiger, Karl Malden (Maiden Sekulovitch), Eddie Fisher, Jerry Lewis (Joseph Levitch) y Walter Matthau (Walter Matasschanskayasky), Patricia y Rosanna Arquette, Jamie Lee Curtis, Ellen Barkin, Mathew Broderick, Albert Brooks, Mel Brooks, James Caan, Peter Falk (Columbo), Billy Crystal, Peter Coyote, Daniel Day-Lewis, Michael Douglas, Richard Dreyfuss, Noah Emmerich, Harvey Keitel, Peter Falk, Elliott Gould, Jake Gyllenhaal, Laurence Harvey, Kate Hudson, Scarlett Johansson, Natalie Portman, Lisa Kudrow, Mila Kunis, Michael Landon, Gwyneth Paltrow, Winona Ryder, Adam Sandler, Steven Seagal, William Shatner, Sylvia Sidney, Ben Stiller, Barbra Streisand, Gene Wilder, Debra Winger, Kevin Costner,  Joan Collins, Harrison Ford, Richard Gere, Dustin Hoffman, Amy Irving,  Peter Strauss, Jane Seymour y Bruce Willis.

Escritores, músicos

Freud,  Gustav Mahler, Bob Dylan, Leonard Cohen, Gertrude Stein, Frank Kafka, Marcel Proust, Philip Roth, Noah Gordon, Elías Canetti, Paul Auster

Contribuciones a las ciencias en porcentaje

El 26% de todos los premios Nobel de Física han sido judíos, el 40% de los norteamericanos. El 28% de ganadores de la medalla Max Plank; el 44% de los ganadores de la medalla Dirac; el 51% de los poseedores del Premio Wolf de Física; el 19% de los ganadores del Premio Nobel de Química han sido judíos; el 29% de los ganadores del del Premio Nobel de Medicina han sido judíos; el 27% de las medallas Field de matemáticas han ido a manos de judíos; el 50% de ganadores del Premio Leroy Steele de de matemáticas han sido judíos; el 38% de los premios Nobel de Economía han sido judíos. Actualmente hay 14 millones de judíos en un mundo poblado por siete mil millones de personas. Eso hace que la proporción de judíos en el mundo sea de un 0,2 %, así que la contribución judía al conocimiento mundial es 150 veces mayor que la que le correspondería.

Causa

¿Cuál es la causa?, ¿la educación recibida? Seguramente. Si la educación calvinista produjo a Cromwell, Adam Smith, Huygens, John Milton, Rousseau, Thomas Peine, Benjamín Franklin, Thomas Jefferson, Bacon, la no menos severa educación judía ha producido en el siglo XX para el conocimiento todas las contribuciones expuestas.

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Problema matemático y manía de pensar

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Manía de pensar

Mientras me fumo el primer cigarrillo de la mañana me sobreviene la execrable costumbre de pensar. Esta misma mañana me ha dado por las definiciones. Aquí expongo algunas.

  • Metafísico: Es aquel que juega a creer que cualquier idea que se le ocurre es una inalterable verdad.
  • Intelectual con ideología: es el individuo que procura ocultar por todos los medios cualquier verdad que le incomode mientras intenta dar brillo a una mentira para que parezca verdad.
  • Feminismo radical: es el movimiento al que le importa un bledo la mujer y al que sólo le mueve el odio contra el hombre y las ansias de revancha. Dos ejemplos ilustran bien esta definición: Ninguna feminista radical ha abierto la boca ante el secuestro y las múltiples violaciones de varias jóvenes en Alicante a manos de refugiados argelinos (una de éstas jóvenes tenía tan solo 14 años), ni contra el estado de sometimiento de la mujer en el mundo musulmán. Recientemente, el partido del gobierno feminista sueco ha votado en el parlamento a favor de que no se prohíba el matrimonio de musulmanes con niñas de apenas unos años de edad.
  • Rebaño: conjunto de individuos sin criterios ni juicios ni pensamientos propios, sometidos a las voces del pastor, y que no levantan la vista del suelo ideológico por donde les hacen caminar.
  • Dialéctica: chistera de mago de donde éste saca a conveniencia e interés un conejo o un elefante.
  • Maniqueísmo: sagrada doctrina de la izquierda que sostiene que todo lo que ella proclama es el Bien y es verdad divina, y que quien rehúse compartirla representa al Mal.
  • Estadística social: triquiñuela con apariencia científica en la que se retuerce la verdad y que es utilizada por los maniqueos para inculcar mentiras a su conveniencia. Ahí está, por ejemplo, la proclama de los 33 % de pobres españoles en estado de exclusión social.
  • Políticamente correcto: Instrumento social que pone cadenas y grilletes a toda verdad. Es la re-edición de la antigua Inquisición.

Problema matemático

Ha llegado a mis oídos que existe una secta musulmana que permanece oculta a los ojos del mundo y que tiene una característica muy singular: todos los miembros varones de la secta son matemáticos. No obstante, mantienen que su líder es el califa elegido por Alá, así como un rigor extremo en asuntos teológicos y morales.

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Continuó mi informante narrando que el tal califa se enteró de la existencia de adúlteras en la comunidad y quiso acabar con esa práctica, inmunda a los ojos de Alá el Misericordioso, de la manera que resultase más apropiada a la secta. El primer día del Ramadán hizo saber que serían los maridos de las adúlteras quienes las debían ajusticiar de manera inmediata en cuanto supiesen que su mujer era una de ellas. Para que se cumpliera tal cometido operó de la siguiente manera: envió una carta a cada marido de la comunidad donde hacía constar el nombre de todas las adúlteras excepto el de la mujer del receptor de la misiva. Ningún marido podía enseñar a los demás la carta por él recibida ni transmitir a nadie nombre alguno de los que allí constaban so pena de ser lapidado públicamente.

Dos datos les ofreció para que la tarea pudiese llevarse a cabo:

1.-Al menos se sabía de la existencia de una adúltera

2.-Cada día la televisión publicaría el número de adúlteras ajusticiadas.

 

El mismo día en que se acabó el Ramadán todas las adúlteras habían sido ajusticiadas.

 

La pregunta es: ¿Cuántas adúlteras había?

 

 

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CINE Y NATURALEZA HUMANA

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Atisbar las razones más profundas de nuestro comportamiento (vislumbrar un puente lógico entre nuestra conducta y nuestra naturaleza) es un asunto complejo. Ni tan siquiera los sabios profesionales que se ocupan de ello –psiquiatras, psicólogos, filósofos, neurocientíficos, etólogos—han dado con verdades que resulten ser firmes, profundas e inequívocas. Sin embargo, quienes muestran un alto grado de conocimiento acerca de nuestra naturaleza son los directores de cine. Los buenos directores, claro, aquellos que logran que el espectador se identifique con el protagonista y participe de sus pasiones y de sus avatares. Aquellos directores que zarandean emocionalmente al espectador y lo abducen y lo angustian y dejan en él la grata ilusión de haber sido el protagonista de la ficción representada.

Si uno visiona una buena película y se muestra atento a las pasiones que le brotan, tal vez aprenda cosas nuevas acerca de su naturaleza íntima. Tal como ocurre cuando se mira uno los rasgos de la cara en un espejo, la atención a nuestras pasiones durante el  visionado de la película nos puede mostrar rasgos ocultos de nuestra naturaleza.

Pónganse delante de la pantalla y atienda a las situaciones cinematográficas y a sus propios sentimientos. Más de uno de ustedes se descubrirá gozoso ante el dolor que sufre el malvado de la película. A tal clase de gozo se le denomina crueldad y se considera hoy en día uno de los mayores pecados que existen, pero no se puede negar que forma parte de nuestra naturaleza más íntima.

Conozco un sinfín de películas que generan rabia e indignación en el espectador. Es fácil conseguirlo cuando la película muestra una lacerante injusticia social. Claro que, para ello, se tienen que infundir valores éticos apropiados en el espectador. ¿Cómo se hace? Generalmente, no con razones sino con imágenes que mueven a la compasión, que nos mueven a identificarnos con los compadecidos, presentando lastimosamente –como merecedora de lástima—una situación social. En este sentido, algunos filmes maravillosos son los de Novecento, de Bernardo Bertolucci, Octubre y El acorazado Potemkin, de Serguei M. Einsenstein, con los que propagó en Occidente una ola piadosa y justificadora hacia la Revolución soviética (así que el terror del Archipiélago Gulag nos pilló desprevenidos).

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Nuestra naturaleza clama por reparar la injusticia, y clama por hacerlo de la manera que sentimos más justa, esto es, mediante la venganza. La venganza es la fórmula más universal y primitiva de justicia. Ojo por ojo y diente por diente, prescribe la ley del Talión. El espectador identificado con el protagonista siente suya la necesidad de tomar cumplida venganza, y la siente como si de un hecho justiciero se tratase. (Muchas de las acciones y propuestas  de los movimientos que a fecha actual dominan el clima moral existente, me refiero a feministas, islamistas, igualitaristas…, presentan a las claras el marchamo de la venganza en su intencionalidad). Conozco algunas películas decentes cuya temática es la venganza, como Les diaboliques, de Henri-Georges Clouzot, pero las más vistas han sido bodrios en las que su actor principal fue Charles Bronson. Éstas resultaron ser muy comerciales porque en ellas se satisfacía  una venganza contra los delincuentes que atemorizan muchos barrios norteamericanos. El filón de la venganza, la crueldad y la injusticia siempre da de sí; resultan extraordinariamente humanos. Hoy en día se intentan expulsar de nuestra naturaleza esas pasiones. ¡Ilusos!

No es preciso remarcar la clase de pasiones (y su intensidad) que surgen en los espectadores de un film de contenido sexual, lo que demuestra su importancia esencial. Cuando se abolió la censura en Europa, la película Emmanuelle barrió de la conciencia de los europeos la prevención hacia la sexualidad.

Las películas que exaltan el sentimiento de pertenencia a la tribu, o el impulso por competir, siempre han sido abundantes en el cine. Las hazañas –individuales o colectivas—de héroes valerosos y aguerridos han formado parte de la niñez de muchas generaciones. Ingleses y norteamericanos han sabido explotar perfectamente este filón. Cualquier película de tema bélico responde a este tipo. Nombraré dos que, además,  derrochan buen gusto y sensibilidad, a la par que abordan temas de honor, deber etc., me refiero a Las cuatro plumas (versión de 1939), de Zoltan Korda, y a la mucho más reciente Carros de Fuego, de Hugh Hudson, sobre los atletas británicos en las olimpiadas de París de 1924. Orgullo, honor, deber, deseos de victoria, patriotismo, son ingredientes de ellas y lo mismo sienten los espectadores porque esas pasiones forman parte esencial de nuestra naturaleza. Otra cosa es que ahora se intenten desvalorizar.

Otro tipo de pasiones que nos hacen sentir algunos filmes, las pasiones más reconocidas en la actualidad, surgieron en nosotros durante nuestra historia evolutiva debido a la necesidad de cooperar para sobrevivir. El afecto, la ternura, el amor, son algunas de ellas. Matar a un ruiseñor es toda una delicia cinematográfica que logra sacar de nosotros la ternura más sincera. Cierto es que a veces el afecto y la ternura desembocan en amor cuando se amalgaman con la sexualidad. Pero el amor no es catalogable: puede ser destructor, puede mover al odio, al sacrifico, a la venganza, al rencor, a los celos, a desear el dolor. Es una bocanada de pura irracionalidad. Ahí tenemos a Glenn Close en Atracción fatal. Pero también puede encender la llama que produce la más excelsa luz de nuestro ser. Vean aquel Love Story que hizo en su día llorar a la reina Isabel de Inglaterra.

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Un tipo de cine, muy en boga en la actualidad, versa sobre distopías futuristas, o sobre tensiones psicológicas, o produce incesantes sobresaltos en el espectador, o  repugnancia o todo tipo de miedos; juegan a crear en el vidente la ilusión de peligros inminentes o sensaciones de malestar o aversión, pero aliviados por el control que tiene la conciencia de que aquello no es real. Esas series cinematográficas donde se da tanta abundancia de muertos vivientes, de asesinos de violencia extrema, de vampiros y licántropos, pero también de sociedades futuristas reprimidas y de mundos tenebrosos, responden a los esquemas dichos. Blade Runner, Los juegos del hambre y la serie televisiva Black Mirror, son algunos ejemplos. La angustia la sentimos como si estuviera bajo palio, pero eso no obsta para que el corazón se desboque por la afluencia de opiáceos y neurotransmisores diversos que nos hacen sentir “vivos”, que nos producen sensación de aventura con control. El espectador tiene su alma en vilo, y eso, para gente joven en edad de iniciación guerrera que sigue una vida bastante anodina, significa satisfacer una naturaleza que le pide riesgo (pero no en exceso), que le pide estar con el alma en vilo durante un par de horas.

Todas esas pasiones que sentimos en el cine forman parte de la naturaleza humana,  nos enardecen, son las progenitoras de nuestro comportamiento social. Sin embargo, habrá reparado el lector en que la inteligencia no ha aparecido por ningún lado. En realidad, casi nunca viene a ser la causa primera de nuestra conducta. Las películas con diálogos exquisitos, con tramas apasionantes, con análisis en profundidad, apenas cobran relevancia en el cine actual. Si antaño existió, iba dirigido a un público selecto para quien la inteligencia de los personajes y del diálogo era cuestión principal en el film. Bocatto di Cardinale. Hoy ha desaparecido.

EDUCACIÓN, DERECHOS, LIBERTAD Y APARIENCIA

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Asistimos a un extraño hecho: una parte muy importante de lo que se conoce políticamente como “izquierda” pretende que en España la educación de los niños pase íntegramente a manos del Estado, es decir que los padres dejen de ser referencia educativa. A tal pretensión de negar el derecho natural de educar a los hijos, que se realiza en nombre de la libertad y de la igualdad, se le llama hoy en día “progresismo”.

En ciertos grupos existe una rica tradición de loar a la libertad con el propósito de abolirla. Robespierre, uno de los iniciadores de esa tradición, resulta muy ilustrativo al respecto: “A la guillotina todos aquellos que discrepen de mi idea de libertad y República.” El Igualitarismo ha llevado a cabo un gran alarde de esta farsa: no ha habido movimiento comunista en el mundo que no se haya envuelto con la bandera de la libertad mientras ponía cadenas y grilletes a los ciudadanos. Una cosa es lo que se dice y otra distinta es lo que se hace. Debemos desconfiar de quienes no concuerdan en esos dos asuntos. En lo relativo a la educación, existe un antiguo y buen ejemplo de esa discordancia. Rousseau abogaba por que se mimase a los niños, pero metió a sus cinco hijos en la inclusa nada más nacer.

Se aboga desde la izquierda por suprimir la Educación Concertada en centros de titularidad privada y, en cambio, se apoya con denuedo que todos los centros educativos sean de titularidad pública. Digo yo que tendrán sus razones, pero que éstas no se avienen a los dictados de la lógica del beneficio. Lo más común de sus repuestas cuando se les inquiere por tales razones, es un alegato sobre que la educación pública es más “progresista”; palabra ésta que no parece tener otra función que la de esconder carencias argumentativas.

Algunos planteamientos podrían ponerse sobre la mesa para atacar al sistema de Educación Concertada con centros privados, por ejemplo, que la educación y la enseñanza que se imparte en ellos sea más nefasta que los de titularidad pública, o que resultasen más caros, o que sólo unos pocos pudieran acceder a ellos; pero nada de esto es cierto de acuerdo con los organismos europeos que tratan de dilucidar tales asuntos. A nivel académico la Concertada obtiene mejores resultados y resulta económicamente más rentable. La relación del gasto por alumno entre los centros de titularidad pública y los centros concertados está en proporción de cinco a tres. En cuanto al acceso a unos centros u otros, es libre y gratuito.

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A mi entender, sólo quedan dos razones lógicas por las que se abogue por que toda la educación sea de titularidad pública; la primera, la razón de asumir que el Estado ha de encargarse de manera exclusiva  de la educación de los jóvenes, desplazado de ese papel a los padres, porque tal hecho reportaría ventajas y beneficios sociales e individuales que no se darían en otro caso (hecho deshumanizador que supone que la igualdad y la uniformidad producirían una sociedad mejor, tipo la nazi o la soviética o la que nos retrata Orwell en 1984) . Pero tal hecho atenta contra la Constitución, que reconoce la potestad de los padres en la educación de sus hijos, y, consecuentemente, la libertad para elegir el centro educativo que mejor les parezca. Ahora bien, hemos de considerar que la Constitución puede cambiarse, pero más difícil resulta cambiar nuestra naturaleza, y, a ojos vista, pocos derechos resultan tan naturales como el de criar y educar a los hijos. Así que esa pretensión de poner a los padres en un segundo plano educativo en relación con sus hijos conculca ese derecho, viola sus libertades y desprecia su dignidad.

El asunto tiene mucho mayor alcance. La razón antedicha de encargar al Estado la educación de los jóvenes se enmarca en una pretensión más amplia a la que con alguna frecuencia se alude: la de que el Estado no solo sea el garante de los derechos de los ciudadanos, sino que sea el manejador de esos derechos, que los otorgue, anule, restrinja, retuerza o amplíe, a su gusto y manera o al gusto y manera del grupo político gobernante. Esto es, la razón de que estamos hablando deriva de considerar deseable  un modelo social en el que el grupo controle y disponga a su albedrío de la libertad y de los derechos del individuo. Ya conocemos a qué clase de sociedades ha conducido históricamente tal consideración, tal planteamiento: al totalitarismo comunista o al totalitarismo nazi.

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La segunda razón anunciada la plantean las vísceras. Muchos de los que abogan por la supresión de la Concertada, alegan que no debe haber diferencias educativas entre los jóvenes; que chicas, chicos, inteligentes, atrasados, ricos, pobres, deben ser tratados por igual y aprender lo mismo (e incluso vestir de igual manera, reclaman algunos). Uniformidad absoluta. Es decir, tal planteamiento visceral proviene del Igualitarismo. En el fondo, quisieran estos igualitaristas anular las diferencias de sexo, de inteligencia, de elegancia y gracia, además de anular las diferencias de riqueza y posición social. No exagero: ese engendro conocido como ideología de género pretende inculcarnos que la única diferencia entre mujeres y hombres es la educación; los promotores de la LOGSE cifraban toda su labor en conseguir que nadie supiera más que nadie (todos los alumnos rasados al nivel del más atrasado de la clase); con la belleza aún no lo han intentado, aunque no me extrañaría que pronto empezasen, pues es notoria su animadversión a que la hermosura se exhiba en pasarelas y anuncios.

Igualdad ante todo, a costa de la libertad y de cualquier derecho. Tal es en el fondo lo que claman sus vísceras. Y esas vísceras, claro está, no son otras que la envidia y el resentimiento. Pero en el disfrute está la penitencia. Tal Igualitarismo, al tener que sofocar y reprimir a todo lo excelente, a todo aquello que destaque,  conduce irremediablemente a una sociedad totalitaria y represora como la comunista.

Así que detrás del intento de acabar con la educación en centros concertados no se halla otro motivo que el intento de instaurar un modelo totalitario que niega la libertad y los derechos del individuo y los supedita a los intereses del grupo. A eso se le llama hoy en día progresismo.

Cierto es que el progresismo lanza hacia los padres cebos  brillantes con tal de convencerlos de dejar en manos del estado su libertad y la educación de sus hijos. Hoy se inculca que los hijos, como las mascotas, son para el propio entretenimiento, y que dejando en manos del Estado a los hijos se desembarazarán de tener que soportarlos desde pequeños y de tener que responsabilizarse por ellos. Hoy se lanza que todo es relativo y que no hay ninguna firme verdad, así que lo único que importa es que tú seas feliz aquí y ahora dejando todo en manos del Estado a tiempo completo. Hoy la igualdad es valor supremo y la disciplina y el sacrificio son valores caducos que hay que abolir.

 

 

 

 

Literaturas celtas

Literaturas celtas

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Allá donde miremos, sobre todo si es cine o música o novela, es fácil que podamos descubrir lejanas o cercanas influencias celtas. El espíritu mágico del mundo celta es reconocible en Harry Potter; el espíritu guerrero que les animaba se trasluce en El Señor de los Anillos de Tolkien, y en Conan el Bárbaro; en Astérix y Obélix vislumbramos algunas de sus costumbres. Además, la música celta está de rabiosa actualidad: ahí se halla, destacando entre otros muchos autores, la figura de Enya. El oscuro mundo celta, con su atmósfera de magia y misterio, nos atrae con intensidad. De forma breve, de todo ello quiero hoy hablar, aunque en la literatura ponga el mayor énfasis.

El que, en contra de mis costumbres, me asome hoy al mundo de la literatura, y con mayor particularidad a la literatura de origen celta, se debe al flechazo que me ha producido un antiguo poema irlandés –en su versión inglesa—que luego expondré. Pero antes, para entrar en materia, hablaré de los celtas, de su idiosincrasia como pueblo y de sus vicisitudes.

Los llamados Celtas fueron pueblos de origen indoeuropeo que se extendieron hasta el siglo IV (a.C.) por un área de dos millones de kilómetros cuadrados que abarcaban el centro de Europa, oeste de la Península Ibérica, Francia, Reino Unido, Irlanda, y una buena parte de la actual Turquía, la interior.

Conocemos algunos rasgos característicos suyos. Por ejemplo, que eran amantes de practicar opíparos festines que duraban varios días. Que su gran pasión era la guerra y que los alardes guerreros estaban a la orden del día; que creían en una vida después de la muerte en la que seguirían guerreando (por tal razón, su desmedido valor, que los historiadores romanos tildaban de desprecio por sus vidas). Sabemos que creían fervorosamente en la magia de los conjuros, de los brebajes y de los hechizos, y en el fácil tránsito desde el Más Allá a esta vida. Que moraban en los bosques rodeados de empalizadas para protegerse de los enemigos. Que practicaban sacrificios humanos y que nunca construyeron ciudades ni imperios. Sabemos del poder de los druidas, del tipo de roble donde cada sexto día de la luna cortaba con hoz dorada el muérdago que utilizaba en rituales, conjuros, medicinas y antídotos de venenos. Sabemos de las periódicas ceremonias de los druidas en el claro de los bosques…pero…

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A mi entender, en el mundo celta se produce un hecho diferencial en relación a otros pueblos y a otras culturas; un hecho que será, por un lado,  el causante del escaso conocimiento que tenemos de su historia y de sus vidas, pero que, también, tendrá vital influencia en su rica literatura. Ese hecho es el no poseer escritura y el, consiguientemente,  haber tenido que depositar los acontecimientos y saberes de la tribu en la memoria de los bardos y los druidas. Los druidas eran los encargados de aprender y memorizar la historia, las leyes y los conocimientos de la tribu, de ahí el gran poder que poseyeron. Los bardos eran los poetas de las cortes celtas, sobre todo en Irlanda, y portaban con ellos todas las historias, mitos, leyendas y fantasías del mundo celta.

Los bardos tenían necesidad de deslumbrar a la noble audiencia de los palacios, y eso fomentó en los ellos una gran capacidad para transformar la narración en rica y cambiante fantasía mitológica. De esa necesidad de subyugar al oyente surge el embrión de la maravillosa literatura celta. Y entonces, cuando ya el mundo celta sólo pervivía en Irlanda, ocurre otro hecho crucial por el que conocemos la literatura celta irlandesa y por el que ha pervivido con gran vitalidad hasta nuestros días: es el hecho de que muchos bardos se convirtieron en monjes y habitaron los dispersos monasterios de Irlanda cuando el cristianismo, durante los siglos V y VI,  echó sus raíces allí.

Los grandes focos de la literatura que ha llegado hasta nuestros días: Gales, Escocia, pero, sobre todo, Irlanda y la Bretaña francesa. El porqué esas regiones sí y el porqué otras regiones no nos han trasmitido su saber, se entiende atendiendo a razones de conquista. Cuando en el 142 d.C. la muralla de Adriano terminó de construirse, lo que hoy es Inglaterra quedó sometida, aunque no así Escocia, al norte de la muralla. Durante los siglos V y VI los anglos, los jutos y los sajones, pueblos germánicos, conquistaron la Gran Bretaña pero se asentaron principalmente en su lado este, manteniéndose en Escocia, Cornualles y Gales la población celta y su cultura. Irlanda no sufrió la ocupación romana ni la anglosajona. Arribaron a sus costas los vikingos y posteriormente (1171) de los normandos (asentados ya en Inglaterra), pero apenas ejercieron poder cultural sobre la isla. Sin embargo, entre el siglo V y el VI Irlanda, con San Patricio a su cabeza, se cristianizó. Pero fue un cristianismo peculiar que se adaptó al mundo celta y plasmó su singularidad en monasterios que irradiaron a toda Europa, donde los monjes –muchos de ellos antiguos bardos—vertieron al latín las ancestrales narraciones y los conocimientos de los celtas irlandeses. Y no solo al latín, sino que, utilizando el alfabeto latino como vehículo, dieron forma escrita a la lengua gaélica de Irlanda.

El Ciclo del Ulster, puramente irlandés, y el Ciclo Ossiánico, donde irlandeses y escoceses son protagonistas, son dos de los grandes relatos del mundo celta clásico que fueron rescatados por la escritura gaélica. En el Ciclo del Ulster se relatan las aventuras guerreras de los héroes mitológicos irlandeses, sobresaliendo la figura de su campeón, Cúchulainn. El Ciclo Ossiánico está compuesto por poemas que relatan las hazañas del guerrero Finn, siendo el hijo de éste, Ossian, el narrador.

El porqué de otro foco en la Bretaña francesa requiere otra explicación. La romanización de la Galia por parte de Julio César llevó a muchos galos a refugiarse en las Islas Británicas. Una vez llegados los conquistadores romanos a estas islas, la cultura, las costumbres y las instituciones celtas se mantuvieron en buena medida inalteradas, entre ellas el druidismo. Pero con la retirada de los romanos y la llegada de los pueblos germánicos nombrados, el saqueo del mundo celta en la Britania se hace sistemático. Los britanos que pueden se refugian en las tierras altas de Escocia, en el escarpado Gales, o huyen hacia la antigua Armórica, la Bretaña francesa, cuna desde la que muchos de sus ancestros habían salido siglos atrás.

Los grandes y tardíos relatos que surgen de la Bretaña francesa reciben el nombre de Ciclo de Arturo: el rey Arturo, Merlín, Morgana, la Tabla Redonda, el Santo Grial, Percival, Lancerot… son figuras del paganismo celta embadurnadas de cristianismo, que significaron el nacimiento de la novela en Europa, y que constituyeron todo un fenómeno en la Europa Medieval.

Aquí pongo un punto en el escrito, por razones de longitud, para continuarlo en la siguiente entrada. Ahora quiero mostrar el hermosísimo poema,  Donal Og,  causante de mi ánimo para emprender esta narración

Torpe y pobremente he traducido,  de una traducción del gaélico al inglés realizada por Lady Augusta Gregory, lo que sigue:

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Donald Og- Anónimo irlandés del siglo VIII

 

Cercana a fenecer ayer la noche el perro hablaba de ti;

el ave agachadiza hablaba de ti desde lo hondo de su marisma.

Que eres tú el pájaro solitario que cruza los bosques,

y que estarás sin pareja hasta que llegues a mí.

 

Me hiciste una promesa y me mentiste,

que te hallaría donde el ganado se junta;

te lancé un silbido y trescientos gritos,

y allí sólo hallé un cordero que balaba.

 

Me prometiste algo que te era caro de dar,

un velero de oro bajo un mástil de plata;

doce ciudades con un mercado en cada cual,

y un hermoso patio blanco al lado del mar.

 

Me prometiste algo imposible,

que me darías unos guantes de piel de pez,

que me darías zapatos de piel de pájaro,

y un traje de la más apreciada seda de Irlanda.

 

¡Cuando llego al Pozo de la Soledad,

y sentada recorro lo que me turba;

cuando miro el mundo y no veo a mi amado,

el de cabellos con tonos de ámbar!

 

Fue aquel domingo en que te di mi querer;

el domingo anterior al de Pascua

yo arrodillada leyendo la Pasión;

y mis ojos lanzándote amor eterno.

 

Mi madre me dijo que no hable contigo hoy,

ni mañana ni el domingo;

escogió mal momento para decírmelo:

cerraba la puerta  después de que hubieran robado en la casa.

 

Está mi corazón tan negro como la negrura del endrino,

o como el negro carbón de la fragua del herrero,

o como la huella de una pisada en los salones blancos;

fuiste tú quien puso esa oscuridad en mi vida.

 

Me has arrebatado el Este y el Oeste;

te has llevado lo que estaba frente a mí y tras de mí;

te has llevado la Luna y me has arrebatado el Sol;

y mi gran temor es que me hayas quitado a Dios.

Donal Og
It is late last night the dog was speaking of you;
the snipe was speaking of you in her deep marsh.
It is you are the lonely bird through the woods;
and that you may be without a mate until you find me.

You promised me, and you said a lie to me,
that you would be before me where the sheep are flocked;
I gave a whistle and three hundred cries to you,
and I found nothing there but a bleating lamb.

You promised me a thing that was hard for you,
a ship of gold under a silver mast;
twelve towns with a market in all of them,
and a fine white court by the side of the sea.

You promised me a thing that is not possible,
that you would give me gloves of the skin of a fish;
that you would give me shoes of the skin of a bird;
and a suit of the dearest silk in Ireland.

When I go by myself to the Well of Loneliness,
I sit down and I go through my trouble;
when I see the world and do not see my boy,
he that has an amber shade in his hair.

It was on that Sunday I gave my love to you;
the Sunday that is last before Easter Sunday
and myself on my knees reading the Passion;
and my two eyes giving love to you for ever.

My mother has said to me not to be talking with you today,
or tomorrow, or on the Sunday;
it was a bad time she took for telling me that;
it was shutting the door after the house was robbed.

My heart is as black as the blackness of the sloe,
or as the black coal that is on the smith’s forge;
or as the sole of a shoe left in white halls;
it was you put that darkness over my life.

You have taken the east from me, you have taken the west from me;
you have taken what is before me and what is behind me;
you have taken the moon, you have taken the sun from me;
and my fear is great that you have taken God from me!

 

 

 

 

Fanáticos

 

Al haber sido un mucho rebelde y una pizca desconfiado, resulté refractario al sectarismo—pues las sectas exigen sumisión y confianza—aunque no niego que fui tentado a encuadrarme bajo ciertas siglas y ciertos símbolos. Dejaron de insistir en cuanto se percataron de que entre mis virtudes no estaba la de ser sumiso. No discrepar de la opinión reinante es la principal virtud del animal de rebaño. Pero yo discrepo incluso de mí mismo. Hoy puedo estar convencido de la certeza de un juicio, y mañana, tras de indagar en ello, puedo convencerme de lo contrario. Tal fluctuación, que puede parecer veleidad, no me impide poseer creencias firmes, creencias arraigadas en las arenas de la razón y de la lógica de los hechos, y, ciertamente, como todo el mundo, tengo también un poso de creencias irracionales.

La mejor manera de que uno no cambie ningún juicio o idea o creencia consiste en no aprender nada nuevo: los juicios sobre las cosas, eternamente repetidos, van día a día cavando profundas trincheras y las creencias más absurdas arraigan en la conciencia. Lo curioso del caso es que suelen ser juicios o creencias ajenas que uno toma prestadas y hace suyas sin otro criterio que el de seguir la opinión del rebaño. Esta falta de indagación, de criterio propio, esta falta de renovación de ideas, facilita la aparición del fanatismo.

El fanático, en un dogmático monólogo consigo mismo, repite: yo tengo razón; yo poseo la verdad absoluta; tú estás equivocado; tú eres mi enemigo. En esencia, todo aquel que no comparte su visión del mundo o de alguna particular parcela de la realidad, es culpable a ojos del fanático. Los que ya tenemos una cierta edad hemos conocido el fanatismo de que hacía gala la Iglesia Católica: todo aquel que no se cobijase en ella era reo del infierno. Afortunadamente, sus fanáticos propósitos han desaparecido o están desapareciendo. Todo lo contrario a lo que ocurre en el Islam, que ha revitalizado su fanatismo en los últimos lustros.

Pero hay otros grupos tanto o más fanáticos que los religiosos y que actúan como lobos con piel de cordero. El fanatismo nacionalista, cuyos dramáticos efectos se hicieron palpables con la desmembración de la antigua Yugoslavia y la orgía de sangre que tal hecho produjo. El nacionalismo catalán, que ha dividido Cataluña en dos y ha separado familias, amigos y amantes (parece como si la historia nunca enseñara nada). Tenemos a veganos que te asesinarían por el delito de comer carne; a no fumadores que te asfixiarían por encender un cigarro; animalistas que quitarían la vida a cazadores y aficionados a las corridas de toros; a ecologistas que tienen por más la vida de un lagarto o un tomillo que la vida de una persona; feministas radicales que caparían a todos los hombres; igualitaristas que serían capaces de destruir todas las riquezas y todos los bienes existentes en el país para que, en la miseria, todos fuéramos iguales.

Y tienen otra particularidad los fanáticos: pretenden redimirnos. Es decir, albergan el propósito de que seamos felices o de que ganemos la bienaventuranza eterna aunque sea a fuerza de decretos y martillazos. El comunismo y el socialismo pretendieron liberar a las gentes de su yugo, y ya sabemos lo que trajeron. Temo si alguien me quiere redimir sin yo haberlo pedido. La tradición de redimir es de las religiones: del cristianismo, del islamismo, del socialismo… Pretenden actuar altruistamente con nosotros, pero ¡que los cielos me libren de su altruismo!

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El fanático vive encerrado en una burbuja de información en la que no entran opiniones distintas a las que inyectan en dicha burbuja sus líderes. Han de leer un determinado diario, ver una determinada cadena de televisión, escuchar determinados debates o charlas, juntarse con determinados individuos…; solo así gozará el fanático de creencias firmes. La burbuja informativa no puede contener productos tóxicos. Conozco a marxistas que no leen nada que no venga reflejado desde el horizonte del marxismo; conozco a independentistas catalanes que se prohíben ver otra emisora televisiva que no sea la que propugna la independencia. Y algunos de ellos son profesores universitarios. La cortedad de sus miras, encerrados como están en una ilusión irracional y en una burbuja informativa, les imposibilita la percepción de la realidad. De no poseer una perspectiva amplia y variada, veremos la realidad deformada y mutilada, inconexa. Una monolítica forma de mirar le convierte a uno en fanático.

El fanático sitúa una idea por encima de su propia vida, por encima de sí mismo. Se hace esclavo de esa idea y está dispuesto a sacrificarse por ella. Recordemos a los que se inmolan, a los que prefieren vivir en la miseria pero ‘todos iguales’ (véase Venezuela), al payés catalán que dice preferir arruinarse e incluso morir por la independencia de Cataluña. Las naciones han inculcado siempre el fanatismo entre la población, sobre todo en caso de guerra, pero también para tener a la gente abnegada y sumisa: el ‘Patria o muerte’ de Fidel Castro, el lema de ‘Todo por la Patria’ de la Guardia Civil…

Fanático es aquel que posee una sola mirada y una inatacable convicción acerca de una idea de justicia o redención, pero la idea no lo es todo, en ocasiones apenas existe idea o tan solo existe de manera formal y el fanático se nutre sólo de odio y ansias de revancha. En el mundo musulmán la mujer juega un papel secundario y apenas posee derechos ni libertades. Preguntémonos entonces  por qué el feminismo, sobre todo el más radical, no protesta por tales ocurrencias sino, al contrario, suele defender con vehemencia al Islam. En todos los países musulmanes se persigue la homosexualidad, y en algunos el homosexual es reo de la máxima pena, pero el  lobby LGTBIC no levanta su voz contra el Islam. Existe mucho fanático con la máscara-idea puesta en el rostro, pero si la levantáramos no aparecería otra cosa que odio y revancha. Pero este es otro asunto que tal vez trate más adelante.

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