SUECIA, ¿PARAÍSO DE SOLEDAD?

 

swedens-walk-of-shame-hi-red

Como buen país luterano, Suecia desarrolló hasta la obsesión la laboriosidad y el temor. La laboriosidad es la que era en siglos pasados, el temor ha cambiado de causa. Antes, en años  del luteranismo tenebroso, ese temor era a las penas del infierno que anunciaban sus predicadores, ahora es temor a sentirse desprotegidos. Los suecos han dejado de ser religiosos, ya no tienen un dios a quien temer, reverenciar o con quien conversar o en quien refugiarse, así que el Estado suple esas necesidades. El Estado envuelve a los suecos en una burbuja protectora desde que nacen; una burbuja que trata de evitarles todos los problemas que acarrea la vida. Sucede, sin embargo, que sin problemas a los que enfrentarse tampoco se producen satisfacciones. Superar los problemas, elaborar proyectos con riesgo, constituyen las principales fuentes de satisfacción personal. En otro caso la vida se vuelve anodina.

Presento unos datos. La mitad de la población sueca vive sola. La mitad de los nacimientos son de madres solteras que logran su embarazo mediante inseminación artificial. Una cuarta parte de las personas que mueren lo hacen en la más absoluta soledad, sin nadie cercano que les auxilie y conforte. Llegó un momento, allá en los comienzos de los años 70 del pasado siglo, en que la burbuja protectora empezó a producir extraños frutos. Las mujeres quisieron independizarse de los hombres; los hombres quisieron independizarse de las mujeres; los hijos quisieron independizarse de los padres; los padres quisieron independizarse de los hijos. Ahora están todos solos.

La burbuja con que el Estado protegía y enseñaba a comportarse a los ciudadanos siguió un proceso evolutivo de individualización muy razonable: como una planta mimada y protegida con plásticos de todas las perturbaciones y excesos atmosféricos, los ciudadanos suecos fueron haciéndose más y más sensibles a las alteraciones;  ante los simples roces que conlleva la convivencia marital o familiar se agarraban su burbuja y abandonaban el hogar (algo semejante estamos viendo en los matrimonios recientes en España, ¿verdad?).

Pero la burbuja individualizadora, de manera consecuente, ha extendido su ámbito de actuación a todo tipo de relación social. En el documental de 2016, La teoría sueca del amor, del director Erik Gandini,  una instructora que alecciona  a los nuevos refugiados musulmanes que acaban de recalar en el país, en referencia a los nativos, les dice: contestan escuetamente a los saludos; huyen de gritos y sentimentalidades; no les gusta entablar conversaciones con nadie; muchos de ellos, antes de compartir el ascensor con un extraño prefieren subir andando hasta su piso; son obsesos de la puntualidad y la laboriosidad; y una gran mayoría de ellos pasan directamente del trabajo a la televisión.

Se puede decir que todo comenzó o fue esbozado en 1972 por el socialdemócrata Olof Palme, que creyó que la “liberación” se encontraba en la individualización, y propuso leyes para conseguirla, y construyó la burbuja de los ciudadanos. Y tal experimento de ingeniería social parece haber dado como resultado una nueva especie humana: los suecos hablan con los árboles y, en mística relación, se comunican con la naturaleza, pero se alteran gravemente si tienen que establecer una relación social con sus iguales. Así que relacionarse con los demás empieza a ser cosa del pasado, al tiempo que desaparece la familia tradicional. Con estas condiciones, tengo mis dudas acerca de que exista el tan cacareado paraíso sueco, no creo que no pueda construirse ningún paraíso de soledad.

Complementemos, no obstante el cuadro. Para que la burbuja tenga consistencia, para que el Estado se haga cargo de todas las contingencias de los ciudadanos, los impuestos son muy elevados, de manera que queda poco para la suntuosidad y para las pensiones. Cualquiera que haya visitado Suecia sabe que los nuevos edificios de pisos que se construyen en las grandes ciudades son ramplones, feos y parejos, y los pisos son pequeños y nada ostentosos. Es el precio que hay que pagar por la individualidad y por mantener la burbuja en funcionamiento. Otras cuestiones son más preocupantes. Los datos sobre violencia sexual, suicidios, drogadicciones, son de los más altos de Europa. Pero con todo, ahora se les presenta un problema nuevo: una abundante cantidad de inmigrantes musulmanes. Suecia, con diez millones de habitantes, da cobijo a más de seiscientos mil musulmanes. En la ciudad de Malmö alcanzan a ser un  45% del total de la población.  La violencia se ha disparado en algunos suburbios (con mayoría de inmigrantes) de las más importantes ciudades, hasta el extremo de que médicos y bomberos tienen que entrar protegidos por la policía a esos lugares. Hace solo unos días, el 13 de agosto, cien coches fueron quemados en Gotemburgo. El estado de violencia ha hecho surgir patrullas vecinales para controlar los barrios colindantes a los de mayoría musulmana.

Acusan al partido socialdemócrata gobernante (primer gobierno feminista del mundo, gustan llamarse las de la foto, que sorprendentemente se vuelcan en atenciones hacia el Islam, donde es un hecho que la mujer está en condiciones de semiesclavitud) de no tomar otras medidas que no sean las de invertir grandes sumas de dinero para crear puestos de trabajo y para integrar a la reciente inmigración, impidiendo que se publique ningún dato referente a la violencia dicha. El caso es que lo candente del problema ha hecho crecer como la espuma la intención de voto hacia el Partido Demócrata sueco, de extrema derecha, hasta un 20 %. Veremos los resultados de las elecciones de este mes de septiembre que estamos a punto de abrir.

Así que el tan cacareado paraíso sueco no lo es tanto. La falta de comunicación y contacto social, la ruptura familiar, la soledad que, como una epidemia se ha extendido por Suecia, más creo que producen infelicidad que bienestar. Yo aconsejo que si leen por ahí estadísticas interesadas, que  han sido elaboradas teniendo en cuenta la asistencia sanitaria o la educación como sinónimos de bienestar, y que señalan que los habitantes de los países del norte de Europa se encuentran entre los más felices del mundo, póngalas en cuestión, no les hagan mucho caso, o, incluso, les invito a reírse de ellas.

 

 

 

Fanáticos

 

Al haber sido un mucho rebelde y una pizca desconfiado, resulté refractario al sectarismo—pues las sectas exigen sumisión y confianza—aunque no niego que fui tentado a encuadrarme bajo ciertas siglas y ciertos símbolos. Dejaron de insistir en cuanto se percataron de que entre mis virtudes no estaba la de ser sumiso. No discrepar de la opinión reinante es la principal virtud del animal de rebaño. Pero yo discrepo incluso de mí mismo. Hoy puedo estar convencido de la certeza de un juicio, y mañana, tras de indagar en ello, puedo convencerme de lo contrario. Tal fluctuación, que puede parecer veleidad, no me impide poseer creencias firmes, creencias arraigadas en las arenas de la razón y de la lógica de los hechos, y, ciertamente, como todo el mundo, tengo también un poso de creencias irracionales.

La mejor manera de que uno no cambie ningún juicio o idea o creencia consiste en no aprender nada nuevo: los juicios sobre las cosas, eternamente repetidos, van día a día cavando profundas trincheras y las creencias más absurdas arraigan en la conciencia. Lo curioso del caso es que suelen ser juicios o creencias ajenas que uno toma prestadas y hace suyas sin otro criterio que el de seguir la opinión del rebaño. Esta falta de indagación, de criterio propio, esta falta de renovación de ideas, facilita la aparición del fanatismo.

El fanático, en un dogmático monólogo consigo mismo, repite: yo tengo razón; yo poseo la verdad absoluta; tú estás equivocado; tú eres mi enemigo. En esencia, todo aquel que no comparte su visión del mundo o de alguna particular parcela de la realidad, es culpable a ojos del fanático. Los que ya tenemos una cierta edad hemos conocido el fanatismo de que hacía gala la Iglesia Católica: todo aquel que no se cobijase en ella era reo del infierno. Afortunadamente, sus fanáticos propósitos han desaparecido o están desapareciendo. Todo lo contrario a lo que ocurre en el Islam, que ha revitalizado su fanatismo en los últimos lustros.

Pero hay otros grupos tanto o más fanáticos que los religiosos y que actúan como lobos con piel de cordero. El fanatismo nacionalista, cuyos dramáticos efectos se hicieron palpables con la desmembración de la antigua Yugoslavia y la orgía de sangre que tal hecho produjo. El nacionalismo catalán, que ha dividido Cataluña en dos y ha separado familias, amigos y amantes (parece como si la historia nunca enseñara nada). Tenemos a veganos que te asesinarían por el delito de comer carne; a no fumadores que te asfixiarían por encender un cigarro; animalistas que quitarían la vida a cazadores y aficionados a las corridas de toros; a ecologistas que tienen por más la vida de un lagarto o un tomillo que la vida de una persona; feministas radicales que caparían a todos los hombres; igualitaristas que serían capaces de destruir todas las riquezas y todos los bienes existentes en el país para que, en la miseria, todos fuéramos iguales.

Y tienen otra particularidad los fanáticos: pretenden redimirnos. Es decir, albergan el propósito de que seamos felices o de que ganemos la bienaventuranza eterna aunque sea a fuerza de decretos y martillazos. El comunismo y el socialismo pretendieron liberar a las gentes de su yugo, y ya sabemos lo que trajeron. Temo si alguien me quiere redimir sin yo haberlo pedido. La tradición de redimir es de las religiones: del cristianismo, del islamismo, del socialismo… Pretenden actuar altruistamente con nosotros, pero ¡que los cielos me libren de su altruismo!

IMG-20171024-WA0011 (4)

El fanático vive encerrado en una burbuja de información en la que no entran opiniones distintas a las que inyectan en dicha burbuja sus líderes. Han de leer un determinado diario, ver una determinada cadena de televisión, escuchar determinados debates o charlas, juntarse con determinados individuos…; solo así gozará el fanático de creencias firmes. La burbuja informativa no puede contener productos tóxicos. Conozco a marxistas que no leen nada que no venga reflejado desde el horizonte del marxismo; conozco a independentistas catalanes que se prohíben ver otra emisora televisiva que no sea la que propugna la independencia. Y algunos de ellos son profesores universitarios. La cortedad de sus miras, encerrados como están en una ilusión irracional y en una burbuja informativa, les imposibilita la percepción de la realidad. De no poseer una perspectiva amplia y variada, veremos la realidad deformada y mutilada, inconexa. Una monolítica forma de mirar le convierte a uno en fanático.

El fanático sitúa una idea por encima de su propia vida, por encima de sí mismo. Se hace esclavo de esa idea y está dispuesto a sacrificarse por ella. Recordemos a los que se inmolan, a los que prefieren vivir en la miseria pero ‘todos iguales’ (véase Venezuela), al payés catalán que dice preferir arruinarse e incluso morir por la independencia de Cataluña. Las naciones han inculcado siempre el fanatismo entre la población, sobre todo en caso de guerra, pero también para tener a la gente abnegada y sumisa: el ‘Patria o muerte’ de Fidel Castro, el lema de ‘Todo por la Patria’ de la Guardia Civil…

Fanático es aquel que posee una sola mirada y una inatacable convicción acerca de una idea de justicia o redención, pero la idea no lo es todo, en ocasiones apenas existe idea o tan solo existe de manera formal y el fanático se nutre sólo de odio y ansias de revancha. En el mundo musulmán la mujer juega un papel secundario y apenas posee derechos ni libertades. Preguntémonos entonces  por qué el feminismo, sobre todo el más radical, no protesta por tales ocurrencias sino, al contrario, suele defender con vehemencia al Islam. En todos los países musulmanes se persigue la homosexualidad, y en algunos el homosexual es reo de la máxima pena, pero el  lobby LGTBIC no levanta su voz contra el Islam. Existe mucho fanático con la máscara-idea puesta en el rostro, pero si la levantáramos no aparecería otra cosa que odio y revancha. Pero este es otro asunto que tal vez trate más adelante.

fanatico1

LOS NUEVOS CONVERSOS

descarga

Se denomina converso a aquel que ha adoptado nuevas creencias políticas o religiosas aborreciendo las que tenía previamente. Así lo proclaman los diccionarios, pero la cosa tiene más miga de lo que aparenta, y me atrevo a decir que hablar de creencias resulta presuntuoso en los más de los casos. Alego tal reparo porque la conversión siempre tiene mucho más de tránsito sentimental que de tránsito ideológico. Pero ya se pondrá en claro el asunto.

Lo que llama la atención en el nuevo converso es su radicalización, y a tal proceso dedico este escrito. Vemos al diputado de Congreso, el tal Rufián, que se enfrenta a sus ancestros y a su lengua materna y a sus compañeros de la infancia y se enfrenta a toda España, con una arrogancia y agresividad amenazantes y chulescas. Recordemos también que el Gran Inquisidor Torquemada era un judío converso. Y no debemos olvidar que las filas de esos radicales nacionalistas de la CUP que han paralizado la Universidad catalana durante meses están repletas de jóvenes cuya lengua materna y sus apellidos y sus amistades son de raíz castellana.

Voy a pasar a otro tipo de conversos, los que se hacen musulmanes, pues de ellos se poseen más datos en países como el Reino Unido o Norteamérica, ya que aquí en España lo políticamente correcto es una mordaza que impide que datos de ese tipo se publiquen. En esos dos países se ha puesto en evidencia que los musulmanes más radicalizados son los de reciente conversión. En el RU los conversos son un 4% del total de musulmanes pero representan un 12% de yihadistas de nacionalidad británica. En EEUU un 20% del total de musulmanes se crió en otra religión, pero un 40% de ellos fueron alguna vez arrestados bajo la sospecha de haber sido reclutados por el IS. En Francia, Alemania y Holanda resulta cuatro veces más probable que los nuevos conversos se alisten en la Yihad que los musulmanes que se criaron en esa religión.

yihad1

Los psicólogos sociales siguen debatiendo las causas de esta radicalidad del converso. Yo voy a ofrecer mi versión del proceso que tiene lugar.

Partamos del hecho ampliamente constatado de que el nuevo converso se sentía previamente “erradicado” de su ambiente social, desvinculado. El Rufián mentado tiene a gala contar que fue a raíz de su entrada en un Instituto de Educación en el que la lengua catalana dominaba con imperio, que sus mimbres nacionalistas se tejieron. Muchas de las conversiones al Islam ocurren en prisión, lugar de desamparo donde los haya; o en ambientes degradados socialmente de los que el individuo quiere escapar. En tales ambientes el sujeto se carga de resentimiento y odio, se hace antisistema, contracultural, y si un grupo que le brinde cierto cobijo llama a su puerta, la abrirá de par en par.

Para el neófito el grupo de acogida es un seno materno que le ofrece comunión y hermandad; el grupo lo “radica”, le otorga credenciales nuevas. La entrada viene a ser para él un rito purificador, tal como la inmersión de los seguidores de Juan Bautista en el río Jordán, es decir, el neófito se siente purificado, limpio de los estigmas y máculas que previamente arrastraba consigo.

Y lo que es igualmente importante, el sujeto siente que su odio y su resentimiento están justificados, ya que el grupo le presenta a un enemigo a quien hace responsable de todos los males que el neófito padecía y contra quien encauza y vierte sus odios. España es tu enemigo, Occidente es tu enemigo, es el culpable de todos tus males, le dicen severamente al neófito nacionalista catalán o al neófito islamista, y acompañan lo dicho con una palmadita de amparo y afecto en la espalda. De ese modo el aspirante a converso vence todas las prevenciones que tenía contra la doctrina que impera en el grupo de acogida. Entra en el redil agradecido y purificado.

cataluña2

El siguiente paso consiste en introducir en el horizonte imaginativo del sujeto un paraíso de redención: una quimérica Ítaca en los casos del independentismo vasco o catalán, el paraíso socialista por venir en el caso del comunismo, o un placentero y eterno paraíso repleto de huríes en el caso musulmán. Tal ilusión amortigua en el converso el impacto de la sangrante realidad en que vive, y le infunde la esperanza de una felicidad venidera sin tasa.

Por último, la explicación del hecho de su radicalidad. Es el más sencillo de explicar: el nuevo converso debe ofrecer muestras fehacientes de que se consagra a su nueva fe poniéndose en la vanguardia reivindicativa. Quienes sigan las vicisitudes de las bandas callejeras latinas en ciertos países de Sudamérica o en los EEUU, o quienes, al menos, hayan visto series televisivas sobre el tema, saben que el pacto de entrada en la banda ha de sellarse con un acto de violencia o de sangre. Solo de esa manera se le considera al neófito parte del grupo, solo de esa manera se eliminan las suspicacias de los miembros más antiguos. Así se explica que los nuevos conversos musulmanes sean los más propensos a engrosar las filas de la Yihad; y se explica que se señale a los charnegos como los más agresivos en las filas del independentismo. El converso debe afianzar sus nuevas señas de identidad con un acto de agresión al enemigo. Debe hacer visible a los ojos de los demás que encauza contra él su odio.

yihad2

 

El Islam y Europa

islam5

No ser conscientes del peligro del islamismo nos puede resultar caro. Si Europa mantiene su política social y cultural hacia la inmigración musulmana, pocas dudas caben de que de aquí en treinta años las libertades políticas y religiosas, así como los derechos que ahora disfrutamos estarán dando sus últimos coletazos en muchos países del viejo continente. No es de recibo negar que cualquier musulmán puede aparecer a nuestros ojos con todo el encanto del mundo, que puede ser respetuoso con los valores occidentales y ser un buen amante de la paz; es su pertenencia sumisa al islam y a los dictados de los imanes de sus mezquitas (construidas muchas de ellas con dinero saudí y catarí, dirigidas por imanes que suelen tener una tendencia religiosa extremista) lo que les convierte en una amenaza potencial.

islam1

El peligro musulmán, presenta dos caras unidas: el desmesurado crecimiento demográfico de la población musulmana en Europa en relación al de la población autóctona, un 400% mayor en muchas regiones, y, sobre todo, el totalitarismo implícito en las leyes islámicas. El peligro señalado es grave e inminente, ¿por qué Europa rehúye hacer nada al respecto? Antes de tratar de responder a esta pregunta veamos si tal peligro es de la envergadura anunciada.

Intolerancia: En todo el ámbito del Islam la homosexualidad está prohibida y se castiga generalmente con la pena de muerte. La mujer está sometida legalmente al marido o al padre, y las violaciones son objeto de leves penas. En Siria, Iraq, Somalia, Pakistán, Afganistán, Sudán, Eritrea, Yemen, Nigeria, se persigue a las minorías cristianas, se cierran sus iglesias, se les impide hacer proselitismo, y han sido numerosos los casos de asesinatos de cristianos.

Terrorismo: El 90% de las guerras y atentados terroristas que se producen en el mundo tienen lugar en nombre del Islam. Iraq, Siria, Túnez, Kenia, Pakistán, Afganistán, Chechenia, Libia, Filipinas, China, Birmania, Egipto, Argelia, Mali, Mauritania…, han tenido en los últimos años focos de terrorismo islámico importantes.

islam2

Totalitarismo: Islam significa sumisión. Todos los musulmanes se someten a Alá y a las leyes islámicas contenidas en el Corán y en los Hadits. La vida social, política y religiosa está regidas por esas leyes. Fuera de ellas no hay libertad ni derechos ni democracia. Así que sólo en unos pocos países del mundo con mayoría musulmana, situados en Asia principalmente, con la excepción de Túnez, poseen un régimen político que puede ser con muchos matices considerado democrático. Ese carácter totalitario se pone claramente de manifiesto en los barrios de ciudades francesas, belgas u holandesas habitados mayoritariamente por musulmanes: se impone la Sharía, la ley islámica, y ni la policía se atreve a entrar en ellos.

Integración social en los países de acogida: De todos es sabido que la integración de los musulmanes en las sociedades europeas es nula. Al contrario, forman una comunidad cerrada que evita el acercamiento al no musulmán y que se radicaliza en sus planteamientos morales y religiosos. Su lealtad religiosa, que anteponen a cualquier otra lealtad; y su prohibición de juntarse con cristianos o judíos, que prescribe el Corán, impiden su integración. Las propuestas de diálogo y de multiculturalidad han sido un sonoro y rotundo fracaso, tal como proclamó la canciller alemana Ángela Merkel no hace mucho.

Caldo de cultivo para el terrorismo: Aunque los radicalizados hasta el extremo de realizar actos terroristas sean pocos, la mayoría de musulmanes en Europa se muestra favorable a implantar la ley islámica en todos los territorios en que les sea posible, según muestran las encuestas. Una encuesta de 2016 en el Reino Unido decía que un 43% de los jóvenes musulmanes se mostraba partidario del ISIS y de la guerra santa. En Cataluña la gran mayoría de los imanes es salafista, partidario de las posiciones más extremistas del sunismo. El hecho de que en Cataluña haya más de medio millón de musulmanes se debe a la brillante idea del nacionalismo catalán de traer inmigrantes marroquíes para evitar la llegada de españoles o hispanoamericanos. Qatar y Arabia Saudí, los grandes financieros del terrorismo islámico, son quienes se encargan de pagar las mezquitas y las enseñanzas coránicas en Cataluña. Por otra parte, no vale decir que los terroristas son unos pocos y que la mayoría de musulmanes ama la paz. Como ya he dicho, no son pocos los que apoyan la radicalidad, el sometimiento de la población europea a las leyes islámicas e incluso apoyan el terrorismo. Aunque los amantes de la paz fueran mayoritarios, los que se han opuesto y atacado públicamente al terrorismo islámico se pueden contar con los dedos de la mano. En cualquier caso, al formar parte de un rebaño monolítico y someterse a una ley de manera absoluta, aceptan todo aquello que se hace en nombre de esa ley. También la mayoría de los nazis era amante de la paz, pero al someterse con entusiasmo a Hitler y a la idea de pertenencia a una raza superior, fueron cómplices de los crímenes del nazismo. Lo mismo se puede decir del Islam.

Derechos sociales, delincuencia y paro: En Francia un 60% de la población carcelaria es de origen árabe y religión musulmana, algunos de segunda o tercera generación en Europa. En cuanto al paro, los de ese mismo origen y religión representan un poco más del 60% del paro registrado en Francia. Sin embargo, tal como también ocurre en España, no hay un solo musulmán en el desamparo social porque tienen preferencia para cobrar subsidios, ayudas por hijos y ayudas para el alquiler de viviendas. Prácticamente todos los detenidos en España por reclutar jóvenes para ir a luchar a favor del ISIS tenía ayudas estatales superiores a los 800 euros. Desde luego, conociendo los derechos sociales que se les otorgan en nuestros países, siendo mayores y con prioridad a los que reciben los autóctonos, su esfuerzo por el trabajo disminuye, de ahí que tanto en Francia como en España llenen las listas de parados. Tal coste para las arcas del Estado está resultando inasumible, haciendo que la deuda de estos dos países sea de las más altas de Europa y que se estén contrayendo los derechos sociales de la población en general.

islam4

¿Se tienen aún dudas de que dentro de 30 años estaremos sometidos en Europa a un régimen similar al del cristianismo durante la Edad Media?

Volvamos a la pregunta, ¿por qué Europa no hace nada al respecto[1]? Quien no se haya percatado de la nueva moral social que impera en Occidente no tiene ojos. Una moral promovida durante lustros por gran parte de la izquierda mundial; una moral que los medios de comunicación controlan y gestionan; una moral que tiene a la compasión como bandera y que en lo relativo a la inmigración promueve sin condiciones el diálogo con el Islam y el respeto absoluto a su religión y cultura sin exigir contrapartidas por su parte. Ni la derecha se atreve a contradecir los dictados de esa moral. Así que en una buena parte de la izquierda europea se produce una boba confianza en el diálogo con el Islam y se vuelve la cabeza hacia otro lado[2] ante el desprecio que se produce en el mundo islámico hacia los homosexuales, la mujer, la libertad, el respeto a las normas democráticas, y ante la amenaza para nuestro modo de vida en libertad que todo ello supone. Esa izquierda es el gran obstáculo para que Europa deje de inhibirse ante la amenaza que representa el crecimiento demográfico en su seno del islam.

La simpatía de esa izquierda, mayoritariamente comunista, hacia el Islam parece extraña pero no lo es tanto si se mira con atención. Unos y otros quieren acabar con el modelo liberal democrático europeo. Unos y otros odian los valores que aún destellan en Occidente, aunque cada uno de ellos los quiera sustituir por valores que resultan antagónicos entre sí. Unos y otros son partidarios de imponer el totalitarismo como forma de organización social. Tanto para el comunismo como para el islam la democracia es un medio que pretenden hacer desaparecer en cuanto logren alcanzar el poder. El ejemplo de Maduro en Venezuela, de alcanzar el poder democráticamente para acabar con la democracia, es el mismo que pretendía seguir la GIA en Argelia, los Hermanos Musulmanes en Egipto, y que está siguiendo Erdogán en Turquía. Y luego debemos contar con la ignorancia, la obsesión y la incapacidad de prever el futuro: de la misma manera que mucha gente sigue empeñada en instaurar el comunismo sin ser plenamente consciente de que en todo lugar donde se instaló produjo un régimen tenebroso en lo social y catastrófico en lo económico (aunque interesadamente aleguen que eso no era verdadero comunismo sino una deriva de él[3]), muchas gentes se empeñan en tender la mano de acogida a millones de musulmanes, sin percatarse de que la pretensión de esos inmigrantes es la de imponer en Europa un régimen islámico en cuanto su número supere al de los “infieles”.

islam3

El peligro está ahí, a la vuelta de la esquina, y ante él no vale volver la cabeza hacia otro lado: o se le hace frente o claudica ante él. La ilusa idea de que Europa iba a culturizar y a integrar al inmigrante musulmán se ha revelado una quimera. Esa idea, que se quería agrandar permitiendo que Turquía se integrara en la Unión Europea, hubiera significado el derrumbe total de Europa. Hoy no hay más solución que enfrentar el problema. Elaborar una política de inmigración seria y clara, tal como tienen Canadá y Australia y empiezan a seguir algunos países europeos. Quitar los descarados privilegios que se les otorga a los inmigrantes musulmanes en relación a los autóctonos del país. Exigencia de cumplir las normas y leyes del país de acogida, así como exigencia de respetar sus instituciones y su cultura. Exigencia de que respeten los derechos de la mujer y los homosexuales. Establecimiento de un número de acogida que convenga al país europeo y con la capacitación que convenga. Examen concienzudo de la alegación de ser un perseguido político en su país de origen. Expulsión e incluso pérdida de la doble nacionalidad a todos aquellos que inculquen odio contra la cultura y las gentes del país de acogida etc. etc. Confiemos en que se agarre al toro por los cuernos.

 

 

 

[1] He de decir que está empezando a hacerlo, que se ha dado cuenta de que la política de brazos abiertos que instauraron algunos dirigentes, como Rodríguez Zapatero, podría dirigir a una tercera parte de  África hacia Europa, con la catástrofe monumental que ello significaría; por esa razón se está cortando el grifo de entrada.

 

[2] Ese volver la cabeza hacia otro lado y esa confianza ilusa en el diálogo como sistema de integración se han puesto de manifiesto en ese encadenamiento de errores policiales que han propiciado el atentado terrorista del este mes de agosto en las ramblas de Barcelona. En primer lugar, los mossos de escuadra, la policía catalana, desoye el aviso de los servicios de inteligencia norteamericanos acerca de un atentado inminente en las ramblas de la ciudad. En segundo lugar, tiene lugar una explosión en la pequeña ciudad de Alcanar, en Tarragona en donde esa misma policía no encuentra nada extraño en que aparecieran cien bombonas de butano en la casa en la que tuvo lugar la explosión; y no solo eso, sino que la jueza les avisa sobre la posible relación de la explosión con el terrorismo, y ellos hacen oídos sordos. En tercer lugar, el ministro del interior de España aconseja poner bolardos en las ramblas para impedir un atentado como el que tuvo lugar y la alcaldesa se niega a ponerlos. En cuarto lugar, el conductor del coche con el que se cometió el atropello múltiple sale de la furgoneta y escapa a pie sin que haya un solo policía que lo detenga, apareciendo unas horas después en el segundo atentado de Cambrils.Y después de todo ello, el gobierno catalán pretende  otorgar honores a ese cuerpo policial por el brillante desempeño de sus labores. ¡Ver para creer!

[3] Ni el hecho de que en todos los países del socialismo real haya ocurrido lo mismo, las mueve a cambiar un ápice su percepción.

Selección sexual, sensibilidad y futuro

seleccion sexual

Me pregunto si la inversión de valores morales y culturales que se ha producido en muchas sociedades de Occidente tendrá o no repercusiones en la evolución de ciertos rasgos característicos del hombre. Digamos, por caso, la “sensibilidad”, uno de esos valores más en boga (ser hoy considerado sensible en este mundo en el que el feminismo radical ha impuesto sus dictados es haber ganado medio paraíso). El hombre sensible, delicado, dulce, empático, hoy en día está siendo promocionado a ser objeto de atención afectiva preferente por parte de las féminas. (Nótese que son las mujeres quienes eligen, tras de observar el cortejo del hombre y su exhibición de plumajes de pavo real y de bienes tangibles). A la hora de la cópula reproductiva  está claro que el hombre sensible está ganando terreno rápidamente. Ofrece a la mujer suavidad, tacto, gusto por las cosas delicadas, y encierra la promesa de mostrarse dependiente y en cierto modo sumiso, y ser un buen padre para sus hijos. Incluso en la parcela del matrimonio, incluso cuando éste es de alto copete, el hombre sensible compite con garantías de triunfo frente al rico o afamado que siempre ha sido el objeto de atención de las más bellas. Y hoy conozco a muchas bellezas, poseedoras de rimbombantes títulos académicos, de buena posición social y prometedor futuro, que se cogen a un gañán sin estudios, perezoso, simple, pero que es “sensible”, y se rinden ante él porque ese encanto suyo les llena.

Cierto es que hay una etapa de la mujer ―pongamos de 16 a 25―en que ésta se ve muy fuertemente atraída por el tipo de hombre “canalla”. Los motivos evolutivos de este asunto son obvios: es la etapa en que la biología de la mujer clama por la fertilidad y busca los mejores genes, mejor guerrero, más fuerte, más arrogante…, esto es, más “canalla”. Pero en cuanto a eficacia reproductora, tal etapa ha perdido su antigua importancia: la procreación se ha retrasado estadísticamente hasta los treinta y tantos, así que el hombre rudo, macho, canallesco, preferido a los dieciocho, ha perdido muchos enteros en la cotización bursátil por falta de demanda. El auge del hombre sensible, con buena disposición para las tareas domésticas y el cuidado de la progenie, parece indudable.

¿Puede tener esta novedosa selección sexual consecuencias evolutivas relevantes?, ¿puede dicha selección ser causa de hombres del futuro genéticamente más delicados, más dulces, más afeminados incluso; hombres en quienes la inversión de los roles clásicos de la pareja ―hombre protector y fuerte, y mujer hacendosa, dulce y de apariencia sumisa―no se tenga que deber a imposiciones y a leyes discriminatorias, sino que de buen grado acepten que la mujer sea quien lleve los pantalones en el matrimonio y sea el carácter de ella el que reine, el que tenga que decir la última palabra?

Los datos acerca de la selección sexual del hombre sensible que se extraen de algunos países avanzados, parecen indicar que el fenómeno presenta una clara tendencia al crecimiento. En Noruega y en Suecia la mitad de los hogares con hijos son monoparentales,  y por lo general recibe la mujer los genes de bancos de esperma. No resulta descabellado pensar que el siguiente paso, tal vez un paso obligado por la fuerte demanda de genes específicos que se produce ―demanda que viene avalada por los potentes grupos feministas radicales―, sea un banco de semen a la carta, en donde los rasgos físicos y psíquicos del donante se clasificarían en orden a las tendencias en boga: delicadeza, belleza, carácter permisivo o sumiso…En el caso de que tales bancos acaben instalándose en algunos países de Europa, el carácter “sensible” sería muy mayoritario en los nuevos nacimientos y no tardaría mucho en imponerse entre la población masculina, pues a la educación en la sensibilidad, tan promocionada hoy día por los defensores de la ideología de género, se le uniría el rasgo seleccionado genéticamente. Los hombres del futuro serían de una dulzura que algunos quizás juzguen de empalagosa, y el “macho” tendría sus días contados.

Un experimento de selección llevado a cabo con una especie animal, el zorro, presenta semejanzas con el tipo de selección del hombre sensible que he expuesto. El ruso Dimitri Beliaev comenzó a seleccionar los zorros menos agresivos y que se acomodasen mejor a la compañía humana. Treinta generaciones de zorros después, se consolidó una estirpe de zorros domesticados. En los animales no solo se había modificado su comportamiento sino también su aspecto: su rabo menguó y dejó de apuntar al suelo para apuntar a lo alto; con las orejas ocurrió lo contrario, colgaban en lugar de estar erguidas. Dicen los expertos que forzar por selección un crecimiento más rápido, un incremento de masa muscular o una mayor producción de leche, puede afectar al carácter de los animales en modo que puede ser muy perjudicial.

¿Qué rasgos psicológicos de ese supuesto hombre del mañana se verían afectado por la selección sexual en sensibilidad?, ¿tendrá una mayor abundancia de problemas mentales?, ¿estará más expuesto a las depresiones anímicas?, ¿será menos competitivo?, ¿se tornará barbilampiño o tendrá caderas más anchas?, ¿se mostrará más compasivo ante el dolor ajeno o, por el contrario, más egoísta, más metido en sí mismo?…

Sin embargo, otro hecho que sin duda trae gran repercusión para la población del futuro se está produciendo ya mismo; y ese hecho amenaza con contrarrestar todos os efectos previstos que acarrearía la selección sexual en sensibilidad. En Europa, sobremanera en los países de Francia, Bélgica, Holanda, Suecia, Alemania y España, la población magrebí y turca, ambas de religión musulmana, está creciendo extraordinariamente deprisa. Se calcula que en 20 años grandes zonas de Europa serán de religión musulmana. En Holanda y Bélgica ya tienen el origen dicho el 50% de los niños que nacen anualmente. De seguro que a esta población no le afectará el tipo de selección sexual nombrada, muy al contrario, el hombre rey de la casa y dueño de su mujer o de sus mujeres es lo que propala su religión. Así que cuando la población aborigen de Europa haya sido seleccionada sensible genéticamente, la población de origen turco o magrebí en Europa puede que sea mayoritaria y que impongan ―por mayoría y por carácter―su rudeza a la sensibilidad tanto tiempo seleccionada. Así que mal augurio para el futuro de la sensibilidad.

islamico

En todo caso, en no más de treinta años los adelantos en biotecnología y nanotecnología van a hacer posible que la población no envejezca, o incluso que rejuvenezca. Ya ha sido experimentado con resultados positivos en ratones. Pero en tal caso aparecerán nuevos problemas. ¿No resultaría mentalmente nefasto la acumulación de conocimientos en ese mundo de eterna juventud?, ¿no tendrían que hacerse periódicamente un borrado selectivo de recuerdos para dar cabida a otros nuevos?, ¿qué sucedería entonces con el “yo”?

Claro que otra posibilidad se presenta: la de la biología sintética, individuos cuyo organismo es en parte mecánico-robótico y en parte biológico (pero su biología puede también en parte la de otro), de acuerdo al mundo de necesidades y posibilidades que presente el futuro próximo. ¿Entraría entonces en conflicto el mundo robótico con el biológico, se declararían la guerra o se complementarían amigablemente?

nanotecnología

Otro posible sendero sería el de recurrir a caracteres ancestrales que tenemos dormidos en nosotros; activar en nosotros ciertos genes desactivados que sirvieron a nuestros ancestros mamíferos o reptiles y darles otra funcionalidad nueva. Es decir, tipos específicos de personas con una funcionalidad social ya prefigurada…

En fin, una cosa es que estemos a las puertas de un mundo nuevo e imprevisible, y otro que se me vaya la olla.

 

La libertad como máscara

libertad2

¿Lucha la gente –los individuos, los grupos—por su libertad, o es todo un artificio?, ¿ luchan realmente muchos catalanes por su libertad, o por causa del odio que les han hecho sentir contra la entidad España, o simplemente se dejan llevar de la mano de sus líderes –que ocultan intereses inconfesables—al sacrificio como ganado de carne? Luchar por la libertad ha sido casi siempre la excusa para cometer iniquidades de todo tipo. La libertad ha sido la Gran Puta a todos los convites invitada y por todos manoseada y ultrajada. Los grupos más diversos dicen luchar por ella pero luchan por encarcelarla; las personas dicen luchar por ella pero luchan para evitarla.

El canto a la libertad se escucha en cualquier ámbito, parece como si su melodía fuese excelsa, como si todas sus notas deleitasen el oído de todo tipo de gentes; pero me temo que en muchos oídos suenan hirientemente sus compases. Para estos, la libertad es una pesada carga que no se hallan dispuestos a soportar sobre sus hombros.

Se ha utilizado de estandarte en las guerras más cruentas y en las dictaduras más ominosas. Tenemos buenos ejemplos de ello en la Guerra Civil española y en las dictaduras comunistas. Unos contendientes y otros decían luchar por la libertad cuando lo que en realidad pretendían era imponer su tiránico dominio.

La libertad de opinión y la libertad de elección quizás sean los tipos de libertad más representativos.  La libertad de opinión no consiste únicamente en tener leyes que la protejan, sino también en que no exista una moral que la restrinja drásticamente. Como señalé en mi anterior artículo, hoy en día la moral de Lo políticamente correcto es fuertemente represora a ese respecto. Sobre el feminismo, animalismo, ecologismo y otros ismos se han establecido tabús que nadie en su sano juicio se atreve a negar o cuestionar so pena de suicido laboral, ostracismo social o cárcel. Y lo que es aún peor, las instancias jurídicas tampoco, sino que se someten al imperio del tabú y dictan aberrantes sentencias. Se ha impuesto una dictadura moral.

Pero mi propósito en este artículo es hablar de la libertad de elección, de esa libertad que en ocasiones abruma a quien la carga sobre sus hombros. El problema radica en que el hombre necesita seguridad y confiar, y poseer una cierta certeza sobre el futuro que le espera, y como no puede conseguirlo con su criterio y sus conocimientos, se entrega a las creencias de otros y delega en ellos su opinión, su saber y sus criterios. Nietzsche, con su peculiar perspicacia, señala en El ocaso de los ídolos que «reducir algo desconocido a algo conocido proporciona alivio, tranquiliza, satisface y da además un sentimiento de poderío. […] Primer principio: cualquier explicación es mejor que ninguna. Como cualquier explicación hace tanto bien, el hombre la toma por verdadera. Prueba del placer como criterio de verdad». Dicho de otro modo, para no tener que escoger a cada paso una opción entre las diversas que se le presentan, delega en líderes de opinión la elección política, cultural, económica, social, moral, etc., se convierte en parte de un rebaño. Esa conversión le evita la angustia de la duda.

La gente se somete y se encadena a un grupo político o religioso o a cualquier asociación despótica. Produce risa, cuando no sonrojo, escuchar seriamente a un político decir que lo primero es el partido, como si él fuese un apéndice insignificante sin valor alguno. Pero eso es solo una máscara. El caso es que la gente se siente feliz siendo una marioneta en manos de los líderes del grupo. Los sentimientos que se exaltan en el grupo como el orgullo de pertenencia o la adoración al líder, les satisfacen en mucha mayor medida que el ejercicio reiterado de la libertad de elegir. De esa manera no tienen que escoger entre un camino u otro, entre un juicio u otro, entre una actitud o un criterio u otro, sino que se someten al líder y eligen el camino, el criterio o el juicio que éste les marca. Delegan su libertad.

libertad6

El problema de aborrecer de la propia libertad se puede plantear con el siguiente ejemplo: ¿por qué un musulmán nacido en Francia, descendiente de inmigrantes en segunda o tercera generación, que disfruta de una gran cantidad de derechos sociales y libertades, se radicaliza tan fácilmente y se une a las filas del DAESH? La respuesta se cifra en que al sujeto no le satisface la libertad, en que prefiere seguir la ruta que otros le dicten y canalizar en ella su odio. Se cifra en que mucha gente prefiere ser esclavo, en que prefiere formar parte de un rebaño y tener a un líder al que adorar y someterse. En el rebaño creen encontrar seguridad y creen ser importantes. El sujeto lleno de odio y resentimiento contra los demás debido a su insignificancia, encuentra en el rebaño el sosiego de espíritu: la duda le desaparece, sabe quién es su enemigo, lanza contra él su rencor, la idea o el eslogan que le dictan es todo cuanto bulle en su cabeza.

Curiosamente, algunas declaradas feministas se inclinan ante el Islam, lo tienen en alta consideración, o incluso se convierten. Defienden que las musulmanas usen el burka y apoyan una religión que esclaviza a la mujer. No hay otro entender a esto que la suposición de que íntimamente anhelan someterse y que su feminismo era una máscara; anhelan quitarse el peso de la libertad de encima, dejarse guiar, que las conduzcan, no tener a cada instante que debatirse en elegir: aceptan la esclavitud arropada por una creencia.

Tiene lugar un interesante proceso psicológico en quienes se someten al rebaño. Si se han refugiado en él huyendo de la pesada carga de la libertad, a poco que su acomodo en el grupo les resulte satisfactorio, a poco que se sientan satisfechos de su nuevo estatus, empieza a desarrollarse en ellos un afilado miedo a perder el cobijo que han hallado. Para aliviar ese temor –que con el tiempo se hace hábito llevadero—estos sujetos ahondan en su sometimiento, se inclinan aún más ante la organización y los líderes. Se comportan como se comporta el lobo omega, que ofrece su cuello a la dentellada del macho alfa para apaciguarlo. Es una reacción de miedo, el miedo a la libertad de que habló Erich Fromm. Tales sujetos se convierten voluntariamente en esclavos, en reses bípedas del rebaño en que se han refugiado.

Lo peligroso para el integrante de un rebaño es que el pastor le puede conducir a despeñarse en un abismo sin que él se percate de su destino, o, de percatarse, puede que los años de esclavitud ideológica le hayan imposibilitado para el acto de negarse a caer en el abismo e incluso para levantar ninguna protesta. Esto no es exageración de ningún tipo. Vimos en la pasada legislatura socialista callar a todos los militantes ante las absurdas decisiones de Rodríguez Zapatero, que terminaron por llevarnos al desastre.

Demos, pues, a la libertad el valor que tiene: los cantos a la libertad de los grupos más variados no son otra cosa que engaños; y el rechazo a la libertad que realizan muchas gentes es tanto el miedo a la libertad que mostró Erich Fromm como el dolor que les produce la pesada carga de la libertad sobre sus escuálidos hombros. Sin embargo, la libertad es el mayor bien para las gentes selectas, para las gentes que tienen anchos hombros y defienden tener sus propias ideas, juicios y criterios. Desgraciadamente no son muchas gentes estas.

 

Destrucción, Populismo y Brexit

  1. populismo2
  2. Hoy, el impulso a destruir impera en muchos jóvenes. Acostumbrados al buen vivir y a los derechos gratuitos, sin responsabilidades de algún tipo, no saben qué hacer con una libertad que les pesa como una losa; pocos buscan, la mayoría esperan que se les dé sin la molestia de tener que buscar; muchos de ellos carecen de propósitos y esperanzas; lo desean todo sin esfuerzo y todo les parece insuficiente; así que la vieja y fracasada fórmula del igualitarismo, de esquilmar a los ricos, de envidia y resentimiento contra los que destacan socialmente, resuena en sus oídos con fuerza, sintoniza sus conciencias y encauza sus pasiones a la destrucción del orden social existente. Esta clase destructora que hoy surge no es una clase económica, sino que la integran los que poseen niveles semejantes de resentimiento social, de falta de esperanza, de incapacidad para elaborar proyectos, y la integran también aquellos que presentan contra la cultura en la que viven niveles de odio parecido. Hoy estas gentes, jóvenes principalmente, como en mayo del 68, en época de iniciación guerrera, se rebelan contra la generación anterior, rechazan la cultura y los valores en que se han criado, rechazan el esfuerzo y la responsabilidad individual, y esperan el prodigio del maná caído del cielo y la apertura de un paraíso que maravillosamente aparecerá y les traerá la buenaventura eterna. Hoy, muchos de ellos forman parte del Populismo, un rebaño ciego que espera un aprisco cálido y un pesebre bien lleno sin necesidad de realizar esfuerzo alguno para lograrlo.
  3. populismo1
  4. Hay quienes se extrañan de la sintonía que muestra el Populismo español con una buena parte del mundo islámico. Aquellos y estos manifiestan intenciones de destruir libertades, de destruir la democracia representativa, de destruir los tradicionales valores de Occidente, de destruir a Israel, y unos y otros se aparejan en odio. No resulta extraña tal sintonía. De ahí surge ese silencio alarmante del feminismo radical populista ante la ausencia de derechos de la mujer o de los homosexuales en el mundo musulmán; de ahí los esfuerzos que realiza el Populismo para justificar el terrorismo palestino; de ahí la amistad que une al Populismo de Podemos con  el régimen teocrático de Irán; de ahí la política de acogida que dirige el Populismo a todos los musulmanes que recalan en España. Están unidos por el ansia de destrucción. De su alianza solo se puede esperar la miseria y una vuelta a las cavernas de la civilización. ¡Y se llaman a sí mismos progresistas! Mayor dislate no cabe. Barbarie=progresismo. Esa es la nueva fórmula.
  5. Cuando la socialdemocracia alemana consiguió llegar al poder tras de la Primera Guerra Mundial, sus dirigentes, impregnados hasta la médula de ideas revolucionarias y de alcanzar una pretendida justicia social pero sin una sola idea de qué construir ni de cómo construir, se hicieron esta rotunda pregunta: ¿Y ahora qué? El que no encontraran una respuesta adecuada, motivo la llegada del nazismo. El triunfo del Brexit ha conmocionado Europa, aunque nos ha salvado del avance del populismo español, travestido como un camaleón de ropajes engañosos, que conmociona a España. ¿Y ahora qué?, nos preguntamos todos.
  6. populismo4
  7. El Brexit es entendible. Los británicos son un pueblo con gran apego a sus tradiciones y libertades. En el siglo XVII el parlamento inglés se levantó en armas contra su monarca y le cortó la cabeza. En Londres se proclamó la carta de derechos y libertades de los ingleses, The Bill of Rights, de la que tan orgullosos se han mostrado siempre. En 1801 se celebró el primer censo de población en el Reino Unido y muchos de sus ciudadanos se rasgaron las vestiduras por considerarlo un atentado a sus libertades. Un pueblo tan amante de sus tradiciones, su democracia y sus libertades, no puede dejar de sentirse preocupado por las amenazas que se ciernen sobre estos valores. Por el hecho de que Londres haya dejado de ser inglesa; por el hecho de que el crecimiento de la población islámica en Inglaterra sea imparable; por el hecho de que un 45% de los jóvenes musulmanes que viven en el Reino Unido muestren simpatías por el terrorismo islámico; por el hecho de que Europa ejerza un fuerte control sobre sus libertades. Se separan porque Europa se ha rendido a un relativismo cultural y de valores que equipara, sin sonrojo alguno por su parte, la Shariah con la Carta de los Derechos Humanos. Se separan porque el clima moral reinante en Europa, un clima de buenismo institucionalizado y de populismo igualitarista en el Sur, conduce a medio plazo al desastre cultural y económico y a la destrucción de los valores tradicionales. Los ingleses huyen de Europa porque temen hundirse con ella. Pero tal hecho no tiene porqué ser una catástrofe. Por su cercanía y supeditación a EEUU (a sus antiguas colonias), el reino Unido ha sido siempre una china en el zapato de Europa. Podemos salir reforzados de su separación. Para ello hacen falta ajustes de laboriosidad y gasto en el Sur y una defensa de lo propio contra las huestes que amenazan nuestros valores, derechos, democracia y libertades.
  8. He de reconocer que en los anteriores puntos solo aparece una parte de verdad, aquella que me parece más preocupante; y que es posible mirar las cosas –también con sensatez—desde otro punto de vista no tan negativo, pero España y Europa no están para medias tintas, y, a mi entender, es preferible resaltar los peligros que esconderlos bajo la sucia alfombra de lo políticamente correcto.

Me tomo unas vacaciones de verano y cierro este Blog, provisionalmente, a entradas nuevas. Un saludo a todos.