Animalismo, idealismo y posmodernidad

El clima moral y cultural de Occidente en la actualidad es fruto del posmodernismo filosófico. Buena parte de los filósofos franceses de la segunda mitad del pasado siglo hinchieron de relativismo su discurso y lanzaron a la verdad desde el pedestal ecuménico donde residía a la ciénaga de la subjetividad. La consecuencia ha sido la formación de ideologías sin ideas, el empleo de argumentos vacíos de razón, la incoherencia en los asertos, la emoción como argumento, el ‘nosotros’ y el ‘ellos’, el todo vale si nos beneficia… Occidente se ha hecho tribal. Pero mientras el ‘enemigo’ es unánime, las tribus amigas son tantas y con tan diferentes criterios y dogmas que la coherencia ha desaparecido de ellas tan velozmente como la razón. Así, las vanguardias de la tribu feminista dicen luchar por los derechos de la mujer y por la igualdad de hombres y mujeres, pero apoyan los regímenes donde la mujer carece de los más elementales derechos y desconoce la libertad. El llamado socialismo del siglo XXI dice luchar por la igualdad y la libertad, pero defiende con uñas y dientes las dictaduras comunistas y los sistemas teocráticos. Las vanguardias ecologistas diezmarían la especie humana por el —dicen— ‘bienestar’ del planeta.

Una de las tribus con incoherencias mayores es la animalista. No refiero por tal al que ama su relación con ciertos animales y al que simplemente le disgusta el maltrato animal, sino a esas vanguardias que odian el género humano, que proclaman su lucha contra el especieísmo, esto es idea de que los animales han de tener iguales derechos que los seres humanos, lo cual es del todo absurdo e incoherente, ¿cómo ejercería sus derechos un boquerón?

Característico de las tribus es la ideología, que, religiosa o no, viene determinada por ciertas idealidades (desde espíritus a utopías, pasando por ideas identitarias que niegan la naturaleza humana), por dogmas, por la categorización ‘nosotros’ y ‘ellos’, por mandamientos de obligado cumplimiento, y por la pretensión de imponer sus dictados en todo el orbe.

Una parte del movimiento es devota del animalismo religioso. Consideran sagrada la vida de cualquier animal. Sin embargo, ¿a qué animales se refieren?, ¿también a las pulgas, las chinches, los mosquitos…?; ¿se han preguntado por las consecuencias que traería para los animales tal sacralidad?. De hecho, existe una comunidad religiosa, los jainistas,  cuyo primer mandamiento es el respeto a la vida. Sus fieles andan desnudos, se tapan la boca y la nariz para no matar a ningún ser diminuto, y se abren paso en su caminar con una escoba para no pisar a las hormigas.

Otros hacen hincapié en el sufrimiento animal. En el libro de Peter Singer, Liberación animal se  defiende una igual consideración de todos los seres capaces de sufrir. (habría que determinar si existe el sufrir —que exige tener conciencia— en los animales, y habremos de tener en cuenta que gracias a la reciente Ley de Protección Animal, el precio de los productos cárnicos se va a encarecer de manera desmesurada). Lo curioso es que presenta el movimiento animalista como un ejemplo de bondad, pero se muestra totalitario al pretender imponer a los demás su ‘verdad’ y su  sensibilidad. En todo caso, ¿por qué no sacralizar también las plantas?, ¿acaso no poseen vida?

En lo que creo que participan las vanguardias animalistas y las vanguardias ecologistas es en el deseo de huir de la realidad. Más que el amor a los animales, lo que bulle en ellos es amor a la idealidad animal o a la idealidad naturaleza. El animal como arquetipo de la inocencia, de la pureza, de la ausencia de alteridad. Ya que la realidad presenta individuos con alteridad. ¡Huyamos de esa hiriente alteridad —parecen decir esas vanguardias— y construyamos un mundo de donde esté excluida! Así, construyen ese mundo ideal en su conciencia, un mundo al que declaran su amor, por el que luchan, y no por el mundo real ni por los animales reales. Del mismo modo que los intelectuales marxistas que decían amar a la humanidad amaban la idea comunista de humanidad, no a la humanidad real. De hecho, más bien odiaban al género humano real por ser imperfecto y atroz; un género humano que el comunismo, mediante represión, educación y fusilamientos, se encargaría de eliminar. El idealismo puede traer muy malas consecuencias.

Por cierto y a modo de posdata: El denominado «Nuevo realismo filosófico » de Markus Gabriel y el llamado «Ley de aumento de la información funcional» (que pretende amplificar la evolución darwiniana a cualquier sistema, utilizando como ‘herramienta’ la adaptación), no parece ser —eufemísticamente hablando—sino «los mismos perros con diferentes collares». No introducen ninguna idea novedosa. El Nuevo realismo no me parece que cambie nada del posmodernismo excepto la nomenclatura; lo mismo se puede decir del nuevo y rimbombante sistema de evolución.

IDEAS, DICHOS Y HECHOS

  • Las nuevas generaciones no se han percatado de que la vida tiene como ingredientes principales la sangre, el sudor y las lágrimas.
  • Los humanos son seres gregarios que desean destacar por encima de los demás y tienen miedo
  • Vemos la realidad del mundo a través de los anteojos de nuestras creencias.
  • Los asuntos de quienes reclaman demasiados derechos acaban saliendo torcidos.
  • El gran Confucio dijo que la serenidad es solo la corteza del árbol de la sabiduría, pero que sirve para preservar ésta. ¡Serenidad!, el Dorado de quienes poseen un espíritu agitado.
  • Las gentes han cambiado el confesionario por el diván del psicoanalista. El diván resulta mucho más caro, ahora bien, ¿resulta más eficiente?
  • Konrad Adenauer, el canciller del milagro alemán nos advirtió: En política solo hay enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido. Cayetana Álvarez de Toledo lo leyó y se previno.
  • Basta la agitación que produce un sueño para que toda nuestra actividad intelectiva y sentimental diurna dé un vuelco. El ser humano es una nave movida por los vientos del azar. De la solidez de su casco y del manejo del capitán depende que la nave recobre su rumbo.
  • Los franceses guillotinaron a su rey y a parte de la nobleza; también Cromwell hizo ejecutar al rey de Inglaterra; en España, en donde hemos tenido los peores reyes de Europa, apenas si nos excedimos de enviarlos al destierro. Quizá, a pesar de todo lo que dicen de nosotros, somos demasiado civilizados, o demasiado bobos.
  • ¿Qué es un filósofo? Algunos creen que es aquel que enrevesa de tal forma un dictamen que nadie se siente capaz o con ánimos de refutarlo.
  • Amo la filosofía y me irrita ver que dos tipos de filósofos siguen teniendo renombre: los que cultivan las vaguedades y los que confunden lo oscuro con lo profundo. Los dos tipos, usualmente, labran los mismos campos y obtienen la misma cosecha: paja sin grano.
  • La metáfora es el lenguaje del pensamiento y en la comunicación es el arte supremo para cercar la verdad y presentarla debelada al oyente.
  • En la vergüenza expresamos nuestras ansias de aparentar. En la compasión, el temor a estar nosotros en el lugar del compadecido.
  • Para que surgiera el homo sapiens fue necesario que la materia, la atmósfera, el clima y la geografía de los terremotos mostrasen ciertas singularidades en ciertos periodos de tiempo. A esa conspiración de elementos debemos nuestra existencia
  • Las utopías anarquistas, comunistas, socialistas coinciden en considerar que con abolir del mundo todo lo que no les gusta, la sociedad se arreglaría por sí sola. Eliminar todo cuanto les molesta y el mundo quedaría limpio, claro y cristalino: las gentes, los hechos, los asuntos, las circunstancias discurrirían a la medida de sus deseos, plácida y felizmente.
  • El horror hacia la pena de muerte es una suerte de compasión. Lo origina el temor a la reciprocidad de situaciones. El sujeto teme que en el futuro, en mágica reciprocidad, el condenado sea él; así que al defender la abolición  defiende su vida de los percances que pueda traer el futuro.
  • Todo individuo que se cree superior siente desprecio hacia quienes cree inferiores. Es una ley de nuestra naturaleza.
  • Todo individuo pequeño siente envidia hacia los grandes. También lo dicta nuestra naturaleza.
  • ¿QUÉ ES EL HOMBRE?: Sus sentimientos, deseos, instintos, pensamientos, pero también sus esperanzas, sus anhelos, sus miedos, sus creencias… Los filósofos han olvidado todo esto, y cuando hablan del hombre hablan de cosas etéreas
  • Todo fanatismo se basa en esta premisa: cuanto más fuerte es el odio y el resentimiento más seguro está el fanático de que su causa es justa. El odio enseguida hace aflorar creencias que lo justifican.

DIOS. EXISTENCIA Y CONSISTENCIA


¿Es la existencia de Dios una necesidad lógica? ¿Es el mundo una creación divina o es Dios una creación humana?
Tratar de demostrar la existencia de Dios ha sido un tema recurrente en el pensamiento occidental. Tal existencia resulta inextricable desde una óptica científica, por lo que tales esfuerzos parecen baldíos. En ese sentido, las “pruebas” más sólidas son las de san Agustín o santo Tomás de Aquino. En esencia, vienen a decir que todo tiene su causa y que, por lo tanto, ha de haber un dios causante del mundo. Otras “pruebas”, aún más antiguas, hacen referencia a la necesidad de que exista lo perfecto o que exista el ser omnipotente y omnipresente… En cualquier caso, Dios ha existido en la mente y en el corazón de las gentes desde que comenzó la singladura humana.
También se ha echado mano de los milagros para probar su existencia. Tales supuestos milagros probarían la existencia divina, alegaron históricamente muchos fervorosos creyentes. Sin embargo, los no creyentes apelan a la lógica de que lo inexplicable no tiene por qué ser milagroso, que solo pone de relevancia carencias en nuestros conocimientos, o, simplemente califican a los milagros como engaño.
Un razonamiento encuadrado en el marco causativo es el siguiente: «Si todo está en movimiento, alguien lo ha debido poner en marcha» (lo cual nos lleva a un bucle regresivo y reiterativo: ¿quién puso en marcha ese alguien que lo ha puesto en marcha?), que alude a la existencia de un relojero que alguna vez hubo de poner el reloj en funcionamiento. Cierto es que se puede objetar: «¡y si siempre ha estado el reloj en marcha!», es decir, «¡y si no es necesario el relojero!», o dicho de otro modo, «¡y si el reloj y el relojero son lo mismo!». La Ciencia, con no muchas excepciones, se ha puesto siempre al lado de esta posibilidad. Spinoza, Newton, Einstein, fueron partidarios de considerar la obra y manifestación del mundo como el dios mismo. El reloj es también el relojero. Tal afirma el panteísmo, que proclama la identidad sustancial entre Dios y el mundo.
Pero el panteísmo tampoco explica gran cosa, pues tan solo «considera sobrenatural el conjunto de lo natural». No nos dice si hay atributos divinos, ni si hubo un comienzo, ni tan siquiera si existe una finalidad… Quienes entienden que la cuestión es de solución imposible, quienes creen que no se puede probar la existencia ni la inexistencia divina; toman el camino más corto y “evidente”, la solución menos engorrosa, la de reconocer a Dios en la cara del mundo. Pero este Dios del panteísmo es no-religioso, aunque se le considere sobrenatural en el sentido de estar por encima de nuestros supuestos y conocimientos.
La opción religiosa, en cambio, es la de un dios antropomorfo. En el Génesis se nos dice que Dios nos hizo a su imagen y semejanza (aunque siento más probable que hayamos sido nosotros quienes hayamos hecho un dios a nuestra imagen y semejanza). La consistencia de tal Dios —con tales humanos hechos a su imagen y semejanza— es grande, tanto que desde una antigüedad muy remota la tomaron para sí un gran número de religiones. Esto es, que el hombre es una creación especial y singular en todo el Universo, una creación dotada de alma, y que el alma es, por esencia, una parte divina. Así lo aseveran las principales religiones de Oriente y Occidente. Lo cual conduce a aseverar que: Dios nos hizo semejantes a él porque somos una parte suya. Por tales razones, el alma, esa parte divina, ha sido siempre base de las especulaciones acerca de la divinidad, aunque difieran en cuanto a las circunstancias de la unión y encuentro entre alma y materia, entre alma y cuerpo.
Por mi parte, mirando el bosque desde fuera y desde lejos —desde mi agnosticismo—para poder ver el árbol, creo que el valor de Dios (de que Dios exista) no se encuentra en las explicaciones lógicas acerca de su existencia o de su esencia, sino en los sentires y satisfacciones que proporciona creer que existe, de los beneficios de creer en su existencia. Ahora bien, Dios es también un producto que los hombres manejan, por lo que es fácil que se provoquen catástrofes en su nombre. La influencia de la religión y, por tanto, de creer en Dios (en un ser divino adornado de poderes y cualidades supremas que puede operar sobre el colectivo y sobre el individuo de manera separada e independiente) ha sido siempre de gran importancia en el discurrir del hombre. La religión puede utilizarse para crear una sociedad servil, para establecer un aprisco religioso obediente y temeroso, subordinado a unos pocos. Tal ha sido su principal cometido a lo largo de la historia. Ahora bien, para el individuo —y me refiero al sujeto que es capaz de pensar y juzgar y sentir por su cuenta y riesgo—, Dios puede ser la figura de un amigo íntimo, puede ser un consuelo para el penar diario, puede ser —siguiendo el ejemplo de Jesucristo—una figura de bondad y justicia, puede reportar un gran bien a tales individuos. Cierto es que un grupo religioso bien comandado y dirigido también puede aportar a sus miembros los dones dichos en el caso del individuo. Para ello resulta necesario que esos dirigentes, los llamados mediadores de la divinidad, o, dicho con claridad, las élites eclesiásticas, no estén sujetas a grupos de poder o riqueza ni que ellas mismas los ambicionen (exigencia harto difícil, lo sé). Porque otro papel clásico de las religiones ha sido la construcción moral de una sociedad, y ahora que se están intentando destruir todos los valores y que el engaño, la mentira, el fraude, la locura, se erigen como modelos de comportamiento, ahora, digo, una moral firme, segura, es más necesaria que nunca.

En estos tiempos tan revueltos, donde la agitación de los espíritus está produciendo extrañas formas de locura, tal vez sea necesario un firme timón, o, tal como hizo Ulises, tal vez necesitemos de un palo mayor al que atarnos ante el embate de enloquecedores cantos de sirena y de la furia de destructores vientos. Tal vez, en esta extraña odisea a que nos conduce el mundo moderno, aquel monstruoso remolino, Caribdis —que Ulises sorteó con quebranto de sus naves—, venga bien representado por la agitación de las redes sociales que tratan de destruir toda embarcación que cruza por el estrecho de la Discrepancia. Desde una posición agnóstica, digo, una moral religiosa puede ser una tabla de salvación, un hito por el que guiarse por la singladura de la vida.
Ahí, también, la figura de un Dios puede resultar muy beneficiosa.

EMPODERAMIENTO FEMENINO Y SOCIEDAD BONOBO

Las sociedades occidentales están experimentando un programa de acción política y cultural que tiene como uno de sus principales propósitos al llamado empoderamiento femenino, considerando que feminizar a los hombres es requisito para alcanzarlo. Feminizar a un varón posee aquí un significado semejante a domesticarlo; y nuestra especie tiene experiencia de milenios en la domesticación. A partir del lobo y mediante cruce y selección, han aparecido todas las razas de perros existentes. También ha sido empleado el mismo método para domesticar al zorro. No digo que la selección del macho no esté siendo relevante a ese propósito de feminización (el macho humano rudo y violento está siendo rechazado para la procreación), pero, en gran medida, se está llevando a cabo culturalmente, eso sí, empleando métodos punitivos para convencer al renuente.

Se pretende que las sociedades así «educadas» sean matriarcales, que en ellas el dominio corresponda a la mujer. Ni que decir tiene que tal conversión representa una gigantesca revolución para nuestras sociedades, una de las más grandes y profundas producidas a lo largo de la historia. Para atisbar un poco las características y dimensiones que tendrá, si se lleva a buen término, echemos un vistazo a dos grupos de primates que guardan con nosotros una gran similitud en el comportamiento social.

El chimpancé común vive al norte del río Congo, mientras que el llamado chimpancé enano o bonobo vive en la ribera sur. Hace aproximadamente 2 millones de años sus ancestros comunes quedaron separados a un lado y a otro del río, produciéndose un aislamiento reproductivo que ha llevado a dos especies distintas (aunque, en cierto grado, parece ser que hubo algún intercambio genético entre ellas tras su separación)

Con los chimpancés comunes nuestras semejanzas son enormes: establecen una relación jerárquica de dominio; atacan a los extraños; cometen infanticidios y se anexionan el territorio de otros machos a los que matan;  cooperan en la caza y en la guerra; establecen alianzas políticas para desplazar del poder a un individuo o a otro grupo dominante; tienen una necesidad parecida a la nuestra de mantener relaciones sociales; las hembras se encargan del cuidado de las crías; machos y hembras suelen jugar en grupos integrados por individuos del mismo sexo —los machos juegan a pelearse mientras que los juegos de las hembras suelen ser más sociales y relacionados con el cuidado de las crías, tal cual los juegos de niños y niñas en la hora del recreo escolar. El miedo, la ira, el afecto, el contacto físico, la tristeza parecen sentirlas de manera semejante a como las sentimos nosotros; y emociones e instintos parecidos a los nuestros son la base principal de su conducta.

La sociedad bonobo es bastante distinta. Sus hembras establecen entre ellas fuertes lazos sociales; se coaligan contra los machos que les molestan; practican el sexo entre ellas con más frecuencia que con los machos, lo que les sirve para reforzar las relaciones sociales y mitigar las desavenencias; hacen uso de un amplio repertorio de caricias sexuales y pueden formar muchas parejas a lo largo de su vida; en ocasiones intercambian sexo por comida con los machos; apenas hay conflictos entre grupos de bonobos; son emocionalmente más estables que los chimpancés comunes; las alianzas entre hembras ejercen el dominio social; no compiten por comida; los bebés bonobos son más creativos que los bebés chimpancés en los juegos; las hembras bonobo aleccionan, guían y cuidan de que sus hijos macho practiquen el sexo adecuadamente para la reproducción…

Comparando unos comportamientos y otros, bien se puede decir que la feminización de los hombres que hemos nombrado consistirá en transformar el comportamiento de la sociedad del chimpancé común al de la sociedad bonobo. Esto es, crear una sociedad humana ‘bonobo’. En ese sentido creo que van los cambios de valores que la sociedad occidental está llevando a cabo:

—Identidad ideológica y de género (fuera referencias identitarias con nación, biología, héroes, historia, religión).

—Leyes discriminatorias en favor de la mujer.

—Matriarcado y empoderamiento femenino.

—Contra la violencia y la guerra.

—Contra la monogamia y la familia.

—Eliminar la competición social.

—Ataque y linchamiento contra los hombres renuentes al cambio.

—Nueva religión de la Madre Tierra y del Cambio Climático.

—Equiparación forzosa de hombres y mujeres en todos los ámbitos de la sociedad

—Preponderancia de lo cultural femenino sobre lo biológico.

….

Me pregunto: ¿Seremos desde ahora bonobos después de miles de años de ejercer de chimpancés comunes?, ¿tiene la cultura en nuestro comportamiento preponderancia sobre la biología? Me gustaría saberlo.

De Sartre, Borges y Nietzsche

SARTRE

Sartre se esmeró con ahínco en engañar al público europeo para salvar el comunismo. Aseguró que en la URSS existía una absoluta libertad de prensa; alabó a Mao y a Stalin; persiguió con fiereza a todos los intelectuales franceses que se desviaron de la ortodoxia comunista (entre ellos, Albert Camus, Arthur Koestler y Simon Leys). Sartre es uno de los intelectuales del siglo XX que atacaron las democracias occidentales —donde ellos gozaban de total libertad, de una buena posición económica y del aplauso social— y defendieron las inmensas prisiones en que se habían convertido China y la URSS. Bien es cierto que Sartre era bajito, feo y tuerto —una bolita de piel y tinta, tal como le tildaba Simone de Beauvoir, además de insinuar que era impotente—, así que, sintiéndose superior intelectualmente, su resentimiento era inmenso. Un resentimiento que vertió sobre Occidente. ¡Y no hablemos de Althusser, visitante asiduo de psiquiátricos, que terminó asesinando a su mujer!¡Qué gran ejemplo hubiera dado toda esa intelectualidad, incluyendo a Pablo Picasso, yéndose a vivir un par de años a su ‘paraíso’ soviético o chino!

BORGES. NIETSZCHE

Para trazar su ficción, los escritores toman como modelos a gentes con quienes han socializado o cuyos caracteres y vivencias son harto conocidas por el público, lo cual no quita que todos los relatos literarios posean un fuerte componente biográfico. Algunos van más allá y en alguna de sus obras literarias o de pensamiento presentan un héroe en cuyos rasgos descubrimos al autor mismo. Esos personajes representan lo que el escritor hubiera querido ser en esta vida, juegan el papel que les hubiera gustado jugar y no el que han jugado.

Borges, un hombre necesitado de amparo, que vivía entre tinieblas, quiso ser un pendenciero en la pampa argentina y, en el Sur —un relato mitad autobiográfico mitad ficción— dibujó el contraste entre la realidad de su vida y su vida anhelada. El contraste entre un hombre de biblioteca, medio ciego, desmañado, asustadizo, y un hombre de pendencia y acción.

Nietzsche abogó por el hombre altivo, fuerte, despiadado, instintivo…, aristocrático, pero el fue un hombre asustado, temeroso, necesitado de afecto y protección. En carta a Franz Overbeck de diciembre de 1985, se humilla sin rubor alguno ante su amigo: «Por eso necesito que la gente se ocupe de mí. Lo poco práctico de mi naturaleza, la semi ceguera y, por otra parte, el carácter temeroso, desamparado, desanimado, que es consecuencia de mi salud, me suelen atar a situaciones que casi me matan».

Parece ser usual y propio de la naturaleza de los escritores, expresar en la escritura la satisfacción de sus deseos más íntimos, aquellos que no pueden satisfacer en su vida real. Tal acción se enmarca dentro de otra más general: mediante la escritura se evade uno de la realidad que le lastima. Esto es: escribir es un sucedáneo del vivir.

CREENCIAS QUE IMPIDEN EL PROGRESO

Debido a la acción de ciertas creencias en la sociedad, surgen y declinan civilizaciones, se impide el progreso, y la organización y el orden social se mantienen inalterados durante siglos. Vemos algunos ejemplos de declinación y de inalterabilidad del orden social. La historia presenta ejemplos bien contundentes al respecto. La doctrina de Mahoma inspiró creencias y formas de entender la vida que pronto produjeron una rica cultura y una floreciente civilización hasta el siglo XI. La numeración arábiga, las fracciones decimales, operaciones con radicales y potencias, conceptos de velocidad, aceleración, clepsidras para medir el tiempo, el uso de la brújula para la navegación, la óptica… Produjo grandes pensadores como Omar Kayyam, Al-Khawarizmi, Al-Khazín, Al-Biruni, Averroes, Al-Gazeli…Sin embargo, en el siglo XI triunfó la interpretación moral más rígida del islam y la cultura y la civilización islámica declinaron hasta desaparecer de ella todo signo de progreso. Fue borrada la libertad de criterio para interpretar El Corán y los hadiths del profeta, así que la fuerza creativa del mundo musulmán desapareció.

Han existido numerosas sociedades cuyas creencias dominantes han sido la causa de su mantenimiento en hibernación cultural, económica y social. Gran parte de los pueblos de África y Asia han pasado siglos aferrados a costumbres y religiones que obstaculizaron cualquier progreso material. No fue hasta que tomaron contacto con europeos que sus élites, con mucha dificultad, promovieron cambios en la organización social y en los modos de vida. Pero los ejemplos más claros de inalterabilidad social son las sociedades teocráticas, en donde la autoridad emana de Dios y la acción de gobierno está muy influida por la clase sacerdotal.

El Egipto de los faraones mantuvo inalterados durante 1500 años su orden y su esquema social. También la sociedad Amish y otros grupos menonitas pueden ser considerados teocráticos y permanecen en formas de vida arcaicas. Si mudamos a Dios por el Comunismo y a la clase sacerdotal por las élites del partido, también han sido teocráticas la URSS y la China de Mao. La Iglesia Católica misma, durante buena parte de la Edad Media imprimió en la sociedad europea todos los caracteres de una sociedad teocrática. La prohibición de la usura y el comercio por parte de la Iglesia evitaron que Europa progresara mucho más rápidamente y prolongaron la Edad Media varios siglos. La prohibición del mercantilismo hundió a la URSS en la miseria.

Una creencia paralizadora muy extendida por Iberoamérica es la que considera culpables de todos sus males a España y Norteamérica, lo que los lleva a un estado de permanente inacción, a actuar de plañideras y a lamerse las heridas sin poner remedio alguno. En ese lamento viven paralizados hasta el extremo de que ninguna consideración de futuro parece importarles. Su vitalidad no se dirige a elaborar proyectos para el porvenir sino a quejarse del pasado y a culpabilizar a los demás de sus desgracias. La plañidera de este tipo vive de relamerse sus heridas y de aparecer como víctima ante los demás, y, claro está, de declarar a otros culpables de sus desgracias y concitar odio contra ellos.

Eduardo Galeano, Gabriel García Márquez, Pablo Milanés…, lanzan la sangrante idea de que «España y Norteamérica se han enriquecido a nuestra costa y son la causa de nuestra pobreza». La simplona y malintencionada idea lanzada en Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, incita a regocijarse en lamerse las propias heridas antes que a intentar suturarlas. No se quiere recobrar la vitalidad, no se quieren cerrar las heridas, resulta más gozoso mostrarlas y añadir a ellas tintes rojos y señalar culpables y concitar odios, «mirad, aquí podéis ver lo que me hicieron estos o aquellos malditos, pobre de mí, mirad como sangran mis heridas». Tan gozoso resulta que se detiene cualquier propuesta de cura. Pero ya se sabe hacia dónde conduce tanto llanto y tanto victimismo: hacia Cuba y Venezuela. Se mantiene, también, en buena parte de la izquierda un sistema de mantras que están en el origen de la declinación de las sociedades donde se imponen.

  • Repartiendo las riquezas de los que más poseen, todos seríamos más ricos y viviríamos mejor
  • El dinero público se puede gastar a manos llenas porque no es de nadie.
  • El comunismo es un sistema social maravilloso que ha sido aplicado incorrectamente

No se puede negar que algunas creencias son mortíferas.

EL NOMBRE Y LA PALABRA

“Quien sabe el nombre de una cosa la posee”, reza un antiguo adagio. De esa magnífica intuición fueron partícipes casi todos los pueblos de la antigüedad. Los egipcios y los mesopotámicos tenían, además del nombre de uso común, un nombre oculto. Entrar en el conocimiento de ese “otro” nombre facultaba el poseer su alma y voluntad. También los gnósticos tenían que dar fe de su nombre secreto —escrito en su abraxas— en el momento de traspasar los límites de los cielos guardados por los arcontes. El gran Ibn Arabi, el mayor maestro del sufismo (murciano de nacimiento), otorga 100 nombres al altísimo; de 99 de ellos da cuenta, atribuyéndoles diversas manifestaciones divinas, pero el nombre número 100 es ignoto para la humanidad. El humano que consiguiera saber tal nombre se haría igual a Dios.

Hay razones neurológicas para afirmar que quien sabe nombrar una cosa la posee cognitivamente. Pondré un ejemplo: aunque me enamora la música clásica, no puedo “conocerla” (no puedo siquiera recordarla) porque no sé distinguir un adagio de un allegro, un “la” de un “si bemol”, un acorde de otro, un compás de otro, el “do” de un violín del “do” de una flauta… El día que consiga ese conocimiento, seré capaz de rememorar una frase musical, de estudiarla, de recrearme en ella, de extenderla… seré capaz de nombrarla. El nombrarla con propiedad es conceptualizarla, es decir, es ponerle una etiqueta que hace de enlace con conexiones neuronales de los conceptos relacionados con la cosa, es adquirir un gran conocimiento sobre lo nombrado. Así que, en ese sentido, nombrar una cosa es entrar en su conocimiento; es, más que una cuestión lingüística o prosódica, una cuestión cognitiva.

En un párrafo de Heidegger se menciona a la poesía como la fundación del ser por la palabra de la boca… Dicha función creadora de la palabra no es novedosa. Es otra magnífica intuición que aparece en el Génesis, en la mitología griega, egipcia, sumeria y en gran número de mitologías de todo el orbe. Algunos libros, como el Corán o el Talmut, no es que representen la palabra divina, es que son la palabra divina; no es que solo sean la palabra divina, es que son la divinidad. De ahí el empeño de toda una vida de los cabalistas (también ciertas ramas sunníes y shiies, así como el judaísmo en su conjunto) en descifrar el sentido oculto de la palabra divina, de ahí que rastreen el talmut o el corán del derecho y del revés, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, en diagonal y en vertical, alternando las letras, configurando ecuaciones numéricas con el valor de sus números… buscan poseer el poder creador de la palabra.

¿Por qué desde muy antiguo se ha otorgado ese poder creador a la palabra? Creo intuir alguna explicación de orden neurológico. Existe un mecanismo neural que “almacena” las palabras en el cerebro en relación a su tono, a su prosodia, a su semántica, a su semejanza fonética con otras palabras, a la semejanza de forma del objeto o función que designa, a las categorizaciones a las que pertenece dicha palabra. De esa concatenación casi infinita surge el poder creador de la palabra. Ésta no sólo sirve para articular el pensamiento, sino que evoca a borbotones el pensamiento. Pongámonos delante de una cuartilla en blanco. No sabemos qué escribir. Pongamos una palabra, una frase, una idea. Inmediatamente (de resultas de esa concatenación neural) nos surgirán nuevas palabras, nuevas ideas; el pensamiento empezará a bullir hasta no darnos de sí la mano para responder a todo cuanto nos surge en el pensamiento. Pero no es la conciencia quien dicta, no es la fría razón quien dicta, sino su subterráneo, el subconsciente. Las palabras, las frases, las ideas surgen sin consciencia de su emergencia. A este respecto quiero nombrar el síndrome de Marcel Proust. En Busca del Tiempo Perdido es quizá la mayor obra literaria del siglo XX. Proust escribió sus siete volúmenes a los cuarenta y tantos años, mucho tiempo después de que hubieran sucedido los hechos que narra. Escribe tumbado en la cama. Su método de trabajo consiste en empezar tomando unas magdalenas con té. Al olor de éstas, revive pormenorizadamente, vívidamente, los sucesos más minuciosos de su vida pasada. Quien haya leído su obra sabrá que no exagero, que en la descripción de un cuadro, de una frase musical escuchada muchos años antes, en la descripción del porte de monsieur de Charlus, en la perfidia que creía adivinar en Albertina o en los celos que ésta le causaba,  era detallista hasta lo microscópico. Una vez puesta la primera palabra en su pluma, un torrente de ellas acudía sin cesar.

Las palabras, por su organización neural, evocan el pensamiento, germinan otras palabras, otras ideas, otros pensamientos. Son articuladoras y creadoras de pensamiento.

No era gratuita la magnífica intuición de los antiguos.

POR EL BIEN DE LA HUMANIDAD

Los mesías  rojos se anuncian con un cartel que destaca en grandes letras  su amor por la humanidad. Solo hay que mirar la bibliografía al uso sobre la revolución bolchevique o la revolución cubana para percatarnos de ello. Lenin, Che Guevara y Fidel Castro levantan todavía olas de admiración en sus correligionarios, pero si se escarba un poco en sus hechos aparecen muchos, muchísimos, cadáveres. También los apóstoles rojos dicen actuar por amor a la humanidad, clamando en muchos casos por obligar a las gentes a “ser felices”. Expongo un ejemplo de apostolado.

Herbert Marcuse tuvo un reconocimiento grandioso durante los años 50 y 60 del siglo XX, gracias principalmente a dos de sus libros: Eros y civilización, y El hombre unidimensional. Posteriormente fue perdiendo importancia entre sus correligionarios marxistas. Sin embargo, no se puede negar que en sus escritos están prefiguradas gran parte de las ideas  con que se han conformado la ideología marxista-feminista-ecologista que hoy en día impera en Occidente. Marcuse clama en favor de los animales, del ecologismo, de Marx («…negativa a la rudeza, a la brutalidad y al espíritu gregario; aceptación del temor y la debilidad; reducción de la población futura»)

y de quienes jugarían el papel de proletarios (a quienes acusaba de haber perdido su negatividad), («…los proscritos y los extraños, los explotados y los perseguidos de otras razas y otros colores, los parados y los que no pueden ser empleados»).

Pero lo que me interesa resaltar ahora es su papel de salvador de la humanidad. Estas son algunas de sus recomendaciones sociales para cuando llegue el día esperado de la Liberación:

(«Quitarles las diversiones para que estallen: …la mera supresión de todo tipo de anuncios y de todos los medios adoctrinadores de información y diversión sumergiría al individuo en un vacío traumático…» …  «el no funcionamiento de la televisión y de los medios similares podría empezar a lograr, así, lo que las contradicciones inherentes del capitalismo no logran: la desintegración del sistema.»

«Ellos deben ser “obligados a ser libres”, a “ver los objetos como son y algunas veces como deberían ser”, se les debe enseñar el “buen camino” que están buscando».)

Marcuse es uno de tantos que proclama odio hacia todo el mundo en nombre de la humanidad.

Plantemos cara a la siguiente cuestión: ¿Por qué los grandes líde­res revolucionarios y todos cuantos ejercieron el terrorismo de izquierdas durante los siglos XIX y XX procla­maban a los cuatro vientos su beatífica intención de salvar a la humanidad de opresiones e injusticias de toda índole en vez de procurar exclusivamente por sí mismos y, en todo caso, en vez de procurar primeramente por el bienestar de sus allegados?

Rousseau clamaba por una educación infantil basada en la comprensión y el cariño, pero entregó a la inclusa a sus cinco hijos. Marx predicó la liberación del proletario de la penuria en la que estaba sumido, pero tres de sus cinco hijos murieron por las condicio­nes de miseria en que vivían, mientras su padre derrochaba la fortuna de su esposa en aprovisionar de armas a revolucionarios, mientras esquilmaba económicamente a sus amigos y se negaba a realizar trabajo alguno que proporcionara sustento a su familia. Lenin vivió gran parte de su vida a costa del dinero de su madre y luego del dinero que recibió de los alemanes para que rindiera las tropas rusas; y mientras arengaba a sus camaradas con discursos de salvación del proletariado, dejaba morir de hambre a millo­nes de rusos y ucranianos, o bien los fusilaba. Robespierre, en cambio, se declaró ene­migo de la pena de muerte, eso sí, antes de llegar al poder, a partir de entonces se mostró partidario de guillotinar a la mitad de los franceses. Otro salvador de la humanidad fue Che Guevara, quien pretendió hacer de todo revoluciona­rio una máquina de matar cargada de odio. Pol Pot, en cambio, era muy selectivo, pensó que solo los campesinos merecían ser liberados, así que arrasó las ciudades y a sus habitantes[1]. Si levantamos la máscara de la bella apariencia, del altruismo y la bondad hacia los desconocidos, aparece debajo la carne viva, la cruda realidad del personaje: una gran indiferencia hacia los cercanos, hacia los de la misma sangre. Un supuesto amor a la humanidad, por un lado, y, por el otro, un egoísmo extremo palpitando en la indiferencia que muestran para con los suyos. La máscara ideológica y lo que ésta esconde.

Tal impostura se puede entender como una estrategia —consciente o no—tendente a negar la maldad de los propios actos, propósitos y sentimientos, auto justificándose con una máscara de bondad. Un examen atento a sus actos y a sus propósitos delata en todos ellos  un odio inmenso a la humanidad. Ya que recono­cer tal odio les podría crear sentimientos de culpa, se convencen de que cometen sus crímenes por amor. Los seres humanos tenemos un arte especial para auto justificarnos. Quien haya leído la vida de esos personajes sabe que eran movidos por ambición de poder y por odio –las ideologías se encargan de ocultar esto—no por amor a la humanidad. Pero, en cambio, se convencen de actuar por amor, y su ideología es un buen disfraz para ello. Se dicen a sí mismos: me pro­pongo liberar a los pobres de la Tierra, así que tengo derecho a acabar con todos cuantos se opongan a mi beatífico proyecto. Así justifican sus crímenes. A su odio y a la utilización de los deshereda­dos de la Tierra para sus propósitos de poder y grandeza lo llaman amor a la humanidad, de ese modo ocultan su odio a la humanidad.

Otro día tocará hablar de los grandes multimillonarios, tipo Bill Gates o Soros, que pretenden salvar a la humanidad reduciendo la población mundial y empobreciéndonos a todos. También de los ecologistas, que pretenden salvar el planeta acabando con la especie humana. Por último, un consejo: si te hablan de salvar a la humanidad, al planeta, a los animales, a la patria, a la nación catalana…,  huye rápido de ellos.


[1] Un extraño amor a la humanidad demostró tener el filósofo Foucault, que veía cárceles hasta en las miradas y que abogaba a favor de asesinos comunes, pero alabó al Irán de los Ayatolas y rindió pleitesía a Mao, El Gran Timonel, bajo cuyo mandato murieron de hambre y fusilamientos más de cuarenta millones de chinos.

OCURRENCIAS DISPERSAS

La rueda del mundo

Mil años estuvieron los cristianos esperando la «inminente» llegada del fin del mundo acompañada del juicio final.  Tal era su gran esperanza para escapar de este valle de lágrimas. Cincuenta años llevan los miembros de la Iglesia del Cambio Climático esperando el apocalipsis climático que nos destruirá. Cambian las circunstancias, pero no cambian las respuestas. Con esperanzas y amenazas se dirige el rebaño.

Saltos frustrados

Los antiguos griegos y los musulmanes de los primeros siglos del islam estuvieron a punto de conseguir un salto tecnológico que en la realidad tardaría muchos siglos en producirse. La aversión al trabajo manual de los pensadores griegos impidió que su matemática se hiciese práctica y se encarnase en ciencia. A los musulmanes se lo impidió el triunfo en el siglo XI de la concepción religiosa más rígida.

Inventar problemas y agrandar mitos

Los políticos y los «vividores» son duchos en inventar problemas que les procuren buenos beneficios, aunque con ellos agobien o asfixien a la población. A cuenta de la violencia machista viven cientos de miles de feministas, aunque estadísticamente la violencia siga en sus trece de no aumentar. Aplíquese el mismo cuento al Cambio Climático, a la violencia infantil, al racismo y a un gran número de «problemas». En caso de que el problema esté perdiendo atención, los políticos y vividores ponen su foco en él y lo agrandan hasta el extremo de hacerlo aparecer como el mayor peligro de la humanidad.

Aburrimiento

Aseveró Bertrand Russell que el aburrimiento es causante de la mitad de las revoluciones y locuras que se producen en el mundo. Me viene al recuerdo aquella banda, «los cinco de Cambridge»,que espió desde Inglaterra para la URSS. De familias adineradas, incluso aristocrática en uno de los casos, eran buscadores de emociones fuertes con que aliviar su aburrimiento, creyeron que el espionaje les proporcionaría el remedio que buscaban.

Temor

Temo que, al igual que la utopía comunista trajo decenas de millones de muertos y pavor generalizado en los países donde se instauró, la utopía globalista de la convivencia pacífica y sin fronteras traerá el fin de la civilización en Europa tal como la entendemos, y vendrá acompañada de una gran catástrofe social. De buenas intenciones está embaldosado el infierno.

Creencias

Hay una predisposición en el hombre a creer en una entidad superior, perfecta y justa, a la que someterse y a la que entregar la vida en sacrificio. La entidad puede reconocerse como un dios o como una idea, como una religión o como una ideología, como Yahvé, Alá, el planeta Tierra o el comunismo. En esas entidades se busca protección y justicia, y se mantienen enraizadas en el marco de las creencias populares desde hace miles de años, aunque el mundo sea ahora completamente distinto a como fue cuando cobraron plenitud. No hace muchos años que aún se practicaba en ciertas zonas rurales de Francia y España ceremonias de fertilidad al lado de megalitos prehistóricos; y la actual expresión religiosa hacia vírgenes y santos apenas tiene diferencias de matiz con la que se daba miles de años atrás para con dioses y diosas de la fertilidad. ¡Y qué decir de las ceremonias que giran alrededor del Cambio Climático!

Metafísica e idealismo

Una parte de la filosofía camina frecuentemente por esos caminos como buscadores de oro, incapaces de encontrar una sola pepita dorada de certeza. Finalmente, pintan de amarillo un guijarro y lanzan al vuelo campanadas de triunfo. Enseguida acuden miles de daltónicos a seguir profundizando en el filón.

LA TECNOLOGÍA QUE SE NOS VIENE ENCIMA

La tecnología es conocimiento aplicado a la creación de una máquina para producir una cierta labor de manera eficiente, así que, como sucede con el conocimiento en general, del empleo que se le dé dependerá el provecho o el perjuicio que producirá. Por ejemplo, la energía nuclear nos puede proporcionar incontables beneficios o nos puede destruir.

La revolución tecnológica venida de la mano de Internet (al poner a competir a billones de mentes pensantes que intercambian sus conocimientos) posibilita la conversión en científico de lo que hasta ayer mismo era considerado mágico. Ya somos capaces de volar, de ver imágenes que se producen a millones a kilómetros de distancia, de controlar la conducta y las sensaciones humanas mediante un chip implantado en el cerebro, de clonarnos, de poner en órbita estelar un ojo que vigile nuestros más mínimos movimientos, de regenerar partes del cuerpo que se han lesionado, incluso de crear máquinas más inteligentes que nosotros mismos. El desarrollo de la mecánica cuántica, del ordenador cuántico, la manipulación del ADN, la epigenética, la biología sintética…van a hacer girar en pocos años la faz de lo imposible.

Algunos de los proyectos que ya se han llevado a cabo con éxito o que están en marcha son estos: conservar vivo un cerebro desconectado del cuerpo (Hay un hermoso cuento de Roald Dahl —el autor de Matilda y de La fábrica de chocolate— titulado William and Mary, en el que se lleva a cabo tal proyecto); clonar digitalmente un cerebro; la llamada Inteligencia Artificial… Otros, como la teletransportación cuántica de materia y los viajes en el tiempo, no me cabe duda de que el futuro los hará factibles.

Éstas son algunas de las ventajas que pueden proporcionar las nuevas tecnologías:

—Mejorar, reparar, ampliar, reemplazar las extremidades y órganos de nuestro cuerpo.

Leer los procesos mentales que tienen lugar en el cerebro.

—Guardar copias digitalizadas de todo un cerebro o de ciertos pensamientos

—Controlar digitalmente el funcionamiento cerebral.

—Alargar nuestra vida.

—Mantenernos sanos en todo momento.

—Vivir eternamente.

—Construir robots mitad biológico-mitad máquina

—Sustituir en las pantallas del cine o de televisión a los actores por modelos biométricos suyos, a los que se puede rejuvenecer o envejecer a voluntad mediante la Inteligencia Artificial generativa.

—Construir edificios mediante gigantescas impresoras 3D

—…

Ya se ha señalado que la bondad o iniquidad de una tecnología depende del uso que se la dé, pero hay una sobre cuyo uso se debería ejercer un control férreo. Es la IA. El peligro que puede acarrear para la supervivencia de la especie humana el uso de la Inteligencia Artificial es inmenso. Definida en un sentido amplio, es un sistema que posee una ingente cantidad de datos y de conocimientos relacionados, y que estaría diseñado y pensado para aprender por sí mismo (él mismo podría añadir o modificar su software y su hardware). En cada interacción con el entorno (en cada experiencia) ampliará sus conocimientos, predicciones, formulaciones y respuestas. ¿El peligro? Imaginemos que se le pone al frente de diversos sistemas de producción y control, de sistemas de información, de armas nucleares, de ordenadores cuánticos, de control de masas, de armas bacteriológicas…Si consiguiese hacerse con el control de sí mismo, y parece que su capacidad de aprendizaje le facultaría para ello, ¿quién podría oponerse a sus designios?, ¿quién podrá oponerse a que destruya la especie humana o que la esclavice?

Este Lucifer en potencia me recuerda al célebre GOLEM.  En la novela del mismo nombre, escrita por Gustav Meyrink, se dice que un rabino creó —según los métodos de la Cábala— un hombre artificial, el Golem. Cobraba vida gracias a la influencia de una hoja mágica que el rabino ponía entre sus dientes. Una noche el rabino olvidó quitársela y el Golem salió a la calle destrozando todo a su paso. El rabino destruyó la hoja y la criatura cayó sin vida. (¿No les recuerda a la retirada de un dispositivo que controle, el programa, para parar las secuencias que efectúa el ordenador?). Borges relata una leyenda ligeramente distinta: el rabino insufla al Golem vida cabalística escribiendo en su frente de barro la palabra hebrea EMET (verdad); cuando la criatura se subleva, el rabino le engaña acercándose a él para soplar en su frente, así borró la primera letra, la E, quedando la palabra MET (muerte), y el Golem se redujo a polvo. (¿Borrar una línea de su programa?)

En cualquier caso, la especie humana tal como la conocemos parece tener los días contados. Aquella ocurrencia de Hegel, «todo lo razonable es real» —sobre la que sus adoradores andan todavía indagando y adorando su misterio—, tiene mucho más sentido reformularla así: «todo lo imaginable es realizable». En otras palabras, nos estamos convirtiendo en dioses. Pero tal hecho podría no ser otra cosa que mera ilusión. Tal vez no seamos sino ceros y unos dentro una máquina, tal como plantea Souglas Hofstadter en The Mind’s Eye; o tal vez solo seamos el sueño de un dios o de alguien que, a su vez, es soñado por un dios, tal como, de manera sublime, nos cuenta Borges en su relato Las ruinas circulares.  

¡Vivir para ver!

SUELTOS DE ESPAÑA

En ocasiones las bufandas no se usan como abrigo, sino para envolver egos gigantescos y cerebros diminutos.

Del absurdo:

En España somos nos hemos convertido en campeones del absurdo. Con las nuevas leyes del gobierno Frankestein, resulta delito montar en un burro, matar un ratón conlleva años de cárcel si se mata con odio; se han proclamado 20 tipos de familia; tener un hijo mediante subrogación es un delito de lesa humanidad, abortar cuando se está a punto de parir es un derecho; a partir de 16 años, cuando todavía uno no puede votar ni tiene idea alguna de la vida, los menores podrán cambiar de sexo a su antojo, si tiene una edad comprendida entre 14 y 16, podrán hacerlo si vienen acompañados de sus padres, entre 12 y 14 necesitan autorización judicial.

El penúltimo absurdo: Baleares abre una oficina para dar atención psicológica y jurídica a las víctimas del franquismo. Ya me veo a López Obrador, presidente de Méjico, abriendo una oficina para dar esa misma atención a las víctimas de Hernan Cortés.

De los jóvenes ilusos:

Al igual que en los siglos X, XI y XII los jóvenes acudían a la llamada de la Cruzada para ofrecer su sangre por Cristo, apuesten a buen seguro que en nuestros días bastaría una información sesgada y repetitiva para que infinidad de jóvenes se lanzaran a la aventura de dar sus vidas por el planeta.

Prohibir

La nueva Iglesia del Planeta Agraviado emplea las prohibiciones como estrategia para tener domesticado el rebaño. ¡Prohibir, prohibir, prohibir!, ¡cientos de nuevas prohibiciones para que en cada instante de su rutina diaria el ciudadano sienta en su cogote el aliento de la nueva y terrible divinidad planetaria; una divinidad que es señora de plantas y animales y que nos amenaza y castiga por nuestros pecados ecológicos con seísmos, un mundo apocalíptico recalentado, con pestes y tsunamis. Esa divinidad nos exige dejar de consumir, dejar de viajar, dejar construir, dejar de poseer; en suma, ser pobres.

No hay promesa que nuestro presidente, Pedro Sánchez, no haya incumplido ni aseveración alguna en que no mienta.

En ocasiones, como es el caso de las reiteradas concesiones a Cataluña y al País Vasco, los actos de apaciguamiento solo consiguen envalentonar al que se pretende apaciguar.

Frases escogidas de Ortega y Gasset en La Rebelión de las masas:

  • Vaciado de su propia historia; sin entrañas de pasado; dócil a todas las disciplinas
  • Disponibilidad para fingir ser cualquier cosa
  • Existir es resistir, hincar los talones, oponerse a la corriente
  • La historia es la realidad del hombre
  • El estado de libertad resulta de una pluralidad de fuerzas que mutuamente se resisten
  • La disposición de los hombres, sea como soberanos sea como conciudadanos, a imponer a los demás como regla de conducta su opinión y sus gustos, se halla tan enérgicamente sustentada por algunos de los mejores y algunos de los peores sentimientos inherentes a la naturaleza humana, que casi nunca se contiene más que por faltarle poder.
  • Lengua sin la fina arista del razonamiento ni líricos tornasoles; es una lengua sin luz ni temperatura, sin evidencia y sin calor de alma.
  • Una vez la historia agonizó bajo el imperio homogéneo de la vulgaridad por haber desaparecido la fértil «variedad de situaciones»
  • Mi subsuelo; oscura labor subterránea de minero
  • Ser de izquierdas es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil; ambas, en efecto, son formas de hemiplejia moral.
  • Hoy las derechas prometen revoluciones y las izquierdas tiranías.
  • La política se apresura a apagar las luces para que todos los gatos resulten pardos.
  • Ponerse en traza abismática, vestirse la escafandra y descender a lo más profundo del hombre.
  • El soplo de un dios torvo y vengativo.
  • Rezuma sólo vagas filantropías.
  • El verdadero tesoro del hombre es el tesoro de sus errores, la larga experiencia vital decantada gota a gota en milenios. Por eso Nietzsche define al hombre superior como el ser «de la más larga memoria»
  • El hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás.
  • Boyas que van a la deriva.
  • Se advierte el progresivo triunfo de los seudointelectuales, incualificados, incalificables y descalificados por su propia contextura.
  • Cree la masa que tiene derecho a imponer y dar vigor de ley a sus tópicos de café.
  • Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera
  • La auténtica plenitud vital no consiste en la satisfacción del logro, en la arribada. Ya decía Cervantes que «el camino es siempre mejor que la posada»
  • Algunos deseos mueren de satisfacción, como muere el zángano afortunado después del vuelo nupcial
  • Toda vida es hallarse dentro de la circunstancia o mundo. Mundo es el repertorio de nuestras posibilidades vitales; representa lo que podemos ser; por tanto, nuestra potencia vital.
  • Con más medios, más saber, más técnicas que nunca, resulta que el mundo actual va como el más desdichado que haya habido: puramente a la deriva.
  • Permanecer alerta para poder oír la secreta germinación del futuro.
  • Nuestro mundo es la dimensión de fatalidad que integra nuestra vida. Las circunstancias son el dilema, siempre nuevo, ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter.
  • En el sufragio universal no deciden las masas, sino que su papel consiste en adherirse a la decisión de una u otra minoría.
  • Se gobierna por la urgencia del presente, no por cálculos del futuro
  • Mimar es no limitar los deseos, dar la impresión a un ser de que todo le está permitido y a nada está obligado. La criatura sometida a este régimen no tiene la experiencia de sus propios confines. Se acostumbra a no contar con los demás, sobre todo a no contar con nadie como superior a él. Creen que su papel se reduce a exigir perentoriamente, cual si tuviese derechos nativos.
  • El noble originario se obliga a sí mismo, y al noble hereditario le obliga la herencia.
  • Pero al creerse con derecho a tener una opinión sobre el asunto sin previo esfuerzo para forjárselo, manifiesta su ejemplar pertenencia al modo absurdo de ser hombre que he llamado masa rebelde. Eso es precisamente tener obliterada, hermética el alma.
  • El perspicaz ser sorprende a sí mismo siempre a dos dedos de ser tonto; por ello hace un esfuerzo para escapar a la inminente tontería, y en ese esfuerzo consiste la inteligencia. No hay modo de desalojar a un tonto de su tontería.
  • El tonto es vitalicio y sin poros. Por eso decía Anatole France que un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el malvado descansa algunas veces; el necio jamás
  • No hay discusión de la vida pública donde el hombra masa no intervenga, ciego y sordo como es, imponiendo sus «opiniones».
  • La idea es un jaque a la verdad.
  • Tener una idea es creer que se poseen las razones de ella, y es, por tanto, creer que existe una razón, un orbe de verdades inteligibles
  • La masa no desea la convivencia con lo que no es ella. Odia a muerte lo que no es ella.
  • Parecen toscos labriegos que con dedos gruesos y torpes quieren coger una aguja que está sobre la mesa. Se manejan, por ejemplo, los temas políticos y sociales con el instrumental de conceptos romos que sirvieron hace doscientos años para afrontar situaciones de hecho doscientas veces menos sutiles.
  • Necesitamos de la historia íntegra para ver si escapamos de ella, no para recaer en ella
  • El hombre vulgar, antes dirigido, ha resuelto gobernar el mundo. El contentamiento consigo mismo le lleva a encerrarse a toda instancia exterior, a no escuchar, a no poner en tela de juicio sus opiniones y a no contar con los demás.
  • Llega a proclamar como una virtud el no enterarse de cuanto quede fuera del angosto paisaje que especialmente cultiva, y llama diletantismo a la curiosidad por el conjunto del saber.
  • Cuando una realidad humana ha cumplido su historia, ha naufragado y ha muerto, las olas la escupen en las costas de la retórica, donde, cadáver, pervive largamente
  • En cualquier dificultad el hombre masa tenderá a exigir que inmediatamente lo asuma el Estado, que se encargue directamente de resolverlo con sus gigantescos e incontrastables medios.
  • El mando significa prepotencia de una opinión. La mayor parte de los hombres no tiene opinión, y es preciso que le venga de fuera a presión, como entra el lubrificante en las máquinas. Todo desplazamiento del poder, todo cambio de imperantes, es a la vez un cambio de opiniones y, consecuentemente, nada menos que un cambio de gravitación histórica.
  • Vida es lucha con las cosas para sostenerse entre ellas. Los conceptos son el plan estratégico que nos formamos para responder a su ataque.
  • Las juventudes, de puro sentirse libres, exentas de trabas, se sienten vacías.
  • Estos años asistimos al gigantesco espectáculo de innumerables vidas humanas que marchan perdidas en el laberinto de sí mismas por no tener a qué entregarse.
  • Porque la vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido. El hombre oculta esa terrible realidad con un telón fantasmagórico donde todo está muy claro. Le trae sin cuidado que sus ideas no sean verdaderas; las emplea como trincheras para defenderse de su vida, como aspavientos para ahuyentar la realidad.
  • La mayor parte de los hombres de ciencia se han dedicado a ella por terror a enfrentarse con su vida.
  • Sólo hay verdad en la existencia cuando sentimos sus actos como irrevocablemente necesarios.
  • Con tal de servir a algo que dé un sentido a la vida y huir del propio vacío existencial, no es difícil que el europeo se trague sus objeciones al comunismo, y ya que no por su sustancia, se sienta arrastrado por su gesto moral
  • Hay hombres, los cuales, por los temas en que habitualmente se ocupan, o por poseer almas sensibles como finos registradores sísmicos, reciben antes que los demás la visita del porvenir.
  • El hombre necesita un derecho dinámico, un derecho plástico y en movimiento capaz de acompañar a la historia en su metamorfosis.
  • Es el hontanar de una nueva fe. Pero no mana en medio de la alteración, sino en el recato del ensimismamiento
  • Durante un momento –el siglo XVI—en Holanda, el hombre más envidiado era el que poseía cierto raro tulipán. La fantasía humana, hostigada por ese instinto irreprimible de jerarquía, inventa siempre algún nuevo tema de desigualdad (p 258)
  • Ni la religión ni la moral dominan la vida social ni el corazón de la muchedumbre.
  • El poder social del dinero será tanto mayor cuantas más cosas haya que comprar.

Cinco ciegos, un sordo y cuatro farsantes

Cinco ciegos y un sordo

Asegura la leyenda que un ciego recorría la Hélade recitando las aventuras de Aquiles y Ulises. Éste de quien hablo, poeta, cantor, excelso narrador de avatares y maquinaciones de dioses y hombres, en suma, Homero, legó a las generaciones venideras dos de los grandes motivos de felicidad de los hombres, la Odisea y la Ilíada. La Historia nos recuerda otros ciegos que crearon obras maravillosas. John Milton, James Joyce y Borges son tres de los más relevantes. Sus mejores obras nacieron cuando ya habían perdido la vista o cuando las tinieblas les acechaban. El Paraíso perdido, de Milton, Finnegans Wake, de Joyce, y Ficciones, de Borges, quizás sus mejores obras, fueron escritas en una casi absoluta oscuridad.

Todas las obras mencionadas fueron obras capitales y revolucionarias. La literatura no será la misma después de ellas. Sin obviar la influencia ejercida por la dolorosa existencia que padecieron todos ellos, parece que la soledad, la introspección, el aislamiento que procura la ceguera, les hubiera habilitado para labrar un camino hacia la belleza. Como si al evitar que les entretuviera la visión de las cosas, sus voces interiores entrasen en agitación y sabiamente creasen una consistente y bella urdimbre. En apoyo  a esta interpretación acude la leyenda que habla de otro excelso griego, Demócrito de Abdera, quien se sacó los ojos para que la belleza del mundo no le distrajera.

Debo añadir un sordo a este listado de ciegos; al fin y al cabo tiene parangón perder la vista y perder el oído. El divino sordo al que me refiero no es otro que Beethoven, tras del cual, la música no sería ya la misma.

Me contaba mi abuelo el antiguo peregrinar de algunos invidentes por los pueblos de España. A cambio de unas monedas o de algún chusco de pan, esparcían con gracia y pedagogía las que se conocieron como Coplas del ciego. La ceguera parece ser un recipiente donde se adoban las palabras y se destilan los pensamientos. Tengo por seguro que muchos, a cambio de obtener gracia artística, ofrecerían gustosos su vista…, esa gracia que los ciegos y el sordo nombrados adquirieron.

Cuatro farsantes

El ex Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, predijo en 2009 que para el 2014 se habrían derretido los casquetes polares, sin embargo, el de la Antártida ha aumentado y el del Ártico sigue ahí siete años después de la imaginada apocalipsis. Es de suponer que, dada su posición como senador, poseía datos fehacientes del clima, por lo que podemos afirmar que, descaradamente, mintió con el propósito de producir alarma social. Como «premio» el presidente Biden lo ha nombrado Embajador especial para el Cambio Climático.

Sobre el Cambio Climático planea la sombra del Climategate. Varios hackers destaparon en noviembre de 2009 cientos de emails  de investigadores del Cambio Climático en que se conjuraban para ajustar  gráficos y  datos, o para eludir la entrega de datos que pusieran en duda la gravedad de tal cambio, o para tratar de impedir que científicos críticos pudieran publicar en revistas científicas. En el centro de la conjura estaba el Climatic Research Unit (CRU)de la Universidad de East Anglia, con su director Phil Jones, que tuvo que dimitir. La maniobras para crear alarmismo y recibir a cambio sustanciosos recursos para la investigación, parece ser una labor no muy rara. El mismo Phil Jones ha sido también acusado de fraude científico por ocultar datos sobre el efecto de las ciudades en el aumento de temperatura.

El gurú climático de Al Gore y su Una verdad incómoda fue el profesor Michael Mann, de la Universidad Estatal de Kent y famoso por su “diagrama del palo de hockey[1]” en relación al Cambio Climático. El Dr. Timothy Francis Ball, antiguo profesor en el Departamento de Geografía de la Universidad de Winnipeg en Canadá dijo que una entrevista que la IPCC, desde su creación, venía manipulando los datos climáticos para llegar a los resultados deseados, y en el saco de la manipulación metía el “palo de hockey” de Michael Mann. La respuesta de Mann fue una demanda por difamación y calumnias. La demanda, con varios millones de dólares en litigio se inició en 2011 y llegó hasta la Corte Suprema de la Columbia Británica. La corte pidió a Michael Mann que mostrase su investigación científica, pero éste se negó (extraña forma de defender su “verdad incómoda”, el Pan Nuestro del Cambio Climático), lo que le costó perder el juicio y tener que pagar una buena suma de dinero. El Tribunal concluyó con que los datos del “palo de hockey” habían sido manipulados y falsificados. Ahora bien, a Al Gore “el palo de hockey” le fue estupendamente. Yendo con su yet privado de aquí para allá cobrando una tarifa de 70.000 euros por conferencia, paso de declarar a la Hacienda Norteamericana 700.000 dólares en el año 2000, a 172,5 millones en el año 2015. Hoy en día es uno de los personajes con más poder en Davos, la ONU y el Club de Roma. ¡FARSANTES AL PODER!


[1] El diagrama del palo de hockey aseguraba que las temperaturas habían permanecido bastante inamovibles durante los últimos mil años, y que al llegar el siglo XX la temperatura media sufrió un súbito aumento. El resultado se asemejaría a un palo de hockey en posición horizontal.