Asuntos personales y asuntos mundanos

 

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*—Fíjate bien: aquel que odia la excelencia y el mérito es un mediocre carcomido por la envidia.

*—La nueva diosa que dirige el navegar moral de Occidente, “el sentimiento”. El sentir por encima de toda razón y de toda conveniencia. Existe una pléyade de sacerdotes totalitarios del sentir.

*—-Los medios infunden en las gentes creencias y sentimientos y secuestran la razón. Como nunca anteriormente, ésta es una época en que la razón está abducida. Los continuos mensajes lanzados por los medios, que tienen la misión de desinformar a la audiencia y obnubilar la razón, refuerzan cada día los grilletes con que ésta se encuentra maniatada.

*—Los humanos necesitamos un horizonte, necesitamos un proyecto de futuro que nos aporte esperanza e ilusión, que nos revitalice a diario. Quien no sea capaz de crearlo como individuo, pronto se verá sometido a la ilusión del rebaño, y concebirá el paraíso en hacer caer a los que están por encima de él y en tener el pesebre lleno.

*—El rebaño siempre da su sí a toda ocurrencia del maestro/rabadán que con voz grave sea anunciada como verdad.

*—De la ignorancia de la filosofía acerca de las pasiones humanas se deriva el que se ocupe en divagar sobre asuntos etéreos de todo género. Si se escruta en los grandes problemas que ocupan a los filósofos, no aparece por ningún lado el que debería ser el más importante de todos: ¿a qué complejas entidades obedece la conducta humana?

*—¿Qué es el rito?: un intento de penetrar mágicamente en las entrañas del Universo con el fin de participar de sus esencias.

*—En mucha gente el odio es el principal condimento de su personalidad, el que les da un más reconocible aroma y sabor.

*—Extrañamente, hay gentes a las que no les importa la vida en sí, sino una idea por la que son capaces de sacrificar esa vida.

*—Desde el momento en que el valor de una supuesta obra de arte depende casi con exclusividad de quien la firma, el arte que pueda contener es accesorio y el esnobismo social pasa a regir el asunto.

*—Meta a su enemigo en casa, mímelo, concédale todos los derechos del mundo, manténgalo a cuerpo de rey, y luego espere tranquilo a que le quite sus libertades y le clave su cuchillo.

*—Cuando mueren las personas que en el pasado formaron parte de tu rutina diaria, desaparecen las referencias que conformaban ese pasado añorado, es como si se fuera arrancando poco a poco de uno, es como si fueras perdiendo poco a poco la identidad que ese pasado te confería, por eso la añoranza es dolorosa. Es como si la identidad de uno fueran todos sus recuerdos y vivencias, y al desaparecer alguno de esos elementos perdiéramos algo nuestro, algo que nos conformaba, como si nos arrancaran parte de nosotros, sobre todo si el que muere nos fue querido y necesario.

*—Un deber puede constituirse en principio básico de la existencia, llegando a tener más fuerza que la propia felicidad o la propia vida. Así el deber con la esposa o esposo, con los hijos o con un dictado religioso.

*—Un escritor, un artista, un pensador, puede reconocerse por la obsesiva dedicación a su labor, que no es otra que mirarse a sí mismo para descubrir la belleza exterior o las razones que gobiernan el mundo

 

Cataluña

*—Resulta curioso cómo se fanatiza a las masas; basta un eslogan o dos y el temor al qué dirán para que las masas, ciegas en su acción, se arremolinen en torno al rabadán y cometan todo tipo de atropellos. Lo que está pasando en Cataluña y lo que pasó en Yugoslavia nos hace pensar en la irracionalidad esencial del hombre.

*— Cataluña es el ejemplo de cómo una minoría, alegando derechos territoriales y con la vergonzante pasividad de los políticos españoles, puede amedrentar a una mayoría hasta hacerles renegar de su cultura y de sus raíces. En psicología llaman a este fenómeno Síndrome de Estocolmo.

*—Algunos alegan: son iguales el nacionalismo español y el catalán. ¿Cómo va a ser lo mismo el predicar la comunión que el predicar el enfrentamiento?, ¿cómo va a ser igual integrar y compartir que segregar?,  ¿cómo van a ser iguales los cauces democráticos y los cauces revolucionarios?, ¿cómo se pueden emparejar la mano tendida y el odio, el imperio de la ley y el imperio de la represión contra los que no piensan igual? ¿En qué país del mundo se prohíbe y persigue una lengua y se intenta erradicar aunque sea mayoritaria entre la población? Tal hecho solo ocurre en Cataluña, y es uno de sus muchos tics fascistas. La agitación social promovida para el día 1 de Octubre tiene el mismo significado que la marcha hacia Roma de Mussolini o la quema del Reichstag por los nazis. Esa exhibición agresiva de banderas y cánticos violentos, ¿no recuerda a la parafernalia nazi? ¿no recuerdan esas juventudes a las juventudes hitlerianas o a las bolcheviques? Todo ello se completa con los tontos-borregos y los atemorizados pusilánimes.

*—Los políticos españoles: Pablo Iglesias, que no es tonto, su propia cabeza le está destruyendo, le está comiendo por dentro. Se le ve constreñido, hinchado, sufriendo. No es extraño, el movimiento asambleario que ha levantado es un auténtico manicomio. En las asambleas siempre las propuestas más radicales, más salidas de las vísceras, son las que obtienen el aplauso por miedo a ser tildado uno de tibio. Sin embargo, Pedro Sánchez, de quien la luz de la inteligencia está ausente pero le brillan las luces del odio, de la ambición y la crueldad, es decir, aquello que arrastra a las masas descontentas, es una figura emergente. Tal vez sea el mejor candidato a rabadán para llevar al rebaño… ¿al precipicio? Rajoy el pusilánime sigue gobernando, eso sí, dando tumbos, pero los vientos económicos favorecen su rumbo. A Puigdemón, hombre medroso por naturaleza, aunque también creidillo y fofo, le sigue acojonando la CUP. Ribera sigue empeñado en seguir en medio, así que recibe bofetadas por todos lados y a todos estorba.

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*— Se ha de desconfiar de quienes, sin una realidad que se lo exija o sugiera y sin motivos objetivos de agravio, se lanzan con apariencia beatífica, con una rama de olivo en la mano, a clamar por la liberación nacional o por el derecho a decidir o por la libertad de los pueblos o por cualquier ocurrencia estrambótica que carece de razones objetivas. La tal rama de olivo se transforma pronto en espada flamígera que siembra la discordia y la violencia.

 

 

El  nacionalismo en sus esencias

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El nacionalismo es un retorno a lo tribal. Todas las características tribales son reconocibles en él.

  1. La asunción en la conciencia nacionalista de una clara división de las categorías ‘nosotros’ y ‘ellos’.
  2. La utilización de argumentos legitimadores basados en la defensa del territorio o de la lengua.
  3. La formación de mitos acerca de héroes y hazañas que construyeron una patria impoluta en el pasado.
  4. La tergiversación de la historia mediante la proclamación de supuestos agravios históricos contra la sagrada nación.
  5. La creación de un enemigo contra quien encauzar el odio y el resentimiento nacionalista, lo cual produce cohesión nacional.
  6. La imposición de una moral maniquea, de buenos y malos, que excluye y culpabiliza a quienes no hacen gala de fe nacionalista.
  7. La formación de un fanático rebaño nacionalista que repruebe y coacciones a los discrepantes.
  8. La existencia de líderes que antepongan la nación a toda otra consideración como la familia, el trabajo etc.
  9. El establecimiento de un totalitarismo cultural e ideológico y la represión de la cultura y de las libertades del enemigo o del no nacionalista.
  10. La sacralización de la nación, esto es, el elevarla a los altares de la pureza y de la grandeza de sus valores y méritos.
  11. La reivindicación de otros territorios como propios.

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Todos estos puntos se pueden aplicar de igual manera a la Alemania nazi, a la Italia fascista o al nacionalismo vasco o catalán. Los mitos de razas, valores, supuestos imperios, de impolutas patrias originarias… fueron creados en todas esas naciones de manera y funcionalidad semejante. Pero pasemos a otras esencias.

No es que el nacionalismo sea algo nuevo, pero su ebullición actual tiene que ver con la Globalización. El nacionalista percibe que sus valores tradicionales se diluyen por el avance de formas culturales nuevas que les parecen extrañas, y que sus raíces se están perdiendo, y sienten por ello malestar, así que se vuelven hacia lo propio y lo magnifican. A ello (me refiero ahora a Cataluña y el País Vasco) se añade que su orgullo de ‘residentes’, de creerse superiores a los ‘intrusos’ emigrantes, se resquebraja. Como resultado, retornan al huevo-matriz nacionalista, buscando su calidez y pintándolo de los bellos colores de un supuesto pasado glorioso que volverá con el auge de la nación.

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En el caso catalán, la fuerza que les suministra ese ensimismamiento les hace creer factible el digerir lo extraño (a los intrusos castellano-parlantes, a los musulmanes…) y transformarlo en propio; esto es, asimilarlo mediante el elemento conversor de eliminar su lengua y hacer que adquieran la catalana. El origen primero y principal del nacionalismo catalán, que fue el desprecio hacia lo español por considerarlo inferior, adquiere ahora otras pretensiones, como la de engullir y digerir lo extraño bajo la condición de hacerle renegar de sus raíces, de sus valores, de su lengua, y acomodarlo a la lengua, costumbres y valores supuestamente catalanes. Sométete a nosotros y serás uno de los nuestros, dice el nacionalismo catalán a los intrusos. A partir de ahora nosotros seremos los rectores de esta sacrosanta nación.

Y para conseguir la reconversión vale cualquier medio y cualquier artimaña: prohibir el uso de la lengua materna de los intrusos, la reprobación social, la discriminación institucional, la amenaza…

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El fanatismo nacionalista llega hasta grados extremos. Por ejemplo, el de inventarse una lengua o resucitarla y quererla imponer a todos los ciudadanos en sustitución de la suya. En el País Vasco se hizo un refrito de dialectos que sólo hablaba un 5 % de la población en algunos valles dispersos, y esa lengua se impuso a todos los ciudadanos. Más grave aún es el caso de la llamada fabla aragonesa. En unos pocos valles de los pirineos se hablaron en siglos pasados unas formas dialectales que poco tenían que ver entre sí y que a lo sumo afectaba a unos pocos miles de personas encerradas entre montañas. Hace ya más de un siglo que dejaron de utilizarse. Pues han salido unos pocos nacionalistas que han hecho un incongruente popurrí con todo ello y pretenden que todo aragonés lo aprenda y utilice. Tal cosa no ha existido nunca como lengua, pero eso no les importa, ya que la estupidez política ha hecho posible que se haya creado una academia de la fabla, que se den premios literarios, que se creen consejerías, direcciones generales, profesores, etc. Este tipo de disparates es propio del nacionalismo. Los nacionalistas uzbekos y kazakos, una vez cayó el muro, se metieron en las bibliotecas para descubrir lenguas y culturas históricas que para la inmensa mayoría de esas poblaciones son adquisiciones nuevas.

El nacionalismo es disgregador y pretende romper el principio de reconocimiento social y político en la igualdad para todos los habitantes de una región. Esa es una de sus perversiones. Ya he nombrado otras: totalitarismo, coacción a la libertad etc.

Si los nacionalismos europeos surgieron en el XIX, durante la transición de los distintos países a la sociedad industrial, y como reacción a ella, estos nacionalismos de nuevo cuñó crecen como reacción a la sociedad de la Globalización. Pero resultan más absurdos  que los anteriores, pues sus motivaciones no provienen de discriminación ni malestar social o económico alguno; y son en potencia más dañinos porque tienen mucho más por destruir.

Actualidad llameante

 

1.-Elecciones europeas

En Europa avanzan los partidos euroescépticos, que son tildados de «extrema derecha» por la moral buenista imperante; por el contrario, en España avanzan los partidos que podríamos tildar de «extrema izquierda». En Europa se muestran más egoístas, es decir, más de acuerdo con la realidad de la naturaleza humana, y ante los peligros que acechan al bienestar propio se atienen al principio rector del «nosotros primero», mientras que en España, el país de la ilusión ―el país de los ilusos―, el país de las utopías sin pies ni cabeza, el país de los reinos de Taifas, un trozo importante de la población, en vez de pronunciarse por el deseo de lo factible y benéfico, en actitud de revancha se pronuncian en favor de lo inviable y perjudicial.

Aquí nos puede el quijotismo, nos evadimos de la realidad para vivir en el mundo de las ilusiones descerebradas. Este es el país del cantonismo, de los Sánchez Gordillo, del liliputiense Montilla, de los ilusos Zapatero, de los pusilánimes Rajoy, de Carlos II el Hechizado, de Fernando VII el Deseado, de los machos ibéricos Juan Carlos, de los fanáticos nuevos conversos que como Torquemada pretenden quemar en la hoguera a todos cuantos el nacionalismo señale como herejes. Este es el país del paganismo de las romerías marianas.

En este país ha nacido una secta religiosa de irreligiosos ateos-paganos en cuyo líder se funden los tradicionales rostros de Jesucristo y la Virgen María, y que marchan en romería por el viacrucis de la indignación. ¡Encima, el pollo objeto de la nueva veneración se llama Pablo Iglesias!

Este país, España, es la novia frívola y poco fiable, la novia que con frecuencia te desdeña, la novia que solo a su manera y a destiempo te da cariño, la que a todas horas te atormenta, y, sin embargo… ¡la quieres tanto!

2.-Champions

El Real Madrid campeón de la Champions League, campeón de Europa,  que se decía antes. La tribu Real Madrid cuyos grandes héroes guerreros ―mercenarios como Jenofonte y sus diez mil―han derrotado a todas las tribus enemigas. Las luchas tribales trasladadas ―y ritualizadas―al terreno de la competición deportiva.  Imitación ritual pero no menos emotiva, no menos visceral; la Anábasis, el camino de muchos años por el desierto, y el descenso a los infiernos de la guerra, la catarsis purificadora. La necesidad de triunfar que tiene el individuo a través del triunfo del grupo al que pertenece; la necesidad de orgullo, la necesidad de euforia, la necesidad de alejarse de la monótona realidad, la necesidad de victorias. El ansia de triunfo, el ansia de prominencia; en lo más hondo, la evolución actuando sobre el individuo a través de la tribu.

3.-Cataluña y Ucrania

Los fanáticos pro-rusos del Este de Ucrania contra los fanáticos ucranianos del Oeste. Putin, una vez traída al redil Crimea (traídas sus bases navales y el petróleo del Mar Negro) hace de Poncio Pilatos pero juega con la injerencia o no injerencia a desarmar las reacciones europeas y americanas.

El reciente ganador de las elecciones ucranianas ya habla de Federalismo. Ucrania es el espejo de Cataluña, pero con imágenes distorsionadas. En Cataluña no hay fanatismo opositor. Quien posee el fanatismo posee la fuerza, y más si, comparativamente, enfrente reina la pusilanimidad. Por esa razón el nacionalismo catalán no acepta el Federalismo. Por eso buscan lo que buscan, lo que siempre han buscado: la entelequia que la izquierda española le va a poner en bandeja de plata: el Federalismo (que no es tal) asimétrico. Esto es, lo que siempre ha buscado el nacionalismo catalán: la prominencia respecto a España.

Mantener lo ventajoso, acrecentarlo, y desembarazarse de las inconveniencias. Figurar como superiores: más ricos, más cultos, más altos, más guapos, más inteligentes, más capaces. Y, desgraciadamente, lo conseguirán. En esa jaula de grillos del PSOE y en ese Camposanto del PP y en ese manicomio de amantes de las dictaduras sudamericanas de IU y PODEMOS (que se descubrirá que son el mismo), no existe un gramo de oposición a ese infame proyecto que trae la guerra a españoles y catalanes. Desgraciadamente lo conseguirá, y, si no, tiempo al tiempo. Y ¡ojalá!, yo solo sea un agorero.

Desvalorización de la democracia

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Cataluña, Ucrania, Tailandia, y en cierta medida el barrio de Gamonal en Burgos,  son lugares en donde se ha puesto en cuestión el sistema de democracia representativa y se ha optado por la acción directa. Si el odio, la rabia y el resentimiento sobrepasan ciertos límites ―si se sobrepasa la masa crítica de indignación―aparece en las gentes un desprecio hacia los valores democráticos y cobran fuerza en el grupo los viejos instintos que impulsan a la acción directa, a la lucha, a la coacción violenta como medio de conseguir los fines deseados. Pretenden hacer prevalecer mediante la acción directa los deseos de unos cuantos, restando valor a la opinión de una mayoría manifestada en las urnas.  La crisis actual favorece el resquebrajamiento de los valores democráticos por dos motivos principalmente. El primer motivo es lo propiciatoria que resulta la crisis ―por las desigualdades que se generan― para la aparición de odios y resentimientos. El segundo motivo es la decadencia moral que la crisis pone al descubierto: los valores democráticos han sido barridos por la escoba de la corrupción.

En todos los lugares antedichos, aunque sea contra el respectivo gobierno  contra quien se dirige la rebelión, lo que palpita en el fondo de esas revueltas es un descrédito de los valores democráticos y de los gobiernos que las representan. Y aún más en el fondo lo que palpita es el sentir que «nuestro odio y nuestro resentimiento justifican la acción directa». Es decir, aparecen creencias justificadoras de la rebelión. Fórmulas tales como «igualdad=justicia», «lo justo y democrático es el derecho a decidir», «poseemos derechos históricos», «voluntad popular=justicia», etc. tratan de aportar razones para justificar la rebelión violenta y para saltarse a la torera el acuerdo social que constituye la democracia, así como los valores que sostiene. Dichas fórmulas que proclaman las creencias agavillan los odios y los resentimientos y los impulsan a la acción contra el enemigo. Porque en la mente del resentido se produce una categorización del «enemigo», de aquel que por poseer más riquezas que «nosotros»,  de aquel que se opone a nuestros deseos o propósitos, de aquel que posee razones contrarias a las nuestras, de aquel que es de otra «secta» distinta a la nuestra. Y hacia ellos se canalizan los odios y los resentimientos.

Tales intentos de devaluar las razones democráticas frente a la instintiva acción directa pueden resultar en cierto modo beneficiosos  si se restringen a ser puntuales, si son excepciones que ponen de relieve la degradación democrática imperante en las instituciones y gobiernos, pero cuando se convierten en método violento y antidemocrático de resolución de disputas, tal como la acción de ETA en el País Vasco, tales intentos, digo, se convierten en gérmenes del Totalitarismo.  Por esa razón hay que combatirlos, porque aunque se presenten con la cara amable del movimiento 15 M o del la revuelta del Gamonal, e incluso aunque las razones de uno coincidan con las razones que alegan en sus reivindicaciones, e incluso cuando en uno resuenen sentimentalmente los posibles derechos que reclamen, no hay que olvidar que deben prevalecer los valores y razones democráticos, pues en caso contrario nos abocamos a la dictadura totalitaria o al caos del desgobierno y la acción directa que se produce en Venezuela, por ejemplo.