De encuestas, estadísticas y humana naturaleza

Es una verdad casi universalmente ignorada que el mundo se mueve por el interés propio y no por el bien común ni por el altruismo ni por designios divinos. Esa ignorancia de las gentes ―que creen tener otros motivos de conducta distintos a los que realmente tienen―se alimenta con engaños (el engaño es aquello que mantiene las cosas en su apariencia, ocultando su verdadera cara), y una de las mejores herramientas utilizadas para el engaño es la estadística.

Una forma sutil de engaño que quiero referir hoy es el de amañar los datos recogidos en sondeos de opinión. Mírense los datos estadísticos que ofrecen los medios escritos televisivos  antes de unas elecciones políticas y observarán cómo cada partido político mejora  sus perspectivas según su afinidad ideológica con el medio considerado. Pero, aún así, en este tipo de encuestas el margen para la manipulación y el engaño es limitado, pues el medio se juega su prestigio en caso de quedar su fraude de manifiesto.

En donde la manipulación de las cadenas televisivas y de los medios periodísticos no tiene límites es en la presentación de sucesos que la actualidad dota de relevancia pública. Por ejemplo, los datos relativos a las denuncias por maltrato a mujeres por su pareja sentimental varían, según cuál sea el medio encargado de hacerlas públicas y de la alarma social en las fechas de la publicación, entre un 5%  y un 35% . Pero aún varían más los datos sobre denuncias falsas que se presentan sobre presunto maltrato. Hace unos años la decana del colegio de abogados de Barcelona los cifró esa falsedad en casi un 60%, añadiendo que en muchos casos se correspondían con procesos de separación en donde estaba en juego el reparto de bienes matrimoniales. Desde que las agrupaciones feministas más radicales se le echaron encima con pasión parecida a la que ponían los sans-culottes en cortar cabezas, las estadísticas que presentan las cadenas de televisión han bajado esas cifras a menos del 10%, alegando, no obstante, que falsas, lo que se dice falsas, solo lo son en una cantidad cifrada en un uno o un dos por ciento. He de aclarar que las denuncias se multiplicaron desde que se promulgó la ley de Discriminación positiva de la mujer, que, en pocas palabras, posibilita que si una mujer denuncia a un hombre por maltrato o acoso sexual, éste es inmediatamente encarcelado sin miramientos; si es un hombre quien denuncia contra una mujer esos execrables hechos, se le ríen en sus narices.

Bien, he de señalar que los errores en la presentación de los datos estadísticos son frecuentes en las cadenas de televisión. En muchos casos son producto de la ignorancia de los propios presentadores, a quienes parece darles lo mismo 8 que 80. Un caso escuché en que el asunto empeoró: el presentador se disculpó alegando ser “de letras”, una bellaca estupidez que implícitamente llama idiotas a quienes no han realizado estudios de Ciencias.

Yo juro por lo más sagrado que no es infrecuente que algunas cadenas anuncien en primera plana, por ejemplo, un 60 %, lo reduzcan luego a un 40% cuando entra en escena la noticia, y que quede en un 20% cuando se desgrana ésta; o que 80 millones pasen a ser 8000 millones y queden finalmente en 80 mil. Recuerdo a este respecto al “gran estadista” Zapatero, anunciando a toda España que se procedería a disminuir la potencia del aire acondicionado en los ministerios del gobierno y que con esa medida se ahorrarían 3000 millones de euros en un año. ¡Pues si en vez de limitarse a disminuirla la hubieran suprimido, la deuda de España habría desaparecido!

Pero, volviendo a los sondeos de opinión, algunos de estos producen una reacción espasmódica en nuestras neuronas. Uno de ellos asegura que los españoles somos la gente más feliz de Europa. Señores, ¡con la cara de mala leche que ponemos a todas horas y el odio que nos tenemos los unos a los otros! ¿Qué veracidad presenta dicha encuesta?

Yo, al menos, tengo las siguientes objeciones: En caso de que a uno le pregunten en cualquier esquina cuál es su grado de felicidad del 1 al 10, ¿qué puñetas va a responder si es sensato? Confieso que una de mis posibles respuestas calificaría mi felicidad con un 10, para añadir a continuación mi disposición al suicidio. Pero, mirándolo bien, ¿se realizan realmente este tipo de sondeos de opinión, o todo es un engañabobos? La única explicación que encuentro plausible para realizarlos (si en verdad se realizan) es el de la corruptela de otorgar la realización de la encuesta a alguna empresa amiga del político responsable para beneficio de ambos. En España sabemos mucho de tales chanchullos. Sin embargo, lo más probable es que los datos sean inventados y que otorguen una u otra calificación a boleo, o fijándose en aspectos tales como el sol de que disfrutamos.

Bien es verdad que aunque tales sondeos importen un bledo a la población, de obtener una buena puntuación en ellos, como es el caso, a los españolitos de a pie nos llena de orgullo estar en lo más alto de la puntuación, y nos solemos jactar de ello y hacer chistes fáciles acerca de la poca nota que han sacado los suecos, por ejemplo.

Lo malo es que en otra encuesta semejante los franceses y los italianos destacan por encima de nosotros en el número de veces que hacemos el amor por semana. En fin, no podemos ser los mejores en todo.

Por cierto, los científicos no se libran de simplezas semejantes. Si no, atiendan ustedes a esta noticia: “Tras más de 10 años de investigación, el equipo médico de la Universidad de  […] en Estados Unidos ha descubierto que hacer el amor dos veces por semana es bueno para la salud”. Si el periódico se expresó con corrección y veracidad ―que ya es extraño, ¡vaya usted a saber!―, me pregunto: ¿se necesitaban tantas alforjas para tan corto trayecto? Además, en la noticia no se contemplan edades ni sexo, lo cual deja los dos polvos semanales en el limbo de los promedios, pues no se me negará que los beneficios para la salud de dos quiquis semanales no pueden ser iguales para un veinteañero empalmado, con priapismo, y para un octogenario, que ha de echar mano del viagra para empalmarse.

Pero lo que me desconcierta es el no conocer los métodos utilizados en el experimento.  ¿Utilizaban grupos de prueba que hacían el amor 2, 3, 1, 5, 7, 25, cero veces por semana?, ¿se siguió su evolución sanitaria durante 10 años?, ¿tenían parejas estables formadas o las variaban, digamos de que mes en mes o de año en año?, ¿contempló el experimento parejas homosexuales?, ¿se introdujo la variable del amor en grupo? No sé si las correlaciones o  las modas y medianas, las varianzas, la dispersión y las regresiones  funcionaron. Vamos, que yo creo más razonable y más lógico que los médicos se reunieran, se repartieran el dinero de la investigación sin más cuentos, y que luego de discutir unos instantes acordaron: ¿qué os parece?, ¿dos cópulas semanales nos dejan contentos?, pues ya está la investigación hecha.

En cualquier caso, para mejorar la salud de la población, yo propondría que de polvo en polvo se cambiara de pareja, y a ser posible que el compañero o compañera que se elija sea joven y hermosa. Les aseguro que sería un remedio sanitario infalible. ¡Vamos, la panacea!

Libre Albedrío III (y final)

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¿Qué ocurre a nivel neuronal cuando se produce un pensamiento o se toma una decisión? Ciertas regiones del cerebro se activan y se conectan; ciertas zonas de formación evolutiva reciente reciben aferencias de zonas más antiguas y viceversa. En esas activaciones no solo se transmiten potenciales eléctricos, sino también neurotransmisores e incluso hormonas, recorriendo circuitos que se ven afectados por su acción química y eléctrica, y activando otras redes y produciendo estados de ánimo determinados.

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¿De qué depende ese baile de sustancias químicas y eléctricas que se produce en las neuronas y en otros tipos de células llamadas gliales? De los ambientes químicos existentes en el interior y en el exterior de las células. Según sea la relación de desequilibrio entre esos ambientes y según sean estos, algunas largas proteínas singularmente enrolladas sobre sí mismas ―y que son las puertas de entrada y salida de sustancias de la célula―se abrirán o cerrarán al paso de ciertas moléculas o átomos, dando lugar al inicio y mantenimiento del baile químico señalado.

Así que la acción biológica de actividad celular se reduce a la acción química de ciertas moléculas, pero la acción química se reduce a su vez a una acción física: por ejemplo, el enrollamiento de las proteínas, su modificación en la apertura o cierre de sustancias a la célula, depende en último término de las cargas eléctricas de sus partículas interactuando con las cargas de las partículas de los ambientes considerados.

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Algo semejante a lo dicho para una célula en particular ocurre para las redes neuronales, aunque la complejidad explicativa aumente, pero no su esencia, que es la misma: los pensamientos, las razones, los sentimientos, las emociones, las decisiones, son reducibles a acciones químicas, que se reducen a acciones físicas, y, consecuentemente, la acción mental es determinismo puro, pues la física lo es.

Ahora bien, a nivel psicológico, el lector atento habrá adivinado que falta por averiguar qué sujetos motivan el desequilibrio químico existente entre el interior y el exterior celular. Esa es la pieza que falta en el engranaje. Ahí se encuentra el meollo del asunto. Y es un meollo complejo. Los sujetos son varios y se encuentran interrelacionados.

El organismo humano ha sido pergeñado para responder al entorno con ciertas garantías de éxito para la supervivencia y el éxito reproductivo. Poseemos varios sistemas cerebrales para hacer frente al medio, para adaptarnos provechosamente a él. El enamoramiento, la ira la vergüenza, el resentimiento, el afecto, el deseo, el miedo, los instintos, el dolor, el placer…, son respuestas de esos sistemas al medio ambiente (sea éste un medio social, o cualquier otro entorno considerado) con vistas a la finalidad señalada. Pero todas esas respuestas se producen en el cerebro relacionalmente de acuerdo al grado de afección que el medio ambiente nos produce.  Nuestros sistemas de percepción envían señales químicas y eléctricas a otros sistemas neuronales, alterando la composición química del correspondiente medio intercelular, produciendo a su vez nuevos desequilibrios químicos que dan comienzo al trajín de otras redes neuronales.

Resumiéndolo con un ejemplo, la visión de un hermoso cuerpo produce que se envíen señales químicas a ciertas regiones cerebrales y que se alteren los equilibrios y ambientes químicos de ciertas redes neuronales, dando lugar a lo que conocemos como un estado de deseo, y haciendo surgir derivativamente pensamientos acordes con él.

Todo comportamiento humano y toda acción mental son reducibles a esos procesos químicos y físicos. Puro determinismo. La aparente libertad de acción, el aparente libre albedrío, no son otra cosa que un espejismo engendrado desde esta oculta complejidad. También se podría considerar como una ilusión subproducto de la conciencia con cierta utilidad evolutiva: la de hacernos sentir distintos, diferenciados, humanos, dueños de nuestro destino, hacedores y no meras máquinas celulares que el instinto conduce. Tal vez esa ilusión provenga de la capacidad de poseer memoria, de tener conciencia del pasado y percibir que es diferente del presente y que nos sentimos responsables de ello.

Libre Albedrío II

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              En la anterior entrada expuse los dos distintos conjuntos de sistemas de que dispone el cerebro para percibir la conveniencia de un asunto y, consecuentemente, decidir. Por un lado está el sistema límbico y otros sistemas aún más antiguos que gobiernan las emociones, los instintos y las acciones reflejas; por otro lado están los sistemas que en mayor medida operan en la conciencia.

Pero la cuestión resulta mucho más complicada de lo que parece a simple vista porque unos sistemas y otros se ejercen mutua influencia. Por esa razón y antes de proseguir en esa línea, examino dos experimentos clínicos que son famosos en el campo de las neurociencias.

El primero de ellos fue llevado a cabo por el doctor Benjamín Libet, de la Universidad de California en San Francisco. Mediante tal experimento descubrió que un poco antes de hacer consciente la decisión de llevar a cabo un acto, dicha decisión ya se refleja (ya ha sido tomada) en la actividad de áreas subcorticales de las que no somos conscientes. Por ejemplo, antes de decidir mover un dedo, las redes neuronales motoras que controlan dicho movimiento a nivel subcortical ya habían decidido mover el dedo.

Esto es, la conciencia aparece solo como mero notario que da fe de lo que en el subconsciente ya se ha decidido. Es este subconsciente quien evalúa las opciones que se presentan y es él quien decide. La decisión la recibe después la conciencia, creyendo ilusamente que ha sido ella quien ha decidido.

El segundo experimento lo llevó a cabo el doctor Robert Heath. Fue como sigue: a un  paciente aquejado de un cierto desorden neurológico se le colocaron varios electrodos en el cerebro. En un cierto momento en que el paciente describía lo apenado que se hallaba por la enfermedad terminal de su padre, el doctor Heath estimuló con los electrodos el septum  del paciente, un área del sistema límbico que participa en los procesos de placer con carácter sexual. En menos de 15 segundos el paciente olvidó su pena y comenzó a sonreír picaronamente y a hablar de planes para seducir a una amiga. Según su propia confesión, “los planes han acudido de pronto a m i cabeza”.

Esquemáticamente, la estimulación de la actividad de una zona del sistema límbico originó un  cambio de pensamientos y de sentimientos.

Volvamos al hilo de la influencia mutua que se ejercen los sistemas arriba dichos. Se ha de tener en cuenta que las emociones y los instintos afectan de manera muy importante a nuestro pensamiento y a los senderos que toma la razón; pero también se produce la influencia en sentido inverso, pues nuestras razones y pensamientos influyen en agrandar o diluir el grito emocional e instintivo. Se sabe también que las creencias que poseemos acerca de un determinado asunto, determinan en gran medida la predisposición emocional y sentimental hacia su ocurrencia.

Por otro lado, el sistema intelectivo, haciendo uso de la imaginación y de la memoria, labora especulativamente en el presente con vistas al futuro en razón de encontrar a largo plazo lo conveniente en referencia a cualquier asunto de la vida. Pero, en cambio, en las cuestiones que se han de dilucidar a corto plazo, en la inmediatez, la facultad intelectiva suele intervenir poco, y nos mueven rutinas de acción basadas en costumbres, usos o creencias, o bien nos guiamos a instancias del miedo o del placer que nos presentan en primer término los asuntos.

Como se ha podido ver, un auténtico galimatías: una intrincada influencia entre los distintos sistemas encargados de percibir la conveniencia del organismo, y la intervención ―y la frecuente disputa entre ellos― de sistemas encargados de la percepción de lo conveniente a largo y a corto plazo.

Dicho lo dicho, se vislumbra que los sistemas que operan en el ámbito de la conciencia, como los sistemas intelectivos, ejercen la doble labor de percibir lo que conviene al individuo (sobre todo a largo plazo), pero también la de resaltar lo que le resultaría a éste conveniente frente a la conveniencia que perciben los sistemas que operan en el subconsciente. Pero, ¿toman estos sistemas conscientes la decisión respecto a las conveniencias presentadas, o su acción se limita a presentarlas?

El lector que haya estado atento se habrá percatado de que su labor es de mera presentación. El sistema evaluador y que decide no se halla en el ámbito de la conciencia.  Opera en su subterráneo y tiene por misión evaluar cada conveniencia en razón del peso de miedo o placer que presenta. En el sistema límbico se evalúa la placentera e instintiva conveniencia que representa el hecho de engañar a la esposa con la compañera de la oficina, a la vez que la conveniencia de evitar el hecho por temor a las consecuencias de dicha acción.

La decisión se elabora en el subconsciente pero conscientemente podemos laborar para otorgar más peso a la conveniencia intelectiva que a la conveniencia instintiva a la hora de ser evaluadas emocionalmente.

Veamos las razones que presenta un fumador que pretende dejar de fumar. Las razones relativas a la prevención, al miedo a los efectos del tabaco, deben lograr un peso mayor que las razones del placer de fumar. Uno debe crear una preocupación por fumar dentro de sí, un temor a fumar. Recuérdese el dicho de Spinoza de que para hacer frente a una emoción debemos de emplear otra que la venza. En la evaluación, el peso de ese temor debe ser mayor que el peso que aporta el placer.

En ese sentido se puede decir que uno decide libremente. No es la conciencia en último término quien decide dejar de fumar, sino que es el sistema evaluador del subconsciente, pero  desde la conciencia podemos agrandar el peso de lo conveniente que resulta tirar el cigarrillo.

Vistas así las cosas, esa decisión libre en el sentido considerado, como capacidad para agrandar el peso que presente aquello que la conciencia estima conveniente, como capacidad que es, no es igual en unos individuos que en otros. No solamente porque la capacidad intelectiva de unos y otros es distinta, ni porque el influjo de las emociones tenga distinta potencia en unas y otras personas, sino también por la propia naturaleza de cada cual para dar mayor peso a la conveniencia que presenta el intelecto. De ahí que a ciertas personas les resulta relativamente fácil dejar de fumar mientras que a otras les resulta imposible. Así que el libre albedrío varía de unas personas a otras.

CONTINUARÁ…

Noticias de España

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Siempre que visito el lugar donde nací me suelo encontrar con viejos conocidos  a quienes no veía en mucho tiempo. Algunos emigraron de jóvenes y vuelven en visita breve y jubilosa. Pero todos ellos, los que se fueron y los que se quedaron, cantan alabanzas del lugar que les vio nacer. Y todos ellos se extrañan, e incluso se irritan, por el hecho de que yo no encuentre excelencias que cantar al respecto.

Sin menosprecio de considerar  la infancia como la patria espiritual de uno, el pueblo donde nací no es mejor ni peor que los demás en los que he vivido. Puestos a tener que destacar algo de él, sólo se me ocurre que sus moradores beben más vino y cerveza que en los pueblos de los alrededores. Al menos, presumen de ello.

También aseguran que el vino que se produce allí es el mejor del mundo. Cierto es que también aseguran lo mismo los habitantes del pueblo donde nació mi mujer, que se encuentra en la otra punta de España. Bien, he de decir que ¿dónde va a parar un vino con otro!, pero en fin, dice el refrán que de gustos no hay nada escrito.

Viene esto a cuento de que los españoles defienden con vehemencia su terruño, mientras que el defender o alabar a la colectividad nacional les produce vértigo, y, a muchos, vergüenza. Algunos sólo se sienten españoles si salen fuera de España. Entonces todo es morriña y confraternización con todo español que les sale al paso.

Somos un pueblo extraño, pero la izquierda política de este país es extrañísima. Contrariamente a otras izquierdas de Europa, que levantan un pedestal a su patria y a sus símbolos nacionales, en estos cuarenta años de democracia la izquierda española ha dado sobradas muestras de descreer de España y de su bandera.

Sin embargo, en repetidas ocasiones han aplaudido de forma entusiasta el represor nacionalismo catalán, que gasta tintes fascistoides y esquizofrénicos. Con decir que a un emigrante andaluz que insultó gravemente los símbolos españoles desde Cataluña, la izquierda sindical le hizo un homenaje en Madrid, queda todo dicho. Esas actitudes son explicables desde la suposición de que las produce el odio, pero la explicación que me resulta más satisfactoria es la de que “aquí no cabe un tonto más”.

Y si nos acercamos a los partidos políticos la cosa desbarra por todos lados. Ahora surge un nuevo partido, Podemos, dirigido por gentes que han sido asesores de Chavez y Maduro en Venezuela, y que son financiados por el Irán de los Ayatolas, ―mire usted por dónde―; y esos mismos anuncian a bombo y platillo que todos nos vamos a jubilar a los 60 años y que nuestra jornada de trabajo va a ser de 30 horas semanales, y que todos vamos a nadar en la abundancia cuando se les quite el dinero a los Bancos, y que dejaremos de pagar las deudas del Estado por narices. ¡Qué bicoca!, ¡pues qué bien, oiga, me apunto!, ¡ah!, también aseguran desde ese partido que todo pueblo que quiera podrá votar libremente para independizarse del vecino si así lo decide. ¡El acabose! ¡Volvemos al Cantonalismo!

¿Qué es el Cantonalismo?, se dirán ustedes. Pues un movimiento que durante la Primera República española promovió la independencia de las ciudades al modo de las Polis griegas (aquí en España siempre hemos sido así de ocurrentes). Y ahí tenías al cantón de Cartagena en guerra abierta con el cantón de Murcia. En fin, un disparate más de los muchos que han tenido lugar en esta piel de toro.

¡Vamos a ver, oiga, que hemos sufrido tres guerras carlistas y varias intentonas, y guerras civiles que ni te cuento! ¡Y es que aquí siempre nos hemos ido por los extremos! Tal como se lo digo: “En España no cabe un tonto más”.

¡Y qué le voy a decir del pensamiento y de la cultura!, tontadas a carretadas, que dicen aquí en Aragón.

No es que España carezca de grandes y profundos pensadores y de hombres de cultura amplísima, ahí están los Américo Castro, Gregorio Marañón, Ortega y Gasset, Unamuno, Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Menéndez Pidal, Menéndez Pelayo y un larguísimo etcétera más, pero están olvidados cuando no despreciados o al menos no reconocidos debidamente…, ¿por qué? Porque todo lo que en este país hoy lleva el nombre de cultura es cosa ramplona, propio de actores de películas malas que forman parte de una secta que se cree en posesión de la verdad absoluta; y lo que no entienden y les viene grande lo desprecian.  Ni escritor ni actor ni artista alguno que no sea de su secta puede cobrar valor cultural porque ahí están ellos con  sus pistolas preparadas.

Miren ustedes algo que parece increíble: los mismos culturillas que no reconocen a nuestros grandes hombres (ni los reconocen ni los entienden) hicieron no hace mucho en Aragón hasta cuatro homenajes con gran boato a Pepín Bello; además, en el 2004 se le concedió la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, y en el 2001 la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio. Pero, ¿quién fue Pepín Bello?, se preguntarán ustedes, ¿cuál fue su labor? Ninguna, les respondo. Nunca se le conoció oficio ni nunca escribió ni nunca hizo cosa de provecho reconocido. ¿Cuál es entonces su mérito?, se preguntarán: pues que coincidió en la Residencia de Estudiantes con Lorca, Dalí y Buñuel, y, claro, con la iglesia de los culturillas hemos topado, amigo Sancho, porque Lorca, el poeta de quien Borges decía que su oficio era el de ser andaluz, es el Sancta Sanctorum de los culturillas españoles. Ni más ni menos, ese es todo el mérito acumulado por Pepín Bello, coincidir con Lorca en la Residencia de Estudiantes de Madrid, un talismán hoy en día como el poseer en la Edad Media el brazo incorrupto de Santo Tomás.

Tal como dice Javier Pérez-Reverte, si entra un tonto más en España se cae al mar. Propongo que se corrija inmediatamente en la Wikipedia la entrada correspondiente a Pepín Bello, que nada menos que en su primera línea le atribuye ser escritor e intelectual, ¿quién es el estúpido que así subvalora el intelecto y la escritura?

Por lo demás, tenemos en España médicos, físicos, ingenieros, arquitectos, investigadores, que se codean con lo mejorcito del mundo en su género, pero para los culturillas todo lo que huela a ciencia es reaccionario, ¡qué le vamos a hacer! Con estas miserias cabalgamos. Todavía Borges es un proscrito en esa camarilla de culturillas, ¡qué les voy a decir más!

Si a los tontos les nacieran alas, su bandada cubriría el cielo de España.

Próximamente

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Por razones varias tengo que abandonar temporalmente la publicación de nuevas entradas en el blog. Todo aquel que quiere cavilar debe retirarse al desierto. A él me retiro con la esperanza de la iluminación y con el propósito de aprender a ser más eficaz en los asuntos que me depare la vida. Dejo como despedida unos consejos, un temor, un buen discurso en video y un poema.

Agradezco su interés a todo el que me haya leído,  y si ha obtenido interés de ello, doblemente lo agradezco. ¡Hasta más vernos!, que espero no sea mucho;¡que los hados nos traigan días de vino y rosas!

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Unos consejos que siempre van bien:

Simplifica el decorado de tus necesidades, en resumen, simplifica tu vida.

Despréndete de lo que solo aporta vanidad.

Evita que te zarandeen las modas

Si tu necesidad afectiva es muy grande, antes de mirar fuera, mira en tu interior.

No te esclavices ni a la amistad.

Organízate, decídete, véncete.

La vida te ha de hacer fuerte. Ese debe ser el primer mandamiento.

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Un temor:

En el año 1085 Alfonso VI de Castilla conquistó Toledo a los árabes. El asceta Abú Muhamma Ibn-Azzad escribió al respecto:

¡Oh gentes de al-Andalus,

Espolead vuestras monturas para partir,

Porque permanecer sería locura!

El manto se desfleca por los bordes,

Pero el de la península se deshace por su centro.

Mi temor es que ahora se desfleque el manto español y europeo por los bordes. Quienes lo están desflecando son dos  populismos redentores, el heredero del marxismo y el nacionalista. Europa se puede desflecar por el borde griego. España se puede desflecar por los bordes catalán y vasco, pero también por el centro, por el populismo de Podemos.

Esos populismos son redentores, prometen un paraíso en caso de conseguir el poder. Catalanes y vascos pintan ilusamente que una vez fuera de España ese paraíso aparecerá de forma automática por lo recio de la personalidad de sus hombres.

Podemos, siguiendo los panfletos marxistas, promete un paraíso en la igualdad. Que nadie destaque, que nadie sea más rico, que nadie tenga más derechos. Rasar. Esa es la acción.

En lo que no difieren los populismos y los nacionalismos en incitar al odio y a la revancha, y en prometer paraísos y proponer soluciones ilusas que siempre han conducido, e inexorablemente conducirán en caso de aplicarse, a la miseria, al totalitarismo y a la disgregación. Todos ellos eluden la propia responsabilidad de su situación y echan las culpas de ella a los demás. Los culpables son siempre los otros.

Ese es mi gran  temor.

 

Magnífico discurso de una parlamentaria de Guatemala

https://www.youtube.com/watch?v=_04ZS7b43eU

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Poema: Ausencia

 

En el destierro de cada hora, pienso:

¿qué hará ella?

¿con qué bálsamo sanará sus heridas?

¿sonríe o llora?

¿mirará la misma estrella que yo miro?

¿estará su corazón anegado de tristeza como el mío?

 

SEMBLANZAS Y ESTAMPAS

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Conozco a dos “tipos” de los llamados comúnmente raros, y, curiosamente, son muchas las similitudes que presentan ambos. En su época de estudiantes los dos fueron alumnos aventajados: los dos recibieron el Premio Extraordinario de Fin de Carrera en sus estudios; los dos estudiaron Ciencias Exactas, lo que solemos decir Matemáticas; los dos han ejercido como profesores de esa materia; los dos se apasionan por los problemas de lógica, los sudokus y los crucigramas; los dos rehúyen la sociedad y cada uno de ellos se recluye en su pensamiento. Ahora los matices que les diferencian: al uno se le suele ver siempre caminando con el atuendo propio de un vagabundo y con suma ligereza, además, le gusta la caza y la montaña; el otro, en cambio, siempre va en bicicleta y, cuanto más, algunos aseguran que le han visto pescando sobre una barca en mitad de un pantano. Ambos, con su rica inteligencia, han construido unos extraños mundos de lógicas y números en donde se refugian. Tal vez, ambos, anhelan en lo íntimo construir privadamente la Biblioteca de Babel que postuló Borges.

El decir popular también achaca la categoría de “tipos raros” a los filósofos. Suelen vivir, se dice, en nubes etéreas, cada uno en busca de su particular verdad. No sé si esto será generalizable a todos ellos, pues en algunos de los que conozco ese vivir abstraído es más una pose que una búsqueda. Lo que sí parecen guardar en común es un grado elevado de vanidad.

Cada escritor también construye su particular mundo y en él se refugia. Bien es verdad que también los escritores buscan la vanidad de la fama como meta final. El encontrarse con la vanidad parece ser el destino que anhela trazar cada hombre.

HOMBRE

Pero no solo las especies mencionadas viven alejadas de la realidad. Otras muchas que pisan cada día el suelo áspero y duro de la realidad en su trabajo, viven también pendientes de un anhelo imaginario llamado caza, fútbol, deportes…

Una especie singular en nuestros días es la de los ni-nis (ni estudia ni trabaja), a la que según las últimas encuestas pertenecen la mayoría de jóvenes de España (aunque parece ser que le problema es aún más grave en otros países). Edifican su mundo en su cuarto, frente al ordenador, frente a un juego virtual. Suelen ser en su gran mayoría hombres.

Los hombres parecen tener la necesidad de vivir mentalmente más allá de la realidad, cabalgando sobre una nube de ilusión.  La mujer, sin embargo, vive más apegada a lo cotidiano, y, dentro de este ámbito, a la minuciosidad. Viven permanentemente en la realidad.

Fijémonos en las escritoras. Las novelas que trazan inventan mundos de sentimentalidad, algo muy a ras de suelo, muy de realidad. En cambio, los mundos de los escritores masculinos son psicológicos, oníricos, épicos…, e incluso, cuando pretenden describir crudamente la realidad, terminan por encerrar a ésta en un angosto ámbito moral o bien optan por  señalar un iluso horizonte de esperanza en cuyos altares sacrifican y destruyen la realidad que pretendidamente debían mostrar sus escritos.

MUJER

La psicología evolutiva usa una explicación para estos distintos papeles mentales que interpretan mujeres y hombres. Nuestros ancestros masculinos recorrían la selva y los barrancos y la sabana imaginando caminos y formas de acorralar a la presa y matarla. Las mujeres permanecían en el campamento base cuidando de los infantes, recogiendo frutos y raíces y organizándose socialmente. Para ese cuidado y para esa organización, los sentimientos son vitales. Así que el hombre adquirió tendencias hacia la abstracción y la mujer hacia la concreción.

Tal vez esa diferencia en cuanto a capacidades ayude a comprender el porqué cuando se trata producir teorías abstractas el hombre arrasa. Incluso la tan reconocida Madame Curie no escapa de este esquema. Obtuvo sus galardones por realizar un trabajo de campo: manejar materiales radioactivos y experimentar con ellos. Quien abordó los cálculos teóricos fue su marido.

Personalmente creo que la mujer se muestra mucho más capaz que el hombre en la tarea de desenvolverse en la vida con los pies puestos en el suelo de la realidad, así como para gestionar los asuntos y vicisitudes de la vida en sus pormenores. El hombre creo que muestra mayor capacidad para la abstracción. El hombre proyecta y la mujer gestiona. Esa debería ser la fórmula ideal.

O quizá todo lo dicho sea un mero producto de lo ilusorio de mi imaginación. Al fin y al cabo soy hombre. ¡Qué le voy a hacer!: empiezo hablando de dos tipos raros y acabo filosofando acerca de las diferencias entre el hombre y la mujer. No tengo enmienda. Empiezo  mirando con ojos descriptivos la realidad y termino abstrayéndome de ella. ¡Malditos pensamientos errabundos!: siempre me hacen retornar a mi mundo de cazador abstraído en busca de presa.

 

Pensamientos a deshora

La moda siempre es extrema, extravagante y novedosa, lo que no quiere decir que esté relacionada en forma alguna  con la belleza.

 

Ser escritor es sinónimo de ser ególatra. Pero un ególatra que por temor se esconde del mundo.

 

El horror hacia la pena de muerte muestra una compasión encubierta hacia uno mismo. El sujeto, de manera generalmente inconsciente, teme que en el futuro, en mágica reciprocidad de situaciones, el condenado pueda ser él mismo. Piénsese que la compasión se expresa  por un temor difuso a la posibilidad de verse uno en el porvenir, imaginativamente,  en el lugar del compadecido.

 

Las herencias morales siguen produciendo sus efectos aunque su raíz moral ya esté seca. Así, en los países anglosajones se aboga por el éxito y la competencia; en los países escandinavos, por la virtud y las cosas bien hechas; en el sur de Europa, por la seguridad, el afecto y el delegar las responsabilidades en el Estado. Son, respectivamente, las herencias del calvinismo, del luteranismo y del catolicismo.

 

Las utopías anarquistas, socialistas o comunistas, coinciden en considerar que aboliendo del mundo todo aquello que no  gusta a los utópicos la sociedad se recompondría automáticamente y la felicidad reinaría para siempre en los hombres. Al eliminar todo lo que molesta,  los hechos, los asuntos, las circunstancias, la organización social, política y económica, discurrirían a la medida de los deseos de los hombres de forma plácida y ordenada. Propongo que las utopías pasen a llamarse el reino de Jauja.

 

Dos leyes de la naturaleza: El más guapo, el más inteligente, el más capaz, el más rico… sienten desprecio hacia quienes en la posesión de sus dones o  de sus bienes están por debajo. La segunda ley señala que estos últimos sienten envidia y resentimiento hacia los primeros.

 

Ilusamente cree el filósofo que el motivo de sus pesquisas y de su ser en el mundo es la búsqueda de la verdad. El religioso cree que su existencia obedece a un designio divino que, según la más antigua teología, nos ha puesto en la Tierra para que lo sirvamos y alabemos. El científico cree que su vida está dedicada a descubrir la esencia de la relación entre las cosas, la búsqueda del orden absoluto que gobierna el mundo, la búsqueda de la lógica eterna. El político dice enervarse por las injusticias que se cometen y pregona que lucha por el bien de la humanidad. Pero lo que todos buscan, desde el más común al más excelente, consciente o inconscientemente, es la propia satisfacción en forma de gloria, fama, riqueza o poder.

 

Quien posee ideología es un individuo, pero quien meramente sigue las consignas que  una ideología supura, y se encadena a ellas, ese es un esclavo.

 

 

La Historia y las circunstancias

• El sentimiento de agravio que sufre el individuo al sentir a los demás, social o económicamente, por encima de uno mismo, causa en él envidia y resentimiento, pasiones malsanas pero que son el germen de los derechos y de la democracia.
• Las creencias que tenemos nos suministran los criterios y los sentimientos para juzgar el mundo.
• Quien carece de dudas y se obstina en ello, posee claramente un carácter totalitario: él se halla en posesión de la verdad y todo el mundo se equivoca o actúa de mala fe. Sin embargo, quien no posee verdad alguna para ningún hecho, quien tiene la duda asentada en su conciencia, o es un pensador (que es una de las peores especies de hombres existentes), o es una res que con seguir al pastor ya está contenta.
• Cuando los franceses se enteraron que los ingleses tenían su Carta de Derechos y que el Parlamento inglés tenía sujetos a sus reyes por el cogote, hicieron la Revolución francesa. Quienes les contaron a los gabachos todas esas ventajas que tenían los ingleses fueron Locke, Montesquieu y Voltaire.
• Luego llegó Robespierre, amante de la paz y enemigo de la pena de muerte, que declaró la guerra a media Europa e hizo guillotinar a media Francia.
• Cuando los franceses se hartaron de la revolución y deseaban muy mayoritariamente que retornase el rey, Napoleón concretó un golpe y se hizo con la República como antes se había hecho Robespierre. Así acabó la Revolución.
• Los primeros cristianos predicaban el amor y la igualdad entre todos los hombres. Cuando alcanzaron el poder con Constantino y sus sucesores, pasaron a predicar el odio contra los paganos y la obediencia ciega a las jerarquías eclesiásticas. Cuando uno cambia de posición cambia de perspectiva.
• Dijo el sabio Epicuro que no hay que tener miedo a la muerte: mientras vivimos, la muerte no existe, y cuando viene, nosotros ya no estamos.
• Aviso a los pusilánimes: Los judíos tienen el siguiente dicho: «Espera sentado en la puerta de tu casa y verás pasar con el tiempo el cadáver de tu enemigo». Pero la verdad es que con la pusilanimidad que pretéritamente tenían los judíos no les fueron muy bien las cosas. Ningún pueblo ha sufrido las masacres que ellos han sufrido a lo largo de la historia.
• Convendría que algún gobernante que peca reiteradamente de pusilánime se aplicase el cuento.
• Los reyes y emperadores europeos se dedicaron durante buena parte de los siglos XVIII y XIX al deporte de declararse la guerra y causar cientos de miles de muertos. El Zar no quería estar por debajo del emperador austriaco ni éste por debajo de la reina de Inglaterra. Cuestión de machitos. Los marxistas siguen creyendo que todo ha sido una lucha de clases. Siempre hay ciegos.
• El igualitarismo, en la enseñanza (que nadie sepa más que nadie, era el estribillo de los pedagogos de la LOGSE) o en la economía conduce inexorablemente a ser todos analfabetos o a ser todos pobres. Los más capaces imitarían a los más lerdos, porque ¿quién iba a crear riqueza o se iba a esforzar más que se esfuerza el más inútil o el más bigardo si tales acciones no le producen beneficio, si su riqueza se reparte entre los que apenas aportan? Ahora bien, en una tribu primitiva o en una comuna hippie en donde lo económico se limite a la subsistencia, es ideal el igualitarismo.

De la vida

• Si eres más sabio o más inteligente que los que te rodean o más rico, y si quieres su amistad, no alardees de ello, ni siquiera lo nombres, pues la envidia y el resentimiento hará que te quedes solo.
• La atracción de Pedro Navaja es lo canallesco. En el fondo, todos querríamos ser canallas, pero no valemos para ello.
• Si uno sabe qué está buscando es mucho más fácil que lo encuentre. Esto vale para buscar un calcetín, una fórmula matemática o una justificación a nuestros actos o a nuestras creencias. Lo perverso de buscar de ese modo es que solemos hacer trampas para encontrarlo.
• No es que los súbditos del emperador Hegel o del emperador Heidegger lo vean desnudo y callen, sino que ven su traje turbio y sucio y algunos incluso lo ven lleno de roturas y remiendos, pero enseguida actúa en ellos la imaginación del siervo impotente que se apresura a ponerle oropeles sobre el fraude de su cuerpo. Vitorean lo que es oscuro y no entienden, por no parecer tontos.
• La moral católica defendía antaño un orden y una organización social que reducían a los hombres a ser meros siervos de los jerarcas eclesiásticos y de la aristocracia. Los luteranos y los calvinistas procuraban por la comunidad y se guarnecían y resolvían sus asuntos en ella. Además, estimulaban la laboriosidad y la responsabilidad individual. De esa diferencia de criterios y comportamientos deriva el que en los países católicos sea norma el rechazo a las jerarquías y a la desigualdad económica y la negación a pechar con la responsabilidad de los propios actos. Donde imperaron Lutero y Calvino no sucede esto. ¿Es extraño que la crisis económica se cebe en los países donde imperó el catolicismo?
• Europa es un enfermo de buenismo y abundancia. También la estupidez gangrena sus carnes.
• Dicen los físicos que resulta imposible percibir la realidad inalterada. El observador la perturba en su intento de medirla o de aprehenderla. De ahí que resulte fatuo hablar de verdad en sentido absoluto –tal como los filósofos pretenden–, pues ante cualquier asunto nos presentamos con creencias, prejuicios e impresiones inevitables que retuercen la verdad para acomodarla a nuestro gusto.
• La multiculturalidad y la mezcla de etnias está logrando que la historia de héroes y de orgullos nacionales tenga los días contados. Sólo algunos charnegos se sienten orgullosos de la historia de los mercenarios normados en las huestes catalanas.
• Los grupos poseídos por mayores pasiones acaban imponiéndose siempre a los más numerosos y pusilánimes. Así se impusieron los nazis en Alemania o los bolcheviques en Rusia. Hoy en día, los apasionados ecologistas, los animalistas, las feministas…, imponen sus criterios morales y sus prohibiciones.
• El hombre de acción, el hombre que primero siente, luego actúa y pocas veces piensa en las consecuencias de sus actos, resulta ser el triunfador: el delincuente, el héroe. Alejandro Magno.
• Hoy en día se menosprecia el valor de la moral en la dirección e idiosincrasia de los pueblos.

Breves con sabor ácido

• Los humanos son seres gregarios que desean destacar por encima de los demás y tienen miedo
• Vemos la realidad del mundo a través de los anteojos de nuestras creencias.
• Los asuntos de los hombres que reclaman demasiados derechos acaban saliendo torcidos.
• Los franceses guillotinaron a su rey y a parte de su nobleza; también Cromwell hizo guillotinar al rey de Inglaterra; en España, en donde hemos tenido los peores reyes de Europa, apenas si lo enviamos al destierro. Quizá, a pesar de todo lo que dicen de nosotros, somos demasiado civilizados.
• ¿Qué es un filósofo? Aquel que es capaz de enrevesar de tal forma un dictamen que nadie se siente capaz o con ánimos de refutarlo.
• Paradojas de nuestra naturaleza gregaria: Francia, donde se asentaron los galos, los francos, normandos, britones y vascos, en donde se hablaron múltiples lenguas y se desarrollaron múltiples culturas, sorprendentemente, debe su unidad y su orgullo como nación a un corso que con sus guerras dejó diezmada a la población.
• La metáfora es el lenguaje del pensamiento, y en la comunicación es el arte supremo para cercar la verdad y presentarla debelada al que escucha.
• En la vergüenza expresamos nuestras ansias de aparentar. En la compasión, el temor a estar nosotros en el lugar del compadecido.
• Para que surgiera el hombre fue necesario que la materia, la atmósfera, el clima y la geografía de los terremotos lograran producir ciertas singularidades en ciertos periodos. A esa conspiración debemos nuestra existencia.

Pequeños confites de estupideces sacras (VII)

El caso Zapatero III

En sus muchos años metido en la burbuja doctrinaria socialista, Rodríguez Zapatero, aunque entendiese solo cinco céntimos de las ideologías decimonónicas del partido, se embebió de dos características del socialismo de aquella época: el maniqueísmo de categorizar la realidad política en dos grupos antagónicos, «nosotros», la izquierda, los «buenos», y «ellos», el enemigo a batir, la derecha, los «malos»; y un carácter redentor, un querer redimir a la humanidad de unas supuestas cadenas que les oprimen.

La denominada Alianza de Civilizaciones obedece a este último propósito. En realidad, una boutade de Zapatero que más que a ese carácter redentor obedeció a las ansias suyas de aparecer encumbrado a los ojos del mundo. En realidad, tal proyecto responde a una iniciativa iraní que quedó relegada en un cajón de las Naciones Unidas. Pero el Presidente Rodríguez Zapatero la presentó algún tiempo después en su Asamblea General. Las adhesión más importante al citado proyecto (a la citada boutade suya) vino por parte de Turquía, a quien le servía de vehículo para su intento de formar parte de la Unión Europea; pero el que a España le interesase un ápice no se ve por ninguna parte.

La cultura democrática turca es escasa, y su respeto de los derechos de las minorías ha sido nulo. En 1922 Turquía expulsó a la minoría griega ortodoxa de Anatolia, donde habían vivido los últimos 2500 años; masacró a la población armenia desde 1925 a 1923; invadió la isla de Chipre en 1974; y ha perseguido y privado de libertad política a los kurdos. Erdogan, el gran amigo de Zapatero en el proyecto, está islamizando el país a marchas forzadas, y pretende ejercer el poder absoluto mediante la opción de llegar a presidente de la República al tiempo que sigue siendo su Primer Ministro. Como se ve, las afinidades de Turquía con la Europa democrática y de los derechos no tienen por donde cogerse. Pero eso no desanimó a la altanería y simpleza de nuestro presidente. Debía satisfacer su megalomanía, la absurda creencia de que estaba destinado para algo grande, ¿tal vez hundir España a lo grande?

Ese desconocer las consecuencias de sus acciones y propósitos nos costó caro, pero podría habernos salido aún mucho más oneroso. Porque, ¿qué consecuencias habría tenido para la población europea el tener 75 millones de turcos con posibilidad de instalarse en la más rica Europa? Un agravamiento de las condiciones de paro; un fortalecimiento de los grupos islámicos enfrentados a los autóctonos; una disolución de la cultura europea; en fin, una fuente de problemas y conflictos. Pero Zapatero: a lo grande.

Y el maniqueísmo de considerar al PP como enemigo y negarle el pan y el agua: canales televisivos para los «nuestros» al tiempo que se trata de cerrar la COPE; la ley de Memoria Histórica dirigida a enfrentar a los españoles; la instrumentalización partidista de la Justicia y de los Medios; la ocupación política de la Universidad, de los Institutos Educativos etc.

Bien, creo que ya es hora de acabar con Zapatero, el calor de agosto así lo aconseja. No obstante, invito al lector a incluir alguna más ―no mencionada en estos tres escritos― en este compendio de simplezas.
Buen verano a todos los lectores

Pequeños confites de estupideces sacras (VI)

El caso Zapatero (II)

Resulta de una evidencia extrema que un buen gobernante debe someterse a las obligaciones del cargo, debe tener los pies en el suelo y debe mirar de conseguir en su gestión lo socialmente óptimo de entre aquello que sea factible; y, además, no debe abocarse a perseguir utopías que el sentido común señale como irrealizables por mucho que le resulten deseables. También es del todo inobjetable que el buen gobernante, mirando por el progreso social, ha de poner, en sus decisiones, el fiel de su balanza en posición equidistante entre lo que le resulta justo y lo que le resulta conveniente; más cuando esos dos conceptos no suelen ir de la mano y, sobre todo el primero, tiene tantos colores como estamentos tiene la sociedad.

Zapatero vivía en las nubes, confundía lo deseable con lo factible y sin entender ―siquiera sin cuestionarse― qué convenía a España y a sus gentes, buscó con marrullerías de todo tipo imponer un sentido de lo justo basado en el Igualitarismo decimonónico, negando valor alguno al mérito personal, pretendiendo que la mediocridad reinara a todos los niveles institucionales.

Me resulta difícil encontrar en la gestión de Zapatero como gobernante algo más que simpleza. Convengamos que sí, que debido a su éxito inesperado (había sido un mediocre estudiante, y no se le reconocía peso político alguno ni capacidad demostrada) se inunda de orgullo y soberbia y se llega a pensar, de pronto, un estadista con fuste e ingenio. Eso explicaría sus pueriles ocurrencias que lanzaba a los cuatro vientos: «Soy el Presidente de Gobierno más rojo de Europa», «pronto superaremos económica a Francia», «Alemania copia el modelo económico de España»; o explicaría su pretensión de aparecer como fundador de una nueva entente mundial basada en la Alianza de Civilizaciones, o incluso de llegar a ser una especie de justiciero universal.

Pero no. Aunque es cierto que ―tal como relató Felipe González―a los pocos meses de estar en el cargo ya desoía a sus numerosos consejeros, se puede decir que su «esencia» en cuanto al desempeño de su cargo fue la simpleza. Si no, valga esta anécdota que contó el economista Ramón Tamames en un programa de radio:
«Estábamos ya en octubre de 2009, con la crisis económica galopando, y le pedí una cita con él para explicarle algunos asuntos económicos y algunas recetas que tenía que aplicar con urgencia para evitar que la crisis se desbocase. Me escuchó en silencio y con poco interés durante 20 minutos, al final de los cuales y muy ufano y enérgico me espetó: “Ramón, no te enteras que en dos meses vamos a salir de la crisis y vamos a superar la renta per cápita de Alemania inmediatamente”». He de aclarar que Ramón Tamames era uno de sus consejeros económicos.

También demostró peligrosa simpleza en la pretensión que mostró al comienzo de su primera legislatura como gobernante de que se enseñara el Corán en los colegios públicos a la par que el catolicismo. En aquel entonces todavía debía de escuchar a alguno de sus consejeros, que le tuvo que advertir que el Corán, además de atentar en cada una de sus páginas contra la igualdad de género y contra muchos derechos ciudadanos, viola en sus páginas todas las normas y derechos que establece la Constitución española. Desistió de tal propósito, supongo que con pesar.

El embajador Inocencio Arias también contó en un medio televisivo dos anécdotas sustanciosas sobre la simpleza dicha. En una de ellas se había organizado una cena, creo recordar que en la embajada española en Washington, a la que asistían varios senadores norteamericanos, y en la que Zapatero tenía que hablar. Bueno, prefirió irse a cenar con unos amigos y dar el plante a los senadores. Algo semejante hizo en China, adonde acudió con una importante delegación comercial: dio el plantón a altos cargos políticos y económicos chinos y en vez de acudir a una cena de gala en su honor prefirió practicar footing.

Simpleza no es sinónimo de ignorancia, pero Zapatero compartía ésta a partes iguales con aquella. Poco antes de convocar elecciones y de perderlas, viajó de nuevo a China y proclamó a los medios de aquel país que el desarrollo tecnológico en el estudio de nuevas energías renovables iba a crear en los dos próximos años más de un millón de nuevos puestos de trabajo en España. Y tengo para mí que se lo creía. ¡Después del despilfarro de decenas de miles de millones de euros en esas tecnologías para tener uno de los precios más elevados por kilovatio de Europa! Y creo que se lo creía (o desconocía el valor de la cifra que dio) cuando anunció en la televisión pública que, gracias a su programa de Economía Sostenida, los edificios que albergan los ministerios en España, bajando la temperatura de los despachos en invierno y subiéndola en verano, iban a ahorrar ese año 3.000 millones de euros. Pero mucho me temo que esa cantidad no se gasta en los dichos ministerios ni en cien años.

También gasta por igual simpleza e ignorancia sobre las religiones en su última ocurrencia, la de abogar por una autoridad mundial religiosa. Y es que no distingue entre lo factible y lo deseable (pero en su simpleza se cree capacitado para mediar con éxito en los grandes asuntos del mundo).

Pero no nos engañemos, además de simpleza, por seguir algunas importantes creencias decimonónicas, en muchas de sus propuestas lucía malignidad. Pero esto ya es motivo de otro Post en donde se tratará de su maniqueísmo y sus ansias redentoras.

SEGUIRÁ…

Pequeños confites de estupideces sacras (V)

El caso Zapatero

Ondeando en lo más alto del mástil de las estupideces sacras en España se encuentra el caso Zapatero. En él se pone de manifiesto la simpleza y el seguidismo de las gentes que consideran excelente todo cuanto provenga de quien consideran su líder redentor, en quien fían y en quien delegan su criterio y su juicio, y a quien se someten gustosamente. Y también el silencio de aquellos que percatándose de los disparates que el presidente Zapatero cometía un día tras otro, medrosamente callaban por no poner en riesgo su pesebre, es decir, por medrar a la sombra de la estupidez del rabadán. ¿Recuerdan el niño aquel del cuento que se atrevió a decir que el emperador estaba desnudo?, pues nadie en el PSOE se atrevió a tener la valentía y la inocencia de tal niño. Y, finalmente, poner a las claras cómo un estulto ignorante con poder es un gran peligro.

Educado en la burbuja ideológica en la que el PSOE cría las larvas destinadas a cargos políticos, con Zapatero regresó el disparate ideológico que siempre estuvo latente en su partido:
• El apoyo a los nacionalismos periféricos que promueven la desmembración de España.
• Una concepción del mundo ―política, social y económica―propia del siglo XIX.
• Un exagerado maniqueísmo de buenos y malos, de izquierdas y derechas.
• La fantasía de considerarse redentores del mundo e instrumento de la justicia universal.
• El odio visceral contra Norteamérica y el capitalismo.
• La idealización de la Segunda República española, de la «liberación», de la «liberación de los pueblos de España», de la santificación del concepto «pueblo»… y otras idealizaciones construidas sobre el anverso de la realidad.
• Pero también el ansia de control partidista de todos los medios y de las instituciones del Estado; y también la graciosa subvención con ánimo clientelar o el puesto a dedo para los familiares, amigos y poseedores de carné del partido.
La simpleza de Zapatero prontamente se puso de manifiesto al ni siquiera atisbar la repercusión que tendrían todos sus actos como Presidente del Gobierno de España. Con desdén y desprecio se niega a saludar a la bandera norteamericana en el desfile de las fuerzas armadas españolas. Para él no hay diferencia entre representar a un país y manifestar una rabieta. Y ni siquiera su penoso aislamiento en los foros internacionales, en donde era observado desde lejos con tono burlesco, le hizo percatarse del desatino de sus intervenciones (al vivir en una burbuja de irrealidad, carecía del sentido del ridículo).

Pero ya antes había manifestado su simpleza y arrogancia al declarar muy ufano y varias veces que él iba a acabar con el problema de ETA y con el problema de los nacionalismos periféricos en España. Ya sabemos lo que ocurrió al respecto: con ETA establece relaciones, lo niega públicamente, y finalmente accede a todas las pretensiones de la banda. En cuanto al problema del nacionalismo, su simpleza llega a extremos difícilmente superables: pone en cuestión la existencia de una nación española, y espolea al parlamento catalán a elaborar un estatuto al antojo y deseo de éste: «Aprobaré en las Cortes todo lo que decidáis». La consecuencia: una carrera de cada caudillo en cada reino de Taifas de las Autonomías españolas por crear un estatuto a conveniencia propia, sin mirar en ningún momento el interés general. Con la estupidez de sus palabras Zapatero dio a las autonomías el cuchillo con que partir a su gusto todo el jamón que quisieran. Y solo dejaron un muñón descarnado.

Sin embargo, ni sus fieles y ciegos seguidores ni los miembros de las innumerables ONGs con fines peregrinos que surgieron al olor de medrar a costa del erario público ni los subvencionados de la farándula ni sindicalistas ni familiares de cargos políticos ni los de carné con pesebre bien lleno, que se percataban de los desaguisados que el ínclito personaje iba cometiendo, adujeron una sola crítica ni cuestionaron disparate alguno. Cuanto más, callaban, pero generalmente aplaudían. Nadie se atrevió a señalar que el emperador iba desnudo.

Ni aun cuando se gobernaba con la ocurrencia o la improvisación absoluta de inventarse un ministerio de la Paridad y regalárselo a una especialista en folclore que le «cayó graciosa» o de, en un acto efusivo, prometer un Ministerio de Deportes.

Claro que en esto de la ocurrencia y el disparate sus ministros no le iban a la zaga. Ahí está el caso de Sebastián, enviándonos una bombilla a todos los españoles o asegurando con toda la imprudencia del mundo que «en España caben 20 millones de subsaharianos», produciendo con ello un descomunal efecto llamada de emigrantes. O el ínclito Caldera, que intentó convertir en acciones el Fondo de Pensiones de los jubilados españoles poco antes de que la bolsa cayera en picado. O la ministra de la Paridad, Bibiana Aído, con la estupidez de los «miembros y miembras» que generó un movimiento legislativo en todas las administraciones a favor del lenguaje «de género». O la propuesta de un diputado del PSOE a favor de otorgar derechos humanos a los monos. O la del Rector de la Universidad de Sevilla a favor de dejar en agua de borrajas la sanción a los estudiantes que copian en las aulas universitarias, es decir, en facilitar que copiasen (no había que discriminar a los mediocres, todo el mundo debía poseer título universitario). O…

Sin embargo, todo disparate era bien visto por el rebaño.

SEGUIRÁ